Capítulo 9: Urano, la órbita encantada.
La invasión a la tierra santa seguía su curso, el ejército ateniense había padecido algunas bajas, pero las defensoras del bosque lunar caían una tras otra. En la órbita de Neptuno, una satélite se había destacado, demostrando poseer el séptimo sentido, siendo vencida a manos de Orfeo tras un arduo combate.
Los santos de bronce y plata logran atravesar la órbita de Neptuno, que ya no cuenta con más guerreras, una nueva órbita, la de Urano, sería el siguiente obstáculo.
Orbita de Urano.
June de Camaleón, quién fuera compañera de entrenamiento de Shun en la Isla Andrómeda, es la primera en llegar a la órbita de Urano.
—Que bosque tan enigmático…y peligroso… ¿una muralla?
La ateniense salta al otro lado de la muralla, advirtiendo que se introdujo en otra órbita y pensando en si habían sido derrotadas todas las cazadoras de la órbita de Neptuno, hasta que siente las pisadas de alguien que se aproxima.
—¿Quién eres?
—Has llegado al bosque de los encantos…soy Miranda, y seré tu verdugo…
La satélite tenía unos trenzados cabellos rubios y una hermosa armadura rosada, con su carcaj de flechas a sus espaldas.
—¡Satélite…no me causa ningún miedo tus palabras!
—¡Desperdiciarás tu vida inútilmente si te enfrentas a mí…!
—Eso se verá…
June agarra fuertemente su látigo con su mano derecha y lanza varios golpes hacia su enemiga, pero ésta los evade con gran agilidad.
—Con tan poco poder deberías suplicar por tu vida…
—¡Mi látigo no le ha alcanzado!
—Te mostrare lo que es el verdadero poder… ¡HIPNOTISMO FINAL!
Miranda gira lentamente su mano y June cae arrodillada, totalmente hipnotizada, presa de un poderoso conjuro.
—No puedo reaccionar… —dijo June mientras sus ojos se relajan.
—Ahora cumplirás mi voluntad bajo mi embrujo…serás una de mis armas.
. . .
Gliese de Altar llega a la órbita de Urano, encontrándose con June de Camaleón en el camino, la cual tenía un inexpresivo rostro.
—¡Ah eres tú…!
—Así es, soy June de Camaleón… ¡muere! —lanza su látigo contra el ateniense, que desprevenido es sujetado del cuello.
—¿Qué haces? —pregunta Gliese mientras sujeta el látigo con su mano izquierda.
—Tengo que matarte…lo siento…
—¿Qué mierda te sucede?
—¡Debo matarte…!
El santo de bronce ataca con todo su cosmos, pero el santo de plata lanza un golpe proyectado con su dedo, que golpea en la frente de June, con el cual la deja inconsciente.
—June, pronto te recuperarás. Me pregunto quién estará controlándola…
Inconsciente de June.
Recuerdos de la Isla de Andrómeda.
Unos niños, Shun y June estaban en el campo de entrenamiento, bajo la instrucción de Daidalos de Cefeo.
—¡Shun! Llevas acá cinco años y aún no has podido atacar a June… —manifiesta el maestro Daidalos.
—¡Vamos Shun, siempre me dejas ganar! —reprende June.
—Es que no quiero pelear contigo… —dice intimidado Shun.
—¿Acaso no quieres regresar a Japón con tu hermano? ¿No has venido para ser un santo? Como pretendes lograrlo, si no eres capaz de sostener una batalla de entrenamiento… —reta Daidalos.
—Es que… —dice Shun atormentado, mientras sus lágrimas caen. —Si quiero volver a Japón con mi hermano, pero no puedo golpear a June…
—June, nos permites un momento a solas con Shun ...
La niña se retira acatando la orden, pero con picardía se esconde detrás de unas piedras, para escuchar lo que hablaban Shun y Daidalos.
—Shun…que te conviertas en santo depende sólo de ti, es una cuestión de actitud… —dice Daidalos intentando confortarlo.
—Es que no puedo… —expresa Shun un poco más tranquilo.
—¿No será que te guste June? —pregunta Daidalos bromeando.
—¿Qué? No, no… —contesta Shun sonrojado y avergonzando.
June se sonroja al escuchar las palabras de Shun, mientras se mantenía oculta.
—Shun, ahora de verdad, quiero que le pongas actitud y que ataques a June…
—Es que…
—¡No digas nada! Ha llegado el momento de que tengan un combate real…. —exclama Daidalos mientras voltea su rostro hacia la dirección del escondite de la niña. —¡June! Sal de ahí…
La infanta se acerca. El maestro se acerca a la chica y le susurra al oído.
—¿Quieres ayudar a Shun?
—Por supuesto. —contesta June.
—Entonces quiero que lo ataques… ¡con toda tus fuerzas y sin piedad, para que lo obligues a defenderse!
—Pero…
—Es la única forma en la que podemos ayudar a Shun…
—¡Entiendo! —dice June acongojada.
—Éste será un combate en serio…y no se terminará hasta que Shun no haya atacado… ¡June ataca ahora!
La pequeña vacila, sabe que su amigo no se defenderá, su maestro la presiona, hasta que finalmente ella avanza hacia Shun y le lanza un puñetazo en la cara, que derriba al muchacho, su nariz sangra.
—¡Perdóname Shun!
—¡June sigue atacando!
—Pero está en el piso herido…
—¡Que se defienda como pueda! Atácalo… —ordena el maestro Daidalos.
La chica está paralizada, no quiere desobedecer a su maestro, pero tampoco quiero volver a golpear a Shun. Daidalos la presiona, una y otra vez, hasta que ella lanza una patada a las costillas de su compañero, el niño no se defiende y solo se retuerce llorando, June está al borde de las lágrimas también.
—Shun, ¡defiéndete o nunca más verás a tu hermano! ¡June, sigue atacándolo, oblígalo a defenderse!
June vuelve a atacar, una y otra vez, mientras golpeaba a Shun, crecía bronca en ella, bronca de la impotencia de saber que bastaba con que simplemente se defienda para que termine esto, tenía impotencia por la falta de actitud. Los golpes crecen en intensidad y fuerza.
—¡Defiéndete Shun! —grita June entre llanto mientras ataca. —¡Defiéndete y dale fin a todo esto!
—¡Detente June! Este chico es capaz de dejarse matar antes que levantarte la mano… —ordena Daidalos finalmente.
June observa a Shun, atormentado por sus golpes y estalla en un llanto, mientras escapa del lugar a toda velocidad.
Orbita de Urano.
Gliese de Altar se interna por el bosque con June en los brazos, la cual soñaba, el joven santo de plata se detiene porque siente un extraño cosmos.
—Otros santo más, bienvenido a Urano, soy Miranda.
—Así que estamos en la segunda órbita… —contesta Gliese al tiempo que deja a June en el suelo.
—Mira mis ojos santo de Atenea… ¡HIPNOSIS FINAL!
—¿Qué es esta extraña energía…? —se pregunta Gliese mientras mira inconscientemente su rostro.
—Sucumbirás bajo mis engaños…
—Tonta, con ese nivel no podrías hacerme nada.
El santo de plata enciende su poderoso cosmos, sorprendiendo a su enemiga con su abrumadora energía.
—¡Es muy fuerte, no ha funcionado!
La satélite saca una flecha y dispara, pero el santo de plata agarra la flecha con su mano izquierda sin ninguna dificultad, mostrando una abismal diferencia de cosmos.
—Lo mejor que puedes hacer es irte, te perdonaré la vida…
—¡No tengo otra opción! —saca otra flecha de su carcaj.
—No tan rápido… ¡ONDAS INFERNALES!
Gliese de Altar levanta el dedo índice de su mano zurda, despidiendo unos espirales espirituales, la satélite cae sin vida, instantáneamente despierta June del embrujo.
—¡Gliese! ¿Qué ha sucedido? —pregunta June.
—Has sido víctima de hipnosis, es hora de continuar nuestro periplo…
—¡Sí! Shun…espero te encuentres bien…nunca he conocido una persona tan buena y tan pura… —piensa June inmersa en sus profundos pensamientos.
. . .
El joven santo bronce del Lince, llamado Retsu, se destacaba por ser capaz de ver un alfiler en un enorme pajal o ver a su enemigo a cientos de kilómetros, con esa habilidad logra ver a doscientos metros a unas satélites agazapadas.
—Se cree muy lista por esconderse, preparando una emboscada, pero ni siquiera me han visto… —murmura el joven de cabellos castaños y ojos oscuros, rápidamente cubre su figura en un árbol para no ser visto y avanza sigilosamente, las satélites escuchan unos ruidos silenciosos, apenas perceptibles, pero no saben de dónde viene, repentinamente de entre una de las copas de los árboles, aparece el enemigo, ejecutando un poderoso salto, extendiendo una de sus garras, la cual atraviesa la garganta de una de sus enemigas.
—¡Julieta! —grita Ariel desesperada. —Maldito asesino, como has podido, la vengaré…
La satélite controlaba su furia para luchar, sabiendo que tenía que mantener la mente fría, su manto orbital con una peculiar forma, parecía que se trataba del espíritu de una mujer, de su casco salían sus cabellos rojizos y se veía entre las sombras su hermoso rostro.
—¿De qué hablas? Si estaban agazapadas esperando la ocasión para asesinar a cualquier santo cobardemente…yo solo les he dado lo que querían otorgar… —dice Retsu mostrando sus garras ensangrentadas.
—Cierra la boca, ¡SÍLFIDES!
Unos espíritus de ninfas aparecen alrededor del santo de bronce, las cuales oscilan tratando de dañar su cuerpo de forma misteriosa.
—¿Qué son estas mujeres?
—Las sílfides son espíritus del aire, fueron en vida mujeres llenas de vanidad y rencores… —explica Ariel.
Unos oscuros vapores salen de las almas de las ninfas, lastimando el alma del santo de bronce.
—¿Qué es esto?
—Esos vapores oscuros no las han dejado llegar ni al cielo ni al infierno… ¡ellas te acabarán con su odio!
—¡No creas que voy a permitirlo…GARRAS INFERNALES DEL LINCE!
Retsu de Lince lanza con sus garras una ráfaga que corta el aire, pero este sale con poca energía y la satélite Ariel lo esquiva fácilmente.
—¡Ingenuo! Tu energía irá en desmedro poco a poco…
—Es cierto, mi técnica no tuvo todo su poder…
—¡Sílfides acaben con el invasor!
Los espíritus se abalanzan contra el santo de bronce con más violencia, éste queda arrodillado y luego cae al suelo, desplomado por completo.
—¡Julieta serás vengada en este momento!
La satélite saca una flecha y la apunta sobre el cráneo del santo de bronce que yace en el suelo.
—Mi alma está siendo dañada…pero esto recién comienza, cómo podría ser vencido así… —se levanta Retsu encendiendo su cosmos.
—Insensato has perdido el juicio y no sabes lo que dices…
—Te mostraré el verdadero poder de mi cosmos…
—¡De dónde saca fuerzas para seguir luchando…! —se pregunta así misma Ariel, mientras mantiene tensada la cuerda del arco.
—De mi voluntad, de mis anhelos, de luchar por lo que quiero…
—¡Pondré fin a todo…! —gritó y lanzó una flecha.
—¡GARRAS INFERNALES DEL LINCE!
El santo de bronce lanza su técnica a su máxima potencia, destruyendo la flecha de su enemiga y profiriéndole heridas cortantes en todo su cuerpo, la satélite cae al suelo, completamente ensangrentada.
—No lo creo, aún bajo el encanto de las sílfides ha lanzado un ataque así, su cosmos es…muy fuerte, pero si se suponía que los santos de más bajo rango apenas igualaban la velocidad del sonido, la cual puedo triplicar, sin embargo éste chico…ha logrado superar mi velocidad —expresa Ariel segundos antes que su cosmos se extinga definitivamente.
—Debo continuar, esto recién comienza…
. . .
Argo de la Quilla era otro de las jóvenes promesas entre los santos de bronce, tenía cabellos cortos de color castaño oscuro, sus ojos eran del mismo color de su pelo. El muchacho marchaba tranquilo mirando a sus costados, tratando de ver algún enemigo.
—Puedo percibir muchas batallas, los cosmos de aliados y enemigos se apagan…
—Es de verdad una temible batalla… —resuena una voz entre los árboles.
—Con que una satélite aparece…te arrepentirás por querer hacerme frente… —contestó Argo mientras se pone en guardia.
—Soy Umbriel, se ve que confías en tus habilidades…pero desconoces las mías.
—¡Entonces las corroboraré…!
Argo de Quilla ejecuta un puñetazo cósmico de gran potencia, el cuál se dirige a impactar en el rostro de la chica.
—¡OSCURIDAD CREPUSCULAR!
La atmósfera se vuelve poco visible, la oscuridad se apodera de la escena, la mujer se esconde misteriosamente en las sombras.
—Se ha escondido en la oscuridad…no veo nada… —dice Argo mirando hacia todos los costados tras haber fallado su ataque.
—¡Ahora es mi hora de atacar…!
—¡Ni siquiera puedo saber de dónde se escucha su voz, es como un eco!
Una flecha sale de las sombras y se clava violentamente en la pierna derecha del santo de bronce, que grita producto del gran dolor de la punta afilada.
—¡Estoy en franca desventaja, a este paso moriré!
—¡No puedes luchar con un enemigo al cual no ves…! —resuena la voz de la satélite haciendo eco.
—Es cierto, pero debo atacar…
Argo de Quilla lanza un ken a varios lugares para disipar la oscuridad con el brillo de su ataque, pero todo resulta inútil.
—¡Así que quieres alumbrar la escena con el brillo de tu poder…es una buena opción pero de nada te servirá!
—Cubre mucho espacio su oscuridad…en ese caso, la iluminaré… ¡RESPLANDOR DE CANOPUS!
Con un veloz movimiento de manos Argo enciende su cosmos, detrás de su cuerpo puede apreciarse las estrellas de su constelación, seguidamente dispara una inmensa esfera energética, que empieza a emitir una potente luz, pero los rayos de ésta pequeña nova, son absorbidos por las inmensas tiniebla en que se ha sumido el bosque.
—¡No puede ser!
La satélite lanza una peligrosa flecha, con destino al pecho del ateniense, pero éste logra esquivarla.
—¡Aunque disminuyas mi visión aún puedo confiar en mi sexto sentido, la intuición! Con ellos lograré evitar tus flechas…
—¡Que puedas evitar mis flechas no significa que no pueda vencerte, muere de una vez…ESPIRAL DE SOMBRAS! —dice Umbriel con el eco de la oscuridad.
Una extraña fuerza centrífuga parece concentrarse en el santo de bronce, el cual empieza a sentir manchas en su cuerpo.
—¡Estoy jodido, mi cuerpo oscurece, esto es increíble…! ¿Será este mi fin? —se lamenta Argo desconcertado.
—¡No podrás escapar de mi poder…y si lo haces otra satélite te matará!
—¡Debo superar su cosmos, muchas personas han muerto culpa de Artemisa!
El santo bronceado empieza a pensar en las personas que murieron por los terribles maremotos y su cosmos empieza a volverse más poderoso de forma sorpresiva.
—¡Su cosmos está creciendo repentinamente…!
—No puedo ser tan débil para ser vencido así nada más… ¡RESPLANDOR DE CANOPUS!
Argos hace explotar su cosmos, libera una nueva nova que rodea su cuerpo y se alimenta de su cosmos, su brillo crece constantemente y empieza a imponerse en el bosque, poco a poco la oscuridad queda disipada.
—¡Mi poder ha sido anulado…! —dice la satélite con su rostro tenso.
—¡Es tu fin…!
Al encender nuevamente su cosmos a espaldas del santo de Quilla se dibuja la constelación del Argo, el barco de Jasón y los argonautas.
—¿Qué significa todo este poder en un santo de bronce?
—¡Siente el arrollador paso del Argos!
El santo lanza un potente puñetazo con su mano derecha, generando la violencia propia del paso del Argonavis, el barco de la mitología, el golpe llega e impacta en el seno izquierdo de la satélite, perforando su pecho y alcanzando su corazón.
—¡Qué gran rival, tengo que cuidarme de las satélites, se ve que hay algunas que pueden dar serias batallas! —exclama el joven mientras se marcha del lugar, continuando su camino por el bosque.
. . .
El caballero de bronce del Lince camina durante un rato, hasta que en su trayecto se encuentra con uno sus camaradas.
—¡Haziel! ¡Espera! —grita Retsu viendo a lejos.
Haziel de Berenice escucha y reconoce la voz de su camarada instantáneamente y detiene su marcha, para esperarlo.
—¡Retsu! Eres tú, me alegra saber que estás bien amigo, todo parece que algunos de los nuestros han muerto…
—Así es…desafortunadamente, pero vamos avanzando por éste bosque…
—¡Sí, debemos llegar al templo de la Luna! —espeta el Lince entusiasmado.
—Espera, deja las charlas para otro momento… —susurra Berenice.
—¡Están ahí! —advierte Retsu con su aguda vista mientras logra divisar la sombra de dos satélites.
—¿Qué?
Tras unos segundos ambos santos de bronce pueden advertir dos siluetas entre las sombras de los árboles, al parecer se trataba de satélites que se encontraban agazapadas.
—¡Salgan y peleen! —desafía Retsu.
—¡La hora de vuestras muertes parece haber llegado…! —amenaza Titania.
Ambas satélites muestras finalmente sus rostros.
—Ustedes no son rivales para nosotras, si se van calladamente les perdonaremos la vida… —expresa Oberón.
—¡No nos menosprecies…el combate no ha empezado siquiera…! —discute Retsu enfadado.
—Pronto conocerán nuestros poderes y lo lamentarán. —dice Titania mientras esboza una sonrisa.
—¡Este es mi mejor técnica…GARRAS INFERNALES DEL LINCE! —grita Retsu.
—¡LA DANZA DE LAS HADAS! —pronuncia Titania.
La satélite esquiva el ataque y las hadas empiezan a amarrar al santo de Lince al cabo de unos segundos.
—¡Maldita…algo me está sujetando…! ¿Hadas?
—Esas hadas se alimentan de tu cosmos, pronto morirás… —explica Titania.
—Esperaba más de estos rivales… —manifiesta Oberón con una mueca de decepción en su rostro.
—¡Te salvaré amigo…!
Haziel eleva su cosmos y repentinamente sus cabellos dorados se extienden, tratando de aniquilar a las hadas.
—Él está perdido…ya no puedes ayudarlo. —advierte Oberón.
—¡Te venceré, CABELLOS DE LA MUERTE!
El santo de Berenice extiende sus cabellos y amarran a su enemiga, luego le propicia una descarga de cosmos que hieren su cuerpo hasta tumbarla, no obstante ella se levanta con gran enfado.
—¡Es hora de que conozcan ahora nuestros poderes y comprendan las abismales diferencias que existen…LA DANZA DE LAS HADAS! —pronuncia con cólera Oberón.
—¡LA DANZA DE LAS HADAS! —grita Titania acompañando a su compañera.
Unas pequeñas hadas de color verde empiezan a volar alrededor de los santos, que miran confundidos, al cabo de unos segundos se trataba de cientos de ellas.
—¿Qué diablos son estas hadas? —se pregunta un Haziel perplejo.
—¡Estos seres deberían existir solo en las leyendas! —dice Retsu atemorizado.
—Estas hermosas hadas los llevarán al mundo del Hades en un bello y delicado encanto… —susurra tiernamente Titania.
—¡Qué mujer tan superficial…! —dice Retsu apretando su puño.
—¿Qué dices estúpido? —responde enojada Titania.
—No me importa si tus hadas son bellas o tus apreciaciones de la belleza, lucharé hasta el fin por la gente del mundo…
—Debes sentirte agradecido por verte sumido en nuestra magia…
—Su mundo será pronto bañado por la luz de los olímpicos… —completa Oberón.
—¡Ustedes sólo causan caos en el mundo! —retruca elevando su voz Haziel.
—¡Ataquen hadas. Destruyan los débiles cosmos de nuestros intentos de adversarios…! —ordena Titania a los seres invocados.
Las hadas empiezan a apoderarse del cosmos de los santos de bronce, que empiezan a sentir sus efectos, siendo atormentados.
—Las hadas están absorbiendo toda nuestra energía cósmica… —se lamenta Haziel.
—Con que lo has comprendido… ¡es vuestro fin…! —responde Oberón.
—¡Yo no puedo perder acá…! —se dice así mismo Retsu mientras eleva su cosmos.
Al cabo de unos segundos, el cosmos del Lince se elevó abrumadoramente, incinerando con el calor de su energía a las hadas.
—¡Maldito…de todos modos podemos lanzar las hadas cuantas veces lo deseemos! —afirma Titania.
—¡GARRAS INFERNALES DEL LINCE!
—¡Su cosmos está creciendo!
Titania detiene con sus manos el ataque pero empieza a retroceder, produciendo algunos rasguños en su manto orbital y también en su piel.
—¡Ahora la que está en dificultades eres tú…GARRAS INFERNALES DEL LINCE!
Retsu vuelve a ejecutar su técnica, profiriendo heridas cortantes en todo el cuerpo de Titania, su cuerpo sangra por los enormes rasguños que tenía, intenta reaccionar pero ya era demasiado tarde, cae al suelo sin vida.
—¡Maldición…como has podido! —se lamenta Oberón mientras intenta atacar a Retsu.
—¡Tu rival soy yo…! —dice Haziel mientras se interpone entre Retsu y Oberón.
—¡Entonces muere…DANZA DE LAS HADAS!
—¡Elevaré mi cosmos y las hadas no podrán hacer nada…!
El cosmos de Haziel crece exponencialmente, en cuestión de segundos las hadas fueron extinguidas por el calor de su cosmos, como lo había hecho antes el santo del Lince.
—¡Cómo es posible…no le afectan nuestros poderes…! —expresa Oberón, mientras retrocede desconsoladamente.
—¡Ya es hora que conozcas el poder de los santos…es tu fin…CABELLOS DE LA MUERTE!
El santo de Berenice extiende sus cabellos hacia su enemiga, apresándola, inmovilizando sus movimientos por completo.
—¡No puedo liberarme! —se lamenta Oberón.
—Dijiste que querías llevarme a la muerte en un dulce encantamiento, lo siento pero no pude darte una muerte tranquila…
Haziel eleva nuevamente su cosmos y los cabellos rasgan la piel de su enemiga poco a poco, produciendo terribles heridas en su manto orbital, que termina por destruirse, luego sigue su piel, la cual sangra por doquier, tras finalizar la técnica, Oberón cae mortalmente herida.
—Malditas seas. Sé que piensan que ganarán pero no podrán con Titán, ni aunque peleasen todos ustedes juntos… —dice en su última agonía Oberón. —Lamentarán desafiar a las satélites…
—Ya ha muerto…
—¿Quién o qué será Titán? —se pregunta Retsu.
—Bueno, es hora de continuar…
—¡Si…claro!
—Eran rivales muy fuertes, entre las satélites hay muchos niveles distintos…
—Es cierto, debemos llegar al templo de la Luna cuánto antes…
. . .
Orfeo de Lira avanzaba por el bosque, con varias heridas luego del mortal combate con Tritón, aunque aferrado a la esperanza del triunfo.
—Me pregunto en qué órbita estaré…
—En la de Urano. Así que tú eres aquel que venció a Tritón…soy Mimas…
Acompañando a Mimas aparecen otras cuatro satélites.
—No se ve tan amenazante… —acota Encélado.
—No lo creeré, ¿cómo puede un sujeto así haber eliminado a Tritón? —murmura Metone.
—¡No permitiremos que sigas con tu aventura…! —dijo Palane.
—Debemos tener cuidado, debe ser un enemigo formidable…aunque está malherido, podríamos sacar ventaja de ello… —agrega Mimas.
—Ustedes no podrían detenerme… —expresa con tranquilidad Orfeo mientras toca una hermosa serenata.
—¡No seas insensato…somos cinco contra uno!
—¡Yo sola te acabaré…presumido!
Mima apunta con su arco y tensa la flecha, finalmente la suelta y el proyectil se precipita contra Orfeo, pero éste sigue tocando su melodía con suma serenidad, la flecha va perdiendo velocidad a medida que se aproxima a Lira, hasta que finalmente cae al suelo.
—La ha detenido… —exclama asustada Mimas.
—¡Tenemos que derrotarte por nuestra señora Artemisa…! —aduce Anthe.
La satélite lanza unas flechas de hielo pero no resultan efectivas, ya que al acercarse a Orfeo caen al suelo rápidamente.
—Les haré conocer el poder de mi lira…
Orfeo toca una hermosa tonada con su arpa, la cual empieza a entumecer el cuerpo de sus rivales rápidamente, sus cuerpos ya no pueden moverse ni siquiera un centímetro.
—¡No puedo mover libremente mi cuerpo…! —solloza Metone.
Mima cobra fuerzas al elevar su cosmos con mayor poder y acto seguido lanza sus flechas nuevamente, pero no logran dar en su enemigo, sucede lo mismo que venía sucediendo desde el comienzo, la flecha cae al suelo.
—Ustedes no son rivales para mi… ¡SERENATA MORTAL!
Al cabo de unos segundos los ojos de las satélites se cierran, sus cuerpos se caen en un profundo sueño, ahora no podrán despertar.
—Un verdadero santo debe ser misericordioso, podrán seguir viviendo, despertarán dentro de los próximos tres días…
El recorrido en la órbita de los encantos estaba llegando a su fin…
