Capítulo 26: La voluntad infranqueable de los santos dorados.

La épica batalla en las doce casas seguía su rumbo, Agamenón acababa de derrotar a Milo, aunque éste último había dejado al ángel al borde de la muerte, inyectándole su peligroso veneno, pero aún así seguía con valor su camino hacia el templo de Sagitario.

Ajax ya se encontraba en el noveno templo zodiacal y luchaba contra Seiya, quién había sido protegido por la armadura de Sagitario, gracias a la voluntad de Aioros.

Templo de Sagitario.

El ateniense que hacía las veces de guardián del recinto acababa de burlar la protección del escudo del ángel, al romper su guardia con fuertes cometas, para luego alcanzarlo con sus meteoros con gran destreza, demostrando toda su experiencia en combate tras las batallas santas contra Poseidón y Hades.

—Así que tu estrategia era romper mi defensa para un segundo ataque, muy bien… —murmura Agamenón reincorporándose. —Debo felicitarte, pero esto no es suficiente para derrotarme, estás subestimándome si crees que con eso me cerrarás el paso…

El ángel enciende su cosmos con determinación, mostrando un poder avasallador.

—¡Su escudo es muy fuerte, no tiene ni siquiera una grieta…y su cosmos está creciendo! —murmura Seiya.

—¡Es el escudo más fuerte que existe en el reino de los cielos, no volverás a sorprenderme! —exclama Agamenón.

—¡Pues eso está por verse, arde cosmos…COMETA DE PEGASO!

—¡Ya me mostraste tu táctica, ahora te mostraré la mía…!

El ángel Ajax bloquea la mejor técnica del japonés avanzando en una veloz corrida cósmica, dejando surcos en el suelo, para finalmente cubrir el ataque con su escudo y empujarlo hacia adelante.

El poderoso cometa es reflejado hacia su ejecutante, quien se ve sorprendido del ataque e intenta cubrirse, pero resulta inútil, es embestido y arrastrado por la fuerza de la onda de choque, impactando contra una pared y cayendo duramente al suelo.

—¡Increíble, ha devuelto mi poderoso cometa, su táctica fue no retroceder y ha sido capaz de devolver mi técnica con su rápida embestida! —dice Seiya levantándose con gran esfuerzo.

—¡Eres muy ingenuo en pensar que mi escudo es sólo defensivo! —contesta sonriendo el gigante.

—¿Qué quiere decir?

—¡Ahora te lo mostraré…muere!

El ángel ataca a toda velocidad poniéndose frente a frente a Seiya, que se ve sorprendido y es golpeado con el escudo en el rostro en forma atroz, pero éste sigue en pie mientras la sangre caía por su cara, soportando todo el dolor de semejante impacto, listo para contraatacar.

—¡No debiste acercarte tanto, lo pagarás…DESTELLO RODANTE!

—¿Qué?

El santo de Sagitario se ubica rápidamente a espaldas de su enemigo, sube con él envuelto en un azulado cosmos, rompiendo el techo del templo y bajando a la velocidad de la luz, el ángel cae de cabeza, quedando boca arriba con su casco destruido.

Sin embargo, pese a las heridas causadas, Ajax se pone de pie, con gran esfuerzo.

—Así que eso tampoco fue suficiente…

—¡Maldito, debo reconocer que tienes grandes técnicas y mucha experiencia tras tantas batallas…pero debo superar cualquier obstáculo que sea, debo luchar por mi Señor Zeus!

—¿Por qué sigues las órdenes de Zeus? —pregunta Seiya levantando el tono de voz. —¡Destruir el planeta no es una obra de bien!

—¡No trates de persuadirme con filosofía batata, el mundo luego del cataclismo será construido sobre la base de la justicia!

—¡Entonces ustedes los ángeles son tan malignos como lo es Zeus! —Seiya señala fastidiado al ángel.

—¡No blasfemes, los que son malignos son ustedes que están destruyendo el planeta que los dioses les han otorgado, te acabaré con mi técnica más poderosa, TERREMOTO TITÁNICO!

—¡Está causando un gran terremoto…a este paso destruirá la casa de Sagitario! Si lo hace me vencerá…

—Serás sepultado en tu propio templo…

La casa del centauro empieza a sentir la enorme violencia del terremoto, cayéndose varias partes, el techo se desploma sobre el santo, quedando el templo con algunas paredes y columnas solamente, sin embargo el tenaz Seiya se reincorpora luego de quitarse los escombros de encima.

—¿Qué? ¿Cómo puedes levantarte nuevamente, eres inmortal?

—¡Yo nunca me doy por vencido, aunque mi cuerpo esté gravemente herido, al fin del combate te venceré!

—Ha soportado mi poderoso ataque…debería estar muerto, esto acaso significará que…

De pronto a espaldas del santo puede verse la imagen de la diosa de la sabiduría, la cuál protegía a su súbdito más devoto.

—Así que tienes la bendición de tu diosa…

—¡Saori! No podrás vencerme, mi cosmos crecerá cada vez más, hasta que al final te derrotaré… —manifiesta Seiya al tiempo que tambalea tras sentir el dolor de sus múltiples heridas. —Es cierto que de no haber recibido la protección de Atenea hubiera muerto, pero por eso mismo tengo que aniquilarte…

—¡Maldito, no lo permitiré!

Ajax corre velozmente hacia el santo de Sagitario, comenzando una treta de golpes a la velocidad de la luz, el primero recibe varios golpes en la boca de su estómago, mientras que el segundo recibe un golpe de puño en el mentón que lo hace salir despedido varios metros hacia atrás.

El combate cada vez se volvía más intenso, ambos tenían un cosmos muy igualado y heridas mortales.

Monte Olimpo.

Templo de Neptuno

Los súbditos de los dioses del Olimpo contemplaban los duros enfrentamientos que se desarrollaban en las doce casas.

—¡El fuego de Libra se ha extinguido…! —continúa Bóreas. —El santo de Escorpio ha caído, sin embargo Agamenón no podrá sostener otra batalla…

—No lo creo así… —dice un pensativo Jasón, al tiempo que se toca la barbilla.

—¿A que te refieres ángel? —pregunta Bóreas.

—El cetro que lleva Agamenón posee maravillosas cualidades, con él puede recuperar sus heridas, al cabo de una hora se habrá recuperado… —enseña Jasón.

—Increíble…quizás tenga alguna posibilidad de atravesar los doce templos, aunque sería toda una epopeya… —contesta Bóreas.

—¿Y para que quiere Eolo un reporte? ¿O acaso será para Hera? —interroga Pólux con su potente voz.

—El dios del viento, Eolo, sirve a los reyes olímpicos desde tiempos inmemoriales…y es verdad, ha sido Hera quien ha solicitado saber la situación en la Tierra…

—Espero que no estén tramando enviar a los serafines a terminar el trabajo de los ángeles… —reprende Aquiles celoso.

—Si las órdenes vienen de Eolo lo haré sin dudar, tú no sabes el significado de la verdadera batalla…

—¿Quieres probar mi sabiduría en combate?

El ángel Aquiles enciende un poderoso cosmos, lleno de determinación y valor, luego cierra los nudillos de su puño derecho, sus cabellos rubios revolotean.

—¡Conocerás el frío de las regiones boreales! —responde Bóreas con inexpresividad y frialdad.

El puño del ángel se congela inesperadamente para él.

—¡Me has congelado el brazo, pero eso no servirá! —Aquiles destruye el hielo con su enorme cosmos.

—¡Detente Aquiles, estás demasiado exaltado! —dice Eneas poniéndose en frente de Aquiles y luego voltea a Bóreas. —Ya tienes tu reporte, no deberías hacer perder más tiempo a tu señor Eolo…

—Vaya temperamento Aquiles… —susurra Bóreas mientras se ríe cerrando sus ojos.

El serafín se retira del templo volando con su alada armadura.

—Bóreas podría compararse contigo Aquiles, tiene un poder similar al tuyo, sus cosmos estaban igualados… —acota Pólux.

—Ningún mortal en el Olimpo puede compararse conmigo… —responde Aquiles con su característica soberbia.

Casa de Sagitario.

El combate igualado entre Seiya y Ajax seguía su curso, ambos trataban de encontrar un punto débil en el enemigo, en ese momento irrumpe en la escena Agamenón, quién tenía sangre recorriéndole algunas partes del cuerpo, producto del los orificios dilatados de las agujas escarlatas, el poder del cetro ha detenido de todos modos parcialmente la hemorragia.

—Ajax… ¿Cómo estás de tus heridas? —preguntó Agamenón.

—Estoy bien, tú no te ves nada bien, ¡acabaste con el santo dorado de Escorpio….sabía que lo harías!

—¡Aunque hayas vencido a Milo tienes catorce agujas escarlata, tu vida debe estar pendiendo de un hilo! —expresa Seiya con tristeza por la muerte de su camarada.

—¡He detenido un poco la hemorragia con el poder del cetro, poco a poco me recuperaré de mis heridas!

—¡Ve a Capricornio, yo acabaré con Sagitario! —exclama Agamenón, tratando de abrirle paso a Ajax.

—¡No, tú ve a Capricornio que tienes menos heridas, yo acabaré con él! —dice Ajax, rechazando la propuesta. —¡No se puede detener una batalla una vez iniciada…!

—Mi cetro divino puede curar mis heridas, sin embargo mientras más pase el tiempo seré un guerrero más cercano a la muerte, además él tiene muchas heridas, si peleo contra Capricornio tendré mayores problemas…te abro el camino… —argumenta Agamenón.

—Está bien, lo importante es avanzar, gracias Agamenón por abrirme el paso…

El ángel Agamenón lanza varios golpes veloces como la luz con su cetro, los cuáles son evadidos con gran habilidad por el ateniense, sin embargo permiten la huida de Ajax, lo cuál era la verdadera intención desde un comienzo.

—¡No sé qué pretendes en el estado que estás! —expresa Seiya.

—¡Mi cosmos todavía arde, si he de caer te arrastraré conmigo! —exclamó Agamenón.

—Y si lo logras, ¿crees que tu compañero logrará vencer a tres santos dorados…?

—No me interesa a donde llegue Ajax, esto no es que un simple juego a capricho de los dioses, dónde nosotros hemos venido a buscar nuestro premio…y yo cerraré mi juego con un santo de oro y con el hombre que logró golpear a Hades, el señor del Inframundo…

—Entonces aceptas que esto no es más que un capricho de tus malévolos dioses…

—¿Quién te crees para objetar la sabiduría de los dioses? Nosotros los mortales lo vivimos como un capricho, puesto que no somos nada comparado a ellos…ellos con su infinita misericordia bendicen a aquellos mortales que lo merecemos…

—¿De que misericordia hablas? —pregunta Seiya enfadado.

—De una que va más allá de la vida y en la muerte, yo he sido bendecido en la vida y seré bendecido en la muerte, mi espíritu vivirá eternamente en compañía de los seres más grandiosos del universo…

—¡Estás delirando por el veneno de las agujas de Milo!

—Que limitado eres niño, es increíbles que tú hayas sido quién hirió a Hades…

—¡Y seré además quién acabe contigo!

—¡Sacrificaré a este equino en nombre de los dioses!

El ángel enfurecido levanta su cetro, del cuál emanan una gran cantidad enormes de rayos dorados, que voltean a Seiya con gran violencia, sin embargo este último se levanta con mucho esfuerzo, al tiempo que enciende su cosmos.

—¡Entiendo…tienes un pie en el otro mundo y ahora estás dando todo en tus últimos ataques, los cuales pueden ser muy peligrosos por la determinación de tu cosmos, pero no doblegarás mi espíritu!

—De acabarte serán dos los santos de oro a los que habré enviado al Infierno, ¡TORBELLINO DE FUEGO!

—¡Eso no sucederá, vengaré a Milo! ¡METEOROS DE PEGASO!

Las dos técnicas colisionan despidiendo grandes chispazos en todo el recinto, pero repentinamente el cosmos del ángel se incrementa, logrando que la ventisca de fuego alcance al oriental, que cae duramente contra la pared, su cuerpo expide humo de los orificios de su rostro.

—¡Las arduas batallas y el estar al borde de la muerte debe haberlo hecho superar sus límites!

—En efecto, estoy ante la gran oportunidad de ser el vencedor del hombre que enfureció al Olimpo, el alma del Pegaso de la era del mito…

—¿Así que soy muy importante para los olímpicos? —dijo Seiya bromeando mientras se rasca el mentón, en alusión burlona.

—No puedo creer que haya reencarnado en un mocoso como éste… —musita Agamenón. —Calla para siempre, ¡CASTIGO CELESTIAL OLIMPICO!

El ángel celestial levanta su cetro al cielo, al tiempo que una enorme cantidad de rayos que titilan, un eléctrico color amarillo se condensa y sale disparado contra el ateniense, pero para sorpresa del ángel la técnica resulta bloqueada por completo, la visión se dificultaba ante la temible explosión, pero de un momento a otro el polvo se disipa.

—¡Cómo puedes detenerlo! Esa técnica nunca la usé en su contra… —el ángel retrocede sorprendido y logra ver quien ha bloqueado verdaderamente el ataque.

—¡Cuando un santo observa una técnica una vez, ésta es inservible en una segunda ocasión!

—¡Todavía estás vivo, no es posible! —exclama Agamenón estupefacto.

—¡Milo! —expresó Seiya sorprendido.

—¡Nuestro combate aún no termina Agamenón! —dijo el escorpión dorado tambaleándose.

La armadura dorada de Escorpio mostraba terribles daños en todas partes, la sangre brotaba a borbotones del cuerpo del griego, sin embargo su cosmos se alzaba poderosamente.

—Es increíble que hayas llegado hasta aquí caminando y me cuesta trabajo creer que hayas podido detener así mi castigo celestial olímpico…

—¡Milo, déjamelo a mí, tú estas en grave estado! —espetó Seiya preocupado.

—¡No, Seiya…yo estoy por morir, pero antes tengo que acabar este duelo, no puedo perder, ya he visto a través del castigo celestial olímpico y del torbellino de fuego de Ares!

El santo de Escorpio mira a Seiya con gran determinación, éste comprende los sentimientos del santo dorado y hace un paso hacia atrás.

—¡Eres tenaz, elevaré mi cosmos al extremo y ésta vez si te acabaré, no importa que hayas presenciado mis técnicas, cuando mi energía está a su máximo es incontrolable, CASTIGO CELESTIAL OLIMPICO!

—¡La última aguja, ANTARES!

Milo se lanza en una veloz corrida, pero Agamenón ataca con sus rayos dorados concentrados sobre el brazo de su enemigo, que se disponía a ejecutar su técnica final. El brazo del santo de oro acaba destruido, explotando hueso y carne, imposibilitándole lanzar su aguja mortal, instantáneamente suelta un grito de dolor.

—¡Milo! ¡COMETA DE…! —antes de que Seiya termine de pronunciar su técnica es interrumpido.

—¡Detente Seiya! —manifestó Milo mirando a Seiya y luego voltea la mirada a su enemigo. —Por más que destruyas mi brazo no podrás evitar Antares…

El escorpión dorado se dispone a ejecutar su técnica con su mano izquierda, pero el ángel contragolpea de repente.

—¡TORBELLINO DE FUEGO!

La tremenda técnica de llamas provenientes del cetro de Agamenón impacta en Milo, que vuela contra el techo, golpeando duro contra el suelo después, su único brazo se envuelve en una poderosa llamarada que lo vuelve cenizas al instante.

—¡Milo…! ¡Cuánta determinación…incluso sin sus brazos, su cosmos no ha mermado, brilla cada vez con más intensidad! —pensó Seiya conmovido.

—¡Conozco tus intenciones, ahora ya no te levantarás! —exclama Agamenón mirando a Seiya. —¡Todavía tengo energía para combatir contigo!

—Tu oponente aún puede pelear… —susurra Seiya.

—¡Es una tontería! —responde Agamenón.

—Agamenón…toda…todavía puedo levantarme… —susurra Milo casi sin voz, mientras se pone de pie con la energía de su cosmos, ya sin brazos.

—Has acabado con mi paciencia insolente… —responde Agamenón apretando sus dientes. —¡Esta vez si te enviaré al Infierno, conoce la ira de Poseidón…mi técnica más poderosa! ¡PRESIÓN DE LAS PROFUNDIDADES!

El escorpión de oro se lanza hacia el ángel velozmente, pero cuando ya estaba a su alcance, la presión atmosférica de la técnica de su enemigo lo inmovilizó, intentando aplastarlo contra el suelo.

—Ya no podrás moverte… ¡pronto morirás aplastado como el insecto que eres…! —insulta Agamenón. —Además estas combatiendo una batalla perdida, sin tus brazos no podrás ejecutar tu última aguja.

El santo de oro seguía luchando contra la presión aún en pie, sus deseos de luchar por Atenea y por la Tierra hervían.

—¡Ya te dije que ejecutaré Antares, suceda lo que suceda…!

Milo apoya todo su cuerpo sobre una sola pierna, soportando la fuerza de la presión que era similar al profundo fondo del mar.

—¡Es impresionante la fuerza que tiene, está soportando cientos de toneladas sobre una pierna, estás delirando! —murmura Agamenón perplejo. —¡En la posición en la que estás terminarás estampado contra el suelo!

—Esta es mi última voluntad…llevarme…tu vida… ¡ANTARES!

El santo dorado se inclinó intentando alcanzar al ángel, aprovechando el peso que estaba soportando, para dar un medio giro y sobre su pierna suspendida, lanzarla hacia adelante, formando la cola de un escorpión al picar, disparando desde la punta de su pie su aguja mortal, que impacta en el ángel, el cuál ve que sus heridas comienzan a abrirse y chorros de sangre son despedidos con gran presión hacia afuera.

Al ejecutar su ataque final, la presión de la técnica del ángel terminó por destruir el cráneo del santo dorado contra el piso.

—¡Milo! —gritó Seiya horrorizado.

El santo de Sagitario corre donde yace el cuerpo de su compañero, mirando incrédulo lo que ha sucedido, conmovido por el espíritu de lucha de su par de Escorpio, que había vencido finalmente a Agamenón, disparando su última aguja como lo había prometido.

—Milo…tú…descansa en paz, tu muerte no será en vano... —susurra Seiya mientras se seca sus lágrimas con su brazo. —Que cruel el destino de los santos de oro, volver a la vida para volver a ofrecerla por sus semejantes….Aldebarán, Máscara de la Muerte y ahora Milo…

Templo de Neptuno

En el majestuoso palacio del señor de los mares, los ángeles miraban atónicos lo sucedido en el combate entre Milo y Agamenón.

—Los santos de oro poseen una determinación admirable, son dignos rivales para cualquier adversario… —murmura Ganímedes.

—Tienes razón… —acota Eneas.

—¡La verdad que los tomé con ligereza, logró ejecutar Antares como dijo, sabiendo que expondría su vida a una muerte segura! —expresa Aquiles.

—Yo he sido un santo en la era del mito… —continúa Ganímedes. —Por eso les advertí de lo difícil y equilibrado que sería una batalla entre nosotros…

Colina de las estrellas.

En el enorme rascacielos se encontraban Marín y Shaina. Repentinamente el Águila voltea en dirección a una columna y se queda mirándola durante unos momentos, para luego lanzar sus meteoros.

—¿Qué ocurre Marín? —se pregunta desconcertada Shaina.

—¡Sal de ahí! —grita Marín a alguien entre las sombras.

Repentinamente de entre la semidestruida columna aparece Ícaro.

—¡Tú! ¿Qué haces aquí? —pregunta sorprendida Marín.

—Te he estado siguiendo sigilosamente desde que los ángeles entraron al Santuario… —murmura Ícaro.

—¿Por qué? —pregunta Marín.

—He sentido algo extraño en ti, tengo que sacarme una duda… —susurra Ícaro mientras se acerca.

—Yo también tengo una duda, pero se despojará si te quitas la máscara… —responde Marín.

—¡Quitármela es la segunda cosa que mas añoro en éste mundo!

—¿Cuál es la primera? —repregunta el Águila.

—Encontrar a aquella que se perdió en el olvido, mi hermana…

—¿Entonces es verdad? ¿Tú eres Touma? —pregunta Marín, quitándose la máscara y mostrando su rostro.

—¡El ángel es el hermano perdido de Marín! —piensa Shaina.

—Así que eres tú, ¡hermana!

El ángel corre y la abraza, Marín está paralizada, no sabe como reaccionar, entonces dos cosmos hostiles son percibidos. Ícaro suelta rápidamente a Marín, su rostro se modifica en expresiones agresivas.

—¡Les perdonaré la vida ahora que me han indicado el camino a Sagitario, iré tras Pegaso y completaré el encargo de los olímpicos! —exclama extrañamente Ícaro.

—¡Como te atreves! —replica enojada Shaina que intenta ataca, pero es detenida por Marín.

—Detente Shaina… —Marín agacha su cabeza.

El santo femenino de Ofiuco no comprende la situación, pero parece intuir que es mejor obedecer a Marín. El ángel se acerca al risco donde saltó Seiya e imita los movimientos del ateniense, ejecutando un poderoso salto al vacío, perdiéndose en las nubes, instantes después dos estrellas fugaces parecen bajar en direcciones a dónde había ido Ícaro.

—¿Qué ocurrió Marín?

—Mi hermano acaba de evitarnos una muerte segura en manos de los ángeles, al parecer lo estaban buscando…

—¿Y como sabía como llegar a Sagitario?

—Ya lo has oídos, nos ha estado siguiendo hace horas, vino hasta aquí con nosotras y presenció la estadía y la partida de Seiya…

—Pero él guiará a otros ángeles directo al último tramo de las doce casas, Seiya y los santos dorados lo detendrán….

Bahía de la Mansión Solo.

Julián miraba el mar y en ese momento se acerca Sorrento con la vasija de Atenea en las manos.

—Señor… —susurra Sorrento pero es interrumpido.

—Ya lo sé Sorrento, el mar me lo ha dicho todo…Atenea ha enviado a Kanon a quitar el sello, y te ha entregado el ánfora que contiene el alma de Poseidón…

—¿Qué va a hacer con ella señor?

—No lo sé, primero me gustaría entenderlo, que ha llevado a Atenea a tomar ésta decisión, cuando sepa eso quizás libere el alma del emperador del mar….

Monte Olimpo.

Templo de la Luna.

El santo de Libra había recorrido el ahora desértico bosque lunar y ya se encontraba atravesando el abandonado templo de la Luna, sabía que a partir de ahí debería ser muy cuidadoso para no ser detectado a través del Jardín del Edén, dónde se encuentra el templo de Venus, luego tenía que cruzar el templo de Mercurio, que era antecedido por el Desierto de Hierro, hasta llegar por fin a la fragua de Hefesto, lugar en donde se suponía que estaba aquel objeto tan temido por los dioses, la caja de Pandora, donde está encerrada la esperanza.