Capítulo 10: Serpiente contra Serpiente.

La sangrienta batalla que se desarrollaba en el territorio de Artemisa no daba tregua ni descanso, los ejércitos de ambas diosas habían sufrido bajas, sin embargo los atenienses, que ya habían atravesado una órbita, estaban cerca de concluir la segunda.

En el Santuario, los ascendidos santos de oro yacían gravemente heridos, por lo que fueron llevados por Kiki de Buril a la Fuente de Atenea, un lugar donde existía un agua milagrosa que podía curar graves heridas.

Orbita de Urano.

Alkes de Copa corría a gran velocidad, haciendo surcos en el frondoso bosque y dejando un halo de luz a sus espaldas, que se desvanecía lentamente.

—Los cosmos de las satélites desaparecen poco a poco, algunos santos han muerto… ¡pero a este paso venceremos! —dijo al tiempo que sus largos cabellos negros con reflejos azules se meneaban con el viento.

El sonido de las ramas de unos árboles cercanos llama la atención del guerrero, que voltea a mirar en dirección al sonido percibido, descubriendo así una amenaza.

—¡Ataquen! —ordenó el fuego una voz que resuena.

Un grupo de siete satélites apuntan sus arcos en contra del santo de plata.

—No me sorprenderán… —dice un sereno Alkes con sus ojos cerrados.

—¡Sin piedad, mátenlo! —arenga Rosalinda

—Se arrepentirán de haber mostrado tanta hostilidad… ¡LANZAS DE HIELO DEL LOTO BLANCO!

El ateniense cruza sus manos, luego las levanta hacia arriba generando unas cuchillas de hielo, repeliendo todas las flechas de las satélites. Belinda, Rosalinda, Perdita, Cupido, Bianca y Porcia caen vencidas sin poder decir siquiera una palabra.

—Descansen en paz. Espero que en la próxima vida sean más prudentes, debo llegar rápidamente hasta la órbita de Saturno, que es la siguiente, todavía no me he cruzado con ningún adversario de mi nivel…

. . .

Shaina de Ofiuco estaba cerca del final de la órbita, de todas maneras todavía faltaban varios metros, cuando de repente aparece una enemiga de gran cosmos.

—¡No es un cosmos ordinario! ¿Quién eres?

—Soy Lascomoune… ¡tú te convertirás en mi víctima en estos momentos!

—Lascomoune…Shun me habló de esta satélite, fue quien lo derrotó, veré que tan fuerte es, seguramente él no uso toda su fuerza…conociéndole… —pensaba Shaina. — ¡No me causas miedo, GARRA DEL TRUENO!

La italiana se lanza en una carrera vertical sobre su enemiga y lanza con sus garras una gran descarga eléctrica, la energía de una terrible serpiente se visualizaba, pero la satélite esquiva el ataque con un poderoso salto.

—¡Lo ha esquivado…!

—¡Verás de lo que son capaces de hacer mis flechas…VÍBORA CARMESÍ!

—¡Debo ver su trayectoria!

La satélite dispara su flecha, la cual toma una forma zigzagueante, confundiendo a su enemiga, y clavándose en la parte superior de su casco plateado, en dicho momento el proyectil toma la forma de serpiente, atacando con sus colmillos.

—No puede ser… —se lamenta Shaina mientras su casco se destruye, un hilo de sangre corre por su frente y cae desvanecida al suelo.

—No fracasaré esta vez… —expresa Lascomoune, voltea y mira hacia el horizonte en espera del siguiente invasor.

—¿Estaré muerta? —Shaina se preguntaba, divagando en su mente.

Cuando todo parecía perdido una voz susurra los oídos de la ateniense.

—Shaina, no te rindas, conozco tu tenacidad, esto no es propio de ti, rendirte así, ponte en pie…si te rindes todo acabará.

—¡Es el santo legendario, Ofiuco! Es cierto… ¡nunca me daré por vencida! —Shaina despierta y tambaleando se pone de pie.

—No se ha rendido, peor para ella, solo alargará su agonía…

—¡Este combate recién comienza…tu golpe es bueno, pero no es capaz de vencer tan fácilmente a Shaina de Ofiuco!

—¡En ese caso, si vuelvo a darte de seguro morirás…VÍBORA CARMESÍ!

—¡Esta vez debo ver la trayectoria del ataque, sino moriré…!

Los ojos de Shaina resplandecen de un poderoso cosmos de color violeta, mientras puede observar detenidamente la trayectoria de la flecha.

—¡Muere! —grita Lascomoune.

—¡No será tan sencillo…por fin lo he visto!

Shaina hace una veloz y potente corrida cósmica, dando pequeños saltos de un lado a otro, evadiendo de ese modo el ataque de su enemiga, mostrando una soberbia destreza física.

—¡Ha esquivado mi técnica mortal!

—¡Estás acabada! —exclamó Shaina apareciendo inesperadamente arriba de su adversaria. —¡GARRA DEL TRUENO!

Una serpiente de cosmos enrosca el cuerpo de la satélite, miles de volteos se descargan sobre su cuerpo, finalmente cae al suelo con grietas en su manto orbital.

—No creas que éste es mi final…

La satélite de Urano se levanta con gran dificultad, invocando nuevamente su cosmos.

—¡Te has puesto de pie…!

—Soy una de las satélites más poderosa de la orden de la Luna, no subestimes mi voluntad, te mataré y todo habrá sido un pequeño percance… —expresa Lascomoune mientras tensa la flecha de su arco.

—¡Ilusa, tu víbora carmesí ya no me afectará…!

—¡Lamentarás tu exceso de confianza infundado…!

La arquera lanza varias flechas, detrás de éstas arremete su víbora carmesí, lo que confunde a su enemiga.

—¡Maldita…es un señuelo!

Shaina esquiva las flechas ordinarias con gran concentración, sin embargo una de sus flechas no es ordinaria, se trata de la técnica que invoca una terrible serpiente, la cual se clava en su hombro, la sangre se corroe de su herida.

—¡Has logrado evitar un daño mortal…pero es una herida considerable!

—¡Tengo que vencerla en el próximo ataque, moriré si me vuelve a dar alcance!

El santo femenino de Ofiuco corre velozmente en dirección a su enemiga con su cosmos a su máximo y una gran determinación.

—¡En ese caso, cambiaré las direcciones de cada flecha, toma esto!

La súbita de Artemisa lanza una flecha detrás de otra, Shaina las esquiva con gran agilidad, burlando incluso la víbora carmesí, la cual atacaba por sorpresa de forma camuflada.

—¡GARRA DEL TRUENO! —grita Shaina mientras hace un ligero movimiento de su mano.

Miles de volteos hacen estremecer el cuerpo de la satélite, la cual esta vez cae al suelo mortalmente herida, la técnica había excedido por mucho su nivel habitual, la sangre de su enemiga se extiende por todo el suelo.

—¡Lo he logrado, seguiré hasta el final de las órbitas!

—¿Hasta el final de las órbitas? —se pregunta Lascomoune con la voz entrecortada.

—Así es…es primordial vencer a Artemisa. Los maremotos cesarán después de ello, restableceremos la paz mundial…

—No sé si salvarán al mundo…pero aunque así fuera, tú no contarás para vivirlo…

—¡No me da miedo la muerte, aunque tenga que entregar mi vida por los demás lo haré porque soy un santo de Atenea!

—Quiero decir que tu tumba será en éste bosque, no pasarás de Saturno…

—¿Qué dices?

—Titán…al lado suyo mi poder y el tuyo no se le comparan. Su cosmos es infinito, pronto lo comprenderás…

Finalmente la agonía de la satélite de Urano cesa, muriendo sin más al cerrar sus ojos.

—¡Sea quién sea Titán…! Me haré tan fuerte como sea necesario…

. . .

El santo de plata, Nicanor del Pavo Real sigue su camino, todavía no había entrado en combate, pero intuía que pronto le llegaría su momento de pelear. Unos cosmos se sienten y el ateniense se pone en guardia.

—¿Dónde crees que vas? —dice Calibán rudamente.

—Voy a la órbita de Saturno… ¿acaso desean ser mis guías? —manifiesta Nicanor con una sonrisa.

—Seremos tus guías, pero al Infierno… —agrega Cordelia.

—¡Muere santo, abran fuego! —grita Trínculo.

Las tres satélites apuntan, tensando la flecha, hasta que la disparan al mismo tiempo.

—Qué poca hospitalidad… ¡PLUMAS MAJESTUOSAS!

Nicanor extiende las plumas que tiene su armadura plateada y comienza a lanzar con sus dos manos hacia adelante un abanico de plumas multicolores que avanzan sobre sus enemigas, cortando sus mantos orbitales al sentir el contacto, terminando con la vida de las tres enemigas en un instante.

—Más satélites… —murmura Nicanor atento.

—¡Abran fuego! —dice Ferdinando enfadada por la muerte de sus compañeras.

—¡Nos está prohibido dejar que avancen…! —recuerda Crésipa.

—¡Lo matemos! —agrega Margarita.

Las satélites lanzan sus flechas al unísono.

—No tiene caso… ¡PLUMAS MAJESTUOSAS!

La nueva oleada de enemigas también son vencidas de la misma forma que las anteriores, el ateniense victorioso corre sin perder tiempo hasta que llega a un deslinde, un alto muro marca el comienzo de una nueva etapa.

—Una división. Según parece he llegado al límite con la órbita de Saturno…

Una nueva enemiga aparece parada sobre el muro.

—Así es, mi nombre es Dione…te haré conocer el poder de la satélites de Saturno…y ni siquiera podrás pisar ésta órbita.

—Las satélites están defraudando mis expectativas, son muy débiles para mí… —contestó el santo de plata con arrogancia.

—Toma esto fanfarrón… ¡ACANTILADO DE HIELO!

Dione dispara su flecha y esta se convierte en rocas de hielo y nieve que avanzan con gran velocidad hasta que impactan en Nicanor, que cae contra el suelo, malherido, un hilo de sangre se corroe por la comisura de sus labios.

—¡Sí que es fuerte como decía…! —expresó Nicanor escupiendo un poco de sangre mientras se recupera.

—Eres un tonto si creías que era tan débil como otras de las satélites…

—Me has mostrado tu poder, ahora lo haré yo… ¡PLUMAS MAJESTUOSAS!

Las plumas brillantes y cortantes se abalanzan a tres veces la velocidad del sonido, impactando con gran violencia en la satélite, la cual es tumbada.

—Si piensas obtener la victoria luego de eso estás confundido…

—¡Los ha resistido…!

—¡Ahora probarás algo diferente…PROYECCIÓN DE ROCAS MORTALES!

La satélite dispara una flecha, la cual se desarma en fragmentos que se convierten en múltiples rocas de silicio, las cuáles golpean al santo plateado en varios puntos, su armadura de plata resulta agrietada.

—¡Ahora si has despertado mis ganas de combatir en serio! —exclama Nicanor mientras extiende sus manos y eleva su cosmos.

—Es cierto, su cosmos está creciendo poco a poco…

—¡PLUMAS MAJESTUOSAS!

El santo de Atenea duplica el poder de su técnica, logrando pulverizar el manto orbital de su enemiga al sentir el contacto con las plumas cortantes, finalmente la cazadora cae muerta al instante, con su cuerpo tajeado en varias zonas.

—Esta satélite era fuerte, estaba al nivel de los santos de plata…

El santo de Pavo Real se arrodilla y siente algunos golpes que no había advertido, no obstante continúa su camino, saltando el muro.

Órbita de Saturno.

El joven Pléyade de Orión había sido el primero en llegar a la tercera órbita del bosque lunar, en su camino una voz resuena como eco entre la flora, lo cual lo hace detenerse.

—¡Has llegado lejos joven santo! —grita una voz que hace eco.

—Pues llegaré hasta el final…

—Que presumido, soy Thetis, una de las satélites de Artemisa…

—¿Qué puedo decirte? Me tengo confianza… —responde Pléyade sonriendo.

—Muere engreído… ¡ANILLOS DIFUSOS!

La satélite levanta las manos y lanza chorros de gas con partículas heladas.

—Algo así no me dañará…

El santo de plata valiéndose de su gran velocidad elude la técnica de su enemiga con gran destreza, demostrando que su cosmos es uno de los más poderosos en el Santuario.

—¡Tienes que rendirte, de todos modos te acabaré…ANILLOS DIFUSOS!

—¡CACERÍA DE ESTRELLAS!

El santo de Orión eleva su cosmos, sus cabellos negros revolotean a la altura de su cuello, su brazo izquierdo hace un movimiento agitándolo como estuviera cazando estrellas, luego las sostiene en su puño cerrado, para soltarlas violentamente hacia delante, entonces de su palma emergen diminutas estrellas que brillaban como un poderoso astro, todas se concentran en un punto, golpeando incesantemente a la satélite, que cae al suelo con su armadura destrozada en pedazos.

—Es muy poderoso… —murmura la satélite en su último suspiro.

—Esta satélite tenía el nivel de un santo ordinario de plata, pero yo ya estoy en otro nivel… —susurra Pléyade y se dispone a marcharse, pero se detiene en seco y voltea a su víctima al escucharla.

—Santo, tu muerte es inevitable, ni siquiera tú podrías con Titán…

. . .

El pequeño Kiki de Buril había llevado a cabo la misión de rescate de Seiya, Shun, Shiryu y Hyoga, por órdenes directas del Patriarca, luego de completar tal misión fue enviado como refuerzo al bosque en donde se desarrollaba la invasión al Olimpo, gracias a sus grandes habilidades de teletransportación ya estaba cerca de sus compañeros más adelantados.

—¡Puedo sentir el cosmos del enemigo! —musita Kiki mientras advierte la presencia de una satélite.

—Así que este niño es un santo, soy Hiperión… ¿estás preparado para combatir?

—No me subestimes por que sea un niño… ¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

El pequeño santo de bronce levanta su mano derecha y una gran cantidad de polvo cósmico empieza a revolotear arriba de su palma, luego baja su brazo bruscamente, soltando una lluvia de polvo estelar blanco a la velocidad del sonido, que se dirige a su adversaria, sin embargo la satélite evade la técnica, con presunta facilidad.

—¡Es veloz! —dice la satélite al tiempo que se toca una herida, advirtiendo que no pudo evitar todo los impacto.

—No es una satélite ordinaria…

—Pese a ser un niño eres un buen rival, no tendré contemplaciones, ¡ve al otro mundo…!

La satélite eleva su cosmos y un enorme satélite aparece detrás de la guerrera, con una extraña energía que cubre todo el campo de batalla.

—¿Qué está pasando…?

—¡Mi satélite guardián tiene la forma de una esponja, con esa energía te haré trizas…ROTACIÓN CAÓTICA!

La energía que se había diseminado por el campo de batalla se convierte repentinamente en un remolino que agarra a Kiki y lo somete a una fuerte fricción que lo tumba violentamente.

—Fue un buen rival para ser un niño…pero no era tan fuerte después de todo. —musita Hiperión mientras voltea para marcharse.

—¡Espera! —expresa Kiki mientras se pone de pie, con sangre que salía de su cabeza.

—¿Para qué?

—¿Cómo dices?

—¿Para qué luchas así? Debes aceptar tu derrota…

—¡Nosotros los santos cada vez que caemos nos levantamos con más fuerza…! —responde el pequeño santo mientras eleva su cosmos.

—¿De dónde sacas esas estupideces?

—Yo mismo lo he visto, Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki, ellos jamás se rindieron y lograron varios milagros, y aunque ocasionalmente eran vencidos, se levantaban con más fuerzas…

—Basta de palabrerío, ¡ROTACIÓN CAÓTICA!

—¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

El santo de bronce lanza de su mano derecha una gran cantidad de estrellas resplandecientes, la cuáles impacta en el remolino formado, desarmando su corriente y aprovechando el impulso de la técnica enemiga, para duplicar su velocidad en el recorrido hasta la satélite, la cual es alcanzada, siendo completamente vencida.

—¿Cómo ha podido…vencerme…este simple niño? —se pregunta Hiperión antes de que su aliento la abandone.

—¡Aunque mi ataque no pueda alcanzar nada más que la velocidad del sonido…tengo que volverme aún más fuerte!

. . .

La joven Mika de Grulla avanzaba sobre el bosque con grandes brincos, era una especialista en saltos y grandes patadas, la pequeña ostentaba el rango plateado, por lo cual tenía un poderoso cosmos. Un cosmos enemigo detuvo bruscamente su marcha.

—Santa de Atenea…mi nombre es Japeto ¿has venido a tus propios funerales?

—No, la que tendrá su tumba en este bosque eres tú…

—¡Te mataré ahora mismo…NEBULOSA DE FLECHAS!

La satélite dispara de su arco muchas flechas, las cuales avanzan en direcciones opuestas, el santo femenino salta en distintas orientaciones para evadir los ataques y cae finalmente en otro punto, pero logra advertir que fue herida en su pierna izquierda, de donde brotaba un hilo de sangre.

—¡Me ha herido! Su poder tiene la velocidad de los santos de plata…

—Soy una de las más fuertes de las satélites de Saturno, después de recibir esa herida en tu pierna tiene medio pie en el infierno…

—¡Ahora es mi turno! —espeta Mika encendiendo su cosmos.

—¿Qué intenta hacer después de recibir esa herida? ¡Muere, NEBULOSA DE FLECHAS!

—¡Este es el máximo de mi cosmos…BELLAS PATADAS DESLUMBRANTES!

La joven Mika de Grulla salta, elevándose poderosamente por los aires, soportando el dolor de su herida y lanzando miles de patadas que sorprenden a la cazadora, la cual cae herida al suelo, sin poder efectuar su ataque.

—Increíble…saltó con su pierna herida de tal forma, su cosmos es temible. —susurra Japeto agónicamente.

—Su cosmos se ha apagado…

. . .

El santo de plata del Pavo Real seguía su camino, hasta que se detiene al sentir un cosmos abrumadoramente fuerte, una gota de transpiración cae de su frente, mostrando cierto nerviosismo.

—¿Quién está allí?

—Tú serás mi primera víctima… —dice una misteriosa mujer entre las sombras.

La cazadora tenía una postura imponente, era alta y fornida, de esbelta silueta, su cabellera tenía mechones negros y pelirrojos, los cuáles llegaban hasta debajo de sus senos, tenía un ojo marrón y otro azulado, su manto orbital poseía un color ocre anaranjado, con detalles en plateados.

—¡Recibe esto…PLUMAS MAJESTUOSAS!

Tras una serie de movimientos del joven santo, miles de plumas cortantes se abalanzan contra la misteriosa satélite, pero dicho ataque es detenido con un solo dedo de su rival, el santo plateado no sale de su perplejidad, pues lanzó su técnica con todo su poder.

—¡No puede ser…con un solo dedo ha detenido mi técnica…! —retrocede Nicanor abrumado.

—Debes saber que mi nombre es Titán…y nadie, pero nadie ha sido capaz de vencerme, no, siquiera herirme…

La satélite despide un resplandor del dedo índice y logra tumbar al santo de plata rápidamente, no obstante el joven se vuelve a poner en pie.

—¿Acaso será tan fuerte como un santo dorado? ¡No lo creo…PLUMAS MAJESTUOSAS!

—Te mostraré mi poder… ¡ATMOSFERA DE LA MUERTE!

—¿Qué…se está creando una atmósfera densa a mí alrededor…? No puedo acercarme, mi velocidad ha disminuido…

—Ahora no podrás moverte libremente…

—No puedo creerlo mi cuerpo se está friccionando…

La satélite cierra el puño y la densidad aumenta infinitamente, acabando con el santo plateado, que cae con su armadura despedazada.

—¡Un nuevo enemigo se aproxima! —murmura Titán divisando a un nuevo enemigo.

Finalmente cuando se acerca puede verse que se trata de Marín de Águila, quién mira asombrada a su compañero sin vida y luego se pone en guardia.

—Venciste a mi camarada…

—¿Otro sacrificio para mi señora Artemisa? —contesta Titán mientras estalla en risa.

—¡No seré sacrificio de la diosa de la Luna…!

—¿Quién eres tú que vienes tan campante a desperdiciar tu vida?

—¡Soy Marín, de la constelación del Águila!

La ateniense eleva su cosmos y la satélite hace una mueca de decepción al percibir que no era un cosmos equivalente al suyo, muy por el contrario, las diferencias eran abismales.

—¡Recibe mis…ESTRELLAS FUGACES!

Marín extiende su puño al frente y miles de meteoros de color blanco se abalanzan contra Titán, pero esta los esquiva con suma facilidad.

—¡Qué velocidad tiene!

—Eres muy lenta para mí. Puedo ver tus ataques como si los hicieras en cámara lenta…

—¡Maldita…en ese caso mis golpes irán con mayor velocidad…ESTRELLAS FUGACES!

Tras repetir la técnica con el doble de velocidad los meteoros de Marín vuelven a fracasar, la velocidad de Titán era muy superior.

—Entiendo, haces un ataque el doble de rápido.

—¡Tampoco le puedo encajar un meteoro siquiera…en ese caso…EL DESTELLO DEL ÁGUILA!

La maestra de Seiya se eleva por los aires con una gran elasticidad y baja con gran velocidad, lanzando su patada mortal, pero es detenida con un solo dedo por su rival, que la empuja hacia atrás, regresando a donde se encontraba antes de lanzar su técnica.

—Sin dudas su poder es comparable al de los santos dorados, debo tener cuidado si quiero seguir con vida…mi cosmos tiene que arder al infinito… ¡ESTRELLAS FUGACES!

—¡VIENTO CONGELANTE!

La satélite crea un viento helado con partículas de silicato de hielo que contrarresta los meteoros sin problemas, el viento avanza contra Marín, hasta tumbarla violentamente contra el suelo.

—¡Ha llegado la hora de enterrarlos en este lugar por entrometerse en los planes de la gran Artemisa!

—No tengo oportunidad ante su poder… —se lamenta Marín en el suelo.

—Así que aún vives, ¡ya estoy cansada de juegos! —espeta Titán incrementando su cosmos.

—¡Su cosmos está creciendo aún más! Su poder es increíble…

La satélite empieza a expandir su energía, el universo puede verse en los alrededores, reemplazando de este modo al extenso y frondoso bosque lunar.

—¿El universo?

La ateniense mira el suelo tras sentirlo vibrar, del mismo emerge súbitamente agua y hielo.

—¿Qué diablos es esto?

—Esto es un crío volcán…

—Un volcán… —musita Marín presa del miedo.

—En el satélite de Titán puede encontrarse este tipo de volcanes de hielo y agua, ahora conocerás su poder…

Una nueva protectora del planeta llega al campo de batalla, interrumpiendo de este modo el combate entre Marín y Titán, esta última detiene su técnica.

—¡Espera…! —dice con confianza Mika de Grulla.

—¡Ten cuidado Mika…desconfía!

—¡La venceré con todo mi cosmos! —exclama Mika.

—¡Escapa! —grita Marín desesperada.

—¡Marín no dejaré que luches sola! ¡BELLAS PATADAS DESLUMBRANTES!

Mika de Grulla lanza cientos de patadas tras un elegante movimiento, Titán no se mueve, recibiendo todo el ataque, pese a esto no le causa el más mínimo daño.

—¡Muere…VOLCÁN CRISTALIZADO!

Los volcanes de agua helada y hielo aprisionan a Mika de Grulla, quien queda atrapada en su interior, los mismos le infringen grandes daños por todo su cuerpo, su armadura de plata es totalmente destruida, cayendo al suelo sin vida, un charco de sangre se corroe alrededor de su cuerpo.

—¡Bastarda, como te has atrevido! —exclama Marín con ira.

—Ahora sigues tú mujer…

—¡Espera! —dice un recién llegado.

—Este cosmos, este santo es diferente… —pensaba Titán.

—¡Ahora veremos si puedes conmigo! Marín, ve al siguiente obstáculo, yo la venceré…

—¡Por favor venga a Mika y a Nicanor! —responde Marín cerrando su puño.

—¡Que comience el combate!

Marín pasa al lado de Titán, la cual está enfocada en enfrentar a su enemigo.

Templo de la Luna

En el imponente templo de Artemisa, las satélites galileanas se encontraban analizando la situación, ya que los santos se encontraban en la órbita de Saturno, tras cruzar dos órbitas ya, la de Neptuno y la de Urano.

—Los santos han llegado muy lejos, deben ir a tomar sus puestos… —ordena Calisto, quién es la líder de todas las satélites.

—Eso no hará falta, Titán los acabará a todos, nadie podría vencerla. —responde Ganimedes.

—No hay que confiarse, fueron capaces de vencer a Tritón… —contesta Calisto.

—¡Me pregunto cómo fueron capaces de vencer a alguien como Tritón! En ese caso no debemos confiarnos… —murmura Europa.

—Además mientras Titán pelea otros podrían escabullirse… —aduce Io.

—Con que una de nosotros vaya a resguardar la órbita de Júpiter será suficiente… —expresa Europa.

—¡Irán las tres, no quiero dar ninguna chance al enemigo! —manifiesta Calisto levantando su voz.

—No entiendo porque tanto cuidado, nadie ha pasado jamás la órbita de Júpiter… —se pregunta Ganimedes.

—Eso debe seguir así…

—Calisto tiene razón… —finaliza Io.

Las satélites más fuertes de la orden estaban por entrar en acción finalmente.