Y bueno, aquí estamos con nueva actualización.


Al iniciar la música se puede observar la fachada iluminada de la Mansión Gekkou, entonces se observa el cielo donde la luna ríe sin descanso, la sangre escurre por sus dientes. Un instante después aparece el logo de Soul Eater: Noire Moon.

Donten no daitoshi ni miminari gapachiri

La Mansión Gekkou vuelve a aparecer, esta vez deteriorada por el paso del tiempo, las nubes cubren el sol.

Negatta ri sata oboe nado naikedo

Kasumi sale por la puerta principal, el cabello cubre parte de su rostro únicamente se puede observar su ojo izquierdo que parece opaco.

Daiji hen konton no tateyakusha ensha, kioku tosa hata meiwaku no keishou

La imagen de Kasumi desaparece, dejando ver a Shinigami-sama en su apariencia antigua y a Eibon, parecen planear algo. Posteriormente entre ambos antiguos flota un instrumento, un violín.

Yogore teshimatta sekai de yama nai ame niwa rattari

Las imágenes anteriores desaparecen también, esta vez se puede apreciar Shibusen, en sus interminables escaleras hay una persona sentada mirando al cielo, es Kasumi nuevamente, en su rostro se forma una sonrisa demente.

Hai ni kawa tta sekai de tashika yuugen o yumemi tanda

La imagen se aleja hasta verse Death City desde sus afueras, una extraña bruja de ojos púrpura observa la ciudad, su rostro parece cansado y sus ropas están manchadas de negro.

Ankaa wa hashiru katsumatsu e to owari nishiyouka kokoradesa

Akari aparece en escena, parece estar en un extraño bosque; el viento agita su blanco cabello. De repente la imagen se torna negra y fugazmente es recorrida por cuatro colas de zorro de color blanco también.

Tatta ichido no iregyura shounen wa kanzen o ka banda

Lentamente se enfoca la copa del árbol de cerezo, el viento hace que los pétalos de las flores caigan, luego la imagen parece alejarse y se puede ver a Kid y Kasumi sentados bajo la sombra del árbol, están tomados de la mano.

Kiseki mo nanimo nai sekai de buraun kan no yume o mire tanara nante suteki na koto deshou

El joven Shinigami parece estar hablando, sus ojos brillan con ilusión, luce contento. La chica a su lado ríe de vez en cuando y escucha con atención. De repente la imagen se fragmenta como un vidrio roto y se torna oscura.

Kami wa ima hyouteki to naru

En los fragmentos de la imagen anterior aparece Medusa del lado derecho superior y Aiko del lado izquierdo, en la parte inferior aparecen Chrona con un semblante serio quien sostiene a Ragnarok que cruza parte de la imagen, y Noire Moon con sus ojos de su color real, en su rostro se forma una sonrisa enorme, llena de locura.


Capítulo veinticuatro: Generosidad vestida de traición.

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Hiroshi siempre había sido un estúpido pero ahora había cruzado todos los límites con esa maldita confesión infantil en un momento como ese. Había hecho que su plan perdiera fuerza y que tuviera la necesidad de huir como una idiota.

Había oscurecido, luego de su desesperada huida la muchacha realmente no quería volver a casa, caminó por la ya dormida ciudad hasta que llegó, como en otras oportunidades, al árbol de cerezo. Volvió a sentarse a su sombra, apoyada en el tronco, como había hecho años atrás antes de irse de Death City.

—Veo que sigues viniendo aquí cuando se te antoja huir de cualquier cosa.

La muchacha reconoció aquella voz de inmediato, a pesar de haberlo estando evitando por días. Su corazón pareció detenerse y quiso salir huyendo de allí también, pero la verdad es que ya estaba harta de toda esa mierda, permaneció donde estaba, se limitó a bajar la mirada haciendo que el cabello cayera sobre su rostro.

—Hola, Kid —murmuró casi para sí misma.

—¿Piensas irte pronto o algo por el estilo? —la atajó él. La conocía con ridícula precisión, después de todo habían pasado años juntos. Notó como la joven guadaña negaba con la cabeza.

—Solo no quería volver a casa —seguía negándose a mirarlo.

—Estabas con Hiroshi, ¿no?

—Sí, tuve una idea estúpida y quise comentársela —admitió, no tenía caso ocultar eso pues era la verdad. Esperó que realmente no le preguntara sobre los rumores en aquel momento, no fue así, pero abordó el tema con más tacto del que esperaba.

—Lamento haberle pedido que viniera sin consultarlo primero contigo —confesó el joven, mientras se sentaba junto a ella, fue entonces que la chica se atrevió a mirarlo, pero él mantenía la vista al frente. A pesar de la rabia que había sentido días atrás, hasta el punto de emanar locura en su onda de alma, ahora realmente no le apetecía discutir —. Debí respetar las razones que tuvieras para no querer que permaneciera contigo, a pesar de la resonancia que son capaces de lograr después de todo… sin el poder de una Death Scythe es poco probable que puedan acabar por sí mismos con Noire Moon. Si era necesario que tuvieras un compañero, incluso Maka podría haber sido tu técnico en caso de emergencia, yo mismo podría haberlo hecho… aunque sabes que prefiero otro tipo de armas, o simplemente conseguirte a un técnico diferente.

—No quería que muriera, eso es todo. Tampoco quería hacerle daño a nadie, pero principalmente no quería que muriera —añadió ella, suspiró con pesadez, volviendo a mirar al frente —. Sabes que puedo por mi cuenta, no quisiera que Maka tuviese que ser mi técnico ni en caso de emergencia, para eso tiene a Soul, tú tienes a Liz y Patty, y sabes que no quiero un nuevo compañero.

—Era mi única opción viable, tu alma se niega a adaptarse a otros y lo sabes, además era el único con el nivel suficiente para pertenecer a Spartoi.

—¿Pertenece a Spartoi?

—¿No te lo dijo? Sé que sigue sin usar el uniforme, pero imaginé que te lo diría. Lo promoví y acepté en Spartoi porque sé que es un técnico excelente, sobre todo si se trata de ti… —explicó él, suspirando con cierto hartazgo —. Siempre fue muy hábil para su edad, pero también algo imprudente en su forma de actuar.

—Kid —lo llamó ella, el muchacho al fin la miró, sus miradas chocaron —. Entiendo si prefieres no volver a verme, ¿sabes? Entiendo si me odias, si lo odias a él o lo que sea. Si me preguntas, no estoy orgullosa de lo que hice y sé que eso no lo arregla, pero lo menos que mereces es escucharlo —se explicó evadiendo los ojos ámbar del muchacho.

—No te odio —lo escuchó murmurar, aunque a ella no le pareció muy convencido —. Te dije que era un riesgo que debía tomar… sabía lo que podía pasar.

—Él… él actuó completamente diferente, Kid, Hiroshi es un estúpido, demasiado amable y quizás excesivamente cariñoso. Era como si fuese una persona completamente diferente y cuando llegué tenía una pinta fatal.

—¿Por qué fuiste, Kasumi? —no necesitaba tantos detalles, sentía que se le atoraban en la garganta.

—Encontré su violín en el libro y quise saber si de verdad había sido un guardián, además… como dijiste que sobrevivió a la separación pensé que quizás podría hacerle algunas preguntas —respondió ella sin muchas vueltas —. Quería saber si romper el vínculo era doloroso.

—Imagino que respondió a tus preguntas —añadió con cierto desdén el joven, notó que la chica asentía.

Kasumi recordó el encuentro desastroso con su técnico hace un rato, recordó sus palabras, dijo que la kitsune no lo perdonaría si dejaba que muriese y que se lo recordaría toda la vida, en ese momento fue como si una bombilla se encendiese en su mente.

—Kid… Hiroshi está siendo visitado por Akari —dijo casi en un susurro, él la volteó a ver incrédulo, ella no debería de haber deducido tal cosa aún. La muchacha se levantó de golpe y haciendo gestos con las manos habló atropelladamente —. Él tiene está maldita habilidad de poder comunicarse con entidades, con almas que los Shinigami no lograron recuperar, tienden a buscarlo para completar cosas que dejaron a la hora de su muerte.

—Te seré sincero —la interrumpió el dios de la muerte, tenía los brazos apoyados en las rodillas y levantó la mirada hacia la muchacha. La joven paró en seco hipnotizada por los ojos dorados del chico, en ese momento un nudo se formó en su garganta, deseaba llorar porque amaba al Shinigami y había cometido un error terrible. El muchacho notó que la chica estaba al borde del llanto —. No llores. Necesito que escuches. No fui yo quien contactó con Hiroshi, sí fui yo quien le pidió que viniese pero él fue el primero en contactarme… dijo que un kitsune lo estaba visitando, que parecía querer darle un mensaje sobre ti. Supe que era Akari, la describió como una entidad amable aunque no demostraba realmente ningún sentimiento concreto.

—Está enojada, eso de seguro. Por eso él lleva esa pinta horrible desde hace días —la muchacha había logrado deshacer el nudo de su garganta por un momento, pero la expresión de estar cerca al llanto no desapareció de su rostro.

—Si lo que dices es cierto, entonces como temí, el alma de Akari se contaminó con la locura de Noire Moon. Estaba débil… su alma absorbió con facilidad esa energía y la conservó, ahora la está desatando con él, al creer que no será capaz de llevar a cabo la tarea que le encomendó. Lo amenaza.

—Ella no haría eso.

—Influenciada por la locura, sí. Lo preocupante es que está infectando a Hiroshi y él te infecta a ti —suspiró cansado, aquello era peor de lo planeado —. No debí pedirle que viniera.

—¿Por qué lo hiciste?

—Ella quería que tuvieras un compañero, alguien en quien pudieras confiar que pudiese velar por ti… cuando me lo dijo supe que él era el único candidato. Se negó, ¿sabes? No quería, porque fuiste tú quien lo apartó por buenos motivos pero al final algo hizo que tomara la decisión de hacerlo, una especie de instinto protector repentino. El problema es que en ese momento la manifestación de Akari no era agresiva y ella no sabía el tipo de resonancia que ustedes eran capaces de alcanzar —el joven Shinigami parecía decepcionado de sí mismo por las decisiones que había tomado. Kasumi lo observaba y entonces fue cuando ella se sintió decepcionada de sí misma, se acercó y antes de permitir que reaccionara estaba arrodillada en el suelo, apoyada en su regazo, envolviéndolo en un abrazo. El nudo en su garganta volvió a formarse y a deshacerse pero esta vez en forma de llanto.

El dios de la muerte estuvo a punto de apartarla, no se sentía en condiciones de estar tan cerca de ella teniendo en cuenta lo que había pasado pero notó que lloraba en silencio, era el abrazo más inocente y desinteresado que le daba en mucho tiempo, a pesar de lo unidos que estaban sus cuerpos. Una oleada de afecto por la chica surgió en él, tan repentina e inoportuna que sintió las lágrimas arder tras sus ojos.

—Gracias a ella te tengo aquí —la escuchó murmurar, luego la chica guadaña colocó sus manos en sus mejillas y lo miró directo a los ojos, las lágrimas escurrían por su rostro acentuando sus ojeras y causando que el cabello se adhiriera a sus mejillas —. Fui una estúpida, lo fui porque hice que su sacrificio fuese en vano. Perdóname, por lo que más quieras, perdóname y que Akari me perdone también, porque lancé su vida por la cañería —un sollozo brotó de su boca poco después de que le hubiese estampado un beso en la frente.

Aquel acto pareció dejar en trance al muchacho, de repente había pensado en su padre, en lo que había dado por proteger a esa chica que podía resultar un arma letal. ¿Qué derecho tenía él para despreciar lo que parecía una disculpa genuina en nombre de la que se había sacrificado para mantenerlo con vida? ¿Quién era él para deshacer el trabajo que había hecho su padre destrozando lo que quedaba del vínculo entre ambos? Había muchas cosas que solucionar, ni siquiera sabía si tenían arreglo pero se sentía dispuesto a tomar el riesgo, incluso si luego todo le explotaba en la cara.

Ahora fue él quien le dio un beso en la frente para luego dejar que lo envolviese de nuevo en ese abrazo que le resultaba de repente tan cálido en medio de la helada noche. Pensó en cómo años atrás había querido protegerlo de Aiko y en cómo ahora parecía querer protegerlo de la brisa fría. Sintió como la muchacha lo apretaba suavemente contra su pecho al tiempo que apoyaba el mentón en su cabeza. No sabía bien qué decirle, pero de repente sentía más que nunca la ausencia de su padre y fue consciente nuevamente de los sentimientos exageradamente humanos que poseía, lo extrañaba.

—Extraño a mi padre —confesó. Aquello tomó a Kasumi por sorpresa, pero más que la confesión la sorprendió notar la calidez de las lágrimas humedeciendo su blusa. Nunca lo había visto llorar, de todas las reacciones humanas que tenía aquella era una que creyó que carecía, pero no. Habían pasado los años y como ella él todavía extrañaba a quienes ya no volverían.

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El técnico de guadaña permanecía en su apartamento, ya pasada la noche no se atrevía a pegar ojo, temía que aquella kitsune le hiciera otra de sus visitas violentas. Usó su percepción de almas, ubicó con ridícula facilidad las almas de las personas que conocía, Maka, Soul, Black Star, Tsubaki, Blair, Spirit, Stein, Marie e incluso su hijo, a las hermanas Thompson y entonces dio de golpe con las almas de Death the Kid y Kasumi, fue como si le patearan el estómago.

Era un completo idiota, tanto él como la chica de su violín. Death the Kid era demasiado humano, sí, pero también tenía un sentido de la justicia y la redención parecido al del anterior dios de la muerte. Quién sabe si la perdonaría de verdad, pero era obvio que como mínimo iba darle el beneficio de la duda.

Había sido el peor error de su vida tomar la decisión de regresar. Estaba enfurecido, esa era la verdad, tenía que dejar de ser tan iluso.

El joven castaño no logró dormir, entre recuerdos y su creciente enojo. A la mañana siguiente tomó una ducha que logró despertarlo un poco del agotamiento que comenzaba a sentir e hizo lo que no había hecho desde su regreso a Death City, se colocó el uniforme de Spartoi.

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Kasumi caminaba por los bosques que rodeaban Death City, el sol rayaba con fuerza. Estaba en los alrededores de la tumba de su madre, lo sabía.

—Saitō —la llamó. La muchacha detuvo su andar, no volteó a verlo.

—Algunas personas dirían que me estás acosando, Shimizu —dijo en voz baja. Aquello hizo que al joven se le escapara una risa áspera. Ella le dirigió la mirada entonces, tenía peor aspecto que antes, las ojeras eran más notorias, sus ojos parecían opacos y su cabello estaba más largo y desordenado que el primer día que lo había visto de regreso, se acaba de colocar un cigarrillo entre los labios y acercaba el encendedor, eso fue lo que sorprendió más a la joven —. ¿Y desde cuándo fumas, idiota?

—Tampoco es que importe —respondió antes de dar una calada, para luego guardarse el encendedor en el bolsillo de los jeans.

—Veo que te atreviste a ponerte el uniforme que no me dijiste que tenías —soltó ella con cierto resentimiento, cruzando los brazos frente a su pecho.

—Veo que te atreviste a darle la cara a tu chico Shinigami luego de pasar por todo mi apartamento —lo dijo con tal desdén que realmente creyó que ella se echaría a llorar de rabia pero no fue así.

—¿Qué planeas ahora?

—¿No lo ves, Saitō? Hoy he decidido convertirme en un traidor —dio otra calada al cigarrillo, exhaló el humo casi en el rostro de la joven guadaña e hizo una reverencia exagerada —. Te convertiré en una Death Scythe ignorando la tregua estipulada con las brujas.

—Deja de hacer el ridículo —estaba cansada de él, primero decía una cosa luego otra y ahora actuaba como una persona completamente diferente.

—Hablo muy en serio —el técnico se incorporó, exhaló nuevamente el humo antes de continuar —. Teniendo en cuenta lo que eres, es casi como si no rompiéramos ninguna regla porque estableces las propias, falso Shinigami.

La mirada del antiguo guardián delataba que estaba rozando la locura, aquello no tranquilizaba a la joven, sabía que la kitsune podría estar involucrada. Además, no sabía realmente qué podría resultar de todo eso.

Hiroshi Shimizu se había hartado, sin necesidad de una visita de Inoue, iba a acabar con aquel asunto lo más rápido posible. Iba mantener su promesa de proteger a la copia de Shinigami para que esa maldita Doncella Zorro dejara de mortificarlo, pero también planeaba deshacerse de todos esos problemas para poder largarse y olvidar por fin a la Saitō menor, porque estaba completamente seguro de que nunca habría espacio para él en su pequeño mundo reducido al dios de la muerte, su compañera fallecida y su necesidad de venganza. Crearía la última Death Scythe y realmente no le importaba morir en el proceso.

—Tendremos que irnos —añadió ella, notó que el joven negó con la cabeza y lo miró extrañada.

—Podemos recuperar los huevos de kishin faltantes sin dejar Death City —explicó el joven —. La pregunta es, ¿cuál es el alma que deseas para convertirte en una guadaña mortal? —sabía la respuesta, no dudaba el nombre que saldría de los labios de su compañera.

—Noire Moon Saitō —lo dijo sin pizca de duda mientras le arrebataba el cigarrillo al muchacho y le daba ella una calada, para luego tirar la colilla y aplastarla. Estaba decidida a matar a su hermana, incluso cuando dijo que primero necesitaba el piano. Había alterado el orden de su plan pero su determinación no se vio disminuida. Necesitaba el poder de la magia del Loto Mortal para acabar con Láquesis Shabriri y lo sabía, quizás necesitaría ese poder para conservar la cordura de su técnico.

—Te espero en mi apartamento mañana en la tarde —la mirada iracunda que le dedicó la joven le hizo saber que lo había mal interpretado, bufó molesto —. Necesito conseguir cierta información, quizás tenga que acudir a Maka o directamente con el chico Shinigami, no sabré nada concreto hasta mañana. Para tu tranquilidad te diré lo siguiente, no volveré a ponerte una mano encima, excepto en tu forma de arma —lo último lo dijo de forma casi inaudible.

El técnico caminó de regreso a la ciudad y su arma continuó caminando por los bosques, pensando en que, de alguna forma, incluso si no volvía a cometer el mismo error, cuando tuviesen que ir en busca de Noire, estaría traicionando a Kid y haciendo que el sacrificio de Akari fuese en vano de nuevo.

Era un día verdaderamente caluroso, Hiroshi caminó hacia el apartamento de Soul y Maka con la sensación de que el cabello se le pegaba al cráneo. Tocó la puerta, quien abrió fue Blair que le dedicó una alegre sonrisa que correspondió como le fue posible.

—¡Pasa pasa, Hiroshi-kun! —lo invitó la gata mágica, iba tan provocativa como siempre —. Si buscas a Maka-chan está en la cocina —le indicó mientras salía y cerraba la puerta tras de sí, probablemente fuese al cabaret. El castaño se dirigió a la cocina, la muchacha estaba de espaldas preparando el almuerzo.

—Huele bien lo que preparas —comentó haciendo notar su presencia, la muchacha pareció sobresaltarse al oírlo y cuando se volteó para mirarlo se quedó muda unos segundos, tenía mal aspecto y aquello le preocupó. El joven no lo pasó por alto pero no hizo ningún comentario.

—Puedes quedarte y comer con nosotros si gustas —dijo al fin, dedicándole una sonrisa tal y como había hecho Blair —. Soul llegará en un rato.

—Me gustaría. Gracias —supo que la chica estaba resonando su alma con la suya, se sintió más tranquilo… las ondas anti-demoníacas estaban haciendo su efecto, poco a poco volvía a ser el mismo. Le agradecía no solo por la comida sino por la resonancia, realmente era una técnico muy hábil, como su madre.

—¿Cómo van las cosas con Kasumi? —preguntó ella tanteando el terreno, en el fondo estaba realmente molesta por aquello, no creía que Hiroshi fuera ese tipo de hombres y además Kid no era sólo el dios de la muerte, era su amigo. El muchacho chasqueó la lengua molesto, aquello le hizo algo de gracia a Maka, el tiempo la había hecho madurar incluso con ese tema y por el aspecto que tenía el técnico sabía que tampoco la estaba pasando especialmente bien —. Kid está molesto…

—Sí, bueno, no es el único —dijo de mala gana.

—Veo que llevas el uniforme de Spartoi —comentó la rubia dejando el tema de lado, era un asunto que debían solucionar ellos tres. El comentario pareció tomar al chico por sorpresa.

—Ah, sí… —estaba distraído, aquello le había recordado la conversación con su arma —. Él me promovió en cuanto regresé —explicó refiriéndose al joven Shinigami.

—¿Y por qué no lo usabas?

—No creí que realmente mereciera formar parte de la élite —dijo encogiéndose de hombros. Notó que la muchacha colocó a fuego bajo lo que estaba cocinando, una especie de estofado, para luego empezar a preparar algo de té.

—Con tu percepción de almas y demás habilidades, si hubieras permanecido en Shibusen, incluso como técnico de alguien más, el propio Shinigami- sama te habría promovido —esta vez Hiroshi se mantuvo en silencio, la chica esperó a que el té estuviese listo y lo llevó a la mesa junto con dos tazas, él la siguió y al ver que se sentó, lo hizo él también —. Y bien, ¿me dirás a qué viniste?

—Noire Moon Saitō —ahora fue él quien dijo ese nombre sin la menor duda, Maka suspiró mientras servía el té en las tazas y le alargaba una a él, quien le agradeció.

—¿Qué quieres saber de ella que no sepas ya?

—Realmente no sé nada de ella, además de que es hermana de Kasumi y que su alma está fragmentada en dos partes.

—Su longitud de onda es colosal, ya la sentiste en Tikal… pero es capaz de ocultarla incluso de mi percepción y la del propio Kid —dijo ella mirándolo a los ojos —. Soul Protect, uno de los mejores a decir verdad, pero también algo más… se camufla, emula la longitud de alma de otras personas con facilidad, cubre su magia y cubre su propia alma. Por eso es tan difícil encontrarla, sólo he podido dar con ella en dos oportunidades en las que camufló su alma con la de Kasumi.

—¿Y con las redes de Archne? —el joven se acercó la taza de té a los labios, de inmediato sintió el aroma a menta que desprendía, bebió un sorbo y como antes, se sintió profundamente agradecido con la técnico, el sabor de la menta siempre lo había tranquilizado. Notó que ella se encogió de hombros.

—Son inútiles si no sabes lo que estás buscando. Intenté ubicar su longitud de onda original, intenté buscarla como si fuese Kasumi, intenté pasar por encima de su camuflaje y detectar aunque fuese una leve señal de esa alma enorme que tiene y nada —ahora ella parecía sentirse decepcionada de sí misma, le dio un trago al té y suspiró con pesadez —. ¿Y tu percepción no sería capaz de ubicarla?

—Mi ratio es bastante limitado, a pesar de la precisión con la que percibo las almas, sus personalidades, emociones y cambios más mínimos por lo general no logro sentir nada más allá de Death City, aunque el Soul Protect ya no las protege como debería de todos los técnicos, no logro detectar una bruja que lo esté usando de no ser que esté en mis narices, conozca su alma con anterioridad o que de plano lo libere estando a mayor distancia.

—¿Y si resonaras con Soul? Ya sabes, para que puedas usar las redes —dijo ella sin pensarlo demasiado, aquella situación de Noire Moon empezaba a complicarse cada vez más.

—Es poco probable que logre sincronizarme a su frecuencia, mi alma no es precisamente adaptable y lo sabes, pero más que eso, dudo tener la fuerza para soportar el poder de una Death Scythe que yo no creé —la rubia se sintió estúpida por no haber pensado en eso antes —. Kasumi quería recuperar el piano para usarlo como a las redes…

—¿Es posible? —preguntó ella, el técnico se encogió de hombros de nuevo.

—Es su Instrumento, si dice que puede hacerlo, supongo que es así. Kasumi tiene la capacidad de ser un técnico, imagino que en ese caso el piano tomaría el lugar del arma, recibiendo y amplificando su frecuencia, si logro resonar con ella entonces, posiblemente logre usar mi percepción amplificada a través de ella y el piano, pero en realidad es solo una suposición —bebió lo que restaba del té y se sirvió otra taza, esperando por cualquier cosa que tuviese que decir la chica, de repente volvió a sentirse intranquilo y tuvo la terrible sensación de que aquella maldita Doncella Zorro lo acechaba y que estaba por abalanzarse sobre él. Maka había dejado de resonar su alma con la suya.

—¿Estás bien? —debió ver el miedo pasar por sus ojos o directamente lo había visto en su alma, porque parecía realmente preocupada —. Puedo seguir resonando contigo un rato más si lo necesitas…

—No —dijo de forma poco convincente —. Estoy bien, de verdad. Gracias, Maka. Una última pregunta… ¿crees poder enseñarle a Kasumi a usar sus ondas anti-demoníacas?

—Imagino que sí, si ella está de acuerdo —la chica se puso de pie y llevó lo restante del té y su taza al fregadero. Apenas volvió para sentarse de nuevo, Soul entró al apartamento. Hiroshi dio por zanjado el tema, cumpliendo con su palabra se quedó para el almuerzo con ellos, Maka le comentó la idea de que resonara con el castaño a Soul, quien se mostró dispuesto a intentarlo confiando en la fuerza del muchacho, pero este volvió a negarse. Llegada la tarde, el técnico del Demonio de Rubí decidió partir, tenía más cosas que hacer.

—¿Irás a casa ya? —preguntó Soul, bebía una taza de café negro que acababa de preparar para él y su compañera, ya que Hiroshi había negado la oferta, Maka los escuchaba desde el sofá, leyendo un libro.

—No. Iré a ver al Shinigami —dudó al decirlo, aquello hizo que la muchacha de ojos jade levantara la vista del libro y lo mirara como preguntándose si iba en serio —. Necesito preguntarle algunas cosas.

—Suerte con eso —dijeron arma y técnico al unísono.

—Gracias por recibirme hoy —murmuró casi para sí, hizo una leve reverencia y se dispuso a salir rumbo a Shibusen.

El sol rayaba con menos fuerza que por la mañana y corría una brisa fresca. Para cuando llegó a Shibusen empezó a pensar más que antes que aquella había sido la idea más estúpida que había podido tener, podía darse vuelta y volver a su apartamento, pero eso retrasaría el largarse de Death City.

Caminó por los largos pasillos del colegio hasta llegar a la Death Room, quizás el chico Shinigami ni siquiera estuviese y pudiese librarse de eso. Tocó a la puerta y de inmediato supo que no tenía esa suerte, la puerta se abrió. Luego de haber cruzado las puertas Torii vio a Death the Kid hablando con Spirit.

—Shimizu, ¿en qué puedo ayudarte? —el joven dios de la muerte había detenido su conversación y se había centrado en el técnico. Spirit parecía a punto de salir corriendo de allí, como si temiera que de repente explotase una bomba pues Kid había hablado con evidente desdén.

—Necesitaba hacerte algunas preguntas, si tienes el tiempo para responderlas —ahora mismo anhelaba la onda anti-demoníaca de Maka, estaba genuinamente alterado y sabía que tenía mucho que ver con la entidad que lo seguía.

—Imagino que sí —suspiró desganado, era la persona que menos deseaba ver, pero era su deber responder a lo que quisiera preguntarle; dirigió su mirada a Spirit —. Gracias, Spirit, puedes retirarte. ¿Podrías avisarle a Maka que cuando le sea posible me avise si ha logrado hacer algún avance?

—No ha logrado nada aún —comentó Hiroshi, Kid lo miró con cierta impaciencia —. Estuve con ella hace un rato.

—Bueno. Supongo que me retiro entonces, nos vemos luego, Shinigami-sama —se despidió Spirit, pronto estuvo fuera de la Death Room y se dirigió al cabaret, donde seguramente vería a Blair.

Dios de la muerte y técnico de guadaña se observaron en silencio durante casi un minuto, hasta que Hiroshi rompió el silencio de forma directa, como había hecho cuando Maka le preguntó qué quería.

—Noire Moon Saitō.

—¿Qué deseas saber sobre ella específicamente?

—La información que puedas darme —el joven pareció pensar algo un rato antes de continuar —. ¿Es capaz de imitar aunque sea un poco el alma de un Shinigami?

—No, es completamente incapaz, a pesar de su gran poder no heredó esa habilidad.

—¿Estás seguro?

—Sí —soltó con hartazgo —. Estuvo aquí dos años, su alma se fragmentó y aunque imagino que intentó imitar el alma de mi padre o la mía, nunca lo logró. Incluso si hubiese podido hacerlo, no creo que usara esa habilidad para ocultarse, sería demasiado descuidado de su parte.

—¿Qué tanto conoce el alma de Kasumi? —al mencionar el alma de la muchacha ambos se tensaron.

—Completamente. Recuerda que la vimos en Tikal, si ya de por sí conocía bastante su alma desde el incidente cerca de la Mansión Gekkou, ahora la conoce mejor y debe ser capaz de emularla casi perfectamente.

—¿Algún punto débil? —Hiroshi notó que el joven dios de la muerte se encogía de hombros.

—No realmente, al menos ninguno que nosotros conozcamos, después de todo tiene el alma fragmentada, fue criada por Medusa y tiene sangre negra corriendo por sus venas —Kid vio la sorpresa en los ojos del técnico de guadaña. Al parecer nadie se había dignado a mencionarle ese último detalle —. Sí, Shimizu, no es una Saitō cualquiera, no solo tiene habilidades innatas, también le enseñaron otro par de trucos bastante letales. ¿Algo más que desees?

El joven de ojos verdes permaneció en silencio por lo que le pareció una eternidad. Fue cuando Kid notó su mal aspecto, a pesar de que luego de haber estado con Maka y Soul se había repuesto un poco. De golpe recordó cuando lo había conocido por primera vez hace seis o siete años, nada lo hacía resaltar realmente y tampoco fue capaz de resonar su alma con otros, se negaba intentarlo siquiera en muchos casos. Era un muchacho delgado, sin mucho atractivo y mucho menos simetría, era excesivamente callado y hasta algo bajo para su edad, parecía desinteresado por lo que lo rodeaba, aunque podía llegar a ser excesivamente amable con algunas personas.

Ahora allí estaba, seguía sin tener un rastro de simetría, seguía siendo en muchos casos exageradamente callado, pero era más alto, tenía algo más de músculo y, más importante, tenía la fuerza para aceptar lidiar con una entidad con tal de cumplir su último deseo… aunque tuviera que enfrentarse a uno de los más grandes fantasmas de su pasado, aunque arriesgara su vida. Había sido siempre muy hábil, pero ahora mismo, con ese joven frente a él, que parecía al borde de un desmayo notó dos cosas… la fuerte presencia de una entidad agresiva, y que el alma de Hiroshi Shimizu era densa, comprimida, pesada, casi oscura. Era casi una cápsula… y si se deshiciera el recubrimiento, su potencial sería mucho mayor, su percepción de almas quizás sería capaz de pasar a través del Soul Protect y las ilusiones de Noire Moon. Poseía un alma fuerte, enorme en comparación a muchos otros anteriores a su generación, pero estaba limitada, posiblemente, por él mismo.

—Akari Inoue —soltó Hiroshi al fin. Los pensamientos de Kid se interrumpieron de golpe al escuchar ese nombre y a pesar de que deseaba acabar con esa entrevista pronto, suspiró con pesadez y se preparó para una larga charla, con la que ahora planeaba llegar al fondo de esa alma con actitud de agujero negro que tenía el anterior guardián.


Fin del capítulo veinticuatro.