Nuevo capítulo~ porque mañana entro a clases y voy a empezar a colapsar.
Espero sea de su agrado. Me disculpo si hay errores, es tarde y debo dormir x'D los corregiré mañana de ser posible.
*envejece sin reviews*
Al iniciar la música se puede observar la fachada iluminada de la Mansión Gekkou, entonces se observa el cielo donde la luna ríe sin descanso, la sangre escurre por sus dientes. Un instante después aparece el logo de Soul Eater: Noire Moon.
Donten no daitoshi ni miminari gapachiri
La Mansión Gekkou vuelve a aparecer, esta vez deteriorada por el paso del tiempo, las nubes cubren el sol.
Negatta ri sata oboe nado naikedo
Kasumi sale por la puerta principal, el cabello cubre parte de su rostro únicamente se puede observar su ojo izquierdo que parece opaco.
Daiji hen konton no tateyakusha ensha, kioku tosa hata meiwaku no keishou
La imagen de Kasumi desaparece, dejando ver a Shinigami-sama en su apariencia antigua y a Eibon, parecen planear algo. Posteriormente entre ambos antiguos flota un instrumento, un violín.
Yogore teshimatta sekai de yama nai ame niwa rattari
Las imágenes anteriores desaparecen también, esta vez se puede apreciar Shibusen, en sus interminables escaleras hay una persona sentada mirando al cielo, es Kasumi nuevamente, en su rostro se forma una sonrisa demente.
Hai ni kawa tta sekai de tashika yuugen o yumemi tanda
La imagen se aleja hasta verse Death City desde sus afueras, una extraña bruja de ojos púrpura observa la ciudad, su rostro parece cansado y sus ropas están manchadas de negro.
Ankaa wa hashiru katsumatsu e to owari nishiyouka kokoradesa
Akari aparece en escena, parece estar en un extraño bosque; el viento agita su blanco cabello. De repente la imagen se torna negra y fugazmente es recorrida por cuatro colas de zorro de color blanco también.
Tatta ichido no iregyura shounen wa kanzen o ka banda
Lentamente se enfoca la copa del árbol de cerezo, el viento hace que los pétalos de las flores caigan, luego la imagen parece alejarse y se puede ver a Kid y Kasumi sentados bajo la sombra del árbol, están tomados de la mano.
Kiseki mo nanimo nai sekai de buraun kan no yume o mire tanara nante suteki na koto deshou
El joven Shinigami parece estar hablando, sus ojos brillan con ilusión, luce contento. La chica a su lado ríe de vez en cuando y escucha con atención. De repente la imagen se fragmenta como un vidrio roto y se torna oscura.
Kami wa ima hyouteki to naru
En los fragmentos de la imagen anterior aparece Medusa del lado derecho superior y Aiko del lado izquierdo, en la parte inferior aparecen Chrona con un semblante serio quien sostiene a Ragnarok que cruza parte de la imagen, y Noire Moon con sus ojos de su color real, en su rostro se forma una sonrisa enorme, llena de locura.
Capítulo diecinueve: Falsa alarma
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Días antes del encuentro entre Noire Moon, Aiko y la bruja pavo real
Kasumi había vuelvo a su apartamento a paso lento luego de la reunión en la Death Room. Sus ojos eran opacados el por el fantasma de las lágrimas anteriormente derramadas.
Al entrar, chica notó el libro que había dejado a medio leer, lo tomó decidida a guardarlo, después de todo debía guardar el uniforme que le habían entregado rato antes. Se dirigió a la habitación que solía ser de Akari y la abrió, todo estaba intacto, Kasumi no había movido nada que no fuese necesario en ese lugar. La ropa de su fallecida compañera seguía en el armario y los libros que tanto leía igual.
El llanto estuvo por regresar, pero la muchacha suspiró para tratar de calmarse. Colocó el libro en el librero y se dispuso a guardar las prendas. Dejó la blusa y la falda de pliegos en el armario, tomó la chaqueta con cuidado para colgarla tras la pared y al hacerlo unos papeles algo arrugados cayeron al suelo. Kasumi bufó molesta y se inclinó para recogerlos, estuvo por terminar de arrugarlos para tirarlos cuando vio que tenían cosas escritas. Uno era una hoja de cuaderno común, parecía nueva; el otro era un papel que lucía algo manchado por la humedad, pero que en su momento debió ser perfectamente blanco.
Leyó el que estaba en mejor estado primero, era una nota de Tsubaki.
"He encontrado los papeles cuando Kid me entregó la ropa, como no supe si eran mportantes o no, decidí dejarlos para que tú decidieras qué hacer con ellos".
¿Los papeles? Pero si sólo era uno más. Entonces desdobló el otro, que tenía un tercer papel que también parecía reciente como el de Tsubaki. Estaba perfectamente doblado, fue entonces que supo de quién provenía aquella nota. La dejó a un lado para leerla de última y prosiguió con el papel deteriorado.
"Akari Inoue 'el kitsune de oro', suena bien, ¿no crees? Tu fallecida compañera cumplió con sus promesas, deberías estar orgullosa de ella. Hay quienes hablaban del alma de Inoue debido a sus orígenes, la detestaban o la adoraban como un milagro, pero en su mayoría la odiaban. Akari fue ayudada por aquellos que creían que era una criatura divina, aunque no estaba muy lejos de serlo, no era más que una criatura mortal extremadamente longeva, sabia y noble. Si tuviese que darle un valor su alma definitivamente sería uno mayor al del oro".
-Death.
Un par de solitarias lágrimas recorrieron las mejillas de Kasumi, era un nota del anterior dios de la muerte, al parecer había tenido intenciones de contarle sobre el clan de Akari, pero no hubo tiempo para ello. De repente empezó a sentirse terriblemente sola en aquel pequeño apartamento. Continuó con la última nota. La desdobló con sumo cuidado y al ver la perfecta caligrafía no hudo dudas sobre de quién provenía.
"Lamento el que te habláramos de esto hasta el día de hoy, consideré más prudente contártelo cuando lográramos confirmarlo totalmente. Por favor no le des demasiadas vueltas al asunto y si tienes dudas al respecto, no dudes en acudir a nosotros. Trata de comprender que lo que sucedió no es cumpla tuya, tal vez así algún día tu alma se tranquilice".
-Death the Kid.
La joven guadaña se frotó los párpados con cansancio ¿No era su culpa? Era su arma, una maldita guadaña gigante. Debió haberse interpuesto pero... ¿por qué Akari la había soltado en lugar de haber usado su hoja como un escudo? Sus ojos se abrieron como platos, al parecer lo comprendió. A pesar de su agilidad, con una guadaña de ese tamaño, aunque resonaran perfectamente, con el peso jamás hubiese sido capaz de llegar. Era su culpa, su culpa por no tener una forma de arma más manejable, por no ser lo suficientemente rápida... pero si Akari no moría, ¿hubiese muerto Kid? Si Akari vivía quizás nadie más hubiese sido herido porque lo que desató completamente a Renge Gorgon fue la debilidad que ella, en su ira ciega, causó en su hermana casi asesinándola.
Las lágrimas fluían despacio de nuevo por las mejillas de la chica demonio quien lucía algo pálida. Alguien tocó la puerta del apartamento, la muchacha se limpió el rostro, colgó la chaqueta tras la puerta y dejó las notas dentro de un libro al azar; cerró la puerta de la habitación de Akari. Caminó despacio hacia la puerta principal y la abrió.
—Shimizu...
—Hiroshi para ti, chica Saitō —contestó el muchacho castaño —. He pasado por ahí y de repente vi algo que podía gustarte o tal vez ponerte mucho más triste... —dijo mientras se rascaba nervioso la nuca. Kasumi notó que tenía algo en la mano, el chico le tendió una pequeña bolsa y la joven la tomó, había curiosidad mezclada con confusión en su mirada. Vio que el chico se volteó para retirarse e impulsivamente lo tomó por el brazo y lo haló hacia ella.
Hiroshi estuvo seguro de que lo próximo que sentiría sería el filo de una cuchilla cortando su garganta, pero sintió los brazos de la muchacha aferrándose él, estuvo por perder el equilibrio pero logró mantenerse en pie. Parecía sorprendido hasta que escuchó un débil sollozo proveniente se la muchacha, entonces la envolvió con sus brazos. Nunca la había visto de aquella forma, la chica había perdido la agresividad y fuerza que la caracterizaban años atrás, pero pensó que era justificable. Había muerto su técnico, la que creía iba a ser la definitiva, la que iba a permanecer por siempre con ella. Había muerto por salvar la cordura de Kasumi salvando a su primer ser protector: Death the Kid. Vio que la muchacha había soltado la pequeña bolsa que ahora yacía en el suelo con lo que llevaba dentro ligeramente fuera; una figura finamente tallada, de color blanco hueso... era un kitsune. Sintió que la chica se aferró con mayor fuerza, suspiró y una sonrisa cubierta por cierta tristeza apareció en su rostro.
—Vamos, te prepararé un té —dijo, cerró la puerta y empezó a caminar, la chica se negó a soltarlo, sollozos escapaban de su boca de vez en cuando. La tuvo que llevar a cuestas hasta que notó que no iba a lograr hacer nada —. Saitō, no puedo trabajar así —bromeó, trató de soltarse de su agarre y la muchacha al fin cedió. Se negó a mirarlo y se dirigió con la mirada baja hacia el sofá donde se recostó. El muchacho fue a la cocina.
—Kasumi —habló la chica de ojos carmesí. El joven pareció confundirse.
—¿Eh?
—No me llames por mi apellido —explicó —. Me ha dado bastante lata estos últimos años, torpe generoso.
—Bien, como gustes —contestó y buscó las cosas para hacer algo de té —. Después de todo uno debería hacer caso cuando la niebla habla, ¿no crees? —ambos rieron sin muchos ánimos al verse bromeando con los significados de sus nombres. El silencio reinó entonces y minutos después cuando finalmente el joven técnico se acercó con la taza de té, la chica guadaña había caído dormida.
Suspiró resignado, apagó la luz, recogió la figura del kitsune y la bolsa, las dejó en la mesa, se sentó en una silla del comedor y bebió él el té. Tenía la vista clavada en la figura del espíritu zorro, iluminada débilmente por la luz de un poste de alumbrado al otro lado de la calle.
—Puede que quizás sea generoso en exceso —se dijo a sí mismo, luego dirigió la mirada al sofá donde descansaba la muchacha y la regresó a la figura del kitsune —. Entonces Akari Inoue era tu nombre. Curiosa criatura... gracias por proteger a Kasumi —murmuró al aire. Una suave brisa entró por la ventana de la cocina —. Ahora debemos seguir con la tarea que tan arduamente llevaste a cabo —el castaño se dirigió a la habitación de Kasumi, trajo una sábana y se la colocó encima a la joven quien pareció sentirse más cómoda, pudo ver que algunas lágrimas seguían escurriendo por sus pálidas mejillas. Dirigió la mirada a la ventana y observó la esfera negra traslúcida en el cielo, la luna negra, tenía un débil brillo. Apoyó los brazos en la mesa, recostó su cabeza en ellos y minutos después cayó dormido también.
A la mañana siguiente Kasumi despertó, se sentó en el sofá y miró un punto fijo en el suelo. Recordó lo que había pasado ayer antes de que se quedara dormida en el sofá, supuso que su antiguo técnico se había ido luego de eso. La muchacha suspiró con pesadez, el sol entraba por la ventana de la cocina. Se levantó y pudo notar a Hiroshi dormido con la cabeza sobre la mesa del comedor. Se acercó y lo miró, el cabello cubría ligeramente los ojos del muchacho quien a pesar de estar dormido allí parecía cómodo. Decidió dejarlo dormir unos segundos más, por tanto, sin hacer ruido se sirvió un vaso de agua y se sentó en una de las sillas, esperando a ver si su presencia llegaba a despertarlo pero no fue así. Fue entonces que vio la figura de kitsune, la tomó con mucho cuidado y una sonrisa triste se formó en su rostro.
—Idiota —murmuró al aire, volvió a dejar la figura donde estaba y le dio un par de golpecitos al muchacho en la cabeza quien pareció sólo acomodarse mejor. Kasumi aún tenía algo de agua en el vaso, lo pensó un rato pero al final la bebió en lugar de lanzársela encima como había pensado. Se levantó a dejar el vaso en el fregadero, luego finalmente se acercó al joven y le dio un golpe algo fuerte en el costado, el chico se levantó rápidamente y miró confundido a la muchacha.
—No despertabas —le dijo y se dirigió hacia su habitación sin mirarlo —. Tal vez es hora de que te vayas a casa —continuó hablando desde allá.
—¿Estás bien? —preguntó el joven de ojos verdes, un bostezo escapó de su boca. El silencio de la chica le pareció eterno.
—En lo que cabe —la escuchó decir sin demasiados ánimos —. Gracias por quedarte... este lugar es demasiado solitario desde que Akari no está.
—¿Eso quiere decir que tu chico Shinigami no viene aquí?
—Pues la verdad... —la joven guadaña se detuvo antes de continuar y Hiroshi rió para sus adentros — ¡¿De qué demonios estás hablando?! ¡Eso no te importa! ¡¿Cómo es que sabes eso?! ¡Estúpido! —gritó la muchacha, estaba furiosa y al joven se le escapó una carcajada — ¡Deja de reírte, maldito imbécil! —volvió a gritar y el castaño siguió riendo a carcajadas.
—¡Es tan obvio! —contestó el técnico entre risas — ¡Ambos son tan obvios! —añadió sin dejar de reír, escuchó los pasos de la muchacha acercándose y sin previo aviso, la chica se lanzó contra él. La sorpresa apareció en los ojos de Hiroshi, lo había acorralado contra una de las paredes. Sintió el frío del metal contra su cuello, Kasumi había transformado sus dedos en cuchillas y las tenía presionando su cuello, amenazando con degollarlo. Vale, quizás se había pasado riendo de aquella forma.
—No acabes con mi paciencia —murmuró la muchacha, su voz fue como el siseo de una serpiente y su mirada casi le heló la sangre a pesar de que era más baja que él, por un momento pensó que podía llegar a aterrarlo si iba en serio—. Deja de meterte en mis relaciones personales, Hiroshi Shimizu —continuó. Era cierto, se estaba entrometiendo... ella nunca le contó nada, debió respetar eso pero la chica estaba por matarlo... aun así, esa era la Kasumi que había conocido. Difícil de tratar e impredecible, mortífera. Su antigua personalidad no estaba muerta del todo y eso le alegró. Sonrío arriesgándose a que lo matara pero la chica pareció perder balance, no comprendió la situación y se apartó del muchacho. El castaño se dirigió hacia la puerta, la abrió y antes de irse se volteó para mirarla.
—A veces extrañaba esa actitud tuya, es bueno ver que la conservas —se explicó, la chica lucía realmente confundida —. Si te sientes sola demasiado sola, puedes buscarme. Después de todo fui tu técnico... y ayer hice una promesa con tu fallecida compañera.
—¿De qué estás hablando? —notó que el chico señaló la figura del kitsune en la mesa.
—Voy a protegerte, Kasumi —se explicó, la chica se sobresaltó, su largo cabello se agitó tras ella y parte de él le cubrió los hombros; el color apareció débilmente en sus mejillas pero ella sintió que debía estar tan roja como un tomate. Su antiguo técnico sonrió y se fue, Kasumi salió de su asombro y corrió tras él, pero de alguna forma el joven había desaparecido... como siempre. La chica bufó molesta, volvió al apartamento, tomó las llaves, salió y cerró la puerta. Tiempo después emprendió carrera hacia Shibusen. Kid... tenía que hablar con Kid en persona inmediatamente.
La guardiana del piano corrió tan rápido como pudo, cuando llegó a las interminables escaleras de Shibusen tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para subir. Los estudiantes estaban afuera y se las tenía que ingeniar para no chocar con nadie, la miraban extrañada. Después de todo a ella ya no se le veía seguido allí, menos corriendo como una desquiciada.
Llegó a la puerta de la Death Room, utilizó su último esfuerzo para atravesar corriendo las puertas Torii, vio a Kid quien parecía recién haber terminado de hablar con alguien a través del espejo. La chica se detuvo de golpe, apoyó sus manos en sus rodillas y se dispuso a tomar aire durante unos minutos. Sintió la mirada del joven Shinigami sobre ella.
—¿Qué pasa? —le preguntó extrañado.
—¿Qué le has dicho a Hiroshi para que volviera? —dijo la muchacha respirando con dificultad.
—¿De qué hablas? —añadió el joven dios de la muerte —. Sólo le dije que tu compañera había muerto y bueno... que necesitabas compañía.
—Ha dicho que... que va a protegerme —contestó la muchacha, posó su mirada en los ojos dorados del muchacho quien pareció sorprenderse —. Que ha hecho una promesa con Akari. Se va a morir, Kid, si se propone eso va a morir como ella.
—¿Me estás diciendo que vas dejar morir a otro técnico? —la sorpresa en la mirada del joven pasó a ser frialdad. Notó que la muchacha parecía ofendida, repentinamente la chica le lanzó una patada al rostro, él la detuvo con su mano justo cuando estuvo por golpearlo; no soltó a la joven quien no perdió el equilibrio.
—¿Eres estúpido? —interrogó, sus ojos rojos como rubíes tenían cierta locura — ¿Acaso escuchas lo que dices o lo que digo? No está en mis planes que muera, creí que había quedado claro, señor de la muerte.
—¿Escuchas tú misma lo que dices? —añadió el muchacho, con un rápido movimiento giró la pierna de la chica quien se vio obligada a girar su cuerpo también, el muchacho finalmente la soltó pero antes le dio un golpe en los tobillos, causando que cayera al suelo —. Hablas de que si se propone protegerte morirá, lo que nos lleva a que creer que piensas que si permanece contigo... inevitablemente dejará de existir. Te di tiempo para pensarlo, pero ahora no tienes opción. Hiroshi no te ha dejado una. Ahora mismo eres tú la que es estúpida, Kasumi; ya no tienes salida —explicó el muchacho con sus ojos dorados fijos en ella, se inclinó ligeramente sobre la joven esperando su reacción. Kasumi pareció comprender la situación y el miedo pasó fugazmente por su mirada. Era cierto, porque su antiguo técnico ya no iba a dar marcha atrás, regresar a casa probablemente nunca estuvo en sus planes. La chica apretó los labios molesta y permaneció en el suelo, pensando. Kid se alejó un poco.
—De acuerdo —dijo pasados unos minutos, se puso de pie y señaló a Kid directamente, en su mirada había determinación y el muchacho sonrió —. Dile a Shimizu que espero que recuerde como blandir una maldita guadaña —la chica dejó de señalarlo y con un rápido movimiento retiró el cabello que caía por sus hombros acción que la hizo ver algo orgullosa y se volteó para salir de la Death Room, cuando estuvo por llegar a las puertas Torii se detuvo abruptamente —. Cuando tengas otro día libre deberíamos vernos, ¿no crees, Kid-kun? —dijo la muchacha mientras se volteaba para mirarlo, sus ojos tenían un brillo demoníaco. El joven se estremeció ante aquella mirada y asintió torpemente; una risa maliciosa escapó de la boca de Kasumi y siguió su camino. Entonces el joven Shinigami recordó el piano demoníaco.
—¡Kasumi, espera! —gritó, la muchacha volvió a detenerse pero no se volteó. Esperaba por lo que tenía que decir —. Han ubicado tu piano.
—¡¿Qué?! —chilló la chica demonio, se volteó para mirarlo, había perdido la actitud seductora de hace un momento y sus ojos esperaban que le dijera que no era una broma — ¿Dónde?
—En América Central —contestó el muchacho de ojos dorados y se volteó hacia el espejo tras él, una imagen apareció. Parecían las ruinas de unos templos —. En unas ruinas maya de Guatemala, al parecer —la chica se acercó corriendo, sin pensarlo se aferró a los hombros de Kid y luego lo apartó de su camino. Observó la imagen de cerca, los templos se alzaban entre los árboles de la selva tropical. Pudo ver a una mujer rubia abanicándose, tenía una apariencia delicada pero aire imponente, llevaba puesto un kimono azul. En la cima del que parecía el templo principal se observaba una silueta.
—Láquesis Shabriri —dijo el joven dios de la muerte al notar que Kasumi había visto a la rubia —. Una bruja pavo real bastante poderosa. Tiene cierto... gusto por dejar ciegas a las personas.
—¿Desde cuándo tiene el piano? —preguntó Kasumi sin dejar de mirar el espejo — ¿Y por qué lo quiere?
—No tenemos los detalles aún —respondió, tenía una mano en su mentón, parecía meditar la situación —. Iremos allá en unos días, la misión es recuperarlo pero, de no ser posible, debemos retirarnos con la menor cantidad de pérdidas —notó que Kasumi cerraba los puños molesta, debía estar clavándose las uñas en las palmas de las manos, pero de inmediato se relajó o eso trató, abrió sus puños y suspiró.
—Gracias por avisarme —dijo, mientras se volteaba para al fin retirarse. El muchacho la siguió con la mirada pero de repente Kasumi se acercó y le estampó un breve beso en los labios, la sorpresa apareció en los ojos del joven Shinigami.
—Hasta luego —la escuchó murmurar antes de caminar a través de las puertas Torii y salir de la Death Room.
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Un día después del encuentro entre Noire Moon, Aiko y Láquesis
Las fuerzas de Shibusen habían llegado a la zona indicada: la región de Petén en Guatemala, América Central. Ubicación de la capital maya Tikal, lugar temporal del piano demoníaco.
Sid guiaba un grupo, con la ayuda de Azusa y Stein junto con Marie. Maka lideraba otro junto con Black Star. Por otro lado, Kid lideraba un tercer grupo, acompañado por Hiroshi quien era el técnico de Kasumi nuevamente. El cuarto grupo era el que daría la señal de retirada en caso de ser necesaria, guiado por Ox y Kim.
El tercer grupo guiaba gran parte de la operación, dos de cuatro grupos se habían quedado en batalla en la selva con criaturas que eran controladas por una magia poderosa, Aiko estaba allí, Kid y Kasumi lo supieron de inmediato. El cuarto grupo permanecía cerca del tercero, estaban ya por llegar al templo principal: el templo del Gran Jaguar. Antes de llegar, más criaturas se lanzaron al ataque, eran lideradas por algo similar a un gran felino manchado.
—¡Continúen, nosotros nos encargamos! —gritó Ox al tiempo que se lanzaba al ataque, seguido por su grupo. Hiroshi dudó cuando Kid continuó, no sin antes ordenar a gran parte de su grupo permanecer con ellos Ox.
—¡No es momento de ser generoso, idiota! ¡Muévete! —gritó Kasumi en su forma se arma, el muchacho apretó el agarre en el mango de la guadaña pero siguió a su grupo. Finalmente habían logrado entrar al templo, avanzaron sin ser interrumpidos. Aquello era extraño, algo iba mal.
Empezaron a descender, llegaron a una gran habitación subterránea, estaba vacía o eso creían. Aiko cayó del techo con elegancia, su vestido gris vaporoso ondeó como humo. Los pocos que permanecieron con Kid se mantuvieron alerta, esperaban una señal.
—Buenos días, Shinigami-kun —dijo la bruja de la vida, se retiró el sombrero a forma de saludó y se lo volvió a colocar —. Nos volvemos a ver. También está la copia de Shinigami —añadió al notar la gran guadaña que reposaba en los hombros de Hiroshi.
—¡Desgraciada! —gritó Kasumi, su rostro se reflejó en la guadaña, lucía realmente molesta.
—Cálmate, Kasumi —dijo el joven dios de la muerte — ¿Dónde está Shabriri?
—¿El pavo real? —dijo Aiko y se encogió de hombros. Pasos se escucharon tras ellos y la habitación fue iluminada por un resplandor verde, todos se voltearon. Allí estaba Láquesis, las flamas cubrían su cuerpo y la pared de fuego verde tras ella era realmente impresionante, las flamas azules con forma de ojos empezaron a aumentar de tamaño.
—¡No la miren! —gritó Kid —¡Los dejará ciegos! —pero parte del pequeño grupo no siguió la indicación, fue demasiado tarde. Cayeron al suelo retorciéndose y pronto Láquesis los asesinó. Sólo quedaban Kid, Hiroshi y otros dos, con sus respectivas armas. Cuando Kid sintió que la temperatura provocada por las llamas de la bruja pavo real disminuían, la miró y se lanzó al ataque, Shabriri esquivó al muchacho. El chico sacó a sus pistolas gemelas y disparó, una columna de fuego detuvo los disparos. Láquesis se había apartado de la salida.
—¡Retírense! —ordenó el joven de ojos dorados, estaba enfrascado en combatir con la bruja pavo real, el fuego y los disparos se mezclaban; en realidad aquello era sólo una manera de distraer a la bruja pavo real, no había forma de acabar con ella directamente sin el peligro de que todo el templo se desmoronara. Esas ruinas no resistirían más que un Death Canon bastante limitado — ¡Den la señal!
—Pero, Shinigami-sama... —dudó uno.
—¡El piano ni siquiera está! —continuó el muchacho —. Según Azusa debía estar aquí, pero se lo han llevado ¡Váyanse! —Aiko estuvo por atacar a Kid por la espalda mientras seguía luchando contra la bruja pavo real, plumas afiladas como navajas se dirigían a él. El filo de una guadaña detuvo los proyectiles, Hiroshi se había interpuesto entre el dios de la muerte y Aiko. El rostro de Kasumi se reflejó en la hoja de la guadaña.
—¿De verdad creíste que iba a ser tan fácil? —dijo la muchacha y Aiko soltó una carcajada.
—Claro que no —respondió. De repente simplemente se desvaneció.
—¡Lárguense de una vez! —gritó Hiroshi. Los otros dos dudaron de nuevo, pero se retiraron.
—¡Hiroshi, vete! —dijo Kid, preparaba un Death Canon, pero Láquesis lo esquivó sin esfuerzo y lanzó sus llamas hacia el chico de nuevo, quien las detuvo.
—¿Y perderme la acción? —dijo y blandió la gran guadaña cortando el aire —. Con todo el respeto del mundo, Shinigami-sama, no seguiré sus órdenes el día de hoy.
El castaño estuvo por lanzarse contra Láquesis también, pero nuevamente alguien cayó del techo, esta vez con menos elegancia que Aiko. El joven se volteó para hacerle frente pero quedó en shock al ver quién era. Se parecía a muerte a su arma, el cabello, el color de ojos, ligeramente en las facciones del rostro, las siluetas de sus cuerpos eran muy similares en general. Tenía escamas en sus brazos.
—Noire Moon —escuchó murmurar a Kasumi. La bruja se dirigió rápidamente al muchacho, por la mente de Kasumi se repitió la muerte de Akari.
—¡Hiroshi, reacciona! —chilló Kasumi, pero el muchacho no se movió — ¡Hiroshi! —Noire Moon estaba demasiado cerca, demasiado. Kasumi no creía poder esperar a que su técnico reaccionara, volvió a su forma humana y se colocó frente a su técnico, el terror inundaba sus ojos pero transformó sus brazos en dos grandes cuchillas y las colocó frente a ella, Noire chocó de lleno contra el escudo. Kasumi la envió lejos con un movimiento y volvió sus brazos a la normalidad. Noire Moon se puso de pie. Hiroshi reaccionó cuando pudo notar que una cuchilla empezó a brotar del suelo bajo su compañera, la sostuvo contra él y se apartó del lugar. La cuchilla azul oscuro brotó con fuerza del suelo y se desvaneció. Los ojos de Kasumi empezaron a nublarse por las lágrimas, estuvo por volver a suceder lo mismo.
—¡Suéltala! —chilló la bruja camaleón al ver que Hiroshi aún sostenía a Kasumi — ¡Kasumi, esa bastarda quiere romper tu vínculo con el piano! —dijo Noire señalando a Shabriri. Kid había logrado herir a Láquesis pero no parecía nada grave. La bruja se detuvo y emprendió carrera hacia la salida, donde tomó la forma de un pavo real con la cola en llamas y voló hasta salir del templo. Kid se volteó sorprendio hacia Noire al escuchar lo que dijo.
—Debes venir conmigo, Kasumi. Recuperar el piano por tu cuenta, antes de que tenga éxito —explicó Noire, lucía desesperada. Kasumi se soltó del agarre de su técnico.
—
¿Romper el vínculo? —interrogó Kid — ¿Separarla del piano? —añadió el muchacho, ignorando lo demás que la ilusionista había dicho, Noire asintió —. Puede matarla...
—¡Kasumi, ven conmigo, por favor! —dijo la bruja camaleón, parecía ser sincera, se preocupaba por su hermana y parecía tener un plan para que lograra hacerse con el piano, pero... ¿cómo creerle?
—Kasumi —esta vez quien habló fue Hiroshi, tomó a su compañera por el brazo y la atrajo hacia sí para luego murmurar —. No sé quién sea, ni me interesa, pero no es una buena idea.
Noire Moon se lanzó contra Hiroshi, tenía su brazo transformado en una gran cuchilla el chico soltó a Kasumi y esquivó el ataque por poco.
—¡No le metas ideas en la cabeza, estúpido! —gritó Noire, lanzó otro corte hacia el muchacho quien volvió a esquivarlo. Kid estuvo por detenerla pero Kasumi se había lanzado ya contra ella, le había clavado sus dedos convertidos en cuchillas en el costado.
—¡¿Así es como me pides que vaya contigo?! —chilló la Saitō menor, le lanzó una patada a la bruja ilusionista quien cayó al suelo — ¡Es mi técnico, maldita estúpida! —continuó Kasumi, pateó a su hermana justo donde le había clavado las cuchillas y la joven bruja gritó de dolor — No te le acerques, no lo mires siquiera, ¡mucho menos te atrevas a ponerle una mano encima! —la ira arremetía como aquella vez y la locura empezaba a surgir, las lágrimas escurrían por las mejillas de la chica demonio, lágrimas que brotaban debido al enojo, a la ira incontrolable. Noire Moon no se defendía — ¡No pienso dejar que tu magia de mierda me arrebate a alguien nunca más! ¡No iré contigo a ninguna parte, mi hogar es donde mi técnico desee estar! Alguien como tú nunca va a comprender algo como eso —la guardiana del piano convirtió su brazo en la hoja de la guadaña. Los ojos verdes del castaño se abrieron con asombro ante lo dicho por la muchacha, allí donde él estuviese ella iba a estar... se lo había propuesto. Kid sintió una punzada de un sentimiento extraño, pero lo desechó de inmediato al ver lo que Kasumi estaba por hacer, volver a medio matar a su hermana, lo cual desataría a Renge Gorgon otra vez.
—¡Détenla, Hiroshi! —gritó el muchacho, el técnico de guadaña salió de su trance y se abalanzó contra su compañera, derribándola. La chica se quejó al golpearse contra el suelo y su brazo regresó a la normalidad, el muchacho se puso de pie y sostuvo los brazos de la joven tras su espalda. La chica luchó por soltarse, Hiroshi optó por noquearla, luego se disculparía. Dirigió su mirada a Kid y joven dios de la muerte se dirigió a la salida, seguido por el castaño quien cargaba a Kasumi. Noire Moon permaneció en el suelo, una lágrima se deslizaba por su mejilla y su mirada estaba perdida. En lo más profundo de su alma, la lucha continúa de ella y la segunda entidad, Renge Gorgon, se tornó diferente.
—Al parecer la chica te odia, Noire —la oscuridad era casi total, un débil punto de luz roja como la sangre se observaba y de allí provenía la voz, casi idéntica a la de Noire.
—Ataqué a su compañero... de nuevo —murmuró la ilusionista —. No hay nada que pueda hacer para recuperarla, me odia y siempre me odiará porque he amenazado con extinguir a su nueva familia.
—¿Quieres salvarla? —habló la voz, la luz se tornó un poco más brillante —. Te daré el poder para hacerlo aunque ella no quiera cooperar; te daré el poder que necesitas para salvar a tu adorada hermanita de las garras de ese maldito pavo real —la mentalidad de Noire perdía estabilidad, la tentación de aceptar a Renge era enorme y empezaba a aplastarla.
—De acuerdo —respondió la joven bruja no muy convencida, pero necesitaba proteger a Kasumi, salvarla de la posible muerte a la que la llevaba Láquesis Shabriri —. Desde ahora, dejo todo en tus manos.
Una risa se escuchó, el brillo de la luz se tornó intenso y una figura apareció. Una joven de cabello castaño oscuro lacio y brillantes ojos púrpura se manifestó ante Noire, Renge Gorgon, el Loto Mortal. Tenía escamas en parte del rostro, el cuello y los brazos, pero en lugar de ser azules verdosas como las de Noire, estas eran de un tono rojizo.
Noire Moon Saitō fue devorada por el ser con el que compartía su cuerpo y alma. La joven yacía en el suelo, sus ojos gradualmente se tornaron púrpura y las escamas cubrieron parte de su rostro. Renge Gorgon estaba de regreso, una carcajada exagerada escapó de los labios del Loto Mortal.
Medusa había muerto, pero lo que había surgido gracias a la víbora seguía con Noire.
Fin del capítulo diecinueve.
