Se que me tarde, así que seré breve. Lei todos sus comentarios, y me encantaron, ¡gracias! Significa mucho.
Espero que disfruten el capitulo...
4
El lunes cayendo la tarde los Gemelos Weasley salieron de la oficina del conserje Filch, satisfechos de haber llegado a un buen acuerdo; ellos le proporcionaban ciertos artículos que le darían la falsa sensación de magia al viejo squib y a cambio éste prometía mirar para otro lado cuando a los alumnos de Hogwarts le llegaran encargos de su tienda. No todos los artefactos le durarían eternamente, pero siempre podían volver después de un tiempo con más.
Lo que no se esperaron, es que serían acribillados por una Slytherin furiosa. Más que eso. Completamente desquiciada.
—A ustedes estaba buscando, par de comadrejas estafadoras —gruño Pansy interponiéndose en su camino.
—Oye, guarda esas garras, Parkinson —dijo Fred.
—Si esto es por lo de la poción... —atajo George.
—¡Por supuesto que es por lo de la poción, par de mentecatos! —chillo Pansy, sus ojos parecían fuego—. ¡No funciono!
—Claro que funcionó —dijo George, viéndose ofendido—. Lo creamos nosotros.
—Lo que no funcionó fue tu plan —replicó Fred—. Se ve que la astucia Slytherin no llega a todos sus integrantes.
Pansy entrecerró los ojos, preguntándose si usaba la Imperdonable permanente le saldría al primer intento, tenía mucho odio bullendo dentro de ella en esos momentos.
—Arreglenlo —dijo entre dientes—. Ya.
—Ya te lo dijimos por carta —dijo George—. No hay antídoto.
—¡Pues hagan uno!
—Eso no es algo que se haga de la noche a la mañana Parkinson —dijo Fred—. Además, si hiciéramos uno, no sería tan divertido.
—¡Pero él no puede quedar así!
—No pareció molestarte cuando lo compraste pensando en que se enamoraría de ti —argumento Fred.
Pansy iba a insultar al pelirrojo, del cual no tenía idea cual era cual, cuando el otro intervino.
—Tranquilizate, Parkinson. A Malfoy se le ira el efecto en unos dias.
El rubor furioso que había comenzado a enrojecer su cara palideció ante las palabras del chico. Trato de disimularlo.
—¿Qué les hace pensar que Draco tiene algo que ver en todo esto? —dijo levantando la ceja, y fingiendo un tono aburrido.
—Por favor, Parkinson. Has estado colgada de ese rubio engominado desde primero, dudo que eso haya cambiado ahora —se burló Fred.
—Sin mencionar que nos diste una pista —dijo George.
—Yo no les di ninguna pista —dijo Pansy, hurgando en su memoria.
—Si, lo hiciste —Fred pestañeó repetidas veces y con una aguda voz, dijo:—. "Es que él no ha sido el mismo desde la guerra".
Pansy frunció las cejas, ella no hablaba así.
—Y Hermione nos comentó que Malfoy dejó de comportarse como el idiota presumido de siempre —agrego George, con una sonrisa bailando en su boca—. Hasta dejó de meterse con Harry.
—Ahg, no me hables de ese cuatro ojos entrometido —se quejo Pansy sin poder contenerse—. Todo es su culpa.
—Oye, espera —dijo Fred—. ¿Estas diciendo que Harry fue...? —Cuando Pansy abrió los ojos, y se ruborizo, el pelirrojo estalló en carcajadas.
—Oh, por Merlín —murmuró George sin poder creérselo, mientras su gemelo seguia riendo—. ¿Como paso eso?
Pansy dudo, pero al diablo, no es como si pudiera ocultar la situación más.
—El muy idiota nos estaba espiando. Y cuando Draco se desmayó, él salió a querer hacerse el héroe y... —Pansy se detuvo, recordando el segundo motivo de su queja y lo que desencadenó que Potter interviniera—. ¡Él se desmayó! ¿Me pueden explicar por qué pasó eso?
—¡Oh, si! Puede pasar si la ingieres con el estómago vacío —dijo Fred.
—Por eso es recomendable comer algo antes —dijo George.
—¿Y PORQUE DIABLOS NO ME LO DIJERON?
—Estaba en la letra chica de la etiqueta. —respondió George—. Cálmate, ¿quieres? Que no tenemos la culpa que tu enamorado se mate de hambre.
—Ni mucho menos que ahora haya perdido la olla por Harry —dijo Fred, sin poder contener la risa de nuevo.
—Pero... pero...
—Parkinson, tranquilizate —repitió George—. ¿Cuando le diste a beber la poción?
—El jueves —farfulló ella.
—Entonces para la noche del miércoles, o el jueves a más tardar tendrás a tu Malfoy igual de descorazonado que siempre —dijo Fred.
—Solo trata de mantenerlo lejos de Harry estos dos días restantes —aconsejo George—. Para evitarle humillaciones.
Pansy bufo, si fuera fácil manejar a Draco no habría comprado la maldita poción para empezar.
—Por cierto —dijo Fred, alzando las pelirrojas cejas—. ¿Dónde está él ahora?
—Has cambiado, Malfoy —le dijo Harry.
Ambos se encontraban en la torre de Astronomía. Draco le había mandado un pergamino citando en el hueco libre que ambos tenían antes de la cena, y Harry, para su sorpresa, se había presentado.
Draco desvió la mirada e hizo un amago de sonrisa.
—Supongo que una temporada con el Señor Tenebroso cambia a cualquiera.
Podía sentir esos ojos verdes sobre él, no sabía si sentirse agradecido o incómodo, ya que no sabía si lo estaba juzgando o no. Tampoco sabía desde cuándo le importaba.
—Aún lo llamas así —dijo Harry, tan bajo que si no hubieran estado sentados uno al lado del otro, con sus hombros a unos pocos centímetros y con sus rodillas chocando cuando se movían, no lo hubiese escuchado—. ¿Porque no le dices por su nombre? Voldemort.
Él trató de contener el escalofrío que le recorrió, y el odio hacia sí mismo por esa reacción.
—Hubo un tiempo en el que no era cuerdo pronunciar su nombre —se justificó Draco—. Así es como atrapaban a los que estaban en su contra.
—Pero ese tiempo se acabó —dijo Harry, con una envidiable firmeza en su voz—. Voldemort está muerto, no volverá. No hay que tener miedo de su nombre.
—Pues yo lo tengo —soltó Draco, atreviéndose a mirarlo. No tenía idea de porque las palabras salían con tanta facilidad de su lengua—. Me alegro de tu puedas pronunciarlo, en serio, admiro eso. Pero yo no... —Se mordió el labio, tratando de callar a su boca habladora.
—¿Qué, Draco?
Tal vez fueron sus ojos que lo invitaran a que se confesara, o que lo había llamado por su nombre quizás por primera vez, o puede que sea el solo hecho que parecía querer enserio escuchar lo que tenía para decir, pero Draco terminó soltando todo aquello que había jurado callarse hasta el día de su muerte.
—No puedo llamarlo por su nombre. Tengo miedo de que si lo hago él se materializara frente a mi. Es estupido, lo se. Pero no puedo quitarme esa sensación, no se si alguna vez podré —dijo él, Harry asintió, esperando a que continuara. Y Draco tuvo que complacerlo—. Ya es suficiente con verlo cada noche en mis pesadillas, como para tenerlo en la realidad.
—Yo tambien las tengo —intervino Harry—. Todos las noches, pero son solo eso. Sueños.
—Son recuerdos —dijo Draco, poniendo la mirada en el piso—. Y mientras los tengamos él siempre estará presente.
—Bueno, siempre puedes aplicarte a ti mismo un Obliviate —dijo Harry, en un evidente intento de animarlo.
—Lo he pensado.
A Harry se le cayó la sonrisa.
—¿Hablas en serio?
—Si —respondió Draco con sinceridad. Demasiada sinceridad—. Pero nunca me atreví. Podría terminar chiflado como Lockhart. Además —dijo, pasando saliva y notando que su mano comenzaba a temblar sobre su rodilla—, merezco tener memoria de todo lo que pasó. Son los errores que cometí y los que necesito no volver a repetir. No debo olvidar mi cobardía.
Era liberador decir aquellos pensamientos, que lo torturaban constantemente, en voz alta. Por otro lado, algo en un rincón de lo recóndito de su cabeza le dijo que se callara. Que dejara de decir todas esas cosas, que no debía exponerse de esa manera, mucho menos a Potter. Que lo único que le faltaba era ponerse a llorar como un maricón.
Pero esa vocecita fue silenciada y olvidada en cuanto Harry colocó su mano sobre la suya, deteniendo el temblor. Levantó la vista, sus ojos verdes se veían inseguros, como si esperara que en cualquier momento Draco lo golpeara y se alejara. Eso era último que él pensaba hacer.
—Has sido muy valiente —le aseguró Harry con firmeza, a pesar de que el color se le había subido a las mejillas.
Draco sonrió de lado.
—No, no es cierto. Ese titulo te lo llevaste tú.
—Tu igual —insistió con testarudez—. Tu igual, Draco.
Ambos llegaron tarde a comer esa noche.
Harry no pudo sacarse de la cabeza la conversación que tuvo con Malfoy, de hecho, no terminaba de creer del todo que había podido tener una conversación en donde no cabía insultos con él. Mucho menos dejaba de pensar en la cálida sensación de su mano bajo la suya. No sabia que lo había impulsado a hacer ese movimiento, mucho menos porque se sintió fastidiado cuando llegó la hora de bajar al Gran Comedor y tuvo que quitarla. Tampoco estaba seguro de querer saberlo.
Cuando se sentó junto a sus amigos, evitando las preguntas de a donde había estado con absurdas excusas, fue cuestión de tiempo para que mirara con disimulo hacia la mesa de los Slytherin. El corazón le dio una voltereta cuando se encontró con los plateados ojos de Malfoy puestos en él, este le sonrió y algo como miel caliente se revolvió en su estómago. Le devolvió el gesto antes de darse cuenta.
Grave error. Ginny, quien estaba sentada frente a él junto a Dean, y quien al parecer lo habia estado observando, miro sobre su hombro y vio a quien le dirigía tal sonrisa. Harry trato de no lucir avergonzado cuando Ginny levantó una pelirroja ceja interrogativa. No volvió a mirar ni hacia Malfoy ni hacia ella en toda la comida.
Pero era ingenuo si creyó que ella olvidaría el tema con tanta facilidad.
—¿Ocurre algo entre tú y Malfoy?—lo abordó ella en la Sala Común, poco después de subir, cuando lo encontró solo.
A Harry, que fingía estar leyendo Historia de Hogwarts desde un sillón junta a la chimenea, casi se le cae el libro ante la pregunta.
—¿Qué?
—No te hagas el tonto, Harry —dijo la chica, cruzándose de brazos—. Los vi entrar juntos al comedor. Llegaste tarde porque estabas con él, ¿verdad? ¿Están saliendo?
—¡Claro que no! —Harry cerró el libro con fuerza—. ¿Te volviste loca, Ginny?
—Oh, vamos —Ella rodó los ojos—. Ya hablamos de esto una vez, ¿lo olvidas?
—Lo único que recuerdo fue la estúpida excusa que diste cuando terminaste conmigo —respondió él, volviendo a su libro.
Ginny se removió incómoda, pero Harry sabía que eso no bastaría para que ella lo dejase de molestar.
—No era una excusa, Harry, ambos lo sabemos —dijo ella, la obstinación brillando en sus ojos—. Me di cuenta de lo que ocurría entonces, y me doy cuenta de lo que ocurre ahora.
—¡No ocurría nada entonces!
—¿Y ahora si?
—Yo no dije eso —dijo él, comenzando a perder los nervios—. Ginny, basta. Deja el tema, ¿si?
—No tiene nada de malo, Harry —le dijo ella, tomando asiento a su lado—. No cambia nada.
Harry miro a su amiga, en sus ojos se demostraba comprensión y un apoyo total. Pero, ¿qué le aseguraba que todos lo miraran de la misma manera?
—Si que lo hace —dijo en un susurro—. No todos piensan como tu.
—Al diablo con ellos —dijo la pelirroja, con enojo—. Lo que dijeran de ti no te detuvo antes, y no lo hará ahora.
—No me importa esa gente —le aseguró Harry—. Pero Ron, y el resto...
Ella se mostró dubitativa por un momento, haciendo que el nudo que Harry sentía se afianzará.
—Bueno, no creo que para mi hermano sea un problema... Pero no se pondrá feliz cuando sepa lo de Malfoy —Ginny negó con firmeza—. Da igual, se tendrá que aguantar y resignarse, como yo hice en su momento.
Harry desvió la mirada, incómodo.
—Ya te dije que no hay nada entre Malfoy y yo...
—Tal vez no aún —Una sonrisa traviesa transformó su pecoso rostro—. Pero he visto como te mira.
—¿Y como me mira?
—Como si quisiera comerte para el desayuno.
—¡Merlin, Ginny! —se escandalizo Harry, sintiendo la sangre subirse a su cabeza—. ¡Eso no es cierto!
—Vamos, estoy seguro que tu tambien lo notaste —dijo ella, dándole un empujón juguetón—. Tienes al chico por el que te obsesionaste babeando por ti. ¡Aprovechalo! Que el año se terminará pronto, y es el último para tí.
Ella se puso en pie, dando por terminada la charla e ignorando su réplica donde aseguraba que él no se había obsesionado con nadie.
Esa noche Harry le costó dormirse, y cuando por fin lo hizo, no hubo pesadillas. Porque no fue Voldemort quien se coló en su sueños aquella vez.
La clase de Pociones del martes fue apenas soportable. Lo fue para Draco desde que el profesor Snape ya no estaba, y ahora el hecho de tener a Harry a solo unos asientos adelante y no poder hablarle, sin mencionar que Pansy estaba más pesada que nunca, no aligeraba la cosa.
—Podríamos jugar una partida de ajedrez en nuestro tiempo libre —sugirió la chica.
Draco frunció el ceño hacia ella, no sabía qué le pasaba pero Pansy estaba particularmente fastidiosa ese día. Desde el desayuno que revoloteaba a su alrededor de manera incesante, buscando conversación con él sobre cualquier estupidez y apareciendo en su campo de visión cada vez que volteaba hacia otro lado. Comenzaba a molestarse, y hasta asustarse un poco por su actitud, Pansy siempre había conservado la sutileza a la hora de querer llamar la atención, eso le gustaba de ella en el pasado. Ahora, en cambio, había cierta locura brillando en sus ojos que resultaba inquietante. Más cuando por poco no empujo fuera de su asiento a Theo para sentarse junto a su lado.
El chico solo resoplo con molestia y se fue a sentar junto a Blaise, no sin antes lanzarle una mirada interrogante a Pansy.
—A ti no te gusta el ajedrez —le dijo Draco.
—Pero podrías hacer que me guste, ¿no crees? —dijo ella, elevando una elegante ceja y lamiéndose los rojizos labios de manera casual.
Cuando sintió el pie de la chica subiendo lento por su pierna, se dio cuenta para donde iba la cosa. Así que suspiró y le dijo:
—Pansy, nosotros terminamos, ¿recuerdas?
La lascivia de la chica decayó. La frustración y la ira calentando su sangre. Respiro hondo, diciendose que no era culpa de Draco. Él estaba bajo efectos de el Amor a Primera Vista, no estaba en sus cabales.
—Pero eso no significa que tengamos que dejar de ser amigos —ronroneo ella, poniendo su mano sobre la de él—. Siempre estuvimos el uno junto al otro, eso no va a cambiar ahora, ¿o si?
El rostro de Draco se mantuvo imperturbable. Y ella se mordió el labio, esta vez sin intención. Porque ambos sabían que eso no era del todo cierto. Que hubo un tiempo en donde Draco estuvo muy solo, sin ella ni nadie más que la intervención del difunto profesor Snape para auxiliarlo.
Pero tambien sabían que Draco nunca se lo reclamaría y que ella nunca se iba a disculpar. Eso involucraría que hablaran de el tema, que expresaran aquello a lo que muchos le decían sentimientos. Ninguno de los dos habían tenido ese tipo de conversación antes y no la tendrían ahora. Tal vez si la poción hubiera hecho efecto con ella, en vez de con el cara-rajada, la situación sería distinta. De solo imaginar que Draco le dijera a Potter todo lo que le callaba a ella hacía que ácido escociera en la boca de su estómago.
—Por supuesto que no —dijo Draco, con voz calma—. Pero hoy no podre, Pansy. Dejemoslo para otro día.
La chica se irguió en su asiento, como si un hilo tirara de su columna vertebral, y entrecerró los ojos hacia el rubio.
—¿Por qué no? —dijo con un toque peligroso en su voz—. ¿Qué tienes que hacer?
Por fortuna, el profesor Slughorn entró en clase en ese momento. Fue cuando levantó la vista que se dio cuenta que Harry miraba por sobre su hombro, no hacia él, sino hacia su mano debajo de la de Pansy. Draco no tardó en quitarla, fingiendo buscar su pluma.
Pansy apretó los dientes tanto que podría haberlos partido, y se esforzó en extremo por atraer la atención de Draco durante la clase, tirando de su túnica cada vez que el rubio desviaba la vista hacia cierto chico de cabello desastroso.
A pesar de todo, no pudo retenerlo cuando la clase acabo y su compañero de mesa se levantó de su asiento, desapareciendo como un rayo por la puerta. Y si bien no le sorprendió darse cuenta que Potter tampoco se encontraba en el salon, eso no mitigó su furia y desespero.
Harry apretó el paso, con gesto ceñudo. Cuando alguien tiró de su túnica se sintió más que irritado.
—¿Qué? —espeto, dándose la vuelta.
Malfoy elevó sus cejas rubias.
—¿Te levantaste con el pie izquierdo, Potter? —pregunto con una sonrisa ladina.
—¿Qué quieres, Malfoy? —dijo Harry, sintiéndose más molesto que antes.
Draco frunció el ceño.
—Bueno... pense que tu y yo podríamos echarnos una carrera —dijo, recuperando confianza—. Esta noche. Se que las prácticas se han cancelado por la nieve pero conozco un buen hechizo impermeable y estoy deseando subirme a una escoba de nuevo, ¿qué dices?
Harry se cruzó de brazos, encontrándose con sentimientos contradictorios. La manera en que Malfoy torcía los labios lo invitaba a aceptar, pero la imagen de la mano de Pansy sobre la de él (justo como él mismo Harry había hecho tan solo el día anterior) hacía que quisiera explotar todo a su camino, en especial a aquella Slytherin empalagosa. Sabía que era estúpido, no tenía derecho a sentirse así. Ella no solo era su ex-novia, tambien era su amiga desde hace años, pero no podía evitar sentirse de alguna manera algo traicionado y dolido. ¿Y si Draco había vuelto con ella?
—¿Y tu novia no te va necesitar por la noche? —dijo entre dientes, sin poder tragarse su rencor.
Draco lo miro confundido por medio segundo, antes de soltar una ligera risa.
—Pansy ya no es mi novia —dijo, mirándolo con cierta confidencia—. Creí que ya te habías enterado.
Harry carraspeó, recordando el día en el que se había quitado la capa sin más frente a los Slytherin. Pero el rubio le sonrió, sin recriminarle nada, y Harry sintió esa tibieza interior de nuevo.
—Entonces, ¿aceptas?
Una sonrisa involuntaria tiro de las comisuras de su boca, y terminó asintiendo.
—Supongo que yo tambien estoy deseando ganarte de nuevo —dijo Harry—. Para que no se pierda la costumbre.
El desafío brillo en aquellos ojos plata.
—Oh, ya veremos quien le gana a quien, Potter.
Antes de que Harry pudiera contestar, un grito se escuchó a lo lejos.
—¡Draco! —Parkinson llegó corriendo hacia ellos, y tomando a Malfoy del brazo, comenzó a tirar de él—. ¿Qué haces? Llegaremos tarde a la clase del fantasma aburrido ese. Vamos.
Draco dejó que ella tirara de él, no sin dedicarle un guiño a Harry, modulando un "Nos vemos" antes de ser arrastrado al doblar el pasillo. Harry se giró, aún con la sonrisa tonta en los labios, la cual se vio obligado a desaparecer cuando se encontró con el semblante confundido de Neville.
—¿Qué te dijo Malfoy? —pregunto su amigo, con curiosidad.
—Nada —respondió, emprendiendo su camino junto a Neville—. Solo estaba presumiendo.
Y Harry no se sintió ni un poco culpable por la mentira.
En aquella ocasión Harry si tuvo que ir borrando su huella mientras avanzaba, ya que sus pies se hundían en los cinco centímetros de nieve que cubrían el césped. Esa vez, en vez de dirigirse al lago fue hacia el campo de quidditch. Las tribunas parecían fantasmales sin los barullos de los alumnos sobre ellas y empolvadas de blanco. Harry miro hacia todos lados, lamentando haber dejado el mapa en su habitación. De todas maneras, no pasó mucho tiempo hasta que escuchó el conocido silbido en el aire tras sus espaldas.
Se giró y del susto trastabilló hacia atrás, cayendo de trasero sobre la helada nieve.
—¡Maldición, Malfoy! —gruño Harry, mientras el otro se reía.
—¿Te asuste, Potter? —se pavoneo este sobre su escoba, descendiendo al suelo y extendiendo una mano hacia él.
Harry le dedicó una mirada enojada antes de aceptar la ayuda. El calor se propagó donde la piel de Malfoy hizo contacto con la suya, y se mantuvo allí incluso cuando este le soltó.
—¿Preparado? —pregunto Draco, aún con una sonrisa divertida en los labios.
Harry se sacudió la nieve, y luego hizo lo mismo con la de su escoba, la cual se le había escapado de su agarre en su tropiezo.
—¿Y como se supone que vamos a hacer esto? —se quejo Harry, aún enfurruñado con él—. No tenemos una...
Se tuvo que tragar sus palabras cuando Draco sacó la pequeña pelota dorada de su túnica.
—¿Decias? —pregunto, reteniendo el objeto alado entre su índice y pulgar, como el día en el que se la ganó en el partido.
—¿Como la conseguiste? —pregunto Harry, sorprendido.
—Es un préstamo. Ya que logre atraparla la última vez...
—Yo la atrape muchas veces y nunca me dieron una.
—No me la dieron, te dije que es un préstamo —le corrigió, y encogiéndose de hombros agrego:— Y tal vez no preguntaste con la suficiente educación.
Con una sonrisa burlona soltó la snitch, la dejo revolotear unos cuantos centímetros y la atrapo antes de que se alejara más. Harry no pudo evitar acordarse de su padre de joven. Tampoco de la manera en la que él la consiguió en su momento.
—¿La robaste, verdad? —suspiro él, mientras Malfoy seguia jugando—. Puedes meterte en problemas, Draco.
Todavía se sentía raro decir su nombre. Pero visto que habían acordado una tregua, a veces le parecía un poco ridiculo que se llamaran por sus apellidos. Sin mencionar que disfrutaba de la sensación de pegar la lengua al paladar para pronunciar tan peculiar nombre. Sabía bien.
Tal vez Draco pensaba igual, porque atrapó una última vez la snitch y concentró su atención en Harry.
—¿Y qué van a hacer? ¿Mandarme a Azkaban? —Una sonrisa traviesa tiro de sus labios—. Estoy contigo, así que siempre puedes testificar a mi favor.
—Ja, ja, ja. Muy gracioso, Malfoy.
—Lo sé, Potter —dijo Draco, montando en su escoba—. Ahora déjate de quejas, que no vinimos a charlar.
Había algo en cautivante en la manera en la que sus ojos plateados brillaban con desafío que motivaba a Harry a siempre aceptar el reto. Se montó en su Saeta de Fuego y ambos se impulsaron al mismo tiempo. Después de acordar esperar un margen de 10 segundos después de que Draco soltara la snitch, comenzó la persecución.
Harry fue el primero en verla, Draco lo siguió en cuanto éste avanzó hacia ella. Estuvieron cabeza a cabeza cuando la snitch dejo la efímera quietud en la que se encontraba, y ambos gruñeron con frustración cuando esta giro hacia arriba, obligandolas a frenar y a elevarse tras ella. Harry estiró su mano al mismo tiempo que Draco, se dedicaron una fugaz mirada y apretaron el paso.
—¡Si! —exclamó Harry, cuando la sintió atrapada en su puño.
Después de eso Draco exigió una revancha. El tiempo paso volando al igual que ellos, que se dedicaron a perseguir la alada pelotita la siguiente hora y media. Exhaustos, se dejaron caer sobre la nieve con dos victorias de Draco y tres de Harry. Él se sentía más que contento, y poco tenía que ver con que le había ganado por una al presumido Slytherin.
—Quita esa sonrisa de tu cara, Potter —se quejó Draco, dándole un empujón en su hombro aunque no con la suficientes energías para hacerlo fuerte—. Solo tuviste suerte en la última.
—Si, Malfoy —Harry rodó los ojos—. Porque la suerte siempre me persigue.
—Sobreviviste a la muerte dos veces, no lo olvides.
—Fueron más de dos —aclaro—. Y creeme, no lo olvido.
Draco resopló, llevándose las manos detrás de la cabeza y cerrando los ojos. Un tranquilo silencio los envolvió a ambos. Harry desvió la mirada al perfil de Draco. Era frustrante como tenía la maldita cualidad de verse malditamente bien bajo la luz de la luna. O de cualquier tipo de luz. Y después él era el suertudo.
Un nudo nervioso se asentó en la boca de su estómago, recordando lo que había sacado de su escondite seguro y guardado en su túnica antes de acudir al encuentro con Draco. Se sentó sobre la nieve, y tanteo la madera bajo su abrigo.
—Oye, Malfoy —dijo, tratando de mantener su voz firme.
—¿Mhm? —dijo este, sin abrir los ojos ni moverse.
Se quedó unos segundos admirando lo relajado de las las facciones de Malfoy, no había tormento ni miedo, sino que parecía envolverlo un halo de paz que pocas veces había visto en él, sino decir nunca. Se pregunto si así se veía cuando dormía.
Draco abrió los ojos, y el nudo de nervios que se había destensado por un segundo se apretó como si de él hubieran tirado con fuerza. Harry tragó saliva sin mucho disimulo. Una arruga aparecio entre ambas cejas rubias y Malfoy se incorporó hasta quedar a la altura de Harry.
—¿Todo bien? —cuestiono, examinandolo con la mirada.
—Estaba pensando... —comenzó, dudoso. Eres un Gryffindor, se recordó, y retomo con más firmeza—. No lo hiciste tan mal allí arriba, Malfoy. Esta vez no hiciste trampa —Draco alzó una ceja, Harry ignoró el gesto—. Así que supongo que te mereces un premio por tu buen comportamiento.
—¿Te crees que soy un perro, Potter?
Ignorando de nuevo a Malfoy, Harry tomó aire y con cuidado sacó con cuidado el objeto de debajo de su túnica. El rostro de Draco perdió toda expresión ofendida de su rostro, solo se dedicó a observar la varita de Espino de 25 cm de largo que descansaba en las manos de Harry por varios segundos, como si no pudiera creerlo. La varita que Harry le había arrebatado aquel dia en la Mansión Malfoy.
Visto que Malfoy no pensaba moverse, Harry empujó la varita hacia él.
—Tomala —insistió, al ver que seguia sin obtener respuesta.
Los ojos plateados volaron hacia su rostro, Harry noto la desconfianza brillando en ellos, y algo más que no supo reconocer.
—¿Me la estas dando?
Harry tanteo la madera con suavidad, tal vez por última vez.
—Creo que es bastante ob...
Antes incluso de que terminara de hablar, las rápidas manos de Malfoy había tomado la varita de las suyas con brusquedad. Harry observó algo ofendido como este la sacudía ligeramente, sacando algunas chispas de ella. Cuando dichas chispas se vieron reflejadas en sus ojos, cualquier enojo desapareció de su sistema. Se sentía bien por haber sido él quien provocó dicha reacción.
—¿Por qué? —murmuró Draco, sin quitar la mirada de su varita, como si temiera que esta fuera a desaparecer de un segundo a otro.
—Bueno, es tuya, tu la pagaste. Yo solo la tome prestada —contestó Harry, con una sonrisa nerviosa, llevándose una mano al desastroso cabello—. Gracias, por cierto. Me fue de mucha ayuda.
Draco levantó la mirada hacia él y le sonrió. Con un salto en el corazón, Harry pensó que nunca nadie le había sonreído con tanto sentimiento antes.
—Esta vez te impresione yo, ¿verdad, Malfoy?
Una risa baja salió de él, y dejando la varita a un lado, se movió más cerca en la nieve, tanto que sus túnicas se tocaron. Fue en vano que Harry trataba de contener la velocidad de su pulso que provocó su cercanía. Ni siquiera pensó en ponerse en guardia cuando la mano de Malfoy se posó en su hombro, estaba demasiado ocupado ahogándose en la plata líquida que centelleaba en su mirada. Que estaba puesta en él, en nadie más que en él.
Un leve estremecimiento lo recorrió cuando los fríos dedos de Malfoy acariciaron su nuca. El vapor que salió de su boca cuando hablo término de aturdirlo.
—Tu nunca dejas de impresionarme, Harry —susurro, antes de inclinarse hacia él.
Harry ya tenía los labios entreabiertos para cuando Draco lo besó. Sus ojos se cerraron, dejándolo deleitarse con la sensación de su boca sobre la suya. Sus labios eran suaves y dulcemente embriagadores, a pesar de que se pasó años de su vida pensando que Draco Malfoy tenía la boca más venenosa que existía en el mundo. Tal vez era cierto, porque una sensación tibia y cosquilleante bajo a su pecho y se extendió hacia sus extremidades. Adormeciendo sus sentidos, volviéndolo incapaz de reconocer lo que le rodeaba en el exterior.
Solo eran Draco y sus labios. Draco y sus helados dedos enredándose en el pelo de su nuca y tirando más cerca. Draco y aquella sensación de vorágine que le hacía sentir en el estómago, al mismo tiempo, que le hacía sentir una calma que le decia que todo estaria bien a partir de allí. Como si estuviera volando en su escoba con la absoluta seguridad de que nunca se caería de ella.
Draco se separó, haciendo que sus labios se congelaran. Harry tomo el aire que hasta ese momento no se había dado cuenta que le faltaba y tiró del cuello de su túnica, atacando sus labios de nuevo. Sintió su sonrisa, antes de que gustoso, comenzará a responderle. Cuando la lengua de Malfoy se colo y tanteo la suya, Harry apretó el agarre en la cara tela, sintiendo que tenía que agarrarse de algo.
Y pensar que al principio se había mostrado un poco de resistencia a la idea de entregarle a Draco la única posesión que tenía de él. Si así era la recompensa, Harry bien podía darle todo lo que pidiera y más.
Así que allí se quedaron, sentados en la nieve, sin conciencia de la hora que era ni del frío que hacía. Solo de las sensaciones que se provocaban el uno al otro.
Espero que les haya gustado, y perdonen la tardanza. Tratare de publicar el siguiente pronto. ¡Háganme saber qué les pareció, amo leer sus comentarios!
Hasta la próxima ;)
