Capítulo 4: Luchad por el descanso de sus almas.
La batalla contra el Olimpo había iniciado, los primeros rivales de los santos eran los sacerdotes solares, los súbditos de Apolo, quién había desplegado una terrible plaga. Las revelaciones de los oráculos eran de suma importancia para conocer los secretos de la guerra santa.
Shun tiene un duro enfrentamiento contra Aristeo, en el oráculo de Delos, tras vencerlo consultó a la pitonisa, quién le reveló algo inquietante, explicándole que tenía que tener cuidado con el espíritu de Hades, quién estaba en el limbo, queriendo regresa. Al terminar la revelación, la pitonisa fue calcinada por el furioso Apolo, ante la desazón del hombre más puro del planeta.
Antigua Asia Menor, actual región asiática de Turquía.
Oráculo de Dádimo.
Las ruinas del templo oracular mostraban un lugar asombroso, habían columnas en un excelente estado de conservación y se apreciaban demarcados los cimientos de casi toda estructura que alguna vez había sido la ciudadela que albergaba al oráculo.
Shiryu de Libra, que portaba su armadura dorada, atraviesa la puerta que daba a dónde se encontraba en teoría la pitonisa, pero para su sorpresa un enorme salón aparecía delante de él y en el fondo otra majestuosa puerta yacía imponente.
—Esa debe ser la habitación de la pitonisa, es hora de buscar la revelación y detener al maligno Apolo… —murmura Shiryu y avanza hacia la siguiente abertura.
Un hombre misterioso sale a su encuentro de repente, el guerrero de la corona lucía unos cabellos rubios y cortos, tenía ojos color verde, portaba su manto de la corona, el cuál era elegante y tenía detalles rojos y dorados.
—Soy Cándalo, uno de los sacerdotes solares…soy el guardián de Dádimo, así que eres uno de los santos de oro…
—Así es, soy Shiryu de Libra, vengo en nombre de la diosa Atenea, en busca de las revelaciones…
—Lo sé, la guerra santa ha comenzado…tengo órdenes de Apolo de tomar tu cabeza.
—Eso no te resultará sencillo… —retruca Libra.
—¡Luchemos entonces!
Cándalo enciende y expande su cosmos rojizo como el sol.
—¡Conocerás la fuerza del…DRAGÓN NACIENTE!
Shiryu ejecuta con total violencia su técnica a la velocidad de la luz, un dragón verdoso se abalanza contra el sacerdote solar, pero cuándo está próximo a su rival se desvanece, siendo completamente extinguido.
—¿Qué ha pasado? —pregunta un Shiryu perplejo.
—Simplemente he calcinado tu famoso dragón con mi energía, tu técnica no es gran cosa…
—¡Puedo sentir un enorme cosmos en éste hombre, las advertencias del Patriarca estaban fundadas!
—¡Te mostraré ahora mis artes! —Cándalo abre los brazos creado llamas a su alrededor.
—No esperaré que me ataques, te mostraré mi mejor técnica… ¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
El santo oriental extiende sus dos brazos adelante, generando la aparición de haces de luces verdes, que emulaban la embestida de cien dragones.
—No me causas miedo santo ateniense… ¡PLASMA SOLAR!
Cándalo de Dádimo junta sus muñecas, abriendo sus manos al frente, una esfera de tonos amarillos, dorados, naranjas y rojos se manifiestan en sus palmas, generando un pequeño sol, el cuál en una millonésima de segundos se deshace, convirtiéndose en una potente lluvia de rayos de plasmas.
Ambos ataques crean una gran fricción, que despide gran energía, al tiempo que ambos contendientes tratan de imponer sus técnicas sin lograrlo, el choque cósmico se mantiene activo.
—¡Los sacerdotes solares tienen un poder formidable, su técnica es equivalente a los cien dragones! —manifiesta Shiryu con dificultad mientras enciende su cosmos.
—No, el que debe estar sorprendido soy yo, nadie había resistido antes a mi plasma solar… —Cándalo devuelve el elogio al tiempo que sigue lanzando su ataque.
—¡No puedo descuidarme, debo seguir encendiendo mi cosmos! Esto podría convertirse en una batalla de mil días…
—¡Si uno baja la guardia podría morir! —murmura Cándalo para sí.
Las técnicas de ambos adversarios eran totalmente equivalentes, de pronto se genera una enorme colisión en el medio que explota, arrojando a los contendientes al suelo con grandes heridas. Sin embargo, los dos se levantan algo aturdidos, listos para seguir luchando.
—Ahora que estoy usando la armadura de mi maestro no puedo perder, sino deshonraré todas sus enseñanzas…
—Vaya, te has levantado…parece que tendré que usar todo mi poder.
—Me levantaré todas las veces que sean necesarias, ¡los santos luchamos por Athena hasta el final!
—Te acabaré por oponerte a los dioses… ¡PLASMA SOLAR!
—¡Te enseñaré el poder de defensa de mi armadura de Libra!
Shiryu de Libra usa sus escudos para defenderse, al tiempo que se mueve esquivando varios golpes, bloqueando algunos y recibiendo solamente los más débiles.
—¡No puedo creerlo! Su escudo y su armadura no tienen ni siquiera una fisura…
—Los escudos de Libra son indestructibles… —contesta orgullosamente Shiryu. —Aunque la armadura se resienta, éstos escudos nunca serán destruidos… ¡ahora es mi turno! –repentinamente aparece frente a su enemigo. —¡DRAGÓN VOLADOR!
—No funcionará…
Shiryu se abalanza con su puño en un vuelo horizontal hacia su enemigo, el puño de Libra parece convertirse en la cabeza de un dragón cuyas fauces aparentan estar a punto de devorar a Cándalo, pero éste salta rápidamente a espaldas del santo, evitando así su técnica.
—¡Tenía razón, tampoco funcionó…!
—Tus técnicas básicas no funcionarán, sólo los cien dragones podrían alcanzarme, pero mi plasma solar es equivalente, de modo que esa es la forma de defenderme de tu técnica más poderosa… —argumenta Cándalo con una media sonrisa.
—¡Tiene razón…mis técnicas están siendo ineficaces! —musitó Shiryu. —Tengo que destruir la paridad entre nosotros…
—No digas tonterías, te demostraré que no hay tal paridad… ¡defenderé éste oráculo con todo mi poder, fui elegido por el mismo Apolo para defender este sitio sagrado!
Cándalo de Dádimo crea llamas en sus manos y súbitamente les da forma de lanzas, logrando en ellas una formidable arma de guerra.
—¡Muere de una vez…LANZAS DE LA CORONA!
El sacerdotes solar arroja varias lanzas sobre su enemigo, las cuales son bloqueadas por los escudos del santo dorado, sin embargo una le da alcance en una de sus piernas, infringiendo un profundo dolor, el ateniense cae de rodillas y termina por recibir las demás lanzas de fuego en su cuerpo.
—Estas heridas no me detendrán… —expresa Shiryu en el suelo al tiempo que lentamente se pone de pie.
—Admiro tu valor y valentía, veo que lucharás hasta el fin…
—¡Debo elevar mi cosmos!
—¡Ya es tarde, te liquidaré maldito, sufre otra de mis técnicas…ERUPCIONES SOLARES!
Cándalo desprende de su puño enormes bolas de fuego, pero Shiryu se mueve a un costado velozmente, eludiendo la técnica de manera milagrosa.
—¡Eso estuvo cerca! —pensó Libra.
—Has evitado mi ataque de gran manera… —retrocede Cándalo asombrado.
—¡Seguiremos luchando por Athena, aún no has visto todos mis ataques, en mi mano derecha reposa la espada sagrada que me fue heredada por Shura de Capricornio, cuando éste me salvo la vida, no voy a fallarle a él que me encomendó proteger ésta Tierra, ni a mis amigos, quiénes están dando su vida por la misma causa, EXCÁLIBUR!
Shiryu de Libra extiende su mano y la sacude violentamente, liberando una hoja dorada que se dirige a su enemigo a la velocidad de la luz, dividiendo todo a su paso, el sacerdote se ve sorprendido y es alcanzado, siendo su casco separado en dos, al tiempo que la armadura tiene una cortadura que atraviesa su cuerpo verticalmente, su sangre brota por dicha grieta, la víctima suelta un grito de dolor, pero logra reponerse.
—Desgraciado, has conseguido lastimarme… ¡estabas esperando el contragolpe!
—¡Cómo te dije antes…tengo la armadura sagrada que he heredado de mi maestro, el santo dorado de Libra y he heredado además también excálibur! ¿Cómo crees que podría ser vencido?
—¡Reconozco tu poder, pero es tonto oponerse a los dioses! Además, deben comprender que se viene una nueva era…
—Jamás comprenderemos eso, hemos luchado un sinfín de batallas para proteger a Athena y a los humanos…
—¡Es una verdadera pena, tus habilidades serían muy halagadas por los guerreros que viven en el Olimpo, pero no tengo más remedio que castigarte en nombre de los dioses…ERUPCIONES SOLARES!
Cándalo lanza una ráfaga de bolas de fuego, que imitaban las llamas del sol, el santo usa sus escudos para defenderse, pero estos empiezan a arder en llamas al entrar en contacto con la llamarada.
—La primera vez lograste evitar el ataque, pero fuiste muy ingenuo al querer bloquearlo, las erupciones solares hacen arder cualquier cosa, hasta la kamui de los dioses arderían en llamas al sentir su contacto…
—No puedo rendirme así. Aunque mi armadura tiene importantes fisuras…
Shiryu arde su cosmos y sacude violentamente sus brazos para librarse del fuego.
—¡Que increíble tenacidad! Lograste apagar lo que quedó de las llamas del sol, pero tu escudo y tu armadura deben estar ardiendo, no creo que puedas volver a usar tus brazos para usar tu técnica, es el fin…mi cosmos ha llegado a su punto máximo… ¡PLASMA SOLAR!
—¡No puedo decepcionar a mi antiguo maestro…LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
El santo dorado no logra dominar sus brazos, debido a las importantes quemaduras, por ésta razón no puede ejecutar su ataque, con lo cual recibe la técnica de su rival, miles de golpes ardientes a la velocidad de la luz impactan en distintas partes de su cuerpo, estampándose contra la pared que tenía a sus espaldas, finalmente cae al suelo y un enorme charco de sangre riega el lujoso piso del templo.
—No se volverá a levantar…
El santo de Libra divagaba en su mente, tratando de comprender como podría vencer a su enemigo, hasta que pronto sintió una energía lejana, se trataba de alguien muy importante para él.
—¡Shunrei está rezando por mí!
En ese instante el santo de oro pudo sentir que otra voz le hablaba espiritualmente.
—Así es Shiryu, yo nunca me daría por vencido si alguien dedicara sus pensamientos en mí de esa manera…
—¡Antiguo maestro Dohko! Tú…
—Y si la muerte vendría por mí en tus circunstancias, mi alma lo lamentaría hasta la próxima vez que reencarne, ¿de verdad quieres eso Shiryu? —pregunta Dohko.
—¡No, jamás! ¿Pero cómo puedo hacer para vencerlo? Su energía solar es capaz de incinerar a los cien dragones…
—¡No hay ningún secreto, eleva tu cosmos igual que lo hiciste en los Campos Elíseos, sólo así lo derrotarás! Aunque sea sólo por un segundo, debes llevar tu cosmos al infinito…
—¡Es cierto, soy capaz de hacerlo…! Pero maestro en esa ocasión estaba protegido por la sangre de Athena…
—¿Acaso lo has olvidado? No debes depender de tu armadura Shiryu, sea de bronce, de oro o divina…el poder reside en el cosmos…
Tras sentir en lo profundo de su ser las palabras de su maestro, Shiryu vuelve en sí y con gran dificultad se pone de pie, para sorpresa de su enemigo.
—Pensé que habías muerto, ¿acaso no puedes esperar la muerte en paz…? —pregunta Cándalo. —¿Tienes la necesidad de sufrir?
—¡Muchos de mis seres queridos están dándome aliento desde muy lejos, yo…yo te venceré!
El santo de Libra eleva su cosmos y se quita la túnica dorada, dejando ver su cuerpo malherido por las llamas y los golpes que le ha impregnado el guerrero solar.
—¿Por qué te quitas la armadura? Es lo único que ha evitado que tu cuerpo sea convertido en cenizas…
—¡Desde el principio estuve fiándome en el impresionante poder de la armadura de mi maestro, pero mientras yo no logre superar el séptimo sentido, no podré vencerte!
—¿Y crees que tu cosmos arderá más solo porque no estás protegido?
—No, mi cosmos arderá, porque yo así lo decidí…
Shiryu se pone en posición de combate mostrando parte de su espalda, detrás de sus largos y negros cabellos aparece la imagen de un dragón, tatuado sobre su piel.
—¿Qué es esto? ¿Un dragón? —exclama un Cándalo sorprendido.
—¡Cuando un dragón aparece en mi espalda significa que mi cosmos arde al máximo!
—Tus brazos no serán capaces de soportar la potencia de tus dragones, si me atacas con ellos, se despedazarán…y aunque lo lograras, tus heridas se abrirían en una profunda hemorragia, que te llevará al lecho de muerte…
—¡Desde el comienzo estoy decidido a morir, pero no moriré sin hacer nada…LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
—¡Muere insensato…PLASMA SOLAR!
Las dos técnicas colisionan, creando una enorme explosión, el ateniense eleva su cosmos repentinamente, superando sus propios límites y termina imponiéndose, los dragones alcanzan a su enemigo, golpeándolo sucesivamente por el aire, hasta que finalmente cae duramente contra el suelo, su armadura está despedazada, su sangre brotaba a borbotones.
—Increíble, ¿cómo ha sido capaz de lanzar su técnica con tanto poder? —expresa Cándalo agónicamente.
—¡Eso se debe a la esperanza!
—¿La esperanza?
—En nuestros corazones todavía albergamos esperanzas de salvar nuestro planeta, hemos logrado muchas proezas juntos, muchos sacrificios valiosos nos permitieron vencer a Poseidón y Hades, los mismos santos de oro han sacrificado sus vidas para ello, y nosotros daremos gustosos nuestras vidas por los mismos ideales…
—La esperanza, santo de Libra, aunque hayas sido mi enemigo…tus palabras me han conmovido…yo moriré con la esperanza de que logres tu cometido, lástima que tú también tendrás el mismo destino…
El sacerdote solar cierra sus ojos y la muerte lo abraza.
—Que temible enemigo, las anteriores guerras santas sólo fueron la antesala de ésta…demonios, mis heridas me arden.
De pronto el santo de oro siente su cuerpo sin energía y cae, sin embargo con sus heridas a cuestas busca a la pitonisa, arrastrándose en el piso, con sus brazos quemados y dejando un rastro de sangre tras sus pasos, finalmente llega hasta la puerta, la abre como puede y se escabulle dentro de la habitación.
—Un buscador de la verdad ha llegado arrastrándose desde muy lejos…
—Soy un santo del Santuario, vengo a ver que dice el oráculo…mi nombre es Shiryu de Libra… —dijo desde el suelo.
—El oráculo ha dicho que su lucha santa es en vano, Athena perderá…
—¿Cómo dices? —dice Shiryu alarmado y poniéndose de pie como puede.
—El cielo es muy poderoso, tiene demasiado poder bélico comparado con ustedes…una de sus únicas y remotas posibilidades es que aquellos que se han sacrificado pudieran luchar a su lado…
—¿Te refieres a los santos de oro? Pero ellos están muertos, dieron sus vidas para derribar el muro de los lamentos…
—Por ese pecado y tantos más, ellos han sido castigados…
—¿Castigados? Pero, por favor ilústrame…
—Sus almas han sido selladas por el poder de los hermanos Artemisa y Apolo, por eso es que las almas de esos santos de oro no volverán a reencarnar, sin embargo, si llegan a ser liberadas podrían contar con esa remota posibilidad de vencer…
—¿Cómo podemos liberarlos?
—Cosa difícil de hacer. Ya que los cosmos de los príncipes gemelos custodian la piedra del castigo…solamente si pudieran evitar que los cosmos de ellos protejan ese lugar podrían liberar las almas de sus camaradas.
—Entonces lo primero que debemos hacer es derrotar a Apolo y Artemisa para poder liberar a los santos de oro…
—Pero no es recomendable, lo mejor que podrían hacer es rendirse…
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
—Aún si pudieran liberarlos, si lucharan con sus almas expuestas…es cierto que sin el señor del inframundo y pese a que ahora Perséfone es quien rige los infierno…con la octava conciencia pueden escapar de los avernos, sin embargo, sin sus cuerpos…si murieran en esa situación, sus espíritus se extinguirían para siempre…
Unos horrorosos insectos surgen de la nada, alrededor de la pitonisa y se abalanzan sobre ella, picándola con aguijones mortales, la mujer suelta un grito de pánico antes de morir.
—¡Qué demonios fue eso! Esta pobre mujer…quien sería capaz de una atrocidad como ésta…—murmura Shiryu hasta que su vista se nubla súbitamente. —La última técnica que usé para eliminar a Cándalo me ha dejado al borde de la muerte, no sé si tendré fuerzas para regresar al Santuario… —dijo antes de caer al suelo inconsciente, su vida está al borde de la cornisa.
Inframundo.
Uno de los antiguos santos dorados se encontraba extraviado en los infiernos.
—Es increíble, todo esto ha sido culpa de la muerte de Hades… —reflexiona para sí Kanon. —El Infierno ha sido destruido, todas las almas vagan indefinidamente, a pesar de huir de sus prisiones y sus escarmientos, tampoco encontrarán paz…yo que he adquirido el octavo sentido puedo entender todo esto, pero que demonios le sucederá a las otras almas…
—Eso también me lo he preguntado y tampoco lo sé…
—¡Ese cosmos! Tú eres…el antiguo Patriarca del Santuario… ¿cómo es que una persona que ha muerto hace tantos años aún puede vagar por el Infierno?
—Cuando Hades me resucitó tuvo que extraer mi alma desde lo más profundo del Cocytos, desde entonces…mi alma ha recorrido ese horrible viaje a través de la muerte… —contesta Shion. —Pero la derrota del dios de los Infiernos ha hecho que la muerte haya dejado de influido en mí, al igual que en ti…que habías muerto recientemente…con nuestra octava conciencia podemos despertar…
—Eso significa que los santos dorados deben estar vagando en los infiernos también…
—¡No Kanon, tú eres el único al que he encontrado de momento, empiezo a sospechar que puede que no haya nadie más!
—¿Sabes qué ha pasado en la Tierra después de la derrota de Hades?
—Al caer Hades, la ira del Olimpo ha despertado, Seiya y los otros deben estar combatiendo en estos momentos con Apolo… —anoticia Shion.
—¿Apolo, el dios del sol dices? —pregunta un desconcertado Kanon.
—Así es…
—¿Cómo has podido saber eso desde aquí?
—¡Es debido a que me he encontrado casualmente con Prometeo! O quizá nuestro encuentro no haya sido tan casual…
—No es posible, el titán Prometeo… —dice el griego asombrado.
—Sí, él me dijo eso, y también que existe la posibilidad de salir de este sitio…
—¡Increíble! Tenemos que hacerlo…
—Pero de todas maneras, Prometeo me hizo una advertencia más…
—¡¿Qué dijo?!
—Dijo que si logramos salir y nuestras vidas se consumen en la superficie, nuestras almas desaparecerán. Para siempre…
—¿Eso quiere decir que dejaremos de existir? —pregunta Kanon con temor.
El antiguo Patriarca asiente tristemente con la cabeza ante la pregunta de quién usara la armadura dorada de Géminis en la batalla contra Hades.
El Santuario.
Ruinas cercanas al Coliseo.
Dos jóvenes santos de plata conversaban acerca de los acontecimientos que estaban sucediendo a lo largo del orbe.
—Estoy sorprendido del poder de Athena… —dijo Pléyade de Orión, mirando en dirección a la alcoba que se encontraba por encima de las doce casas.
—Con su cosmos está fortaleciendo el campo magnético de la Tierra, para disminuir los daños de las tormentas solares, al tiempo que extingue las terribles plagas… —contesta Alkes de Copa.
—Los soldados rumorean que Athena se ha embarcado en una guerra imposible…
—Debemos tener esperanzas, nos convertimos en santos para poder ayudar a Athena en ésta guerra…
—¡Me siento un inútil estando acá…los santos dorados están arriesgando sus vidas…! ¿Dónde han ido? —interroga con pesar Pléyade.
—Mis informantes, los soldados que custodian la alcoba del Patriarca, me dijeron que escucharon que fueron enviados a los oráculos… —contesta un enigmático Alkes.
—¿Por qué no nos enviaron a nosotros…?
—Más adelante lo sabremos, Athena es sabia, debemos confiar en ella…
—Pero… ¡esa ha sido una orden del Patriarca! No confió en él.
—¿Cómo puedes desconfiar de Gliese?
—Desconfió de que el Patriarca sea Gliese… —manifiesta sus dudas Pléyade.
Monte Olimpo.
Ciudadela de Olimpia.
Una ciudad antigua se levantaba en pleno monte sagrado, sus edificaciones recordaba a las antiguas civilizaciones de Grecia o Roma, sobre una edificación del estilo de una torre, se encontraban dos ángeles hablando.
—Los santos de Atenea están intentando lo imposible, pero la verdad estoy sorprendido de lo bien que lo están haciendo… —expresa Odiseo.
—Todavía no salgo de mi asombro, tres sacerdotes de Apolo han sido vencidos. —contesta con tranquilidad Teseo.
—No hay que subestimar a la diosa de la guerra, ni a sus guardianes, no por nada han salido con vida del enfrentamiento contra dos de los dioses más fuertes del Olimpo…
—De todas maneras, aunque hayan ganado algunas batallas…no tienen oportunidad contra nosotros los ángeles, igual no creo que lleguemos a enfrentarlos.
—Los sacerdotes han quitado a tres del camino… —afirma Odiseo.
—Atenea pretende vencer al Olimpo con dos guerreros… —Teseo se ríe. —Siempre y cuando éstos dos sobrevivan a los sacerdotes solares…
—No deberíamos tomarlo tan a la ligera… —exclama un prudente Odiseo, mirando a los ojos a su compañero.
El Santuario.
Coliseo.
Jabu de Unicornio, Ichi de Hidra, Geki de Oso, Lobo, Ban de León Menor, Marín de Águila y Shaina de Ofiuco se encontraban haciendo guardia. La armadura de ésta última se había vuelto dorada con la resurrección del legendario Santo de Ofiuco, sin embargo luego de que el espíritu de éste abandonó el cuerpo de la mujer guerrera, volvió a su rango plateado, aunque la armadura presentaba una forma evolucionada.
—¿Entonces tu armadura era dorada originalmente? —pregunta Jabu.
—Eso es lo que dijo el Patriarca, pero también comentó que había sido maldecida por los dioses y por ello, degradaron su rango… —contesta Shaina.
Repentinamente se siente una teletransportación, se trataba del nuevo santo de Buril.
—¡Kiki!
—Todo está tranquilo de momento en el Santuario… —dice un Kiki sonriente.
—Los cosmos de Seiya y los demás…los he sentido en peligro. —acota una preocupada Marín.
—Ellos están portando las armaduras doradas ahora, hay que confiar en ellos… —agrega Kiki.
—Kiki, tú has sido el que ha reparado esas armaduras… ¡habían sido destruidas en los Campos Elíseos por el temible Thanatos! —comenta Geki.
—No me den todo el crédito, a decir verdad, yo usé las herramientas celestes de la armadura de Buril, pero…
—¿Pero…que? —interroga Ban.
—Bueno, como saben, las armaduras se encontraban en los Elíseos y me era imposible teletransportarlas, fue la propia Athena quien las trajo de regreso al Santuario, y además para que las armaduras revivan necesitan sangre…ese es el proceso, ustedes lo saben… —explica Kiki. —Seiya y los otros usaron su propia sangre para restaurar las armaduras…
—¡Espero que puedan vencer a los guardianes de los oráculos…! —dice con su característica voz estridente Ichi.
—¡Seguramente lo lograrán! —Jabu responde al deseo de su camarada, mirando al horizonte, las esperanzas de los atenienses se conservan intactas.
