Capítulo 15: Las lunas del terror.

Tras la violenta batalla en la que habían muerto diez santos de bronce, luego de una emboscada de las satélites menores de Júpiter, llegan a la zona los santos de las constelaciones de Liebre, Microscopio, Telescopio, Pez Volador, Pez Austral, Triángulo Austral y Corona Austral, luego de sentir el cosmos de sus camaradas desaparecer, estaban percatados de la presencia de las satélites y por eso se organizaron en formación defensiva. En ese momento una lluvia de flechas aparece en el cielo dispuesta a exterminarlos como pasó con sus camaradas caídos.

El santo de la Corona Austral, llamado Tales enciende su cosmos.

—¡Está sucia treta no volverá a funciona…CORONA DE ESPINAS!

El santo de bronce levanta sus manos al cielo, con sus manos abiertas y sus dedos extendidos, rápidamente una enredadera de espina brotaron del suelo, cubriendo a los siete santos, provocando que las flechas se incrustasen en sus tallos, salvando así a los atenienses.

—¡Nos has salvado Tales! Pero desde dónde nos han atacado… —expresa Mileto del Pez Volador confundido.

—¡Las plantas me dirán dónde están y acabarán con ellas, mi técnica no es sólo defensiva, también puede atacar, CORONA DE ESPINAS! —exclama Tales de Corona Austral.

A algunas hectáreas de allí, las satélites que habían lanzado sus flechas se ven sorprendida por la súbita aparición de enormes tallos con espinas que brotaban del suelo, bajo sus pies, enroscándose en sus piernas, torso y cabeza, desgarrando sus carnes y derramando su sangre.

—¡Ya he vengado a mis camaradas, vamos! —murmura apenado Tales de Corona Austral.

Los santos de bronce siguen su trayecto rumbo a la siguiente órbita.

Órbita de Marte.

Un joven santo, de nombre Nekkar de Boyero, había entrado en una parte del busque sumamente tétrica, los árboles estaban sin hojas, con sus ramas caídas, la luz de la Luna no brillaba sobre el cielo a diferencia del resto del lugar, la escasa vegetación viva auguraba desazón.

—Parece que estoy cerca del templo de la Luna…

—Esta es la tierra de la muerte, del miedo y del pánico… —susurra una voz haciendo eco en el lugar.

Una neblina espesa empezó a extenderse en forma de bruma.

—¿De dónde viene esa voz? ¿Qué es esa bruma?

Unas criaturas extrañas y abominables atacan al santo repentinamente, lo cuál no lo atormenta y enciende su cosmos.

—Maldición… ¡IMPULSO AZUL!

Nekkar de Boyero cruza los brazos a la altura de su ingle, frente a su pecho empieza a formarse una especie de átomo gigante, el cuál es lanzado, cuando éste abre los brazos a los costado, el ataque atraviesa a las criaturas, disipando la niebla.

—¿Qué habrá sido eso?

La voz de la desconocida ríe estruendosamente.

—¿Tienes miedo…?

—Muéstrate, tus juegos no funcionarán conmigo. —respondió Nekkar algo irritado.

La niebla reaparece de un momento a otro y cientos de demonios emergen del suelo de forma temible, amenazando al santo de Boyero al abalanzarse en su contra.

—¡IMPULSO AZUL!

El átomo gigante ataca contra los demonios y disipa la niebla pero inesperadamente, los demonios son cada vez más.

—Debo localizar a la que está creando todas estas ilusiones…

—¡Nadie escapa al miedo!

—Ya te encontré, ¡POLVO DE DIAMANTES!

Un viento helado cargado de cristales finísimos logra congelar a su enemiga, la cuál se encontraba entre los marchitos árboles, el hielo que cubría a la satélite comienza a resquebrajarse, volviéndose añicos, liberando a la muchacha, la cual lucía un largo cabello negro azabache, su piel era blanca, casi pálida.

—Soy Fobos, luna de Marte…

—Se ha descongelado… —musita Nekkar.

La satélite desaparece súbitamente, el rostro del santo de Boyero se pone tenso, sabiendo que se enfrentaba a una enemiga bastante compleja y maligna.

—Te mostraré porque me llaman el miedo entre las satélites. ¡VIENTOS INFERNALES!

Fuertes ráfagas de viento de miles de kilómetros por hora impactan en el santo, lanzándolo miles de metros hacia arriba y provocándole una durísima caída. Nekkar se vuelve a poner de pie, luciendo varias heridas en su cuerpo y algunas grietas en su armadura.

—Su ataque es demasiado fuerte para su cosmos… —pensaba Nekkar con dudas que no podía disipar.

—¡VIENTOS INFERNALES!

—¡IMPULSO AZUL!

El átomo gigante de Boyero se desliza en el viento y golpea a su enemiga en los brazos, los puños de su manto orbital quedan congelados al sentir el contacto.

—Eres fuerte después de todo… —elogia Fobos.

—Y yo esperaba más de ti, ahora no atrasemos más las cosas, descansa en paz de una vez, IMP… —cuando Nekkar estaba a punto de atacar algo inesperado sucede.

Un viento inmenso alcanza por atrás al santo y lo levanta cientos de metros, cuando va cayendo la satélite lanza una flecha con la que le incrusta la cabeza, saltando un enorme chorro de sangre.

—Gracias hermana… —agradece Fobos.

—¿Puedes continuar, podrás seguir combatiendo? —contesta una voz que a los segundos se visualiza.

—Tenlo por seguro. —contesta Fobos mientras se intenta parar pero trastabilla.

—Siento un cosmos acercándose, intercambiemos roles, tú ocúltate en mis sombras…—propone maliciosamente Deimos.

. . .

Tras unos minutos, llegan a la órbita un grupo de siete santos de bronce, los cuáles habían logrado vencer a las últimas satélites menores de Júpiter, después de una gran batalla.

—¿Qué es ésta niebla? ¡Tengo una mala corazonada! —se pregunta Tales de Corona Austral.

—¿Qué es ésta bruma que ha surgido de repente? —dice temeroso Galileo de Telescopio.

—¡El viento está cambiando, siento que me está arrastrando! —contesta Janssen de Microscopio mientras intenta mantener el equilibrio.

Un poderoso viento sopla repentinamente sobre el grupo, con una intensidad brutal que los levanta del suelo, enroscándolo en un poderoso torbellino, los santos de bronce son arrojados a cientos de kilómetros por el aire, la caída resulta fatal para todos, no hay sobrevivientes.

—Estos guerreros eran unos incompetentes, ya no han de quedar demasiados invasores, pero es sorprendente que hayan llegado tan lejos… —manifiesta Deimos con soberbia.

. . .

Otro de los jóvenes santos de plata, Thamer de Triángulo había percibido la caída de sus camaradas, con prisa se dirige a la zona, preocupado y con gran prudencia.

—El cosmos de Nekkar y luego el de varios santos de bronce han desaparecido en esta zona…

—¿Has venido a los funerales de los santos de Atenea? —resuena una voz tenebrosa.

—¿Quién eres? ¿Dónde estás? No seas cobarde. —se queja Thamer de Triángulo.

En la atmósfera se disipa mucha neblina repentinamente, los demonios acosan al santo de plata, el cuál retrocede atemorizado al ver lo horripilante del cosmos enemigo.

—¿Demonios? ¡SELLO DEL TRIÁNGULO!

El santo plateado dibuja un triángulo con sus dedos, un aura celeste se traza en su recorrido, el cuál una vez finalizado se entremezcla entre los demonios.

—¡Son ilusiones, dónde estará mi enemigo!

—¿No encuentras la forma de combatirme? —se ríe la voz, haciendo eco.

—¡Terminaré por alcanzarte! —contesta furioso Thamer.

El santo voltea su cuerpo hacia donde sentía que estaba su enemiga y lanza un rayo de luz de un puñetazo, pero no resulta efectivo.

—¡Pronto tomaré tu vida! —amenaza la voz desconocida.

Una flecha sale repentinamente entre la neblina dando en la pierna del santo de plata, un chorro surge de su extremidad, el dolor era mucho.

—¡Diablos, pero ahora ya sé dónde estás! —contesta Thamer. —Ahí estás, te encontré… ¡SELLO DE TRIÁNGULO!

Un triángulo cósmico de color azul se dirige hacia una zona oscura en el piso, como si fuera una sombra, de ella emerge una guerrera prisionera de la técnica del santo de plata.

—¡Fobos! —dice Deimos preocupada, haciéndose visible entre la niebla.

El ataque del ateniense había sido lanzado hacia su sombra, dónde se escondía Fobos, quién era la autora del disparo de flecha que había herido al santo. La neblina se disipa lentamente, apareciendo las dos enemigas.

—¡Así que luchan entre dos, son unas cobardes, las acabaré por mi honor de santo!

—A nosotras no nos importan los medios, para vencer cualquier medio es válido…

—No serás el primero de nuestros asesinatos, ya hemos acabado con ocho de ustedes… —se vanagloria Deimos.

Las dos satélites lanzan sus vientos infernales, el ateniense es alcanzado e impactado por el golpe, levantándolo cientos de metros hacia arriba, las cazadoras sacan el arco pero de repente el santo de plata eleva su cosmos lanzando su técnica sello del triángulo antes de caer.

—¡SELLO DEL TRIÁNGULO!

El triángulo cósmico es enviado a sus dos rivales, pero sólo alcanza a Fobos, quién muere inmediatamente, Deimos esquiva la técnica por encontrarse en mejores condiciones.

—¡Cómo has sido capaz, nunca pensé que alguien como mi hermana perdiera su vida con un santo…no te lo perdonaré, VIENTOS INFERNALES! —brama Deimos.

Thamer es alcanzado nuevamente por los vientos y es elevado por los aires cientos de metros, la satélite saca de entre sus corazas su arco de cazadora para darle muerte a su adversario y poner fin al combate de inmediato.

—¡Esta vez no escaparás, evitaré su técnica y lograré dispararle! —pensaba Deimos.

—¡SELLO DEL TRIÁNGULO!

La satélite evita la técnica con destreza, luego dispara su flecha, con la que atraviesa el corazón del santo, quién cae sin aliento al suelo, su vida se apagó inmediatamente.

—Es tu fin…—dice Deimos mientras mira su cuerpo y descubre que ha sido herida por la técnica del sello del triángulo, sin que lo notara. —Maldito desgraciado, me ha herido…

. . .

Unos minutos más tarde, arriba a la órbita de Marte otro de los jóvenes santos de plata, Lamec de la Cruz del Sur, que pudo sentir como el cosmos de sus compañeros se apagaba.

—Thamer ha muerto, quién pudo haber vencido a un santo de plata. —dijo Lamec, luego hace unos pasos y observa varios cuerpos diseminados por doquier, todos pertenecen a santos que él conoció. —¿Quién los habrá matado? Quién haya sido la pagará… —balbucea mientras su rostro se pone rígido. —Siento que una maligna amenaza me acecha…

La neblina aparece ante los ojos del santo de plata, quién miraba en todos los sentidos, tratando de ver dónde se encontraban, unos demonios aparecen repentinamente y se abalanzan sobre él, quién se aterra.

—¡VIENTOS INFERNALES! —grita una voz desde las sombras.

Unos potentes vientos agarran inesperadamente al santo de plata, quién se ve sorprendido, haciéndolo volar cientos de metros hacia arriba, cayendo al suelo duramente, podía verse varias heridas en su cuerpo.

—¡Es fuerte! —dice Lamec mientras se reincorpora con dificultad. —¡RELÁMPAGO DE LA CRUZ DEL SUR!

Los demonios vuelven a aparecer nuevamente, pero el santo de plata lanza un poderoso relámpago que crea una gran luz que extingue la ilusión de la satélite.

—¡VIENTOS INFERNALES!

El potente torbellino maligno se abalanza contra el santo plateado, quién es arrojado hacia arriba, pero ésta vez se mueve ágilmente entre las ráfagas de viento y logra caer arrodillado sin mayores daños.

—¡Es hora de que des la cara cobarde!

La satélite aparece frente a su rival finalmente, mostrando su silueta.

—Soy una luna de Marte, la asesina de los santos, mi nombre es Deimos…

—¡Yo soy Lamec de la Cruz del Sur, vengaré la muerte de mis compañeros!

—Dudo que lo hagas… ¡VIENTOS INFERNALES!

El santo de plata bloquea con su mano los vientos infernales, la satélite perpleja no comprende lo sucedido.

—¡Has sido capaz de detener mi técnica con una sola mano! —exclama sorprendida Deimos.

—Ese sello que tienes en tu cuerpo es de mi camarada, el santo del Triángulo…Thamer, eso es lo que no te permite usar todo tu cosmos, por lo tanto tus ataques y tu defensa se ven disminuidos…

—¿Qué? Ha crecido de tamaño este sello… —dice Deimos observando la luz del triángulo en su pecho.

—¿Lo has comprendido…? Estás acabada… ¡RELÁMPAGO DE LA CRUZ DEL SUR!

El santo de plata hace una cruz con sus manos y envía un poderoso relámpago que le agrieta el manto orbital en forma de cruz, atravesándola y dándole muerte.

—Los he vengado, Thamer, y ustedes también santos de bronce, descansen en paz, completaré la misión por la que perdieron sus vidas…

Templo de la Luna.

La diosa Artemisa estaba sentada en su trono, junto con la satélite Calisto, quién era su súbdita de mayor confianza.

—Un invasor se ha infiltrado en el templo… —expresa Artemisa.

—¡Iré de inmediato a interceptar su paso! —dice Calisto y hace una reverencia, se retira rumbo a la entrada. —Jamás pensé que llegarían hasta aquí…

. . .

El santo plateado de Orión llega al templo de la Luna y advierte un aura poderosa, de pronto sale su enemiga, Calisto, una de las galileanas y líder de todas las satélites.

—Detén tu paso. Estos son dominios privados de Artemisa…

—He venido por la cabeza de Artemisa… —contestó desafiante Pléyade de Orión.

—¡Blasfemo! Estás hablando de la princesa del Olimpo… —reta Calisto enfadada.

—¡Hazte a un lado o tendré que matarte primero!

—¡Cállate insolente…DESTELLO LUNAR!

La satélite levanta su báculo con punta de luna, una radiante luz plateada resplandece en todo el templo, la abrumadora energía comienza a afectar a Pléyade y seguidamente éste cae tumbando con violencia y algunas heridas que sangraban de su cuerpo.

—Al fin me encuentro con alguien fuerte… —balbucea Pléyade desde el suelo mientras se levanta rápidamente.

—¡Te mataré de una vez…DESTELLO LUNAR!

—Ya he observado detenidamente la trayectoria de tu ataque…

Pléyade enciende su cosmos, sus ojos resplandecen y recuerda cada una de las luces que atacan, en el momento que estaban a punto de afectarlo, el joven plateado esquiva con gran destreza el destello lunar.

—¡Su velocidad es tan alta como la luz…! —exclama sorprendida Calisto.

—En efecto, soy el santo más poderoso de Atenea, y te aniquilaré…

—Idiota, eres un presumido…

—Muere Calisto… ¡NUBE ESTELAR!

El santo de plata crea una nebulosa desde sus manos, las cuáles están formadas de forma abierta, mostrando sus palmas, sostenidas desde la posición de su vientre, dentro de la nebulosa comienza a generarse materia cósmica, rocas de piedras incandescentes son despedidas en dirección a su adversaria.

—¿Qué es esto? —se pregunta para sí misma Calisto.

—¡Te destruiré con los restos de las estrellas muertas!

Con la luz que produce su báculo lunar, la satélite trata de contener la nebulosa cósmica, logrando formar una especie de atmósfera a su alrededor, de características electromagnética, la fracción de la tormenta que pasaba sobre la satélite era desintegrada al hacer contacto con su defensa.

—¡Mi técnica más letal jamás había fallado!

—Mi energía cósmica es capaz de crear una ionosfera que me protege, es tan poderosa como la que existe en mi satélite guardián…

—¡Es increíble que el rival que tanto tiempo esperé enfrentarme sea un mujer, pero yo no vacilo ante nada, aunque tenga que matar a una mujer! —pensaba Pléyade.

—Orión es hora de que ponga fin a tu vida, descansa en paz crío…

Detrás de la satélite aparece una marea de agua oscura, la cuál era exuberantemente enorme y temible, irradiaba una extraña energía.

—¿Qué? Agua negra…

—Ha llegado la hora de tu final… ¡muere! ¡OCÉANO OSCURO!

La satélite crea con cosmos unas enormes mareas, paredones de agua de treinta metros, dispuestos a amenazar con la vida al ateniense.

—¡Debo contrarrestar esa técnica…CACERÍA DE ESTRELLAS!

Pléyade de Orión eleva su cosmos, su brazo izquierdo hace un movimiento, agitándolo como si estuviera cazando estrellas, luego las sostiene en su puño cerrado, para soltarlas suavemente hacia arriba, entonces de su palma emergen diminutas estrellas que brillaban como un poderoso astro y se ubican en los cielos, como formando parte del firmamento, finalmente la técnica embiste contra el océano oscuro, pero éste sigue su curso de forma imponente.

—No es tan fácil contrarrestar mi técnica, ¡sucumbe ante su poder y acepta tu muerte! —exclama Calisto enfadada.

Las poderosas mareas atrapan al santo de plata, que es arrastrado por la fuerza de la marea, finalmente cae al suelo con graves heridas, las oscuras aguas cubrían sus pulmones, amenazando con quitarle la vida.

—Eras muy fuerte para ser un santo de plata, santo de Orión serás recordado como uno de los más peligrosos…como aquel que llegó al templo de la Luna, pero eras un necio después de todo, quererle arrebatarle la cabeza a Artemisa…

—¿Acaso piensas que me has vencido? —musitó Pléyade entrecortado al tiempo que vomita agua.

—¿Cómo levantarte después de recibir mi océano oscuro? —pregunta anonadada Calisto.

—¡Es una buena técnica, pero no es tan fácil vencerme! —expresa Pléyade mientras tambalea.

—Si apenas puedes estar en pie…

—Solo estoy recuperándome…

—¡Te aplastaré con mi técnica más poderosa una vez más y de seguro morirás! —manifiesta Calisto cuando se dispone a ejecutar el océano oscuro una vez más.

—¡No tan rápido, CACERÍA DE ESTRELLAS!

El santo de plata eleva su cosmos, su brazo izquierdo hace un movimiento, agitándolo como estuviera cazando estrellas, luego las sostiene en su puño cerrado, para soltarlas suavemente hacia arriba, entonces de su palma emergen diminutas estrellas que brillaban como un poderoso astro y se ubican en los cielos, como formando parte del firmamento, finalmente la técnica alcanza a la satélite arrojándola violentamente al suelo, sin embargo se recupera al cabo de unos segundos, poniéndose de pie tras gran esfuerzo, con sangre que se corroe de la comisura de sus labios.

—¡Así que este es el temple de los santos de la diosa de la guerra!

—¿Temple? No sé qué es eso, pero te aseguro que el Santuario tiene a los mejor combatientes…

—¡Artemisa, no puedo darme el lujo de ser vencida, yo soy la última satélite con vida, no fracasaré! —Calisto se dispone a atacar pero se resiente de una herida.

—Tienes un pie en la tumba señorita Calisto… —se ríe el ateniense.

—¿Qué es esto? —se pregunta la satélite mientras mira su cuerpo.

La oficial mayor de Artemisa tenía varias estrellas brillantes en su cuerpo, las cuáles titilaban misteriosamente, despidiendo un poderoso cosmos que afectaba su propia energía.

—Esa es la constelación de Orión…

—¿Cómo?

—¡Ahora tu cuerpo será herido poco a poco, has sido alcanzado por Orión, el legendario cazador!

—¡Antes de eso tengo que matarte! ¡DESTELLO LUNAR!

El santo de plata intenta evitar la técnica con su gran velocidad pero resulta alcanzado en su pierna, cayendo al suelo, pero se levanta en los siguientes segundos.

—Así que sigues… ¡OCÉANO OSCURO!

—¡Tu hora ha llegado…CHOQUE MEGATÓNICO DE METEORO!

Pléyade de Orión se eleva por los aires, evitando la avalancha del océano y cae rodando, convirtiéndose en un auténtico meteoro de grandes dimensiones, terminando por impactar en el estómago de la satélite. La satélite se retuerce en el suelo y escupe sangre.

—No es posible… ¿cómo puede tener tanta fuerza? —dice Calisto con desazón.

—Ahora te fulminaré… —afirma Pléyade lleno de confianza.

—Todavía no te he mostrado todas mis cartas… —murmura Calisto mientras se pone de pie. —Concentraré todo mi cosmos en esta técnica…

La satélite junta sus muñecas, abriendo sus manos, enfrentadas mostrando su palma al cielo y entre ellas, comienza a generarse una helada brisa.

—Nunca pensé que usaría ésta técnica, pero a esto me has forzado…en cuanto disemine mi fusión en frío el lugar completo se petrificará en hielo sólido y macizo. —explica Calisto.

—¡Exageras, de todas maneras no me interesa verificar la veracidad de tus palabras…! Te mataré antes de que ejecutes tus técnicas especiales… ¡NUBE ESTELAR!

—¡FUSIÓN EN FRÍO!

La nube estelar choca con la ola expansiva helada, generando una gran explosión que parece acabar con todo lo que allí había…