Capítulo 8: Tritón, la primera de las seis gigantes.
Las santos de bronce y plata invadieron los dominios de Artemisa, para entablar combate contra las satélites, una vez en dicho territorio se encontraron con un vasto e imponente bosque, la luz de la Luna se filtraba entre la arboleda. Mortales batallas se avizoraban en el horizonte…
Orbita de Neptuno.
Shaina de Ofiuco se internaba en el misterioso bosque a toda velocidad, haciendo gala de su destreza física.
—¿Cuánto faltará para atravesar éste bosque?
—¡Detente, la luna de Neptuno, Nereida, te lo ordena…!
Una joven mujer hace aparición, su armadura parece representar una sirena, sus cabellos eran de color dorado, tenía un hermoso y jovial rostro.
—¡Nadie detiene el paso de Shaina de Ofiuco! —aprieta su puño y enciende su cosmos.
—¡Ya cállate, hablas mucho…ASFIXIA MORTAL!
Nereida tensa su arco y saca una extraña flecha de su carcaj, la cual tira con gran precisión, pero Shaina se mueve con gran velocidad y agilidad, esquivando la flecha a último momento, sin embargo en su trayectoria la flecha había empezado a contaminar el ambiente desde el mismo momento en que fue disparada, al impactar contra el suelo se libera gran cantidad de metano, haciendo que el lugar suba bruscamente de temperatura.
—Maldición, la temperatura se está elevando, está asfixiando mi cuerpo…a este paso moriré deshidratada o asfixiada, siento la boca seca… —reflexionaba Shaina para sí misma.
—Estás acabada, no eres rival para mí… —menciona Nereida.
—¡Este gas no es suficiente para vencerme, pagarás tu exceso de confianza, GARRA DEL TRUENO!
Shaina extiende su brazo, mostrando sus garras por sobre su cabeza, repentinamente baja su brazo abruptamente, produciendo una descarga eléctrica, la cual al mezclarse con el metano que viciaba el aire, da lugar a una reacción en cadena, creando un estallido en toda la zona, que deja encendidos los árboles del lugar, convirtiendo ese sector del bosque en un infierno de fuego.
Ambas combatientes yacen tiradas en el suelo, pero ninguna está dispuesta a abandonar, por lo cual se incorporan con leve dificultad.
—Se ve que tu manto es similar a nuestros mantos orbitales, por eso has sobrevivido a la explosión, desgraciadamente los árboles del bosque se están quemando… —espeta Nereida.
—¡No esperaba que ocurriera algo como esto, hemos convertido éste sitio en una trampa mortal! —exclama Shaina llevándose la mano a la nariz y la boca, intentando escapar del sofocamiento.
—¡No puedo volver usar las flechas de metano, solo conseguiría que todo vuele en pedazos, usaré el método tradicional!
Nereida saca una flecha de su carcaj y apunta a su enemiga, mientras esboza una sonrisa.
—¡No me alcanzarás con tus flechas!
—¡Soy capaz de lanzar más de cien flechas por segundos!
La satélite de Neptuno lanza sus flechas unas tras otra, pero Shaina las evade una a una, corriendo en dirección casi vertical hacia ella. Finalmente da un gran salto.
—¡GARRA DEL TRUENO!
Shaina cae sobre su enemiga, impactándola con sus garras, produciendo una gran descarga de volteos que electrocuta el cuerpo de su adversaria, quién sufre con gran dolor.
—¡Cientos de volteos sacuden mi cuerpo…es terrible su poder…! —exclama Nereida en su agonía y se desploma al suelo en un instante.
—Los santos de plata podemos movernos hasta una velocidad cinco veces superior a la del sonido, y yo puedo superar por mucho esa velocidad…
. . .
Marín de Águila seguía su rumbo en el enigmático y misterioso bosque, introduciéndose varios metros adentro del prado.
—Seguramente el enemigo ya se encuentra aquí, tengo un mal presentimiento…
De pronto una extraña energía se manifiesta en el ambiente, se trataba de un maligno cosmos.
—¿Qué…una serpiente?
Una serpiente aparece repentinamente ante los ojos de Marín, la bestia se abalanza sobre ella y la muerde en la yugular, luego se toma el cuello, del cuál salía sangre a borbotones.
—Las heridas causadas por mi veneno no pueden cicatrizar, y en poco tiempo se convierte en una hemorragia mortal… —manifiesta sorprendentemente la serpiente.
—¿Cómo puede hablar una serpiente…? ¡Es muy raro…! —se pregunta Marín y se desploma en el suelo, envuelta en un charco de sangre.
La serpiente toma la forma humana de una satélite, la cazadora tenía las pupilas de sus ojos alargados como un reptil y su iris era color rojizo, su manto orbital era parecido al del anciano del mar, el dios Proteo, llevando el casco como si fuera la cabeza de una pantera, que adornaba su cabellera castaña oscura, en dicho manto orbital se formaba en un hombro con una serpiente enrolada, la cual colgaba cabeza y cola hacia el pecho y la espalda respectivamente, en el pecho tenía la cabeza y la melena de un león, mientras que en su puño derecho aparecía la cabeza de un jabalí.
—Que fácil resultaron ser los santos de Atenea…en un instante acabe con uno de ellos, su cuerpo ha desaparecido…
—Es una ilusión muy básica… —dijo Marín trepada sobre la rama de un árbol.
—¿En qué momento tú…? —se preguntó Proteo.
—¿Te sorprendes? Que débiles son las satélites de Artemisa…
—¡Te mostraré mi verdadero poder y lo lamentarás, TERREMOTO DE ERIMANTO!
Proteo se agacha, apoyando sus palmas sobre el suelo, mirando fijamente el piso, con su cosmos que brotaba en sus ojos.
—Estoy sintiendo sismos en el suelo. —susurra Marín y luego se dispone a saltar, pero se desestabiliza.
Al cabo de unos segundos, la japonesa es golpeada por el terremoto. El piso se abre debajo de ella, haciéndola caer en lo profundo de una grieta, el suelo se cierra.
—Ahora ha terminado… —dice Proteo aliviada.
—¡Te mostrare el poder de los santos…EL DESTELLO DEL ÁGUILA!
—¡Sigue viva…! ¿Otra ilusión?
Tras elevarse por los aires, Marín baja súbitamente y lanza su poderosa patada, la cual perfora el pecho de la armadura de la satélite.
—¡Es hora de continuar el paso…!
La oriental continúa su camino, pero de pronto escucha el sonido de alguien pidiendo socorro.
—¡Alguien pide auxilio…me pregunto de quien se tratará…quizá sea uno de los jóvenes santos!
—¿A dónde crees que vas? ¿Creíste que eras la única que podías realizar ilusiones?
—No debí subestimarla…
—¡Ahora conocerás otro de mis poderes…LOS COLMILLOS DE LA PANTERA!
Una ráfaga cósmica que mostraba la apariencia de una pantera negra atacaba con sus filosos colmillos a Marín, golpeándola sorpresivamente en su rostro, y luego termina por impactarla contra un árbol, fruto del golpe su máscara es destruida.
—¡Ahora es hora de que tome tu vida mujer guerrera…EL VENENO DE LA SERPIENTE DE MAR!
Proteo se metamorfosea en una serpiente que se abalanza contra el cuello de Marín, pero ésta última se convierte en un Águila que atrapa la cabeza de la serpiente, al disiparse la ilusión la japonesa tiene sujetada la muñeca del brazo extendido de su rival, evitando que la ahorque.
—¡Tus técnicas son bastantes buenas… pero tu velocidad es muy inferior a la mía!
Marín sujetaba con más fuerza el brazo de su oponente y al instante comienza a romper su armadura, luego da un salto sin soltar a su enemigo.
—¡EL DESTELLO DEL ÁGUILA!
La ateniense ejecuta su ataque a quemarropa haciendo un hueco en el estómago de su adversaria, en un ataque letal.
—Me ha vencido sin siquiera poder mostrar todos mis trucos, realmente los santos de Atenea son muy fuertes… —dice Proteo al tiempo que escupe sangre y tose, finalmente cae sin vida al suelo del bosque.
—¡Esta vez ha llegado al mundo de los muertos…debo darme prisa y encontrar a mis compañeros más adelante!
. . .
El joven santo de bronce de nombre Haziel de Coma Berenice, tenía un largo y ondulado cabello dorado, sus ojos eran negros, el ateniense se encontraba avanzando en el bosque, hasta que se topa con una satélite en su paso.
—¡Santo de Atenea, toma esto como una bienvenida! —exclama Laomedeia mientras dispara una flecha.
—Tu bienvenida no es tan fuerte, esperaba más… —contesta Haziel mientras evade la flecha sin dificultad.
—Es muy veloz…
—¡Te enviaré a la muerte, CABELLOS DE LA MUERTE!
Haziel de Berenice extiende sus cabellos, los cuáles se estiran con gran extrañeza, sujetando todo el cuerpo de la satélite.
—¿Qué? A este paso moriré estrangulada…
—Te ahorraré el sufrimiento… —contesta Haziel mientras expulsa una descarga de cosmos con sus cabellos.
La satélite es totalmente vencida y el joven santo de bronce sigue su camino.
. . .
Pitágoras de Compás, Pigmalión del Dorado y Fedra de Jirafa avanzaban sobre el frondoso bosque, eran tres de los más jóvenes entre los santos de bronce.
—¡Allí está! —expresa Pitágoras señalando un árbol a sus compañeros.
Desde el árbol cae una satélite que se encontraba agazapada.
—Mi nombre es Galatea, satélite de Neptuno, seré su oponente…
—¡Yo seré tu rival Galatea! —contesta Pigmalión del Dorado.
—Veamos cómo te la rebuscas con mis flechas… —dice Galatea mientras saca una flecha de su carcaj y la tensa.
—Su cosmos es del mismo nivel de los santos de bronce… —pensaba Fedra de Jirafa.
—¡Dispara cuando quieras! —contesta desafiante Pigmalión del Dorado.
Galatea dispara dos flechas y Pigmalión las esquivas, lanzando luego un puñetazo que la satélite logra evitar también.
—¡No debo ser herido por sus flechas…! —pensaba Pigmalión.
—¡En ese caso toma mi técnica, FUERZA DE MAREA!
La satélite dispara su flecha y unas pequeñas olas se precipitan misteriosamente sobre el santo de bronce, logrando voltearlo duramente.
—¡Pigmalión! —grita asustada Fedra de la Jirafa.
—Descuida Fedra, estoy bien todavía… —dice Pigmalión de Dorado mientras se levanta.
—¡Te dispararé la última flecha! ¡FUERZA DE MAREA!
—¡No volverá a funcionar, ARREMETIDA DEL DORADO!
Pigmalión entra en la marea con gran velocidad, ésta extrañamente no logra afectarlo y a continuación encaja su puño repentinamente, atravesando a su enemiga.
—Atravesó mi marea como si de un pez se tratara… —se lamenta Galatea mientras cae muerta al suelo.
Unos segundos después puede sentirse un mal presentimiento, un cosmos abrumador comienza a percibirse, los santos de bronce se ponen en guardia temerosos.
—Estoy sintiendo un poderoso cosmos… —advierte Pitágoras de Compás.
—Es cierto… —dice Fedra sin mostrar el miedo que se escondía detrás de su máscara.
—Ahí viene… —indica Pigmalión.
Una bella mujer de imponente porte avanza, caminando lentamente y directo a ellos, su manto orbital representaba la figura del dios del mar, Tritón, mitad hombre, mitad pez. Luce cabellos largos y rojizos, con tonos naranjas, atados con unas trenzas cocidas, que desembocaba en la nuca, tenia grandes ojos celestes.
—Soy Tritón, una de las seis satélites gigantes, la guerrera más poderosa de Neptuno, son unos santos muy desafortunados al cruzarme en su camino. Sinceramente les compadezco…
—¡En guardia! Deja de fanfarronear y combate… —contesta Pitágoras.
—Pobre, pronto comprenderás la severidad de mis palabras… —dice Tritón mientras se ríe burlonamente. —Veremos que puedes hacer…
—¡Te haré tragar tus palabras…no serás la primera satélite en caer por los santos! —contesta Fedra de Jirafa.
—Pueden atacarme en grupo si lo desean… —dice una Tritón relajada.
Los tres santos atacan en conjunto, embistiendo contra su enemiga con sus cosmos al máximo, sabiendo del gran poder de su enemiga.
—¿Eso es todo lo que pueden hacer unos santos de bronce?
Tritón detiene todo el poder combinado de los santos con una sola mano.
—¡No puede ser, ha detenido nuestros golpes concentrados solo con una mano! —dice Pitágoras mientras retrocede atemorizado.
—¿Entiendes ahora la diferencia entre nuestros cosmos…? ¡Es hora de que empiece a acabar con estos estúpidos santos…ERUPCIÓN DE NITRÓGENO!
Tritón enciende su energía y con sus manos juntas forma una especie de cráter, del cuál dispara un chorro de nitrógeno líquido que alcanza a los tres santos de bronce, convirtiéndolos en hielo y siendo finalmente despedazado.
—Los santos de Atenea son muy débiles…
. . .
A pocos metros de la zona en donde Tritón había acabado con los tres santos de bronce, Orfeo de Lira se encontraba cerca y estaba intrigado por su cosmos, tras unos segundos el santo de plata llega al lugar.
—He sentido el cosmos de tres santos desaparecer, al parecer una satélite de un cosmos extremadamente poderoso les ha dado muerte…debo vencerla, sino otros santos pueden perder fácilmente la vida, aunque se trate de los santos de plata…
Orfeo de Lira deambula unos minutos hasta que siente una presencia cósmica abrumadora.
—Al fin te encuentro, así que tú eres la del temible cosmos…
—Al fin un desafío, tú no tienes un cosmos ordinario…me había cansado de adversarios fáciles… ¿quién eres? —contesta Tritón.
—Soy Orfeo de Lira…
—He escuchado de ti, eres uno de los muertos que se escapó de los infiernos…
—Así es, veo que estás muy actualizada… —bromea Orfeo con ironía, luego se pone serio. —Nos escapamos de la muerte para servir nuevamente a nuestra diosa Atenea…
—Si no me equivoco eres un alma sin cuerpo, es una ingenuidad luchar así, con la pérdida de tu alma desaparecerás de la faz de la tierra…
—Te equivocas, hemos venido con cuerpos nuevos, hechos a semejanza de nuestros verdaderos cuerpos…
—Yo soy la satélite más importante de Neptuno, una de las seis gigantes, Tritón, tomaré tu vida…y tu alma…
—Su cosmos es terrible… —dice Orfeo sereno.
—¡ERUPCIÓN DE NITROGENO! —grita Tritón.
El santo de plata toca su hermosa serenata y desaparece del ángulo de impacto, la técnica de la satélite embiste contra los árboles, a los cuáles convierte en hielo y acto seguido se destruyen.
—Tu técnica es aterradora, pero no eres la única que te mueves a la velocidad de la luz…
—Era de esperarse de quién ha alcanzado el octavo sentido y ha logrado escapar de la muerte…
—¡Lo siento pero es mi turno de atacar…NOCTURNO DE CUERDAS!
Orfeo de Lira toca su melodía, generando una fuerte corriente eléctrica, agitando la arboleda y levantando las hojas caídas, Tritón es herida y cae duramente al suelo.
—Tu muerte está decantada…
—No me subestimes… ¡ERUPCIÓN DE NITRÓGENO!
—¡Su cosmos es más temible que hace un instante!
La técnica de Tritón es lanzada con gran acierto, Orfeo consigue dar un gran salto, pero el ataque impacta en la pierna de su destinatario, el cuál cae al suelo y la pieza de la armadura de la pierna estalla, produciendo heridas en su piel congelada.
—¡Demonios! Su técnica es sumamente mortal…
—¡Con tu pierna herida estás perdido!
La satélite se dispone a atacar al malherido santo, pero éste comienza a tocar su serenata y la mujer guerrera siente repentinamente su cuerpo endurecido, como si fuera fruto de un mágico hechizo.
—¡Maldito, esta música está causando que mi cuerpo sea inmovilizado!
—Esta es la serenata de la muerte, mi réquiem que te llevará dulcemente a los infiernos…
—Eso nunca. No me puedo mover libremente… —dice Tritón en estado de somnolencia.
—¡ACORDE FINAL! —grita Orfeo.
La satélite enciende su cosmos y dispara su erupción de nitrógeno, que congela las cuerdas de la lira inesperadamente.
—¡Demonios, no puedo dejar que mis cuerdas se congelen!
Orfeo enciende su cosmos al máximo y con el calor de su energía derrite el congelamiento al cabo de unos segundos, pero a costa de quedar muy exhausto.
—¡Tonto ahora será tu fin! —expresa enfurecida Tritón.
La satélite lanza un poderoso golpe que impacta contra Orfeo, quién cae duramente contra un árbol, siendo lastimada su espalda.
—¡Si no lucho con todo mi cosmos, mi fin llegará! Mi acorde final ya no funciona, perderé mi lira si esto sigue así…no debo arriesgarme…
—¡Deja de murmurar cosas sin sentido!
La satélite Tritón embiste al santo plateado con gran velocidad, propiciándole varios golpes que lo dejan arrodillado, con múltiples heridas en todo su cuerpo.
—¡Desaparece para siempre Orfeo, regresa al mundo de los muertos al que perteneces…ERUPCIÓN DE NITROGENO!
El santo de plata evade la técnica milagrosamente, haciendo gala de su gran velocidad y destreza.
—¡Esta vez dormirás profundamente, hasta el fin de los tiempos…SERENATA MORTAL!
La satélite regresó inmediatamente al estado de somnolencia del cual se venía reponiendo, con dificultad saca entre sus corazas una caracola.
—¿Será acaso la caracola que era capaz de agitar el mar con solo soplarla? —se preguntaba Orfeo mientras continua tocando su hermosa melodía.
El sonido de la caracola, al ser soplada por la satélite, trae los espíritus del mar mitológico, los tritones, los cuales despiertan completamente a su invocadora y luego se abalanzan con furia sobre el ateniense.
—¡Que ataque tan complejo! —manifiesta Orfeo recibiendo el ataque de lleno, cayendo sobre el suelo.
—¡No soportarás otra embestida de los espíritus del mar!
Los tritones reaparecen sobre el campo de batalla, arremetiendo nuevamente contra el santo de Lira, para darle el golpe de gracia a su enemigo.
—Mi música es capaz incluso de apaciguar a los espíritus más violentos…
La melodía de Orfeo tranquiliza inesperadamente la enérgica carrera de las almas, calmándolas, haciendo que se detengan, luego desaparecen súbitamente.
—¡No salgo de mi asombro! —dice Tritón estupefacta. —Ha conseguido lo imposible…
—Ya he visto y he sufrido tu técnica una vez, la caracola ya no representa un peligro para mí…
—Dependes mucho de tu música… ¡apagaré esa última esperanza vana en la que te aferras…ERUPCIÓN DE NITROGENO!
—¡Entonces está planeando…!
El santo de plata legendario gira sobre sí mismo, protegiendo su instrumento, pero recibiendo el golpe en su espalda.
—Eres un estúpido, prefieres salvar tu lira a costa de recibir mi ataque de lleno…
La espalda de la armadura de plata está congelada, repentinamente se desmoronan en pedazos. Orfeo presenta graves heridas, con parte de su piel congelada.
—Su poder congelante es aterrador, ha sobrepasado el límite de la resistencia de la armadura de plata. Su poder debe ser muy cercano al frío absoluto…
—El nitrógeno que disparo se encuentra a menos doscientos treinta y cinco grados centígrado, estoy sorprendida que no te hayas convertido en un monumento de hielo…
—El cosmos es la principal defensa de cualquier guerrero, mientras arda…no podrás congelarme…
—Tu armadura está destruida, la próxima vez que ataque seguro morirás y si intentas tocar la lira la destruiré, ¡has perdido la batalla! —levanta la voz Tritón.
—No podrás volver a alcanzarme con tu ataque, serás tú quién caigas en éste combate. —expresa Orfeo, empuñando su instrumento y se disponiéndose a tocar.
—¡ERUPCIÓN DE NITRÓGENO!
Orfeo desaparece y aparece detrás de su poderosa enemiga.
—¡NOCTURNO DE CUERDAS!
El santo de plata desaparece, la satélite voltea y logra verlo casi encima de ella, cuando los rayos provocados por la lira parecían alcanzarla, Tritón saca de sus espaldas un tridente y con éste bloquea los rayos e inmediatamente lo lanza contra la lira de Orfeo, el cuál logra bloquearlo con su brazo, pero a cambio recibe una perforación profunda, que logra romper sus huesos del cubito y radio.
—Protegiste tu lira, pero ya no podrás tocar tu música con tu brazo inutilizado… —dice Tritón mientras observa que de repente cientos de cuerdas rodean su cuerpo. —¿Pero qué es esto? ¿En qué momento lo hizo?
—¡ACORDE FINAL! —susurra Orfeo mientras tocaba con su brazo destruido.
Las cuerdas se tensan y se llenan de cosmos, Tritón es abrazada por un sueño eterno, causándole una dulce muerte.
—No pensé que hubiera guerreras tan poderosas entre las satélites de Artemisa…
El santo legendario retoma el largo camino del bosque, malherido en uno de sus brazos, una de sus piernas y su espalda.
El Santuario.
Kiki de Buril lleva repentinamente a un inconsciente Hyoga, adentrándose en un frondoso bosque, llegando a un pequeño templo, donde se encontraban unas fuentes de aguas termales.
—Kiki, ¿cómo está Hyoga? —pregunta el Patriarca.
—¡Creo que Hyoga podría sobrevivir, pero no supe nada de Ikki, no lo he podido hallar!
—Ikki no tiene remedio, no lo encontrarás en éste mundo…
—¿Cuántos tiempos demorarán las aguas sagradas para salvar a los santos? —pregunta Kiki.
—Primero tienen que regresar en sí…si lo logran, tendrán una oportunidad de sobrevivir, aunque podrían tardar muchas horas en sanar sus heridas…
—Seiya…debes recuperarte pronto… —reflexiona Kiki.
—Kiki, ahora debes ir al templo de la Luna, a ayudar a tus compañeros, los santos están a punto de entrar a la órbita de Urano y mientras más avancen más ayuda necesitarán, ¡debes ir de inmediato!
—¡Si Patriarca!
El joven santo de bronce abandona la fuente de Atenea teletransportándose.
—Esta guerra está recién iniciándose, pero todo va de acuerdo al plan… —dice el hombre misterioso mirando a los inconscientes santos de la esperanza.
