Capítulo 5: La melodía de las llamas del Sol.

En el templo del oráculo de Dádimo se desencadenó un terrible enfrentamiento, en el cuál Shiryu logró vencer a Cándalo, tras consultar a la pitonisa le fue revelado que la suerte de la batalla dependía de que fueran liberados los santos de oro que destruyeron el Muro de los Lamentos, ya que sus almas se encontraban encerradas en un obelisco de piedra, sellados por el poder de Artemisa y Apolo.

La batalla contra los sacerdotes solares seguía su curso, ahora quedaban sólo dos oráculos para consultar, dos verdades por ser reveladas…

Oráculo de Dodona.

Fronteras de Grecia y Albania.

El santo de Acuario había deambulado desde altas y ásperas montañas, a los más modestos relieves que se degradan hacia el mar del Golfo de Arta. Finalmente había encontrado la ciudad de Epiro, dónde tras recorrerlas había hallado el templo, sin embargo a medida que se acercaba al mismo una hermosa melodía se escuchaba cada vez más cerca, hasta que encontró la puerta que llevaba al interior.

—El templo de Dodona, este oráculo es el que brindaba revelaciones a Zeus, según lo que dijo el Patriarca…debo entrar…

Hyoga de Acuario atraviesa la puerta, hasta que se detiene al ver a un sacerdote tocando un arpa, era la hermosa canción que había estado escuchando desde hace un rato.

—Un sacerdote… ¿tú eres uno de los guerreros sagrados de Apolo…? —pregunta Hyoga.

—Así es…soy Lino de Dodona, uno de los guerreros de Apolo… —dice sin dejar de tocar su instrumento.

El guardián de la luz de la verdad tenía una cabellera negra, alborotada, que reflejaba trazos azules y que caía a sus espaldas.

—Yo soy un santo del Santuario, Hyoga de Acuario y tengo órdenes de Atenea de consultar el oráculo…

—No puedes ver al oráculo, son órdenes de arriba… —responde Lino con tono bajo.

—¡No te estoy pidiendo permiso! —dice Hyoga mientras se pone en guardia.

—Qué triste. Eso significa que irás al Infierno… —responde Lino mientras sigue tocando su música, que seguía tan calma como al principio.

—No lo creo, ahora verás la danza del Cisne… ¡POLVO DE DIAMANTES!

Luego de ejecutar su danza característica, Hyoga extiende su puño, liberando ráfagas de viento helado que llevan nieve tan compactada como el diamante en finísimos cristales.

—¡Conocerás la magia de mi arpa, MELODÍA DEL ETERNO DESCANSO!

La técnica glacial del santo de oro se desvanece súbitamente ante la música del guerrero solar.

—Imposible… ¿qué ha sucedido?

—Mi técnica desvanece cualquier tipo de ataque, debido a la vibración que provoca, así como cualquier materia se derrite ante las llamas del Sol… —explica Lino. —Toda técnica que me amenace se desvanece al entrar en contacto con la onda que genera mi música…

—¿Qué? ¡Mi cuerpo está entumecido! —exclama Hyoga mientras intenta mover su mano derecha en vano.

—Es el efecto posterior de mi defensa, ahora están a mi merced…por el mismo efecto que tu técnica se desvanece, tu cuerpo se adormece, pronto ya no podrás tener ningún control sobre él, lamentarás haberme querido enfrentar… ¡REQUIEM DEL SOL!

Lino de Dodona toca una hermosa melodía que crea llamas alrededor del enemigo, produciendo un gran calor.

—Mi música tiene el poder de elevar la temperatura y generar llamas que danzan a su ritmo…

—Estás llamas están agobiando mi cuerpo… —musita Hyoga al tiempo que queda arrodillado.

—¡Llamas, ahora bailen a través de su cuerpo! —contesta Lino mientras la tonada de la música se vuelve más agresiva.

Las llamas rápidamente hieren al santo dorado de Acuario de forma cruel, provocando grandes quemaduras en su cuerpo.

—Maldición, a este ritmo seré calcinado…las evaporaré con mi aire congelante. —exclama Hyoga elevando su cosmos y bajando la temperatura abruptamente.

Las llamas repentinamente se congelan y luego explotan.

—¡Ha congelado mis llamas! —exclama Lino sorprendido.

—¡Parece que te has cruzado con el enemigo equivocado! —contesta un confiado Hyoga.

—Eres muy inocente en pensar que lo has conseguido, todavía no has logrado apagar todas las llamas…

Cuando todo parecía haber terminado, las llamas vuelven a avivarse repentinamente de los destellos de fuego que aún quedaban.

—¡Lo haré sin falta, ahora congelaré todas tus llamas!

Hyoga de Acuario eleva su cosmos y apaga algunas de las llamas que lo rodeaban.

—¡Este es el poder del cero absoluto…RAYO DE AURORA!

El santo dorado lanza su viento congelado pero el sacerdote solar lo evita con gran agilidad, dejando de tocar su instrumento.

—¡No funcionó el trueno de aurora!

—Por poco me congela… ¡es muy fuerte!

—Es admirable que hayas podido esquivar semejante ataque. Sin embargo, el aire a tu alrededor es cada vez más helado…

—¿Qué dices…? —Lino pregunta mientras se mira la armadura y advierte que tiene algunos puntos cristalizados.

—¡Es el poder del cero absoluto, tu armadura irá poco a poco congelándose! Tus llamas ya no podrán alcanzarme… —dice Hyoga sonriendo.

—Ni siquiera me ha tocado… —responde Lino mientras enciende su cosmos y los puntos cristalizados se derriten.

—¡Su energía cósmica derritió el hielo!

—Lo siento pero congelar los mantos solares es imposible…

—Esa armadura debe tener cualidades similares a las armaduras doradas que recibieron el calor del sol…

—¡En efecto…aún más, nuestras armaduras son hechas con el poder de nuestro gran señor Apolo, son vestimentas del mismísimo sol!

—¡Tus llamas se han desvanecido de todos modos…!

—Tengo varias formas de matarte… —manifiesta Lino, encendiendo sus ojos con una luz roja.

—¡Toma esto, mi técnica suprema…EJECUCIÓN AURORA!

—¡Tonto…el hielo siempre se derrite ante el sol! ¡MELODÍA DEL DESCANSO ETERNO!

La técnica máxima de la constelación de Acuario se desvanece por la música del sacerdote, como había sucedido antes con su polvo de diamantes.

—¡No es posible que alguien pueda deshacerse tan fácilmente de la ejecución aurora! —dijo Hyoga mientras retrocede abrumado.

—Ahora Acuario, duerme para siempre, ¡REQUIEM DEL SOL!

—¡Esas llamas serán nuevamente congeladas…EJECUCIÓN AURORA!

Hyoga dispara su aire helado hacia los costados, congelando las llamas con su gran poder.

—Que técnica tan poderosa…

—¡Tu réquiem del Sol no funcionará más!

—Enhorabuena Acuario, has evitado mi ataque, pero tienes tu cuerpo entumecido y tus fuerzas agotadas…

—¡Te equivocas si piensas que esta pelea está terminada, en realidad acaba de comenzar!

—Ya he visto tu técnica varias veces y siempre ha fracasado… ¿sabes cuál es la definición de locura?

—¿Ah? —se pregunta Hyoga.

—Es hacer una y otra vez lo mismo esperando obtener resultados diferentes…

—¡Calla…ahora verás cómo obtengo resultados diferentes! ¡EJECUCIÓN DE AURORA!

—Está bien, éste será el ataque definitivo… ¡RÉQUIEM SOLAR DE CUERDAS!

Lino eleva su cosmos y las cuerdas de su arpa se extienden hacia Hyoga, que es apresado antes de poder ejecutar su técnica, las cuerdas rasgan la piel del santo poco a poco.

—¡Demonios…a este ritmo moriré sin hacer nada!

—Tú no tienes oportunidad de vencerme, cuando la música finalice tu cuerpo arderá por las llamas del Sol… —manifiesta Lino con una sonrisa.

El guerrero de Apolo toca una bella música que hace delirar a su enemigo, en el acorde final las cuerdas que salían desde el arpa hacia el ateniense se vuelven en un rojo intenso y su cuerpo empieza a quemarse.

—Siento lastima por ti, irás al otro mundo de una forma muy trágica…

—¡No puedo morir así nada más, mi cosmos arderá una vez más!

Hyoga de Acuario eleva su cosmos cada vez más, congelando así las cuerdas que lo aprisionaban para luego romperlas, liberándose sorprendentemente del réquiem, las cuerdas son finalmente destruidas.

—¡No puede ser, como ha podido, estaba casi muerto pero su cosmos brilla aún más que antes!

—Es una pena, pero tu energía solar ya no funciona en mí… —dice Hyoga con el rostro serio y mostrando profundas quemaduras en su piel.

—Tus heridas te hacen delirar, no puedes hacer nada, aunque te hayas liberado una vez, volveré a atraparte… ¡MELODIA DEL DESCANSO ETERNO!

—Esa música está afectando mi cuerpo otra vez… —expresa Hyoga al tiempo que su cosmos disminuye y comienza a sentirse adormecido

—No hay forma de liberarse del hechizo de mi música, ahora sí, ya no podrás escapar de la muerte… ¡REQUIEM SOLAR DE CUERDAS!

El santo de oro es aprisionado nuevamente por las cuerdas del arpa.

—¡Cómo lo imaginaba…te tengo como quería! —exclama Hyoga, esbozando una sonrisa en su rostro.

—¡Tonto, estás acabado, deja de decir estupideces!

—¡Ahora es el momento!

—Su cosmos está creciendo nuevamente… —dice Lino estupefacto

El sacerdote solar apuró el final de su melodía, generando que sus cuerdas vuelvan a arder al rojo vivo y que las llamas cubran el cuerpo del santo de Acuario, quién cae arrodillado.

—Es tu fin… —susurra Hyoga con una dificultosa sonrisa.

El cosmos de hielo liberado por Acuario cubre su cuerpo y las cuerdas que lo aprisionan, rápidamente se extiende por las mismas hasta llegar al arpa.

—¿Qué? Mi arpa está congelada…

Hyoga trae a su enemigo cerca, tirando de las cuerdas congeladas, que se destruyen junto con su arpa.

—¡EJECUCIÓN DE AURORA!

La técnica impacta de lleno en su enemigo, su armadura está congelada y su arpa despedazada.

—No puede ser, se dejó sujetar por el réquiem de cuerdas a propósito para acabar con mi arpa…

—¿Cómo puedes hablar luego de recibir mi ataque de lleno? Deberías estar mortalmente herido…

Lino eleva su cosmos y evapora el hielo de su armadura con su cosmos.

—¡Es sorprendente, ha evaporado mi hielo! Sin embargo esta desarmado ¿qué planeas sin su arpa? —dice Hyoga absorto.

—¡Aunque haya perdido mi arpa, no puedo dejarte llegar con la pitonisa, recibe mi técnica más poderosa, DANZA DEL SOL!

El guardián del oráculo hace una pequeña danza, creando a sus espaldas una luz híper calórica, que al concluir los movimientos del custodio oracular, se abalanza sobre el santo, que es alcanzado por la energía rebosante de energía solar, cayendo al suelo fuera de combate, su piel presenta yagas profundas por las quemaduras de las cuerdas del arpa y algunos huesos de su cuerpo estaban rotos.

—Fuiste demasiado lejos Acuario, has combatido formidablemente consiguiendo destruir mi arpa sagrada. Pero ya ha terminado…

El santo yacía inconsciente en sus pensamientos más profundos, la idea de la guerra que se avecinaba no lo dejaba morir, pero sus fuerzas estaban agotadas, hasta que sintió algo sorprendente, alguien estaba tratando de comunicarse a su psiquis.

—Este cosmos…es…no, no puede ser…

—Si Hyoga, soy yo…

—¡Isaac! Así que tu espíritu se está comunicando con el mío…

—Hyoga, todavía no olvido nuestro encuentro, aquella vez…

—¿Nuestro combate?

—Si… aquella vez, comprendí que estaba equivocado en mi lecho de muerte, mi fuerza la había usado incorrectamente porque no tenía un propósito tan valioso como el tuyo, y no es que no lo haya tenido, sino que tus deseos más profundos eran más poderosos que los míos, ¡por eso debes levantarte!

—¡Es verdad Isaac, a lo largo de nuestros combates siempre estuvimos combatiendo con enemigos más poderosos que nosotros, y siempre luchamos con toda nuestra fe, superando todo escollo por más imposible que pareciera!

—Isaac tiene razón, Hyoga… —la voz de su maestro también se comunicaba a su cosmos.

—Esa voz… ¡Camus!

—Hyoga, ¡ahora ya no puedes decir que haya enemigos más poderosos que tú! Ahora eres el santo dorado de Acuario, tu poder se compara con el de los mejores guerreros sagrados de cualquier dios… ¡además, tu lucha por la justicia es lo que te ha permitido vencer a tus enemigos, por fuerte que estos eran!

—Maestro Camus, Isaac… ¡es cierto, aún con el magnífico poder de Lino, soy un santo de oro…!

Hyoga se levanta con gran dificultad, aunque tambaleaba un poco. El sacerdote solar siente unos pasos y voltea asombrado.

—¡Pero habías muerto! —exclama Lino.

—¡No puedo perder, debo cumplir mi cometido, no puedo darme el lujo de perder este combate ahora que estoy usando la armadura dorada de mi maestro Camus…EJECUCIÓN DE AURORA!

—¡Esta vez morirás…DANZA DEL SOL!

La potente ráfaga congelante lanzada por el rubio colisiona con la luz híper calórica que se abalanzó sobre él, creando un remolino de cosmos de un gran poder.

—¡Su cosmos ha crecido, es más poderoso que antes!

—¡No voy a perder Lino!

La imagen de Camus de Acuario aparece detrás de Hyoga.

—¿Qué? ¡Veo el espíritu de otro santo de Acuario atrás de él!

—¡No es su alma, es solo una proyección, Camus, mi maestro, puedo sentir su espíritu cada vez que uso la armadura dorada!

El poder de Hyoga empieza a incrementarse exponencialmente, haciendo retroceder al guerrero de Apolo poco a poco.

—¡No es posible, a este paso voy a…!

—¡Tengo una misión que llevar a cabo!

Hyoga vuelve a hacer otro movimiento con sus manos juntas, disparando nuevamente su ejecución aurora y el sacerdote es alcanzado por el ataque, siendo elevado hacia arriba, en medio del viento helado, toda la armadura comienza a congelarse rápidamente.

—No puede ser, mi manto solar ha sido congelado por completo, esto es imposible, acaso ha logrado un milagro… —dice en su último aliento Lino. —Aunque sea vencido, ustedes no podrán con los dioses…

El cosmos del sacerdote solar desaparece por completo.

—Al fin muere, que enemigo más temible…

Hyoga se toca el torso a la altura de las costillas de la izquierda, sabe que están rotas, uno de sus hombros está dislocado, una de sus clavículas está fracturada, sostiene su hombro herido con su otro brazo y con pesados pasos entra a la habitación de la pitonisa, la cual estaba ornamentada con unas bellas cortinas que alumbraban un tono dorado.

—Vienes en busca de la profecía del oráculo… —afirma la pitonisa.

—Así es, vengo en nombre de la diosa de la sabiduría, a buscar la verdad…

—Yo puedo decírtela por medio de las inspiraciones del gran Apolo…

La pitonisa se sienta en un sillón majestuoso y empieza a entrar en trance místico.

—Atenea podría dar batalla si cuenta con ese aliado. Esa entidad sagrada…

—¿Qué dices? —Hyoga pregunta con gran desconcierto.

—Salvo que cuente con la liberación de aquél al que ella misma atrapó…quien desde el inicio fue uno de sus más acérrimos enemigos.

—Te refieres a…no, no es posible…

—Poseidón, rey de los mares…

—¡No puedo creerlo! Es verdad, Poseidón nos ayudó en la guerra santa contra Hades, sin embargo es muy peligroso, también tuvimos una contienda sagrada con él…fue una gran lucha en dónde encerremos finalmente su espíritu…

—Puede que no sea un aliado. Quizá…

—¡Dices que no será un aliado! ¿Entonces cuál es el propósito? Espera, ¿una guerra santa con tres frentes? —preguntó Hyoga exaltado.

—A mí sólo me corresponde brindar las revelaciones, sólo interpreto la verdad del oráculo, no me atañe nada de la guerra santa…

—¡Señorita! Si el mundo perece usted también morirá…

—Nosotras las pitonisas representamos la voluntad del dios oracular, su voluntad se contradice en ésta ocasión…ya que desde tiempos inmemoriales, nos ha sido encomendada la misión por su propio mando, de dar respuestas obligadas a quiénes venzan a los sacerdotes solares, los mortales ordinarios pueden consultarnos sin tener que atravesar tan dramática odisea, sin embargo los guerreros de los dioses podrán obtener respuestas que libran solo tras salir victoriosos…

—¿Cuál es la contradicción?

—Que en esta ocasión, las pitonisas que han cumplido con su deber fueron castigadas con la muerte…

—¿Pero por qué?

—Esta vez es Apolo quién podría verse perjudicado por las revelaciones del oráculo, considera esto como una traición…

—¿Entonces por qué me revelas éstas cosas?

—Porque es la misión que me ha sido encomendada, no puedo fallar a ella, aunque deba morir, sin embargo tengo esperanzas, pues Zeus siempre me ha tenido en su consideración, espero que él intercede ante la ira de Apolo… — dice la pitonisa temerosa de la muerte.

—Es cierto, en la época del mito se decía que Zeus consultaba el futuro en éste lugar…

—En éste oráculo se vaticinó que uno de los hijos de Zeus lo…

Antes de terminar su frase la sacerdotisa es fulminada por un rayo que cae desde el cielo, haciendo un boquete en el templo y calcinando su cuerpo, generando un estruendo que alcanza al malherido Hyoga, arrojándolo con violencia contra una pared, para luego caer inconsciente en el piso.

Inframundo.

El antiguo Patriarca del Santuario se encontraba con Kanon, estaban recorriendo los avernos, atravesando las distintas prisiones, el regreso al mundo de los vivos era inminente.

—Es hora de volver al mundo de la luz, nuestra diosa debe estar en peligro… —expresa Shion.

—¡De todas maneras confío en las habilidades de Ikki y los otros! —contesta Kanon.

—Ellos han acumulado una gran cantidad de experiencia. Se han convertido en guerreros formidables… ¡es hora de volver a la Tierra!

—Espera, siento una presencia atrás mío…

—¿Son ustedes también santos de Atenea? —pregunta una voz al tiempo que una silueta se logra ver en las sombras.

—No es de educación preguntar quiénes somos sin antes decir quiénes son ustedes… —responde Shion.

—Disculpe, tienen razón, yo soy Orfeo de Lira…

—Y mi nombre es Daidalos de Cefeo…

—¡Lira, Cefeo! Me alegra saber que hay otros santos además de nosotros que han despertado la octava conciencia, soy el antiguo Patriarca, Shion de Aries y me acompaña Kanon de Géminis…

—Increíble…estos santos de plata han despertado el octavo sentido… —pensaba asombrado Kanon.

—¡Hemos estado buscándolos luego de toparnos con Prometeo! —explica Daidalos.

—Maravilloso, Prometeo ha sido muy benevolente con nosotros… —expresa Shion pensando en el titán.

—¡Es hora de salir de éste maldito lugar! —dice Kanon con la firmeza de su gruesa voz.

Los santos salen disparados como cuatro luces hacia el mundo de los vivos, escapando del caos desencadenado en la tierra de los muertos. Una sombra detrás de ellos estaba vigilando sus movimientos, se trataba del titán benefactor de la humanidad.

—Acaso ellos… ¿no tienen miedo de desaparecer? Me cuesta creerlo…

Las almas de los atenienses finalmente llegan a las ruinas de lo que en un tiempo pasado había sido el castillo de Hades, en Alemania.

—Ha llegado la hora de volver nuevamente a Grecia. —afirma el antiguo Patriarca.

—Volveré luego de mucho tiempo al Santuario… —dice un Daidalos melancólico.

—Así que no escatiman sus esfuerzos en pro de su fidelidad a su diosa, aún con los riesgos que los amenazan…

—Esa voz… —responde Orfeo comprendiendo de quién se trata a los segundos.

—¡Prometeo! —exclama Kanon.

—Por más temibles que sean los riesgos que afrontamos…salvar al mundo que amamos es más importante que cualquier cosa. —explica sus sentimientos Daidalos de Cefeo.

—No le tememos a desaparecer…después de todo, yo siento que aún estoy en deuda con Atenea… —dice un afligido Kanon.

—Estoy dispuesto a hacer lo necesario para proteger el mundo en el que vivió mi amada Eurídice… —contesta Orfeo con serenidad, mientras tenía sus ojos cerrados.

—Es nuestro deber como guardianes de Atenea y protectores de la Tierra dar la vida y nuestra existencia para salvaguardar a los inocentes… —se explaya Daidalos.

—Cefeo… —pensaba Shion en silencio sobre las palabras del santo de plata, al tiempo que una lágrima se escapa de su rostro.

—Santos, sus palabras han logrado emocionarme…de verdad ustedes son dignos de cualquier dios. —elogia a los mortales Prometeo.

—Gracias por tus palabras Prometeo, pero el tiempo nos apremia, debemos partir… —manifiesta Shion.

—Esperen…no se vayan… —expresa el titán.

—¿Es que acaso quieres detenernos? —exclama un fastidioso Kanon.

—Sólo por unos minutos… —sonríe Prometeo.

—¿Qué dices? —pregunta desconcertado Orfeo.

—Quiero decir que los voy a ayudar…

Los ojos de los atenienses miran expectantes, tratando de comprender de qué se trata lo que decía la divinidad.

—Según la mitología Prometeo… ¿acaso querrá…? —pensaba Shion.

—Escuchen…yo soy el creador de la humanidad, yo he creado a su especie a través del barro y mi poder, sin embargo mi poder no es como el de Hades que puede unir alma y cuerpo, solo puedo crear un cuerpo, pero esto no es óbice para ustedes, ya que sus cosmos se han elevado hasta el octavo sentido, evitando las leyes del Hades, superando en cierta forma a la muerte…yo puedo darles un nuevo cuerpo…

—¡Prometeo! —dice Shion emocionado.

El titán empieza a elevar su poderosísimo cosmos, los santos quedan asombrados al sentir su poder, el suelo, en dónde se encontraba algunos escombros es transformado sorpresivamente en barro.

—Sus palabras han logrado conmover mi corazón, tengo deseos de ver el nuevo mundo, el que los humanos pueden crear sin la presencia del tirano de Zeus…

El titán atrae con psicoquinesia barro en sus manos y las expulsa violentamente hacia las almas de los santos, las cuales comienzan a tomar forma física, la de sus cuerpos esculpidos en el lodo, el cuál abruptamente se seca y comienza a resquebrajarse, dejando ver figuras de carne y huesos.

—¡Es increíble, nuestros cuerpo! —dice Orfeo tocando mirando cuerpo.

—Como seguramente deben saber, he ayudado en varias oportunidades a los humanos… —explica Prometeo.

—Tú has sido el que ha brindado el fuego a nuestra civilización… —susurra Kanon.

—Y ahora haces esto… ¿cómo podríamos agradecer toda tu divina benevolencia? —agradece con una reverencia Shion.

—Conservando sus ideales, Zeus y sus retorcidos modos deben cesar…

—Tú… Prometeo que has sido castigado por Zeus y encarcelado por Hefesto en el Monte Cáucaso, lo sabes mejor que nadie… —da la razón Daidalos.

—No es por venganza que hago esto, en aquella oportunidad en el que le brindé el fuego a los humanos, lo hice por el amor que siento por ellos, y ahora lo volveré a hacer…

—El tirano caerá… —afirma Kanon.

—Antes valoraste nuestras convicciones al punto de emocionarte, puedo decirte que es reciproco… —reconoce Shion.

—¡Tú también arriesgas mucho ayudándonos! —dice Daidalos.

El titán y los santos sonríen, en sus corazones anhelan un mundo sin tiranías, dónde los caprichos de dioses malignos sean diluidos al ser inmersos en el amor y la justicia…