Capítulo 23: ¡El león Aioria muestra sus colmillos!
Los mensajeros del Olimpo habían atravesado el templo de Cáncer y habían llegado a las puertas del templo de Leo.
Egeo y Diomedes cayeron en el sueño eterno tras sus combates contra Aldebarán y Máscara de la Muerte, con lo cual ya sólo quedaban tres ángeles vivos.
El león dorado estaba aguardando a los invasores, mientras tanto en la montaña de los dioses estaban expectantes por el desarrollo de la guerra santa.
Monte Olimpo.
Templo de Neptuno.
En el majestuoso palacio de Poseidón, ubicado en el cielo, dos ángeles observaban la guerra en el espejo de agua formado por la fuente sagrada.
—La situación no es buena, de los cinco enviados solo quedan tres, y apenas están por llegar a la quinta casa… —musita Belerofonte.
—Tranquilo que somos muchos más que tres… —afirma Ganimedes con una sonrisa socarrona.
Belerofonte, guardián de Neptuno, mira a su camarada Ganimedes intrigado, tratando de descifrar que es lo trataba de deslizar con sus palabras.
—Hay cosas que no me dices… —murmura Belerofonte.
—No necesitas saberlo todo, las cosas se decantarán a su debido momento… nos veremos más tarde.
—¡Espera!
—¿Qué sucede? —pregunta Ganimedes antes de retirarse.
—Es sobre…bueno es algo importante, si en ocho horas no detenemos a Atenea, que con su cosmos está conteniendo el diluvio, ella podría interrumpir el castigo divino…
—¿Qué estás diciendo?
—Lo dijiste tú, las cosas se decantarán en su debido momento… —replica Belerofonte devolviendo una sonrisa.
—Entiendo… —Ganimedes se ríe. —Tienes razón, no, mejor dicho tengo razón…
Trono de los truenos.
El rey de los cielos comía uvas directamente de la mano de la reina Hera, mientras esperaba un informe de lo acontecido en el Santuario.
—¿Qué noticias tienes? —pregunta Zeus al recién llegado.
—Dos ángeles han caído… —expresa Ganimedes hincado ante su señor.
—¿Por dónde van?
—Están en las puertas del templo del león dorado, y…
—¡Hable de una vez! —Hera reta al ángel.
—Mi señor…Belerofonte ha dejado una duda clavada en mi memoria, estoy seguro que usted es la persona indicada para iluminarme…
—Expresa tus más profundos temores, yo te reconfortaré…
—¿Por qué los ángeles tienen solo ocho horas más para vencer a Atenea?
Zeus cierra los ojos con tranquilidad antes de contestar a su súbdito más cercano.
—Es por la muerte de Artemisa…
—¿Qué? ¡No comprendo…! —exclama Ganimedes preso del desconcierto.
—A las cero horas la Luna aparecerá en el firmamento sobre Grecia, si bien Selene ha evitado que la Luna salga de órbita…
De pronto el ángel interrumpe.
—¿Te refieres a la antigua diosa de la Luna?
—Ella es hija de los titanes, por lo tanto es una titánide, quién es bien recibida en el Olimpo, ya que su lealtad está con nosotros…la Luna ha perdido la protección de Artemisa, por lo tanto Atenea podría destruir la Luna y de esa manera afectar el campo magnético que ejerce el satélite sobre la Tierra…lo cuál haría imposible que bajo esas condiciones el diluvio pudiera seguir su curso.
—Sería similar a lo que ocurre en los infiernos ahora que Hades ha muerto y Perséfone apenas puede controlar a los muertos, como nueva reina del Inframundo… —susurra Ganimedes entendiendo las circunstancias actuales.
—¡Así es, de todas maneras me parece que subestimé un poco el Santuario al enviar a solo cinco ángeles!
—Quizá sería mejor enviarnos a todos.
—Eso sería una torpeza… —tercia Hera. —Qué pasaría si Atenea les tiende una trampa y los matara a todos juntos, o si otro grupo de santos invadieran el cielo como hicieron con los territorios de Apolo y Artemisa…
—Cuanta sabiduría tiene mi señora…
El ángel Ganimedes hace una reverencia a los reyes supremos y se retira solemnemente, con sus dudas aclaradas definitivamente.
—¿Has pensado en el oráculo? —pregunta Hera a su esposo.
—No, solo me preocupa Nike, ella es la única que podría guiarla a la victoria…
Casa de Leo
Los tres ángeles sobrevivientes caminaban lentamente por la entrada del quinto templo, conversando acerca del futuro encuentro con el león dorado.
—Alguna vez Ganimedes me dijo que el santo dorado de Leo de la era mitológica poseía los puños más veloces de todos los santos. —murmura Agamenón.
—Me pregunto si el santo dorado actual será comparable a aquel de los tiempos perdidos… —se pregunta Ajax.
—Sin importar que tan fuerte sea, tenemos que vencerlo. —contesta Edipo a sus camaradas.
—Es hora de conocer la furia del León… —dice preparándose Agamenón.
Repentinamente un rayo de luz surge desde lo profundo del templo y se detiene súbitamente, elevando un poderoso destello, acompañado de chispas eléctricas, que al cesar dejan ver la silueta de un hombre cubierto por corazas doradas y una capa blanca.
—¡Así que son ustedes los ángeles de Zeus que se han atrevido a irrumpir en las doce casas! ¡Yo soy Aioria de Leo y les cerraré el paso…!
—Así que tú eres el guardián del quinto templo… —musita Edipo.
—Los castigaré por desafiar al Santuario, de todos modos ustedes ya deben estar muy heridos.
—Tienes una gran autoestima, lamentarás tu imprudencia… —dice el gigante Ajax frunciendo el seño.
—¡Eso está por verse! —contesta Aioria desafiante y se dispone a atacar.
—Estúpido… ¿crees poder enfrentar a los tres al mismo tiempo? —exclama Ajax. —Conmigo será suficiente…
El más grande de los ángeles era realmente un gigante, da un paso hacia adelante, mostrando que se trataba de puro músculo, listo para confrontar con el león dorado.
—¡Toma esto, RAYO RELAMPAGUEANTE!
El santo de oro cierra su puño derecho y lo extiende rápidamente hacia adelante, de su puño sale disparada una poderosa esfera de luz.
—¡LLUVIA DE METEOROIDES!
El ángel colosal levanta sus dos manos hacia arriba, lanzando una enorme precipitación de meteoritos y restos de asteroides.
Las dos técnicas chocan la una contra la otra, produciendo una gran colisión, despidiendo grandes destellos de chispas y luces que hacen que los otros ángeles sean arrestados por la energía.
—¡Ésta gran descarga de energía no nos permite avanzar! —dice Edipo estampado contra la pared.
—¡El poder de éste ángel está a la par de los mejores santos dorados…! — expresa Aioria mientras seguía lanzando su técnica.
—¡La velocidad de su puño es…! —pensaba Ajax sobre la velocidad del león de oro.
Los ataques colisionaban en el medio, pero finalmente ambos se expanden y los dos enemigos caen a los suelos heridos, incluso los otros ángeles que no participaban del enfrentamiento fueron derribados.
—El ataque de este hombre me ha dejado aturdido… —susurra Edipo tocándose los oídos.
—¡Es muy poderoso! —elogia Agamenón.
El guardián del quinto templo se pone de pie, su contrincante hace lo mismo, ambos estaban listos para seguir el titánico enfrentamiento.
—¡Leo…tendrás que morir por interponerte en el camino de la purificación que brindará nuestro señor Zeus! —exclama Ajax.
—¡Patrañas, sus malvados planes nunca se cumplirán! —replica Aioria con furia.
—¡Cállate maldito! —contestó también enojado Ajax y a continuación arremetió a gran velocidad contra su rival y lanza un poderoso golpe, el santo de oro detiene el puño del gigante con su mano, pero poco a poco éste le resulta muy pesado, hasta que finalmente es embestido, siendo golpeado en su rostro y cayendo su casco en el suelo del templo. De pronto el olímpico se toma su estómago, en dónde sintió un dolor repentino.
—En que momento… ¡ha sido golpeado una milésima de segundo después de recibir el ataque! —explica Edipo.
—¡No es nada, eso no nos detendrá! —dice erguido nuevamente el colosal Ajax.
—Tengo mucho para dar todavía… —exclama Aioria poniéndose de pie.
—¡Te venceré! ¡LLUVIA DE METEOROIDES!
—¡Te haré conocer los colmillos del león…PLASMA RELÁMPAGO!
El santo de oro pone su mano recta y de su puño salen millones de relámpagos dorados que se cruzan entre sí, lo cuál termina por contrarrestar los poderosos meteoroides y restos de asteroides que había lanzado Ajax. Pero en el momento de alcanzar al ángel, éste saca de entre su coraza un enorme escudo, el cuál le permite salir ileso del ataque del león dorado, todos los relámpagos son repelidos.
—Que poderoso ataque… ¡ha superado la lluvia de meteoroides! —expresa Agamenón.
—¡Tiene una gran velocidad, ahora es mi turno! —tercia Edipo con intenciones de hacerse cargo del santo de oro, encendiendo rápidamente su cosmos, el santo de oro hace lo mismo, ambos miden su energía dispuesto a empezar otro combate.
—¡Espera…mi combate apenas empieza, no intervengas! —dijo enfadado Ajax.
—Atrás Ajax, hay que dejar el ego de lado, queda un largo camino por recorrer y el tiempo siempre apremia… —interviene Agamenón.
—¡Te quitaré de nuestro camino, PRISMA DE LUZ!
Edipo pone sus dos manos al frente, enfrentando sus palmas al enemigo, hace estallar su cosmos y de sus manos se proyecta reflexiones, refracciones y descomposición de la luz, la cuál alterna, creando un fuerte brillo que por momentos se apaga, estos haces de luz van hiriendo al ateniense rápidamente, quién cae contra la pared.
No obstante el duro golpe, el guardián de la quinta casa se vuelve a poner de pie con cierta dificultad, escupiendo sangre.
—¿Cómo hace para reincorporarse tan ligeramente…? —se pregunta Edipo.
—No puedo ser vencido, he vuelto a la vida para proteger a Atenea…y dar mi vida por éste planeta, ¿entiendes por qué no puedo ser vencido?
—Eso está por verse… ¡PRISMA DE LUZ!
—¡Siente los colmillos del león, PLASMA RELÁMPAGO!
La técnica del león ataca contra los haces luminosos del ángel, consiguiendo repelerla poco a poco, el prisma de luz es rechazado y Edipo recibe los millones de relámpagos, elevándolo por los aires y agrietando su gloria en varios puntos, para caer luego al suelo, un charco de sangre se derrama en el campo de batalla.
—¡Edipo! —grita Ajax.
—Maldito, ha conseguido repeler mi luz… —musita un malherido Edipo.
—Después de recibir tu luz entendí tu técnica y concentré mi plasma relámpago en los puntos cósmicos más poderosos de tu luz… —continúa Aioria. —Si atacaba en los momentos en los que la luz se apagaban, mi plasma relámpago te alcanzaría, en cambio si atacas cuanto tus luces brillaban, mi técnica se hubiera descompuesto y fragmentado, haciendo más poderosa tu técnica…
—Así que eso fue lo que pasó… —susurra Edipo mientras se toca sus heridas y se pone en pie.
De pronto Agamenón se interpone entre Aioria y Edipo, listo para ocupar su lugar, a continuación saca de su espalda un hermoso cetro de oro, que tenía tallado los rostros mitológicos de Ares, Poseidón y Zeus.
—¡Éste es el cetro que desde la antigüedad es entregado al mítico rey de Micenas, elegido directamente por Zeus, mi armadura posee el poder de Ares en la faja, de Poseidón en el pecho y de Zeus en el casco!
—¿Tú eres la reencarnación de Agamenón? Aquel que fuera rey de toda Grecia… —pregunta Aioria recordando sobre la leyenda de la guerra de Troya.
—El mismo. Muéstrame que tienes, estoy seguro que no podrá superarme…
—Acepto tu desafío… ¡PLASMA RELÁMPAGO!
—¡Cetro divino, muéstrale su poder!
Agamenón levanta su cetro velozmente, el mismo comienza a brillar en su punta más alta y de allí emergen infinidad de rayos que parecen enjaular al enemigo, al tiempo que el ataque del santo dorado es bloqueado por la senda eléctrica del cetro. Una vez que el ataque cesó los rayos del cetro desaparecieron, el ángel estaba ileso.
—¡Ha bloqueado mi poderosa técnica!
—Morirás incinerado, éste es el poder de Ares, el dios de la guerra. ¡TORBELLINO DE FUEGO!
Agamenón levanta su cetro hacia arriba y repentinamente sale disparado del mismo una potente ventisca de fuego, creando grandes llamaradas, las cuáles impactan en el santo griego, el cual cae muy herido al suelo, envuelto en llamas.
El santo de Leo experimentaba un dolor intenso e indescriptible en todo su cuerpos, sentía que iba a morir, entonces recordó sus batallas pasadas, contra Seiya y Radamanthys, se sentía en deuda con el Santuario y con la memoria de su hermano Aioros, el cual ahora había resucitado junto a él para pelear en ésta nueva guerra.
—¡Hermano! ¡Seiya! Ustedes han demostrado ser verdaderos santos, han ofrecido su vida para proteger a Atenea y defender éste mundo…yo no puedo ser vencido ahora cuando aún no he hecho nada…
El león dorado se pone de pie, aún las llamas revoloteaban sobre su armadura de oro, pero entonces soltando un fuerte grito hizo explotar su cosmos y el fuego que le envolvía se extinguió súbitamente.
—¡Con esas heridas no podrás cortarnos el paso! —dice Agamenón entre risas.
—Estás acabado, ya no tiene sentido que luches… —susurra para sí Edipo.
—¡De Seiya aprendí a no claudicar jamás! —murmura Aioria.
—¡Idiota, tienes medio pie en la tumba, te empujaré a la muerte! —contesta Agamenón.
—¡Esta es una situación extrema, Atenea está pasando por un gran peligro, nosotros sus santos lucharemos con todo nuestro poder…ella es la que nos brinda sus bendiciones y nos da esperanzas sea quién sea el enemigo!
—¡Es increíble la tenacidad de este hombre…! —pensaba absorto Edipo.
—¡Ahora toma mi PLASMA RELÁMPAGO!
—¡Ya he visto tu técnica…! Mi cetro la bloqueará…
Agamenón nuevamente usa su cetro para defenderse con la jaula eléctrica, que nuevamente es efectiva, logrando bloquear la técnica, Aioria yace perplejo por lo sucedido.
—¿Qué…? Imposible…
—¡Tonto…cuantas veces quieres usar la misma técnica!
Aioria se fastidia de las palabras de Agamenón y enciende su cosmos nuevamente, enfurecido se dispone a aumentar su cosmos más allá de sus límites, para atravesar la defensa rival.
—¡No me subestimes…PLASMA RELÁMPAGO!
—¡Qué hombre tan terco!
El ángel empuña su cetro para bloquear el ataque, sin embargo el cosmos del león dorado se eleva al tiempo que los rayos son cada vez más, la luz de sus golpes brillan de forma excelsa, hasta que Agamenón empieza a ser alcanzado por el ataque en todo su cuerpo, hasta caer al suelo herido, derramando sangre por doquier.
—¡Agamenón! —grita Ajax mientras lo auxilia.
—Fue un error subestimarme… —susurra Aioria.
El ángel Agamenón aún herido se levanta con ímpetu, pues su orgullo había sido pisoteado.
—¡Entonces usaré otra de mis técnicas especiales y te acabaré, CASTIGO CELESTIAL OLIMPICO!
El cetro genera una gran corriente de rayos y truenos de color amarillos, que se expanden en dirección al santo de oro, generando una red eléctrica que termina por golpear fuertemente en su adversario, quien es estampado contra uno de los pilares, su armadura dorada había sido rasgada por doquier, mostrando una deplorable condición.
—¡Eso te pasa por tu estúpida arrogancia! —dijo Agamenón.
—No seré vencido… —respondió el Aioria poniéndose nuevamente de pie, escupiendo sangre.
—Maldito, como puedes estar de pie todavía, ya estás en una situación agónica…
—Me pondré de pie todas las veces que sean necesarias y al final te derrotaré…
El cosmos del ateniense empieza a crecer de una forma exuberante, extendiéndose al infinito.
—No puede ser, su cosmos es aún más alto…
—¡Pese a sus graves heridas, su cosmos crece en vez de disminuir! —murmura Ajax.
—Está elevando su cosmos a pesar de que su vida pronto se extinguirá… —pensaba Edipo sorprendido por el cosmos del santo dorado.
—¡Aunque seas poderoso no podrás resistir nuevamente mi técnica! —alardea Agamenón.
—¡El que no podrás resistir más serás tú! —responde Aioria.
—¡CASTIGO CELESTIAL OLIMPICO!
—¡PLASMA RELÁMPAGO!
Las dos técnicas colisionan despidiendo una gran energía y levantando las baldosas del templo, amenazando con destruir todo el recinto ante el poder desplegado.
—¡La energía que despiden es muy poderosa! —comenta Ajax.
—¡Si la batalla sigue así destruirán todo el templo de Leo! —advierte Edipo mientras se cubre el rostro de los chispazos arrojados por la colisión que se mantenía activa.
—Su cosmos también arde más fuerte… —musita Aioria.
—¡Nosotros los ángeles no permitiremos que nadie nos derrote, juramos fidelidad a Zeus desde la época del mito y conocemos la gloria por generaciones! —dice elevando la voz Agamenón.
—¡Siente el poder de los santos de Atenea…!
Finalmente todos los guerreros sagrados salen despedidos por el choque de las dos técnicas, ya que se había creado una onda de choque en cadenas.
—¡Los poderes quedaron anulados entre sí! —concluye Agamenón.
—Eres fuerte, el poder mágico de tu cetro dorado es realmente el poder de Zeus y sus relámpagos…pero esta vez tendrá menos poder… —dice Aioria con dificultades para mantenerse en pie.
—Es un arma divina, su poder nunca cesará…ahora muere. —amenaza Agamenón mientras empuña el cetro hacia el santo de oro, pero logra advertir que su arma estaba trisada.
—¡Lo ves, tus intentos serán en vano…no podrán vencerme! —manifiesta Aioria.
—¡Maldito…como te has atrevido a dañar el arma divina que me otorgó mi dios…morirás! —Agamenón se dispone a usar su poder.
—Espera Agamenón… ¡Deja que yo me quite el estorbo de encima! —tercia Ajax.
—Pero Ajax…
—El reloj de Cáncer ya se ha apagado, y el fuego de Leo está a punto de extinguirse, no tenemos tiempo para perderlo… ¡TERREMOTO TITÁNICO!
Ajax golpea con su puño el suelo, creando alteraciones sísmicas en la tierra, generando un gran terremoto que empieza a devastarlo todo, repentinamente la tierra se divide y todo se desmorona.
—¡Por Atenea…PLASMA RELÁMPAGO!
El santo dorado estaba a punto de lanzar su técnica pero pronto pierde el equilibrio, producto de la técnica del enemigo, varias columnas y parte del techo se derrumba sobre él.
—¡Lo has conseguido Ajax! —felicita Agamenón.
—Tonto, ¿cómo piensa que puede detener a tres ángeles tú solo? —se ríe Ajax.
—¡Vamos a Virgo! —ordena Edipo.
Los ángeles asienten con su cabeza y se disponen a cruzar el templo, rumbo a la sexta casa del zodíaco, con el objetivo de llegar a la mitad del recorrido.
Repentinamente un cosmos absoluto invade el recinto y cubre a Aioria, el santo dorado escucha en su cabeza la voz de Atenea, llamándole.
—Aioria… Aioria…levántate…yo se que el león aún puede rugir…
—Atenea, si tengo su bendición seguramente no seré derrotado…
De pronto los ángeles perciben un aura dorada, de entre los escombros el protector de Leo se vuelve a poner de pie y con grandes heridas se para tambaleante.
—¡Maldito! ¿Por qué no mueres? —se pregunta anonadado Ajax.
—Eso es porque tengo que proteger a Atenea… —dice el león dorado entrecortado.
—¡Ésta vez si te acabaré! —Ajax amenaza.
—Aguarda Ajax… —susurra a su compañero Edipo, mientras toma su mano.
—¿Qué sucede Edipo?
—Este hombre no se rendirá…yo sé como vencerlo…
—¡Ninguno pasará por Leo!
—Morirás sin violencia… ¡BIFURCACION DEL DESTINO!
Edipo emite un destello de sus ojos, de pronto el templo comienza a distorsionarse entre el tiempo y el espacio, tres pirámides emergen sorpresivamente del suelo, con una leyenda sobre ellas.
—¿Qué es esto? —se pregunta con desconcierto total Aioria.
De las pirámides se extienden varios hilos que atrapan el cuerpo del ateniense, finalmente éste cae al suelo desvanecido, su cuerpo está pálido, su cosmos no se percibe.
—Ahora sí…no se levantará…
—Has sido un hueso duro de roer Leo… —elogia Ajax mientras mira el horizonte.
Los ángeles siguen su camino hacia el sexto templo.
Puerta del Inframundo.
Quién fuera el antiguo Patriarca antes de su muerte a manos de Saga de Géminis, arribaba al lugar de castigo eterno para los humanos.
—Que irónico, hace poco mi alma escapó de aquí y ahora regreso en vida a este sitio… —musita Shion mirando el arco cuyo escrito decía, "aquel que ha venido a este lugar abandone toda esperanza". Acto seguido atraviesa el umbral y se acerca a la orilla del río. —Sin el barquero cruzar éste río será demasiado difícil…
La guerra seguía su curso, el Santuario había sufrido bajas muy sensibles, pero los ángeles que quedaban estaban severamente heridos, era una incógnita saber hasta dónde podían llegar…
