Persiguiendo

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Cuanto más grande sea la presa, más fácil es encontrarla.

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Cuando Tom regresó a su sala común fue directo a su habitación. Todavía no entendía bien lo que le sucedió y para el colmo el vejete de Dumbledore lo vigilaba. Sin embargo, recordó cuando se cruzó con aquella niña naranja en el gran comedor, de alguna manera sintió algo extraño, raro, que sabía el, pero cuando la vio lo sintió así como si la conociera, o supiera algo de su futuro o más bien su pasado. Debía buscarla y arrinconarla quizás ella sabía algo, mañana lo haría. Bien dijo su nombre y no fue porque todos los alumnos estaban diciéndolo, ella no parecía tener idea de que se llamará así, era obvio que lo dijo sin saber ¿marioneta? ¿De quién? Alguien sabía algo.

Se quitó su túnica y lo guardo en su pequeño lugar privado, un cofre. Por el momento todo lo que tenía era tan solo su uniforme y uno que otro atuendo que le dio el profesor, al principio lo había negado, no quería tener que recibir caridad de ese feo profesor. Pero no le agradaba la idea de andarse por el castillo con solo el uniforme tampoco le apetecía dormir con el. Así que no le quedo de otra que aceptarlo. Al final no pudo ir a la sección prohibida eso lo molestaba aún más.

Estaba encismado en sus pensamientos sentado en la esquina de su cama cuando unos potentes golpes en su puerta hizo que mirara furiosamente a la puerta, se levantó y fue a abrirla como osaban interrumpirlo de esa manera. Se encontró con un chico de cabello rubio junto con un gordo y una niña, eran los de antes. Recordaba a ese tal Malfoy, un niño mimado, el típico niño rico que quiere que todos le presten atención, a su parecer patético. Lo que le recordaba que en su época tenía a un Malfoy igual, como siempre, mimados hasta no más.

Malfoy había ido a buscarlo aquella serpiente nueva parecía que se daba el lujo de andar por ahí sin más burlándose de ellos. Él era el príncipe de Slytherin no ese tal Riddle y lo pondría en su lugar a toda costa. Cuando salió de clases junto con Goyle, Crabbe y Parkinson lo andaban buscando, preguntándoles a sus compañeros de casa pero no lograban encontrarlo, Crabbe dijo que iría a buscar algo en su habitación así que se separó de ellos. Solo hasta que entraron a su sala común vieron entrar a Riddle a su habitación, esperaron unos minutos y decidieron a actuar a mando de Malfoy.

Riddle miro expectante mirándolos a los tres. Malfoy dio un paso y se cruzó de brazos.

-Apártate de mi camino.-dijo Malfoy en un tono amenazador.

A Riddle le salió una sonrisa de autosuficiencia, miro alrededor de la sala común.

-Ah, ¿es todo? Chico, no tienes imaginación, no me interesas tu puedes apartarte.-exclamo Tom y se apoyó en la puerta.

-¿Quieres pelear?-soltó Malfoy enojado, ¿quién se creía él? Él era el príncipe no ese usurpador que aparece de la nada. Goyle y Pansy e hicieron señas de que lo golpee.

-Las peleas son innecesarias solo perjudican a quien tiene el poder y sabemos quién tiene el poder.-dijo Riddle, retrocedió unos pasos.-Así que si eres inteligente no harás nada.- y cerró la puerta. Malfoy y compañía quedaron estupefactos, Malfoy soltó una maldición y pateo la puerta y se largó con sus compañeros de casa.

En la habitación Riddle busco en su armario aquella placa que encontró en la sala de trofeos. La saco del armario y con ella en mano fue a sentarse, se la quedo observando un buen rato. No le sorprendía que en su pasado hubiera sido muy inteligente. Lo que le preocupaba es que ese Tom sabe cosas que él no sabía, y lo cabreaba no tenía la menor idea de cómo contactarlo o saber si quiera si está vivo.

En la placa relucía su nombre:

Premio en honor a: TOM RIDDLE Por Servicios Especiales al Colegio.

¿En qué habrá servido a este colegio? Esa era una de sus dudas pues no recordaba que hubiera una mención de eso en los libros que había leído de Hogwarts. Dejo a un lado la placa y miro el techo, ya averiguaría todo a su tiempo, con ese pensamiento poco a poco quedo dormido.


Al otro lado del castillo, Hermione esperaba que Ron y Harry terminarán de comer. Todavía no había terminado su tarea y esos dos no se movían del gran comedor comiendo como unos idiotas.

Se sentía mal emocionalmente y no entendía por qué. El tal Riddle de Slytherin le provocaba no sé qué. Fue muy extraño su llegada, de la nada aparecía y acababa para sus sospechas en Slytherin, eso le inquietaba. Luego pasa que al entrar al gran comedor para cenar, ve a lo lejos a Riddle dirigirse a su mesa justo en el momento que cruzaba a lado de la pequeña Ginny y en cómo se quedaron mirando, y luego que ella salía huyendo y el volteara a verla. Decidió ir a hablar con Ginny cuando regresará a su dormitorio.

-Que Nick-Casi-Decapitado hará su fiesta ¿vas a ir Harry?-pregunto Ron mientras arrancaba un pedazo de carne y lo comía. Esa noche había un calor, que simplemente llevaban una camisa de mangas cortas color rojo en honor a Gryffindor.

-Pues, no hay otra opción ¿verdad?-respondió Harry mientras tomaba su jugo de calabaza.-Nunca he ido a un cumpleaños de muerte.

-Ha de ser escalofriante-dijo Ron.

-Pues yo estoy emocionada por ir.- dijo Hermione emocionada quien por fin presto atención a lo que hablaban ese par.-No estaría mal ir.

-Supongo, me comprometí a ir…-dijo con tono lamentable Harry.

Al terminar de comer los tres amigos se levantaron y fueron a su sala común. Nada extraño paso en el camino y llegaron bien a su sala. Al entrar había una fiesta en la sala. Festejaban algo que hicieron los hermanos mayores de Ron, Fred y George Weasley. Aunque no duró la fiesta porque apareció el prefecto Percy quien también era hermano de Ron a reprender a sus hermanos de que no debían de hacer fiesta sin autorización de un prefecto.

-Eres un amargado prefectito- grito con fuerza Fred. Percy estaba apagando una extraña cosa que consiguieron sus hermanos, una clase de vela que lanza fuegos artificiales.

-Dejen de tonterías y todos vayan a sus habitaciones.- ordeno Percy.

-Vámonos Fred, ya lo arruino como siempre ese Weasley.- dijo George que sostenía un jugo de calabaza.

Fred y George empezaron a reír y salieron corriendo a su habitación. Hermione entro a su habitación lo último que pudo ver era como Percy salía tras de ellos.

Hermione se cambió de ropa para dormir. Al salir vio a Ginny que escribía en una especie de diario pero no le prestó atención. Fue a sentarse en su cama cuando llamo a Ginny, si bien, no la conocía mucho. Ella está en un curso menor, apenas en primero por lo cual casi nunca coincidían pero sabía que era una buena niña y le agradaba.

Cuando escucho su nombre Ginny alzo la vista y vio que era Hermione la amiga de su hermano. Nerviosa cerró el diario y fue a ver lo que quería la amiga de su hermano.

-¿Qué paso?-pregunto Ginny con una sonrisa.

-Eh, Ginny solo quería preguntarte si conoces al chico con el que te vi en el gran comedor, el chico de Slytherin.-Hermione no tenía muy en claro cómo abordarla.

Ginny se puso nerviosa, no esperaba que le preguntarán eso, es cierto cuando se cruzó con el chico sin saberlo le llamó Tom. Pero no creía conveniente decírselo.

-No… no sé quién es Hermione.-dijo Ginny llevándose un poco de cabello detrás de su oreja.-Solo me cruce con él y ya ¿por qué?-rio un poco.

-Ya veo, es solo curiosidad Ginny, gracias.-dijo Hermione. No sabía por qué pero no le creía del todo, ella no le quería decir algo pero prefirió no seguir. Estuvieron un rato platicando hasta que ya era muy de noche fueron a dormir.

Ginny solo pensaba en Tom y en el diario. ¿Qué clase de conexión tenía? No sabía si le hacía bien tener consigo el diario. Un día cuando reviso sus cosas se dio cuenta de que tenía un diario entre sus cosas y no le pertenecía a nadie de su familia. Se sorprendió cuando el diario empezó a escribirle, lo creyó una locura pero le contestaba sus preguntas y le aconsejaba. No era tonta, el diario decía muy bien que era de un tal Tom Riddle. Pero el diario le decía que no era así. Lo negaba siempre, solo hasta que le dijo que encontró a un Tom Riddle el diario le reveló que asi se llamaba. Pero había cosas raras que sucedían en Hogwarts, y sentía que de alguna manera ella lo hacía ya que no era común que olvidará cosas, como lo que hacía o donde estaba y se sentía confundida.

Antes que Hermione la llamará ella hablaba con el diario. El diario quería conocer a Tom, no quería dárselo a ese Slytherin pero el diario la recrimino que era una orden. Así que acepto, y se lo entregaría sin que nadie lo viera.

Fueron pasando los días y al final Tom no averiguó casi nada de su pasado y Ginny nunca hallo la oportunidad para entregarle el diario.

Cuando llegó Halloween, Harry ya estaba arrepentido de haberse comprometido a ir a la fiesta de cumpleaños de muerte. El resto del colegio estaba preparando la fiesta de Halloween; habían decorado el Gran Comedor con los murciélagos vivos de costumbre; las enormes calabazas de Hagrid habían sido convertidas en lámparas tan grandes que tres hombres habrían podido sentarse dentro, y corrían rumores de que Dumbledore había contratado una compañía de esqueletos bailarines para el espectáculo.

—Lo prometido es deuda —recordó Hermione a Harry en tono autoritario. Y tú le prometiste ir a su fiesta de cumpleaños de muerte. Así que a las siete en punto, Harry, Ron y Hermione atravesaron el Gran Comedor, que estaba lleno a rebosar y donde brillaban tentadoramente los platos dorados y las velas, y dirigieron sus pasos hacia las mazmorras. También estaba iluminado con hileras de velas el pasadizo que conducía a la fiesta de Nick Casi Decapitado, aunque el efecto que producían no era alegre en absoluto, porque eran velas largas y delgadas, de color negro azabache, con una llama azul brillante que arrojaba una luz oscura y fantasmal incluso al iluminar las caras de los vivos. La temperatura descendía a cada paso que daban. Al tiempo que se ajustaba la túnica, Harry oyó un sonido como si mil uñas arañasen una pizarra.

—¿A esto le llaman música? —se quejó Ron. Al doblar una esquina del pasadizo, encontraron a Nick Casi Decapitado ante una puerta con colgaduras negras.

—Queridos amigos —dijo con profunda tristeza—, bienvenidos, bienvenidos... les agradezco que hayan venido...

Hizo una floritura con su sombrero de plumas y una reverencia señalando hacia el interior.

Lo que vieron les pareció increíble. La mazmorra estaba llena de cientos de personas transparentes, de color blanco perla. La mayoría se movían sin ánimo por una sala de baile abarrotada, bailando el vals al horrible y trémulo son de las treinta sierras de una orquesta instalada sobre un escenario vestido de tela negra. Del techo colgaba una lámpara que daba una luz azul medianoche. Al respirar les salía humo de la boca; aquello era como estar en un frigorífico.

—¿Damos una vuelta? —propuso Harry, con la intención de calentarse los pies.

—Cuidado no vayas a atravesar a nadie —advirtió Ron, algo nervioso, mientras empezaban a bordear la sala de baile. Pasaron por delante de un grupo de monjas fúnebres, de una figura harapienta que arrastraba cadenas y del Fraile Gordo, un alegre fantasma de Hufflepuff que hablaba con un caballero que tenía clavada una flecha en la frente. Harry no se sorprendió de que los demás fantasmas evitaran al Barón Sanguinario, un fantasma de Slytherin, adusto, de mirada impertinente y que exhibía manchas de sangre plateadas.

—Oh, no —dijo Hermione, parándose de repente—. Volvamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona.

—¿Con quién? —le preguntó Harry, retrocediendo rápidamente.

—Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso —dijo Hermione.

—¿Los lavabos?

—Sí. No los hemos podido utilizar en todo el curso porque siempre le dan tales llantinas que lo deja todo inundado. De todas maneras, nunca entro en ellos si puedo evitarlo, es horroroso ir al servicio mientras la oyes llorar.

-¡Mira, comida! —dijo Ron.

Al otro lado de la mazmorra había una mesa larga, cubierta también con terciopelo negro. Se acercaron con entusiasmo, pero ante la mesa se quedaron inmóviles, horrorizados. El olor era muy desagradable. En unas preciosas fuentes de plata había unos pescados grandes y podridos; los pasteles, completamente quemados, se amontonaban en las bandejas; había un pastel de vísceras con gusanos, un queso cubierto de un esponjoso moho verde y, como plato estrella de la fiesta, un gran pastel gris en forma de lápida funeraria, decorado con unas letras que parecían de alquitrán y que componían las palabras:

Sir Nicholas de Mimsy-Porpington,

fallecido el 31 de octubre de 1492.

Harry contempló, asombrado, que un fantasma corpulento se acercaba y, avanzando en cuclillas para ponerse a la altura de la comida, atravesaba la mesa con la boca abierta para ensartar por ella un salmón hediondo.

—¿Le encuentras el sabor de esa manera? —le preguntó Harry.

—Casi —contestó con tristeza el fantasma, y se alejó sin rumbo.

—Supongo que lo habrán dejado pudrirse para que tenga más sabor —dijo Hermione con aire de entendida, tapándose la nariz e inclinándose para ver más de cerca el pastel de vísceras podrido.

—Vámonos, me dan náuseas —dijo Ron.

Pero apenas se habían dado la vuelta cuando un hombrecito surgió de repente de debajo de la mesa y se detuvo frente a ellos, suspendido en el aire.

—Hola, Peeves —dijo Harry, con precaución.

A diferencia de los fantasmas que había alrededor, Peeves el poltergeist no era ni gris ni transparente. Llevaba sombrero de fiesta de color naranja brillante, pajarita giratoria y exhibía una gran sonrisa en su cara ancha y malvada.

—¿Pican? —invitó amablemente, ofreciéndoles un cuenco de cacahuetes recubiertos de moho.

—No, gracias —dijo Hermione.

—Les he oído hablar de la pobre Myrtle —dijo Peeves, moviendo los ojos—. No has sido muy amable con la pobre Myrtle. —Tomó aliento y gritó—: ¡EH! ¡MYRTLE!

—No, Peeves, no le digas lo que he dicho, le afectará mucho —susurró Hermione, desesperada—. No quise decir eso, no me importa que ella... Eh, hola, Myrtle.

Hasta ellos se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha. Tenía la cara más triste que Harry hubiera visto nunca, medio oculta por un pelo lacio y basto y unas gruesas gafas de concha.

—¿Qué? —preguntó enfurruñada.

—¿Cómo estás, Myrtle? —dijo Hermione, fingiendo un tono animado—. Me alegro de verte fuera de los lavabos.

Myrtle sollozó.

—Ahora mismo la señorita Granger estaba hablando de ti —dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente.

—Sólo comentábamos..., comentábamos... lo guapa que estás esta noche —dijo Hermione, mirando a Peeves.

Myrtle dirigió a Hermione una mirada recelosa.

—Te estás burlando de mí —dijo, y unas lágrimas plateadas asomaron inmediatamente a sus ojos pequeños, detrás de las gafas.

—No, lo digo en serio... ¿Verdad que estaba comentando lo guapa que está Myrtle esta noche? —dijo Hermione, dándoles fuertemente a Harry y Ron con los codos en las costillas.

—Sí, sí.

—Claro.

—No me mintáis —dijo Myrtle entre sollozos, con las lágrimas cayéndole por la cara, mientras Peeves, que estaba encima de su hombro, se reía entre dientes—. ¿Creen que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? ¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea! ¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste!

—Se te ha olvidado «la granos» —dijo Peeves al oído.

Myrtle la Llorona estalló en sollozos angustiados y salió de la mazmorra corriendo. Peeves corrió detrás de ella, tirándole cacahuetes mohosos y gritándole: «¡La granos! ¡La granos!»

—¡Dios mío! —dijo Hermione con tristeza.

Nick Casi Decapitado iba hacia ellos entre la multitud.

—¿lo estan pasando bien?

—¡Sí! —mintieron.

—Ha venido bastante gente —dijo con orgullo Nick Casi Decapitado—. Mi Desconsolada Viuda ha venido de Kent. Bueno, ya es casi la hora de mi discurso, así que voy a avisar a la orquesta.

La orquesta, sin embargo, dejó de tocar en aquel mismo instante. Se había oído un cuerno de caza y todos los que estaban en la mazmorra quedaron en silencio, a la expectativa.

—Ya estamos —dijo Nick Casi Decapitado con cierta amargura.

A través de uno de los muros de la mazmorra penetraron una docena de caballos fantasma, montados por sendos jinetes sin cabeza. Los asistentes aplaudieron con fuerza; Harry también empezó a aplaudir, pero se detuvo al ver la cara fúnebre de Nick.

Los caballos galoparon hasta el centro de la sala de baile y se detuvieron encabritándose; un fantasma grande que iba delante, y que llevaba bajo el brazo su cabeza barbada y soplaba el cuerno, descabalgó de un brinco, levantó la cabeza en el aire para poder mirar por encima de la multitud, con lo que todos se rieron, y se acercó con paso decidido a Nick Casi Decapitado, ajustándose la cabeza en el cuello.

—¡Nick! —dijo con voz ronca—, ¿cómo estás? ¿Todavía te cuelga la cabeza?

Rompió en una sonora carcajada y dio a Nick Casi Decapitado unas palmadas en el hombro.

—Bienvenido, Patrick —dijo Nick con frialdad.

—¡Vivos! —dijo sir Patrick, al ver a Harry, Ron y Hermione. Dio un salto tremendo pero fingido de sorpresa y la cabeza volvió a caérsele.

La gente se rió otra vez.

—Muy divertido —dijo Nick Casi Decapitado con voz apagada.

—¡No se preocupen por Nick! —gritó desde el suelo la cabeza de sir Patrick—. ¡Aunque se enfade, no le dejaremos entrar en el club! Pero quiero decir..., mirad el amigo...

—Creo —dijo Harry a toda prisa, en respuesta a una mirada elocuente de Nick— que Nick es terrorífico y esto..., mmm...

—¡Ja! —gritó la cabeza de sir Patrick—, apuesto a que Nick te pidió que dijeras eso.

—¡Si me conceden su atención, ha llegado el momento de mi discurso! — dijo en voz alta Nick Casi Decapitado, caminando hacia el estrado con paso decidido y colocándose bajo un foco de luz de un azul glacial.

»Mis difuntos y afligidos señores y señoras, es para mí una gran tristeza... Pero nadie le prestaba atención. Sir Patrick y el resto del Club de Cazadores Sin Cabeza acababan de comenzar un juego de Cabeza Hockey y la gente se agolpaba para mirar. Nick Casi Decapitado trató en vano de recuperar la atención, pero desistió cuando la cabeza de sir Patrick le pasó al lado entre vítores.

Harry sentía mucho frío, y no digamos hambre.

—No aguanto más —dijo Ron, con los dientes castañeteando, cuando la orquesta volvió a tocar y los fantasmas volvieron al baile.

—Vámonos —dijo Harry.

Fueron hacia la puerta, sonriendo e inclinando la cabeza a todo el que los miraba, y un minuto más tarde subían a toda prisa por el pasadizo lleno de velas negras.

Quizás aún quede pudín —dijo Ron con esperanza, abriendo el camino hacia la escalera del vestíbulo.

Y entonces Harry lo oyó.

—... Desgarrar... Despedazar... Matar...

Fue la misma voz, la misma voz fría, asesina, que había oído en el despacho de Lockhart.

Trastabilló al detenerse, y tuvo que sujetarse al muro de piedra. Escuchó lo más atentamente que pudo, al tiempo que miraba con los ojos entornados a ambos lados del pasadizo pobremente iluminado.

—Harry, ¿qué...?

—Es de nuevo esa voz... Callense un momento...

—... deseado... durante tanto tiempo...

—¡Escuchen! —dijo Harry, y Ron y Hermione se quedaron inmóviles, mirándole.

—... matar... Es la hora de matar...

La voz se fue apagando. Harry estaba seguro de que se alejaba... hacia arriba. Al mirar al oscuro techo, se apoderó de él una mezcla de miedo y emoción. ¿Cómo podía irse hacia arriba? ¿Se trataba de un fantasma, para quien no era obstáculo un techo de piedra?

—¡Por aquí! —gritó, y se puso a correr escaleras arriba hasta el vestíbulo.

Allí era imposible oír nada, debido al ruido de la fiesta de Halloween que tenía lugar en el Gran Comedor. Harry apretó el paso para alcanzar rápidamente el primer piso. Ron y Hermione lo seguían.

—Harry, ¿qué estamos...?

—¡Chssst!

Harry aguzó el oído. En la distancia, proveniente del piso superior, y cada vez más débil, oyó de nuevo la voz:... huelo sangre... ¡HUELO SANGRE!

El corazón le dio un vuelco.

—¡Va a matar a alguien! —gritó, y sin hacer caso de las caras desconcertadas de Ron y Hermione, subió el siguiente tramo saltando los escalones de tres en tres, intentando oír a pesar del ruido de sus propios pasos.

Harry recorrió a toda velocidad el segundo piso, y Ron y Hermione lo seguían jadeando. No pararon hasta que doblaron la esquina del último corredor, también desierto.

—Harry, ¿qué pasaba? —le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara.

Yo no oí nada...

Pero Hermione dio de repente un grito ahogado, y señaló al corredor.

—¡Miren!

Delante de ellos, algo brillaba en el muro. Se aproximaron, despacio, intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas palabras pintadas de más de un palmo de altura.

LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.

TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.

—¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? —preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.

Al acercarse más, Harry casi resbala por un gran charco de agua que había en el suelo. Ron y Hermione lo sostuvieron, y juntos se acercaron despacio a la inscripción, con los ojos fijos en la sombra negra que se veía debajo. Los tres comprendieron a la vez lo que era, y dieron un brinco hacia atrás.

La Señora Norris, la gata del conserje, estaba colgada por la cola en una argolla de las que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una tabla, con los ojos abiertos y fijos.

Durante unos segundos, no se movieron. Luego dijo Ron:

—Vámonos de aquí.

—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Harry, sin encontrar las palabras.

—Háganme caso —dijo Ron—; mejor que no nos encuentren aquí.

Pero era demasiado tarde. Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien. Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados.

La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron la gata colgada. Harry, Ron y Hermione estaban solos, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo.

Luego, alguien gritó en medio del silencio:

—¡Teman, enemigos del heredero! ¡Los próximos serán los sangre sucia!

Era Draco Malfoy, que había avanzado hasta la primera fila. Tenía una expresión alegre en los ojos, y la cara, habitualmente pálida, se le enrojeció al sonreír ante el espectáculo de la gata que colgaba inmóvil.

Lo que no sabían es que hubo alguien más que escuchó lo que Harry.


Tom aborrecía las fiestas, aprovecho que todo el mundo estaría en la fiesta que se celebraba esta noche para ir a buscar huellas de su pasado. Pensaba entrar a la sección prohibida.

Cuando estaba a medio camino, sintió un viento escalofriante. Miro a todas las direcciones, ahí no había nadie. Avanzo hasta una ventana y miro el lago que se extendía a lo lejos. Pero noto algo raro.

Bajo su mirada y vio que las arañas se iban hacia la ventana. Le extraño ver eso pero no le dio importancia quizás solo quería irse de ahí para cazar afuera. Dio unos pasos más hasta que de repente afuera del castillo se escuchó un estruendo, eran los fuegos artificiales. Hacían un gran ruido fue cuando lo escuchó detrás.

-... Desgarrar... Despedazar... Matar...

Casi no pudo escucharlo, el miraba los fuegos artificiales cuando sonó de quien sabe dónde.

Busco por todas partes la voz, como no había nadie supuso que era de la pared asi que se acercó a la pared. Y puso su oreja.

-Lo he deseado….durante tanto tiempo….encerrado…

-Esta vez lo escucho claramente. Era de ahí, en la pared pero ¿cómo?

-Matar…Es la hora de matar…

Y con eso bastó para que se despegará de la pared. Empezó a escuchar como la voz se alejaba. Le entro una emoción y empezó a correr a encontrarla.

¿Qué es ese sonido? ¿Un fantasma? No podía serlo si no se vería en alguna ocasión, además no se arrastra. Lo pudo escuchar, como si algo se arrastrara. Se le perdió por un instante la voz por lo que Tom no sabía hacía donde ir.

Cuando volteó la mirada vio que unos 3 niños de Gryffindor estaban corriendo. Si no se equivocaba eran de su clase. Se dio cuenta que igual escuchaban esa voz pero que ellos si le seguían la pista. Así que decidió ir detrás de ellos pero sin que se dieran cuenta.

-Huelo sangre….HUELO SANGRE

Escucho de nuevo la voz. Mientras corría miraba la pared. Nunca le pasó eso en su época, era extraño escuchar aquella voz.

-Va a matar a alguien- Gritó el Gryffindor. Quien subió con más velocidad.

Al llegar a la esquina del último corredor, Tom paro en seco, él había visto antes que esos tres lo que decía en la pared. Observo que había algo tendido ahí.

Todo estaba lleno de sangre, aquella voz fue la responsable.

Recordaba la cámara, leyó algo así cuando llego a esta época pero no sabía que existiera.

Tom retrocedió, no le convenía si alguien aparecía que lo encontrarán aquí, por lo que rápido doblo la esquina. Pero al parecer los estudiantes y los maestros ya estaban alertados. De un movimiento se escondió detrás de una estatua y esperó que pasarán.

Salió y fue atrás de ellos para conservar la apariencia.

Y así estaba hasta que pasó a primera fila a observar lo que dirían los demás. Al parecer esos 3 Gryffindors no reaccionaron a tiempo y se quedaron ahí.

Observó la escena sin hablar, lo que estaba ahí colgado era un gato. Y al parecer del conserje porque se puso de muy malhumor hasta que el vejete de Dumbledore lo calló y se los llevaron. Que bien que no lo atraparon a él.

Regreso a su sala común como todos los demás.

Al pasar unos días no se hablaba más de lo que le paso a la gata de Filch la señora Norris. No estaba muerta si no petrificada.

Pero un día todo cambio para Tom. Aquella tarde se cruzó con Ginny Weasley, ella lucía una mirada triste. No la había vuelto a ver desde ese día en el gran comedor.

Ella sostenía un libro. Tom estaba expectante para ver lo que quería. Ginny desvió la mirada y levanto el brazo con el libro.

-Toma esto por favor.- dijo Ginny por fin mirándolo.

-¿Qué es eso?-pregunto Tom desconfiado.

-Te aseguro que te servirá.-bajo la mirada Ginny.

Desconfiaba de ese libro pero esa niña se lo daba, aquella que al parecer sabe de él.

-Está bien.- agarro el libro y sin decir adiós ni nada por el estilo la dejo ahí.

A Ginny le había afectado mucho lo de la gata de Filch, ella últimamente se sentía rara como si no fuera ella. Cuando paso eso, ella de alguna manera despertó en el baño de chicas donde deambulaba Myrtle pero para su sorpresa sus manos estaban llenas de sangre. Ese día se traumo, ¿será posible que ella…? No quería acertar, y se empezó a maldecir tanto que al final recurrió al diario para contarle sus tormentos.

En eso el diario le volvió a decir que lo llevé con ese tal Tom Riddle. Ginny no se sentía bien, no quería dejar el diario pero Tom insistía en irse con alguien más así que decidió ya llevárselo.

A Hermione después de lo de la Señora Norris le había conmocionado ese hecho. Volvía una y otra vez a leer lo que decía el muro y enseguida salía corriendo a la biblioteca en busca de pistas para comprenderlo mejor.

Todo ese asunto le parecía raro, y no quería quedarse con la duda. Sentía que ese niño nuevo de Slytherin tenía algo que ver. Pues desde su llegada empezaron esas cosas, se veía que era inteligente, quería averiguar más de él y si era inocente poder descartarlo pero había algo que le decía que no era inocente.

De repente en una de sus tantas idas a la biblioteca recordó la leyenda de la que se habla del colegio, si no se equivocaba en el libro de La Historia de Hogwarts.

Corrió a la biblioteca, pero estaba tan absorta de que estaba tan cerca de averiguarlo que no se fijó en su camino y choco con alguien quien.

-Perdón.- se disculpó Hermione y levanto la vista.

Ahí estaba justamente su principal sospechoso sin ninguna prueba contundente Tom Riddle.

-Fíjate por donde vas Granger.- dijo Tom, se limpió la túnica y siguió su camino sin mirarla de nuevo.

Hermione lo vio hasta que doblo el pasillo y siguió su ida a la biblioteca.

Tom tenía entre sus manos un nuevo descubrimiento que le proporciono la niña de cabello naranja. Cuando la dejo ahí y miro el libro se sorprendió al leer su nombre escrito en él.

En ese instante supo que ahí tenía las respuestas a sus preguntas pero cuando lo abrió se llevó la sorpresa que todo estaba en blanco. Al principio se enojó bastante, pero de repente su corazón empezó a palpitar más rápido como si una parte de él lo llamará, como si supiera que era él. Entro al castillo e iba a su habitación para ver cómo funcionaba el diario, pero en que veía el diario no se fijó en su camino y choco con Hermione Granger, no la conocía más que siempre le ganaba las respuestas, pero personalmente la odiaba, no era más que una sangre sucia. Aunque debía admitir que era inteligente pero nunca tanto como él.

Se limpió la túnica para limpiar los gérmenes de esa Granger y siguió su camino a la sala común.


Hola, vuelvo después de tanto tiempo. Espero que disfruten este capítulo y me digan si les gusta la historia, de como va la trama. Como notarán la escena de cumpleaños de muerte fue sacada del libro original para darle un toque :)

Ustedes son mi motivación de verdad, ustedes me mueven y quiero saber sus opiniones.

Bueno sin más, nos vemos.

Hasta el próximo capitulo.