Capítulo 22: Las puertas del Infierno. La cruel batalla en el Yomotsu.

En el Santuario, los ángeles habían logrado cruzar Géminis, gracias a la ayuda externa de un compañero de armas, mientras en el mar Kanon de Géminis había llegado a la Atlántida, y luego de derrotar a una nereida se encontró con Sorrento de Sirena, al que le ofreció su vida para expiar sus culpas, pero no sin antes haber cumplido su misión, así fue que encontró el ánfora de Poseidón y tras quitar el sello de Atenea, se la entregó a general marino del Atlántico Sur.

Los ángeles por su parte acababan de llegar al cuarto templo, aquel que representaba el paso entre el mundo de los vivos y los muertos.

Templo de Cáncer.

En el tenebroso recinto del cangrejo dorado se avecinaba un nuevo combate.

—¡Puedo sentir un oscuro cosmos, pareces un ser maligno! —expresa Edipo.—Pero tu cosmos no es competencia para el nuestro…

—Estos espíritus que ven, son de aquellos que tratan de cruzar el puente que divide la tierra de los vivos de la de los muertos… —continúa Máscara de la Muerte. —Ustedes prontamente entrarán también por esa puerta…

—¡Yo seré tu rival Cáncer, pero estoy seguro que no serás oponente para mí, ustedes marchen a Leo y dejen a este arrogante en mis manos! —dice Diomedes con vehemencia.

Los guerreros del cielo avanzan rápidamente y el santo dorado de Cáncer los deja pasar indiferentemente.

—Has dejado pasar a tus enemigos… ¿es que tienes miedo de combatirlos a todos o no eres un guardián fiel a la diosa Atenea?

—El Santuario ha vencido a todos sus enemigos desde siempre, eso significa que el poder respalda a Atenea… —susurra el santo de oro con una maligna sonrisa.

—Así que eres un ferviente seguidor del poder...y piensas que el poder se equipara a la justicia.

—Así es, el vencedor siempre es el que impone la justicia…

—Pero que frío… —se burla Diomedes. —¡Lamentarás oponerte en mi camino, conocerás toda mi crueldad…!

. . .

Mientras tanto, unos metros más adelante, en el mismo templo del cangrejo gigante, Ajax, Agamenón y Edipo se internaban en lo profundo del recinto, en busca de la salida, con la prisa de llegar cuanto antes al quinto templo, el de Leo.

—Crucemos el templo… ¡rápido! —apura Agamenón.

—¡Atravesemos la neblina! —dice Ajax con la visión dificultada.

En un instante las almas de los muertos sujetan los pies de los ángeles, quiénes miran perplejos lo sucedido.

—¿Qué diablos es esto? —se pregunta Agamenón.

—No puedo moverme, quítate de mi camino maldita sombra…

El ángel Ajax destruye las almas con un potente puñetazo que emite una descarga eléctrica y a continuación intenta avanzar, pero delante de él aparecen otras almas que empiezan a atacarlo repentinamente.

—¿Qué diablos es esto? Deben ser ilusiones… —musita Agamenón.

—Los acabaré en un segundo…mueran, ustedes son insignificantes sombras. —Edipo lanza un golpe de luz extendiendo la palma de su mano y los espíritus son destruidos en instantes, pero para su sorpresa vuelven a aparecer.

—¡Parece que no es una ilusión…sino que el santo de oro tiene la habilidad de convocar las almas de los muertos que todavía no han entrado al Inframundo! —exclama Ajax enfadado.

. . .

Mientras tanto en los inicios del templo estaba por dar inicio el combate entre el ángel y el santo dorado de Cáncer.

—Tengo órdenes del Patriarca de acabar a todos los intrusos… ¡combate!

—¡El emperador de los cielos no me perdonará si no traigo conmigo la cabeza de Atenea, toma el rugir de los BÓLIDOS INCANDECENTES!

Diomedes enciende su poderoso cosmos y repentinamente una lluvia de bólidos y meteoritos con una estela fuego que los acompañan salen de su puño zurdo, arrasando con todo a su paso y golpeando Máscara de la Muerte, quién cae al suelo, con una herida en la cabeza, por la cuál corre un poco de sangre.

—Este hombre es muy fuerte… —dice el santo dorado poniéndose en pie lentamente… —Pero esto recién comienza, ahora conocerás algo de mis habilidades… ¡ONDAS INFERNALES!

Extrañamente la técnica del santo de oro no atacó a Diomedes, el cuál no comprendía lo sucedido.

. . .

Unos metros más adelante, los ángeles habían derrotado a todos los espíritus que surgían del Yomotsu, pero repentinamente la técnica del santo dorado italiano que había lanzado frente a los ojos de Diomedes, crea una onda espectral que aparece bajo los pies de Ajax, Agamenón y Edipo, que trataban de ir a la casa de Leo, finalmente son tragados por la oscuridad sorpresivamente y enviados a las puertas del Infierno.

. . .

El santo dorado y el ángel se encontraban frente a frente, el segundo caía en cuenta de lo que había sucedido.

—Los cosmos de los demás han desaparecidos… ¿qué has hecho? —se lamenta Diomedes.

—Han sido enviados a las puertas del otro mundo… ¡y tú te les unirás pronto!

—Así que tú técnica no se dirigía hacia mí…

—Te eliminaré y tu rostro se convertirá en parte de mi colección… ¿prefieres ir en el suelo, en las paredes o en el techo? —pregunta entre risas Máscara de la Muerte, de forma burlona. —En el techo no te lo recomiendo, casi no se aprecian…

—¡Insolente, tú cara va a terminar adornando tus paredes, el resto de tu cuerpo lo tiraré en la plaza de Olimpia, para que todos contemplen lo que les ocurre a quiénes se quieren sobrepasar con Diomedes!

—No te irrites, era tan solo una broma, mira si voy a darte a elegir dónde poner tu rostro… —manifiesta el santo dorado, burlándose de nuevo. —¡Eso lo elijo yo!

—Me gusta tu sentido del humor, lástima que al final tu rostro terminará con una mueca de espanto al momento de tu muerte…

—¡Estoy de buen humor, quizá te perdone la vida si te vas del Santuario…!

—Cierra la boca y enfrenta la muerte. —contesta el ángel poniéndose en guardia.

—Ay que miedo, el último ángel se ha enojado….

El santo dorado se pone serio de repente y fija su mirada en su oponente, repentinamente lanza una poderosa ráfaga de rayos dorados que estampan al ángel contra uno de los pilares, tras el impacto cae al suelo manchándolo de sangre.

—Te dije que te iba a poner en la pared, si eres inteligente te quedarás a pudrirte solo… —dijo Máscara de la Muerte mientas suelta una risa.

—Eres más gracioso que poderoso, aunque tu cosmos no está nada mal para ser un cómico…ahora te mostraré como ataca un verdadero guerrero… ¡BÓLIDOS INCANDECENTES!

Diomedes lleva sus manos a su frente, mostrando ambas palmas al enemigo, entre ellas aparece un flujo incandescente, que en el momento que éste extiende sus brazos, en dirección a su enemigo, la materia incandescente explota, liberando millones de estrellas fugaces en estado de explosión, que se dirigen hacia el santo dorado de Cáncer, pero éste hace un movimiento veloz desapareciendo de la escena y dejando en ella unos espíritus incorpóreos, que son alcanzados por los bólidos.

—No sé qué planeas con escapar de mis ataques, te estoy viendo, estas ahí arriba. —susurra el ángel levantando la mirada y señalando a su enemigo. —No escaparás por mucho tiempo…

—Ahora es mi turno de atacar…

El santo de oro lanza una serie de rayos dorados, el ángel esquiva los ataques, pero Máscara de la Muerte aparece detrás, ante la sorpresa del olímpico.

—¡Toma esto, ACUBENS! ¡Prueba las pinzas del cangrejo!

Máscara de la Muerte sujeta al ángel con sus piernas y le agrieta la gloria con un golpe cortante, cayendo éste último al suelo herido.

—¡Me ha distraído con sus rayos mientras estaba preparando su ataque…pero estas muy equivocado si piensas vencerme con eso! —brama Diomedes mientras se levanta enfadado.

—Esa patada no es tan débil como crees, seguro debes tener esa zona afectada…

—Mi gloria está cortada en dónde ha atacado…pero deberías preocuparte por ti mismo también.

—¿Qué? —pregunta sin entender santo de oro italiano.

—Idiota, en unos segundos tu armadura empezará a sentir los efectos de mi segundo ataque, que crees haber evadido…

La armadura dorada de Cáncer comienza a agrietarse por el segundo ataque de bólidos, el cuál no fue perceptible a los ojos de Máscara de la Muerte, quién muestra un rostro tenso lleno de preocupación.

—¡No puedo creer que no haya visto el ataque de tus meteoritos, fueron rápidos como la luz, es un rival de cuidado, por eso te mostraré otras de mis técnicas, FLAMA DE LOS MUERTOS!

Máscara Mortal junta sus dos manos y emite un fuego de color azul que se abalanzan sobre el poderoso ángel.

—¿Qué? ¡Qué es éste fuego azulado, me está quemando las entrañas, pero mi cuerpo sigue intacto!

—¡El objetivo no es el daño físico…aunque indirectamente lastime el cuerpo! Pronto te convertirás en otro rostro muerto del templo del cangrejo…

—¿Qué dices?

—¡Este ataque va dirigido al alma, con ésta técnica tendrás menos tiempo de vida, tus fuerzas y tu alma se irán debilitando mientras combatimos…!

—Si tiene razón en lo que dice, debo acabarlo rápido. —pensaba el guerrero celestial.

—¡Suponiendo que lograras escapar de todas maneras no llegarías muy lejos, mi fuego fatuo terminará por matarte en algún tiempo!

—¡Antes de eso…te haré desaparecer, no puedes huir de mi BÓLIDOS INCANDECENTES!

El poderosísimo ataque de meteoros con estelas de fuego se disemina entre la niebla, sin dejar ningún rastro.

—Cómo, esta vez no ha funcionado… —murmura Diomedes.

—Cuando un santo de oro ve un ataque dos veces, este ya no surte más efecto, ya he visto a través de tu técnica…

—¡Esto se pone interesante, incluso estoy bajo el efecto de tus llamas azules, escucha, si lo que quieres es una nueva técnica te la daré, esta vez sufrirás más daño y no podrás reponerte, EXPLÓSION DE BÓLIDOS ATOMIZADOS!

Diomedes abre los brazos hacia los costados y luego los cruza violentamente a la altura del pecho, creando con esto luces que se desplazan en sentido horizontal, las unas contra las otras, provocando una gran explosión que el santo de Cáncer intenta cubrir con sus brazos, los cuáles se llevan la peor parte del daño, sufriendo las roturas de los brazos de su armadura de oro, además de importantes grietas en el resto de sus corazas, por si fuera poco el impacto lo arroja violentamente al suelo.

—Ahí tienes una técnica letal Cáncer, no podrás sobrevivir después de eso estúpido.

—¿Serán acaso los ángeles más fuertes que los santos de oro? —piensa Máscara de la Muerte al borde de la inconsciencia.

El ángel empieza su camino a la salida del templo del cangrejo, con el objetivo de llevar a cabo la misión que le encomendaran Zeus y Hera, pero entonces el santo dorado se levanta con mucho esfuerzo, mostrando una férrea voluntad.

—¿Cómo puedes ponerte de pie luego de recibir la explosión de bólidos atomizados?

—¡Estoy en deuda con el Santuario y pienso pagar esa deuda, incluso con mi vida!

Templo de Mercurio.

La entrada del recinto tenía la inscripción en griego de Mercurio, estaba hecho de mármol y de numerosos detalles de piedras preciosas, poseía una gran majestuosidad, propia del templo de uno de los doce dioses del Olimpo.

El mensajero de los dioses analizaba la situación de los ángeles, uno al borde de la muerte, otro sacrificado y el resto perdidos en el Yomotsu. Hermes sabía que los ángeles podían volver de cualquier lugar con sus alas, pero también sabía que habían sido afectados por las ilusiones sufridas en Géminis y Cáncer, entonces voltea a ver a uno de sus guerreros sagrado.

—¡Cérix! Guía a los ángeles de nuevo al templo de Cáncer…

Pronto aparece uno de sus heraldos, quién tenía un largo cabello negro y grandes ojos grises.

—Enseguida lo haré… —dijo Cérix haciendo una reverencia.

El heraldo concentra su azulado cosmos con luces violetas, el cuál de un gran salto desaparece, trasladándose directamente al Yomotsu.

La Atlántida.

Sorrento de Sirena y Kanon de Géminis se habían reencontrado en los dominios ocultos de Poseidón, el primero todavía guardaba rencor en su corazón, a costa de su traición a los otros generales marinos que descansaban en el sueño eterno, pero sobre todo por aprovecharse de su señor, el emperador de los mares.

—Ahora debes cumplir por el castigo a tu traición… —musita con elegancia Sorrento.

—Espera un momento….

El santo de Géminis se quita su armadura y crea un portal dimensional para enviarla al Santuario.

—Ya estoy listo, toma mi vida si es lo que quieres…

—Morirás dulcemente con mi clímax final.

La marina lleva la flauta a su boca y está a punto de tocar, sin embargo desiste, en ese instante se produce un silencio de varios segundos.

—¿Qué pasa Sorrento?

—En nombre del favor que Atenea acaba de hacerle a la Atlántida, voy a perdonarte la vida, para que puedas perderla en la guerra que están librando…y con eso estamos a mano…ya Poseidón no le debe ningún favor a su diosa….

El marino se aleja caminando con el ánfora de Poseidón en sus manos, dejando a Kanon sorprendido atrás.

Colina del Yomotsu.

—¿Dónde estamos? —se pregunta el gigante Ajax.

—Según parece, el santo de Cáncer nos atacó sin que nos diéramos cuenta… —intenta encontrar una explicación Agamenón.

—Esas almas que van dirigidas hacia ese pozo… —susurra Edipo. —Este lugar no puede ser otro…

—¡Estamos en la Colina del Yomotsu…! —afirma Agamenón.

—Así que ésta es la entrada al Infierno, los que caen en ese pozo tienen como destino la muerte… —continúa Ajax. —¡Siento un cosmos enorme que está llegando a donde nosotros estamos!

—¡No es el del santo de Cáncer…! —advierte Edipo. —¿De quién se tratará?

Un aura se materializa repentinamente y aparece delante de los ángeles uno de los heraldos de Hermes.

—¿Tú eres…? —dice Ajax tratando de recordar.

—¡Cérix, eres tú! —completa Edipo.

—¡Jamás imaginé tener que venir a rescatarte al Inframundo! —exclama Cérix mientras observa a Edipo.

—Los ángeles tenemos alas para regresar de cualquier lugar, no necesitamos que nos rescaten… —responde Edipo orgullosamente.

—Es verdad que no necesitamos que nos rescaten, pero nos llevaría un tiempo prudencial volver… —musita Agamenón, comprendiendo la situación en la que se encontraban.

—Cérix… ¿conoces el camino a Cáncer? —pregunta cordialmente Ajax.

—Por supuesto. —Cérix mira a Edipo. —¿Vienes? —suelta una risa.

—Guíanos al templo de Cáncer. —contesta Edipo.

—Vuelvan a través del camino que crearé. —musita Cérix mientras crea un portal de llamas fatuas y los ángeles son enviados de vuelta al templo de Cáncer.

Casa de Cáncer

La batalla entre el ángel Diomedes y Máscara de la Muerte se aproximaba poco a poco a su desenlace.

—¡Eres un engreído si crees que detendrás mi marcha! —se vanagloria Diomedes.

—Muere idiota… ¡ONDAS INFERNALES!

El santo de oro levanta la mano y con su dedo índice al cielo, abre un portal al infierno, con una poderosa gravedad que atrae todo hacia él, el ángel se ve preso de ésta fuerza y comienza a ser arrastrado hacía el portal.

—Que es esto, estoy siendo absorbido por su cosmos… ¿qué?

Finalmente Diomedes es enviado al Yomotsu, al cuál cae aparatosamente, luego se levanta con pocas energías y algo aturdido, tratando de entender que había sucedido.

—No lo entiendo, he sido transportado por el cosmos del santo de oro a este lugar, parece el Infierno, es un lugar muy desolador, y esas personas, parecen ser las sombras de aquellos que han perecido… ¡esto es el Hades, el monte Yomotsu…!

De pronto aparece el santo dorado al lado del ángel, pues sospechaba que los súbitos de Zeus podrían poseer el octavo sentido.

—¡Estamos en la colina del Yomotsu, te he traído aquí para enfrentarte con ventaja, acá sólo somos almas!

—Entiendo, sin embargo no permitiré que me derrotes, no necesito mi cuerpo físico para derrotarte, con mi alma será suficiente.

—¡Recibe mi técnica acá en el Infierno…ONDAS INFERNALES!

El ángel de Zeus tapa el ataque con una sola mano sin ninguna dificultad, el santo dorado miraba sorprendido, preso de la perplejidad.

—¿Cómo lo ha hecho? —retrocede Máscara de la Muerte asustado.

—¡No decías que no se podía usar una misma técnica dos veces contra un santo de oro…lo mismo sucede con los ángeles! ¡EXPLOSION DE BOLIDOS ATOMIZADOS!

El ángel abre los brazos hacia los costados y luego los cruza violentamente a la altura del pecho, creando con esto luces que se desplazan en sentido horizontal, las unas contra las otras, ejecutando así nuevamente su potente técnica, la cuál impacta en el santo dorado de Cáncer de manera muy violenta, haciéndolo salir despedido por los aires, cayendo cerca del pozo de la muerte.

—¿Dónde quedaron tus alardes? De no ser por pocos centímetros hubieras muerto…

—¡Quién caiga a ése pozo morirá irremediablemente! —pensaba Máscara de la Muerte con temor.

—Te haré caer en ese pozo y será tu fin.

—¡No he mostrado todo el repertorio de mis técnicas todavía, quemaré tu alma con esta técnica!

—¡Antes de eso te mostraré mi técnica más poderosa, CINTURÓN DE ASTEROIDES!

—¿Qué? ¡Parece que la galaxia se vendrá abajo, que gran poder, pero antes recibe esto, FLAMAS DEMONIACAS REALES!

El ángel estira la palma de su mano zurda hacia adelante y repentinamente se desencadena una poderosa nebulosa de asteroides que giran entre sí y se proyectan a la velocidad de la luz, extinguiendo las flamas azules e impactando con gran fuerza en el santo de oro, que cae al suelo con profundas heridas y con su armadura severamente dañada.

—¡Ya no podrás volver a pararte, ahora voy a tirarte a los infiernos!

El santo de oro comienza a mover con dificultad los brazos y muy lentamente logra arrodillarse, entre gemidos de dolor y con un gran esfuerzo logra finalmente ponerse en pie, la sangre surge a borbotes desde diversos lugares de su cuerpo.

—Mereces un aplauso por haberte puesto en pie, no dabas la impresión de ser un guerrero con tanto espíritu combativo… este será el final Cáncer…

—Todavía no vences… y te tengo una mala noticia, ya decidí donde voy a poner tu rostro…

—¿Qué?

—La voy a poner en el suelo para poder pisarlo todos los días… —bromea Máscara de la Muerte.

—¡Mira la situación deplorable en la que te encuentras…estás acabado! Y aún así no pierdes el sentido del humor… —contesta Diomedes irritado.

—Tu golpe es letal en el mundo físico, pero en el mundo espiritual es distinto, no podrás derrotarme con eso…

—¡Ya no podrás evitar caer en el pozo de la muerte… ésta vez caerás, además lo tienes a tus espaldas maldito!

El ángel empezó a elevar su cosmos, la sorpresa del santo dorado era total, nunca había visto un cosmos tan poderoso.

—¡CINTURON DE ASTEROIDES!

—¡SEPULTURA DE ALMAS!

El santo de oro recibe el ataque de lleno, en toda su increíble intensidad, cayendo al abismo de la muerte mientras daba un último grito.

—Estoy cayendo… ¡iré otra vez al Infierno, pero esta vez me siento orgulloso!

Máscara de la Muerte se perdió en la profundidad del cráter de las almas condenadas, su destino era el terrible Tártaro.

—Al fin me he desecho de este maldito...

Sorpresivamente las almas que se suponen deberían caer en los infiernos, comienzan a rodear al ángel de forma aterradora.

—¿Que es esto? —se pregunta Diomedes perplejo.

Entonces la vibración de las ánimas reunidas alrededor del guerrero de los cielos aumentó drásticamente y de un momento a otro explotaron una tras otra, liberando una reacción en cadena de explosiones de fuego fatuo que incineraron repentinamente el alma del ángel.

Sendero a Leo.

—¡El cosmos de Diomedes ha desaparecido! —exclama sorprendido Ajax.

—También ha desaparecido el cosmos del santo de Cáncer… —comenta Agamenón.

—Que batalla tan reñida, sigamos adelante… —continúa Ajax. —Diomedes tu siempre has menospreciado a tus rivales, eres un estúpido.

—Es cierto, fue muy descuidado. Pero él siempre ha sido así… —susurra Agamenón.

—Primero Egeo y luego Diomedes, esto solo significa que no debemos subestimar a nuestros rivales… —sisea Edipo.

—Vamos a la quinta casa, Leo. —anima Agamenón.

Templo del Patriarca.

En el recinto sagrado se encontraban Saga, el Asistente y el Sumo Pontífice.

—El cosmos de Máscara de la Muerte se ha extinguido… —susurra el asistente.

—Los combates están muy reñidos, a este paso los ángeles no podrán llegar con Atenea… —dice el Patriarca intentando ser optimista pese a la tristeza.

—¡Al parecer en ésta batalla todos afrontaremos la muerte! —dijo el asistente acongojado.

—Gustoso daría mi vida por el planeta, tal cual lo han hecho nuestras camaradas caídas... —susurra con devoción Saga.

—Serán recordados con gloria y serán inspiración para los demás… —sentencia el misterioso Patriarca.

Casa de Aries.

Los santos de bronce aguardaban a que Mu terminase de reparar sus armaduras, de repente sienten que el cosmos de uno de los ángeles se extingue.

—¡Mascara de la Muerte ha muerto! —manifestó Mu. —Pero se ha llevado consigo a Diomedes, quién fue capaz de vencerme…

—Mascara de la Muerte, a pesar de tu pasado es la segunda vez que entregas tu vida por los ideales de Atenea… —expresa Shiryu recordando a quién fuera su enemigo en la batalla de los doce templos. —Creo que no te ha quedado pecado por purgar en ésta vida…

—¡Mu! ¡Ya te has demorado demasiado con las armaduras…! —expresa Seiya ansioso.

—Sus armaduras están lista hace rato… —explica el santo dorado.

—¿Y porque no lo has dicho? —interroga Shiryu intrigado.

—Porque no repare sus armaduras para que luchen en ésta batalla… —sisea Aries.

—¿A que te refieres Mu? —dijo Hyoga sin entender.

—Esta batalla nos corresponde a nosotros los santos dorados, tienen que confiar en nosotros, ustedes son muy importantes para el Santuario, pero éste no es su momento de pelear…

—¡Pero que estás diciendo Mu, Atenea está peligro, tenemos que protegerla! —reprende Seiya.

—Quizá Mu tiene razón… —continúa Shun comprendiendo la situación. —Ellos son los encargados de proteger los doce templos, tenemos que confiar en ellos…

—Seiya tranquilízate, ya solo quedan tres ángeles, y tienen ocho casas por delante… —susurra Mu.

—¡Eso no importa, mientras Atenea esté en peligro yo pelearé, y si me cierras el paso tu serás mi enemigo Mu! —replica el santo de Pegaso.

—Admiro tu ímpetu, pero en el campo de batalla hay que ser frío…discúlpenme santos de bronce, pero ustedes serán necesarios más adelante, de momento eres un estorbo Seiya…

—¡Como te atreves…METEOROS DE….!

El santo de Pegaso es teletransportado por Mu de Aries antes de que pudiera lanzar su técnica especial y desaparece del lugar envuelto en una portentosa luz dorada.

—¿A dónde lo has enviado Mu? —pregunta Shiryu.

—A la Colina de las Estrellas, tardará un rato en bajar de allí…

—¿Si nosotros intentamos pasar nos harás lo mismo? —dice riéndose el Dragón.

—Así es… —dice Mu seriamente.

—Estoy seguro que los santos dorados podrán detener a los ángeles, yo confío en ustedes… —murmura Shun.

—Y como la armadura de Pegaso está aquí, Seiya no llegará a tiempo para intervenir… —concluye Hyoga.

Todos los presentes se ríen a carcajadas ante el chiste del Cisne.

Sendero a Leo.

Los mensajeros de los dioses seguían su trayecto con gran velocidad y mucha prisa.

—¡Por fin, ahí está! el templo de Leo… —murmura Agamenón.

Los ángeles llegan a la entrada, sienten un poderoso y agresivo cosmos en el interior.

—¡Parece que el león ha despertado! —musita Edipo.

La batalla llegaba al quinto templo, Aioria estaba listo para hacer sentir la fuerza de los colmillos del León…