Capítulo 11: Titán, la satélite más poderosa de la orden.

Todas las satélites de Saturno habían sido vencidas, a excepción de Titán, quién decía ser invencible y su poder se comparaba al de los poderosos santos de oro, con su increíble poder había asesinado a dos santos de plata, cuándo se disponía a enfrentar a Marín, para fortuna de la maestra de Seiya, interrumpió el fatal desenlace otro de los santos de plata, Alkes de Copa, quién toma su lugar en la batalla.

Órbita de Saturno.

En el frondoso y oscuro bosque estaba por dar inicio el terrible combate entre Copa y Titán.

—Puedes atacar cuando quieras… —susurra la satélite.

—De acuerdo…a una mujer hay que darle con los gustos, ¡LANZAS DE HIELO DE LOTO BLANCO!

Alkes cruza los brazos enfrente de sí mismo, con sus dedos extendidos y tiesos, lanzando sus lanzas congeladas, la satélite intenta esquivar el ataque, pero estas cuchillas de hielo le lastiman el brazo, provocándole un daño mínimo.

—¡Increíble que hayas logrado golpearme…!

—He atacado con todas mis fuerzas y solo he conseguido hacerle un rasguño. —pensaba Alkes.

—Debo aniquilarte…tomaré la batalla por primera vez en serio…en mi vida, pero antes debo reconocer tu fuerza.

—En el Santuario hay hombres tan fuertes como yo, tal vez incluso un poco más…

—He escuchado de los santos dorados, pero el hecho de que seas el primer adversario digno con el me cruzo no significa que sea verdaderamente un amenaza seria… ¡ATMÓSFERA DE LA MUERTE!

La guerrera de Artemisa hace explotar su cosmos y emana una especie de gas, que forma una atmósfera propia sumamente densa.

—¿Qué es esto…? ¡De repente me siento pesado!

—Mi ataque se asemeja a la atmósfera de Titán, la más densa de entre los satélites del sistema solar, su presión es tan fuerte que influye en el peso de tu cuerpo…y sus gases afectan tus músculos y tus funciones vitales…

La atmósfera alrededor del santo de Crateris comienza a transformarse, formándose una especie de burbuja de vapor de agua a su alrededor.

—Tu ataque no me afectará, yo soy capaz de controlar la humedad atmosférica y con ello he contrarrestado tu atmósfera de la muerte…

—Note que tu cosmos era diferente al de los demás inútiles, pero deberás hacer más que eso si pretendes vencerme… ¡VIENTO CONGELANTE!

Titán lanza una ráfaga de aire congelante con partículas de silicato, que arroja violentamente al santo de plata contra un árbol, que es derribado por el impacto, la zona se congela al cabo de unos segundos.

—Su poder es tremendo… —reflexionaba el santo de plata.

—¿Te has dado por vencido?

Tras las palabras de Titán, el joven santo de Copa se pone de pie para seguir el duro combate, con una sonrisa en su rostro enciende su cosmos, el cuál era aún más fuerte que hace unos segundos.

—Me has obligado a usar mi mejor técnica. Lo siento pero tu hora a llegado… ¡TORMENTA GIRATORIA DE COLMILLOS DE HIELO!

La satélite enciende con su cosmos su temible atmósfera de la muerte a su alrededor, la cual anula los colmillos de hielo sorpresivamente, no sufriendo ningún daño.

—¡No puede ser, nunca me había enfrentado a un rival como ella…!

—Pese a que eres mucho más fuerte que las demás sabandijas que han entrado al territorio de Artemisa, no puedes compararte conmigo…

—Este combate recién inicia y yo tengo que dar crédito a mi reputación…

—¿Tu reputación?

—Se dice que mi poder es equivalente al de los santos dorados…

—Ahora vas a tener que demostrarlo, se dice que los santos dorados son los guerreros más fuertes que existen, comparable a los ángeles, pero para mí no es más que un rumor…

El santo de Copa lanza un puñetazo a la velocidad de la luz que sorprende a su rival con un fuerte impacto en su rostro, quitándole el casco.

—Debo tener cuidado, su poder…es realmente un adversario difícil… —piensa Titán. —¡VIENTO CONGELANTE!

—¡TORMENTA GIRATORIA DE LOS COLMILLOS DE HIELO!

Los dos ataques colisionan, generando una gran fricción, el campo de batalla siente los efectos de tan poderosa colisión, finalmente las dos técnicas terminan anulándose entre sí, la radiación generada por el choque cósmico hiere el rostro de los combatientes.

—Ya no podrás usar esa técnica contra mí, he neutralizado tus dos técnicas… —manifestó Alkes con confianza.

—No necesito mis técnicas para vencerte, mis puños son tan fuertes como los de los terribles titanes…

Los adversarios se abalanzan el uno contra el otro en un combate de puños, tras incontables golpes en ambas partes, los cuáles eran en su mayoría bloqueados o esquivados, sin embargo, ambos llegaron a impactar algunos golpes, siendo el último golpe un puño en el rostro del santo de plata y otro en el abdomen de la satélite.

—¡Es más fuerte que un hombre, sus golpes son más duros que los míos, tiene una fuerza aterradora! —exclama sorprendido Alkes.

—Eres bueno, pero ya te lo he dicho, no puedes compararte conmigo…

El santo de Copa tiene el cuerpo muy adolorido, de repente nota que su armadura esta rasgada en varios lugares, luego observa a su rival y se percata de que el manto orbital de Titán está intacto.

—¡Su armadura es más fuerte que la de otras satélites, no he podido dañarla, sus puños son tan fuertes como dice, ha dañado la armadura de plata a puro golpe…!

—Muere Copa… ¡VOLCAN CRISTALIZANTE!

La técnica de la satélite atrapa al ateniense, que es herido y aprisionado en el interior del volcán congelante, sin embargo el santo de plata eleva su cosmos, generando una atmósfera de vapor, convirtiendo el hielo en agua.

—No ha funcionado… —se lamenta Titán.

—Ahora debes rendirte, tus técnicas no surten efecto en mí.

—Tonterías, te mataré ahora mismo… ¡VOLCAN CRISTALIZANTE!

—¡Eso no te va a servir, ya dije que tus técnicas no me afectarán!

El santo plateado convierte el flujo del volcán en vapor de agua, que se suspende a su alrededor sin causarle daño.

—¡COLMILLOS DE HIELO!

—¡VIENTO CONGELANTE!

Las técnicas chocan la una contra la otra, generando una violenta explosión, al final de la colisión ambos poderes quedan anulados entre sí, sus poderes están igualados.

—¡Bien, realmente lo has hecho muy bien, has anulado todas mis técnicas! —dice Titán mientras se ríe.

—¿Te estás rindiendo?

—Jamás, ya te dije que no puedes compararte conmigo, voy a asesinarte ahora mismo…

La satélite saca su arco y tensa su flecha.

—Una flecha no podrá acabar conmigo…

—¡Comprobémoslo!

La satélite lanza la flecha, pero el santo de Copa la esquiva con alguna dificultad, evadiendo cualquier daño.

—Ya lo has comprobado…

—¡Apenas has esquivado una, tengo miles para ti! —exclama Titán enfurecida, mientras carga cinco flechas simultáneamente.

La satélite finalmente apunta con su arco y luego dispara las cinco flechas, una tras otra, las mismas alcanzan la velocidad de la luz. El santo de Copa intenta evadir todas las flechas, pero una de ellas lo alcanza en la pierna, produciendo una feroz herida, que sangra a borbotones.

—Me ha dado…estoy en franca desventaja, si no hago algo pronto moriré…

—Este es tu final… —susurra Titán mientras carga cinco flechas más.

—¡Si intento evadirlas me alcanzarán, debo frenarlas y acercarme al mismo tiempo si quiero tener alguna oportunidad!

El santo plata corre, impulsándose con su pierna sana y da un gran salto en dirección a su rival.

—¡Te has vuelto loco! —gritó Titán mientras suelta las flechas.

La atmósfera de Copa crea una humedad que se condensa en un escudo de hielo, las flechas impactan en él, destruyéndose ambas cosas, pero los fragmentos de hielo destruidos se precipitan repentinamente como lanzas de hielo sobre las satélites, siendo su armadura atravesada.

—¡Esas han sido las lanzas de hielo del loto blanco…!

El santo de plata mira hacia abajo y observa una flecha clavada en su estómago, lo cual representaba un daño letal.

—¡Ha logrado alcanzarme…! —dijo Titán mientras un hilo de sangre cae de la comisura de sus labios.

—Con esa flecha me acompañarás en mi destino, era verdad la reputación de la que gozabas en el Santuario…

Ambos adversarios caen al suelo, sus cosmos comienzan a apagarse rápidamente.

Templo de la Luna.

En el majestuoso templo olímpico las satélites galileanas estaban reunidas, acababan de percibir el cosmos de Titán apagarse.

—El cosmos de Titán ha desaparecido, eso quiere decir que alguien la ha vencido… —dice una perpleja Calisto.

—¡No puedo creerlo, vencer a Titán…! —comenta Ganimedes.

—Europa e Io ya están defendiendo la órbita de Júpiter…

—Ahora todo depende de nosotras las galileanas, no podemos dejar pasar a los santos…

—Debemos proteger a nuestra diosa Artemisa, sería imperdonable ser vencidas…

Órbita de Júpiter.

Jabu de Unicornio, Ichi de Hidra, Ban de León Menor, Geki de Oso y Nachi de Lobo llegaban a la penúltima órbita del enorme bosque, tras recorrer cientos de kilómetros.

—¡La próxima enemiga está aquí! —advierte Nachi a sus compañeros.

—Bienvenidos a la órbita de Júpiter…soy Adrastea, una de las satélites que protegen este lugar, les prohíbo avanzar un paso más…

—¡No alardees, avanzaremos te guste o no! —dice Jabu al tiempo que se frota los nudillos de su mano.

—¡Jabu! Ustedes sigan el camino hasta el final, yo tomaré este combate… —interrumpe Nachi.

—Pero Nachi, tú has sido herido, es mejor que luchemos nosotros… —contesta Geki.

—Ya estoy bien… —responde Nachi escondiendo el dolor.

Los santos de bronce pasan rápidamente, la satélite observa pacientemente.

—Primero te mataré a ti y luego a tus amigos…

—Deja de hablar y lucha…

—Te daré fin de inmediato… ¡ZIGZAG FRENÉTICO! —exclamó la satélite mientras tensa su arco y dispara.

La flecha toma una trayectoria cambiante a través del aire, haciendo movimientos difíciles de prever.

—¡Qué raro movimiento!

El santo de bronce ensaya un salto, pero su pierna es alcanzada, precipitándose luego al suelo, en una dura caída.

—Estás condenado amigo, es una pena pero ahora tienes dos heridas que no te permitirán moverte con libertad… —manifiesta Adrastea con una sonrisa de seguridad.

—Demonios, tienes razón, pero antes de morir tengo que derrotar también a mi oponente, sino habría muerto sin cumplir mis expectativas…

—Eres gracioso… —comenta Adrastea mientras se ríe. —Pero tus expectativas no se cumplirán mientras luches conmigo, una de las lunas de Júpiter… ¡muere, ZIGZAG FRENÉTICO!

—¡AULLIDO MORTAL! —pronuncia Nachi.

El santo de bronce extiende su mano enviando una lámina cortante, tal cual el ataque de un lobo, consiguiendo derribar violentamente a la satélite, que cae con heridas mortales en todo su cuerpo, la flecha mortal de ésta última es evitada milagrosamente.

—Perdona Artemisa, gloria al Olimpo… —expresa Adrastea antes de que su cosmos se apague.

—Amigos los alcanzaré, aún tengo cosas que aportar, aunque mis heridas son graves…

. . .

Unos metros más adelante, los santos de bronce de Unicornio, Hidra, Oso y León Menor siguen el trayecto hasta que llegan a una zona dónde aguardaba otra cazadora.

—Aguarden santos, yo Metis, luna de Júpiter tengo órdenes de enviarlos al infierno…

—La que irá al Infierno serás tú, soy Geki de Oso, el que se encargará de ti…

—Grandulón, no me causas miedo… —contesta Metis.

—¡Geki, no mueras! —dijo Jabu preocupado.

—Descuiden, la derrotaré y los alcanzaré…

Los santos de bronce abandonan a su compañero, dejándolo a Geki en singular combate.

—¡Siente mi poder…ANILLOS DE JÚPITER!

La satélite lanza una flecha que se dispersa en el ambiente, desapareciendo al cabo de unos segundos misteriosamente.

—¿Qué fue eso?

—El fin de tu vida santo de bronce…

Unos anillos hermosos rodean la cintura del santo del Oso, impidiendo que éste pueda moverse.

—¡Maldita, me ha inmovilizado!

—Ahora te remataré… —saca flechas de su carcaj y dispara su arco.

—¡Estoy a su merced!

Dos flechas se clavan en el ateniense, una en su brazo derecho y otra en el abdomen, pero éste intenta resistir, todavía conservándose en pie tras los flechazos.

—Ya has pasado a mejor vida… —susurra la satélite.

—¡No creas que has vencido!

Geki enciende su cosmos y destruye los anillos con la increíble fuerza de sus brazos, la que lo convierte en el más fuerte de los santos de bronce en términos de fuerza bruta.

—¡Imposible, no tengo otro remedio! —exclamó Metis disparando otra flecha.

El santo de bronce embiste hacia la satélite, la cual dispara una flecha, pero esta es evadida, en un segundo el Oso sujeta con sus brazos a su adversaria.

—No puedo liberarme… —dice la satélite intentando dar patadas en vano a su enemigo.

—¡Cuando tomo a alguien del cuello le resulta imposible soltarse! ¡HORCA DEL OSO!

La satélite se asfixiaba, hacia movimientos bruscos intentando soltarse, pronto comenzó a desesperarse por la impotencia de no poder hacer nada para escapar, el miedo se veía en sus ojos, mientras Geki aumentaba la presión en sus manos, hasta que terminó quebrando su cuello, estrangulándola sin más.

. . .

Unos cuantos metros más adelante, Jabu, Ichi y Ban corrían a gran velocidad por el inmenso bosque lunar, tratando de atravesar la última órbita, la de Júpiter.

—¡Cuidado! —Ban alerta a sus compañeros.

Los santos de bronce se tiran al suelo evitando unas temibles flechas que salían disparadas desde los costados de la arboleda.

—¡Peleen de frente cobardes! —bramó Jabu.

—¡Han llegado demasiado lejos…! —exclama Tebe mientras apunta con su arco al Unicornio.

—¡Ni lo pienses…BOMBARDERO DEL LEÓN MENOR!

Ban se lanza con su hombro a su adversaria, generando un fuerte estallido de cosmos, la satélite no logra evitar el ataque y resulta completamente derrotada.

—¡A este paso llegaremos al templo de la Luna! —dice Jabu con ánimos altos.

Pero todavía el peligros no se había acabado, otra satélite aparece rápidamente frente a los santos de bronce.

—¡Tú eres…! —espeta Ichi con su voz estridente.

—Soy Amaltea…

—Yo seré tu rival, ustedes marchen hacia adelante… —manifiesta Ichi a sus amigos.

—¡Seré yo el que luche! ¿O es que ahora te haces el héroe? —responde Jabu con ironía.

—Idiota, no menosprecies al gran Ichi de Hidra… —dice vanagloriándose con gracia.

—¿Estás eligiendo cuál será mi rival? Que chistoso, ¡mataré a ambos!

—¡Te veré más adelante!

Jabu y Ban se adelantan, dejando a Ichi en combate singular contra la satélite.

—¡No irás! —dijo Amaltea mientras tensa su flecha, dispuesta a atacar.

—¡COLMILLOS ENVENENADOS DE LA HIDRA!

El santo de bronce embiste lanzando sus garras envenenadas, las cuales causan una grieta en el manto orbital de la satélite.

—¡Atrevido, te ha llegado la hora! ¡MUERTE DULCE!

La satélite dispara una flecha que se convierte en ondas luminosas que rápidamente toman forma de anillos, los cuales enroscan las piernas del santo de bronce, restringiendo sus movimientos.

—¡No solo son mis piernas! —dice para sí Ichi mientras mira sus manos envueltas en anillos.

—¡Ahora duerme para siempre…es hora de la rendición!

Amaltea lanza una flecha, ésta se dirige amenazando al japonés.

—¡No seré siempre un inútil! —exclama Ichi mientras enciende su cosmos al máximo, logrando destruir los anillos.

El santo de bronce esquiva la flecha a último momento, la cual se incrusta contra un árbol.

—¡Ahora sé que no me vencerás…! —alardea con gallardía Ichi.

—¡Silencio…ahora elevaré mi poder! —profiere enojada Amaltea mientras intenta sacar flechas de su carcaj, pero queda inmóvil. —¿Qué sucede? No puedo moverme…

—El veneno de la Hidra empieza a funcionar…

—¿Qué?

—Las garras con las que te he herido no son solamente filosas, sino que además están cargadas de un poderoso veneno…

—Ahora entiendo…

La satélite cae envenenada al suelo retorciéndose de dolor, con dolencias estomacales, las que se hacían cada vez más intensas, hasta que el veneno le produjo un paro cardiorrespiratorio.

. . .

Unos metros más adelante los santos de bronce de León Menor y de Unicornio avanzaban con prisa por el bosque, una satélite sale interponiéndose en sus caminos y lanzando una flecha a la humanidad de Jabu, pero este la esquiva y arremete con su galope del unicornio, causando la derrota de su enemiga de manera instantánea.

—¡No podrás detener al Unicornio con algo así…! Siento que alguien se aproxima…

El santo de bronce voltea para ver de quién se trataba, eran sus amigos de bronce.

—¡Ustedes!

—¡Jabu!

—Qué bueno que están bien, vamos…

Los santos orientales siguen su camino todos juntos.

Templo de la Luna.

Dos dioses olímpicos se encontraban discutiendo sobre los pasos de la guerra.

—¡No es necesaria tu ayuda Hermes…acaso piensas que no puedo vérmelas con un ejército incompetentes de humanos! —reprende Artemisa de mal modo.

—Tu ejército de cazadoras está cayendo, con la ayuda de mis poderosos heraldos derrotaremos a todos los santos… —dijo Hermes tratando de hacerla entrar en razón a la diosa lunar.

—Todavía no lo has entendido, ningún santo podrá atravesar la órbita de Júpiter…

—Titán ha sido vencida…

—Pero las galileanas recién están por entrar combate, ya verás que con ellas me basta y sobra…

—Está bien Artemisa, yo solo quería ofrecer mi ayuda.

—Descuida…si mis galileanas son derrotadas entonces será el turno de los otros dioses y sus guerreros sagrados.

—En ese caso esperaré mi momento…

El mensajero de los dioses bate sus alas y como una ráfaga de luz llega a su templo en el monte Olimpo, el templo de Mercurio.

Templo de Mercurio.

El recinto estaba hecho de mármol y de numerosos detalles de piedras preciosas, su gran majestuosidad era propia del templo de uno de los doce dioses del Olimpo. Al llegar, Hermes se dirige a su trono, cuando unos pasos se sienten acercándose hacia él.

—¡Señor Hermes…!

—Son ustedes…

Tres guerreros aparecen haciendo reverencia y arrodillándose ante su dios. A la derecha estaba Céfalo, quién tenía el cabello castaño oscuro y corto, ojos acorazado de color miel, en el centro Cérix, quién tenía un largo cabello negro y grandes ojos grises, a la izquierda estaba Dafnis, quién tenía el pelo ondulado, de color castaño claro y ojos turquesas, todos portaban unas imponentes armaduras de color blanco con tonos dorados, los tres llevaban los cascos de sus armaduras en sus brazos, eran los divinos heraldos de Hermes.

—¿Combatiremos entonces contra los santos? —pregunta Cérix hincado.

—No, no es necesario…

—Podríamos terminar la amenaza en unos segundos. —murmura Céfalo.

—No lo dudo, pero Artemisa confía ciegamente en sus galileanas, espero cumplan sus expectativas, pero no os desesperen…su turno llegará seguramente… —explica Hermes.

Se acerca la batalla decisiva entre la Luna y el Santuario… ¿qué será de Seiya y lo demás?