Es el capítulo más largo que he hecho en mi vida D: espero que haya valido la pena.
Tema de entrada: Reincarnation - Kagamine Rin & GUMI.


Al iniciar la música se puede observar la fachada iluminada de la Mansión Gekkou, entonces se observa el cielo donde la luna ríe sin descanso, la sangre escurre por sus dientes. Un instante después aparece el logo de Soul Eater: Noire Moon.

Donten no daitoshi ni miminari gapachiri

La Mansión Gekkou vuelve a aparecer, esta vez deteriorada por el paso del tiempo, las nubes cubren el sol.

Negatta ri sata oboe nado naikedo

Kasumi sale por la puerta principal, el cabello cubre parte de su rostro únicamente se puede observar su ojo izquierdo que parece opaco.

Daiji hen konton no tateyakusha ensha, kioku tosa hata meiwaku no keishou

La imagen de Kasumi desaparece, dejando ver a Shinigami-sama en su apariencia antigua y a Eibon, parecen planear algo. Posteriormente entre ambos antiguos flota un instrumento, un violín.

Yogore teshimatta sekai de yama nai ame niwa rattari

Las imágenes anteriores desaparecen también, esta vez se puede apreciar Shibusen, en sus interminables escaleras hay una persona sentada mirando al cielo, es Kasumi nuevamente, en su rostro se forma una sonrisa demente.

Hai ni kawa tta sekai de tashika yuugen o yumemi tanda

La imagen se aleja hasta verse Death City desde sus afueras, una extraña bruja de ojos púrpura observa la ciudad, su rostro parece cansado y sus ropas están manchadas de negro.

Ankaa wa hashiru katsumatsu e to owari nishiyouka kokoradesa

Akari aparece en escena, parece estar en un extraño bosque; el viento agita su blanco cabello. De repente la imagen se torna negra y fugazmente es recorrida por cuatro colas de zorro de color blanco también.

Tatta ichido no iregyura shounen wa kanzen o ka banda

Lentamente se enfoca la copa del árbol de cerezo, el viento hace que los pétalos de las flores caigan, luego la imagen parece alejarse y se puede ver a Kid y Kasumi sentados bajo la sombra del árbol, están tomados de la mano.

Kiseki mo nanimo nai sekai de buraun kan no yume o mire tanara nante suteki na koto deshou

El joven Shinigami parece estar hablando, sus ojos brillan con ilusión, luce contento. La chica a su lado ríe de vez en cuando y escucha con atención. De repente la imagen se fragmenta como un vidrio roto y se torna oscura.

Kami wa ima hyouteki to naru

En los fragmentos de la imagen anterior aparece Medusa del lado derecho superior y Aiko del lado izquierdo, en la parte inferior aparecen Chrona con un semblante serio quien sostiene a Ragnarok que cruza parte de la imagen, y Noire Moon con sus ojos de su color real, en su rostro se forma una sonrisa enorme, llena de locura.


Capítulo trece: La promesa del kitsune.

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—¿Cuándo empezaremos con el resto del plan? —murmuró Aiko que se encontraba sentada en las ramas de un árbol, a su sombra estaba Akari con la mirada perdida, tarareaba una canción que parecía llegar a su mente de un lugar muy lejano.

—No seas impaciente, Yamamoto —contestó Medusa, Noire seguía de rodillas en el suelo, temblaba pero ya no de miedo... la bruja de las serpientes tenía una mano sobre la cabeza de la muchacha. La ira dentro de ella no hacía más que crecer, fue entonces que la bruja camaleón levantó la vista, el aire felino en su mirada había vuelto y lucía furiosa, controló el temblor de su cuerpo y levantando su brazo izquierdo apoyó el cañón del arma en el abdomen de Medusa, la víbora ni se inmutó.

—¿Y cuál es el plan... Loto Mortal? —dijo la bruja de las serpientes, sintió como Noire apoyaba con mayor fuerza el cañón en su abdomen.

—Destrozarte, maldita —en los ojos de la ilusionista se notaba el odio, la chica dejó salir una risa casi inaudible y luego una carcajada escapó de su boca, la cordura se había ido de nuevo — ¡Destrozarte como debí haberlo hecho hace tanto tiempo! —gritó Noire, entonces parecía un animal rabioso, actuando sin control, riendo. Aiko desde las ramas del árbol se estremeció ante aquella reacción, la maldita mocosa iba en serio, iba a partir a Medusa en pedazos.

La bruja ilusionista empezaba a recuperar el control de su magia y sin percibirlo estaba reduciendo las ondas de locura que emanaba pero las encerraba dentro de sí. El cañón del brazo de la chica empezó a emanar un brillo púrpura, el arma cargaba energía; que en cuestión de segundos se liberó pero ya entonces Medusa había esquivado sin problema aquel ataque. La bruja camaleón se levantó rápidamente y empezó a arremeter contra la víbora, quien esquivaba los ataques sin problemas gracias al equilibrio que le daba el vector que le servía de cola. Medusa avanzaba sonriendo tranquila mientras evadía a la chica, guiaba a la colérica Noire hacia el lugar donde estaban los muchachos.

—¡Yamamoto! —llamó la bruja de las serpientes —. Ve al frente, le haremos una visita a Saitō-sama.

—Así está mejor —añadió la castaña, saltó del árbol y evitando el enfrentamiento del Loto Mortal con la víbora caminó hacia la dirección que parecía estar tomando Medusa, pronto fue seguida por Akari quien con una orden de la bruja de la vida se movilizó al frente, avanzaban en la dirección correcta pues no muy lejos estaban la chica demonio y el joven Shinigami con su propio problema.

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Los demás jóvenes escucharon el ruido que provocó la detonación del cañón de Noire, la onda de locura empezaba a disminuir. Maka sostenía a su guadaña y Black Star a su hoz encadenada. Patty tenía a su hermana en forma de arma, Liz en su interior maldecía a Kid por haber hecho que se separaran.

Los jóvenes estaban dispuestos a avanzar cuando fueron rodeados por un grupo de lo que parecían ser lobos, pero algo estaba mal con ellos... o quizás nunca hubo nada bueno. Negros como la noche sus cuerpos parecían cambiar de forma y tamaño de forma constante, los bastardos estaban hechos de algo parecido a la sangre negra, había magia en ellos. Largas plumas grises recorrían la columna de las extrañas criaturas, sus aullidos parecían siniestras carcajadas y lamentos al mismo tiempo. Maka tomó impulso y arremetió contra una de las bestias, separándola del grupo. Sin pensarlo demasiado hizo el intento de acabar con la criatura, pero fue como golpear un gran trozo de concreto. El ser se abalanzó sobre la rubia, Patty disparó y aunque no le hizo daño logró que se alejara de la muchacha.

Black Star estaba rodeado por varias de esas extrañas criaturas, entonces atacó a una con su frecuencia de alma que pareció perder el control de su propio cuerpo, chillaba horriblemente y su cuerpo cambiaba de forma de manera errática. El asesino aprovechó aquello para, con Tsubaki ahora en su forma de espada ninja, herir a la bestia. Las demás que lo rodeaban se dispersaron, sus aullidos aumentaron. Había una sola forma de derrotar a esos animales.

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El lado súcubo de Kasumi había vuelto a su estado pasivo, por así decirlo, lo cual detuvo la demencia que la locura de Noire Moon había despertado. Kasumi hablaba atropelladamente, pedía disculpas, su rostro parecía realmente avergonzado. Pasaba sus manos por su cabello de forma involuntaria retirándolo de su rostro dejando ver un leve enrojecimiento en sus mejillas. Hace tiempo que el joven Shinigami no la veía de aquella forma, avergonzada de esa manera, sin querer se le escapó una risa que la muchacha no pudo pasar por alto.

—¿De qué demonios te ríes? —la joven guadaña parpadeó varias veces esperando una respuesta.

—No hay problema —respondió el fragmento y metió las manos en sus bolsillos —. No debes pedir tantas disculpas. Te conozco, en el fondo no lo lamentas tanto, ¿o acaso me equivoco, preciosa? —el muchacho la miraba directo a los ojos, y lo último lo dijo en un susurro que la muchacha sintió que recorrió todo su cuerpo, esa actitud no era común y siempre la tomaba desprevenida, sintió como el color subió a sus mejillas violentamente, maldijo por lo bajo y dijo algo como que realmente estaba siendo un idiota. El joven Shinigami iba a decir algo al respecto cuando fue interrumpido por el eco de unas extrañas risas. Kasumi pareció olvidarse del asunto y prestó atención, las risas... parecía aullidos. La joven guadaña se adelantó, iba a regresar a donde debían estar Maka y los demás cuando una muchacha de ojos grisáceos se interpuso en su camino.

—Akari...

—Kasumi-chan —la chica de cabello blanco sonrió, su mirada seguía pareciendo perdida en algún universo lejano. Kid frunció el ceño, algo no estaba bien y entonces lo notó, en el cuello de la técnico de Kasumi estaba la silueta de tres plumas.

—¡Aléjate de Akari! —advirtió el chico de ojos ámbar, la chica demonio lo miró sin terminar de comprender —. Aiko la está controlando como hizo contigo —entonces la sonrisa en el rostro de la técnico desapareció y antes de que su guadaña pudiese apartarse la atacó con su frecuencia de alma justo en la espalda. La chica demonio abrió los ojos cual platos y un grito ahogado salió de su garganta, el golpe hizo que fuese a dar unos metros lejos y tosió, sintió un sabor a sangre en su boca. Maldita onda de alma de la idiota de su compañera.

Akari estuvo a punto de volver a atacar a la muchacha pues se acercaba nuevamente, chispas brotaban de su mano derecha; Kid se interpuso entre ambas chicas y la meister pareció intimidada a pesar de estar bajo el control de Aiko, las chipas que salían de su mano desaparecieron. La joven guadaña se levantó y retrocedió apartándose más de ellos, trataba de recuperar el aliento y el sabor metálico de la sangre no desaparecía de su boca. En el rostro de Akari se dibujó una extraña sonrisa y atacó al fragmento repetidas veces, tratando de acertar siquiera uno de sus golpes pero el muchacho los esquivaba sin dificultad. El enojo apareció en la mirada de la chica, entonces nuevamente las chispas aparecieron en su mano derecha, trató de golpear al joven Shinigami en el cuello, el muchacho esquivó el ataque, escuchó un zumbido proveniente de la mano de Akari. Su onda de alma tenía más fuerza que cuando la usó contra Kasumi. La muchacha de cabello blanco trató de acertar otro golpe con su frecuencia de alma y casi lo logra, entonces una gran guadaña se clavó en el suelo, justo en medio de ambos; en ella se reflejó el rostro de la Saitō menor.

—Vamos, Inoue. Vuelve a intentar eso —la voz de Kasumi brotó de la guadaña, retándola. La chica de ojos grises hizo el vago intento de tomar el mango de la guadaña, entonces Kasumi volvió a su forma humana y apareciendo tras ella le asestó una patada a los tobillos que la hizo caer al suelo.

—Kid, ve con los demás. Puedo manejarla.

—Aiko no está lejos —añadió el muchacho, dudó sobre irse o no, si la bruja aparecía Kasumi no tendría posibilidades sin su técnico.

—¡Que te vayas! —gritó el Demonio de Rubí, Akari se había levantado y trató de golpearla por un costado, casi no logró esquivar el ataque y retrocedió — Es sólo Akari, puedo hacer que vuelva en sí, sé que puedo. Además, Liz y Patty te necesitan —la meister trató de golpear a su compañera con su frecuencia de alma, la chica demonio desvió el ataque golpeando el brazo de la muchacha. Le dedicó una sonrisa burlona — ¿Eso es todo lo que tienes?

Kid seguía dudando pero confió en lo que le dijo la joven guadaña, aprovechó que Akari estaba enfocada en Kasumi y se retiró rápidamente.

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Aiko y Medusa estaban a medio camino, la bruja de las serpientes había hecho que Noire quedase inconsciente y le había ordenado a la bruja de la vida permanecer allí, que enviase sólo a la chica de ojos grisáceos, Aiko había accedido molesta. Medusa vigilaba a Noire, inconsciente bajo la sombra de un árbol, el cañón de su brazo izquierdo había desaparecido dejando en su lugar un charco de sangre negra que empezaba a secarse en el césped.

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El enfrentamiento entre Akari y Kasumi continuaba, la guardiana del piano no hacía más que evitar los golpes de su técnico, no quería hacerle daño. Sabía poco del combate cuerpo a cuerpo, pues era un arma pero había entrenado un tiempo, lo suficiente para poder esquivar los golpes de su compañera. Quería traerla de regreso, iba a hacerlo de cualquier forma.

—¡Akari, idiota, espero que estés escuchando! —la chica de ojos carmesí hablaba sin tacto, esperando que aquello la trajese de vuelta. La muchacha de ojos grises logró asestar uno de los golpes con su frecuencia nuevamente, Kasumi fue a dar contra un árbol, el sabor metálico había regresado a su boca —. Que sepas que no te parto en dos porque estás poseída por la cabrona de Aiko —añadió mientras de su boca brotaba sangre que escapaba por la comisura de sus labios. El daño que hacía era interno y no iba a poder con esos ataques repetidas veces.

—Saitō... Saitō, ¿la copia de Shinigami? —murmuró Akari, hablaba sin referirse a algo en específico que tuviese que ver con lo que sucedía, ni siquiera parecía ella misma — Dicen que tienes habilidades de Shinigami, ¿imitaste el alma de Kid-kun?¿Tanto lo quieres? Si es verdad que tienes esas habilidades, ¿por qué entonces no puedes usar ese poder... para sumir al mundo bajo tus pies? —seguía hablando por hablar, Kasumi perdió la paciencia y con su brazo izquierdo transformado en guadaña golpeó a su técnico en el estómago con el lado sin filo, Akari pareció recuperar la conciencia en ese breve momento, pues miró a Kasumi como preguntándole qué demonios estaba haciendo, entonces la chica demonio aprovechó el dolor que aquel golpe le había provocado y su breve regreso para llegar a ella.

—Akari, puedes luchar contra esto, contra la maldita Aiko. Puedes regresar y convertirme en una Death Scythe, falta poco. Puedes regresar y luego de esto formaremos parte de Spartoi, ¿no es eso lo que querías? ¿Ser una estudiante de élite? —la chica demonio hablaba despacio, tranquila —. Pero si no regresas... ¿qué crees que pasará?

—Dijiste que... debías irte debido a que nuestras almas no resonaron —murmuró la meister con la mirada perdida, era su recuerdo pero no hablaba por cuenta propia— ¿Para qué voy a regresar?

—Sé lo que dije. Estaré preparada para morir por mi técnico de ser necesario, como toda arma. Cumpliré mi deber de ahora en adelante... porque debí defender a mis técnicos en lugar de sólo encerrarme a que todos terminaban mal, en lugar de negarme a trabajar en equipo como debía haberlo hecho. Fui mediocre, pero yo no más —siguió hablando la muchacha —. Además, después de todo, Shibusen es tu hogar, ¿no es así?

La muchacha de cabello blanco volvió a tratar de golpear a la chica demonio quien parecía cansada, tropezó con la raíz de un árbol y Akari levantó la mano derecha, de ella salían chispas y el zumbido que había escuchado Kid ahora fue audible para Kasumi, el terror se dibujó en su mirada. La magia que la controlaba iba a hacer que matara a su propia arma, no había visto aquella fuerza en la chica nunca antes. Entró en shock, su técnico estuvo por asestar el golpe fatal ante la vulnerabilidad de la joven guadaña pero se detuvo en seco, por su rostro habían empezado resbalar gruesas lágrimas. Como sucedió con Kasumi, la verdadera Akari estaba encerrada en lo profundo de su alma, en la oscuridad y el eco de la voz de su compañera había sido audible para ella. Un recuerdo aparecía ante sus ojos, un recuerdo de hace un par de años.

En las afueras de Death City una chica corría desesperada, su blanco cabello ondeaba al viento. Al divisar la extraña ciudad frente a ella apresuró el paso, su rostro estaba lleno de heridas, el largo vestido marrón que llevaba puesto estaba rasgado, manchado de sangre y lleno de polvo. La muchacha cruzó Death City sin dificultad, la gente huía al verla debido a su condición.

Al llegar al centro de la ciudad se detuvo al observar un gran árbol de cerezo lleno de hermosas flores; entonces el cansancio de su recorrido y el dolor de sus heridas se hicieron presentes, sus fuerzas no dieron para más y cayó inconsciente.

Al despertar sintió su cuerpo adolorido, la luz que entraba por la ventana era de un naranja rojizo. Le resultó difícil saber dónde estaba, parecía un pequeño cuarto de hospital. Habían limpiado sus heridas y puesto una camisa azul pálido que le quedaba algo grande; quiso ponerse de pie pero el dolor de su cuerpo apenas la dejó sentarse en el borde de la cama desde donde observó un punto fijo en el suelo. Se sobresaltó al ver como alguien abría la puerta, era una mujer de piel oscura cubierta por vendas.

—Tranquila —declaró al notar el miedo en los ojos grises de la muchacha —. Estás en Shibusen, debido al estado en que te encontrabas te trajimos aquí.

—Shibusen... —murmuró la joven, su rostro se iluminó con un débil rayo de esperanza —. Necesito hablar con el Shinigami, es realmente urgente.

—Tendrás que esperar —contestó Naigus mientras buscaba una hoja en blanco y sacaba un bolígrafo de una de las bolsas de su bata, entonces escribió algunas cosas —. Tu condición no es la mejor, debes descansar un par de días.

—Pero...

—No te preocupes, Shinigami-sama solicitó verte cuando te recuperes.

—¿En serio? —en el rostro de la chica se formó una expresión de sorpresa; el cuchillo demoníaco asintió.

—¿Tu nombre?

—Inoue, Akari Inoue.

Kasumi retrocedió sin levantarse, arrastrándose. El terror de sus ojos no desaparecía, entonces su técnico cayó de rodillas al suelo, su rostro era cubierto por su blanco cabello, lo entendió, Akari inconscientemente trataba de volver debido a lo que observaba dentro de su propio ser.

Días después la joven Akari estaba recuperada, las heridas de su cuerpo empezaban a curarse. Naigus le había traído ropa limpia por la mañana. Entonces entró a la enfermería un hombre de cabello rojo, vestido de negro.

—Shinigami-sama espera por ti —sentenció mientras salía nuevamente, la muchacha asintió e intimidada lo siguió. Llegaron a la entrada de una extraño lugar que el hombre llamó Death Room, entonces miró a Akari —. Nos ha pedido hablar contigo a solas, así que simplemente sigue directo.

Al abrirse la puerta la muchacha entró a la Death Room, caminó hasta ver una extraña figura con una máscara que le daba la espalda a un espejo.

—Hola, hola —canturreó el dios de la muerte — ¿Te encuentras mejor? —la muchacha asintió rápidamente e hizo una reverencia ante el Shinigami.

—N-necesito de su ayuda —la chica se desplomó en el suelo y rompió en llanto, realmente estaba desesperada —. Necesito la protección que puede brindarme Shibusen, que puede brindarme Death City —su voz se quebraba, sus lágrimas humedecían el suelo.

—De acuerdo —contestó el dios de la muerte y con su gran mano le dio un suave golpe en la cabeza —. Pero tengo una misión para ti a cambio de eso, sé de tu naturaleza y del clan del que vienes. Veo la figura de tu sombra —añadió y el llanto de la muchacha no hizo más que intensificarse —. Tiene forma de zorro.

—Mi naturaleza no es como la de los de mi clan, señor, lo prometo —dijo la chica en medio de las lágrimas

—Lo sé —contestó y volvió a darle un golpe en la cabeza —. Eres un kitsune, pero uno de naturaleza pura, un guardián, ¿no es así?

—Pero Shinigami-sama, mi clan... —la muchacha sollozaba y el dios de la muerte alzó su gran mano amenazante.

—No me obligues a darte tu primer Shinigami-chop hoy —sentenció y la chica retrocedió asustada —. Lo que importa es que no eres como ellos —la muchacha continuaba sollozando, por su mente pasaban las imágenes de como la atacaban hasta casi causarle la muerte al saber de su naturaleza y el clan del cual provenía.

—Haré lo que me pida con tal de poder permanecer aquí —declaró empezando a controlar sus sollozos.

—Como guardián, la lealtad y protección, así como la pureza de tu naturaleza nos podrían ayudar a controlar una situación... —explicó el Shinigami, Akari no terminaba de entender —. ¿Sabes de las armas demoníacas?

—Sí, señor. Yo...yo recibí ayuda de algunas antes de llegar aquí.

—Verás, lo que necesito es que seas técnico de una guadaña, una chica que no ha tenido suerte en eso de tener un compañero. Puede luchar sola, pero con alguien como tú a su lado, puede ser menos propensa a morir en el proceso y de igual forma, la ayudarás a mantenerse tranquila, su... condición la hace cambiante. Su entrenamiento empezará lo antes posible, por hoy pueden conocerse y ver si sus almas son capaces de sincronizarse —dijo el dios de la muerte y esperó la respuesta.

—Haré mi mejor esfuerzo —respondió sin dudarlo, la chica parecía haberse calmado — ¿Cuándo la conoceré?

—Estará esperando por ti cuando salgas.

—¿Cuál es su nombre? —Akari empezaba a sentir curiosidad.

—Kasumi Saitō —respondió el Shinigami, luego agitó sus manos —. Ahora ve, no la hagas esperar. Espero puedas cumplir con tu misión.

—¿Saitō...? E-es la niña de la Mansión Gekkou, hija de una bruja, ¿no? —en los ojos de la chica había miedo, rumores del poder que poseía su alma corrían por el bajo mundo, para llamarlo de alguna forma; el alma que imitaba a los Shinigami.

—¿Tienes miedo acaso? Eres un kitsune, ¿crees que no podrías defenderte de un arma sin técnico? —la muchacha pareció recapacitar.

—Cumpliré con lo que me ha encomendado, se lo prometo —Akari se puso de pie y volvió a hacer una reverencia, luego se retiró por donde había llegado.

Al salir, junto a la puerta vio a una muchacha vestida con colores oscuros apoyada en la pared; tenía el cabello negro y un flequillo cubría parte del lado izquierdo de su rostro, entre el cabello pudo notar un ojo rojo como el rubí que la miraba de reojo, cautelosa. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, era un poco más alta que ella.

—Hola —saludó la chica de cabello blanco, evitando mirarla directamente, extendió su mano frente a la extraña —. Soy Akari, al parecer seré tu técnico.

—Supongo que Shinigami-sama te dijo mi nombre —Kasumi se volteó para ver mejor a la que sería su meister, esta asintió, entonces la chica demonio pareció adquirir seguridad y estrechó la mano que había extendido frente a ella —. Es bueno conocerte —el Demonio de Rubí le dedicó una sonrisa que resultó reconfortante para la joven de ojos grises.

Akari permanecía de rodillas en el suelo, su guadaña pudo notar que con fuerza hundía los dedos en la tierra de la misma forma que lo había hecho Noire, buscaba poder salir pero Aiko se había esmerado en no querer liberarla tan fácil.

—¡Bruja desgraciada! —gritó Akari alzando la mirada, sus ojos estaban llenos de ira, empezaba a recuperar el control de su cuerpo pero aún no era suficiente. Kasumi pudo ver que las lágrimas seguían brotando de los ojos de su meister, la silueta de las plumas en su cuello había cambiado drásticamente, pues ya no eran únicamente siluetas, parecían salir del cuello de la muchacha, como forzadas a salir. Aún Akari no lograba recuperar del todo el control de su cuerpo, pues en su rostro se formó una extraña sonrisa y su frecuencia de alma hizo que bajo sus manos se formara una especie de cráter. Los recuerdos seguían cruzando frente a los ojos de la técnico.

En los bosques de Death City dos muchachas caminaban tranquilas, se detuvieron al llegar a un pequeño claro. Habían estado hablando y decidieron que era momento de ver si sus almas eran capaces de sincronizarse.

—Nunca he usado una guadaña —murmuró la joven de cabello blanco mientras miraba confusa a la que sería su nueva compañera.

—Si Shinigami-sama te ha pedido que seas mi técnico, es porque sabe que eres capaz de hacerlo —la tranquilizó esta mientras se colocaba frente a ella — ¿Lista? —la muchacha asintió dudosa —. Si te lastimo de alguna forma suéltame. No hay prisa. Ahora extiende una de tus manos.

Akari siguió la indicación y extendió la mano derecha, entonces la muchacha frente a ella se materializó en su mano tomando la forma de una gran guadaña, la chica rodeó el mango del arma con inseguridad y segundos después sintió que estaba a una temperatura muy alta, empezaba a quemar sus manos. Estuvo a punto de soltar la guadaña cuando notó que la hoja era recorrida por la máscara del Shinigami, recordó el acuerdo que había hecho con el dios de la muerte y en lugar de dejar caer el arma, tomó el mango con más fuerza, una expresión de dolor se formó en su rostro, pensó en cómo habían parecido llevarse bien y se concentró en eso, la temperatura de la guadaña parecía empezar a descender.

—Akari, no debes forzarte —la voz de Kasumi brotó de la guadaña.

—Cierra la boca —respondió la muchacha sorprendiendo al Demonio de Rubí que dejó escapar una risa, aquella reacción pareció a hacerle gracia también a su técnico y continuó —¡Resonancia de almas!

Sus almas parecían sincronizarse, casi lo suficiente para crear un Cazador de brujas pero la muchacha de ojos grises ni siquiera lo intentó, se limitó a blandir la gran guadaña con habilidad, como si lo hubiese hecho miles de veces anteriormente. Su compañera tuvo razón, el Shinigami no se equivocó, en su interior además de ser un kitsune, poseía la habilidad de ser una técnico de guadaña.

El tiempo pasó, las chicas cazaron huevos de kishin, entrenaron, mejoraron. Akari había desarrollado un deseo, una meta que esperaba lograr lo más pronto posible: convertir a su compañera en una Death Scythe. Y cuando se formó Spartoi, obtuvo una nueva meta, formar parte del grupo de estudiantes de élite de Shibusen, entrenaba para mejorar cada día, sin descanso, fue así como aprendió a usar su frecuencia de alma y perfeccionó su Cazador de brujas, todo por Shibusen, su hogar.

Las plumas que brotaban del cuello de Akari salieron completamente, cayeron al suelo y por su propia cuenta se quemaron rápidamente; la respiración de la joven técnico era irregular, lucía cansada y le dirigió una mirada a su compañera.

—¿Qué haces ahí tirada? —preguntó y se puso de pie, se tambaleó por un momento —, Conviértete en guadaña y larguémonos de aquí.

—Ya era hora, me estabas dando lata —dijo Kasumi en respuesta, soltó una breve carcajada y se materializó, Akari tomó el mango de la guadaña y rápidamente avanzó hacia donde estaban los demás, los ubicó con su percepción de almas. Acabarían con el desastre que habían desatado las brujas; pero si luego querían alcanzar sus metas… habría algo que se los impediría, algo que no tendría remedio de ninguna forma.


Fin del capítulo trece.