Hola. Primero que nada quiero agradecer todos esos comentarios que recibí en el capítulo anterior. Todos y cada uno de ellos me sirvió de motivación para querer escribir mejor. No me alargó más y les dejo el cap.


5

Ron se separó de la chimenea, aún con una expresión pasmada y divertida en el rostro. ¡No se lo creía!

Hermione, quien estaba guardando sus libros en su bolso dispuesta a irse a dormir, lo miró de reojo. Hace unos momentos lo había escuchado reírse a carcajadas, pero no se molestó en prestarle atención, cada vez que se comunicaba con sus hermanos era igual. Fred y George eran muy divertidos, sí, aunque a veces demasiado inconscientes con sus bromas para el gusto de ella.

—¡No vas a creérmelo, Hermione! —exclamó Ron, llegando a ella con los ojos brillantes de las lágrimas de la risa. Se preguntó que habían hecho ese par ahora—. Acabo de hablar con mis hermanos y me contaron que...

—Mañana me cuentas, ¿si? —le interrumpió Hermione, ahogando un bostezo y dándole una breve caricia en la mejilla—. Estoy muy cansada, solo quiero irme a la cama.

—Eso es por tanto libro que te tragas.

Ella frunció el ceño, una chispa furiosa brilló en sus ojos castaños.

—Se acercan los exámenes, Ron —dijo ella—. No es algo para tomarse a la ligera.

—Como sea —dijo él, no quería empezar una nueva discusión. La sonrisa volvió a su rostro—. ¡Es que no sabes de lo que me acabo de enterar! Por Merlín, cuando se lo cuente a Harry...

—Ah, no señor —lo volvió a interrumpir ella—. Harry se fue a dormir hace una hora, no vas a despertarlo para contarle tus tonterías.

—¡Pero, Hermione, esto es importante! —insistió Ron.

—¿Es de vida o muerte? —preguntó, con una ceja elevada y cruzándose de brazos.

—Se va a morir de la risa cuando se lo cuente, si a eso es lo que te refieres —Hermione lo vio extrañada, y Ron pudo ver la chispa de curiosidad en sus ojos y continuó:—. Ademas, sí, su integridad física corre gran peligro con esto.

Hermione abrió los ojos, preocupada.

—¿Qué? ¿Por qué?

Ron puso una mano sobre el hombro de ella y, tratando de aguantarse la risa y con toda la seriedad que pudo reunir, le dijo:

—A nuestro Harry se lo quieren violar, Hermione.

Y estalló en nuevas carcajadas.


—Lo siento —dijo Draco, cuando se separaron unos centímetros.

Una risa nerviosa brotó desde dentro de Harry y negó con la cabeza.

—No tienes que disculparte —dijo, siendo consiente que era la primera vez que lo tenía así de cerca. De allí podía ver las distintas tonalidades de gris que tenían sus iris, y que su piel no era tan pulcramente pálida, sino que unas casi invisibles pecas se espolvoreaban por su nariz y mejillas, tambien vislumbrar los diminutos copos blancos que se atoraban en sus pestañas rubias.

—Yo creo que sí —le dijo Draco, sonriendo de lado y sacudiendo la nieve del hombro de Harry—. Olvidé poner el hechizo impermeable.

Harry se rió, esa vez una risa destensada con la que contagió a Draco. Sus manos aún seguían agarradas de su túnica. Trazó círculos en la tela con su pulgar, Draco levantó su mano y le sacudió la nieve del cabello. Todo se sentía tan correcto. Las palabras de Ginny resonaron más que nunca en su cabeza, tanto las de esa tarde como las de cuando terminaron.

Draco se inclinó hacia él, sintió sus labios rosando su lóbulo.

—Creo que deberíamos volver a dentro.

Se tragó sus protestas, sabía que era tarde y que el día comenzaría en unas cuantas horas, tambien que podían pescar una pulmonía allí sentados en las nieve... aún así, no quería que todo acabara. No se había dado cuenta de cuanto deseaba todo aquello hasta el momento en el que había ocurrido.

—Yo tampoco quiero irme —dijo Draco, sus dedos aún acariciaban su nuca—. Pero se me esta empezando a congelar el trasero.

Harry volvió a reír, poniéndose en pie como pudo y arrastrando a Draco con él.

—Eres un idiota —le dijo.

—Pero te encanta —replicó Draco, levantando ambas cejas sugestivamente mientras se sacudía la nieve.

—Y un engreído tambien.

—Pero te...

—Cállate —lo interrumpió Harry, tirando de su túnica y besándolo para que se dejara de decir todas estupideces, que de cierto modo eran ciertas, pero nunca se lo diría.

Esa vez fue menos suave; Harry estaba hambriento, quería morder, devorar su boca, explorar cada centímetro de ella hasta que no le quedara nada más por saborear. Ahogó un gemido cuando Draco atrapó su labio inferior entre sus dientes y tiró de el. El entumecimiento en sus músculos que el frío provocó se disipó de inmediato, había mucho calor entre ambos.

Draco se separó, agitado y ruborizado, una sonrisa presumida tirando de sus labios enrojecidos.

—No puedes tener suficiente de mí, ¿eh, Harry?

Algo en el modo que dijo su nombre lo estremeció.

—Tú eres el que no puede tener suficiente de mí, Draco —contraatacó, tratando de imitar el modo en el que arrastraba las palabras.

Eso le sacó una sonrisa divertida, y acariciando distraídamente la mandíbula de Harry con sus dedos, admitió:

—No, no puedo —Miró a Harry de aquella manera que lo hacía sentir que eran los únicos en el mundo; tanto el mágico como el muggle—. Es extraño, pero siento que nunca voy a tener suficiente de ti —El brillo del desafío estuvo ahí de nuevo—. ¿Podrás lidiar con eso, Potter?

—Pude con Voldemort, puedo contigo, Malfoy —dijo Harry, pegando su frente a la de Draco y dejando caer un suspiro—. Aunque creo que puedes llegar a ser una amenaza aún más peligrosa que él.

Harry tenía fe de esto ultimo; tanto Malfoy como Voldemort habían sido sus eternos enemigos. Y a pesar de que la rivalidad de escuela de ellos podría ser considerado una nimiedad comparando los varios intentos de homicidio de parte del Señor Tenebroso, Harry sabía que nunca había llegado a él realmente.

Voldemort había sido una amenaza exterior, ya eliminada. Draco siempre había estado ahí, paseándose majestuoso por los corredores, o en la cabeza de Harry, junto con miles de pensamientos de odio hacia su persona. Draco podía meterse bajo su piel, abrir sus costillas y apropiarse de su corazón. Así mismo que podía hacer lo que quisiera con él; desde estremecerlo con sus caricias hasta despedazarlo con sus propios dedos. Y eso le aterraba, porque pocas habían sido las veces en las que vio a Draco ser compasivo con alguien.

Tal vez Draco vio algo de ese miedo en su mirada, porque se inclinó hacia Harry y depositó un suave beso.

—Seré un buen chico —prometió, y buscando la mano de Harry con la suya, agregó:—. Ahora vamos, no queremos que el héroe se congele.

Harry le dio un empujón con el hombro, sin creerse del todo sus palabras, pero aún así dejó que Draco tirara de él devuelta al castillo. Las huellas de sus zapatos quedaron marcadas en los diez centímetros de nieve, no se molestaron en borrarlas.


Cuando la mañana del miércoles llegó, Harry se encontraba en un ligero estado de aturdimiento. En parte tenía que ver con que había dormido menos horas de las necesarias, y por otro lado porque todavía no creía del todo que se había besado con Draco Malfoy.

Al despertarse, Harry creyó por un alarmante segundo que todo había sido un sueño. La ausencia de la varita de Espino y su escoba empapada le habían dicho lo contrario.

Le sorprendía la entereza y naturalidad con la que había tomado todo en su momento. Y pensar que mientras bajaba hacia el Gran Comedor, más de media hora más tarde de lo normal, estaba hecho un manojo de nervios. En especial porque si se ponía a comparar esos besos con los que se dió con Cho y Ginny... no había comparación alguna.

Las últimas horas habían estado llenas de descubrimientos demasiado abrumadores para procesar en ese momento, más cuando aún no estaba despierto del todo. Se paró en la puerta del comedor, inseguro. Hizo un vano intento de peinarse un poco el cabello y se anudó bien la corbata desarmada. Inhaló hondo, y caminó directo hacia su mesa, tratando de ignorar que sentía las piernas como gelatina.

Se dejó caer junto a sus amigos y se dijo que no miraría hacia la mesa de los Slytherin. Claro que eso fue lo primero que hizo.

Hermione, quien no le había quitado la mirada a su amigo desde que lo había visto entrar todo perdido por la gran puerta, fue consciente del intercambio. Draco Malfoy, desde la mesa Slytherin, le ofreció una lasciva sonrisa a Harry, acompañada de un guiño. Eso le confirmó que lo dicho por Ron podía ser verdad. Y cuando su amigo, tras unos segundos de pasmo, le devolvió el gesto antes de bajar la vista para seguir sonriéndole a su desayuno, se confirmaron sus propias sospechas. Así como su preocupación se activó.

—¿Las sabanas se te pegaron hoy, compañero? —le preguntó Ron, viéndose de muy buen humor.

—¿Qué? —reaccionó Harry—. Ah, sí. Es que no dormí bien.

—Pero si te fuiste a dormir antes que todos nosotros. ¿Siguen las pesadillas?

Harry negó con la cabeza.

—Creo que ya se me fueron.

Ron sonrió de una manera extraña, casi como si estuviera constipado.

—Pues si se te habían ido con lo que te voy a contar te van a volver.

Harry frunció el ceño, Hermione abrió los ojos desmesuradamente. Si pasaba lo que ella creía que pasaba, que Ron se lo soltara así de sopetón, sin ningún tipo de tacto, no iba a mejorar las cosas.

—Verás, ayer hable con Fred y George y me dijeron que...

—¡Ron! —exclamó Hermione, tan abrupto que sobresaltó a Harry, haciendo que el jugo de calabaza se le cayera en la mesa y que el resto se volteara a verla.

Su novio, por otro lado, la miró ligeramente asustado.

—¿Qué pasa, Hermione?

—Ehh... ¿Hiciste tu tarea de Historia de la Magia?

—¿Tanto escandalo por eso?

—¿La hiciste o no?

—Bueno, no pero...

—Pues deberias hacerla —dijo Hermione—. Ahora.

—¿Ahora? —inquirió Ron—. Pero todavía faltan varias horas para la clase de...

—Yo te ayudare —le dijo ella, y tomando su mano por encima de la mesa, agregó:—. Y de paso, pasaremos un tiempo a solas.

Ron enrojeció desde el cuello hasta las orejas.

—¡H-Hermione! —se escandalizó.

—¿Vamos o no? —lo apuró ella.

Asintiendo rápidamente, Ron se levantó con Hermione. Le dio unas palmaditas en la espalda a Harry y le murmuró un "Después hablamos", antes de seguir a su novia fuera del comedor. Harry se quedó allí, en parte sorprendido y en parte horrorizado, tratando de quitarse de la cabeza la imagen de sus dos mejores amigos haciendo la tarea.

Una mirada insinuante de parte de Draco ayudó para borrar cualquier pensamiento coherente.


Blaise se cuestionó su visión por unos segundos. Cuando miró hacia Pansy y se fijó que ella también lo había notado y que miraba con una mezcla de odio e impotencia hacia Potter, se dio cuenta que no había nada de malo con su vista. Pero sí con su amigo.

—Draco —lo llamó, tratando de conservar la calma.

—¿Mhm? —dijo él aludido, sin despegar la mirada de la mesa Gryffindor.

¿Qué diablos...?, se dijo Blaise, y harto de ser ignorado y víctima de una gran confusión, hizo algo muy poco propio de él; le dio un pellizco a Draco en el brazo. Este se quejó.

—¿Me acabas de pellizcar? —Lo miró ofendido—. ¿Qué te ocurre?

—¿Qué te ocurre a ti? —replicó Blaise—. ¿Le acabas de sonreír a Potter?

—Sí —dijo Draco, después de varios segundos.

Blaise enarcó las cejas.

—¿Y desde cuando haces eso?

—Desde hace un par de días —le dijo, encogiéndose de hombros.

Cualquiera se habría reído de la expresión desconcertada del moreno cuando lo escuchó admitir eso de manera tan casual.

—¿Y por qué?

Draco lo miró impasible, debatiéndose que hacer a partir de ahí. ¿Debía decirles? No es como si Potter fuera su novio, pero definitivamente había pasado algo. Algo que quería que se volviese a repetir. De reojo, vio como Harry se ponía de pie y salía por la puerta, no sin antes mirar por encima de su hombro hacia su dirección.

Una sonrisa depredadora apareció en los labios de Draco, alarmando más a Blaise.

—Después te explico —le dijo, poniéndose de pie—. Ahora tengo que irme.

—¿A dónde...?

Pero Draco ya se había desaparecido por la salida. Aturdido, miró hacia Pansy, que parecía a punto de ir tras el rubio. Él la tomó de la muñeca cuando pasó por su lado.

—Muy bien, me vas a decir que está ocurriendo.

—No sé de qué hablas —dijo Pansy, de forma mecánica.

—Yo creo que sí —le contrarió, haciendo un gesto hacia la gran puerta—. Draco se está comportando de modo extraño estos días. Y tú también, has vuelto a acosarlo como antes. Peor diría yo, ¿por qué?

—Yo no...

—Pansy —Blaise le clavó sus potentes ojos café. Ella se mordió el labio y desvió la mirada. A su lado, Theo los observaba con atención—. ¿Qué hiciste?


Fue una grata sorpresa encontrarse a Harry apoyado contra la pared fuera del comedor, con la vista perdida en el suelo. Se dedicó un momento para observar; desde su descuidada corbata roja y dorada hasta su desastroso cabello que le gustaba de una rara manera. Harry no necesitaba ser pulcro para verse bien. Él era la viva imagen de la perfección de la imperfección.

—¿Esperándome, Potter? —le preguntó Draco cuando llegó a su lado.

Harry levantó la vista y se enderezó de inmediato.

—Sí —dijo este, aclarándose la voz—. Quería que habláramos de lo que pasó... Fue...

—¿Fantástico? —concluyó Draco.

—Sí —admitió Harry, al parecer contra su voluntad porque seguido de eso desvió la vista y el color se le subió a la cara.

Draco rió ligeramente, y cruzándose de brazos se apoyó en la pared, a centímetros de él. Sintió esa energía magnética viniendo de su piel a la suya.

—¿De dónde viene esa timidez? —le cuestionó burlón—. ¡No hay de qué avergonzarse! Lo disfrutaste, lo disfruté. Ambos queremos repetir, pero esta vez algo más que unos simples besos, y en lo posible en un lugar donde no se nos congelen los dedos. Como la Sala de los Menesteres, por ejemplo. ¿A las cinco te parece bien?

Harry lo miró por unos segundos, tal vez procesando todo lo que le acaba de decir. Draco esperó paciente, hasta que Harry se rió.

—Eres increíble —dijo, negando con la cabeza. Draco reprimió el impulso de decirle que lo sabía—. Sí, a las cinco estoy libre.

Draco sonrió triunfante.

—Bien, tenemos cuarenta minutos hasta tu próxima clase. No es mucho, pero algo es algo.

—¿Y cómo sabes eso? —preguntó Harry, mirándolo con sospecha.

Se encogió de hombros.

—Intuición —dijo, pero ante la insistencia de esos ojos verdes sobre él, tuvo que agregar:—. O tal vez me tomé la molestia de averiguar tu horario.

Harry lo miró con cierta diversión presuntuosa.

—Eso es extraño, ¿sabes?

—¡Ja! Lo dice quién me persiguió con su Mapita Mágico durante todo el sexto año.

—Eso fue distinto —se defendió Harry—. Sabía que tramabas algo.

—Me seguiste hasta el baño, Potter. ¿Qué esperabas? Encontrar a los mortífagos reunidos allí.

Harry desvió la mirada, volviéndose a sonrojar. Draco se sintió idiota por un momento, lo de ese día no era algo que a ninguno de los dos les gustase recordar. Carraspeó, se aseguro que no estuviera nadie más en el pasillo y se inclinó hacia su oído, tomando la corbata de Harry entre sus pálidos dedos.

—Entonces, ¿te veo en un rato?

Vio las comisuras de su apetecible boca temblar hacia arriba y tiró de su corbata para que lo mirara. Desde aquella distancia se podía apreciar más el color de sus ojos, de un verde claro que le recordaba a bosques, por lo usual pasaban desapercibidos por las gafas. Sin embargo, Draco tenía memoria de haber reparado en ellos antes, aunque sea solo para despreciarlos.

—Sí —dijo Harry, su manzana de Adán subiendo por su garganta, sus ojos brillando traviesos—. Allí estaré.


No fue para nada una sorpresa llegar a la Sala Común y encontrarse a Ron y a Hermione discutiendo, pero eso no aminoró ni un poco su buen humor. Se sentó en uno de los sillones cerca de la chimenea, aún con una sonrisa en los labios. La conversación después del desayuno con Draco había sido esperanzadora y lo había dejado ansioso porque el reloj corriera más rápido.

Más que unos simples besos...

Harry se dijo a sí mismo que debía ser paciente, solo faltaba media hora para que Draco saliera de sus clases. Pero ese día no tenían ni Pociones ni Cuidado de Criaturas Mágicas, esos cuarenta minutos serían tal vez los únicos que tendrían en el día. A menos que se echaran otra escapada a media noche, claro.

Tan enfrascado como estaba en sus pensamientos, no prestó atención a lo que discutían sus amigos hasta que sacaron a colación su nombre.

—¡Lo que estás insinuando es ridiculo, Hermione! —dijo Ron, luciendo horrorizado—. ¿Cómo Harry va a sentir algo por el hurón ese?

Casi se atragantó con su propia saliva. Antes de que siguieran hablando, se aclaró la garganta, haciéndoles notar su presencia.

—Harry —musitó Hermione, haciendo que Ron se volteara a su vez a verlo.

—¿De qué estaban hablando? —preguntó, a pesar de que algo le decía que no quería saber la respuesta.

—Compañero —dijo Ron, yendo hacia él—. Esta mujer se volvió loca.

Harry le dio una mirada a su amigo que lucía agitado, y a Hermione que tenía las cejas fruncidas en preocupación.

—¿Pasó algo? —preguntó con cautela.

La misma sonrisa extraña que había tenido en el comedor aquella mañana volvía a estar en Ron.

—No —dijo Hermione.

—¡Sí qué pasó! —exclamó su amigo, y colocando una mano sobre el hombro de Harry, le dijo:— Amigo, Malfoy te quiere tirar la caña.

Hermione se llevó una mano a la cabeza. Harry parpadeó, aturdido.

—¿Qué?

—¡Que Malfoy está enamorado de ti, Harry! —exclamó Ron entre risas.

Él dio un paso hacia atrás, abriendo los ojos a más no poder. Miles de preguntas corrieron en su cabeza en ese momento. ¿Acaso Draco le había dicho algo a Ron? No, eso era imposible, dudaba que él quisiera mantener una conversación con su amigo, mucho menos confesarle sus sentimientos. ¿Y si alguien los había visto besándose en la madrugada? Se maldijo a sí mismo por no haber utilizado la capa en el camino de regreso al castillo.

—¿D-de qué hablas? —balbuceó, tratando de no ser obvio.

—Verás, ayer mientras dormías hablé con Fred y George, y me contaron que Pansy Parkinson se les había aparecido en la tienda en la última visita a Hogsmeade y...

—Espera, espera —dijo Harry, comenzando a perderse en la conversación—. ¿Qué rayos tiene que ver Parkinson en todo esto?

—¡A eso es lo que voy! —exclamó Ron, eufórico. Hace rato que quería soltar la noticia—. Ella compró una poción de amor. Pero no la Amortentia, sino uno que perfeccionaron ellos. En fin, que la compró para hacérselo tomar al hurón.

—¿Qué? —espetó—. ¿Parkinson le dio una poción de amor a Draco?

—Creo que deberíamos hablar esto con más calma...

—¡Exacto! —dijo Ron, ignorando a Hermione—. Pero la cosa le salió mal, y todo gracias a ti, Harry.

—¿A mí? —Ahora si que estaba perdido del todo.

—A ti. No se cuando pasó, pero tú interferiste y en vez de quedarse flechado por Parkinson, se quedó flechado contigo —culminó Ron con énfasis—. ¡Por eso se estaba comportando tan raro a tu alrededor!. Y yo que pensaba que había vuelto a las andadas...

Harry, recordando el episodio con Pansy y Draco en el pasillo, se quedó estático por unos segundos. La voz de Ron le llegada lejana, como si estuviera pasando a través del agua. Sintió una enorme roca caer hacia su estómago, la comprensión pesada y aplastante. Pero una parte de sí se negaba a creerlo, debía haber un error.

—No, Ron... —Negó con la cabeza—. Eso... eso no es posible...

—Lo es, Harry, créelo —le dijo Ron, con una sonrisa que le hacía retorcer las entrañas—. Si quieres podemos preguntarles a mis hermanos. Yo tampoco me lo creía, pero después lo estuve observando y es bastante obvio. ¿No te diste cuenta, Harry? ¿No notaste que se comportaba extraño para ser Malfoy?

Sintió como si una pesada mano invisible se apretaba en su pecho, cerrando sus dedos alrededor de ese órgano latente.

—Ron, basta —dijo Hermione.

—¿Te imaginas el provecho que podríamos sacarle a esto? —continuó entusiasmado su amigo—. Tienes al engreído ese en la palma de tu mano, Harry, ¡tenemos que aprovecharlo antes de que se le pase el efecto!

Harry dio un paso atrás, el puño apretando con más fuerza. De repente ya no se le estaba haciendo fácil hacer que el aire llegase a sus pulmones. Necesitaba salir de allí.

—Tengo... tengo que irme.

—Harry, espera —se alarmó Hermione, viendo que su amigo se dirigía hacia la salida—. Lo que sea que ocurra, tiene una solución. Lo resolveremos. Solo habla con nosotros...

Pero Harry ya había desaparecido por el cuadro de la Señora Gorda. Hermione miró a Ron con ojos furiosos.

—¡Ves lo que logras! ¡¿Por qué nunca me haces caso?!

Ron se había desencantado por completo, y lucía aturdido viendo en dirección hacia el cuadro.

—¿Es imaginación mía... o Harry llamó al hurón por su nombre?


Harry no tenía idea hacia dónde sus pies lo llevaban, solo sabía que el pecho le dolía y que un nudo comenzaba a subirle por la garganta.

¿No te diste cuenta, Harry?

Se estiró el cuello de la corbata, sintiendo que podría asfixiarse en cualquier momento. Se chocó con alguien, pero era como si estuviera en un estado enajenado del exterior. Quizás porque estaba demasiado preocupado en que todo su interior no se viniera abajo.

¿No notaste que se comportaba extraño para ser Malfoy?

Se sintió estúpido por ni siquiera sospecharlo. ¿Cuándo Draco Malfoy le había agradecido algo antes? ¿Cuándo le había sonreído sin burla? ¿Cuándo se había tomado la molestia de domar a un kelpie o robar una snitch para impresionarlo a él? ¿Cuándo se había comportado con un mínimo de amabilidad y no como si lo odiara fervientemente?

Tenía que haber sospechado que nada de eso era genuino. Que se necesitaba intervención de algún tipo de magia para que Draco se comportara de esa manera con él.

Empujó la puerta de alguno de los baños. Para su suerte estaba vacío, sus pies chapotearon en los charcos de agua del suelo mientras caminaba hacia los lavabos. Se agarró de los costados de la sucia pila, sintiendo que necesitaba sostenerse de algo.

Todo había sido falso. Cerró los párpados con fuerza, dejando caer la cabeza. Los sentimientos de Draco hacia él, las sonrisas, los besos... todo había sido una ilusión. Sus nudillos se volvieron blancos, el aire se escapó tembloroso de su boca.

"Siento que nunca voy a tener suficiente de tí", le había dicho Draco. Pero eso no era cierto. En cuanto la poción perdiera su efecto volverían a lo de antes. Volverían a la indiferencia. Harry comenzó a temblar, no creía poder soportarlo, no después de haberlo besado.

—No estés triste... —canturreo una voz a sus espaldas.

Harry abrió los ojos y levantó la cabeza. Vio su propio reflejo en el espejo resquebrajado, pálido y descompuesto, y detrás de él vio la figura casi transparente de Myrtle la Llorona. Era irónico que fuera a parar justo allí.

—No tienes que estar triste —repitió Myrtle, con su chillona voz—. Dime qué te pasa. Yo puedo ayudarte...

Harry negó con la cabeza.

—Nadie puede ayudarme —murmuró. No supo si lo dijo porque el recuerdo llegó a su memoria, tal como si hubiese ocurrido el día anterior, o porque efectivamente era cierto. Nadie podía hacer que Draco lo quisiera realmente, no sin pociones ni hechizos de por medio—. Yo... creí que podíamos llegar a... —Dejó caer la cabeza de nuevo—. Soy un idiota.

Myrtle se movió más cerca de él y lo miró con pena.

—No digas eso... —lo consoló ella—. Cuéntame. Alguien te lastimo, ¿verdad? Me pasa mucho.

Harry no respondió, ni siquiera sabía porque había hablado para empezar. Tal vez había algo en Myrtle la Llorona que te invitaba a contarle tus penas.

—Dime —insistió ella—. ¿Te rompieron el corazón? Creeme, no vale la pena ponerse así por personas malvadas.

Negó con la cabeza de nuevo, derrotado.

—No es su culpa...

Sabía que esto era cierto, pero no aligeraba el puño que se cerraba alrededor de su corazon. Inhaló aire, tratando de deshacerse de la humedad de sus ojos antes de permitir que llegará a más. Pasó tiempo antes de que reuniera fuerzas para salir del baño, lo suficiente para perderse el resto de sus clases y el comienzo de la cena.

—¿Vendrás a verme otra vez? —preguntó Myrtle esperanzada, al ver que se iba.

—Claro —dijo Harry, dudando unos segundos en la puerta—. Y tambien, agradeceria que no le dijeras a nadie lo de hoy.

Myrtle se lo prometió.


Draco se encontraba de brazos cruzados, esperando en la oscuridad de un pasillo, con la vista fija en el cuadro de la Señora Gorda.

Te estás comportando de manera estúpida, le siseó una voz en su cabeza.

Si bien estuvo de acuerdo con aquella voz, que cada vez cobraba más potencia, le importaba una mierda. Harry no solo no se había aparecido a su cita de las cinco como habían quedado, sino que al parecer tampoco había ido al resto de sus clases y al llegar al comedor tampoco lo vio en la mesa Gryffindor. Y por la manera en que vio a la Granger y al Comadreja buscarlo con la mirada por todo el lugar como tarados, ellos tampoco sabían donde estaba.

Así que Draco se había levantado la mesa dispuesto a buscarlo. Ni siquiera le hizo caso a las preguntas de sus amigos, no estaba de humor para lidiar con ellos, en especial cuando se comportaban todos misteriosos a su alrededor. Draco estaba seguro que algo murmuraban a sus espaldas, en especial Blaise y Pansy.

En fin, que lo había buscado en la biblioteca, en la torre de Astronomía, en los baños de prefectos, en la oficina de Filch y por todos los pasillos por los que pasaba usualmente, sin encontrarlo. Al final, se había cansado y había decidido esperarlo cerca de la puerta de su Sala Común. En algún momento tendría que irse a dormir, ¿no?

Pero llevaba esperando casi media hora y el jodido Potter seguía sin aparecer. La paciencia de Draco se estaba acabando, no solo porque estaba furioso porque no se había presentado en la Sala de los Menesteres como habían quedado, sino también porque comenzaba a preocuparse. ¡Uno no se desaparecía así como así todo el día!

Y como si hubiesen escuchado sus pensamientos, Harry apareció al doblar la esquina arrastrando los pies al caminar. Draco esperó hasta que estuvo lo suficientemente cerca para ir hacia él, tomarlo del brazo y llevarlo consigo hacia el pasillo oscuro.

—¿En donde te habías metido? —le espetó, una vez estuvieron ocultos.

—¿D-Draco? —balbuceó Harry—. ¿Qué haces aquí?

—Yo estoy haciendo las preguntas, Potter —le aclaró Draco—. ¿Por qué no fuiste a la Sala de los Menesteres hoy? ¿Y por qué no fuiste a ninguna de tus clases o bajaste a cenar?

Harry desvió la mirada.

—No es asunto tuyo —musitó.

—¿Qué no es asunto...? —No podía creer su descaro. Apretó la mandíbula, tratando de mantener calmada su furia—. ¿Me estás tomando el pelo? ¿Qué diablos te pasa, Potter?

Draco lo sacudió del brazo con furia no-calmada-del-todo y Harry se soltó de su agarre.

—Solo dejame, ¿sí?

Lo habría maldecido con ganas, si no se hubiera dado cuenta de un detalle; por la oscuridad no podía verle bien la cara pero sí que había notado un ligero temblor en su voz. Sintió como su furia se apagaba y, dando un paso adelante, tocó su mejilla.

—¿Qué ocurre, Harry?

Harry se estremeció por el toque y se odió por eso. Tenía que quitar su mano pero no quería hacerlo, y su autodesprecio creció más. Juntó valor de quién sabe dónde y soltó las palabras:

—No podemos seguir con esto.

Al final no hizo falta que hiciera nada, porque fue el mismo Draco quien se alejó. Pese a la poca iluminación, pudo distinguir el desconcierto en su rostro, seguido de una sombra de dolor que cruzó sus ojos plata.

—Te arrepentiste —No era una pregunta.

Harry sintió su garganta cerrarse.

—Draco...

—Mira, no te culpo. Tú eres el Salvador del mundo mágico y yo tengo... —Se llevó la mano a la manga izquierda, de manera inconsciente. Negó con la cabeza, y avanzó hacia Harry con determinación—. Lo tenemos difícil, lo se, pero podemos hacer que funcione.

—No, no podemos —dijo Harry con resignación—. Nada de esto es... correcto. No así.

Él frunció sus cejas rubias.

—Entonces, ¿cómo? —indagó Draco. Harry no respondió, pero él no lo iba a dejar ir tan fácil—. Tú y yo, se siente correcto para mi.

—Pero este no eres tú —espetó Harry, sin poder dejar entrever su rabia—. Lo que sea que creas que sientes por mí... no es real.

—¿Y quién te crees tú para decidir sobre lo que siento y dejo de sentir? —dijo Draco, comenzando a exasperarse.

—Estás bajo los efectos de una poción, Draco —Las palabras rasparon su garganta al salir—. De una poción de amor.

Draco se lo quedó viendo unos segundos. Segundos que se arrastraron lento y en los que le fue casi insoportable a Harry mantener su mirada. Entonces, Draco soltó una carcajada.

—Las estupideces que dices, Potter —le dijo, negando con la cabeza con una sonrisa divertida—. Por Merlín, lo que tengo que escuchar. Tienes suerte de ser guapo, de otra manera no te aguantaría tanto.

—No estoy bromeando —insistió Harry, sin evitar recordar aquella vez que Ron se comió esos calderos con Amortentia y fue imposible hacerlo entrar en razón.

—Si, aja.

—Escúchame, Parkinson le compró...

Harry se atragantó con su propia lengua cuando Draco avanzó un paso, usurpando su espacio personal y dejando su rostro a centímetros del suyo.

—Basta de tonterías, Potter. Vayamos a lo que nos compete —Sonrió, una sonrisa con un mensaje que le erizó la piel. Más aún cuando sintió su boca hablando a su oído—. Me debes lo del plantón de esta tarde. A un Malfoy no se lo deja esperando, es algo que debes grabarlo en tu cabeza.

La mano de Malfoy se enredó en los cabellos de Harry, mientras que sus labios hacían su camino por su mandíbula. Harry se sintió temblar, su corazón golpeandose alocado contra sus costillas.

—Draco, en serio... —dijo Harry con voz apenas audible. Cerró sus ojos cuando la boca de Malfoy llegó a su cuello—. Esto no...

Shh —lo calló.

Harry iba a protestar, tenía que hacerlo, pero entonces Draco mordió la piel de su cuello y él tuvo que agarrarse de las mangas de su túnica para sostenerse en pie. Sintió un pequeño pinchazo de dolor, que fue calmado cuando Draco lamió la zona con ternura.

—Sé que tú también lo sientes, Harry. Esto —murmuró, sus labios haciéndoles cosquillas cada vez que hablaba—. No intentes negarlo.

Pero él nunca lo había negado, no estaba ahí el problema. Lo que en realidad pasaba era que Harry podía ser el único de los dos que lo sintiera de verdad. Lo de Draco no era más que una bella ilusión que podía acabarse en cualquier momento.

Harry llevó sus manos a su pecho, queriendo empujarlo, queriendo acercarlo. Con el gramo de voluntad que le quedaba, hizo lo primero

—No —dijo él. Draco lo miró molesto por haber sido interrumpido—. No es lo que quieres, en serio.

Draco resopló. Otra vez con eso. Decidido a hacerle reaccionar, se apoyó en la pared, con su palma a un lado de la cabeza de Harry.

—¿Qué pasa, eh? ¿Estás asustado, Potty? —siseó Draco en su cara—. Dijiste que podías con esto, veo que era una mentira.

—Eso fue antes de enterarme que...

—Cobarde —escupió Draco, con una sonrisa burlona—. Dumbledore estaría decepcionado.

Y ahí estaba, chispas furiosas en sus verdes ojos.

—Debe estar revolcandose en su tumba —siguió presionando Draco, consciente de la manera en que Harry se tensaba—. Su fiel protegido, un cobarde enfrascado en el armario.

Ni siquiera se sorprendió cuando Harry lo tomó del cuello de la túnica y lo empujó a la pared contraria. El golpe en la espalda le saco el aire por unos momentos, pero siguió manteniendo la sonrisa altiva.

—Cállate —gruñó Harry, aún retorciendo la tela entre sus dedos—. No tengo miedo de eso.

Draco estiró el cuello hacia adelante, lo suficiente para sentir la respiración agitada de Harry.

—Demuéstralo.

Harry estaba besándolo con fiereza antes de que pudiera decir "Avada Kedavra". Sonriendo por dentro, tomó su corbata Gryffindor entre sus dedos y tiró sin suavidad alguna. Sintió el retorcijón de hambre en la boca del estómago, y no era de comida.

Por su lado, Harry sabía que estaba cayendo en su juego. Y no le importaba. Ni siquiera quiso pensar en las consecuencias, en que estaba mal aprovecharse de él en ese estado, lo único que tenía en claro era que Draco era arena entre sus dedos.

Draco fue el primero en sentir la falta de oxígeno y se separó con suavidad.

Wow —dijo agitado—. Tienes talento, Potter.

Él no respondió, solo cerró los ojos y enterró la cabeza en su hombro. Draco se dio cuenta que le había mentido, Harry sí tenía miedo.

—Oye —le dijo, acariciando con sus dedos el rebelde cabello negro—. Todo estará bien, ¿de acuerdo?

Harry se mantuvo en su silencio, aferrando su túnica entre sus dedos. Se quedaron así varios minutos. Draco le iba a decir que fueran a otro lado antes de que alguien los viera, pero un mareo le subió de pronto a la cabeza.

La vista se le emborrono y sintió un temblor bajo los pies. Tuvo que agarrarse de Harry cuando las rodillas le fallaron.

—Harry... —dijo Draco, sentía la lengua dormida—. El piso se mueve.

El aludido levantó la cabeza y lo miró extrañado.

—¿Qué?

Pero Draco se desplomó en ese momento, y si Harry no lo hubiera sostenido, habría caído al suelo. Alarmado, se vio con un Malfoy laxo entre sus brazos y una sensación de deja vu que le retorcía las entrañas.

Lo llamó varias veces, por varios minutos, pero Draco no daba señales de despertarse y eso comenzaba a asustarlo. Lo depositó con suavidad en el piso y se agachó junto a él, sosteniéndolo con un brazo para que no se cayera hacia el costado. Con la otra mano, sacó su varita y le envió a través de un Patronus un mensaje urgente a Hermione, confiando en que sabría qué hacer.

Ella llegó en unos minutos, pero a Harry le parecieron años.

—¡Harry! —dijo ella, llegando a su lado.

—Se desmayó de repente —explicó.

—Tal vez... es un efecto secundario de la poción —sugirió con timidez, mirando al inerte chico.

—¡Pero ya tendría que haber despertado! —dijo Harry desesperado—. La primera vez no tardo tanto. ¿Y si le pasó algo?

Antes de que ella pudiera responder algo, una tercera voz se hizo oír.

—¿Qué diablos están haciendo?

Blaise Zabini se encontraba a unos metros de ellos, varita en mano, y mirando con los ojos abiertos hacia Draco inconsciente en el piso. Hermione se puso frente a él cuando vio que la cosa podía ponerse tensa.

—¿Qué estás haciendo aquí? —interrogó ella.

—Te seguí —respondió Blaise, su voz filosa—. Se lo que está ocurriendo, ahora quítate.

—No le hicimos nada —explicó Harry—. Él se desmayó, nosotros...

Un gruñido bajo guió la atención de todos hacia Draco, quien comenzó a moverse, como si de un sueño se despertara. Harry contuvo el aire cuando sus ojos grises se abrieron.

Draco tardó varios segundos en dejar de ver borroso. No tardó tanto en darse que alguien presionaba su hombro contra la pared. Se quedó estático, la única parte de su cuerpo que se movía eran sus ojos, que iban de la mano que estaba apretando su túnica al mismo dueño de la mano.

Potter.

Estaba en un lugar oscuro, con Potter prácticamente encima y una imagen de una antigua pelea con él en la cabeza. Draco actuó por instinto. Llevó su codo hacia atrás y lo golpeó con todas las fuerzas que pudo reunir.

Hermione vio horrorizada como Harry trastabilló hacia atrás, mientras que Malfoy se ponía en pie como podía, viéndose casi desquiciado. Ella fue hacía su amigo, que miraba aturdido al rubio mientras se llevaba una mano al labio sangrante.

—¿Por qué me trajeron aquí? —espetó Draco, sosteniéndose de la pared y reconociendo a su costado el cuadro de la entrada de los Gryffindor—. ¿Donde está Pansy?

—Ella está bien —dijo una voz que reconoció al instante.

Aliviado, Draco vio como Blaise se acercaba a su lado, tomándolo del brazo para que se sostuviera. Extrañamente, su amigo se veía calmado. Al parecer, nada de aquello le parecía raro. Lo tomó de la túnica con fuerza.

—¿Qué está pasando, Blaise? —le exigió entre dientes—. ¿Qué hacemos aquí? Yo estaba con Pansy y...

—Cálmate —le dijo el moreno, retirando sus dedos y aplanando la zona que el histérico agarre de Draco acababa de arrugar—. Te lo explicare todo, pero no aquí.

Harry, quién se había puesto en pie con ayuda de Hermione, observó a ambos Slytherin. Notó la tensión en el rostro de Draco, la desconfianza que lentamente se fue esfumando de su semblante. Draco miró de refilón a él y a Hermione, y asintió.

Supo en ese instante que todo había acabado. Aún así, Harry dio un tentativo paso hacia adelante.

Draco volvió a tensarse, Blaise le dio una helada mirada.

—No compliques las cosas, Potter —advirtió este último, antes de llevarse a Draco por el pasillo.

Harry los observo irse, mientras la verdad impactaba contra él como si de una maldición Cruciatus se tratase. Había perdido a Draco incluso antes de llegar a tenerlo.


Gracias por llegar hasta acá. El próximo capítulo será el último.

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Hasta la próxima ;)