Capítulo 3: Shun, deja atrás las dudas de tu corazón.

En un terrible enfrentamiento Seiya de Sagitario derrota a Actis, el guardián del oráculo de Delfos, pudiendo acceder de este modo a la revelación que brinda la pitonisa a través de la voluntad de Apolo. La sacerdotisa le reveló al japonés que era primordial abrir la caja de Pandora, un artefacto mitológico en donde se escondían los males del mundo.

En la era antigua, el titán Epimeteo, fue a quién se le otorgó dicho cofre, pero la deidad se enamoró de Pandora, una mujer que había sido creada por Hefesto. Para desgracia de Epimeteo, Hermes introdujo la maldad en Pandora, haciendo que la dama, presa de la intriga, abriera el cofre, dispersando así todos los males en el mundo, pero en ese momento el titán pudo cerrar dicho cofre, quedando adentro de él la esperanza, algo a lo que los dioses le temían.

Tras revelar uno de los secretos de la guerra olímpica, la pitonisa fue alcanzada por una flecha que cayó directamente del Sol, se trataba de la voluntad de Apolo. Seiya se dispuso a regresar al Santuario, pero su cuerpo no resistió más sus heridas y cayó inconsciente, su vida pendía de un hilo.

Mientras tanto la batalla entre los santos de oro y los súbditos del dios Sol continuaba…

Mar Egeo, Isla de Delos.

Oráculo de Delos.

El santo dorado de Virgo con la caja de Pandora de su armadura a sus espaldas llega a la entrada de un templo, el cual estaba tallado con la cabeza de un halcón, sobre la piedra sólida y pulida de la parte superior.

—Al fin he llegado. Esta es la puerta del templo que lleva al oráculo… Recuerdo que mi maestro Daidalos decía que en esta isla legendaria es dónde han nacido Apolo y Artemisa…luego de dichos nacimientos divinos se ha decretado que es una isla sagrada, en la que nadie tenía derecho a nacer o morir…debo vencer al guardián de Apolo…otra vez tendré que luchar, me pregunto si… ¿alguna vez podré vivir en paz? —abre la caja de su armadura de Virgo, la cual lo viste y entra al oráculo. En medio del salón, repentinamente el techo del templo desaparece, el japonés mira hacia arriba perplejo, sospechando ser preso de una ilusión. —No es posible, quien está detrás de todo esto… —mira a los costados del horizonte, luego voltea a ver los cielos y logra advertir una enorme criatura que parecía un halcón de dimensiones monstruosas. —¿Un halcón? Pero es demasiado grande para ser real, ¿será una ilusión?

El enorme monstruo ataca al santo dorado con un picotazo, pero este se cubre con sus brazos resistiendo el terrible embiste.

—Es solo una ilusión, la acabaré ahora mismo… ¡CORRIENTE NEBULAR!

El poderoso torbellino de vientos nebulares acaba en un instante con el ave, que parece evaporarse como si no fuera real.

—¡Esta bestia no era real! ¿Quién estará detrás de esta ilusión? —preguntó Shun desconcertado cuando de un instante para el otro, empiezan a aparecer más halcones, el santo miraba hacia todos los lugares para ver si había alguien creando todo esto. —Maldición… que es esto…esta vez son varios… —lanza un ken dorado que acaba con varios de los halcones. —Alguien está haciendo que gaste inútilmente mi fuerza, ¡TORMENTA NEBULAR! —violentos vientos nebulares arrasaron con la ilusión, pero cuando Shun estaba convencido de haber terminado con todos los halcones, una parvada de cientos de ellos apareció volando hacia él. —Quizás esta ilusión tiene como objetivo engañarme y no me pueda dañar, quizá la intención del guardián del oráculo es que malgaste mis energías… —susurra y a continuación se queda inmóvil para probar su teoría, pero para su desgracia es herido por las criaturas, al darse cuenta de que sería devorado por los halcones estalló su cosmos, generando una intensa tormenta de vapor nebuloso, acabando inmediatamente con la ilusión. —Al fin desaparecen, pero dónde estará mi enemigo… —de repente empieza a aparecer una infantería de soldados, que llevaban todos espadas de fuego. —¡Otra ilusión más, tengo que combatir a quién crea estos ardides! —exclamó y luego lanza un ken a la velocidad de la luz, acabando con un centenar de soldados ilusorios, pero estos seguían apareciendo. —¡Aparece cobarde…TORMENTA NEBULAR! —la técnica despedaza a los soldados al tiempo que el fuego se dispersaba por todo el ambiente, para evitar ello encendió su cosmos, apagando rápidamente el fuego, para luego advertir que el fuego no era real. —No podrás seguir escondiéndote de mí… —musitó y aumentó el flujo de la tormenta, rápidamente se concentró en su tacto, percibiendo las brisas rebotadas por el lugar y poder así detectar dónde se encontraba su enemigo, seguidamente lanza un rayo de luz hacia una zona oscura, dónde solo se apreciaba un pilar, un enemigo evita el ataque.

Desde la sombras emerge la figura de una sacerdote solar, que portaba su manto de la corona, tenía alborotados cabellos dorados, semejantes al sol y unos enigmáticos ojos color gris.

—¡Vaya…con que me has descubierto! Yo soy el sacerdote solar Aristeo de Delos, uno de los guardianes de la luz de la verdad….

—Yo soy Shun de Virgo, ayúdame por favor, necesito consultar por las revelaciones del oráculo de Delos, no quiero combatir…te pido por favor que me dejes hacerlo sin tener que luchar contigo…

—No seas ingenuo, Apolo nos ordenó que acabemos con todos los santos que quieran consultar los oráculos…

—No tengo otra opción… —dice Shun apenado.

—¡Poco me importa si quieres o no luchar! Decidas o no defenderte tomaré tu vida… —exclama Aristeo y luego lanza un ken a la velocidad de la luz que derriba a su enemigo en un instante.

—¡Es poderoso, no lo he visto venir! —dice Shun en el suelo

—Eres persistente, pero si no usas todo tu poder morirás sin remedio, estamos en el inicio de la más grande guerra santa luego de la que tuvieron los olímpicos y los titanes… —pronostica Aristeo.

—Si los enemigos se escucharan, evitaríamos toda la sangre derramada, no entiendo porque tiene que haber este tipo de guerras santas… —contesta Shun con pesar.

—Tonto, cada uno defiende su convicción, la mía es que Apolo es el dios de la verdad, mientras él sea un olímpico yo también lo seré, los dioses solo quieren purificar el corrupto planeta…

—¡Mucha gente está muriendo por culpa de Apolo! Los dioses deberían darles una nueva oportunidad a los humanos, la bondad que albergan sus corazones merece la salvación… —suplica Shun.

—Eres demasiado ingenuo, desde que el mundo se creó ha estado bajo el sello de la corrupción, desde que salió de la edad de oro, el hombre no ha hecho más que degradar las enseñanzas divinas…

—Tú y los dioses juegan con la vida de los humanos y eso no lo permitiré…

—Los humanos no tienen que cuestionar lo que los dioses digan…veo que estás decidiéndote a combatir…

¡Esta vez será la primera vez que luche sin mis cadenas desde el inicio! —pensaba el ateniense.

—¡Experimenta lo que puede hacer mi cosmos…LUZ DEL ORÁCULO!

Una luz amarilla es expulsada de los ojos de Aristeo de Delos, dicha luminosidad empieza a cegar a su rival repentinamente.

—¡Esta luz me está entumeciendo el cuerpo! —dijo Shun tratando de mover sus brazos sin conseguirlo, seguidamente eleva su cosmos y consigue mover sus manos para luego lanzar una corriente de viento, pero ésta es absorbido por una extraña energía. —¿Qué?

—Mi técnica es tanto defensiva como ofensiva… —explica con orgullo Aristeo. —En su faz ofensiva encandila las retinas, quemándolas levemente, su radiación vuelve el cuerpo de quién es afectado pesado y tosco. En lo que respecta a su accionar defensivo, el brillo absorbe el cosmos de la víctima, retroalimentándose del mismo para hacerse cada vez más fuerte…

Tras unos segundos la luz del oráculo hace arrodillar a Shun de Virgo, quien parecía vencido, su cosmos disminuía poco a poco.

—¡Que poderosa que es su aura…no puedo moverme libremente!

—Cuando mi técnica crece, su luminosidad destruye los tejidos del cuerpo sin que el enemigo lo descubra antes de estar próximo a la muerte, además causa un daño espiritual que sería capaz de extinguir tu alma, siempre y cuando tu cuerpo resistiera la radiación aumentada…adelante Virgo, ataca…alimenta mi ataque y muere… —se regocija Aristeo al explicar el alcance de su técnica.

La luz del oráculo había crecido tras alimentarse del cosmos de Shun y no parecía tener límites, crecía de forma exuberante.

—Expandiré tu luz con mis vientos y así no podrás lastimarme… ¡TORMENTA NEBULAR!

Shun disemina una corriente de aire por todo el campo de batalla, alimentando la técnica enemiga, tal cual lo había advertido el sacerdote segundos antes.

—Eres un estúpido, si sigues elevando tu cosmos…morirás alimentando la luz del oráculo…

—¡Siento que mi cuerpo empieza a quemarse! —piensa Shun. —Aunque mi cuerpo se deshaga, la tormenta seguirá creciendo, aun cuando esté siendo absorbida por la luz, crecerá hasta colapsarlo todo…

—Deliras…

La tormenta se extiende por el salón, aumentando su intensidad, al tiempo que la luz emitida a esta altura por la técnica del sacerdote de Delos encandilaba de forma absoluta todo el recinto. La tempestad comenzó a destrozar las columnas y a despedazar el techo, levantando la luz de Delos, la cual aún crecía y crecía, casi convirtiéndose en un Sol a pequeña escala, de repente todo el poder de los vientos huracanados generados por Shun se concentraron en la creciente nova en la que se había convertido la técnica, sobrecargándose hasta que la energía no pudo ser contenida y explotó.

Los rivales fueron alcanzados por la onda de choque que habían generado sus técnicas, arrojándolos a los extremos de las ruinas, de lo que había sido el templo oracular. Con dificultad Aristeo se pone de pie.

—Esto no tiene ningún sentido, aunque pudieras, de alguna forma casi inexplicable, contrarrestar mi ataque…tu cuerpo deberías haberse deshecho…o al menos tu espíritu se debería de haber consumido… —concluye Aristeo.

Shun de Virgo apenas podía abrir los ojos, estaba tirado en el suelo, parte de su armadura parecía fundida.

—Es por…la armadura de Virgo…gracias a ella, pude soportar la terrible radiación de tu técnica…y aparentemente el espíritu de Shaka debe haber evitado que quemes mi alma…

—¡De todas maneras ya no puedes continuar luchando! —dice Aristeo mientras intenta ponerse en guardia, pero rápidamente descubre entonces que su cuerpo esta inmovilizado por las corrientes de aire, que habían reaparecido repentinamente en el lugar.

—No podría darme por vencido, después de todo lo que nos ha costado llegar hasta aquí…

—¡Estás subestimando mi poder, tus vientos no pueden atraparme!

Aristeo hace estallar su enorme cosmos y se libera del entumecimiento.

—¡Su poder es abrumador! El Patriarca tenía razón sobre la fuerza de los sacerdotes solares… —murmura Shun absorto en sus pensamientos. —¿Será tan fuerte como Shaka?

—¡Tu condición es lamentable, aunque has hecho un combate extraordinario, no tienes posibilidad de vencer, ahora sentirás la más cruel de mis técnicas, AGUIJONES DEL ENJAMBRE SOLAR…!

Aristeo de Delos extiende sus brazos al frente, enfrentando sus palmas y de entre ellas brotan un centenar de abejas de energía de color rojo, cuyos aguijones dorados se abalanzaban en un vuelo voraz contra su enemigo.

—¡Un ataque de esa naturaleza jamás podría alcanzarme!

Una corriente de aire se levanta frente a Shun de Virgo, girando con gran fuerza y repeliendo el ataque del sacerdote solar.

—¡Tenía razón, su técnica lo ha defendido!

—Esa fue mi defensa rodante, emula la protección de la cadena de Andrómeda…

—Interesante, pero terminará siendo inútil…

El enjambre que surgía entre las manos de Actis creció en número y velocidad, logrando traspasar la barrera de aire creada por Shun, éste último sufre ciento de marcas de picaduras sangrantes en todo su cuerpo, las cuales comienzan a arder, provocando un agudo e intenso dolor en la víctima, que desprendía gemidos de dolor.

—Sólo te queda esperar la muerte, esta vez el milagro no sucederá…la Tierra será propiedad de los dioses, y solo estaremos los elegidos… —susurra Actis de Delos y voltea.

Shun de Virgo se desploma de rodillas en el suelo, al borde de perder la conciencia por el agudo dolor.

—¡Shun! ¡Shun! —la voz de Atenea le hablaba directo a su cosmos desde el Santuario. —No te rindas, tienes que ir más allá de tus cinco sentidos, anúlalos para que no sientas el dolor…y la confusión de las trampas del enemigo, guíate solo por el cosmos…

Una luz dorada llega al santo dorado, devolviéndole la conciencia, mientras se reincorporaba con grandes dificultades.

—Saori, gracias…es verdad, tengo que anular mis sentidos… —Shun cierra los ojos y hace explotar su cosmos.

Una gran tormenta se vuelve a levantar en el sitio, en ese momento regresa la mirada Aristeo, quién se encontraba perplejo porque su enemigo continuaba con vida.

—Esto significa…el cosmos de Atenea te ha guiado de regreso…pero descuida, no tardaré en dar por fin a tu agonía…

—Voy a derrotarte, por mis amigos y por todo lo seres de éste mundo… ¡TORMENTA NEBULAR!

En el lapso de pocos segundos la tormenta nebular se convierte en una increíble tempestad que mostraba la galaxia de Andrómeda.

—¡Ha vuelto a inmovilizarme! —Aristeo de Delos intenta liberarse de la parálisis, pero advierte que sus intentos son en vano, el huracán está a punto de atraparlo, no puede hacer nada para evitarlo. —No puede ser, cómo es que puedes generar un ataque como éste, en unas condiciones tan deplorable…

Aristeo de Delos empieza a sentir que su cuerpo sede lentamente y es absorbido en el ojo de los vientos huracanados, realizando un vuelo fatalmente violento que termina por escupirlo fuertemente contra los restos de unas columnas.

—¡Ahora estas vencido, ríndete! —exclama Shun con una sonrisa.

Pese a sus graves heridas, Aristeo se levanta tambaleante, su manto solar tenía severas grietas, pero su cosmos seguía encendido.

—¡No puede ser que se levante después de recibir mi tormenta nebular! —musita Shun.

—¿Qué te hace pensar que tus técnicas son más mortífera que las mías? —pregunta Aristeo. —Si tú puedes resistir mi técnica yo también puedo resistir la tuya, ¡conoce otra de mis técnicas…MISTERIO DE DELOS!

Millones de ráfagas de luz en forma de flechas doradas ataca a Shun repentinamente y en forma abrumadora.

—¡DEFENSA RODANTE! —grita Shun, usando sus vientos en lugar de sus cadenas.

—¡Idiota, las flechas atacarán entre los espacios de las corrientes de aire, igual que lo hicieron las abejas! —contesta Aristeo con una mueca de soberbia en su rostro.

Las flechas atacan con punta de fuego, amenazante hacia Shun, intentando entrar por las grietas del vacío que se abrían en las ráfagas de aire. Sin embargo, la velocidad del torbellino generado por la técnica defensiva del santo de Virgo se incrementó repentinamente, al tiempo que otros remolinos giraban alrededor del original. Los dardos del Sol quedaron atrapados en las tremendas corrientes, siendo completamente bloqueados y desviados, sin poder herir al ateniense.

—¿Cómo carajo mierda…? —insulta al aire Aristeo

—¡Cómo te ven… te tratan! —contesta Shun. —Tú eres el que insiste en pelear...déjame consultar al oráculo, no es necesario concluir la batalla…

—¡Juré a mi señor Apolo derrotar a cualquier santo, que venga en busca de la pitonisa!

—¡Bien, ya que quieres llevar esto a las últimas consecuencias, así será, no puedo perder más tiempo…TORMENTA NEBULAR!

—Maldición…esa poderosa técnica de nuevo… ¡BARRERA SOLAR!

Una barrera formada por fotones lumínicos, rodean por completo al guardián de la luz de la verdad, protegiéndolo de los fuertes embistes del poderoso viento.

—¡No puede ser! ¡Ha bloqueado por completo mi más poderosa técnica!

—Ya he visto tu técnica muchas veces, se perfectamente cómo defenderme de ella.

—Aún tengo algo más que mostrarte… ¡ONDA RELÁMPAGO!

—¡BARRERA SOLAR!

Shun de Virgo explota su cosmos al máximo y suelta un poderoso puñetazo en dirección a su enemigo, un ken zigzagueante como un rayo salió disparado de su brazo, simulando una de las técnicas que tenía con la cadena de Andrómeda. En dicho momento, una barrera de fotones cubre por completo al sacerdote de Apolo, pero el ataque del ateniense impactó duramente con la defensa de su enemigo, la cual fue atravesada. El golpe electrizante provocado por Shun había golpeado duramente al sacerdote, chispas eléctricas recorren la armadura de la corona solar y de un momento a otro, esta se despedaza, Aristeo cae duramente al suelo.

—Por fin ha terminado… —murmura Shun con dolor y alivio.

Sorpresivamente el guerrero del Sol vuelve a encender su cosmos, Shun advierte que el combate seguía, al cabo de unos segundos Aristeo se pone de pie.

—¡Todavía vive!

—¡Me has forzado a usar mi técnica más poderosa, juro que no le fallaré a mi señor Apolo! ¡CIRCULO CELESTIAL DE DELOS!

Aristeo de Delos junta sus palmas frente a su pecho, levanta sus brazos mientras separa las manos y de entre ellas aparece un portal de varios colores, que es violentamente lanzado a la velocidad de la luz.

—¡DEFENSA RODANTE! —grita Shun.

El ataque del sirviente del Sol penetra con facilidad en la defensa del santo dorado, impactando en el adversario, que cae de rodillas en estado de shock.

—¿Qué? Siento que mi cosmos está disminuyendo… —dice Shun en su mente, totalmente aislado del mundo material.

—Estoy quitándote el ímpetu, tus deseos, tus motivaciones, mi poder no es sólo físico, pronto perderás todos tus sentidos, adiós Virgo…

—Siento que mis motivaciones están desapareciendo, es como si me fueran arrebatadas, no puedo luchar de esa manera…

Finalmente Shun cae al suelo y cierra sus ojos, cayendo entre la línea de la vida y la muerte.

—Ahora todo lo que lo empujaba a combatir ha desaparecido, no volverá a ponerse de pie…Apolo estará complacido…

—¡Shun! ¿Cómo puedes ser tan débil para caer en los engaños de tu enemigo? —el cosmos de Ikki le hablaba directo a su inconsciente. —Todos estamos esperando lo mejor de ti así como de todos los santos, ésta batalla será la última…

—Pero Ikki, el poder de este hombre es abrumador, su técnica me ha dejado como un cascarón vacío…

—¡Reacciona! Athena está protegiendo el mundo arriesgando su vida por los humanos, todos estamos dando nuestras vidas por los más débiles, ¡vamos hermano enciende tu verdadero cosmos! —arenga Ikki al corazón de su hermano.

—¡Shun! Ikki tiene razón, tienes que usar lo mejor de ti… —el espíritu de su diosa Atenea también intentaba hacerlo reaccionar.

Aristeo se despide de su rival, confiado de su victoria, pero siente un cosmos que aún no se había apagado.

—¡Este sujeto aún con esas quemaduras y esas heridas espirituales está creciendo en poder! —se queja Aristeo, que observaba a su rival erguido nuevamente.

—Mi hermano Ikki me ha hecho ver la verdad, la razón de nuestras luchas, ¡ahora nada me detendrá…mi cosmos ha crecido a su máximo! La misma Athena ha depositado su confianza en mí…

—¿Hermandad? ¿Amistad? ¡El verdadero poder y la verdad ignora cualquier sentimiento de ese tipo, el mundo estará mejor sin los humanos corruptos, ¡esta será tu tumba santo…CIRCULO CELESTIAL DE DELOS!

—No me vencerás, no soy el mismo que comenzó el combate… ¡VAPOR NEBULOSO!

Shun de Virgo extendió su brazo y de su palma abierta salió un violento vapor que chocó con el portal multicolor lanzado por Aristeo.

Las dos técnicas colisionan como cuando una enana blanca su cruza con una nebulosa espacial para dar origen al nacimiento de una nueva estrella, la cual explota y golpea fuertemente a ambos guerreros. Tras una enorme explosión, Shun se levanta con dificultad y busca con su mirada a su oponente, lo vislumbra entre unos escombros y corre a socorrerlo.

—¡Aristeo! Aristeo… —dice Shun llamándolo, mientras lo rescata de los escombros. — Parece que ya es demasiado tarde…lo siento, yo no quería que esto suceda… —dice al tiempo que cae una lágrima en sus mejillas.

—santo… —dice Aristeo agónicamente.

—¡Aristeo, aún estas vivo! —contesta Shun alegrándose.

—No por mucho…la muerte ya viene por mí, pero antes de morir…quiero decirte que no he notado la más mínima maldad en tu alma…sin embargo un alma como la tuya no debe luchar por los despreciables seres humanos, ellos no son merecedores de toda tu benevolencia… —dice Aristeo en su agonía con gran dificultad y sus ojos finalmente se cierran.

—Gracias por tus palabras, pero te equivocas, hay muchos seres llenos de amor en la Tierra, no solo hay malvados… —contesta Shun a su rival fallecido con lágrimas en sus ojos. —Aristeo, si tus pensamientos hubieran estado con la humanidad, hubiera sido un formidable aliado…otra vida más… —le tiembla la voz. —Que cargo sobre mis espaldas… —camina con dificultad, directo al salón de la pitonisa.

Tras llegar a la habitación de la sacerdotisa, ésta interrumpe su meditación abruptamente.

—Bienvenido, has derrotado al guardián del Sol, ahora puedes consultar al oráculo…

—Así es…estamos atravesando un difícil momento, necesito saber alguna revelación de la guerra santa… —manifiesta Shun con dificultades. —Algo que nos dé alguna oportunidad…

—Tendrás que tener cuidado, tu destino está marcado por las estrellas divinas…

—¿Qué quieres decir?

—Que el espíritu de los dioses es eterno…

—¿Qué?

—Aunque puedan vencer a un dios, su existencia trasciende a la de los humanos…

—Entonces quieres decir que… —pensó Shun pensando en aquel ser que lo poseyó en el pasado.

—Si lo entendiste, ten cuidado, el alma inmortal de ese ser que te ha elegido aún está libre…

—¿Dónde se encuentra?

—Intenta regresar del limbo…

—¿El limbo?

—Todo lo bueno tiene algo de malo… —reflexiona misteriosamente la pitonisa.

—¿Qué quieres decir?

—Que todo lo malo también tiene algo de bueno, es cuestión de perspectiva…

Repentinamente unas llamas surgen del suelo en dónde estaba parada la sacerdotisa, en apenas una fracción de segundo se extiende una llamarada, abrasadora, que calcina casi al instante su cuerpo.

—¡No! —grita Shun desesperado tirándose sobre la pitonisa para salvarla.

Inframundo.

En los antiguos dominios de Hades las almas se hallaban errantes, de un lado hacia al otro, se había desencadenado un gran caos, pero un antiguo santo de Atenea, Shion de Aries se movía con su octavo sentido inmerso en gran confusión.

—El Infierno se ha convertido en un enorme desastre…

Unas almas demoníacas atacan al santo, pero este las evade por medio de la teletransportación.

—Así que hay un alma que puede moverse con cierta libertad por éstos dominios…

—¿Quién eres? —pregunta un temeroso Shion.

—¿Quién soy? Pues, soy alguien que ha estado muy cerca de los humanos desde la antigüedad, pero no soy uno de ellos…

—¿Acaso tu eres un…dios?

—¡Soy Prometeo!

—Prometeo, ¿qué hace uno de los titanes en un sitio como éste…? ¿Acaso tú…? —contesta un perplejo Shion de Aries.

—Soy un observador del devenir de la humanidad, siempre he seguido su progreso y visualizo un nuevo horizonte…

—¿A qué se refiere Prometeo?

—Los humanos están levantando el puño incluso en contra de los dioses, y ahora los inmortales les temen, no saben hasta donde pueden llegar…

—Nosotros los santos hemos luchado por Athena durante generaciones…

—Siguen a Athena porque ella es protectora del planeta, antes éste era visto como territorio de la soberanía de Zeus, pero luego éste ha trasmitido el mismo a la diosa Atenea, pero ella se ha transformado en una más de ustedes, aun levantando el puño en contra de sus propios hermanos…es algo interesante…

—El destino de Atenea me acongoja el corazón… —se lamenta Shion. —Es cierto, los humanos no hemos sido totalmente dignos del planeta que se nos ha brindado…pero los inocentes que existen en el orbe son una razón más que loable para luchar…

—Luchar por el más débil…eso hace distinto a los santos de Atenea… —comenta Prometeo.

—¿Qué quieres decir?

—Los guerreros del Olimpo luchan por sus dioses… ¿pero es que acaso vale la pena intentar proteger a alguien que es más fuerte?

—Me pregunto, ¿qué estará sucediendo en estos momentos en la Tierra?

—En estos momentos Apolo está arrojando su furia contra los humanos, devastando el planeta con tormentas solares y terribles plagas, la diosa Atenea está tratando de detenerlo valientemente con la ayuda de sus santos…

—Me gustaría servirle a Athena, pero…no puedo regresar al mundo de los vivos sin un cuerpo...no puedo ni siquiera encontrar un sentido a este caos, ¿acaso soy el único santo que se encuentra en este oscuro sitio…?

—Quiénes despierten el octavo sentido en una forma superior quizá puedan hacerlo también después de muertos, tal cual lo has hecho tú…

—Eso lo sé, pero es que no he sentido el cosmos de los otros trece santos de oro…

—Tú debes ser capaz de encontrarlos, pero no deberían luchar, no tiene sentido que lo hagan…

—¿Qué quieres decir?

—Ustedes han muerto, en otras palabras no pueden volver al mundo de los vivos, esto es algo que Hades no lo permite, sin embargo, con el dios de los infiernos exterminado…sus reglas pueden ser vulneradas por quiénes puedan usar el octavo sentido y logren escapar de sus dominios…

—¿Entonces Hades ha sido exterminado para siempre? —pregunta Shion.

—No creo, los dioses trascienden todo, pero ustedes los humanos que han perdido sus cuerpos no deberían luchar…

—¿Qué quieres decir con eso?

—Seré conciso…si ustedes logran escaparse de los infiernos y mueren en la superficie encontrarán el fin de su existencia…

—¿Eso quiere decir que perderemos nuestra alma y no volveremos a reencarnar más?

—En efecto, ese es el destino de combatir con tu alma expuesta, solo los dioses son inmortales, pero aun así sus almas pueden ser heridas…

—¡Increíble!

El antiguo Patriarca se queda pensativo, por su mente rondan dudas, tales como dónde se encontrarán los santos dorados y cuál sería el precio de trascender la muerte para enfrentar a los dioses…