Capítulo 27: Ajax el grande contra el filo de excálibur.
La titánica batalla entre los ángeles y los santos de oro estaba llegando a su punto cúlmine, Ajax era el último ángel que quedaba en pie.
Egeo, Diomedes, Edipo y Agamenón por parte del cielo habían sucumbido, mientras que Aldebarán de Tauro, Máscara de la Muerte de Cáncer y Milo de Escorpio habían perecido en las filas del Santuario.
En el refugio de Atenea estaba anocheciendo…
Entrada a la casa de Capricornio.
Ajax había subido las escaleras que llevaban al templo de la cabra con sus heridas a cuestas, tras duros combates en contra de Milo y Seiya.
—El cosmos de Agamenón desapareció, tengo que seguir, soy el único ángel en pie… —susurra Ajax mirando el reloj de fuego y observa que la octava llama se ha extinguido. —Ya solo quedan cuatro horas… ¡realmente esta era una misión suicida, debo sacarle provecho y abrir paso a los que vendrán después de mí!
Tras recorrer varios pasos, el ángel entra al templo de la cabra brillante, recorriendo varios pasos hasta internarse en el interior.
—¡Me sorprende que hayas llegado tan lejos…sin dudas tienes mucha suerte, pero tu suerte pronto terminará!
—¿Tú eres guardián de este templo?
—¡Soy Shura de Capricornio…tomaré tu vida en nombre de Atenea! —estaba en guardia y con su mano recta. —¡Este hombre es un verdadero coloso, puro músculo! —pensaba observando a su enemigo.
—He llegado hasta aquí… ¡y seguiré avanzando! Los santos dorados han demostrado ser dignos rivales, pero… ¡los ángeles somos la elite de las castas de entre todos los dioses olímpicos!
—¡Así que la elite! Eres el último ángel con vida y tienes un pie y medio en el Infierno…
—¡Basta de cháchara…morirás en nombre de mis hermanos caídos…!
—Necesito que te presentes para saber que epitafios poner en tu lápida…
—El epitafio dirá… ¿cómo era tu nombre? ¿"Shura" dijiste?... "…Muerto en sacrificio a los dioses", prepárate a conocer tu destino, ¡LLUVIA DE METEOROIDES!
El ángel Ajax levanta sus dos manos hacia arriba, lanzando una enorme precipitación de meteoritos y restos de asteroides.
El santo de oro comienza a esquivar los ataques con gran agilidad, moviéndose rápidamente a los costados.
—¡Este gigante es muy veloz…! —decía Shura para sí. —¡Es mi turno…EXCÁLIBUR!
El santo de Capricornio ensaya un veloz movimiento con su mano recta, lanzando un poderoso golpe cortante, el ángel se mueve a un costado, esquivando milagrosamente el ataque, aunque el viento impulsado por el ataque hiere superficialmente su rostro.
—¡Así que un golpe de espada, eso no será suficiente para detenerme, muere Capricornio! ¡LLUVIA DE METEOROIDES!
Ajax impulsa sus dos manos hacia adelante, atacando con violentos meteoroides, el santo dorado los esquiva con velocidad, pero la dirección de los golpes pronto cambia dando en el techo, el cuál se desploma encima de su objetivo, quien es aplastado por los escombros.
—¿Con eso tendrás suficiente…? —exclama el gigante entre risas.
Un cosmos intenso se siente entre los escombros y pronto una luz dorada corta a los mismos, el santo dorado de origen español estaba de nuevo en pie, su casco resultó destruido, un hilo de sangre recorre su frente.
—¡No esperarás derrotarme con esto!
—Veo que seguirás luchando…
—Me sorprendes que hayas llegado al décimo templo, pero tus heridas seguramente son superiores a las mías, esto para mi es recién el comienzo. Toma mi… ¡EXCALIBUR!
Un haz filoso es expulsado del puño del santo de oro, pero el olímpico esquiva el ataque con gran destreza. Shura de Capricornio vuelve a lanzar varios golpes cortantes, hasta que uno de éstos logra golpear la hombrera del ángel, la cuál se corta al segundo y cae al suelo, sintiéndose el sonido del metal al caer.
—¡Mi hombrera ha sido dividida del resto de la armadura, su ataque es letal…! —exclama preocupado Ajax. —¡Fue un golpe limpio de espada de tremendo filo!
—Mi espada puede dividirlo absolutamente todo, puedo sentir por tu cosmos que no estás tan podrido, aún más…la determinación de tu espíritu es digna de un guerrero de la más alta alcurnia… ¿por qué luchas por Zeus? ¡El quiere acabarlo todo!
—¡Porque Zeus es la verdad y la luz, es el camino a la vida eterna…y si el decide que el tiempo de los pecadores ha terminado, entonces esa es la verdad y lo justo! —argumenta Ajax con devoción.
—¡Ustedes quieren destruir nuestro hermoso planeta y nos llamas pecadores, vaya ironía…! —se ríe Shura. —Pues tal vez tengas razón en algo, he pecado como santo de oro en el pasado, no solamente yo, varios de nosotros creíamos que el poder era la justicia, pero los humanos podemos cambiar, nosotros purgamos nuestras culpas, ¿por qué cree Zeus que los humanos no pueden cambiar?
—¡Ustedes solo sirven para matarse entre sí y para matar a los que los rodean, ustedes que han sido creados a imagen y semejanza de los dioses no merecen su aspecto ni su existencia, no saben cómo usar la Tierra y la están contaminando de impureza, es hora de crear una nueva utopía!
—¡La utopía será que atraviesen las doce casas! Y tú… ¿no eres humano acaso?
—Si, eso demuestra la infinita misericordia del dios de los cielos, quien sabiendo el potencial humano ha escogido en nosotros aquellos que forjarán la nueva humanidad, nosotros que hemos alcanzado la octava conciencia y que estamos bendecidos por los dioses olímpicos…seremos los fundadores de una nueva Tierra…
—¿Quién se creen que son ustedes para fundar lo ya fundado? —pregunta iracundo Shura, luego tiesa su brazo y deja caer el mismo en dirección recta al piso, repentinamente con movimiento violento, formando un arco en dirección a su oponente, terminando con su brazo totalmente extendido en dirección al cielo. —¡EXCÁLIBUR!
Del recorrido trazado por el brazo del español emergió una luz dorada que se desplazaba a la velocidad de la luz, separando el aire y el suelo, cuando estaba a punto de impactar en el ángel, éste logró protegerse con su escudo, conteniendo la afilada hoja de luz de su adversario.
—¡Que poderosa defensa, pero en el próximo ataque dividiré ese escudo!
—¿Qué me dividirás mi escudo? Eso es imposible, esta armadura fue hecha por Hefesto y éste escudo es invulnerable…
—¡EXCALIBUR! ¡Divide ese escudo de una buena vez!
El santo de oro imitando los movimientos de hace un momento vuelve a lanzar su filo lumínico, creando un ataque en línea recta a su enemigo.
—¡Testarudo, no conseguirás nada!
Ajax intenta bloquear aquella brillante hoja de luz con su escudo, un fuerte choque se produce y el ataque termina siendo repelido.
—Te lo dije… ¡mi escudo es indestructible!
—No tienes paciencia… ¡mira de cerca! —musita Shura y se ríe fanfarronamente.
El escudo se divide en dos, ante la incrédula mirada del ángel, su impenetrable defensa había sido cortada en dos como un papel.
—¡Así que este es el poder de la espada excálibur, recuerdo que Ganímedes me la ha mencionado alguna vez! —murmura Ajax para sí.
—Ahora muere… ¡EXCALIBUR!
Shura libera un haz de luz cortante que se aproxima violentamente hacia el ángel, pero éste esquiva el ataque moviéndose rápidamente hacia la derecha.
—Es mi momento de contragolpear… ¡TERREMOTO TITÁNICO!
El ángel da una fuerte pisotón al suelo, logrando crear un gran sismo, el santo de oro mira preocupado a su alrededor, pronto el techo del templo se desploma, convirtiéndose en una gran amenaza.
—No lo conseguirás… ¡DANZA DE EXCALIBUR!
El santo dorado lanza muchos golpes cortantes hacia los escombros, dividiendo a estos en varios pedazos y salvando su vida, pero rápidamente el ángel Ajax se sitúa al lado de su enemigo, propiciándole un poderoso golpe de puño en su pecho, haciendo que salga despedido contra una pared, donde rebota hasta aterrizar en el piso.
—¡Has conseguido sobrevivir al terremoto!
—Tiene una fuerza bruta fuera de lo común, su fuerza física debe estar al nivel de Aldebarán… —susurra Shura, elogiando al ángel, comparándolo con su extinto compañero.
—De entre los ángeles ninguno posee músculos tan fuertes como los míos, ahora vete al Infierno…
Ajax corre hacia su enemigo, lanzando poderosos golpes de puño, pero el santo de oro se cubre, aunque en cada bloqueo sentía que su cuerpo se iba a fracturar por la violencia del impacto.
—¡No será tan sencillo!
Shura esquiva el último golpe corriéndose al costado del enemigo y ejecuta la danza de excálibur que dan de lleno al ángel, dividiendo la gloria en varios pedazos, hasta quedar sin protección alguna.
—¡Es imposible…mi sagrada gloria del Olimpo ha sido cortada en miles de pedazos! —se lamenta Ajax con desazón.
—¡Estás acabado…no tienes formas de enfrentarme en tus condiciones!
—¡Tengo que destruirte…LLUVIA DE METEOROIDES!
El santo dorado de Capricornio se desliza rápidamente, evadiendo sus ataques y se sitúa a espaldas de su enemigo.
—¡¿Qué?! —dijo Ajax al tiempo que ve como sus brazos son atrapados por las piernas de Capricornio.
—¡Es tu fin, SALTO DE PIEDRA!
El santo de oro salta en una especie de mortal hacia atrás, aunque elevándose a muchos metros del suelo, para luego arrojar con violencia a su víctima de cabeza al suelo, a una velocidad tal que al caer, produce una tremenda herida que sangran intensamente.
Al paso de cinco segundos, el ateniense comienza a sentir el impacto retardado de varios meteoritos en el pecho de la armadura dorada, la cuál se resquebraja y una de sus hombreras estalla, al mismo tiempo el ángel se pone de pie con determinación.
—¿En qué momento me ha dañado?
—¡Shura…pondré fin a esto!
—Tonterías, ya no tienes fuerzas para combatir. Si hubieras estado bien quizás tus golpes hubiesen sido letales, pero tu alma ya está débil, tu cosmos no arde en todo su intensidad…admiro tu espíritu, te lo preguntaré una vez más… ¿cómo te llamas? Me gustaría conocer el nombre de tan formidable adversario…
—Mi nombre es Ajax, el grande. Tú también eres un formidable adversario Shura de Capricornio, pero los ángeles no podemos fracasar en nuestra misión. —trata de atacar pero empieza a notar su cuerpo paralizado. —¿Qué sucede?
—¡El veneno del escorpión está haciendo su efecto…después de tantos esfuerzos acusas el cansancio!
—¡Maldición! …no puedo moverme… ¿será el veneno de ese insolente?
—Lo siento pero debo eliminarte… ¡EXCÁLIBUR!
Shura ejecuta una vez más su formidable técnica cortante, la que encaja de lleno en Ajax, una herida se abre desde su frente hasta su ingle en línea recta, su cuerpo sangra a borbotones al tiempo que cae al suelo.
—Ajax, no olvidaré éste combate…
El santo de oro comienza a retirarse a la entrada del templo, pero inesperadamente escucha un sonido como de algo pesado que se ha apoyado en el suelo, voltea y mira incrédulo como el ángel con gran esfuerzo intenta ponerse en pie.
—¡Es imposible, esta poniéndose de pie!
—Todavía puedo levantarme, esto no es más que una herida superficial…te derrotaré aunque sea lo último que haga… —se apoya Ajax con su mano y se levanta con mucha dificultad.
—¡Es imposible que me venzas…asume tu derrota! —espetó Shura.
—¡Tiembla ante mi mejor técnica…TERREMOTO TITÁNICO!
—¡Cortaré tu cuerpo en pedazos…EXCÁLIBUR!
Una parte del techo cae contra el santo de oro, pero este lo divide en dos y ataca contra el brazo del ángel, el cuál cae rodando al suelo tras ser rebanado, la onda de choque generada por el terremoto titánico arroja varios metros atrás a Shura, en cuanto éste toco el piso.
—¡Es imposible, su ataque es tan letal…me ha cortado la mano! —grita Ajax retorcido de dolor.
El santo de oro se reincorpora y se acerca ante su enemigo herido, al cuál le brotaba una gran cantidad de sangre de todas sus heridas.
—Este es tu fin… ¡EXCÁLIBUR!
Shura lanza su cortante ataque contra el hombro de Ajax, al cual se le abre la piel, separándose como una enorme tajada.
—Shura…aunque hayan vencido en ésta batalla no podrán, nunca podrán vencer a Zeus… —dice Ajax entrecortado, exhala un último suspiro y cae tieso al suelo.
—Era un hombre valiente, éste era el último ángel que estaba en las doce casas…. —musitó Shura.
Templo del Patriarca.
El Sumo Pontífice, su asistente y Saga se encontraban dialogando.
—Finalmente desapareció el cosmos del último guerrero invasor…
—Si, pero como dijo antes usted…esto no es más que el indicio de la batalla final… —murmura el asistente.
—¡Será más feroz y fatal aún que la guerra santa contra Hades, ahora es el momento de reagrupar nuestras fuerzas y planear el ataque final al Olimpo! —contestó el Patriarca.
—El Olimpo, donde se encuentran los dioses, necesitaremos de todos los santos…
Pronto los interlocutores sienten un cosmos magnífico, su diosa se encontraba en el recinto, acompañada de Aioros, quien no vestía su armadura.
—¡Diosa Atenea! —balbucea el asistente y hace una reverencia.
—Parece que todo ha terminado, no quedan más ángeles en las doce casas. —susurra la diosa.
—¡Atenea, has venido…el ejército del Santuario está casi completo, lamentamos comunicarle la muerte de tres de los santos de oro, Aldebarán de Tauro, Máscara de la Muerte de Cáncer y Milo de Escorpio! —informa el líder de los santos.
—Es una lástima, que pesar tan grande…ellos que regresaron hace tan poco y de nuevo han entregado sus vidas por sus semejantes… —se lamenta Atenea. —Estamos por encarar la peor guerra santa conocida…
—Con el Patriarca estamos pensando en decidir una estrategia diosa Atenea… —explica el asistente.
—Los dioses son inmensamente poderosos y su ejército de ángeles…pero es hora de que nosotros ataquemos… —espeta el Patriarca.
—¡Si, es hora de la ofensiva…! Sin embargo presiento que el peligro no ha abandonado el Santuario… —dijo la deidad de la sabiduría.
—Yo tengo la misma sensación…algo está ocurriendo, algo se aproxima al templo de Sagitario… —completa Aioros.
—¡Seiya está vistiendo tu armadura de oro! ¿Le has encomendado la custodia del noveno templo? —pregunta Saga.
—Digamos que él se ofreció para el trabajo… —contesta con una sonrisa Aioros.
Monte Olimpo.
Ciudadela de Olimpia, hogar de los seres del Olimpo.
Dos diosas se encontraban en un anfiteatro, se trataba de Selene, antigua diosa lunar, de brillantes cabellos negros, ojos color grises y piel blanca como la porcelana y Eos, la diosa de la aurora, la cual tenía cabello rubio, piel rosada y ojos celestes, ambas de gran belleza.
—¡¿Dices que Atenea podrá detener el gran castigo de Zeus?! —pregunta Eos con desconcierto.
—Dije que es solo una posibilidad… —continúa Selene. —Con la muerte de Artemisa el campo magnético de la Luna ha perdido fuerza, yo estoy haciéndome cargo en lo que puedo…
Repentinamente un brillo dorado aparece frente a las divinidades, se trataba de Helios, el antiguo dios solar, el cual tenía un corto cabello castaño claro, de ojos amarillos y brillantes como el Sol, tenía el disco solar coronado por una aureola.
—¿Cómo van las cosas en la Tierra? —pregunta Eos al recién llegado.
—El último ángel de los que entraron en las doces casas ha perecido… —informa Helios.
—¿Y entonces? —continúa Selene. —¿Apolo desistirá de sus planes de vengar a su hermana?
—No, la batalla continúa, debo confesarles que no le he dicho toda la verdad a Zeus… —se sincera Helios.
—¿Pero por qué callar y ayudar a los humanos? —cuestiona Eos.
—No estoy ayudando a los humanos, estoy protegiendo a aquel que ya fue castigado por Zeus por ayudar a los humanos… —explica Helios.
—¿Te refieres ha…? —se pregunta Eos.
—¡Prometeo! ¿Qué tiene él que ver en todo esto? —manifiesta Selene.
—Fue el quién proveyó de cuerpos las almas de los santos de oro extintos… —notifica Helios.
—Pero Helios con tu silencio te has convertido en su cómplice… —susurra Selene preocupada por su hermano.
—Nosotros no somos dioses olímpicos, ésta guerra no es de nuestra incumbencia, y yo soy dueño de callar lo que me plazca… —explica Helios su comportamiento.
—Tú que todo lo ves, cuéntame lo que está pasando en el mundo… —susurra Eos, dios de la aurora.
—El diluvio sigue su curso, las ciudades costeras están inundadas, las ciudades que se sitúan en las cercanías de los cerros sufren aludes, aquellas que se encuentran en la pampa son tapadas por la lluvia. En este momento el Santuario es el único lugar seco…
—¿Cuánto tiempo le queda a la humanidad? —interroga Selene.
—Aproximadamente en dos días no habrá lugar dónde refugiarse de las aguas… —sentencia Helios.
Templo de Neptuno.
Los ángeles se encontraban mirando el espejo de agua, donde se reflejaba el curso de los acontecimientos.
—Ajax…tú también… —se lamenta Belerofonte.
—Ya estaba demasiado herido… —manifiesta Aquiles. —Los puños de Capricornio son auténticas espadas… ¡iré al décimo templo y mataré a ese maldito!
—Espera Aquiles… —Eneas pone su mano impidiendo el paso.
—La orden de Zeus es estar en este sitio, no debemos desobedecer sus órdenes. —expresa Belerofonte.
—El señor Zeus es muy sabio, seguro tendrá algo bajo la manga… —dijo Ganimedes mientras sus ojos brillan.
Los ángeles se miran y entienden la situación.
Mansión Solo.
Julián y Sorrento debatían diferentes hipótesis sobre que había llevado a Atenea a tal extrema medida.
—Saori sabe que el emperador del mar jamás será aliado del Santuario…a lo mejor está esperando tan solo una ayuda, quizá que la ayude con el diluvio…—murmura Julián.
—A lo mejor el mundo deba ser purificado… —susurro Sorrento.
—¡No! No a imagen de Zeus, eso no es lo que quisiera Poseidón… —contesta Julián.
El general marino nota que los ojos de Julián han cambiado, siente la presencia del dios del mar conectándose con el mortal.
—¡Esa respuesta ha sido dada por el emperador! —piensa Sorrento.
Repentinamente el magnate es abandonado por la posesión de Poseidón.
—Según el mito Poseidón tenía grandes diferencias con Zeus, él anhelaba la Tierra que éste le había dado a Atenea, no creo que esté interesado a ayudar a ninguno de los dos… —continúa Julián. —Sin embargo, sería bueno saber si sería conveniente despertarlo en éste momento…
Monte Olimpo.
Jardín del Edén.
El santo de Libra se encontraba maravillado por la belleza del lugar, aunque ya caía la noche, aún podía apreciarse la belleza de las flores que adornaban una inmensa pradera. No obstante, él no se desviaba de su objetivo y continuaba su camino sigilosamente, evitando llamar la atención, llevaba el cofre de su armadura de oro a sus espaldas.
Repentinamente un hombre de aspecto hermoso y afeminado aparece, tenía largos cabellos ondulados de castaño oscuro y ojos verdes, llevaba un atuendo antiguo y elegante.
—¿Qué hace un hombre tan feo por éstos lado? —dice el olímpico.
—Es que me he perdido, traigo una ofrenda para Hefesto… —explica Dohko.—Podrías indicarme como llego hasta él…
—¿A que deidad sirves? Cuál es tu nombre… —el hombre mira su cofre. —esa armadura…
—Es una de las doce armaduras doradas de Atenea, soy Dohko de Libra, y tú ¿quién eres…?
—Soy Narciso, uno de los querubines del amor, guardianes de Afrodita, la diosa del amor… ¿con que intenciones buscas a Hefesto?
—No traigo la guerra conmigo, vengo en paz, solo quiero hablar con él…
—Bien, sigue en ésta dirección hasta atravesar el jardín… —susurra el afeminado Narciso. —Acabarás llegando al Desierto de Hierro…allí encontrarás la forja de Hefesto…
El santo de Libra agradece inclinándose como lo demanda su tradición china y sigue su camino aliviado y sorprendido de no haber tenido que entrar en batalla.
Mientras la noche entraba en el Santuario, ya libre de invasores, Seiya se disponía a dirigirse al templo de Capricornio, los demás santos de bronce estaban en Aries, estos celebraban la victoria de los santos de oro junto a Mu.
