Yuri los observaba de lejos, viendo como les enseñaban a aquellas muchachas el arte de patinaje sobre hielo. Y ahí estaba él, con unos bocadillos en bandeja que tenía que sostener. Tantas ganas de querer patinar, pero claro, no podía. Además de que Seung, le dijo que de aquí a unos cinco años podría pagar su deuda. Pero él no tenía cinco años.
-Vicchan que estás en el cielo, aun no comprendo cómo haré para salvarme de esta situación-
-Víctor, eres maravilloso- adulaba una de las cuántas chicas que tomaban las clases de patinaje con él.
Y sí, ahora Yuri sabía con precisión el nombre de cada uno. Comenzando con el líder del club, Víctor Nikiforov un chico ruso de 17 años, con mucho poder y el mejor patinador de todos, además de ser un mujeriego. Luego se encontraba el otro ruso, Yuri Plisetsky, aunque le llamaba Yurio internamente para no confundirse de nombre, un chico bastante fastidioso y como en su país se denominaría un completo tsundere. Por otro lado estaba Christopher Giacometti, un tanto extraño, le causaba cierto recelo así que prefería mantenerse lejos de él, luego estaban Guang-Hong Ji y Leo de la Iglesia, ambos muy buenos amigos y compañeros e curso. Siempre iban juntos a cualquier parte, luego estaba el revoltoso de Jean Jaques Leroy o JJ como se autodenomino y el simpático amante de las selfies Pichit Chulanont. Estaba Seung Gil Lee el cual no se acercaba a ninguna chica, tan sólo estaba a la par de él, sin hacer mucho. Y por último estaba Minami Kenjiro, un chico bastante simpático y un año menor que él.
-Veo que últimamente están haciendo obras de caridad- dijo con desdén una de las muchachas, Lucía de la Torre, la española con más dinero.
-Pues es divertido tener un sirviente,- le respondió Víctor, los demás asistieron, porque podrían mandarlo hacer todas las otras tareas como la limpieza.
-Guang quiero tomar café- pedía otra muchacha con voz melosa. Yuri se había dado cuenta de que cada uno tenía un atractivo distinto. Guang con Minami eran los típicos chicos tiernos que pensarías en un instante que estás cometiendo pedofilia, luego estaba Yurio, que era lindo pero algo cerrado como si las chicas fuesen capaz de lograr abrir su corazón, un desafío. Después estaba Pichit con Leo, los chicos simpáticos con los cuales puedes pasar un tarde amena, Seung... pues él era él, tenía una belleza exterior pero era tan frío que nadie se le acercaba cosa que no le molestaba. Y por último estaba Víctor, Chris y JJ, los guapos, sexys y mujeriego por excelencia, que tan sólo verlos podías morir de un derrame nasal.
-malditos- susurro por lo bajo soltando un suspiro.
-Katsuki- le llamó el coreano.
-¿Si?-
-Prepara café-
Asintió sin mucho ánimo y se dirigió a la cocina, viendo la cantidad de café en grano que estaba. Obviamente se iba a demorar más si preparaba café de grano, además de que era un desperdicio, así sin más, busco un café instantáneo. Casi se muere al ver que sólo tenían uno y le fue difícil de encontrar. Preparó el café rápidamente y se los dejo para que bebieran. Al probarlo, todos se sorprendieron de la rapidez y del extraño sabor del líquido.
-Es café instantáneo- contestó, todos estaban extrañados, ¿café instantáneo? ¿Qué era eso? Después de una corta explicación por parte del japonés, le aplaudían como si fuera un payaso de circo.
-Es increíble que sean bastante molestos y unos tontos- era de noche, ya le había avisado a su madre que llegaría tarde a la posada, debido a que debía limpiar la pista de patinaje y el salón de reunión. Aunque no escuchaba a nadie, de seguro todos se habían retirado.
-Es mi oportunidad- se quitó sus lentes, se colocó unos guantes a la par que unos patines. Lleno sus pulmones de oxígeno, tenía ese cosquilleo en su interior, emoción por tocar el hielo, escuchar el sonido de las cuchillas cortándola, abriendo paso. Se posicionó en el centro y tomo el control del reproductor musical.
Las notas rápidas de la canción comenzó a sonar, su mirada se posó en el techo, una mirada cargada de anhelo. Levantando sus brazos de manera lenta, como si fuera posible alcanzar aquello en la distancia, giro sobre su eje corporal para luego detener todo movimiento y ahora abarcar el espacio de la pista, moviéndose de forma grácil, rápida y elegante, una secuencia de pasos única, especial.
Víctor se encontraba con los muchachos del club, se estaban devolviendo debido a que era cruel dejar al muchacho limpiando solo. Yurio no estaba muy convencido pero terminó aceptando, aunque él mismo dijo que no haría nada.
-¿Escuchan eso?- preguntaba el tailandés, todos asintieron para luego ir corriendo a la pista de patinaje, encontrándose con el japonés de cabellos negros.
Yuri realizó unos pequeños saltos para unirlo a las vueltas con más potencias para dar el primer salto especial, para luego continuar todo con mayor esfuerzo, un triple axel acompañado con un toe loop. La canción marcaba aquella rapidez de su movimiento, hasta que el piano se volvió sereno y fue como si su alma tomará un respiro, se sentía ligero, sin preocupaciones, tan sólo feliz.
Todos se percataron de la belleza de su baile, de sus emociones. Todo lo que hacía parecía arte, pero Víctor sabía que Yuri era arte, uno raramente hermoso y difícil de entender.
-Es como si buscara algo- mencionó Guang, sin poder quitar la mirada del muchacho.
El albino se preguntaba qué era lo que buscaba el muchacho, qué quería.
El azabache miró al cielo una vez más, sus manos envolvían su cuerpo y otra ponía más rapidez en la secuencia, se preparaba para el siguiente salto. Un flip combinado, para luego quedar al centro y rotar rápidamente sobre su eje. Levantado su pierna izquierda, para luego hacer todos los saltos posibles. Una combinación cuádruple-triple. Otra secuencia se pasó, pero de nuevo la ronda final de saltos, como si dijera que era el último golpe, el último aliento, era eso y acababa. Un flip triple, un flip cuádruple y para finalizar lutz. Se notaba la desesperación y la tormenta en su alma, giro a través de la pista para terminar de girar en centro y ver al cielo nuevamente.
Todos estaban atónitos, ellos ni con mil años de práctica lograrían aquella resistencia y sin poder aguantar más aplaudieron. Eso hizo que Yuri soltara un pequeño grito.
-Me asustaron- dijo en deje de reproche, el cual nadie tomó en cuenta.
-Chicos, creo que tenemos nuestro nuevo miembro oficial- comenzó a decir Víctor.
-Es cierto, Yuri-sempai, usted debe pertenecer al club- decía con mirada ensoñadora Minami.
-¿A qué se refieren?-
-Un poco lento Yuri- comentó con su melodiosa voz el suizo -A partir de ahora serás uno de nosotros y harás lo mismo que nosotros-
-Después de todo eres un gran patinador- dijeron todo a la vez.
"Vicchan que estás en el cielo, creo que por fin podré alcanzar ese pedacito de felicidad"
