Capitulo anterior:

—Myrtle, ¿tú no sabes dónde está la cámara de los secretos?

—Claro que lo sé.

—¿En serio?

—Sí, está ahí.—señalo el lavabo.

Pero que buena oportunidad le habían presentado. Se dirigió a los lavabos a inspeccionarlo. Se la pasó por lo menos unos 30 minutos antes de por fin divisar que en uno de los lavabos había una marca de una serpiente. Intento de muchas maneras de intentar a abrirla hasta que Myrtle le dijo:

—Háblale…—observa curiosa lo que hacía Tom.

Tom enarco la ceja.

—Así hace la pelirroja que viene.—dijo y lanzo un gritito y salió volando por ahí.

Se levantó y observo atentamente así que probó:

—Ábrete.—dijo. Pero nada sucedió.

Empezó a golpear su cerebro hasta que capto.

Ábrete.—había dicho en Parsel, sorprendente mente ahora sí que se abría. Los lavabos empezaron a dispersarse y se iban metiendo en una especie de cárcel profunda, se divisaba un gran agujero. Demasiado oscuro, del tamaño de una torre. Soltó un grito para ver su resonancia. Sí, demasiado profunda.

Ahí estaba la cámara de los secretos. Conto hasta tres:

Uno… Dos… ¡Tres!

Se lanzó al vacío, a lo profundo del agujero directo a la cámara de los secretos donde se encontraba la guarida del basilisco.


Arráncame la vida

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AÑO 2 FINAL

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—Tú no deberías estar aquí. —dijo una voz sorprendida mirando hacia el pequeño que se encontraba ahí.

—Tu tampoco. —respondió el pequeño en cuestión. — ¿Cómo llegaste aquí?

Había preguntado Tom al llegar a la cámara de los secretos. No tenía mucho que había entrado, le había costado bajar y ver hacia donde estaba el camino. Pero para su sorpresa fue que apenas entrando se encuentra con un muchacho mayor que él.

—Ella me trajo. —dicho esto señalo a un bulto tirado.

Pero no era cualquier bulto tirado, era un cuerpo, una chica yacía tirada en el suelo inconsciente. Tom tardó un poco en reconocer a la chica en cuestión. Cuando se acercó un poco más para verla claramente se sorprendió de encontrar a Ginny Weasley, Tom miro al chico mayor con mucha curiosidad.

—¿Quién eres? —preguntó rudamente.

—¿Todavía no te das cuenta? Que patético Tom. —dijo y empezó a reír.

Tom quedó boquiabierto.

—¿Puedes salir del diario? —le preguntó, para ese entonces el joven Tom estaba arrodillado observando a Ginny.

—Puedo porque Ginny Weasley gentilmente me está dando su vida. —soltó una sonrisa irónica.

Tom no quiso hacer más preguntas, era obvio que ese asunto le había sacado de sus cabales, pero podía resistir. No tardaría mucho que el castillo se alarme ante la desaparición de una alumna lo que conllevaba que podían vincularlo porque no se encontraba en su sala común. Tom pensó que quizás no había sido una buena idea tirarse al vacío.

—No queda mucho tiempo. —comenzó a decir el joven Tom—para que alguien venga a rescatarla.

—Vaya, entonces no vienes a rescatarla. —dijo con un tono serio el Tom mayor.

—Me conoces bien para saber que no vengo por ella. —dijo audazmente mientras se paraba por fin.

—Lo sé. —Tom mayor se dio la vuelta y empezó a caminar en dirección a una majestuosa estatua donde reposaba una gran cabeza de alguien que a los lados posaban unas serpientes. —Haz venido por lo que hay aquí adentro.

—Exactamente. —dijo Tom con precaución mientras lo seguía. —Debes saber que no puedo dejar que te vean.

—¿Y qué pretendes hacer? ¿Eliminarme? —dijo con una sonrisa. —No, Tom. Tú no puedes eliminarme.

—¿Por qué no puedo Riddle? —contraatacó.

Tom mayor lo cayó de un instante.

—Ese no es mi nombre. —dijo molestó. —Yo soy Lord Voldemort.

—Será en tu futuro, por lo que veo tan solo pareces un chico de 17 años. —dijo firmemente.

Tom mayor se quedó pensativo, era difícil lidiar con su otro yo.

—Escogí a esa Weasley porque sé que Harry Potter vendrá a rescatarla. —se aclaró la garganta. —No quiero que me arruines mi plan por tu inoportuna aparición. Recuerda, que soy tu otro yo y que mis ambiciones son las tuyas.

—Yo no voy a seguir tu plan. Puedes hacerlo solo, no voy a dejar que me controles. —soltó molesto. —¿Crees que puedes ganarme?

—Niño insolente. —soltó Tom mayor mientras se agachaba para agarrar la varita de Ginny Weasley que se encontraba a un metro de donde estaban.

—¿Piensas eliminarme Riddle? —preguntó mordaz.

Tom mayor se quedó pensativo, hasta que recordó lo que estaba ahí dentro. Sonrió con maldad.

—Sí, pero de una forma un poco mas agresiva. —miro a la estatua de la cabeza y luego lo miro a él. —Vamos a ver qué tal te va con mi serpiente. —Alzó su mano derecha y con mucha fuerza dijo: —Sal de tu nido.

Tom retrocedió al instante, vio cómo donde estaba la boca de la cabeza comenzaba a abrirse poco a poco apareciendo un gran agujero negro. Luego escucho retumbar las paredes y unos sigilos. Se acercaba.

Él se obligó a ser valiente y no rendirse. Recordó que al basilisco nunca hay que mirarlo, cerró los ojos cuando mediante sus oídos gracias al agua supo que ya había salido y se arrastraba hacía el.

—Veremos quién es el más fuerte Tom. —dijo Tom mayor. —Mátalo.

El basilisco obedeció a su amo, miró a su presa y empezó a acercarse aún más sigilosamente. Emocionada por el festín que le daban. Cuando estaba a unos centímetros de comérselo, Tom le dijo algo que hizo que el basilisco parará.

No me mates. —fue lo que dijo, sentía las gotas de sudor resbalarse lentamente. —Yo no soy tu presa… yo soy tu amo.

El basilisco entro en estado de shock, de parte de ambos sentía el mismo poder. Empezó a sacudirse. El Tom mayor se acercó furioso hacia Tom.

—¡Como te atreves! —le dio una patada. —¡Yo soy su amo! Mátalo, yo soy tu único amo ¡obedéceme a mí!

El basilisco se acercó nuevamente para atacar a Tom. Tom se levantó rápidamente y se le planto de frente al basilisco con los ojos cerrados.

Mi presencia es más fuerte que tu fingido amo. No lo mates, obedéceme y acata sus órdenes que no sean contra mí.

El basilisco chorreaba baba de su boca.

Sí, mi amo. Yo obedeceré al más fuerte, y es usted. —susurró el basilisco en su lengua: Parsel.

El Tom mayor había quedado atónito. Su única arma le había sido arrebatada por su otro yo.

—¡Me la vas a pagar! —reclamó furioso.

Pero antes que volvieran a pelearse escucharon un derrumbe. Tanto como el joven Tom al Tom mayor se miraron entre sí.

—Ya están aquí. —dijo el joven Tom que retrocedía para irse del lugar en espera que no lo atraparán.

—Finalmente, cobrare mi venganza. —empezó a reír. —Ven a mi Harry Potter, te he esperado por tanto tiempo.

El joven Tom rodo los ojos ante la absurda obsesión de su yo mayor.

—Regresa a tu nido. —susurró el Tom mayor. El basilisco obedeció y fue a su hogar de nuevo. Estaba claro que el Tom mayor olvidó por un instante quien era el verdadero amo del basilisco.

El joven Tom fue a esconderse en una de las columnas de las serpientes, no se iría rápidamente, primero quería observar lo que pasaría adentro de la cámara de los secretos. Lentamente se ocultó en las sombras de ahí, cuando se escuchó que abrieron la puerta. En ese instante Tom supo que solo una persona podría abrirla aparte de él: Harry Potter. Miro en busco de su yo mayor pero se llevó una gran desilusión al ver que el cobarde se escondió.


Myrtle la Llorona estaba sentada sobre la cisterna del último retrete.

—¡Ah, eres tú! —dijo ella, al ver a Harry—. ¿Qué quieres esta vez?

—Preguntarte cómo moriste —dijo Harry.

El aspecto de Myrtle cambió de repente. Parecía como si nunca hubiera oído una pregunta que la halagara tanto.

—¡Oooooooh, fue horrible! —dijo encantada—. Sucedió aquí mismo. Morí en este mismo retrete. Lo recuerdo perfectamente. Me había escondido porque Olive Hornby se reía de mis gafas. La puerta estaba cerrada y yo lloraba, y entonces oí que entraba alguien. Decían algo raro. Pienso que debían de estar hablando en una lengua extraña. De cualquier manera, lo que de verdad me llamó la atención es que era un chico el que hablaba. Así que abrí la puerta para decirle que se fuera y utilizara sus aseos, pero entonces... —Myrtle estaba henchida de orgullo, el rostro iluminado— me morí.

—¿Cómo? —preguntó Harry.

—Ni idea —dijo Myrtle en voz muy baja—. Sólo recuerdo haber visto unos grandes ojos amarillos. Todo mi cuerpo quedó como paralizado, y luego me fui flotando... —dirigió a Harry una mirada ensoñadora—. Y luego regresé. Estaba decidida a hacerle un embrujo a Olive Hornby. Ah, pero ella estaba arrepentida de haberse reído de mis gafas.

—¿Exactamente dónde viste los ojos? —preguntó Harry

—Por ahí —contestó Myrtle, señalando vagamente hacia el lavabo que había enfrente de su retrete.

Harry y Ron se acercaron a toda prisa. Lockhart se quedó atrás, con una mirada de profundo terror en el rostro. Parecía un lavabo normal. Examinaron cada centímetro de su superficie, por dentro y por fuera, incluyendo las cañerías de debajo. Y entonces Harry lo vio: había una diminuta serpiente grabada en un lado de uno de los grifos de cobre.

—Ese grifo no ha funcionado nunca —dijo Myrtle con alegría, cuando intentaron accionarlo.

—Harry —dijo Ron—, di algo. Algo en lengua pársel.

—Pero... —Harry hizo un esfuerzo. Las únicas ocasiones en que había logrado hablar en lengua pársel estaba delante de una verdadera serpiente. Se concentró en la diminuta figura, intentando imaginar que era una serpiente de verdad.

—Ábrete —dijo.

Miró a Ron, que negaba con la cabeza.

—Lo has dicho en nuestra lengua —explicó. Harry volvió a mirar a la serpiente, intentando imaginarse que estaba viva. Al mover la cabeza, la luz de la vela producía la sensación de que la serpiente se movía.

—Ábrete —repitió.

Pero ya no había pronunciado palabras, sino que había salido de él un extraño silbido, y de repente el grifo brilló con una luz blanca y comenzó a girar. Al cabo de un segundo, el lavabo empezó a moverse. El lavabo, de hecho, se hundió, desapareció, dejando a la vista una tubería grande, lo bastante ancha para meter un hombre dentro. Harry oyó que Ron exhalaba un grito ahogado y levantó la vista. Estaba planeando qué era lo que había que hacer.

—Bajaré por él —dijo.

No podía echarse atrás, ahora que habían encontrado la entrada de la cámara. No podía desistir si existía la más ligera, la más remota posibilidad de que Ginny estuviera viva.

—Yo también —dijo Ron.

Hubo una pausa.

—Bien, creo que no os hago falta —dijo Lockhart, con una reminiscencia de su antigua sonrisa—. Así que me...

Puso la mano en el pomo de la puerta, pero tanto Ron como Harry lo apuntaron con sus varitas.

—Usted bajará delante —gruñó Ron.

Con la cara completamente blanca y desprovisto de varita, Lockhart se acercó a la abertura.

—Muchachos —dijo con voz débil—, muchachos, ¿de qué va a servir?

Harry le pegó en la espalda con su varita. Lockhart metió las piernas en la tubería.

—No creo realmente... —empezó a decir, pero Ron le dio un empujón, y se hundió tubería abajo. Harry se apresuró a seguirlo. Se metió en la tubería y se dejó caer.

Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que iban, que se curvaba y retorcía, descendiendo súbitamente. Calculaba que ya estaban por debajo incluso de las mazmorras del castillo. Detrás de él podía oír a Ron, que hacía un ruido sordo al doblar las curvas.

Y entonces, cuando se empezaba a preguntar qué sucedería cuando llegara al final, la tubería tomó una dirección horizontal, y él cayó del extremo del tubo al húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie. Lockhart se estaba incorporando un poco más allá, cubierto de barro y blanco como un fantasma. Harry se hizo a un lado y Ron salió también del tubo como una bala.

—Debemos encontrarnos a kilómetros de distancia del colegio —dijo

Harry, y su voz resonaba en el negro túnel.

—Y debajo del lago, quizá —dijo Ron, afinando la vista para vislumbrar los muros negruzcos y llenos de barro.

Los tres intentaron ver en la oscuridad lo que había delante.

—¡Lumos! —ordenó Harry a su varita, y la lucecita se encendió de nuevo—. Vamos —dijo a Ron y a Lockhart, y comenzaron a andar. Sus pasos retumbaban en el húmedo suelo.

El túnel estaba tan oscuro que sólo podían ver a corta distancia. Sus sombras, proyectadas en las húmedas paredes por la luz de la varita, parecían figuras monstruosas.

—Recuerden —dijo Harry en voz baja, mientras caminaban con cautela—: al menor signo de movimiento, hay que cerrar los ojos inmediatamente.

Pero el túnel estaba tranquilo como una tumba, y el primer sonido inesperado que oyeron fue cuando Ron pisó el cráneo de una rata. Harry bajó la varita para alumbrar el suelo y vio que estaba repleto de huesos de pequeños animales. Haciendo un esfuerzo para no imaginarse el aspecto que podría presentar Ginny si la encontraban, Harry fue marcándoles el camino.

Doblaron una oscura curva.

—Harry, ahí hay algo... —dijo Ron con la voz ronca, cogiendo a Harry por el hombro.

Se quedaron quietos, mirando. Harry podía ver tan sólo la silueta de una cosa grande y encorvada que yacía de un lado a otro del túnel. No se movía.

—Quizás esté dormido —musitó, volviéndose a mirar a los otros dos.

Lockhart se tapaba los ojos con las manos. Harry volvió a mirar aquello; el corazón le palpitaba con tanta rapidez que le dolía.

Muy despacio, abriendo los ojos sólo lo justo para ver, Harry avanzó con la varita en alto.

La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, una piel de un verde intenso, ponzoñoso, que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había dejado allí su muda debía de medir al menos siete metros.

—¡Caray! —exclamó Ron con voz débil.

Algo se movió de pronto detrás de ellos. Gilderoy Lockhart se había caído de rodillas.

—Levántese —le dijo Ron con brusquedad, apuntando a Lockhart con su varita.

Lockhart se puso de pie, pero se abalanzó sobre Ron y lo derribó al suelo de un golpe.

Harry saltó hacia delante, pero ya era demasiado tarde. Lockhart se incorporaba, jadeando, con la varita de Ron en la mano y su sonrisa esplendorosa de nuevo en la cara.

—¡Aquí termina la aventura, muchachos! —dijo—. Cogeré un trozo de esta piel y volveré al colegio, diré que era demasiado tarde para salvar a la niña y que ustedes dos perdieron el conocimiento al ver su cuerpo destrozado. ¡Despídanse de sus memorias!

Levantó en el aire la varita mágica de Ron, recompuesta con celo, y gritó:

—¡Obliviate!

La varita estalló con la fuerza de una pequeña bomba. Harry se cubrió la cabeza con las manos y echó a correr hacia la piel de serpiente, escapando de los grandes trozos de techo que se desplomaban contra el suelo. Enseguida vio que se había quedado aislado y tenía ante si una sólida pared formada por las piedras desprendidas.

—¡Ron! —grito—, ¿estás bien? ¡Ron!

—¡Estoy aquí! —La voz de Ron llegaba apagada, desde el otro lado de las piedras caídas—. Estoy bien. Pero este idiota no. La varita se volvió contra él.

Escuchó un ruido sordo y un fuerte «¡ay!», como si Ron le acabara de dar una patada en la espinilla a Lockhart.

—¿Y ahora qué? —dijo la voz de Ron, con desespero—. No podemos pasar. Nos llevaría una eternidad...

Harry miró al techo del túnel. Habían aparecido en él unas grietas considerables. Nunca había intentado mover por medio de la magia algo tan pesado como todo aquel montón de piedras, y no parecía aquél un buen momento para intentarlo. ¿Y si se derrumbaba todo el túnel?

Hubo otro ruido sordo y otro ¡ay! provenientes del otro lado de la pared. Estaban malgastando el tiempo. Ginny ya llevaba horas en la Cámara de los Secretos. Harry sabía que sólo se podía hacer una cosa.

—Aguarda aquí —indicó a Ron—. Aguarda con Lockhart. Iré yo. Si dentro de una hora no he vuelto...

Hubo una pausa muy elocuente.

—Intentaré quitar algunas piedras —dijo Ron, que parecía hacer esfuerzos para que su voz sonara segura—. Para que puedas... para que puedas cruzar al volver. Y..

—¡Hasta dentro de un rato! —dijo Harry, tratando de dar a su voz temblorosa un tono de confianza.

Y partió él solo cruzando la piel de la serpiente gigante. Enseguida dejó de oír el distante jadeo de Ron al esforzarse para quitar las piedras. El túnel serpenteaba continuamente. Harry sentía la incomodidad de cada uno de sus músculos en tensión. Quería llegar al final del túnel y al mismo tiempo le aterrorizaba lo que pudiera encontrar en él. Y entonces, al fin, al doblar sigilosamente otra curva, vio delante de él una gruesa pared en la que estaban talladas las figuras de dos serpientes enlazadas, con grandes y brillantes esmeraldas en los ojos.

Harry se acercó a la pared. Tenía la garganta muy seca. No tuvo que hacer un gran esfuerzo para imaginarse que aquellas serpientes eran de verdad, porque sus ojos parecían extrañamente vivos.

Tenía que intuir lo que debía hacer. Se aclaró la garganta, y le pareció que los ojos de las serpientes parpadeaban.

—¡Ábrete! —dijo Harry, con un silbido bajo, desmayado.

Las serpientes se separaron al abrirse el muro. Las dos mitades de éste se deslizaron a los lados hasta quedar ocultas, y Harry, temblando de la cabeza a los pies, entró.

Se hallaba en el extremo de una sala muy grande, apenas iluminada. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes enlazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia.

Con el corazón latiéndole muy rápido, Harry escuchó aquel silencio de ultratumba. ¿Estaría el basilisco acechando en algún rincón oscuro, detrás de una columna? ¿Y dónde estaría Ginny?

Sacó su varita y avanzó por entre las columnas decoradas con serpientes. Sus pasos resonaban en los muros sombríos. Iba con los ojos entornados, dispuesto a cerrarlos completamente al menor indicio de movimiento. Le parecía que las serpientes de piedra lo vigilaban desde las cuencas vacías de sus ojos. Más de una vez, el corazón le dio un vuelco al creer que alguna se movía.

Al llegar al último par de columnas, vio una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo. Harry tuvo que echar atrás la cabeza para poder ver el rostro gigantesco que la coronaba: era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba casi hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo. Y entre los pies, boca abajo, vio una pequeña figura con túnica negra y el cabello de un rojo encendido.

—¡Ginny! —susurró Harry, corriendo hacia ella e hincándose de rodillas—. ¡Ginny! ¡No estés muerta! ¡Por favor, no estés muerta! —Dejó la varita a un lado, cogió a Ginny por los hombros y le dio la vuelta. Tenía la cara tan blanca y fría como el mármol, aunque los ojos estaban cerrados, así que no estaba petrificada. Pero entonces tenía que estar...—. Ginny, por favor, despierta — susurró Harry sin esperanza, agitándola. La cabeza de Ginny se movió, inanimada, de un lado a otro.

—No despertará —dijo una voz suave. Harry se enderezó de un salto.

Un muchacho alto, de pelo negro, estaba apoyado contra la columna más cercana, mirándole. Tenía los contornos borrosos, como Harry si lo estuviera mirando a través de un cristal empañado. Pero tenía dudas sobre quien era… ¿era el chico del diario? Imposible.

—¿Qué quieres decir? ¿Por qué no despertará? —dijo Harry desesperado—. ¿Ella no está... no está...?

—Todavía está viva —contestó Riddle—, pero por muy poco tiempo.

Harry lo miró detenidamente.

—¿Eres un fantasma? —preguntó Harry dubitativo.

—Soy un recuerdo —respondió Riddle tranquilamente— guardado en un diario durante cincuenta años.

El Tom mayor señaló hacia los gigantescos dedos de los pies de la estatua. Allí se encontraba, abierto, el pequeño diario negro que Harry había hallado en los aseos de Myrtle la Llorona. Durante un segundo, Harry se preguntó cómo habría llegado hasta allí. Pero tenía asuntos más importantes en los que pensar.

—Tienes que ayudarme —dijo Harry, volviendo a levantar la cabeza de Ginny—. Tenemos que sacarla de aquí. Hay un basilisco... No sé dónde está, pero podría llegar en cualquier momento. Por favor, ayúdame...

Riddle no se movió. Harry, sudando, logró levantar a medias a Ginny del suelo, y se inclinó a recoger su varita.

Pero la varita ya no estaba.

—¿Has visto...?

Levantó los ojos. Riddle seguía mirándolo... y jugueteaba con la varita de Harry entre los dedos.

—Gracias —dijo Harry, tendiendo la mano para que el muchacho se la devolviera.

Una sonrisa curvó las comisuras de la boca de Riddle. Siguió mirando a Harry, jugando indolente con la varita.

Desde su escondite en las sombras, el joven Tom sonrió por la divertida escena que se le presentaba.

—Escucha —dijo Harry con impaciencia. Las rodillas se le doblaban bajo el peso muerto de Ginny—. ¡Tenemos que huir! Si aparece el basilisco...

—No vendrá si no es llamado —dijo Riddle con toda tranquilidad.

Harry volvió a posar a Ginny en el suelo, incapaz de sostenerla.

—¿Qué quieres decir? —preguntó—. Mira, dame la varita, podría necesitarla.

La sonrisa de Riddle se hizo más evidente.

—No la necesitarás —repuso.

Harry lo miró.

—¿A qué te refieres, yo no...?

—He esperado este momento durante mucho tiempo, Harry Potter —dijo Riddle—. Quería verte. Y hablarte.

—Mira —dijo Harry, perdiendo la paciencia—, me parece que no lo has entendido: estamos en la Cámara de los Secretos. Ya tendremos tiempo de hablar luego.

—Vamos a hablar ahora —dijo Riddle, sin dejar de sonreír, y se guardó en el bolsillo la varita de Harry.

Harry lo miró. Allí sucedía algo muy raro.

—¿Cómo ha llegado Ginny a este estado? —preguntó, hablando despacio.

—Bueno, ésa es una cuestión interesante —dijo Riddle, con agrado—. Es una larga historia. Supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.

—¿De qué hablas? —dijo Harry.

—Del diario —respondió Riddle—. De mi diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que... —A Riddle le brillaron los ojos—... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...

Mientras hablaba, Riddle mantenía los ojos fijos en Harry. Había en ellos una mirada casi ávida.

—Es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años — siguió—. Pero me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, simplemente, me adoraba: Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo...

Ryddle se rió con una risa potente y fría que parecía ajena. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca.

—Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...

—¿Qué quieres decir? —preguntó Harry, con la boca completamente seca.

—¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin inmutarse Riddle—. Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella retorció el pescuezo a los gallos del colegio y pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los cuatro sangre sucia, el gato del squib y mató a una.

—No —susurró Harry.

—Sí —dijo Riddle con calma—. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacia. Fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes... Querido diario —recitó, contemplando la horrorizada cara de Harry—, creo que estoy perdiendo la memoria. He encontrado plumas de gallo en mi túnica y no sé por qué están ahí. Querido diario, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido diario, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo!

Harry tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en las palmas.

—Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en su diario —explicó Riddle—. Pero al final sospechó e intentó deshacerse de él. Y entonces apareciste tú, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer...

—¿Y por qué querías conocerme? —preguntó Harry La ira lo embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz.

—Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry —dijo Riddle—. Toda tu fascinante historia. —Sus ojos vagaron por la cicatriz en forma de rayo que Harry tenía en la frente, y su expresión se volvió más ávida—. Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.

—Entonces lo que me mostraste era mentira. —dijo confundido. —¿Quién eres?

Riddle sonrió abiertamente. Esa, era una buena oportunidad para desenmascarar a su joven yo. Pero lo que no sabía es que el joven Tom no lo dejaría.

Sal, ahora mismo. —susurró en Parsel el joven Tom, antes que Riddle hiciera de las suyas.

Tanto Harry y el Tom mayor se sorprendieron al escuchar cómo se abría de nuevo la boca de la estatua.

—¡Maldición! —exclamo fuertemente Riddle. Miro por todos lados en busca del niño Tom. —¿Dónde estás?

Harry se preguntó a quien le decía eso. Pero antes que eso, se encontraba horrorizado al ver que de ahí salía algo grande.

—¡Harry Potter! —gritó el Tom mayor. — Al parecer no quieren que lo sepas, me preguntaste ¿quién soy? Yo te diré, soy Tom Riddle.

Harry quedó atónito ante esa afirmación.

—¡¿Qué?!

—Hay un estudiante con el mismo nombre en Hogwarts ¿verdad? —rio. —Ese estudiante soy yo.

—Pero, es imposible… ¿cómo puede...?

—Bueno —dijo Riddle, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?

En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.

—¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dijo Harry despacio—. Voldemort fue posterior a ti.

—Voldemort —dijo Riddle imperturbable— es mi pasado, mi presente y mi futuro, Harry Potter...

Harry se paró del susto. Tantas verdades en un solo momento. Entonces, el alumno de Slytherin era Voldemort, pero si él diario… entonces era de él el diario. Por eso lo veían siempre con Ginny.

El joven Tom que seguía oculto bajo las sombras, maldijo que Riddle haya soltado eso. Ahora tendría problemas. No lo dejaría ir… lo destruiría.

Destruye el diario. —dio una nueva orden al basilisco.

El basilisco enseguida fue en busca del diario. Al ver eso el Tom mayor grito un terrible "No" y corrió para salvar el diario. Pero fue demasiado tarde, el basilisco había clavado sus colmillos en el diario. Tanto Harry como Tom observaron como el recuerdo comenzaba a llenarse de agujeros de luz por todas partes hasta que hizo una gran explosión. Y asi fue como el destino del diario llegó a su fin. Harry agarró el diario que estaba tirado en un charco de tinta.

Harry regresó por Ginny quien empezaba a dar señales de vida. Cuando Ginny despertó y junto con Harry regresaba, fue cuando Tom a espaldas de ellos apareció.

—Alto.

Harry y Ginny se detuvieron. Harry volteó confundido sobre quien más había ahí mientras que Ginny horrorizada. Pero ellos no tuvieron oportunidad de divisar a la persona que se encontraba a espaldas de ellos cuando un hechizo les dio.

Obliviate. —pronunció Tom. —Olvidarán el nombre de la persona del diario. Harry Potter, llevarás el diario contigo y le dirás a Dumbledore que tú destruiste el diario y mataste al basilisco. El nombre del diario será de Voldemort a quien te encontraste cara cara aquí. Ginny Weasley, olvidarás toda relación conmigo, solo te ocuparás de lo que te hizo Voldemort. Y lo más importante… James estuve aquí.

—Sí. —dijeron los dos al unísono.

Tanto Harry como Ginny salieron de la cámara con nuevos recuerdos.

Tom solo sonreía por lo ocurrido. No había sido su plan pero resulto exitoso, y lo mejor es que no lo habían atrapado.

Puedes volver a dormir. —el basilisco hizo una reverencia y fue a su nido de nuevo.

Después de mucho tiempo Tom salió de la cámara para dirigirse al castillo.


Con una gran melancolía despidieron el curso. Ya había llegado su fin y habían sufrido una perdida, pero la parte emotiva fue que los que petrificaron habían por fin despertado.

Para Tom lo único que le preocupaba era donde pasaría las vacaciones hasta entrar a tercer año. Por lo que fue al despacho de Dumbledore.

—¿Me puedo quedar aquí? —había preguntado por tercera vez Tom.

Dumbledore fruncía el entrecejo.

—Me temo que es imposible, Tom.

—Pero, sabe mi situación. El internado no es una opción. —replicó.

—Creo que ya sé dónde. —dijo Dumbledore pacientemente. Llamo a Snape y le susurró algo al oído.

Snape asintió y salió del cuarto.

—¿Qué le dijo? —preguntó extrañado Tom.

—En un momento verás.

Transcurrieron unos minutos hasta que finalmente llamaron a la puerta.

—Soy yo, Severus Snape, lo traigo conmigo.

—Adelante Severus. —dijo sonrientemente.

Al pasar entro Snape y una persona más. Al voltearse para ver quien entraba Tom se sorprendió al ver quien era.

Frente a él estaba nada más ni nada menos que Draco Malfoy.

—¿Él? ¿En su casa? —preguntó asustado.

—¿En mi casa? —preguntó igual de asustado Draco. —Es una broma Dumbledore.

—Así que también le respondes al viejo. —dijo sutilmente Tom.

Draco lo miró.

—Nadie me detiene—murmuró.

Tanto Draco y Tom sonrieron.

—Creo que puedo superarlo. —dijo finalmente Tom.

—Bueno, pues disfruten sus vacaciones pequeños. —dijo alegremente Dumbledore.

Pero ellos dos solo lo miraron con rencor y acto seguido abandonaron la sala.

—Son un dolor de cabeza—murmuro Snape.

—¿Más que lo que el trio dorado? —preguntó inocentemente Dumbledore.

Snape quedó pensativo.

—Nadie le gana al trio. —finalizó Snape.


Volví :)

A contestar!

Lity: Pos no fue ni Harry ni tom si no el basilisco (?) jaajajajaa gracias por tus reviews, me encantan n.n

Susan-black7: Yo tambien quiero un tom u.u jajajaja muchas gracias por tu apoyo n.n

alexyopyop: Una nueva lectora :D Bienvenida! aplausos! gracias por tu apoyo :D eres bienvenida n.n

Perdón si esta algo bajo el capitulo xD pero estará emocionante :D

Gracias por sus reviews, aquí termina el segundo año, y empieza el tercero :)