*muere esperando reviews, como antes*
En fin, hola de nuevo. Paso a dejar el nuevo capítulo, espero sea del agrado de quienes leen esto c:
Al iniciar la música se puede observar la fachada iluminada de la Mansión Gekkou, entonces se observa el cielo donde la luna ríe sin descanso, la sangre escurre por sus dientes. Un instante después aparece el logo de Soul Eater: Noire Moon.
Donten no daitoshi ni miminari gapachiri
La Mansión Gekkou vuelve a aparecer, esta vez deteriorada por el paso del tiempo, las nubes cubren el sol.
Negatta ri sata oboe nado naikedo
Kasumi sale por la puerta principal, el cabello cubre parte de su rostro únicamente se puede observar su ojo izquierdo que parece opaco.
Daiji hen konton no tateyakusha ensha, kioku tosa hata meiwaku no keishou
La imagen de Kasumi desaparece, dejando ver a Shinigami-sama en su apariencia antigua y a Eibon, parecen planear algo. Posteriormente entre ambos antiguos flota un instrumento, un violín.
Yogore teshimatta sekai de yama nai ame niwa rattari
Las imágenes anteriores desaparecen también, esta vez se puede apreciar Shibusen, en sus interminables escaleras hay una persona sentada mirando al cielo, es Kasumi nuevamente, en su rostro se forma una sonrisa demente.
Hai ni kawa tta sekai de tashika yuugen o yumemi tanda
La imagen se aleja hasta verse Death City desde sus afueras, una extraña bruja de ojos púrpura observa la ciudad, su rostro parece cansado y sus ropas están manchadas de negro.
Ankaa wa hashiru katsumatsu e to owari nishiyouka kokoradesa
Akari aparece en escena, parece estar en un extraño bosque; el viento agita su blanco cabello. De repente la imagen se torna negra y fugazmente es recorrida por cuatro colas de zorro de color blanco también.
Tatta ichido no iregyura shounen wa kanzen o ka banda
Lentamente se enfoca la copa del árbol de cerezo, el viento hace que los pétalos de las flores caigan, luego la imagen parece alejarse y se puede ver a Kid y Kasumi sentados bajo la sombra del árbol, están tomados de la mano.
Kiseki mo nanimo nai sekai de buraun kan no yume o mire tanara nante suteki na koto deshou
El joven Shinigami parece estar hablando, sus ojos brillan con ilusión, luce contento. La chica a su lado ríe de vez en cuando y escucha con atención. De repente la imagen se fragmenta como un vidrio roto y se torna oscura.
Kami wa ima hyouteki to naru
En los fragmentos de la imagen anterior aparece Medusa del lado derecho superior y Aiko del lado izquierdo, en la parte inferior aparecen Chrona con un semblante serio quien sostiene a Ragnarok que cruza parte de la imagen, y Noire Moon con sus ojos de su color real, en su rostro se forma una sonrisa enorme, llena de locura.
Capítulo dieciocho: La tonada demoníaca vuelve a escucharse
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La chica caminaba a paso tranquilo, lo único que llevaba consigo eran las llaves del apartamento y algo de dinero, ambas cosas en el bolsillo de la chaqueta color crema. Dirigió la mirada al cielo, el sol reía en lo alto; una suave brisa soplaba y las aves cantaban alegres.
La chica guadaña siguió caminando mientras ordenaba su cabello, lo peinó con sus dedos y lo trenzó a ambos lados de su cabeza. Recordó que llevaba un broche para el cabello en uno de los bolsillos de la chaqueta y lo sacó, tenía la forma de la máscara del Shinigami; unió el cabello que había trenzado atrás de su cabeza, dejando el resto suelto. Estiró las arrugas de su uniforme y se detuvo frente a una ventana para mirarse en el reflejo. Simetría. Se regañó a sí misma, no tenía por qué pensar en cosas como la simetría, era lo de menos, ni siquiera era su asunto. Dirigió su mente a otros pensamientos... llevaba el uniforme de Spartoi, en realidad todos lo seguían llevando y asistían a Shibusen de vez en cuando, para clases especiales o en el caso de personas como Maka, para dar alguna clase. El uniforme se conservó para representar al grupo élite de Shibusen.
Spartoi... aquello por lo que había luchado Akari, murió sin poder formar parte de la élite. Sin poder transformarla en una Death Scythe. Luego Kid había declarado una tregua con las brujas, dando por finalizada la creación de más Death Scythes. Había perdido su oportunidad.
Una expresión sombría pasó fugazmente por el rostro de Kasumi. El Shinigami la había integrado al grupo meses después de regresar a Death City, cuando parecía haberse recuperado de los sucesos entorno a Noire Moon. No estaba recuperada, probablemente nunca lo estaría, pero aprendía a vivir con ello y había madurado, al menos eso creía. No tenía un técnico, pero Shinigami-sama le había dicho que no se preocupara, podía luchar sola, su fuerza era suficiente. Había sido promovida a arma de dos estrellas. Es posible que todo se debiese a que el dios de la muerte sabía que pronto iba a llegar el momento de enfrentar a Asura y que, quizás, nunca nadie más volvería a blandir a la guadaña demoníaca del alma fragmentada.
Shinigami-sama... también había muerto y si era sincera, extrañaba a la figura enmascarada con su voz infantil y chillona, sí, definitivamente lo extrañaba. Después de todo, fue él quien envió a su hijo por ella hace más o menos siete años; quien la mantuvo protegida en Death City aun sabiendo el peligro que representaba.
Ghost, el chico gato, tampoco aparecía desde que Aiko la había encerrado en la habitación del piano en la mansión Gekkou. Pensó que lo más seguro era que estuviese muerto, era probable que le hubiesen arrebatado ya sus siete almas.
Suspiró con pesadez y al pasar frente algunas tiendas pudo sentir la mirada de alguien en la espalda, le pareció irritante.
—¡Ey, tú! —gritó una voz masculina, Kasumi apresuró el paso. La verdad no tenía demasiadas ganas de conversar con alguien esa mañana. Un proyectil desconocido dio de lleno en la cabeza de la chica demonio, quien casi cayó al suelo debido al golpe y la impresión. Se volteó molesta y vio que alguien le había lanzado nada más y nada menos que una lata de refresco vacía. Vio a un joven de cabello castaño mirándola mientras se acercaba.
—¡Imbécil! —dijo irritada. En el rostro del tipo se formó una sonrisa divertida, cuando estuvo lo suficientemente cerca, Kasumi pudo notar que tenía unos preciosos ojos verdes, por un momento se le hizo familiar. Se volteó para seguir caminando hasta que una mano aprisionó su brazo derecho.
—Vaya, vaya, ¿entonces sí eras tú, Saitō? —dijo el muchacho de ojos verdes. Kasumi se sobresaltó y lo miró, el chico la soltó —. Es una lástima que no me recuerdes. Debería ir darme un tiro —dijo haciéndose el ofendido mientras con su mano apuntaba a su cabeza.
La chica de ojos carmesí lo reconoció entonces, era mucho más alto ahora, pero su personalidad no había cambiado. En sus ojos se formaron algunas lágrimas que deshizo parpadeando varias veces y le dio un empujón.
—¿Qué haces aquí, Shimizu? —por un instante el enojo corrió por sus venas. Hace años le había dicho que se fuese y ahora volvía, el imbécil sólo quería acabar muerto... como Akari. El chico pareció notar el enfado de la muchacha.
—Shinigami-sama me contactó —dijo mientras le revolvía el cabello a la que había sido su guadaña años atrás. La muchacha apartó la mano del chico de un golpe y se acomodó el cabello de mala gana; luego cayó en cuenta de lo que había dicho el castaño... Shinigami-sama me contactó.
Shinigami-sama... Kid. La ira recorrió su cuerpo de nuevo y pensó en que el rayado podía darle más lata que antes siendo ahora el dios de la muerte. Frotó sus párpados con cansancio, pero sonrió por un instante.
—La próxima vez dile a Shinigami-sama que se vaya a la... —añadió haciendo énfasis pero fue interrumpida por el abrazo del muchacho de ojos verdes, lo escuchó reír y susurrar con tono de acusación.
—He de suponer que no hueles a colonia de hombre sólo porque se te antojó ponerte, ¿qué has estado haciendo, pervertida? —el color subió de golpe a las mejillas de la muchacha, pero antes de que pudiese hacer algo su antiguo técnico ya la había soltado y seguido su camino. Sus risas se seguían escuchando a la distancia — ¡Nos vemos en la tarde, chica Saitō! —lo escuchó gritar. Kasumi pateó la lata que le había lanzado. También lo había citado a la Death Room al parecer, aquello era el colmo. Iba a terminar con el cabello convertido en una maraña blanca de canas, pensó que parecería un conejo albino si eso llegaba a suceder.
Luego de eso se dirigió a su apartamento, se dio una ducha y pasó parte del día ordenando; había salido a comprar las cosas que necesitaba, se había quedado sin comida. Cuando regresó sacó un libro de la que solía ser la habitación de Akari, lo tenía allí desde que lo había conseguido. Fue absorbida por la lectura. Pasado el tiempo se fijó en el reloj que tenía en la pared de la cocina, marcaba casi las cuatro de la tarde, había pasado más de lo esperado leyendo. Kid no había especificado la hora cuando dijo que debía ir en la tarde.
Sin muchos ánimos se levantó, fue a su habitación y se puso el uniforme de Spartoi de nuevo, por mera formalidad. Salió rumbo a Shibusen, en la mesa del comedor había dejado el libro que había estado leyendo, uno que había retirado hace días de la biblioteca de Shibusen mediante sus propios métodos: Instrumentos Demoníacos: Añadido del Libro de Eibon.
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En una casa abandonada en una ubicación desconocida dos brujas hablaban entre sí, una de apariencia frágil y cabello castaño y la otra de largo cabello negro, con escamas de un tono azul verdoso en sus brazos.
—Medusa murió, Chrona está sellada junto con Asura —comentó la castaña, mirando a la bruja de cabello negro quien estaba apoyada en la pared con los ojos cerrados —. Una lástima, los planes de la víbora eran bastante entretenidos...
—¿Cómo diste conmigo? —dijo la de cabello negro, ignorando de momento el comentario mientras abría sus ojos, los cuales tenían un aire felino y eran de un brillante color rojo —. Medusa está muerta, sí. Por ello tengo libertad, lo menos que deseaba era toparme contigo, maldita ave.
—Debería yo preguntarte... ¿Cómo es que estás viva, Noire Moon? —dijo cortante Aiko, en sus ojos había cierta curiosidad —. Tú deberías haber muerto, ese día agonizabas. Tenías que haber dejado que Renge hiciera uso de tu alma y tu cuerpo... pero aquí estás, Saitō.
—Al sellarse Asura, el poder de Renge disminuyó... me dio una oportunidad de recuperarme —habló la bruja camaleón y con un rápido movimiento colocó su brazo, convertido en una cuchilla azul profundo, en el cuello de la bruja de la vida —. Ahora, ¿qué demonios quieres de mí?
—¿Yo? —la castaña la observó con sus orbes azules y sonrió retirando la cuchilla de su cuello —. Absolutamente nada, ilusionista —aquello desconcertó a Noire y chasqueó la lengua molesta, volviendo a su brazo a la normalidad, hizo traquear sus delgados dedos y volvió a recostarse en la pared.
—Entonces vete al demonio, ave —dijo sin demasiado interés.
—La chica kitsune murió —dijo Aiko y dio un par de pasos al frente alejándose de Noire.
—Lo sé... Renge, es decir, yo... como sea. Está muerta por mi culpa —añadió la Saitō mayor, tenía la mirada baja, su cabello le cubría el rostro.
—Fue el clan de esa chica quien tomó el alma de tu madre, es más, Akari Inoue no hubiese existido jamás si no fuese por su alma.
—¿De qué demonios estás hablando?
—Los Eien fueron los kitsune que la asesinaron. Hicieron un ritual usando el alma de tu preciada madre —la mirada de Noire se tornó inexpresiva, fue como si en su mente se iluminara una bombilla ¿Era por eso que la tal Inoue había protegido a Death the Kid? ¿En el fondo de su alma aún prevalecían rasgos de Juno Saitō? Protegía a Kasumi... protegió al hijo del Shinigami porque quizás, en el fondo sabía que si el muchacho moría, la locura iba a posesionar completamente la guardiana del piano. Calificó su propia vida como inferior para salvar lo que era prioritario para su compañera; su salvador. Por un momento sintió como si hubiese asesinado a su propia madre.
—¿Qué más sabes, Yamamoto?
—¿Respecto a eso? —la bruja camaleón asintió y Aiko siguió hablando —. Nada realmente. Sé que tu hermana sigue viva, que el Shinigami murió y ahora su hijo está en el poder. Nada que tú no sepas. Excepto quizás, que la chica guadaña se parece demasiado a ti ahora cuando tenías más o menos su edad —explicó la castaña, una débil sonrisa se formó en los labios de Noire Moon, pero se disolvió al escuchar lo que siguió diciendo Aiko —. Ah, me informaron que alguien logró ubicar el piano demoníaco...
—¿Dónde?
—En alguna zona de América Central —contestó la castaña encogiéndose de hombros.
Noire suspiró con pesadez, tenía que dar con esa cosa lo antes posible, antes de que alguien acabase con él y, por consiguiente, con la vida de su hermana.
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Kasumi estaba ahora frente a la puerta de la Death Room, comía unas galletas pues, mientras se dirigía hacia Shibusen, recordó que no había comido nada y la verdad no tenía demasiada hambre, las sorpresas del día le habían quitado el apetito. La muchacha se terminó las galletas y guardó el empaque en el bolsillo de la chaqueta para tirarlo más tarde; luego entró en la Death Room, parecía nerviosa. Caminó despacio a través del camino formado por las puertas Torii con apariencia de guillotinas.
Pronto pudo ver a Kid, llevaba una de las capas de su padre, también notó a Maka, Tsubaki y Spirit, un poco más apartado pudo ver a su antiguo técnico.
—Lamento la demora —dijo la chica de ojos carmesí al llegar frente a todos mientras hacía una leve reverencia — ¿Falta alguien más? —notó que Kid negó con la cabeza, la muchacha suspiró aliviada.
—Hoy se cumplen tres años desde la muerte de Akari —el joven dios de la muerte empezó a hablar con sigilo, esperando la reacción de la guardiana del piano, pudo percibir que los músculos de su cuerpo se tensaban. Kasumi dirigió su mirada a su antiguo técnico, Hiroshi Shimizu, el muchacho estaba serio, con los brazos cruzados pero le dedicó una sonrisa cálida —. Hay algunas cosas que debemos contarte respecto a ella. Además, creímos que sería un momento oportuno para hacerte entrega de algunas cosas.
Tsubaki se acercó a Kasumi, llevaba las manos ocultas tras la espalda, la joven guadaña se sobresaltó como un gato nervioso pero de inmediato recuperó la compostura. La muchacha de ojos índigo extendió las manos frente a ella mostrando un uniforme de Spartoi doblado con sumo cuidado, tenía un suave aroma a cítricos, posiblemente por algún detergente. Encima estaba una chaqueta idéntica a la que llevaba puesta, excepto que se podían apreciar unas marcas muy claras entonces lo recordó... eran marcas como las que tenía el pelaje de la kitsune, Akari. Kasumi la miró confundida y posteriormente miró a Kid.
—Hace unos meses, consulté con los demás si les parecía adecuado hacerte entrega del uniforme que sería de Akari. Al parecer mi padre lo había enviado a hacer tiempo después de integrarte a Spartoi, no se lo comentó nadie dado que estábamos por enfrentar a Asura. Di con él mientras organizaba algunas cosas. Tsubaki se encargó de lavarlo para dártelo —explicó el joven de ojos dorados, había cierta tristeza en su mirada. Después de todo, estaban allí porque Akari se había interpuesto entre aquella cuchilla y él.
—Gracias, Tsubaki —dijo Kasumi casi en un susurro mientras tomaba el uniforme, en un movimiento reflejo lo apretó contra su pecho, le pareció escuchar el sonido de un papel arrugándose pero lo ignoró; las lágrimas se apresuraron a formarse en sus ojos. La aludida le dio un breve abrazo a la joven guadaña y se apartó.
—Spirit me comentó que el clan Eien, al cual pertenecía ella, son zorros de campo muy agresivos, kitsunes del tipo Yako —siguió explicando Kid, posó su mirada en el padre de Maka.
—Mientras ustedes estaban en batalla aquel día, Shinigami-sama habló conmigo sobre el posible origen de Akari en un clan de zorros de ese tipo —empezó a hablar el Death Scythe —. Me comentó que era probable que el líder del clan, un kitsune muy antiguo quien como parte de su identidad humana lleva el apellido Inoue; hubiese hecho un ritual con un alma muy poderosa.
—Kasumi... —interrumpió Kid, la muchacha pareció entender que el kitsune al que se referían era el padre de Akari, sus ojos estaban fijos en el espejo que solía contemplar el padre de Kid —, ¿recuerdas que Noire te dijo que los kitsune mataron a tu madre? — la chica demonio asintió con la cabeza, su mirada seguía perdida —. Inoue utilizó el alma de tu madre en dicho ritual, pero desconocía la naturaleza que esta poseía. Por ello nació Akari, una enviada de Inari, un mensajero y guardián; un kitsune del tipo Zenko. Conservó las marcas del clan Eien en su pelaje y sus habilidades, pero no la maldad de sus almas.
—¿Estás seguro de lo que estás hablando? —preguntó Kasumi, su voz tenía un aire sombrío; no había desarrollado demasiado afecto por sus padres, pero tampoco había deseado que murieran. El joven Shinigami asintió — ¿Cómo?
—Estos tres años hemos estado investigando al respecto, los acontecimientos encajan. La desaparición de Juno, el supuesto trato entre el clan Eien y las brujas por su alma, luego el nacimiento de Akari. Los primeros cuatrocientos años que viven los kitsune no avanzan igual que en los humanos, envejecen mucho más rápido pero son extremadamente longevos, los años avanzan como los de los humanos cuando ya han alcanzado edades muy avanzadas y su sabiduría aumenta con su edad. Akari podía tener un par de siglos, como mínimo, debido a su cantidad de colas —el joven de ojos dorados pudo notar que aquello no convencía del todo a Kasumi, entonces continuó —. Akari Inoue conservaba rasgos de Juno Saitō en lo profundo de su alma.
—Pude sentirlo, aunque en su momento no lo comprendí. Cuando Akari recuperó su forma de kitsune, tenía cierta similitud con el alma de Noire, que debería ser muy similar a la de Juno —explicó Maka, los ojos de Kasumi se abrieron como platos y presionó con mayor fuerza contra su pecho el uniforme que sostenía. La rubia siguió hablando —. Luego, ciertas piezas empezaron a encajar...
—Al parecer mi padre había hecho una especie de negociación con Akari, supongo que conociendo la posibilidad de que fuese correcto el hecho de que su existencia fuera producto de dicho ritual con el alma de Juno. Le prometió que podría permanecer en Death City, protegida de la violencia de los que la atacaban por ser un miembro del clan Eien, mientras fuese tu técnico y, por defecto, tu guardiana —añadió el joven dios de la muerte.
—Akari te estuvo protegiendo, por ello se hizo más fuerte, por ello buscaba entrar a Spartoi y volverte una Death Scythe —dijo Maka, aquello dio en la fibra sensible de Kasumi y las lágrimas empezaron a resbalar despacio por sus mejillas.
—Akari dio su vida por la mía, un Shinigami, como lo hubiese hecho Juno de haber seguido con vida, según decía mi padre. Estuvo protegiéndote, Kasumi y lo hizo hasta el final... lo entiendo ahora —siguió Kid, las palabras de cada uno llegaban cada vez más profundo, reviviendo el dolor de la chica demonio. Apartado aún, Hiroshi frunció el ceño, aquello caía casi en la crueldad, la muchacha iba a colapsar, lo sentía en su longitud de alma, de ella se desprendía un extraño lamento.
—Kasumi —Maka habló de nuevo —, ¿qué hubiese pasado por tu mente si Noire Moon hubiese acabado con Kid ese día?
—¡Maka! —Tsubaki pareció reprenderla con su voz, aquello no era sano, la rubia pareció retractarse cuando vio como Kasumi trataba de controlar los sollozos que escapaban de sus labios, tenía la mirada baja, el cabello cubría sus ojos; empezaba a sentir un dolor en su pecho, como cuando su alma se fragmentó hace tres años. El muchacho de ojos dorados iba continuar hablando para terminar con aquello lo más pronto posible.
—Es suficiente —interrumpió el muchacho castaño que hasta ahora se había mantenido al margen. La muchacha se tambaleó, el dolor emocional martillaba su alma con fuerza. Estuvo por perder el equilibrio pero transformó su brazo derecho en la hoja de la guadaña y la clavó en el suelo, usándola como apoyo para mantenerse de pie. Hiroshi vio la máscara del Shinigami en la hoja y miró a Kid.
—Bien. Es cierto, es suficiente —respondió el joven Shinigami mientras se acercaba a Kasumi, la chica volvió su brazo a la normalidad y dio un par de tambaleantes pasos hacia atrás; levantó la mirada, sus mejillas eran recorridas por gruesas lágrimas —. Pueden retirarse, excepto tú, Shimizu.
—De acuerdo —dijo el castaño, su mirada seguía posada en su antigua arma. Los demás salieron, Maka le dirigió una mirada arrepentida a la Saitō menor. Kid esperó a que todos hubiesen salido para continuar.
—Kasumi, contacté a Hiroshi para que sea tu técnico de nuevo —los ojos opacados por el llanto de la joven se abrieron con horror, más lágrimas se apresuraron a formarse, el dolor en su pecho se intensificó. El chico iba a morir si era su compañero, iba a terminar como Akari, incrustado en una de las cuchillas del Loto Mortal.
—¡No! —chilló mientras oprimía el uniforme de su fallecida compañera con violencia contra su pecho, el sonido de papel arrugándose fue audible de nuevo — ¿Acaso estás loco? ¡Maldita sea, no puedes pretender decidir eso por mí! —gritó la muchacha rompiendo en llanto total, se desplomó de rodillas en el suelo, con la mirada baja de nuevo. Hiroshi estuvo por acudir a su lado, el brazo extendido del joven Shinigami lo detuvo.
—Te cortará en dos si te acercas ahora —dijo el chico de ojos dorados en un susurro, Hiroshi pudo notar cierta tristeza en la voz del joven. La chica seguía oprimiendo las ropas contra ella, se mecía débilmente de adelante hacia atrás —. Es probable que no sea mi asunto, tienes razón; pero puedes con ello, ambos pueden con ello, no habría tomado la decisión si creyese lo contrario. Puedes pensarlo unos días y darnos una respuesta luego —añadió Kid, bajó el brazo que detuvo el paso del castaño y se arrodilló frente a la guardiana del piano. Los dedos de la chica se transformaron en afiladas cuchillas, un sonido metálico hizo eco en la Death Room. Kid no se apartó, era normal en ella aquella reacción.
—Shimizu, sal de aquí —murmuró Kasumi. Ambos jóvenes parecieron sorprenderse —. Por favor... —dijo la muchacha, no levantó la mirada. El muchacho de ojos verdes suspiró.
—Bien, como gustes. Espero te sientas mejor luego —dijo mientras empezaba a caminar hacia la salida. Al pasar junto a la chica le acarició el cabello con suavidad en un movimiento rápido, casi como una brisa; Kasumi lanzó un ataque con las cuchillas de su mano, pero fue demasiado lenta, el chico ya estaba cerca de las puertas Torii y pronto estuvo fuera de la Death Room.
—¿Por qué haces esto? —murmuró Kasumi, su llanto mermaba, pero no porque así lo quisiera, sino porque ya no tenía fuerzas para llorar como necesitaba hacerlo. Sus dedos volvían gradualmente a la normalidad.
—Veo lo que llevas adentro, en el alma —el muchacho señaló a la chica justo donde seguía oprimiendo el uniforme de Akari —. Han pasado tres años, Kasumi, y cualquiera que sienta la longitud de tu alma escucha el lamento de banshee que llevas contigo desde entonces. Lo que hemos dicho lo sabías, ¿no es así? El porqué ella dio su vida por un Shinigami. Te hace pensar que es tu culpa —la muchacha asintió débilmente. Lo suponía, pero no estaba segura, el chico de las rayas en el cabello siguió hablando—. También creo que es culpa mía —esa declaración pareció sorprender a Kasumi.
—No comprendo —murmuró la muchacha, ligeros temblores recorrían su cuerpo debido al llanto.
—No tienes por qué comprenderlo ahora. Por ello he dicho que puedes pensarlo unos días —contestó el muchacho. La joven guadaña dejó de aferrarse a las prendas que le habían entregado, las colocó junto a ella y sin pensarlo demasiado atrapó a Kid en sus brazos, trató de controlar el llanto que amenazó con brotar nuevamente, pero no lo logró. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas lentamente, parecía resignada a ello. El joven Shinigami pareció sorprenderse, pero envolvió a la chica en un abrazo protector y luego la ayudó a ponerse de pie. Pensó que ahora no era el momento más adecuado para mencionarle que habían ubicado el piano demoníaco, lo diría mañana junto con los demás.
—Vuelve a casa —le dijo el joven dios de la muerte mientras recogía el uniforme de Akari y se lo regresaba a la chica demonio —. Descansa, trata de no pensar demasiado, por favor.
—De acuerdo —murmuró Kasumi mientras volvía a oprimir las prendas contra sí misma, de alguna forma, era como tener un parte de Akari. El joven de ojos dorados dudó un momento, pero le dio otro breve abrazo. Escuchó una débil risa por parte de la muchacha a quien miró extrañado —. Nada. Me has recordado algo —contestó ella y le dedicó una sonrisa mientras limpiaba las lágrimas de su rostro con la palma de su mano. Se volteó para salir de la Death Room.
—Te pareces a ella —dijo el muchacho muy serio cuando la chica estuvo cerca de las puertas Torii.
—¿A Noire?
—No. A tu madre, menos que Noire, pero empiezas a parecerte —comentó el chico. Aquello confundió a Kasumi, se detuvo abruptamente, ¿cómo sabía él eso? —. Mientras organizaba cosas de Shibusen, además de encontrar el uniforme de Spartoi, encontré fotografías en unos archivos de algunas brujas, las que se consideraron demasiado peligrosas en algún momento... Mabaa, las hermanas Gorgon, Aiko, Renge y tu madre, entre otras. Viéndolas a las tres, todas tienen ahora un gran parecido —se explicó. Una risa fue audible para el muchacho.
—Ya veo —contestó la chica de ojos carmesí y siguió caminando, levantó su mano en señal de despedida—. Nos vemos otro día, Kid-kun —dijo con voz suave. El joven sonrió para sí mismo.
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Días después
En algún lugar selvático de América Central, una mujer vestida con una especie de kimono de color azul rey que se difuminaba al verde en la parte trasera, donde tenía formas similares a ojos; caminaba tranquila por un camino de rocas rojizas. Una larga cabellera rubia ondulada caía por su espalda.
—Señora Shabriri —de repente un hombre algo canoso vestido con traje, se acercó apresurado a ella. La mujer lo miró con indiferencia —. Alguien ha entrado a la zona del Instrumento Demoníaco.
—¿Quién? —interrogó la mujer sin dejar de caminar, sus ojos eran de un extraño tono naranja y seguían a su sirviente mientras avanzaban.
—Eh —el hombre dudó. Ella extendió su mano izquierda, dejando ver que tenía un abanico de color negro en ella. Lo abrió y empezó a abanicarse, esperando la respuesta del hombre —. Ha sido una bruja, mi señora. Tenía... tenía escamas cubriendo su cuerpo —la rubia se detuvo de golpe, el abanico en su mano ardió en llamas.
—¿Escamas dices? —quiso corroborar Shabriri, dejó caer las cenizas al suelo. Notó como el hombre asentía, lucía asustado —. ¡Incompetentes! ¡¿Cómo la han dejado entrar?! —chilló, el kimono que llevaba pronto fue consumido por grandes llamas, que se tornaron verdes. Las flamas cubrían su cuerpo sin hacerle ningún daño. La parte trasera del kimono que había ardido se extendió formando tras la mujer una pared de llamas verdes entre las cuales había otras de tono azul que asimilaban ojos, ojos similares a los que caracterizaban a Asura. Parecía la cola de un gran pavo real.
—H-ha matado a todos los que se interpusieron en su camino —balbuceó el hombre, las llamas azules con forma de ojos aumentaron de tamaño y el sirviente empezó a gritar de dolor, la sangre brotaba de sus ojos, él palpaba torpemente el suelo... no veía; los gritos no cesaban. Shabriri, ahora la jefa hacía honor de su apellido. Demonio de la ceguera.
—Inútil —la escuchó decir. Momentos después había desaparecido de allí, un pavo real con la cola en llamas surcó los cielos. El ave voló hacia unos templos que se observaban a la distancia, al llegar y aterrizar tomó la forma de la mujer rubia de nuevo con su kimono azul. El sitio era una masacre, cuerpos por todas partes. Realmente había acabado con todos pero... ¿qué hacía esa tipa con escamas allí? ¿No se suponía que estaba muerta? Eso había dicho la reina de las brujas: Juno Legendre estaba muerta. La rubia entró al templo principal, la masacre no cesó. Recorrió los pasadizos hasta que llegó a una gran habitación subterránea.
El piano demoníaco de los Saitō se encontraba en medio; frente a él dándole la espalda a la mujer del kimono, estaba una joven de largo cabello negro, llevaba puesto un vestido negro corto que dejaba ver los costados de sus atributos. Escamas de tonos azules recorrían parte de sus brazos. Una cuchilla azul oscuro brotó del suelo y acabó con el último hombre que quedaba en pie.
—Legendre —habló la rubia con firmeza, sostenía un nuevo abanico en su mano izquierda — ¿Cómo es que estás viva? —la joven de cabello negro se volteó, sus orbes rojizos se calvaron en los naranja de la bruja pavo real, entonces lo notó, a pesar del parecido tremendo, aquella no era Juno... porque claro, Juno estaba muerta —. Interesante... tú... ¿Cuál era el apellido del asqueroso tipo que engendró las hijas de Juno? —empezó a hablar Shabriri mostrándose ignorante al respecto —. Sailo, Sato, Satu, Sailou... ¡Ah, Saitō! El tipo de Shibusen, el del alma Grigori. ¿Eso quiere decir que eres la del alma destrozada que copia a los Shinigami, la guardiana del Instrumento Demoníaco? —la joven frente a ella guardó silencio.
Aiko cayó con delicadeza sobre el piano, estaba en el techo.
—Buenas tardes, Láquesis Shabriri* —dijo más a modo de burla.
—Aiko Yamamoto —contestó al reconocerla —. ¿Cómo es que no me avisaron de tu presencia?
—Estamos en el trópico, querida. Digamos que ver un loro, aunque sea uno gris, no es algo a lo que se le tome demasiada importancia —contestó la castaña.
—¿Qué haces con la hija de Legendre?
—Una pequeña misión —Aiko se acomodó el sombrero —. Nada que te interese, después de todo no has visto lo obvio. Ella no es la copia de Shinigami, es decir, no es la guardiana de este instrumento.
—¿Qué planeas hacer con el piano demoníaco, ave orgullosa? —esta vez quien habló fue Noire, sorprendiendo a Láquesis, se había referido a ella según el animal que representaba su magia. Al final resultaba ser bastante insolente.
—Ya que no eres la guardiana, creo que no hay problema en decírtelo —dijo la rubia mientras empezaba a abanicarse —. Planeo separar al piano de su guardián, creando dos entidades separadas. La idea, más que todo, es acabar con la conciencia que creó Eibon en los Instrumentos, pudiendo asignarles otro guardián.
Los ojos de Noire Moon se abrieron con horror, era probable que matara a Kasumi en ese proceso de separación.
Fin del capítulo dieciocho.
Láquesis Shabriri: nombre pensado en la composición de dos entidades. Láquesis: una de las Tres Moiras (o Parcas); se trata de las personificaciones del destino. Láquesis, "la que tira la suerte", medía con su vara la longitud del hilo de la vida, por ende decide la duración de la vida de cada persona. Shabriri: demonio de la ceguera.
