Hola, hola :3 vengo con un nuevo capítulo. Espero les agrade, llevo trabajando en esto toda la semana porque estaba en exámenes xD
Les agradecería un review, pero nadie los obliga a dejar uno (?
Capítulo seis: ¿Alma saludable?
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Miedo, el miedo había hecho que Kasumi cerrara sus emociones a la entrada de Kid. Miedo de no poder hacerle frente debido a su debilidad ante el joven Shinigami.
—Después de todo este tiempo, ¿es así como vamos a jugar? —añadió el fragmento, a pesar de tener en frente a la que era su protegida no bajó las armas.
—¿Jugar? —la muchacha dejó salir un par de risas que aparentaban inocencia—. Si por jugar fuese no necesitarías las armas... ni otras cosas. Preferiría jugar en tu casa un juego en el que ambos ganáramos.
—¡Oye, chica demonio! —de una de las armas brotó la voz de Liz— ¿Ahora te le insinúas? Pero si hace días hiciste todo lo contrario.
—Kasumi-chan, tienes cara de demente —estaba vez fue Patty, con su típico tono infantil.
—¿Acaso te molesta, Thompson? —los ojos carmesí de la muchacha brillaron con malicia sin dejar de lado la locura, sonrío de manera burlona y dijo casi en un susurro—. El niño Shinigami es mío...
—Eres bastante siniestra, ¿lo sabías? Además de bipolar —murmuró Aiko a las espaldas de Kasumi— Dices que no te vas a dejar manipular pero luego reclamas al muchachito como tuyo.
Kid ignorando todos los comentarios anteriormente hechos apretó el gatillo de sus armas; nuevamente el ruido metálico audible a través del humo delató que la hoja de Kasumi había detenido los disparos. Aiko quien había permanecido ajena a aquello dejó salir una carcajada, los orbes azules habían pasado de hipnóticos a intimidantes, casi asesinos.
—¿Has confiado en mí tan fácil como para protegerme? —preguntó Aiko; la pluma gris que se encontraba en su sombrero aumentó de tamaño y salió disparada hacia la espalda de Kasumi, donde se fragmentó para luego formarse la silueta de varias pequeñas plumas en el cuello de la muchacha—. Es fácil engañar a personas que desconocen de su pasado.
La mirada de Kasumi se llenó de confusión a pesar de la locura que había en ella. La bruja chasqueó los dedos, en ese momento la mirada carmesí de la joven se tornó opaca, ausente.
—Esperaba por ti, Shinigami-kun —añadió Aiko y miró a Kasumi para luego chasquear los dedos nuevamente. Ante esto la muchacha tomó su forma completa de arma materializándose en las manos de la bruja. La hoja negra como el carbón hacía resaltar la máscara del Shinigami que la recorría. Siendo empuñada por alguien de apariencia tan frágil como esa bruja, la guadaña, que ya de por sí poseía un gran tamaño, parecía monstruosa pero resultaba chocante y fuera de lugar en manos de alguien que no era realmente el técnico de la muchacha. Kid frunció ceño, tenía que retirar el control que la magia de aquella bruja tenía sobre Kasumi lo antes posible.
—Es curioso, ¿no crees? —dijo la bruja blandiendo hábilmente la gran guadaña para luego dejarla reposar en sus delgados hombros— Cuando fuiste por ella la hoja de su guadaña era negra únicamente. Esto —Aiko señaló la hoja— apareció luego de que la llevaste a Death City. Comenzó como un punto que se fue extendiendo y tomando forma. El alma de la niña que salvaste usó la admiración que sentía por ti para manifestarla de forma externa... y al hacer esto su alma se fragmentó una vez más. Arma, técnico, súcubo... débiles habilidades parecidas a las de un Shinigami, tan débiles que ni siquiera las nota. No se desarrollarán nunca completamente, pero las obtuvo de ti porque la admiración se transformó en algo más fuerte. Un sentimiento poderoso es lo que se necesita para fragmentar las almas de los Saitō, un sentimiento que los marque, que los destroce. Lo que rompió el alma de esta niña fue lo que no debió haber sentido nunca.
El joven de ojos dorados empezaba a perder la paciencia. Lo que no debió haber sentido nunca, aquello se lo había advertido su padre, en vano, al notar la cercanía que ambos tenían. Kid sabía lo que saldría de la boca de esa bruja.
—Amor por el Fragmento de Shinigami —concluyó haciendo énfasis—. Y ahora te mataré con ella y cuando la libere de mi control, la locura que le provocará haber sido cómplice de tu muerte... fragmentará su alma una vez más. Podré crear un kishin más poderoso que Asura, más poderoso que la niña de Medusa fusionada con sangre negra. Sumiré al mundo en la desgracia, formaré un nuevo orden.
—¿Eso quiere decir que crees que te dará tiempo de hacer tal cosa? Y en caso de que así fuera, ¿crees que con tanta locura en ella te perdonaría la vida? —el muchacho sonrió con tranquilidad ante lo que estaba por decir — Esa niña terca no te dará tantas libertades, me sorprende que no lo hayas notado pues es uno de los motivos por los que su forma de arma es de ese tamaño anormal y poco práctico comparado a lo que ves exteriormente de ella. Es aplastante, territorial, de forma serena se coloca en ventaja sin que sea detectable. Hay que adaptarse a ella, porque ella no se adapta, no se permite ser inferior. Reclama lo que cree suyo sin importar si realmente lo es o no.
Aiko sonrió ante aquello y arremetió contra el joven golpeándolo con el mango de la guadaña de modo que lo lanzó fuera de la habitación. Kid impactó contra la pared que se encontraba al frente y luego se desplomó en el suelo. Le había tomado descuidado debido a tanto discurso y tan poca acción.
Ghost, el compañero felino de Kasumi, había sido absorbido por la penumbra de la mansión el momento que el joven Shinigami había entrado, aquello ya no le incumbía pero su huida no dejaba ver otra cosa que su cobardía.
—¡Kid-kun! —la voz de las hermanas Thompson reflejaba la preocupación por su técnico, mas el chico se levantó sin mucha dificultad y rápidamente disparó contra la bruja que detuvo los disparos con un par de simples movimientos.
—Parece que tu chica de personalidad aplastante ha sido aplastada esta vez, ¿no lo crees, Shinigami-kun? —habló tranquilamente Aiko. Atacaba al Fragmento, trataba de herirle pero este esquivaba la gran hoja de la guadaña con facilidad.
Kasumi, la verdadera Kasumi no el cuerpo que se encontraba bajo el poder de la magia de aquella bruja, se encontraba encerrada en su propia alma. Minutos antes había escuchado la voz lejana de Kid, pero ni siquiera comprendía lo que decía. Estaba en la oscuridad, total y absoluta oscuridad, caminaba sin rumbo hasta que observó una luz y caminó hacia ella. La sorpresa fue que apareció a cierta distancia del árbol de cerezo, aquel bajo el cual había despertado al ser traída inconsciente a Death City... pero se veía a ella misma y Kid acercándose al cerezo, parecían niños aún o al menos ella, aquello debió ser unos dos años después de su llegada. Lo supo entonces, aquello era un recuerdo.
—¿Y qué era lo que querías, Kid? —preguntó Kasumi con una ligera sonrisa en su rostro, el hijo del Shinigami la había tomado de la mano desde que salieron de Shibusen y la había traído casi a rastras todo el camino.
—Entrenar contigo —declaró este sin mucha convicción al tiempo que soltaba la mano de la chica y se volteaba para darle dos golpes cariñosos en la cabeza.
—¡Oye, que no soy una niña para que me trates así! —bufó Kasumi empujándolo sin fuerza.
—Oh, vamos. Debo cuidarte a diario para que no te mates por ahí y de repente vienes con que no eres un niña.
Molesta Kasumi transformó sus dedos en finas cuchillas y las apoyó en el cuello de él sin decir una palabra.
—Por cosas como estas te metes en peligro —murmuró Kid y con delicadeza retiró la mano de Kasumi, quien al sentir el tacto de sus manos juntas se relajó volviendo sus dedos a su forma original.
—Entonces no me mientas, dime a qué me has traído hasta aquí —la muchacha clavó la vista en aquellos ojos dorados que la hipnotizaban y el joven Shinigami la atrajo hacia sí en un cálido abrazo poco común proviniendo de él. El rostro de Kasumi se tornó casi tan rojo como sus ojos y su diminuto corazón parecía querer salirse de su pecho. Se quedó estática sintiendo la calidez de aquella sencilla muestra de cariño—. Kid...
—No tienes porqué decir algo —el muchacho la soltó con delicadeza y ordenó algunos mechones de cabello que se salieron de su lugar, se concentró tanto en aquello que Kasumi supo que era por la tan apreciada simetría que buscaba en todo pero aun así la acción impidió que su sonrojo desapareciera volviéndolo notorio para el chico que dejó salir una sonrisa.
Gruesas lágrimas escaparon de los ojos de la muchacha y recorrieron sus mejillas al observar aquel recuerdo, pero lloraba porque aún no terminaba. Era un recuerdo tan preciado que no perdía detalle alguno.
Minutos después Kid tomó el rostro de Kasumi con ambas manos, se detuvo para observar los orbes rojos de la muchacha hasta que deslizó su mirada hasta los labios de ella. Entonces la joven guadaña se tensó, nerviosa, y él le estampó un breve beso en los labios, tan breve que Kasumi no logró siquiera reaccionar. Sintió que de repente había subido hasta el cielo y de allí la habían tirado de un empujón.
—Podemos hablar después al respecto si así lo quieres —dijo el joven Shinigami, su voz había temblado un poco pero fue casi imposible notarlo. Le dedicó una sonrisa tranquila, reconfortante, luego dio la vuelta y empezó a alejarse pero sintió que se aferraban a él sin dejarle continuar.
—Kid-kun —escuchó murmurar a Kasumi, vio sus delgadas manos capturándolo y notó que temblaba —. Te quiero —lo dijo tan bajo que parecía como si hablase con ella misma. El chico se sobresaltó un poco mas no hubo respuesta, se limitó a permanecer inmóvil y una sonrisa se formó en su rostro nuevamente. La muchacha se aferró a él con fuerza, controlando el nerviosismo que la hacía temblar. No le iba a dejar escapar ahora ni nunca.
El grosor de las lágrimas no hacía más que aumentar y sollozos incontrolables escapaban de su boca. La oscuridad reinó nuevamente y Kasumi empezó a caer como si todo fuese un pozo sin fondo, un grito agudo salió de su garganta hasta su caída se detuvo en seco.
—¡Kasumi! —escuchaba la voz de Kid nuevamente, como si viniera de algún lugar fuera de esa oscuridad — ¡Kasumi! —sonaba totalmente histérico. A través de aquella oscuridad llegó el sonido de un golpe sordo luego el ruido de disparos.
La ira se hizo visible en la mirada carmesí de la muchacha, la maldita Aiko estaba luchando contra Kid, no iba a permitir tal cosa.
La guadaña empezó a quemar las manos de la bruja, ya no estaba bajo su control, sus almas dejaron de estar sincronizadas a la fuerza. Aiko la dejó caer al suelo mirando las quemaduras que le había causado, el enojo apareció también en sus ojos y extendió su mano izquierda, dejando ver lo graves que habían sido las heridas, en dirección a Kid que se encontraba a unos metros de ella.
—Maldito niño... — murmuró con odio, la mano de Aiko emitió un brillo intenso. El fragmento estaba preparado para regresar el ataque cuando tuviese la oportunidad. Kasumi volvió a su forma humana y se colocó frente a Kid, miró a Aiko con enojo creciente, las gruesas lágrimas que habían empezado a fluir debido al recuerdo que observó no se habían detenido pero la locura que poseía antes de caer bajo el poder de Aiko había desaparecido por completo.
—Vaya estúpida —dijo la bruja mientras reía casi a carcajadas, el brillo de su mano se volvió aún más intenso y luego susurró —. Simplemente les mataré a ambos —de su mano brotó una bola de energía. Kasumi transformó sus brazos en dos grandes cuchillas que colocó frente a ella a modo de escudo, el ataque dio de lleno y el humo lo envolvió todo, la fuerza de aquella bola de energía al explotar envió a la muchacha contra la pared tras ella y por consecuencia arrastró a Kid en aquel golpe fatal o que debía ser fatal. El fragmento de Shinigami se levantó visiblemente agotado, aquel ataque aunque no fue directo había causando un gran impacto. Kasumi volvió a levantarse, heridas superficiales cubrían su piel, el golpe contra la pared había dejado su cuerpo adolorido pero lentamente volvió a colocarse frente Kid.
—Hazte a un lado —ordenó Kid al ver la dificultad con que se movía. Un ataque igual al anterior acabaría con ella.
—No —respondió con firmeza. No pensaba moverse, iba a devolverle el favor que le hizo hace años, iba a protegerlo aunque no quisiera, aunque no necesitara su protección.
Las miradas de Kasumi y Aiko se cruzaron, ambas llenas de ira, de odio. La bruja sonrió de forma burlona y el Demonio de Rubí transformó su brazo en la hoja de la guadaña.
Fin del capítulo seis.
