Bueno, nuevo capítulo~ antes de empezar exámenes. Espero sea del agrado de quienes leen.
Al iniciar la música se puede observar la fachada iluminada de la Mansión Gekkou, entonces se observa el cielo donde la luna ríe sin descanso, la sangre escurre por sus dientes. Un instante después aparece el logo de Soul Eater: Noire Moon.
Donten no daitoshi ni miminari gapachiri
La Mansión Gekkou vuelve a aparecer, esta vez deteriorada por el paso del tiempo, las nubes cubren el sol.
Negatta ri sata oboe nado naikedo
Kasumi sale por la puerta principal, el cabello cubre parte de su rostro únicamente se puede observar su ojo izquierdo que parece opaco.
Daiji hen konton no tateyakusha ensha, kioku tosa hata meiwaku no keishou
La imagen de Kasumi desaparece, dejando ver a Shinigami-sama en su apariencia antigua y a Eibon, parecen planear algo. Posteriormente entre ambos antiguos flota un instrumento, un violín.
Yogore teshimatta sekai de yama nai ame niwa rattari
Las imágenes anteriores desaparecen también, esta vez se puede apreciar Shibusen, en sus interminables escaleras hay una persona sentada mirando al cielo, es Kasumi nuevamente, en su rostro se forma una sonrisa demente.
Hai ni kawa tta sekai de tashika yuugen o yumemi tanda
La imagen se aleja hasta verse Death City desde sus afueras, una extraña bruja de ojos púrpura observa la ciudad, su rostro parece cansado y sus ropas están manchadas de negro.
Ankaa wa hashiru katsumatsu e to owari nishiyouka kokoradesa
Akari aparece en escena, parece estar en un extraño bosque; el viento agita su blanco cabello. De repente la imagen se torna negra y fugazmente es recorrida por cuatro colas de zorro de color blanco también.
Tatta ichido no iregyura shounen wa kanzen o ka banda
Lentamente se enfoca la copa del árbol de cerezo, el viento hace que los pétalos de las flores caigan, luego la imagen parece alejarse y se puede ver a Kid y Kasumi sentados bajo la sombra del árbol, están tomados de la mano.
Kiseki mo nanimo nai sekai de buraun kan no yume o mire tanara nante suteki na koto deshou
El joven Shinigami parece estar hablando, sus ojos brillan con ilusión, luce contento. La chica a su lado ríe de vez en cuando y escucha con atención. De repente la imagen se fragmenta como un vidrio roto y se torna oscura.
Kami wa ima hyouteki to naru
En los fragmentos de la imagen anterior aparece Medusa del lado derecho superior y Aiko del lado izquierdo, en la parte inferior aparecen Chrona con un semblante serio quien sostiene a Ragnarok que cruza parte de la imagen, y Noire Moon con sus ojos de su color real, en su rostro se forma una sonrisa enorme, llena de locura.
Capítulo veinte: Ahogamiento
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Una semana después de la misión para recuperar el piano
Hiroshi y Kasumi practicaban en los bosque en torno a Death City. A pesar de que el muchacho podía usar la gran guadaña sin problema, aún su resonancia no era lo suficientemente estable para mantener el Cazador de Brujas.
—¡Maldición! —masculló el castaño cuando el Cazador de Brujas volvió a desintegrarse antes de poder utilizarlo. Parecía cansado mentalmente, después de todo hace rato estaban intentando. El sol pronto empezaría a ocultarse. El joven clavó la hoja de la guadaña en la tierra y se dejó caer al suelo.
—No te esfuerces demasiado —habló su compañera y sin esperar alguna orden de su técnico volvió a su forma humana, la sombra de unas ojeras empezaba a notarse bajo sus ojos. Desde que habían revivido el tema de Akari y habían perdido el piano demoníaco de nuevo, la chica no pasaba noches de sueños agradables y leía una y otra vez el libro que tenía en casa, una parte en específico estaba presente siempre en su mente: "Los Instrumentos Demoníacos fueron dotados de una conciencia, a fin de volverlos más manejables, esto asegura que otros descendientes de sus antiguos guardianes sean seleccionados de forma segura para el uso de estos objetos. La conciencia que poseen les permite sentir sus almas y aceptar la que sea más apropiada a la naturaleza individual de cada Instrumento.
Al aceptar a su nuevo guardián, automáticamente se forma un vínculo, una conexión, que unifica al Instrumento con su guardián, haciendo que compartan un alma (la del guardián); si el piano es destruido, su guardián morirá. Si este muere antes de que el piano seleccione a alguien más, el Instrumento se extinguirá como una llama. Uno depende del otro, porque los Instrumentos Demoníacos necesitan un alma poderosa de su elección para sobrevivir y el guardián necesita un canal para transmitir su poder. La conexión formada con el Instrumento los laza directamente al Señor de la Muerte y el Gran Mago.
La rotura forzada del vínculo puede tener tres consecuencias..."
—Pero... —empezó a hablar el muchacho. La chica negó con la cabeza.
—Vamos. Si quieres puedes quedarte un rato en el apartamento —le sugirió y extendió su mano frente a su técnico. El joven de ojos verdes chasqueó la lengua resignado y tomó la mano de su compañera quien lo ayudó a levantarse. El chico pasó su brazo sobre los hombros de la muchacha quien pareció sorprenderse y empezó a caminar.
—¿Me estás invitando a tu casa? —preguntó riendo, la joven guadaña se encogió de hombros. El castaño le revolvió el cabello y la chica bufó molesta.
—Si te pones pesado no irás a ninguna parte —contestó Kasumi y sin darse cuenta infló las mejillas. El técnico dejó escapar una risa y le estampó un beso en la mejilla, se separó de ella rápidamente pues esperaba un golpe que nunca llegó. La muchacha había olvidado que a veces podía ser demasiado cariñoso.
—Ese chico te ha suavizado —dijo Hiroshi mientras caminaba unos pasos más adelante que su compañera. El color subió a las mejillas de la muchacha —. Tanto lo quieres que tu alma trató de imitar la suya, tanto admiraste su naturaleza como dios de la muerte que la máscara de su padre apareció en tu guadaña.
—¿Por qué te interesa tanto el tema? —dijo la muchacha algo incómoda mientras metía las manos en los bolsillos de la chaqueta. Notó que el joven se encogió de hombros.
—Es curioso ver que un Shinigami tenga algún tipo de relación personal de ese nivel —explicó, pareció meditar algo durante un rato y continuó —. Tal vez parte de los sentimientos que desarrollaron el uno por el otro se deba a la conexión existente entre los Saitō y su padre —no lo notó pero el rostro de Kasumi adquirió un aire sombrío.
—¿Hablas de que quizás estaba planeado? —preguntó sin muchos ánimos; Hiroshi negó con la cabeza.
—Hablo de que es un efecto secundario —comentó, notó el tono de voz de la chica, se volteó y le dedicó una sonrisa —. Aunque también es poco probable, no debes hacerme caso.
—Por lo general uno cree las cosas que dicen las personas inteligentes —murmuró la joven guadaña —. Que yo recuerde tú eres muchas cosas pero no un estúpido, actúas como tal pero no lo eres —continuó, se acercó a su técnico y le dio un golpecito en la cabeza —. Hay muchas cosas aquí que a veces ocultas del mundo. Las personas inteligentes, las realmente inteligentes no lo ocultan pero tampoco alardean de ello.
—Entonces deberías dejar de encerrar tu inteligencia —comentó el muchacho, volvió a revolverle el cabello a la chica y continuó caminando unos pasos adelante, los ojos carmesí de Kasumi se abrieron con cierta impresión —. Un Shinigami no desperdiciaría su tiempo con una mujer estúpida, ¿no lo crees? Tu agresividad y susceptibilidad a la locura te hacen imprudente, es sólo eso al final.
—Hiroshi —lo llamó Kasumi ignorando parte de lo dicho por el joven, el muchacho la miró de reojo —. Te has estado preguntando sobre la bruja camaleón que vimos en Tikal, ¿no es así?
—Me tiene bastante intrigado —confesó sin dejar de caminar seguido por su compañera, pronto estuvieron caminando por la ciudad, el sol comenzaba a ocultarse.
—¿Por qué no la atacaste?
—Se parecía tanto a ti que... —el joven de ojos verdes dudó antes de continuar, parecía nervioso —, que sentí como si fuera a asesinarte. Su alma se parecía a la tuya, pero usaba la magia y algo la protegía, reducía su longitud de onda, algo que no era Soul Protect. Su alma se camuflaba con la tuya... como un camaleón cambia de color.
—Noire Moon Saitō —dijo Kasumi y escuchó una débil risa proveniente de su arma.
—Hermanas, era de esperarse. Esa melena de cabello negro la llevaban todas las Legendre, según las retratan. Por lo que veo ambas la conservaron de su madre —comentó el joven.
—Por su debilidad Akari murió —añadió Kasumi y suspiró con pesadez.
—¿La odias? —preguntó Hiroshi mientras la miraba de reojo. La Saitō menor se encogió de hombros, pensó en la muerte de Akari y en cómo la ilusionista había tenido interés en su chico de ojos dorados. No la quería, pero algo le impedía odiarla completamente. Noire Moon era una fuente de vida, una luz cuando su contraparte, Renge Gorgon, no se entrometía. Pero ahora parecía ser que la luz estaba por extinguirse. El chico pareció dejar eso en el olvido —. Era atractiva —mencionó el técnico muy serio, aquello hizo reír a Kasumi quien se interpuso en su camino y señaló sus ojos carmesí, por un momento un resplandor algo demoníaco los recorrió.
—No olvides que es una Saitō —le aconsejó, el chico por un momento casi se ahogó en la laguna rojiza de los ojos de su arma —. Un alma fragmentada, una bruja camaleón y... —el brillo demoníaco apareció de nuevo en sus orbes carmesí.
—Un súcubo —murmuró el joven, parecía algo aturdido. La joven guadaña sonrió para sí, era ligeramente divertido ver que aquello seguía funcionando en el castaño.
Kasumi siguió caminando e inevitablemente Hiroshi siguió el suave movimiento de sus caderas y su largo cabello agitándose tras ella con el ritmo de su andar antes de volver a la realidad y correr tras ella finguiendo estar molesto, sus mejillas habían adquirido un color casi imperceptible.
—Es adorable cuando los chicos se sonrojan —comentó la joven mientras miraba distraída un mechón de su cabello que sostenía entre sus dedos. El técnico se sobresaltó y suspiró con pesadez, escuchó que Kasumi reía, pero de repente se tornó seria —. Si dejas que Noire tenga demasiado efecto en ti, cuando entres a su mundo te será muy difícil salir. Te ahogarás.
El muchacho pensó que en realidad, el efecto no parecía demasiado diferente del que tenía Kasumi en él. Porque más de cinco años atrás ya había quedado atascado en el mundo del Demonio de Rubí y si no se había ahogado en ese entonces, estaba por hacerlo. Tal vez hubiese cometido un error regresando o quizás era el dios de la muerte quien se había equivocado al pedirle regresar.
—Me ahogarás —pensó el joven de ojos verdes en voz alta. Su compañera se detuvo de golpe y bajó la mirada buscando ocultar el miedo en sus ojos.
—Ha pasado mucho tiempo, estúpido chico generoso —la escuchó murmurar, el chico buscó en vano su mirada, pues el cabello le cubría los ojos. Supo entonces a qué se refería, al fin y al cabo, la chica no era nada tonta.
—Los Saitō siempre tuvieron ese tipo de efectos en las personas —dijo al aire, miró el Sol que lucía realmente somnoliento —. No has sido la excepción. Kasumi, tratar de contener algo como la niebla es complicado —añadió, la muchacha no comprendió —. Algún día te escaparás de ese chico por entre sus dedos... o te obligarán a soltarte de su agarre.
—¿De qué demonios estás hablando? —la escuchó preguntar, notó que había levantado la mirada, las lágrimas amenazaban con escurrir por sus mejillas.
—Nos has estado ahogando a ambos, inconscientemente —dijo sin pensar. Al instante sintió la mano de la chica impactar contra su mejilla, estaba furiosa y el ardor en su piel se hizo presente. Las personas que pasaban por allí los miraban extrañados.
—No he estado ahogando a Kid —murmuró la joven, la ira se sentía en cada una de sus palabras —. ¿Crees acaso que un Shinigami sería aplastado por una simple alma fragmentada? ¿Un alma hecha pedazos? —las lágrimas opacaron su visión y pronto escurrieron por sus mejillas enrojecidas de enojo. El técnico la miraba perplejo, se preparó para las palabras que podría escuchar a continuación —. Las almas destrozadas sólo ahogan a los débiles, los ahogan porque se originaron por sentimientos fuertes, aplastantes y se desarrollan de esa forma. No eras fuerte hace seis años, no lo serás ahora; todo porque no has cambiado esos sentimientos que solías tener y que te han vuelto débil pues no tuvieron frutos —la muchacha escupía las palabras como veneno y, extrañamente el castaño empezaba a enfadarse también.
—No necesito escuchar esto —contestó, sus ojos estaban perdidos en un lugar lejano —. No necesito que un alma hecha pedazos me diga si soy débil o no —lanzó la frase como una daga impregnada con veneno. Se volteó y caminó de regreso a los bosques. Escuchó que la chica ahogó una especie de sollozo.
Sus almas estaban resonando de una forma extraña, pero constante y estable. Aquella resonancia... la unión del conflicto, esa siempre había sido su fuerza, el tomar poder de la ira que se desataba en ellos.
—¡No tuviste el valor para enfrentar lo que sentías y aun así no lo olvidaste! —chilló la muchacha, se lanzó contra su técnico, iba a embestirlo por la espalda pero el joven la esquivó y la chica casi terminó en el suelo. No lo miró, un sonido metálico fue audible, la joven guadaña tenía los dedos transformados en cuchillas —. Y ahora vienes a creer que, como tú, Kid está siendo arrastrado al inevitable destino de no ser capaz de escapar del impacto que haya podido tener mi existencia.
—¡¿Qué se supone que iba a enfrentar?! —gritó el técnico, parecía desesperado, sentía que regresaba seis años atrás en el tiempo — ¡No había nada que yo pudiese hacer! —el chico siguió su camino, pronto seguido de Kasumi estuvieron de regreso en el bosque donde entrenaron durante el día.
—¿Nada? —escupió la guardiana del piano.
—¡Maldita sea, hablas como si creyeras que hubiese podido ocurrir algo bueno! ¡No era como si de repente fueses a pensar en mí de una forma diferente además de sólo ser el pobre desdichado que debía cargar contigo matando demonios!
—¡¿Entonces por qué regresaste?! —le gritó su arma casi a modo de regaño — ¡Si todavía tienes miedo de lo que sientes deberías haberte quedado fuera de este lugar! ¡Lejos de mí! ¡Lejos de tus estúpidas emociones! —chilló la muchacha, clavó sus dedos transformados en cuchillas en un árbol cercano y una oscura onda se desprendió de ellos, una profunda herida apareció en el tronco del árbol. Tinieblas.
—¡Ya no tengo miedo de quererte, entiende eso, Saitō! —contestó el joven. La muchacha detuvo su enojo en seco, ella tenía miedo ahora... de verdad que lo tenía. Sus almas seguían su resonancia, poderosa, chocante, destructiva. El esmeralda chocó con el rubí, se miraban sin saber realmente cómo continuar.
—Es por eso que has vuelto entonces... —murmuró, en su mente hicieron eco las notas de una triste melodía de piano. Su corazón latía demasiado rápido, estaba nerviosa, asustada. Su mente se confundía.
—Aunque sea así, no hay espacio para mí en tu reducido mundo, nunca lo hubo porque todo el espacio lo tomó el hijo del Shinigami desde que te trajo aquí —contestó el muchacho, apretó los puños y suspiró tratando de calmarse —. Si escuchas el piano, sería buen momento para que te convirtieras en esa maldita guadaña gigante que eres.
La chica suspiró y sin decir una sola palabra se materializó en las manos de su técnico. El chico blandió la monstruosa arma como si fuese lo más sencillo del mundo.
—Resonancia de almas —dijo el joven con voz firme. De la hoja de la guadaña empezó a desprender un brillo azulado y la triste tonada de piano fue completamente audible para ambos. El brillo de la guadaña se intensificó y, como de costumbre, aumentó de tamaño. Una gigantesca hoja de un azul traslúcido reposaba en el hombro izquierdo del joven, el Cazador de Brujas. Diferente del que creaba Akari aquel parecía tener una energía más oscura, tenía extrañas curvaturas en la zona donde la hoja era sostenida por el mango. El ojo izquierdo del muchacho se tornó rojizo, como si el verde natural de su mirada se mezclara con el carmesí de los ojos de su compañera. Esa era la resonancia perfecta, que debido a la fragmentación en el alma de la guardiana del piano amenazaba con tragar parte del alma de su técnico al lograr tal nivel.
El muchacho blandió la gran guadaña con una sola mano como si pesara lo mismo que una pluma y con el primer movimiento, una destructiva oscura onda expansiva acabó con los árboles unos metros a la redonda, ataque muy similar a las Tinieblas usadas por la guardiana del piano en situaciones extremas. El segundo movimiento dividió el suelo frente a ellos con una profunda herida. El muchacho estuvo por continuar aquella resonancia pero lo pensó mejor y momentos después la hoja traslúcida se fragmentó en diminutas luces; luego lanzó su arma al aire la cual se clavó en el suelo unos metros más allá.
—La próxima vez que hables de mi debilidad, recuerda que sólo conmigo has podido resonar de esta forma —dijo el muchacho, la joven guadaña volvió a su forma humana y chasqueó la lengua —. Es probable que no hayas ahogado a tu chico Shinigami, pero si vas a juzgarme como si fuese débil con tu actitud de mierda, eso de ahogarme debido a ti estará fuera de mis planes aunque sea difícil.
—De acuerdo, Hiroshi —contestó la muchacha, pasó junto a él y le dio un empujón, continuó caminando y sintió la mirada del joven en ella —. Podrías haber logrado un Cazador de Demonios, ¿no es así?
—Creo que sí —respondió el chico sin demasiados ánimos.
—Deberías contarle a Shinigami-sama —comentó Kasumi sin darse cuenta de la manera en qué se había referido al chico de cabello rayado.
—¿Por?
—Te debe haber llamado para algo más que simplemente hacerme compañía. Si le cuentas que estuviste por lograr un Cazador de Demonios, se debería sentir más tranquilo sobre lo que sea que esté planeando, ¿no crees?
El joven de ojos verdes lo pensó un rato, de repente la idea de hablar con Death the Kid no le pareció para nada cómoda.
Kasumi sentía como si estuviese retrocediendo en el tiempo, aquel tiempo en que su agresividad era difícil de controlar y Hiroshi muchas veces era un detonante. Aún así su resonancia era impresionante, brutalmente destructiva porque despertaba el lado violento del joven de ojos verdes... siempre había sido así. Hiroshi Shimizu y Akari Inoue... dos personas que despertaban lados opuestos de la guardiana del piano, la segunda había muerto y el primero... tal vez lo haría también o quizás el poder destructivo de ambos lograse mantenerlo con vida. Seis años después se habían visto obligados a resucitar su relación técnico-arma, la relación más problemática y fuerte de sus vidas.
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En un pequeño poblado un grito rompió el silencio de la mañana. En una de las diminutas casas del lugar, una extraña bruja con escamas en el rostro sostenía por el cuello a un muchacho de tez morena.
—Ha estado aquí Shabriri, ¿no es así? —interrogó la bruja camaleón. El muchacho se retorció tratando de soltarse, pero la joven bruja tenía una fuerza sobrehumana. Negó con la cabeza desesperado, la realidad era que ni siquiera entendía el idioma de la ilusionista.
—Láquesis Shabriri —dijo Renge, entonces pensó en usar sus ilusiones. Tras ella apareció una pared de llamas verdes y azules, como la gran cola de pavo real de la rubia. El joven estuvo por gritar nuevamente, pero el Loto Mortal aumentó la fuerza del agarre en torno a su cuello, luego lo soltó, el chico cayó al suelo pero siguió mirando horrorizado las llamas verdes tras la bruja camaleón. Parecía que murmuraba algo en su lengua nativa.
Renge se colocó el dedo índice sobre los labios, indicándole que debía callarse.
—¿Dónde? —preguntó, aunque sabía que el chico no iba a entenderle. A pesar de la diferencia de idiomas, el pobre muchacho aterrado señaló con un dedo tembloroso hacia la puerta abierta, se divisaban unas montañas, un árbol enorme sobresalía entre la espesura de la jungla.
La gran cola de pavo real se extinguió de repente y Renge se retiró sin hacerle daño al joven, quien se arrastró hacia un rincón y, mientras temblores esporádicos recorrían su cuerpo, lloró amargamente. En el rincón contrario, tres cuerpos yacían rodeados por un charco de sangre; sus padres y su hermano menor, de los ojos de todos goteaba el líquido rojo. Láquesis Shabriri había hecho de las suyas.
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En la Death Room
—¿Saben algo del paradero de Láquesis? —interrogó el joven dios de la muerte, frente a él se hallaban los Death Scythes, Stein y Maka. Todos negaron con la cabeza.
—No he podido ubicar su rastro de ninguna forma —justificó Azusa mientras se acomodaba los anteojos.
—De momento sólo podemos esperar que decida actuar —añadió Maka.
—No hemos logrado ubicarla ni siquiera con las redes de Arachne —explicó el albino, tenía las manos en los bolsillos de los pantalones, al igual que su compañera lucía más maduro y, gracias a que Asura estaba sellado, podía estar más tranquilo respecto al asunto de la sangre negra.
—¿Cuál es el plan, Shinigami-sama? —interrogó Marie, lucía algo apurada. Después de todo, aquella reunión había sido repentina y tenía que volver pronto a casa, Tsubaki se había ofrecido hoy a cuidar de su hijo pero ya era algo tarde, no deseaba incomodar a la muchacha.
—Mabaa-sama ha dicho que tampoco sabe de su ubicación. Como ha dicho Maka, no tenemos otra opción que esperar a que actúe —contestó, parecía inconforme —. Sigan tratando de localizarla en la medida de lo posible, cualquier avance ayudará.
—De acuerdo —respondieron todos al unísono.
—Pueden retirarse. Gracias por venir —habló el muchacho de ojos dorados. Todos se retiraron de la Death Room, Maka y Soul levantaron la mano en señal de despedida, el joven Shinigami sonrió pero la sonrisa de su rostro desapareció casi de inmediato. Todavía recordaba aquella punzada de un extraño sentimiento que había sentido cuando, hace una semana, Kasumi había defendido a su técnico y dicho que estaría donde fuese que él estuviese.
El joven suspiró con pesadez y miró el espejo con cierta nostalgia; su padre sabría qué hacer ahora, la verdad era que aún era inexperto, apenas un novato en eso de ser un Shinigami completo.
Era tarde ya, todo parecía estar bajo control. La aparición de huevos de kishin era controlada por los estudiantes y no había realmente ningún gran peligro, excepto la necesidad de hallar el piano demoníaco pero parecía haberse evaporado de la faz de la Tierra. El joven dios de la muerte estuvo por retirarse de la Death Room cuando, tras él, el espejo emitió una suave brillo y alguien apareció en él.
—¿Kasumi? —preguntó al distinguir el débil brillo rojizo de unos ojos.
—Ah, lo siento —contestó, entonces distinguió su voz. La chica pareció levantarse y luego encendió la luz, estaba ya en su apartamento. El joven Shinigami se sobresaltó un poco al ver las sombras oscuras que empezaban a aparecer bajo los ojos de la muchacha y también al ver que sus ojos parecían algo enrojecidos, como si hubiese llorado. Tenía su largo cabello negro atado en una cola de caballo, aún así algo caía a los lados de su rostro y sobre su frente.
—¿Qué pasó? —su voz tenía un tono de preocupación.
—Nada —se apresuró a contestar ella —. Sólo estoy algo cansada, es todo —la guardiana del piano le dedicó una sonrisa tranquila, pero no pudo ocultar el aire triste que había en ella.
—De acuerdo, si no quieres hablar de ello está bien —habló el joven sin darle demasiada importancia, así era ella.
— ¿Estarás libre? —la escuchó preguntar y observó que en sus ojos había cierta ilusión casi infantil al esperar la respuesta.
—Estaba por irme a casa —contestó mientras una risa escapaba de su boca. Notó que la muchacha pareció dar un salto en su lugar, parte del cansancio en su miraba desapareció.
—¿Podemos vernos? —añadió Kasumi con una sonrisa en el rostro. El muchacho de ojos dorados asintió con la cabeza.
—Voy para allá —comentó, entonces la chica pareció ponerse tan blanca como un papel.
—¿V-vas a venir? —interrogó, su voz había temblado.
—Eso dije —se justificó tranquilo, la verdad nunca había ido él, pero con la mala cara que tenía la chica antes... eso de que saliera de casa no le parecía la mejor idea del mundo.
Escuchó que la guardiana del piano masculló una maldición, el pequeño espejo que había usado para llamar a la Death Room cayó al suelo y se rompió, causando que la imagen se tornara oscura.
El muchacho de ojos dorados se encogió de hombros y se retiró de la Death Room con las manos en los bolsillos de los pantalones, pronto estuvo caminando por las calles de Death City, rumbo al apartamento de la muchacha de ojos carmesí.
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En otra zona de Death City
Hiroshi estaba en el pequeño apartamento que había logrado pagar, era más que suficiente. Después de todo iba a vivir solo.
La discusión con su compañera le había quitado el buen ánimo que tenía. El muchacho se dirigió a la refrigeradora, la abrió y contempló su interior un rato. Finalmente suspiró con pesadez tomó una lata que había en el fondo, una cerveza que había comprado sin motivo alguno y llevaba allí varios días. Se dirigió a su habitación, cerró la puerta y se recostó en la cama.
Encendió la televisión, dejó un programa al azar y sin demasiado interés abrió la lata de cerveza, le dio un trago. Una expresión de asco apareció en su rostro por un momento.
—Kasumi siempre fue un dolor en el culo —murmuró, le dio otro trago a la bebida, preguntándose por qué había comprado aquello si realmente el sabor de la cerveza nunca le agradó demasiado. Miró hacia la puerta; un uniforme de Spartoi colgaba tras ella... se le había entregado antes de la misión en Tikal pero se había negado a usarlo. Sus orbes esmeralda se quedaron clavados en las prendas y suspiró —. Y aún así me lié con ella, debo estar demente —el joven se frotó los párpados cansado, bebió lo que quedaba de la bebida en un solo trago y dejó la lata en el suelo. Ahogado, así era como estaba... aunque quisiera demostrarle lo contrario a la muchacha ahora porque lo había sacado de sus cabales.
Estaba más ahogado que nunca y con esa sensación de ahogamiento empezó a quedarse dormido, hasta que fue tragado por pesadillas. Un zorro blanco como la nieve era el protagonista de sus horribles sueños... Akari Inoue; el brillo de sus ojos grisáceos y la silueta de las marcas del clan Eien lo persiguieron hasta el amanecer, una voz distante repetía una y otra ver las mismas palabras.
"Las consecuencias de la rotura del vínculo pueden ser fatales; desde la muerte del guardián, la desaparición y muerte del Instrumento junto a su guardián; hasta la muerte de quienes trataron de romper el vínculo. Aún así, hay una consecuencia que siempre se trató de ocultar, el rompimiento de la conexión puede dar por finalizada la fragmentación en las almas de los guardianes, provocando que el fragmento más poderoso de sus almas domine y enloquezca. Es entonces que aparecen seres poderosos, letales, que rompen el orden que el Shinigami trataba de proteger... brujas, inmortales y, en el peor de los casos, dioses demonio comparables a Asura".
Fin del capítulo veinte.
