Capítulo 2: Los guardianes de la luz de la verdad.

Tras eones, Atenea volvió a reencontrarse con su familia olímpica liderada por Zeus, el dios del cielo, en dicha reunión se le comunicó a la guardiana de la Tierra que la humanidad iba a ser castigada. No obstante, el emperador celestial ofreció a su hija el perdón, no sólo a ella sino a sus santos, con la condición de que vuelvan al Monte Olimpo a forjar una nueva era, pero Atenea se rehusó, prefiriendo el camino de la guerra santa, con tal de proteger nuevamente a los humanos.

Una nueva guerra santa iniciaba, la que parecía ser la última…

Templo del Patriarca.

Los santos de Virgo, Libra, Sagitario y Acuario se encontraban reunidos con el Sumo Pontífice, dialogaban mostrando su gran preocupación por la inminente guerra sagrada.

—¿Realmente se puede enfrentar al Olimpo…? —dice consternado Shun.

—Conserva tu fe Virgo, los santos hemos defendido el planeta desde tiempos inmemoriales. Hay que detener al divino Apolo y tenemos que comenzar visitando sus oráculos… —responde el Sumo Pontífice con perspicacia.

—Los oráculos mitológicamente les advertían el futuro a las personas que los consultaban… —susurra Shiryu pensativo.

—Si bien el futuro es algo incierto, los oráculos pueden anticipar sucesos…es por ello que nuestra única oportunidad de hacerle frente al Olimpo es conociendo las claves de la guerra santa… —ilustra el Patriarca.

—Y serán los oráculos los que nos las revelen… —expresa Hyoga comprendiendo la situación.

—No será tan fácil, los oráculos están protegidos por los sacerdotes solares… —advierte un Patriarca.

—¿Ellos son los guerreros de Apolo? –—pregunta al Patriarca un Seiya desconcertado.

—Son los guardianes de los oráculos más importantes de Grecia, los que revelan la luz de la verdad, ellos son Olimpia, Delfos, Delos y Dádimo, así como también Dodona, éste último ofrece las revelaciones al mismísimo Zeus…

—¿Por qué se negarían a ayudarnos? —interroga Shun.

—Porque sirven al dios del Sol y si queremos obtener las revelaciones para enfrentar al Olimpo, seguramente deberemos vencerlos antes…

—Nosotros venceremos a los sacerdotes solares, para restaurar la paz en la Tierra… —expresa Hyoga en tono calmado.

—De esa forma conoceremos el futuro de la guerra santa… —musita Shun.

—Los sacerdotes solares tienen un gran poder. No deben tomarlos a la ligera… —advierte de los peligros el Patriarca.

—Apolo seguramente les dio la orden de custodiar todos los secretos de la guerra santa… —reflexiona en voz alta Shiryu.

—Es lo más probable, nadie sabe que existen… —ilustra el Patriarca.

—¡¿Cómo?! —pregunta un confundido Shun.

—Es natural, las personas que consultan a los oráculos son humanos comunes y corrientes, sin embargo, sus guardianes deben estar protegiendo las revelaciones sagradas a nosotros, los santos, tal y como dijo Shiryu… —exclama aquel que está por encima de los ochenta y ocho santos.

—¡Entonces tendremos que vencerlos a como dé lugar! —dice enérgicamente Seiya.

—Sólo así podremos conocer la verdad a través de las pitonisas. Ellas nunca se negarán a darnos la luz de la verdad… —manifiesta el enigmático sacerdote. —Por eso debemos vencer a los guerreros del dios Sol, sus poderes son equiparables a los más fuertes santos de oro…

—¡Patriarca! Nosotros cuatro más Ikki, que se nos unirá de seguro, los venceremos… —dice un confiado Seiya.

—Mi hermano seguro aparecerá como siempre… —expresa con confianza Shun.

—Ésta será una guerra santa inimaginable, no deberemos confiarnos en absoluto, debemos comprender la situación para poder dar lo mejor de cada uno de nosotros, el Olimpo tiene un inmenso ejército, una casta de guerreros por cada dios… —explica el Patriarca a sus subordinados.

—¿Cada dios olímpico tiene un ejército? —dice Hyoga asombrado.

—Quizá los oráculos nos brinden alguna forma de vencer al Olimpo, por eso ésta misión es de suma trascendencia. —acota el sacerdote del Santuario.

En ese instante irrumpe Kiki de Buril, quién hace poco había obtenido su armadura de bronce, tras sus años de entrenamientos bajo la tutela de Mu de Aries, en Jamir.

—¡Kiki! Eres tú… —dijo Seiya con alegría.

—¡No vengo de ánimos, tengo terribles noticias enviadas por la fundación Graud, una tormenta solar está acechando el planeta, además se han desencadenado terribles plagas en distintos puntos del orbe…! —manifiesta apesadumbrado Kiki.

—¿Una plaga? Tal y como dijo Hermes… —dice Seiya mirando al suelo.

—¡La furia de Apolo! —exclama Shiryu.

—¡Son unas terribles langostas que tienen coronas de oro, dientes de león y cola de escorpión! —expresa Kiki.

—¿Qué dices…? —pregunta Shun preso del espanto.

—La Biblia judeo-cristiana habla de una plaga de insectos de características muy parecidas… —explica Hyoga recordando la sagrada escritura.

—Es obra de Apolo, es la llamada plaga del fin del mundo… —expresa el Patriarca.

—¡Nosotros venceremos a Apolo! —dice Seiya apretando su puño.

—¡Muchos humanos están sufriendo en estos momentos, tendremos que movilizarnos! —ordena el Patriarca.

—¡No será la primera vez que salvemos el mundo! —manifestó Seiya con aires de confianza.

Los santos corren rápidamente saliendo por la puerta de entrada e inmediatamente dan un salto al vacío, convirtiéndose en estrellas fugaces de color dorado.

Monte Parnaso.

Momentos más tarde, Seiya, con la caja de Pandora de Sagitario en sus espaldas, llega al Monte Parnaso, en donde le habían dicho unos pueblerinos que se encontraba el oráculo de Delfos, el mortal escala por una rocosa montaña, llegando a los dos mil metros de altura, en dónde empezó a ver una cascada y una enorme pradera de una belleza deslumbrante.

—Qué lugar tan hermoso…esto es lo que me indicaron, seguramente estoy llegando… —pensaba Seiya mientras escucha una bella canción a coro, voces femeninas entonaban una armónica melodía. —¿Qué son estas voces? —dice marchando hacia dónde parecía provenir la música.

Tras unos minutos en la misma dirección, el santo de oro llega a unas termas, dónde nueve mujeres de exuberante belleza cantaban al tiempo que se regocijaban en las cálidas aguas.

—¡Disculpen! —dijo Seiya con incomodidad.

El canto es callado inmediatamente, las nueve mujeres miran al mortal, con mezcla de vergüenza e ira en sus ojos.

—¡Mortal, cómo osas interrumpirnos! Somos las nueve musas…diosas del canto. Mi nombre es Urania…

—¡Perdón, me he perdido, estoy buscando el oráculo de Delfos…! —contesta Seiya.

—Estás en el camino correcto, tienes que subir un poco más… —susurra Calíope, otra de las musas.

Seiya agradece y se marcha todavía un poco ruborizado por la extraña situación, sube otros quinientos metros más y logra ver a lo lejos un gran templo, construido de un lujoso material que mezclaba el bronce, el marfil y algunos detalles de oro, en la entrada se levantaban a sus costados dos estatuas de unas serpientes.

—Esto me recuerda a una historia que me contaba Marín, quizá estas serpientes representan a Pitón, el monstruo que tenía atemorizado al país y que fue asesinado por Apolo… —recuerda Seiya sobre viejas enseñanzas de su instructora y entra al templo caminando con tranquilidad. —Pronto aparecerá uno de los sacerdotes solares… ¡debo vencerle! —al cabo de unos segundos siente una poderosa energía. —Es un cosmos muy sofocante, es como si las llamas del Sol estuvieran acercándose…

Un enorme aura de color rojizo y dorado empieza a brillar ante los ojos del santo, quién estaba atento y en guardia, finalmente una silueta aparece se trataba de un hombre que portaba un imponente atuendo de antaño, de color blanco con detalles dorados cual oro.

—Soy uno de los sacerdotes solares, aquellos que custodiamos de la luz de la verdad… ¡Actis de Delfos!

—Yo soy Seiya de Sagitario… ¡he venido por las revelaciones!

—Tengo prohibido por mi señor darte acceso a la pitonisa, si quieres obtener la verdad del oráculo, tienes que derrotarme guerrero de Atenea… —expresa Actis con seguridad y elegancia, al instante se quita su vestimenta religiosa, mostrando su armadura sagrada, la cual tenía un color dorado como el brillo del sol, con tonalidades rojas, sus largos cabellos rojizos que salían de su casco con forma de serpientes enfrentadas, su piel era bronceada y sus ojos amarillos. ¿Más descripción de la armadura?

—¡Tiene un cosmos muy poderoso! —pensaba Seiya sin amedrentarse.

—Seiya, tú eres el legendario santo de Pegaso que ha vuelto de la muerte, tras levantarle exitosamente la mano a los dioses, pensar que es por ti que la humanidad ha sido condenada, te haré conocer todo el poder de los guerreros de Apolo, el dios Sol…

—¡Deja de alardear…!

—¡Tomaré tu vida humano pecador! ¡El Olimpo no te perdonará por todas tus insolencias…LLAMARADAS DE LA PITÓN DE DELFOS!

Actis extiende sus dos puños hacia adelante y una misteriosa energía en forma de serpiente pitón gigante con llamas se abalanzan sobre el santo, impactando de lleno y dejándolo incrustado contra una de las edificaciones, su armadura de Sagitario resulta rasgada y un ala rota. Con mucho esfuerzo el ateniense consigue ponerse de pie, ante cierta sorpresa del sacerdote solar.

—Su ataque parece ser una serpiente de fuego… —dice Seiya entrecortado y seguidamente escupe un poco de sangre.

—Se ha recuperado… ¿cómo te levantas tan rápidamente de un ataque semejante?

—Yo nunca me rindo, pronto lo sabrás… —manifestó Seiya cuando repentinamente advierte que su armadura de oro tiene algunas llamas todavía, con sumo esfuerzo las expulsa encendiendo su cosmos. —¡Vengo dispuesto a luchar para salvar el planeta de las manos de tu maldito dios Apolo! ¿No te parece demasiados motivos para no rendirme?

—¡No blasfemes en contra de Apolo!

—¡La humanidad no perecerá mientras haya santos que la protejan!

—Es una pena, pero no puedes cambiar el destino de la humanidad, debes entenderlo, los dioses olímpicos son los más indicados para llevar a cabo la purificación…

—¡Tonterías, los dioses se quieren apoderar del mundo, no dejaremos que ellos hagan lo que quieran con los seres vivo del planeta…!

—¡Pareces no comprender, entonces te mandaré al Infierno!

—¡Ahora me toca a mí atacar, METEOROS DE PEGASO!

Actis enciende su descomunal cosmos, pronto su cuerpo es cubierto por una barrera de alta temperatura, los meteoros de Seiya a la velocidad de la luz eran calcinados al entrar en contacto con la defensa del sacerdote solar, quien exhibía un semblante de total confianza, cuando de repente abre los ojos de sorpresa al sentir como el cosmos del santo de oro rebosa de energía inesperadamente.

—¿Qué? Son demasiados golpes…

Millones de meteoros a la velocidad de la luz golpean al sacerdote una y otra vez, propiciándole varias heridas, tras unos segundos cae al suelo con dureza, su casco es destruido.

—Mi manto de la corona ha sido muy dañado… —susurra Actis al tiempo que se reincorpora, su rostro se endurece repentinamente.

—¡Ahora deja que consulte a la pitonisa!

—Ellas tienen órdenes de Apolo de no dar sus revelaciones, a menos que nos derroten, y no me has vencido…tú mismo lo has dicho hace unos segundos, esto recién comienza… ¿pensabas acaso derrotar a un sacerdote solar de un solo golpe? No seas insensato… ¡FULGOR DE LA SERPIENTE GIGANTE!

El cosmos del súbdito de Apolo toma repentinamente forma de serpiente y esta se abalanza contra su enemigo, creando un ataque sónico, que voltea al santo con gran violencia, dejándole aturdido en el suelo, boca arriba.

—¡Que fuerza tiene! —murmura Seiya y luego se levanta con grandes dificultades, para luego tocarse los oídos, los cuales sangraban. —¡Maldito!

—También tengo porque luchar, yo creo en la purificación que quiere llevar a cabo mi señor Apolo… ¡Apolo es el dios de la luz y de la verdad! Por eso te mataré y llevaré tu cabeza a mi señor…

—¿Su verdad es aniquilar a los débiles? ¡Eso no lo permitiremos!

—Eres un necio, no quieres ver la verdad. Un humano que no ha recibido la debida ilustración es solo un ignorante que no puede acceder a la verdad…

—¿Ilustración? Para que quiero ilustrarme si luego voy a adular al mal como tú… ¡COMETA PEGASO!

El santo dorado de Sagitario eleva su cosmos y tras trazar las estrellas de su constelación con sus manos lanza un cometa blanco de mucho poder, pero el sacerdote extiende sus dos manos hacia adelante para así bloquear el ataque, pero poco a poco su potencia lo hace retroceder.

—¡Este cometa tiene mucha potencia! —exclama Actis sorprendido.

—¡No podrás detenerlo! —contesta Seiya mientras sigue lanzando su ataque, que crecía poco a poco.

El cometa arrastra al sacerdote solar finalmente y lo golpea, quien termina cayendo violentamente contra la pared del templo, sin embargo había podido evitar daños mortales.

—A pesar de todo tienes una gran determinación, pero yo soy uno de los sacerdotes solares, sería una vergüenza que me venzas de este modo…

Actis se levanta pese a sus heridas, su enorme cosmos crece con gran determinación, las baldosas del templo levitaban por la energía desplegada.

—Debes rendirte, si recibes mi ken otra vez, morirás…

—Tus técnicas son muy buenas, debo reconocerlo, pero ya las he visto a todas, estás en problemas…

—¡Mi cosmos es más poderoso que al comienzo…METEOROS DE PEGASO!

—¡Veo que no crees en lo que digo!

El sacerdote solar elude todos los meteoros en un santiamén y rápidamente se sitúa frente al santo de oro, para lanzar en una centésima de segundo un poderoso golpe de puño que impacta en su abdomen, que termina derribándolo violentamente.

—Ha esquivado todos mis meteoros, es admirable… —pensaba Seiya tendido en el suelo, tratando de reincorporarse. —¿Será más fuerte que los santos de oro que he conocido?

—A pesar de haber sido herido, he observado todas tus técnicas con detenimiento, a partir de ahora tus trucos no funcionarán más…

—¡Todavía no me doy por vencido, seguiré luchando por Athena!

—¡Idiota! No importa cuán necio seas, te silenciaré de una vez… ¡CONSTRICCIÓN DE LA PITÓN!

El aura de una enorme serpiente rodea el cuerpo del santo dorado inesperadamente y le produce innumerables heridas, produciendo no sólo daños por constricción sino por el calor del ataque, que quemaba la piel de forma letal.

—¡Me está rompiendo los huesos! —se lamenta entrecortado Seiya.

La serpiente estalla en fuego y le causa terribles quemaduras al santo de Sagitario, que cae al suelo muy herido, al borde de la inconsciencia.

—Aunque tienes un gran espíritu de guerrero, todos encontrarán la muerte sin excepción… —masculla Actis y se marcha victorioso.

—La batalla final está por llegar, y me siento perdido… —piensa inconsciente Sagitario.

—¡Seiya! ¡Seiya! ¿Qué sucede? —el alma de Atenea se manifiesta en su cosmos. —¡No puedes rendirte ahora, todos hemos arriesgado nuestras vidas por ti! ¿Acaso piensas abandonarme?

—Saori…tienes razón, sería imperdonable rendirme de esta manera, no importa que tan fuerte sea el enemigo…

—¡Así es Seiya, tú eres un santo de la esperanza…!

—Espera… —balbucea Seiya entrecortado, volviendo en sí sorprendentemente.

—¡Estas vivo! —exclama Actis de Delfos al borde de la perplejidad. —Después de todo tú eres el Pegaso que ha herido al mismo Hades, ¿cómo lo has hecho? Aún con tu poder no veo posible que hayas sido capaz de ello…

—Mi deber es muy importante para dejarme morir…debo salvar el planeta y proteger a Athena… —contestó Seiya mientras tambalea. —Mi vida no es solo mía, todos han arriesgado sus vidas por mí, mi vida ahora les pertenece…

—¡Poco importan tus razones, el camino de los que se oponen a los dioses es encontrar la muerte y el sufrimiento eterno! ¡LLAMARADA DE LA PITÓN DE DELFOS!

—¡Ya estudié sus técnicas una vez, debo ser capaz de contrarrestarlas!

Seiya de Sagitario observa detenidamente con sus ojos la trayectoria del ataque, cuando éste está acercándose, se mueve rápidamente hacia un costado con gran agilidad y velozmente se posiciona atrás de su enemigo.

—¿Qué? —exclama un perplejo Actis.

—¡DESTELLO RODANTE DE PEGASO!

El santo de oro toma de su espalda a su enemigo inesperadamente y vuela con éste sujetado en forma ascendente, tras elevarse varios metros causan un gran boquete en el techo del templo, unos segundos después ambos caen en vertical, el sacerdote solar exhibe una grave herida en su cabeza.

—¡Estás acabado, iré a ver a la pitonisa! —dice un triunfante Seiya.

—Espera… —susurró Actis, que se había puesto de pie impensadamente, su cosmos era cada vez más poderoso.

—¡Se ha puesto de pie nuevamente! Debería estar muerto… —murmura Seiya anonadado.

—Mi voluntad es tan inquebrantable como la tuya, los motivos para mi persistencia son tan loables como los tuyos, ambos buscamos el progreso y el bien. Tenemos simplemente formas distintas de verlos… —manifestó Actis con gran elocuencia.

—¿Qué tiene de loable castigar a los inocentes? —reprende Seiya enfurecido.

—No comprendes y quizás, nunca lo hagas, pero los dioses son el pasado, el presente y el futuro, son la única verdad, sus decisiones siempre son para bien, si ellos han decidido que la humanidad no es digna para vivir en el planeta, por algo ha de ser…

—¡Guarda silencio, estoy cansado de tus sermones!

—¡Tendrás el honor de morir bajo mi mejor técnica…VERDAD DE DELFOS!

El sacerdote cubre todo el templo con una misteriosa energía, dicha aura entra en contacto con Seiya, su cuerpo se entumece lentamente hasta dejarlo paralizado, al instante comienza a avizorar en su mente muchas imágenes confusas, cayendo en la inconsciencia.

—¿En dónde estoy?, ¿qué es todo esto? Un nuevo mundo…

Se trataba de un mundo utópico, la vegetación crecía de forma bella, los seres humanos se regocijaban de felicidad.

—¿Acaso este es el mundo que los dioses quieren para nosotros? —reflexionaba en silencio Seiya. —¿De verdad nuestra lucha es necesaria? ¿O acaso deberíamos dejar este mundo en sus manos para ser purificados? Quizá Actis tenga razón y soy alguien poco iluminado…

Una voz se comunica con la psiquis del santo, hablando a través de un misterioso y poderoso cosmos.

—¡Seiya! No debes dejarte seducir por su truco mental…

—¡Esa voz! ¿Patriarca?

—El mundo ha sido purificado en una ocasión, con el diluvio de Deucalión, en aquella ocasión no hubo utopía, la utopía es algo imposible de realizar, es solo una ilusión… —enseña con sabiduría el Patriarca tras su conexión mental. —¡Tu deber es luchar por los humanos que están sufriendo!

De pronto el santo dorado logra ver imágenes completamente distintas en su mente.

—¿Qué? Todo cambio…

Las plagas de la corona acechan los verdes cultivos, las tormentas solares lastiman a los seres humanos, algunos mueren calcinados.

—¡Basta! —grita Seiya en su mente producto del horror, aunque sin emitir sonido.

—El sueño de la verdad de Delfos, muestra la benevolencia de Apolo, hace que el espíritu abandone las ganas de luchar, dándose cuenta de que es una batalla inútil… —se regocija Actis de su técnica. —Seiya debe estar a punto de morir, no, seguramente ha muerto, no siento su cosmos… —voltea victorioso.

Un cosmos descomunal empieza a sentirse levemente, el súbito de Apolo voltea sorprendido.

—No todavía…aún estoy en pie de lucha…al final te venceré como te lo dije al principio, puedo asegurártelo… —Seiya se levanta tambaleante.

—¡¿Por qué te levantas?! ¿Es que acaso no has visto el verdadero mundo que nuestro divino Apolo quiere instaurar?

—¡Maldito farsante! ¡Te escondes detrás de tus maravillosos argumentos, pero ustedes sólo quieren dañar a los humanos! El Patriarca me hizo ver aquello, ahora lucharé hasta la muerte…

—¿El Patriarca? ¿Acaso quieres decir que él intervino en la verdad de Delfos?

—Así es, me ha mostrado la realidad del mundo, como la gente está sufriendo…

—¡Eres persistente, no discutiré con alguien como tú, ahora si te haré abandonar las ganas de luchar…VERDAD DE DELFOS!

—Ahora que estoy muy herido elevaré mi cosmos al máximo y te venceré… ¡COMETA DE PEGASO!

El santo de Sagitario lanza un enorme cometa que destruye la verdad de Delfos y se dirige al sacerdote, éste último enciende su cosmos y bloquea la técnica con gran destreza.

—¡Ha bloqueado mi cometa que fue lanzado con todo mi cosmos! —dice Seiya para sí.

—¡El cometa no volverá a funcionar, ahora mi cosmos es más fuerte que antes, e irá creciendo a medida que combatimos, verás el poder de los sacerdotes oraculares, los guerreros más poderosos…VERDAD DE DELFOS!

—¡Acabo de detener tu técnica, iluso! —Seiya se dispone a lanzar nuevamente su cometa pero repentinamente se siente paralizado.

—Te será inútil, ya has recibido mi técnica dos veces, además de la ilusión, su resplandor afecta el sistema nervioso en el momento que lo percibes con la vista, y es la tercera vez que sientes su brillo, afronta tu muerte de una vez…te remataré mientras estás paralizado, ¡LLAMARADA DE LA PITÓN DE DELFOS!

El ataque de la serpiente de llamas impacta en Seiya de lleno, que sale despedido hasta estamparse contra la pared, pronto cae al suelo, envuelto en llamas, la sangre brota de su cabeza, haciendo un enorme charco en el suelo.

—¡Al fin ha muerto!

Cuando todo parecía perdido, Seiya vuelve a elevar su cosmos entre la línea que separa la vida y la muerte, poniéndose de pie y expulsando las llamas.

—¡Es impresionante! —dice Actis anonadado.

—¡Nunca, nunca me rendiré!

—¡Su cosmos arde al máximo aun cuando está mortalmente herido!

—Así es, mis heridas no son una excusa para encender mi cosmos… ¡es hora de que acabe con esta pelea! —Seiya saca el arco de Sagitario de entre sus dañadas corazas y pronto tensa la flecha.

—¡Encenderé mi cosmos a su máximo y verás el verdadero poder de nosotros los sacerdotes oraculares…VERDAD DE DELFOS!

—¡FLECHA DE SAGITARIO dame la victoria!

El santo de oro dispara la flecha con su cosmos al máximo, ésta sale reflejada cómo un gran rayo de luz y esperanza, tras finalizar su recorrido la flecha se clava en el corazón del sacerdote solar.

—Seiya, tú nunca te rindes…es…es admirable… —susurra Actis sus últimas palabras antes de caer al suelo, su cosmos se extingue rápidamente.

—¡Al fin lo he logrado! Debo ir con la pitonisa… —murmura Seiya para sí y se interna dentro del templo en búsqueda de la revelación divina, seguidamente entra a una habitación con cuidado, siente su cuerpo dolorido, algunos de sus huesos están rotos, gran parte de su piel está quemada, además tiene una exuberante herida en la cabeza, su vista se nubla por momentos, su temple es lo que lo mantiene en pie, como puede sigue avanzando, hasta que finalmente puede divisar una mujer, la cual llevaba unas antiguas vestiduras y estaba en meditación.

—Adelante santo de Atenea, has ganado el derecho a la verdad… —dice la pitonisa mientras cierra sus ojos.

—Sí… —balbucea Seiya.

La pitonisa entra en trance místico, el santo de oro queda perplejo al ver su rostro tratando de llegar a la revelación de la verdad, la cual era inspirada por su señor, el dios oracular.

—Debes saber que para vencer en esta guerra santa debes abrir la caja de Pandora…

—¿La caja de Pandora? —se pregunta Seiya.

—El artefacto divino que Zeus le dio a Epimeteo, el titán hermano de Prometeo, con el deber de que la mantenga cerrada…

—Ahora que lo dices, alguna vez escuché esa leyenda en mi entrenamiento en Grecia…

—Pues no es sólo una leyenda, como sabes, en tiempo antiguo, Prometeo fue el creador de la humanidad, él nos creó con barro, sin embargo, este titán…siempre estuvo del lado de los humanos.

—Conozco la historia, Prometeo les brindo a los humanos el fuego de la Fragua del Olimpo…o algo por el estilo… —expresa Seiya tratando de recordar las enseñanzas de su maestra Marín.

—Así es, Zeus, encolerizado porque les fuera revelado a los hombres el fuego olímpico decidió encargar a Hefesto la creación de una mujer, Pandora…

—¿Pandora?

—Pero el mensajero de los dioses fue capaz de introducir la maldad en su ser, despertando la curiosidad en Pandora, quien no pudo resistirse y abrió la caja…aquella donde se guardaban todas las desgracias del mundo, sin embargo el titán Epimeteo, a último momento pudo cerrarla, quedando adentro la esperanza, los dioses creen que vencerán, pero si la esperanza se disemina por todo el cosmos, los milagros serán posibles y quizá la profecía de Urano se cumpla…

—¿La profecía de Urano?

—El circulo vicioso del hijo que mata al padre, Cronos venciendo primero a Urano, y luego el dios del tiempo vencido por Zeus… —explica la pitonisa.

—¿Pero dónde se encuentra la caja de Pandora?

—En el Olimpo, pero no se precisamente dónde, los dioses seguramente la han escondido, algo tan peligroso debe ser confinado en el mayor de los secretos….

—¡Es increíble!

—Debes saber algo más, la esperanza se llama Elpis, y es ella una diosa…

—¿Elpis? ¿Una diosa?

—Elpis ha sido encerrada por el temor de los dioses, si la esperanza está libre, puede que las cosas imposibles se vuelvan posibles…

—Entiendo, liberaremos la esperanza, el mundo no será exterminado… —contesta Seiya con esperanzas.

—Para esto es preciso que vayas con Prometeo…el benefactor de la humanidad, él probablemente sepa el lugar en dónde la caja de Pandora se encuentra…

En cuanto la pitonisa terminó de hablar, una flecha cae del cielo, parecía provenir directamente del Sol, la sacerdotisa es atravesada sorpresivamente por la espalda en su corazón y muere al instante, ante atónita mirada del santo dorado.

—¿Esto será voluntad de Apolo?, ¿tan crueles serán los dioses? —exclama con bronca y pesar Seiya, luego mira al cielo, cerrando sus puños con ira, da media vuelta y como puede se retira, pero al llegar al principio de la entrada cae inconsciente debido a sus heridas, su vida pende de un hilo.