He aquí el capitulo numero tres. Gracias a quienes comentaron en el capítulo anterior, me alegro de que les vaya gustando esto. Visto como va avanzando la cosa, tal vez sean seis capítulos en vez de cinco. Visto que este me quedo más largo que los anteriores y solo es la mitad de lo que tenia planeado.

En fin, espero que les guste.

3

En la sala común de Slytherin era todo festejo, todos parecían haber olvidado por el momento que Draco portaba la Marca Tenebrosa en su brazo izquierdo, y lo trataban como antes. Con respeto y admiración. En otra ocasión hasta se hubiese sentido orgulloso y contento de volver a recuperar algo de su estatus, pero en esa situación, le importaba en lo más mínimo.

Así que mientras Blaise le daba palmaditas en la espalda como forma de felicitación, Draco solo tenía cabeza para Harry Potter.

De solo pensar en la cara de pasmo que había puesto cuando vio la snitch arriba de su cabeza le daban ganas de reir. ¿Sabría él lo tontamente guapo que se veía con esa expresión? Era un nuevo descubrimiento para Draco a decir verdad.

Aunque en ese momento no le habían dado ganas de reir. Cuando Draco escuchó el débil aleteo se quedó estático, con una mirada de refilón pudo vislumbrar el destello dorado que tanto buscaba. Podría haber tomado la snitch en ese momento, ¿pero que valor tendría si Potter no lo veía hacerlo? Por alguna razón, Draco quería que lo viera, que supiera que a pesar de ser un ex-mortífago y haber tomado las peores decisiones que un adolescente mago podía tomar, no era un inútil del todo. Podía atrapar la snitch, podía estar a la altura del gran Elegido, y más que nada, podía ser merecedor de su atención.

No entendía de dónde habían salido todos esos anhelos, pero no se lo cuestiono mucho, en su lugar le gritó a Harry y este volteo a verlo. Los latidos de su corazón se aceleraron cuando sus ojos verdes se fijaron en él, y casi murió de desesperación cuando Potter se quedó quieto sobre su escoba sin moverse. La snitch se movería y él quedaría de nuevo como un estúpido. Entonces Potter avanzó, y la tensión de sus músculos aflojo un poco, solo pudo soltar el aire contenido cuando la bola dorada con alas estuvo encerrada en el puño de su mano.

Lo había hecho. Y Potter lo había presenciado. Definitivamente había valido la pena hechizar al bastardo de Harper porqué Potter se lo quedara mirando por tanto tiempo. Y cuando el idiota golpeador de Gryffindor descargó su frustración con la bludger que terminó derribando a Harry de su escoba, ni siquiera dudó un segundo antes de ir a su encuentro.

Fue extraño, pero no le habría importado estrecharse y romperse un par de huesos si eso hubiese asegurado la seguridad de Potter. Solo cuando logró aferrarse a la mano de este y detener su caída se sintió un verdadero triunfante.

—No me estas escuchando, ¿verdad? —la voz de Blaise lo trajo de nuevo a la realidad.

—Perdona, ¿qué decías?

—Decía que a pesar de tus súbitos cambios de humor, es bueno saber que la costumbre de ignorar a tus amigos todavía no se te ha ido —repitió el moreno con molestia.

Draco frunció el ceño.

—¿Como que cambios de humor?

—Hace solo dos días eras un prácticamente un inferi y ahora en cambio pareces un Hufflepuff hiperactivo.

—Tal vez tengas bipolaridad —intervino Theo con calma, tanto Blaise como Draco lo miraron confundidos—. Es una enfermedad muggle, se trata de la variación de ánimos.

Blaise hizo una mueca de asco, pero Draco pareció pensárselo.

—¿Dices que me contagie una enfermedad muggle?

Nott rodó los ojos.

—No se contagia, es algo mental —explicó.

Blaise bufo.

—No digas tonterías Theodore, Draco no tiene ninguna peste muggle —dijo el moreno, aunque se alejó un poco del rubio y lo miro con cautela—. Aunque si te concedo que algo debe andar mal en su cabeza como para salvarle el trasero a San Potter.

—¿Y que se supone que tenía que hacer? —protestó Draco—. ¿Dejar que se rompa el cráneo contra el suelo?

—Si —dijo Zabini, como si fuera ridiculo dudarlo—. En otra ocasión ni te lo hubieras cuestionado, ¿qué diablos te pico ahora?

Él negó con la cabeza.

—Las cosas cambiaron —dijo Draco—. Ya no somos niños, empiezo a pensar que me equivoque con él. Potter no es tan malo como pensamos.

Blaise lo miro como si se hubiese transformado en un Colacuerno Húngaro de repente, incluso el desinteresado de Nott había dejado su libro a un lado y lo examinaba con sus ojos claros de arriba a abajo.

—Estas bromeando, ¿verdad? —dijo el moreno con incredulidad.

—No, Blaise, no estoy bromeando —dijo Draco, con firmeza—. Nos libró de quién-tú-sabes, no estaríamos aquí si no fuera por él. No se tú, pero ese es más que suficiente motivo para replantearme que tal vez fuí un idiota y que tal vez deberíamos estarle agradecidos.

Dicho eso, se levantó y se dirigió a su cuarto, respirando agitado. Blaise miro hacia Theo anonadado, ni siquiera hizo falta que lo dijera.

—Sí —dijo Nott—. Eso fue extraño.


—No puedo creer que Malfoy haya evitado caída —repitió Ginny por décima vez, la mañana del domingo mientras desayunaban.

—Ya, deja de decirlo de esa forma —rezongo Ron—. Lo haces sonar como si él hubiera rescatado a Harry.

Ginny frunció el ceño.

—¿Y que no es eso lo que hizo?

—¡No! —dijo Ron, como si la idea fuera estupida—. Se trata de Malfoy, ¿lo olvidas? Solo estaba tratando de ridiculizarlo aún más por su victoria.

Harry, que hasta entonces no se había planteado esa opción, hundió con fuerza el tenedor en su tarta de melaza. Pues claro, ¿qué pensaba? Era Malfoy después de todo, eso sonaba como algo que él haría.

—No puedes asumir lo peor de él siempre, Ron —dijo Hermione, examinando el diario El Profeta—. Tal vez solo quiso ayudar a Harry y ya.

—Por favor, Hermione, no seas ingenua. ¿Cuando Malfoy quiso ayudar a Harry o a cualquiera de nosotros?

—En la Mansión Malfoy —dijo ella—. Podría haber delatado a Harry en ese momento.

Harry aflojo su agarre en el tenedor, pero Ron no pareció satisfecho con la respuesta.

—No fue suficiente, él estaba del lado de ellos.

—Cosa que fue peor para él, estoy segura que recibió más Cruciatus de los que tu y yo recibimos alguna vez.

Harry hizo una mueca, él tambien estaba seguro de eso. Le dio una mirada a Draco, que comía despreocupado su comida. Ahora estaba a salvo.

—Pues él se lo busco por...

—¿Podemos hablar de otra cosa? —interrumpió quizá con demasiada brusquedad lo que sea que fuera a decir Ron.

Su amigo lo miro extrañado, pero no dijo nada más. Del otro lado del Gran Comedor, en la mesa Slytherin, el rubio levantó sus ojos plata hacia él. Y le sonrío. Harry desvió la vista de inmediato. Ginny, quien había notado el intercambio, le sonrió pícaramente. Harry la fulmino con la mirada y decidió concentrarse en su tarta.

Pero por más que se prohibiera a sí mismo mirar a Malfoy, quitarlo a este de su cabeza era otra cosa. No entendía el comportamiento de este en el partido de quidditch, la única explicación lógica que le podía dar era la que Ron había mencionado; solo había buscado burlarse de él. Eso lo enfureció, de veras lo hizo. Y él que pensaba que toda esa estúpida rivalidad había acabado de una vez por todas.

No es como si quisiera que Malfoy volviera de nuevo a su apagado estado de ánimo de antes, ni que volviera a ignorarlo como hace poco había estado haciendo, pero estaba seguro de que esa no era el tipo de atención que quería recibir de él, no quería volver a ser su objetivo de burlas.

¡Pero qué dices!, le reprocho su conciencia. ¡Tu no quieres recibir ningun tipo de atención de parte de ese rubio presumido!

Pero al parecer Malfoy no pensaba lo mismo, porque cuando Harry iba a en camino a la biblioteca a hacer el aburrido y larguísimo ensayo que el profesor Binns había asignado, él estaba allí; apoyado contra la pared, con las manos en los bolsillos de sus elegantes pantalones y con la cabeza ligeramente inclinada de modo que mechones rubios caían sobre su frente. Cuando escucho los pasos de Harry, levantó la vista y su rostro se iluminó de tal modo que a él se le atasco el aire en los pulmones.

Maldito Malfoy.

—Buenas tardes, Potter —saludo, con el hoyuelo izquierdo pronunciandose.

Harry no supo si fueron las palabras de Ron, él recuerdo de su pálida mano sosteniendo la suya, el hecho de que estaba en todos los putos lados a donde fuese o el irritable y llamativo pozito que se formó en su mejilla pero en ese momento tuvo ganas de azotar a ese insufrible rubio contra la pared hasta que las ideas se le acomodaran a alguno de los dos.

En su lugar caminó hasta quedar frente a él y lo miro con rabia.

—Muy bien, Malfoy, basta de juegos. Dime qué diablos estás tramando.

Draco enarcó una ceja rubia.

—¿De que hablas? No estoy tramando nada.

—No me vengas con esa mierda —espetó Harry—. Hace tiempo que estas el acecho, sin mencionar lo del partido. ¿Qué fue eso de la snitch?

—¿Hablas de cuando la atrape? —dijo Malfoy con sorna—. Soy el buscador, Potter, es lo que se supone debo hacer.

Harry resistió las ganas de golpearlo en ese instante.

—Pero tú no podías atraparla y ya, ¿no? —le recrimino, sin poder evitarlo—. ¡Tenías que hacer toda esa jugarreta para ridiculizarme!

Las cejas de Malfoy se arrugaron, la sonrisa había desaparecido.

—Yo no estaba tratando de ridiculizarte.

—¿Ah, no? —dijo Harry con la voz cargada de sarcasmo—. ¿Entonces?

Malfoy se despegó la pared, y sus ojos plata lo miraron con tal intensidad que Harry tuvo que contener el impulso de desviar la mirada.

—Quería impresionarte, Potter. ¿No te has dado cuenta?

Harry se quedó de piedra por varios segundos. No se había esperado esa respuesta. Lo examinó, él parecía tan seguro de lo que acababa de decir que Harry se pregunto si no habia escuchado unas palabras totalmente distintas a las que el rubio había dicho en realidad.

—¿Impresionarme? —pregunto en un susurro.

—Si, Potter. Impresionarte.

Eso era por completo surrealista.

—Pero... —balbuceo, se aclaró la garganta y se recordó con quién estaba hablando—. ¡No juegues conmigo, Malfoy! ¿Por qué tú querrías impresionarme a mi? Me odias.

Draco se rió suavemente, negando con la cabeza. No lo hacía con burla, era casi como si lo conmoviera la actitud de Harry.

—¿En serio no te haces una idea del porqué? —le pregunto con voz ronca.

Harry dio un paso atrás, y bajo su túnica cerró el puño sobre su varita. La situación lo estaba sacando de sus casillas, había una horda de emociones pinchando como abejas en su interior y no sabia que hacer con ellas. Sólo sabía que Malfoy estaba provocando todo aquello y quería que se detuviera.

—Basta de juegos —repitió entre dientes—. Estas muy equivocado si piensas que me tragare toda esa mierda.

Draco avanzó el paso que Harry retrocedió, poniendo más de punta los nervios de este último.

—No son juegos, Potter —siseó Malfoy, como si quisiera que solo él escuchara—. Tal vez ya no te odio tanto.

Harry pasó saliva, desde allí podía oler la fina colonia del rubio. Todo en él siempre era impecable y exquisito... ¡Por Merlin, detente!

—Malfoy... —le advirtió con voz tensa, apretando el agarre en su varita.

Si Draco advirtió o no que Harry podría lanzarle una Imperdonable en cualquier momento, pareció ignorarlo.

—Tal vez —prosiguió el rubio— ya no te odio en lo absoluto.

El corazón de Harry no latia tan rápido desde la vez que tuvo que enfrentarse contra Voldemort. Tendría que estar Cruciando el culo de Malfoy en esos momentos pero era como si sus ojos plateados lo mantuvieran allí, atrapado, sin posibilidad de moverse o pensar con coherencia.

—¡Harry! —gritó una voz familiar. Este se separo de inmediato de Malfoy. No sabía si sentirse aliviado o irritado por la interrupción. Miro hacia Ron, que los miraba a ambos con extrañeza desde la entrada de la biblioteca, acompañado de Hermione—. ¿Vienes o no?

Saliendo de su aturdimiento, se dirigió junto a sus amigos, pero el provocante de dicho estado lo sujetó por la muñeca.

—Ven al lago a media noche —Malfoy le echó una mirada a Ron y a Hermione, que aún lo esperaban—. Solo.

Harry se soltó de su agarre.

—¿Para qué? —cuestiono brusco.

—Ya te lo dije, busco impresionarte —La comisura de su labio izquierdo se elevó, el hoyuelo volvió a aparecer—. Tal vez esta vez los resultados sean mejores.

—¿Te volviste demente, Malfoy? —Harry comenzaba a preguntarselo con seriedad.

—Vamos, será divertido —insistió el rubio, en tono juguetón, elevando una elegante ceja—. ¿O estás asustado, Potter?

—Ya quisieras —resopló Harry.

—Entonces ven —dijo Draco—. Te estare esperando.

Y dándole una última mirada de apreciación, se dio la vuelta y desapareció al doblar el pasillo. Harry esperó unos segundos para recuperar la compostura antes de ir con sus amigos.

—¿Qué te dijo? —pregunto Ron apenas llegó a su lado.

—Nada —respondió con indiferencia—. Solo estaba presumiendo.

Otra vez, Harry no estaba seguro de estar diciendo la verdad. Y aunque no lo quisiera admitir, en el fondo, esperaba que no fuera así.


Harry se sentía idiota mientras avanzaba por el helado suelo, tapado por la capa que lo resguardaba bastante del frío. Estaban entrando en invierno, y él estaba aliviado que la nieve apenas estuviera cayendo, de lo contrario tendría que estar borrando la huellas de su zapatos por si a alguien se le daba por mirar por la ventana y notar que unas pisadas se formaban solas el camino hacia el lago.

Cuando llegó a este, vislumbro la figura enfundada en una gruesa túnica que se encontraba recostada contra un árbol. Su cabello de un rubio platinado brillaba en contraste con toda la oscuridad que los envolvía a esas horas. Se sintió menos estúpido al ver que seguia allí, esperándolo, pero el nudo nervioso en su estómago no hizo más que aumentar.

Respiro hondo, recordando que era un Gryffindor y avanzó un paso, quebrando una rama por accidente. Malfoy levantó el rostro de inmediato, sus afiladas facciones fueron bañadas por la luz de la luna, dándole un aspecto espectral, casi como si de una criatura mágica se tratase. Sus malvados labios se curvaron, y el vello de Harry se erizo.

—Llegas tarde —dijo, sus ojos fijos en la rama partida en dos bajo los pies de Harry.

La verdad es que hasta que Harry no vio el puntito negro y solitario con el nombre de Draco Malfoy fuera del castillo en el Mapa Merodeador, no se había decidido a salir. Ahora el mapa se encontraba guardado bajo su túnica, quería estar en guardia con la varita por si todo aquello era una trampa.

Quitándose la capa, se enfrentó a él.

—¿Cómo lograste salir? —fue lo primero que se le ocurrió decir.

—No eres el único que tiene sus trucos, Potter —dijo Draco, despegándose del árbol con elegancia.

—Como sea —dijo Harry—. Ya estoy aquí, ¿ahora qué?

La sonrisa de Malfoy se extendió, y le hizo un gesto para que se acercara.

—Ven, te mostraré algo —le dijo, dándole la espalda y caminando a la orilla del enorme lago negro que tenían frente.

Harry dudó unos segundos antes acercarse, y agacharse junto a Malfoy, que sentado sobre sus tobillos tocó con su delgado dedo el agua, provocando ondas expansivas que estropearon la lisa negrura del lago. Entonces hizo algo que lo tomó desprevenido; comenzó a silbar una melodía de tres cortas notas.

—¿Qué estás...? —comenzó a preguntar, pero Malfoy levantó una mano, indicando que guardara silencio.

Miró, no sin sentir cierta indignación, como el rubio se quedaba quieto, como esperando escuchar o ver algo. Después de unos segundos en donde nada pasó, él volvió a tocar el lago y a silbar las tres notas. Nada de nuevo. Volvió a repetir la misma secuencia. Harry le hubiera dicho algo, de no ser porque la manera en la que Malfoy fruncía sus rosados labios le llamaba más la atención de lo que le gustaría.

Y de no ser, claro está, por la criatura que comenzó a emerger del agua. Harry se echó atrás, observando con fascinación a su nuevo acompañante.

Lo primero que notó fue que era un caballo. Un hermoso caballo de un color negro azulado, con crines de junco cayendo marchitos y verdes por su cuello. Los brillantes ojos amarillentos miraron a Harry, quien se sintió hechizado por la belleza del animal.

—¿Es un...?

—Si —dijo Draco—. Un kelpie.

La criatura comenzó a avanzar, emergiendo más del agua a medida que se acercaba a ellos con lentitud. Draco desvió la vista del animal y miro a Harry, quien tenía los ojos puestos en el kelpie.

—Es hermoso —musitó Harry.

Draco sonrió.

—Vaya que lo es.

Pero la voz de Malfoy apenas le llegó, en su lugar se puso de pie. Porque el kelpie estaba allí, con el fibroso cuerpo mojado brillando a la luz de la noche, sus pezuñas se perdían en el agua del lago. Lo unico que tenia que hacer era estirar el brazo y tocar el junco verdoso que tenía como cabello. Y eso estaba por hacer, cuando una mano blanca lo tomó de la muñeca y tiró de él.

—¡Ey! —se quejo Harry, cuando Malfoy comenzó a tirar para alejarlo del caballo.

—Ibas a tocarlo —le dijo Draco, sin suavizar el agarre en su muñeca.

—Si, ¿y? —espeto él.

—Por Merlín, Potter. ¿Es que no prestas atención en clases? —le reprocho Draco—. No se toca a un kelpie así como así. Si lo haces querrás montarlo, y cuando lo hagas te arrastrará hasta lo profundo del agua y poco después tus entrañas saldrán flotando a la superficie del lago, ¿eso es lo que quieres?

Sintiéndose avergonzado de sí mismo, se zafo del agarre del rubio.

—¿Y porque me trajiste aquí entonces? —cuestionó Harry—. ¿Para que me comiera?

Una risa brotó de Draco, el anterior enojo diluyéndose de inmediato. Negó con la cabeza y sacó su varita, Harry apretó la suya bajo su túnica.

—Es cuestión de domarlo —dijo Draco, haciendo un gesto hacia el kelpie y apuntando su varita hacia un punto lejano—. ¡Accio brida!

Fue cuestión de segundos para que algo viniera volando a la mano extendida de Draco, al principio Harry sólo vio unas tiras de cuero grueso unidas entre sí, pero después se dio cuenta que en en realidad era la correa que se le ponían a los caballos para montarlos. Vio, aguantando la respiración, como Malfoy la hacía levitar, hasta llegar a estar encima del kelpie, que había comenzado a retroceder con lentitud. Pero Draco murmuró un hechizo de colocación y la brida se ajustó a su hocico.

El kelpie comenzó a relinchar enloquecido, parándose por sobre sus patas traseras. Malfoy avanzó y lo tomo con fuerza de las riendas, apuntándole con su varita y chasqueando la lengua como Harry había visto por la tele hacían los jinetes para tranquilizar a sus caballos.

—Tranquilo, amigo —dijo Draco con voz calma—. Solo queremos que nos lleves a dar una vuelta, luego te liberaremos, ¿de acuerdo?

Poco a poco la criatura dejó de retorcerse y con un bufido molesto, pareció resignarse. Malfoy sonrió triunfante, y les dio unas suaves palmaditas en el hocico. Tiro de las cuerdas y el caballo avanzó más hacia la superficie, Harry no pudo evitar notar que las pezuñas del animal estaban al revés, apuntando hacia atrás.

—¿Cómo aprendiste a hacer eso? —pregunto Harry anonado. No era un experto del tema pero el kelpie no parecía ser una criatura inofensiva con la que cualquier niño pudiera jugar.

La sonrisa de Malfoy se borro, y sacando un pañuelo le ofreció al animal lo que se veía como carne cruda.

—El Señor Tenebroso pensaba utilizarlos en su ejército —dijo en voz baja. Harry pudo ver los filosos dientes brillando en la oscuridad de la noche mientras se devoraba el pedazo de carne—. Teníamos que aprender a domarlos para ponerlos a su disposición.

Harry abrió la boca para darse cuenta de que no tenía idea de qué decir. Hace un rato Draco parecía satisfecho consigo mismo y ahora el semblante sombrío volvía a aparecer en él. Prefería mil veces al Malfoy presumido.

Draco se movió, y con un grácil salto trepó sobre el cuerpo de caballo del kelpie, este no se quejo. Una vez allí, le tendió la mano libre a Harry.

—¿No hablabas en serio sobre lo de ir a dar una vuelta o si? —dijo Harry, mirando con horror a lo que ahora parecía más una bestia relamiéndose los cuchillos que tenía por dientes.

—Saca ese valor Gryffindor, Potter —se burló Draco sin quitar su mano—. Vamos, nunca dejaría que te devorara. El Elegido se merece un mejor final que ese —Harry lo fulminó con la mirada, odiaba ese apodo. Pero Malfoy solo lo ignoro y le sonrió en su lugar—. Confía en mí.

Harry se odio a sí mismo por no poder decir que no. Suspirando, tomó la mano de Draco. A peores cosas se había enfrentado después de todo. No pudo notar evitar la energía de un hechizo protector envolviendo la mano de Malfoy, iba a preguntar para qué era pero al final no hizo falta.

—Agarrate fuerte, Potter —le dijo Draco una vez lo ayudó a subir—. Ah, y mantén tus manos alejadas de la cabellera de esta belleza, de otra manera tus dedos quedaran atrapados y no podrás despegarte. Así es como atrapan a sus víctimas.

—Eso si que es tranquilizante —dijo Harry, agarrándose dubitativo de los costados de Draco.

Para su suerte, este no se quejo. En su lugar, asió las riendas y con una leve patada en el dorso del kelpie este comenzó a avanzar por el borde del lago. Cuando escucho que Malfoy pronunció un Arre, y la bestia comenzó a galopar con más velocidad, no le quedó de otra que apretar los dedos sobre la túnica del chico para no caerse. Comenzaron a adentrarse más a la zona del bosque, los árboles pasaban como borrones a su costado. La velocidad fue mayor aún, y Harry sintió el vértigo formándose en la boca de su estómago Le recordaba mucho a cuando montó encima del thestrals en quinto año.

—¡Aquí viene lo bueno! —grito Draco.

Harry levantó la vista, y los ojos, que llevaba entrecerrados hasta el momento, se le abrieron de par en par cuando vio que el kelpie había cambiado de dirección y corría directo hacia el lago. ¿Acaso Malfoy pensaba ahogarlos o qué?

—¡Malfoy! —grito, pero era obvio que no iban a detenerse.

Tomó una brusca bocanada de aire, cerró los ojos, y enterró la cabezo en el hueco del hombro de Draco, aferrándose a él como si de un salvavidas se tratase. Harry espero a sentir la helada agua calándole los huesos, y llenando sus pulmones... pero eso nunca llegó. En su lugar, sintió la risa vibrante en el pecho de Malfoy.

Harry abrió un ojo, y se asomo por encima de él. El aire se escapó dentro de él cuando se dio cuenta de que estaban sobre el lago. No dentro, sino sobre el. Era como si las pezuñas del kelpie pisaran sobre un cristal sólido y negro.

Harry miro hacia el costado, directo a su reflejo en el cristal. Podía verse a él mismo, agarrado a Malfoy, quien se veía magnífico con su cabello brillante ondeando y una sonrisa determinada en su rostro al montar a aquella criatura, que había aminorado el paso y ahora trotaba por el lugar.

Una risa de asombro se le escapó a Harry.

—¿Cómo es posible...?

—Magia, Potter —dijo Malfoy, girándose a verlo. Su nariz quedando a solo unos centímetros de la de él—. Es magia.

Sintió toda la sangre subir a su cabeza cuando noto que aún seguia abrazado a él, lo soltó de inmediato y se aclaró la garganta. Draco sonrió de lado antes de jalar con fuerza de las riendas. Era increíble la velocidad con la que corría ese kelpie, Harry apenas alcanzó a agarrarse de la túnica de Malfoy.

Iba a protestar pero la adrenalina que lo recorría en esos momentos pocas veces la sentía fuera de la escoba. Cerró los ojos y se dejo disfrutar de el viento en su cara, del calor bajo sus dedos y mas que nada del cabello de Malfoy cosquilleando en su mejilla.

Después de todo, hace tiempo no se sentía tan vivo.


Una hora después, cuando recordaron que al día siguiente tenían clases temprano, ambos se detuvieron a la orilla y se bajaron de la cansada criatura. El paseo había terminado.

—Gracias por tus servicios —dijo Draco galante, dándole una leve inclinación de cabeza.

El kelpie bufo y dándose la vuelta, desapareció en las profundidades del lago. Detrás suyo una risa se escuchó.

—Después de lo de Buckbeak has aprendido la lección, ¿ah? —pregunto Harry con sorna.

Draco frunció el ceño.

—¿Quién?

—El hipogrifo de Hagrid —le recordó—. Al que casi haces que degollen.

—Oh —dijo Draco, sintiéndose por primera vez en el día avergonzado—. Lamento eso, supongo que era un poco idiota.

—¿Eras? —inquirió—. ¿Un poco?

Sonriendo se acercó a Harry, quien por primera vez no llevo la mano a su varita a la defensiva. No pudo evitar sentir eso como un pequeño triunfo.

—Entonces —le dijo, deteniéndose cuando llegó frente a él—. ¿Te impresione?

Draco podría haber jurado que las comisuras de Potter temblaron un poco cuando le desvió la mirada, llevándose una mano al cabello que ya de por sí estaba hecho un desastre por el viento.

—Si, lo hiciste, Malfoy —admitió por fin, enfocando esos brillantes ojos verdes en él—. ¿Estas contento? ¿Eso es lo que buscabas?

Él dudó por un segundo, no muy seguro de poder expresarlo con palabras. Nunca había sido bueno en esos temas. Tomando aire, decidió intentarlo.

—Digamos que esta tambien es mi forma de agradecerte.

—¿Agradecerme? —pregunto, sin poder ocultar la sorpresa en su voz. Draco siempre había despreciado lo incapaz que era Harry para ocultar sus emociones, ahora en cambio pensaba que era una de sus mejores facultades—. ¿Por qué?

—Por todo, Potter. Por salvarnos a mi y a Goyle, por testificar a favor de mi madre, por venir aquí hoy... —Su gesto decidido titubeó unos segundos—. Por librarnos del Señor Tenebroso.

—¿Por quitarte tu varita tambien? —pregunto Harry, la voz le tembló un poco.

Draco se rió levemente.

—Te la ganaste, le diste un mejor uso que yo —Por la cara que puso Potter no podía creer que todas esas palabras salieran de su boca. Draco tampoco se lo creía del todo, él no era de los que iba repartiendo discursos de agradecimiento y perdón por ahí. En cambio ahora, era como si fuera aterradoramente fácil transmitirle lo que pensaba a Harry—. No se si alguna vez podré pagarte todo lo que te debo, pero hay algo que quiero ofrecerte...

Sintiendo un fuerte nudo en el estómago, le ofreció la mano a Harry, como aquella vez en el tren cuando tenían once años.

—Entiendo si no quieres mi amistad —dijo Draco, con voz calma—. Pero al menos acepta una tregua.

Vio la manzana de Adán de Harry subiendo nerviosamente en su cuello, y a sus enormes ojos verdes que lo inspeccionaban. Cuando Draco creyó que iba frustrarse por tanta espera, Harry levantó su mano y tomó la suya.

Draco sintió algo electrizante traspasar su piel cuando lo toco. Y sonrió, aquello sí que era magia.