Capítulo 28: Lazos de hermandad.

El último de los ángeles enviados por los cielos había caído, todo indicaba que la cruel batalla en el Santuario había concluido, sin embargo la guerra continuaba, parecía ser que éste era el momento de recuperar a los heridos y reagrupar fuerzas, puesto que nadie sabía cuándo el Olimpo podría enviar una nueva oleada de enemigos.

Los tiempos apremiaban, ya se habían cumplido nueve horas, la noche había caído, pero las lluvias en el mundo no habían cesado, no obstante, en el Santuario no se había precipitado ni una gota, el Patriarca sabía que solo debían esperar tres horas más para poder poner fin al castigo divino de Zeus. Ya que al cumplirse las doce horas la Luna se pondría en la posición exacta arriba del Santuario y así Atenea podría usar su cosmos para expandirlo a través del satélite de la Tierra para acabar con la amenaza.

Casa de Capricornio.

Mientras Shura se encontraba en su puesto de guardián, un camarada lo visita, se trataba de Seiya, quien portaba la armadura dorada de Sagitario, ambos estaban exhaustos y malheridos tras la feroz batalla contra los ángeles.

—No me equivoqué entonces, eras tú Seiya quien estabas en Sagitario…

—¡Shura! Así es, no soportaba más estar excluido de la última guerra santa, afortunadamente Aioros me brindó la protección de su armadura de oro…

—Así que estás desobedeciendo al Sumo Pontífice eh…

—Disculpa Shura. —Seiya suelta una carcajada y mira adelante, advirtiendo la presencia del cadáver de Ajax. —Había sentido al cosmos de éste ángel desaparecer…

—Con esto la invasión de los ángeles ha terminado… —contesta Shura.

—¡Por cierto, me sorprendió que Aioros no haya estado custodiando su templo!

—El Patriarca había decidido que alguno de los santos dorados estén en otro puntos, pero la verdad desconozco cual es el paradero de Aioros…

—Pese a nuestra victoria, tengo un mal presentimiento…

—¡Seiya! ¡Siento unos cosmos provenir de Sagitario!

—¡Es imposible, cuando dejé el templo no había nadie más que yo!

—¡Se acercan! Ya casi están aquí…

Repentinamente tres siluetas aparecen en la entrada del décimo templo.

—¿Quiénes son ustedes? —pregunta Seiya a los desconocidos.

—¡Ángeles! —dice Shura poniéndose en guardia.

—Pensé que habíamos eliminado a todos los ángeles que habían entrado al Santuario…

—Así era, pero nosotros acabamos de entrar al Santuario… —dijo un hombre de cabellos rubios trenzados en algunos sectores. —Yo soy Teseo…

—¿A qué se refieren? Es imposible que acaben de entrar al Santuario, de ser así deberían estar en Aries… —manifestó Shura.

—Nosotros entramos desde Sagitario… —musita un hombre de negros cabellos hasta el cuello, algo alborotado. —Mi nombre es Odiseo…y llegamos aquí desde el lugar que ustedes llaman la Colina de las Estrellas…

—¡Entonces estos tipos me han seguido! —exclama Seiya entendiendo todo.

—Así es Seiya, yo te he seguido…

—¿Cómo sabes mi nombre?

—Yo tenía la misión de asesinarte mientras estuviste en el umbral de la vida y la muerte, cuando fuiste herido por Hades…sin embargo el destino no lo quiso así, yo soy Ícaro…

—¡Ícaro…! Marín me hablo de ti…

—Me imagine… —contesta Ícaro. —Siguiéndola a ella fui que llegue a la Colina de las Estrellas, ella me indicó como llegar a Sagitario…

—¡Me niego a creer que Marín te haya indicado como llegar a este lugar! —contestó enfurecido Seiya.

—Eso es intrascendente ahora…lo que importa es que finalmente cumpliré mi misión sin tener que avergonzarme de ella, antes dudaba porque no podías defenderte, pero ahora no tendré reparos en arrancarte la cabeza… —expresa Ícaro.

—Veo que ya has elegido contrincante Ícaro, en ese caso yo me haré cargo del otro… —murmuro Teseo.

—Entonces a mi me toca seguir el camino. —musita Odiseo.

—Queda poco tiempo, sería mejor que ambos atravesaran este templo, yo me encargaré de ambos, después de todo están medio muertos… —exclama Ícaro.

—¡No sabes dónde estás parado, este territorio no ha sido atravesado desde la época del mito! —brama Shura.

—Solo unos cinco santos de bronces atravesaron los doce templos… ¿porque no podríamos hacerlo los divinos ángeles? —responde con vanidad Odiseo.

—¡Cinco ángeles lo acaban de intentar y fracasaron…! —responde Shura a cortapisas.

—De todas maneras lo van a intentar, así que veamos que suerte tienen… —acota Seiya.

—¡Déjenos de hacer perder el tiempo…CINÉTICA DE LA LUZ CÓSMICA!

Teseo junta sus manos y al separarlas crea una esfera lumínica azul y con agilidad suelta la esfera en dirección a los santos dorados, quienes se ven sorprendidos y golpeados por el ataque, siendo enviados varios metros hacia atrás, dejando grietas en el suelo.

—Teseo, ya te dije que yo me haré cargo de ellos, ustedes sigan su camino…—murmura Ícaro.

—De acuerdo Ícaro, nosotros iremos al próximo templo, acaba con ellos…no falles… —dice Teseo mientras lo mira con recelo.

Los dos ángeles atraviesan el templo de Capricornio, en ese momento Shura se incorpora como puede y los persigue, pero Ícaro se interpone.

—¡Como guardián del décimo templo, yo decido quien pasa o no por este lugar y ninguno pasará!

—¡Tonto, estarán abandonando tu templo en este momento! —replica Ícaro.

—¡Todavía no han salido, EXCÁLIBUR, vuela hasta el cielo!

El santo dorado de Capricornio extiende sus dos brazos a los costados y ejecuta un movimiento como si fuera una tijera, cruzándolos sobre su cabeza, los haces de luz formados por sus miembros se combinan en un solo filo lumínico que se eleva cortando el techo, para desaparecer en la noche.

Ícaro quedo impactado ante el terrible poder que Capricornio había liberado metros más adelantes.

—¡Es increíble tu poder Shura! —espeta Seiya reincorporándose.

—Un ataque al cielo no te servirá de nada… —murmura Ícaro.

—El destino de mi ataque son tus compañeros… —explica Shura sus intenciones.

—Desvarías… ¡es vuestro fin santos de Atenea…ALTITUD MAXIMA!

Ícaro se eleva en el aire, apareciendo el aura de un ángel de una sola ala y se lanza hacia abajo expulsando de su puño derecho una serie de rayos que alcanzan la velocidad de la luz.

—¡No será tan fácil, ESTRELLAS FUGACES DE PEGASO!

Los meteoros colisionan con los rayos produciendo grandes explosiones, quedando ambas técnicas anuladas.

Salida de Capricornio.

Los ángeles que se disponían a atravesar el décimo templo se vieron sorprendidos por el impacto de un enorme haz de luz cortante, que dividió el suelo, creando una grieta de varios metros de profundidad.

—¡Odiseo levántate!

El ángel abre los ojos y le pregunta a Teseo si se encuentra bien.

—Si, gracias a que me auxiliaste en el último momento, si no hubiera caído por el terrible ataque cortante… ¿tú puedes caminar?

—¡Si, solo son unos rasguños! Afortunadamente el ataque solo me golpeó colateralmente, si me hubiera alcanzado directamente me hubiera matado…

—Debemos tener cuidado de los santos dorados, no por nada cinco de nosotros han caídos bajo sus puños…

Templo de Capricornio.

Seiya e Ícaro se enfrentaban en duelo singular, mientras Shura de Capricornio estaba expectante.

—Todavía no puedo entender porque los dioses están interesados en ti… —murmura el ángel mirando a su rival.

—¡Al diablo con los dioses…ESTRELLAS FUGACES DE PEGASO!

Seiya realiza un salto sobre su adversario y cuando estaba en su cenital, lanzó sus meteoros hacia abajo, con una potencia progresiva en aumento, el ángel evadió por un momentos los meteoros pero la velocidad se incrementaba y la velocidad de ellos también.

—Como pueden ser tantos, sus golpes son cada vez más potentes… ¡como puede ser esto posible! —manifiesta Ícaro abrumado.

Los meteoros alcanzan finalmente al ángel y su armadura recibe una multitud de golpes, la gloria se agrieta levemente, éste yacía en el suelo tendido tras el violento impacto.

—De no ser por tu vestimenta sagrada estarías hecho pedazos… —masculla Seiya.

El ángel se levanta inesperadamente y de un rápido salto se ubica al lado de un desprevenido Shura y lo toma del cuello en un imperceptible movimiento.

—¡ELECTROCUAGULACIÓN! —grita Ícaro.

Repentinamente cientos de volteos estremecen el cuerpo de Shura de forma fulminante.

—¡Esta técnica hará revolucionar toda tu sangre, hirviéndola, en unos momentos morirás…!

—¡Maldito, eres un cobarde! —brama Seiya.

El portador de la armadura de Sagitario saco el arco y la flecha de oro, apuntando y tensando la cuerda se dispuso a dispararla hacia la humanidad del ángel.

Finalmente Seiya dispara la flecha pero Ícaro reacciona rápido, interponiendo el cuerpo del santo de Capricornio, el cual es atravesado en su corazón, unas grandes gotas de sangre caen al suelo del templo.

—Shura… ¿qué? ¿Qué hice? —se pregunta con desazón Seiya.

—Que patético son ustedes los santos, se matan los unos a los otros… —murmura Ícaro.

—¡Cállate miserable, la muerte de mi camarada no será en vano…! —exclama Seiya mientras mira el arco con los ojos desorbitados. —Perdóname, la victoria será en tu nombre Shura y es una promesa, arde cosmos, ¡COMETA DE PEGASO!

El ángel intenta evadir el cometa pero es alcanzado en su hombro, explotando la coraza que cubría esa parte del cuerpo, inutilizando su brazo, para caer luego duramente al piso, sin embargo pese a sus heridas se reincorpora, tomándose el hombro herido.

—Dime la verdad… ¿cómo pudo Marín haberte guiado hasta aquí? —pregunta fastidiado Seiya.

—No fue ella, fuiste tú… —contesta Ícaro.

—¿Qué?

—Es verdad que seguí a Marín hasta la Colina de las Estrellas, allí me oculté, luego solo te seguí…pero para tu desgracia los otros dos ángeles venían siguiéndome a mí…

—¿Por qué te seguían tus compañeros?

—El Olimpo siempre ha desconfiado de mis intenciones…

—Se ve que eres una persona de la que no hay que fiarse…

—¡No tengo que darte explicaciones de nada, reanudemos nuestro combate…VÓRTICE ELECTRICO!

El ángel empezó a intercambiar rayos entre sus palmas, formando una red eléctrica, la cual despidió con violencia contra Seiya, aprisionándolo.

—¡Nadie puede escapar del vórtice eléctrico, tus músculos se endurecerán y tus nervios colapsarán, serás mi primer sacrificio para los dioses, muere…ALTITUD MAXIMA!

Cientos de rayos impactan en el cuerpo del santo dorado, destruyendo una de sus alas y rasgando su armadura, rompiendo tres pilares consecutivos del templo de la cabra. Inesperadamente Marín aparece con un gran salto, ejecutando su destello del águila, él ángel aunque sorprendido logra defenderse de la poderosa patada. Shaina también aparece en el templo socorriendo a Seiya.

—¡Hermana no interfieras! —se queja Ícaro.

—No dejaré que tomes la vida de Seiya… —contesta a cortapisa Marín.

—¡Éste hombre es el hermano perdido de Marín! —piensa Seiya. —Huyan, es muy peligroso…

—¡Ahora yo seré tu rival, ESTRELLAS FUGACES!

Marín ataca con sus meteoros, quintuplicando la velocidad del sonido, pero el ángel evita cada uno de los golpes con pasmosa facilidad.

—Hermana, no voy a enfrentarme a ti…disculpa pero debo tomar la vida de Seiya, sólo así se me quitará la máscara que llevo puesta, tú puedes ser parte de los guerreros olímpicos…

—¡Espera Touma! ¿Por qué no peleas para nosotros? Lo que menos quiero es combatir contra mi hermano… —contesta Marín.

—Eso no es posible…yo pertenezco al cielo, solo después de ser libre y de que me sea retirada esta odiosa máscara podré tener libertad…

—¿Qué le habrá sucedido en el cielo? —piensa Marín sin comprender los dichos de su hermano.

—Yo fui un soldado del cielo, pero fui expulsado, me dieron otra oportunidad para redimirme…

—¿Qué ha pasado contigo? ¿Por qué peleas por el Olimpo? —pregunta Marín.

—Después que perdimos a nuestros padres Teseo vino por mí, me dijo que era la reencarnación de uno de los ángeles, de aquel que había querido volar hasta el Sol…Ícaro, sin embargo nunca pude apartarme de mis sentimientos mortales, del odio y la pena de haber perdido a mis padres…así fue que me juré a mi mismo sobrepasar cualquier sentimiento mortal y transcender para ser un dios…pero Apolo leyó mi corazón y temiendo de mis actos fui castigado en la prisión de la Luna durante algunos años, durante ese tiempo solo pude pensar en encontrarte, no pude despegarme de mi mortalidad…

—Aunque seas mi hermano si estás en el bando enemigo, no tengo opción que enfrentarte, para salvar la humanidad… —respondió Marín.

—La humanidad no tiene salvación…sean o no castigado por los dioses, siempre seremos presos de nuestros sentimientos, esa es nuestra ruina… ¿de que sirve un momento de felicidad si de todas maneras convivimos con la tristeza y la decepción?

—Que pena que pienses así, escúchame Touma, no te dejaré tomar la vida de Seiya… —se pone en guardia.

El ángel lanza unos círculos eléctricos a Marín, paralizando su campo de acción.

—¡Marín no quiero lastimarte, por eso voy a advertirte, si te mueves serás atacada por millones de volteos! La estática entumecerá tus músculos, dejándolos completamente paralizados y sufriendo un agudo dolor, ahora mujer… —dijo dirigiéndose a Shaina. —Apártate de mi víctima…

—¡Jamás abandonaré a Seiya! Lo protegeré así tenga que usar mi cuerpo como escudo…

—Que lástima…entonces ambos deberán morir. —murmura el ángel.

—¡Quién va morir serás tú…GARRA DEL TRUENO!

Shaina da un salto hacia su enemigo, intentando alcanzarlo con sus garras, pero el ángel atrapa el brazo de la mujer con su muñeca y luego la arroja contra un pilar.

—¡Shaina! —grita Seiya preocupado.

—Tranquilízate, sobrevivirá, deberías temer más por tu vida… ¡ALTITUD MÁXIMA!

—¡Eso no te servirá!

Seiya esquiva con gran agilidad la embestida del ángel y logra colocarse a sus espaldas, tomándolo de sus brazos para ejecutar otra de sus técnicas.

—¡DESTELLO RODANTE DE PEGASO!

El santo japonés se levanta por el aire, ejecutando una vertical y descendiendo mientras da giros sobre su eje, haciendo que el ángel golpee su cabeza contra el suelo fuertemente, su casco resulta destruido, la sangre se corroe por el suelo.

—¡Touma! —grita Marín.

El ángel se levanta con gran dificultad, pese a la herida en su cabeza, con fuerzas todavía para seguir combatiendo, mostrando gran valor.

—¡Eres muy persistente! —elogia Seiya.

—Estoy sorprendido ante el nivel que ha alcanzado tu cosmos durante ésta batalla, pero debo derrotarte a como dé lugar. —responde el ángel.

—¡No lo hagas Touma…morirás! —aconseja Marín.

El ángel no sigue las advertencias de su hermana y sigue con la idea de seguir combatiendo.

—¡ALTITUD MÁXIMA!

Ícaro se eleva en el cielo una vez más, cayendo con su puño al tiempo que lanza cientos de haces de luz, Seiya lo esquiva nuevamente y se dispone a tomarlo por la espalda, pero en ese momento el olímpico da un sorpresivo giro sobre sí mismo y toma del cuelo a su rival.

—¡Caíste en mi trampa…ELECTROCUAGULACIÓN!

Cientos de volteos eléctricos recorren el cuerpo de Seiya, hirviendo su sangre de una forma atroz y fatal.

—¡Detente Touma!

Marín se arroja contra su prisión eléctrica, intentando escapar de ella pero cientos de volteos recorren su cuerpo. El ángel mira atónico el esfuerzo de su hermana por ayudar a Seiya y ante el miedo de que su prisión eléctrica termine por asesinarla suelta a Seiya y libera a Marín.

—Marín, no se que conexión tienes con éste humano, pero no podría perdonarme que mueras por intentar ayudarlo…de todas maneras el no sobrevivirá…no se si estoy siendo piadoso o cruel al dejarlo en éstas condiciones, pero creo que ya no tengo nada más que hacer aquí, nos veremos después, espero…

El ángel alza vuelo y abandona el Santuario. Shaina, que acababa de reincorporarse, corre a donde se encontraba Seiya agonizante y Marín semiparalizada por la electricidad, con gran esfuerzo hace mismo.

Casa de Aries.

En la primera casa del zodíaco su guardián Mu y los santos de bronce se encontraban dialogando sobre los sucesos de la violenta guerra contra los ángeles.

—¡El cosmos de Seiya está desapareciendo! —manifiesta Shiryu.

—¡Creo que ya no podemos seguir esperando…éstos inesperados cosmos que aparecieron a último momento representan un gran problema! —expresa preocupado Hyoga.

—Aún hay santos dorados protegiendo sus templos, ya se ha extinguido el fuego de Capricornio… —susurra Mu con tranquilidad.

—Creo que lo más prudente sería que todos subamos… —musita Shun.

—No los detendré más si quieren hacerlo, yo no puedo abandonar Aries, no se sabe en que momento pueden venir más ángeles…

—Pero los invasores no han entrado en Aries… —contesta Shiryu.

—Eso ha sido tan solo una casualidad, aparentemente ingresaron a las doce casas siguiendo a Seiya… —musita el santo de oro.

—Entonces está decidido, iremos subiendo…aunque confío en que mi maestro y Afrodita de Piscis podrán detener a los invasores, no creo que venga mal algún refuerzo extra… —aduce el Cisne.

Los santos de bronce se ponen sus armaduras reparadas que lucían un nuevo y espléndido diseño, Shiryu carga sobre sus espaldas el cofre de la armadura de Pegaso y abandonan Aries.

Monte Olimpo.

El santo de Libra había dejado los hermosos campos florales de la diosa del amor y sorteó el templo de Venus, el cual se encontraba para su suerte vacío, el terreno repentinamente se había vuelto árido y rocoso, aunque en el horizonte se avizoraba un paisaje aún más lúgubre, opaco y gris, tras caminar varios metros más notó que el suelo ya no era de tierra y roca, sino de un oscuro metal, era todo hierro, entonces se dio cuenta de que había llegado al lugar donde Narciso le había indicado, el Desierto de Hierro.

En el cielo se vislumbra un objeto que volaba hacia el ateniense, tras unos momentos Dohko se da cuenta que el que se acercaba era una figura humana. El sujeto aterriza frente a Libra con una mirada desafiante, tenía una piel pálida y escamosa, ojos saltones y dientes pronunciados, largos cabellos negros y ojos amarillentos. Tras observarlo unos momentos, Libra reflexionaba para sí.

—Si lo ve Narciso se muere… —piensa Dohko al tiempo que se le escapa una risa.

—¿Quién eres? ¿Que buscas y de que te ríes?

—Soy un santo de Atenea, busco una audiencia con Hefesto…y me reía recordando a Narciso… ¿lo conoces?

—Yo soy Erictonio, uno de los ángeles y sí conozco al querubín que mencionas, debo decir que no comparto sus modos de moverse ni hablar, es un poco extraño…

—Ni que lo digas. Ya me has caído bien…

—Deja de bromear, en estos momentos algunos de mis compañeros están trenzados en un combate mortal con los tuyos… ¡por lo que es mí deber degollarte santo de Atenea!

—No creo que sea muy fácil que logres tu cometido… —contesta Libra mientras se pone en guardia para entablar combate.

Templo de Neptuno.

En el majestuoso templo de Poseidón, los ángeles estaban reunidos siguiendo la terrible guerra entre los suyos y los santos dorados, la cuál estaba llegando a su fin.

—¡Ícaro! ¿Será quiere traicionarnos? —se pregunta Belerofonte.

—Me parece que Ícaro está más confundido que nunca ahora que ha encontrado a su hermana, de todas maneras exterminó a Capricornio y a Sagitario… —aduce Ganímedes justificando su accionar.

—Pero falta tan solo tres horas para que el diluvio de Zeus sea detenido, Ícaro no debería haber abandonado el Santuario… —murmura Pólux.

—Hasta donde yo sé la misión del Santuario pertenecía a los cinco ángeles muertos, no sé qué hacen Teseo y Odiseo allí… —contesta Eneas.

—Teseo y Odiseo tenían la misión de seguir a Ícaro por su estadía al Santuario y creo que es de sentido común que si han logrado pasar la décima casa… —continúa Aquiles. —Ya deben completar la misión que no han logrado Agamenón y los demás…

—Me sorprende que Atenea no haya organizado una contraofensiva o acaso será que… ¿estamos pecando de ingenuos? —se pregunta Pólux.

—Es fácil averiguarlo, busquemos en el espejo de agua si hay algún intruso en el Olimpo… —explica Belerofonte.

El espejo muestra a Dohko y a Erictonio, a punto de comenzar una nueva batalla, en otro nuevo enfrentamiento entre los santos de oro y los ángeles.

—Tal como los suponía, no voy a seguir perdiendo el tiempo aquí… —susurra Aquiles.

—Despreocúpate, Erictonio acabará con él… —contesta Belerofonte.

—De todas maneras estoy aburrido de esperar, y si entró uno pueden entrar más, iré a la parte baja del Olimpo, haber si encuentro algo de diversión… —replica Aquiles y se marcha alzando vuelo, abandonando el templo de Neptuno, con deseos de terminar con su ansiedad.

Inesperadamente la batalla en el Santuario continuaba, pese a que los cinco ángeles que habían sido enviados habían muerto, la inclusión de nuevos guerreros mantenían latente la amenaza olímpica, dos ángeles se aproximaban al templo de Acuario, cuando faltaban tan solo dos horas para que se cumpliese el plazo para que Atenea pudiese acabar con el diluvio de Deucalión…