Bueno, segundo capítulo aunque nadie lea esto D:
Luego de yo no sé cuántos capítulos empezará el... ¡RELLENO! Nah xD un poco más de lo que fue la vida de Kasumi en el Shibusen antes de largarse forevah.


Capítulo dos: Nuevo mundo, nuevos descubrimientos.

Luego de la huida de Kasumi no pasaron más de dos semanas. La niña pasaba el día en algún parque pero siempre avanzaba nunca se quedaba en un sólo lugar demasiado tiempo pues sabía que darían con ella; por las noches, la pequeña de ojos carmesí se dedicaba a matar a sus anchas, despojaba a sus víctimas de sus pertenencias, consumía almas humanas, descansaba durante la madrugada. Algo más oscuro se desarrollaba en su persona, su alma empezaba a forjar una especie de escudo, ahora su transformación a arma podía realizarse de forma voluntaria. El famoso asesino nunca fue atrapado, se le dio el nombre de Demonio de Rubí, si hubiesen descubierto quién era realmente el pánico de las personas hubiese sido mayor.

Una noche, alguien decidió enfrentarla. Aquella noche, más oscura de lo usual, un chico vagaba solo por las calles, quizás un par de años mayor que la pequeña asesina quien lo seguía sin ser detectada. Kasumi se lanzó al ataque desde el costado derecho, él ni se inmutó y esquivó el ataque sin esfuerzo. Los ojos carmesí de la pequeña chocaron con unos hermosos ojos ámbar causando que el ataque no continuara; segundos después reparó en un detalle algo peculiar, tres líneas de color blanco atravesaban su oscuro cabello pero solamente del lado izquierdo.

—¿Quién eres? —murmuró ella con el ceño ligeramente fruncido.

—Soy Death the Kid. He venido a llevarte a Death City, Demonio de Rubí —aclaró el chico sin más, como si fuese lo más normal del mundo.

—¿Death City? ¿Qué es eso? —justo al terminar esa pregunta, cayó desmayada sin ninguna razón aparente.

Los finos y cálidos rayos del Sol causaron incomodidad al iluminar el rostro de Kasumi quien abrió ligeramente los ojos para luego mirar que se encontraba a la sombra de un hermoso árbol de cerezo, la sorpresas seguían en aumento pues al incorporarse la niña vio el Sol, un Sol sonriente que reía sin descanso alguno como un total desquiciado; a su izquierda se encontraba aquel chico, el tal Death the Kid.

—Al fin despiertas, creí que dormirías todo el día —comentó con la vista al frente, sin la mínima intención de dirigir la mirada a su acompañante.

—Nada te importa lo que haga o no —respondió la de ojos carmesí de forma arrogante, era la primera frase que decía desde hace un buen tiempo.

El chico dejó salir una sonrisa que casi pasa desapercibida y extendió una mano frente a la cortante pequeña que con duda la tomó con algo de fuerza entre las suyas, aquel nuevo mundo era extraño y aunque no quisiera hablar al respecto, tenía miedo. Siguió al que la había traído hasta allí sin dejar se aferrarse a su mano.

—¿Adónde vamos? —se atrevió a preguntarle luego de un rato.

—Al Shibusen.

—¿Shibusen?

—Sí. La escuela para técnicos y armas creada por el Shinigami, mi padre —explicó mientras subían una gran cantidad de gradas.

—¡Eres el hijo del Shinigami! —expresó Kasumi con algo de sorpresa en su voz, pero antes de decir algo más chocó contra la espalda del chico que decía ser hijo del dios de la muerte. Miro por un costado y una gran institución se alzaba imponente, con la famosa calavera en tamaños enormes y unas extrañas y grandes velas; el sitio era bastante extraño pero también muy hermoso. Los ojos de la niña brillaban con emoción o quizás admiración.

—Así que ya te has conseguido una novia, rayitas —gritó una voz proveniente de uno de los extremos más altos de la extraña institución.

—Deja de decir tonterías, mono asimétrico —respondió Death the Kid notablemente irritado ante el comentario.

—¿Cómo te atreves a hablar así de tu dios? —siguió gritando el tal mono asimétrico, justo en ese momento, el extremo donde se encontraba se rompió y cayó de cara contra el suelo. El supuesto Demonio de Rubí se ocultaba tras la espalda del chico de las rayas en el cabello, tratando de pasar desapercibida, pero al ver la caída aquel chico tan egocéntrico su rostro formó una mueca de decepción y burla a la vez.

—¿Quién es ella? —preguntó una voz femenina a sus espaldas. Kasumi se sobresaltó y la miró algo insegura, tenía cabello rubio cenizo y lo llevaba atado en dos coletas, su rostro era adornado por dos ojos color jade.

—¡Acabas de arruinar la perfecta simetría del Shibusen —gritórayitas enfurecido con el chico.

—¡A un dios como yo no le importan pequeñeces como esas! —respondió este mientras se levantaba del suelo con orgullo. Estaban tan ocupados discutiendo que no tomaron en cuenta que alguien preguntaba quién era la extraña.

—Soy Kasumi... sólo Kasumi —mintió descaradamente, quizás toda esa gente supiese de su vida, de sus problemas, de sus asesinatos, de la leyenda encerrada en el piano.

—Yo soy Maka Albarn —declaró con una sonrisa amistosa en su rostro —, y él es Soul Eater —terminó mientras señalaba a un chico albino tras de ella con una sonrisa de colmillos en el rostro; tenía una energía similar a la de Kasumi, distante, cortante, algo desorientado quizás.

El tiempo pasó de igual forma que en el mundo común. Kasumi supo que el tal mono en realidad se llamaba Black Star, tenía un complejo de dios increíble, era realmente fuerte, pero terco. Conforme la chica tuvo más confianza en el hijo del Shinigami, pasó a llamarle sólo Kid. Dos años después de estar allí, tuvo el estúpido atrevimiento de preguntarle a Soul su nombre completo, con la evidente posibilidad de que se no lo dijese, pero extrañamente sí lo hizo, quizás por su energía similar. Le contó parte de su historia sin entrar en mucho detalles y la razón por la que prefería omitir su nombre; Kasumi compartió parte de sus vivencias con él, siendo esto una especie de intercambio de historias.

En ese período de tiempo había tenido gran cantidad de técnicos, pero no lograba sincronizar de forma permanente con ninguno, a excepción de un chico llamado Hiroshi; era el tipo de persona que no debía estar allí, de cabello castaño oscuro y ojos verdes, poseía una actitud serena, amable pero algo loco, tan normal. No logró permanecer con el Demonio de Rubí para siempre, pero sí durante un período de tiempo mayor que cualquier otro, de forma que ella le pidió que se fuese o terminaría muerto de alguna u otra forma.

Otra cosa que descubrió, fue que al juntar sus brazos una cuchilla como la de las guillotinas aparecía en medio de ellos. Tuvo también la oportunidad de conocer al Shinigami, descubriendo que este podía llegar de ser muy serio a ser algo infantil; era un ser noble, con fe en la humanidad y en su hijo.


Fin del capítulo dos.