Capítulo 29: El laberinto legendario de Creta.
La última guerra santa seguía su curso, en la batalla que se desarrollaba en el Santuario ya se había extinguido el fuego de Capricornio y con éste, la vida de Shura, mientras que la de Seiya pendía de un hilo, Marín y Shaina se encontraban con él.
Otros ángeles estaban próximos a llegar al templo de la urna preciosa, se trataba de Teseo y Odiseo, quienes habían escapado milagrosamente del último excálibur del extinto protector de la décima casa.
Mientras tanto, Dohko de Libra en su periplo por el Olimpo se había topado con Erictonio, un ángel de Zeus, la batalla era inminente.
Por su parte Alkes acababa de llegar a la casa del centauro, tratando de salvar la vida de algunos de los santos dorados.
Templo de Sagitario.
El santo de Crateris se encontraba en la puerta de la novena casa, había sanado las heridas de Aioria de Leo y Shaka de Virgo horas antes.
—Pese a lo signos de batalla en Escorpio, no hallé a nadie… —pensaba mientras entraba. —Parece que todos estaban aquí… —dice mirando fijamente en el interior del templo, divisando tres bultos que bien podrían ser cuerpos y se interna en el lugar, viendo los cadáveres de Ajax, quien yacía con su torso dividido en una diagonal desde el centro del pecho al hombro y Agamenón, lleno de huecos, en un charco de sangre, con la piel pálida y la carne seca, a su vez había un tercer cuerpo, sin cabeza. —El era Milo de Escorpio, eras de los afortunados que habían tenido el privilegio de renacer y por segunda vez entregaste tu vida en el nombre de Atenea y la justicia… —susurra mirando a un costado del suelo despejado, extiende su brazo apuntando su palma allí, un rápido ken abre un hueco, una tumba. —Te daré digna sepultura, es todo lo que puedo hacer… —dice mientras lo alza en sus brazos y lleva ceremonialmente su cuerpo hacia su lecho. —con su cosmos cubre de nieve y hielo el sepulcro.
Monte Olimpo.
Desierto de Hierro.
El suelo estaba hecho totalmente de hierro, que conformaban pequeñas dunas, montículos e inclusos cerros, así como planicies, la temperatura era extremadamente baja, el frío del lugar era abrumador, allí dos poderosos guerreros, uno investido con la armadura dorada de Libra y el otro portando una gloria angelical.
—Así que tu nombre es Erictonio, no hay dudas entonces, eres la reencarnación del primer rey de Atenas…el semidiós hijo de Hefesto… —expresa Dohko.
—Vaya, sabes de mí…evidentemente conoces los mitos. —contesta Erictonio.
—He tenido mucho tiempo para estudiarlo, estoy próximo a cumplir doscientos sesenta y dos años… —dice sonriente Dohko.
—Tanto madurar haz de estar podrido…
—Quizás… ¡podrido de experiencia! —dijo presumiendo el santo dorado.
—¡Vamos a probar que tanta experiencia tienes en combate y ahí sabré si eres un chiquillo mentiroso o un viejo inútil…!
El ángel celestial se abalanza sobre Dohko y lanza varias patadas que al ser efectuadas despiden una chispa de lava, sin embargo son cuidadosamente esquivadas por Libra.
—Interesante Libra, has sido capaz de evitar mis primeros golpes…
—Es un enemigo muy peligroso, sus piernas son como el magma que al salir de la superficie se convierten en lava… pero no creas que solo estaré defendiéndome. ¡DRAGÓN NACIENTE!
Erictonio pega un veloz salto con el que consigue evadir la técnica del enemigo, exhibiendo su enorme destreza.
—Mi dragón naciente no fue efectivo…
—¡No me impresionas! —contesta Erictonio con una tétrica sonrisa.
Templo de Neptuno.
En el palacio olímpico que pertenecía al señor de los mares, los ángeles observaban asombrados lo sucedido.
—Así que de eso se trataba la ausencia de Teseo y de los demás… —murmura por lo bajo Belerofonte.
—Creo que en lo que va de ésta guerra nos han demostrado que no debemos subestimar a los santos… —saca su conclusión Jasón mientras cruza sus brazos.
—Apenas quedan unos pocos… —susurra Ganímedes.
—Pero ellos siguen siendo más… —continúa Pólux. —El tiempo casi se ha terminado, a este paso Atenea detendrá el diluvio.
Entrada al templo de Acuario.
El ángel Odiseo trastabilla llegando al templo de Acuario, sus dos piernas sangran, sin hacer caso al dolor camina junto a Teseo hasta entrar al templo. El aire era muy distinto, una brisa suave corría helando los huesos.
—¿Quién perturba la tranquilidad del onceavo templo? —resuena una voz, una silueta se acerca desde el ensombrecido pasillo.
—Somos los ángeles del Olimpo, venimos por la cabeza de Atenea… —dijo Teseo con seguridad.
El santo dorado camina unos pasos hacia adelante y se para de modo imponente, mostraba un ánimo imperturbable y un rostro inexpresivo.
—Soy Camus de Acuario, custodio de este templo, la única forma de salir con vida es retrocediendo o asesinándome…
—¡Entonces la opción ya está tomada! —contesta Teseo arqueando la ceja.
—¡Espera! Yo me enfrentaré a éste santo dorado… —dice Odiseo adivinando las intenciones de su compañero de iniciar el combate.
—No. Te debo la de hace un momento, tú salvaste mi vida arriesgando la tuya… —replica Teseo.
—De acuerdo, ten cuidado, el santo de Acuario es conocido como el mago del hielo… —advierte Odiseo, mostrando sus conocimientos acerca de los rivales.
—Descuida, sé cómo enfrentarlo… ¡CINÉTICA DE LA LUZ CÓSMICA!
Teseo junta sus manos y al separarlas crea una esfera lumínica azul, con agilidad suelta la esfera en dirección a Camus, pero cuando el impacto era inminente el ataque se desarma hasta desaparecer.
—Ha congelado la cinética de la luz cósmica antes que siquiera lo tocara, este hombre, estoy seguro que tiene un poder similar a Ganímedes… —pensaba Odiseo, quién se preparaba para avanzar a Piscis.
—Les aconsejo tomar la salida y regresar al Olimpo, escoger lo contrario sería un suicidio… —dice un serio Camus.
—Ningún santo osará burlarse de los ángeles, toma esto… ¡LABERINTO DE CRETA! —grita Teseo.
Un inmenso laberinto circular se levanta sobre el templo de Acuario, conformado por rocas sólidas en un camino que invitaba a la desorientación perpetua, Camus mira desconcertado, pero sin amedrentarse se prepara para atacar.
—¡POLVO DE DIAMANTES!
El santo de oro lanza un golpe al aire con su puño derecho, liberando de él un aire congelante, en dirección a donde se encontraba Teseo, el cual gira como si estuviera danzando y curva el polvo de diamantes, regresándolo hacia su ejecutante. Camus resulta congelado por su propio ataque, pero rápidamente rompe el hielo que lo envuelve sin presentar heridas.
—¡Odiseo sigue a Piscis, yo me haré cargo del santo dorado!
Camus intenta buscarlos desesperadamente en el laberinto, pero Odiseo avanza hacia la salida sin dificultades, el confundido santo de oro francés enciende su cosmos y la temperatura baja abruptamente al tiempo que la brisa se convierte en ventisca, inundando cada pasillo del laberinto, el ángel Teseo aparece repentinamente atrás de su enemigo.
—¡Recibe mi CINÉTICA DE LA LUZ CÓSMICA!
Teseo embiste ferozmente a su enemigo con una luz morada, éste último es golpeado y arrojado al otro extremo del pasillo. Al incorporarse con dificultades mira hacia atrás y ve que su rival ha desaparecido, Camus está perdido en el laberinto.
—Esto no bastará para atravesar la onceava casa…
El santo de Acuario eleva su cosmos y hace que una fuerte ráfaga de hielo congele la entrada y la salida con dos gruesos muros de hielo, el cuál tiene la fortaleza propia de lo hielos eternos de Siberia.
—¡Ahora probarás otras de mis técnicas, ENFOQUE DE LA LUZ PLASMÁTICA!
El cosmos de Teseo se eleva y reflejos de la luz se visualizan en el aire, los cuales destellaban en dorado, una vez que se enfocaron, un potente rayo de luz ardiente sale disparada en dirección al santo de Acuario, que intenta congelar el rayo, pero su hielo se evapora al inmediato contacto, finalmente el ateniense intenta evadir sin éxito el ataque, le golpea en su brazo cuando éste ensayaba un medio giro, el impacto lo arroja al extremo de otro pasillo del laberinto, su brazo presenta tremenda quemaduras y su hombrera está parcialmente derretida.
. . .
Mientras que por otro lado, el ángel Odiseo llega al final del templo, pero se encuentra con el muro de hielo y su primera reacción es golpearlo con toda su fuerza, lanza un potente ken pero no logra ni siquiera rasgarlo, entonces reflexiona sobre los conocimientos que tiene sobre el santo de Acuario, intenta descubrir una forma de romper el muro de hielo.
—¿Cuál es la estrategia que debo adoptar?
. . .
Al mismo tiempo, en el otro sector donde se desarrollaba el combate, un maltrecho Camus no encuentra la forma de combatir al ángel Teseo, el laberinto le da la ventaja de moverse libremente a su oponente. Acuario se pone a reflexionar porque el ángel puede moverse libremente en el laberinto.
—¡PLUMAS GLORIOSAS DEL OLIMPO!
El ángel materializa unas alas blancas, las cuales agita al tiempo que se convierten en miles de luces en un tono amarillo dorado, los haces de luz se precipitan sobre Camus, el cual recibe heridas en todo su cuerpo.
—Te das cuenta de la diferencia entre tú cosmos y el mío, estas luces apagarán tu cosmos y morirás, pero voy a ahorrarte la agonía, te mataré ya mismo. ¡FURIA DEL MINOTAURO!
Teseo extiende la palma de su mano derecha hacia adelante y detrás de su espalda emerge un enorme poderosa energía que forma la imagen de un temible y aterrorizante ser, cuerpo mitad hombre, mitad toro, el cual avanza endemoniadamente hacia el santo de oro.
—Todavía no has visto todo mi cosmos… ¡POLVO DE DIAMANTES!
El santo dorado con mucha dificultad aprieta su puño derecho y lo extiende rápidamente, un fuerte viento glacial con millones de cristales de polvos de diamantes logra congelar la figura cósmica del Minotauro.
—¡Ha logrado sellar mi técnica...! —dice asombrado Teseo. —De todas maneras estás condenado… —susurra invadido por una posterior tranquilidad.
—Recibe el viento que lo congela todo… ¡POLVO DE DIAMANTES!
El santo de oro de un veloz puñetazo hacia adelante, disparando un portentoso y congelante viento, pero el ángel desaparece entre los muros y el ataque congela los mismos. El guerrero del cielo aparece por detrás de Camus y empieza a golpearlo con varios golpes a la velocidad de la luz.
El santo de oro intenta defenderse y utiliza el polvo de diamantes a quemarropa, pero el ángel lo evade y aparece repentinamente arriba de él.
—¡Ahora probarás tu propia técnica, POLVO DE DIAMANTES! —exclama Teseo imitando la técnica de su enemigo.
El santo dorado queda congelado como si fuera una estatua de hielo, pero logra descongelarse rápidamente.
—¡Primero me lo ha regresado y ahora ha ejecutado el polvo de diamantes…! —exclamó sorprendido Camus.
—Yo puedo apoderarme de la técnica de mi enemigo, es inútil que combatas conmigo, muere de una vez…
—Lo recuerdo, el Teseo del mito podía imitar la técnica del enemigo con solo verla, pero estoy acostumbrado a mi aire frío, no representa ninguna amenaza para mí…por lo que no es una ventaja a tu favor…
—No necesito usar tus técnicas para vencerte… ¡ENFOQUE DE LA LUZ PLASMÁTICA!
El cosmos del ángel se eleva y reflejos de luz se visualizan en el aire, los cuales destellaban en dorado, una vez que se enfocaron, un potente rayo de luz ardiente sale disparada en dirección al francés, el cual lo esquiva deslizándose, tras haber congelado el suelo del laberinto, hasta llegar a las piernas de su enemigo, con su cosmos comienza a congelar sus extremidades.
—¡Estúpido no lograrás nada, PLUMAS GLORIOSAS DEL OLIMPO!
Teseo materializa unas alas blancas, las cuales agita al tiempo que se convierten en miles luces en un tono amarillo dorado, los haces de luz se precipitan sobre el santo de oro. El cosmos del guardián del onceavo templo congela la luz, que termina por ser despedazada.
—Esta es una técnica que nunca podrás copiar, la última técnica de los santos de hielo… ¡EJECUCIÓN AURORA!
El ángel recibe el aire congelante al tiempo que grita del dolor, se desprende del suelo y choca contra un muro congelado, la gloria queda trizada en todas sus partes y un costado de su pecho, junto con su hombrera están destruidas, sin embargo con mucha dificultad se pone de pie, dolorido y sorprendido por el daño recibido.
—Este hombre ha sido capaz de destruir mi gloria con un solo golpe, nadie me había llevado tan cerca de la muerte… —piensa Teseo. —Tu técnica es tremenda, pero no ha sido suficiente para acabar conmigo.
—Eres un formidable enemigo Teseo, mereces el título de ángel, solo una persona hasta ahora había sobrevivido a mi técnica… —manifiesta Camus recordando a su discípulo Hyoga.
—No me compareces con otros enemigos, yo soy distinto a cualquiera a quién te hayas enfrentado antes…soy un ángel, un ser del Olimpo…la reencarnación de aquel mítico guerrero que supo ser bendecido por Atenea y descendiente del linaje de Zeus…
—Conozco mortales que han sido capaces de vencer a los dioses, dime ángel, ¿tú serías superior a ellos? ¿Los ángeles son capaces de conseguir milagros?
—¿Te refieres a los herejes que han condenado a la humanidad?
—La humanidad no está condenada, me refiero a los niños que hicieron temblar al Olimpo…
—¡Irreverente pecador!
—Escucha Teseo, yo he regresado de la muerte solo para ayudar a proteger a la humanidad, mi misión ahora es derrotarte a como dé lugar…con ello ayudaré a que Hyoga y los demás, a los que tanto temen tus dioses, tengan la oportunidad de salvar ésta Tierra…
—Pese a ser mis enemigos debo reconocer su valor, no por nada han caído mis camaradas…pero deben resignarse, no podrán vencer al Olimpo, nuestro poder bélico es inigualable…
—Con fe y esperanzas conseguiremos el milagro.
El santo de Acuario enciende su cosmos a su máximo, poco a poco el campo de batalla comienza a congelarse, bajando la temperatura de forma atroz.
—Que viento helado… ¿será que el aire de Camus de Acuario es tan frío como el de Ganímedes…? —piensa Teseo.
—Aunque muera congelaré todo tu cuerpo, tus átomos dejarán de tener actividad, se detendrán por completo. —contesta Camus con inexpresividad.
—¡Lo acabaré antes de que puedas disparar tu técnica nuevamente!
El ángel enciende su cosmos para apaciguar el intolerable aire frío de Camus, pero al hacerlo descubre que su gloria esta totalmente congelada.
—Es imposible…mi gloria ha sido congelada súbitamente…
El guerrero del Olimpo eleva su cosmos a un nivel infinitamente mayor, el santo de oro retrocede abrumado por el nivel del enemigo.
—¡Este será el último ataque! —expresa Teseo.
—Tu armadura ya no te protege, con solo moverte se quebrará… —replica Camus.
—Tú peleas para evitar lo inevitable, yo peleó para que el plan evolutivo siga su curso, y al igual que tú, lo entregaré todo por mi objetivo, así tenga que pelear sin mi armadura… ¡ENFOQUE DE LA LUZ PLASMÁTICA!
El cosmos del ángel se eleva y al hacerlo su armadura se despedaza y cae al piso, sin embargo su técnica no se detiene y su cosmos arde infinitamente. Reflejos de la luz se visualizan en el aire, los cuales destellaban en dorado, una vez que se enfocaron, un potente rayo de luz ardiente sale disparada en dirección al ateniense.
—¡EJECUCIÓN DE AURORA!
Al mismo tiempo, Camus de Acuario levanta sus brazos sobre su cabeza, entrelazando sus dedos y conformando una vasija, luego baja los brazos a la altura de su pecho y dispara un potente torrente de aire congelante.
Las dos técnicas se atraviesan sin disminuir la potencia la una de la otra, el enfoque de luz plasmática no se ve afectada por la corriente de aire helado, así como ésta última no detiene su marcha. El resultado de la colisión tiene a Teseo convertido en una estatua de hielo y al santo de oro con una perforación en el pecho. La estatua se triza volviéndose añicos y el cuerpo del ángel cae al piso con la piel blanca cristalizada y el cabello blanco, el santo de oro le sigue en su camino al suelo, ya no tiene aliento ni pulso, su muerte ha sido instantánea, no obstante su herida no sangra, ya que ha sido cauterizada por el mismo calor de la técnica que la produjo.
Monte Olimpo.
Templo de Neptuno.
Los ángeles que se encontraban reunidos observando la batalla a través del espejo de agua, estaban sorprendido por el desenlace del combate en el onceavo templo.
—¡Teseo…! —se lamenta Belerofonte.
—Camus de Acuario…eres digno merecedor de la armadura de oro… —murmura Ganímedes elogiando al santo de oro.
—Ha terminado sepultando a Teseo a cambio de su vida. —susurra Pólux.
—Odiseo, no debes ser derrotado… —dice Eneas con una tensa preocupación en su angelical rostro.
Salida del templo de Géminis.
Los santos de bronce que se habían lanzado al recorrido de las doce casas avanzaban a gran velocidad y acababan de salir del tercer templo, en ese momento una estrella fugaz cruza la noche, en dirección a la constelación de Acuario.
—¡Maestro, nuevamente se ha ido, siempre dando el ejemplo de cómo debe caer un santo que lucha por la justicia! —se lamenta entre lágrimas el Cisne, orgulloso de Camus.
—¡Shura y Camus han caído llevándose consigo a un ángel, ellos nos están abriendo el paso! —exclama Shiryu agradecido por los sacrificios de los santos de oro.
—No vamos a defraudarlos, debemos reunirnos con Saori… —susurra Shun mientras se apresura corriendo.
Desierto de Hierro.
El reñido combate entre Dohko y Erictonio continuaba su curso, sus cosmos eran igualados.
—¡Lamentarás cruzarte en mi camino…DRAGÓN VOLADOR!
El santo de Libra se arroja sobre su enemigo con su puño derecho extendido, emulando un dragón verdoso de energía, el ángel es golpeado, cayendo pesadamente al suelo, su casco es destruido.
—Jamás seré vencido por algo así… —dijo Erictonio mientras se pone de pie sin muchas dificultades.
—Su cosmos está creciendo… —pensaba Dohko.
—Ahora es mi turno Libra, ¡morirás! ¡CALAMIDAD APOCALÍPTICA!
Erictonio pone sus dos manos como una cruz, haciendo surgir del suelo magma, de pronto la lava empieza a levitar, finalmente luego de extender sus brazos hacia adelante expulsa la lava que se arremolina atacando al santo.
—¡No es posible…seré calcinado!
Dohko saca sus dos escudos de Libra y los interpone en la trayectoria del ataque, la salpicadura de la lava comienza a derretir las armas defensivas, hasta que una gota cae sobre el ojo derecho del ateniense, quien suelta un horrible grito de dolor.
—¡Te ha salvado tu escudo, de lo contrario no solo tu ojo sino tu vida habrían sido arrebatadas…! —manifiesta Erictonio.
—Tu técnica es realmente temible…has sido capaz de derretir los escudos de Libra, los cuales son las armas más poderosas entre la armada de Atenea…
—Sin tus escudos estás indefenso…
Dohko corta una parte de la tela de su pantalón para taparse su ojo herido, el cual ya no podía ver.
—No me subestimes Erictonio, elevaré mi cosmos a su máximo nivel y eso significa que te derrotaré.
—¡Guarda silencio y muere…CALAMIDAD APOCALÍPTICA!
El ángel ejecuta un veloz movimiento casi imperceptible, el cual expulsa un poderoso remolino de lava sobre su enemigo, quién ya sin sus escudos podía ser calcinado en piel y hueso, lo que significaría una muerte segura.
—¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
El santo de oro chino extiende sus dos manos hacia el frente, generando grandes haces de luz verde, que emulan la fuerza de feroces dragones, los cuales logran contrarrestar la técnica de su enemigo, quien es golpeado en todo su cuerpo, hasta caer al suelo con violencia, su gloria resulta agrietada en diversos puntos.
—No puede ser… —dijo Erictonio con voz entrecortada en el suelo.
—¡Tengo que abrir la caja de Pandora y lo haré aunque me cueste la vida!
Repentinamente alguien cae del cielo de manera imponente, un cosmos está exuberante de orgullo y vanidad.
—¿Quién eres? —pregunta Dohko en guardia.
—¡Aquiles! —dijo Erictonio poniéndose de pie.
—Aquiles… —susurro el santo de oro recordando las leyendas sobre el ángel que había descendido del templo de Neptuno.
—Así que un santo de oro se ha atrevido a pisar estos suelos sagrados… ¡te arrepentirás por tu osadía! —exclama Aquiles.
—¡Espera Aquiles…él es mi enemigo! —se queja Erictonio.
—¡No me provocas ningún miedo…uno o dos ángeles me resulta igual!
—¿Crees que podrás luchar contra dos ángeles al mismo tiempo? Deja de decir idioteces…atrás Erictonio, no te quedarás con toda la diversión tú solo…
Casa de Capricornio.
Seiya se encontraba inconsciente en los brazos de Shaina, su respiración era demasiado lenta, apenas perceptible, era cuestión de minutos antes de que su corazón se detenga.
—¡Resiste Seiya! —arengo Marín.
—¡Un cosmos se aproxima…! —advierte Shaina con preocupación.
Una silueta aparece delante de los presentes, se trataba del santo de Copa.
—¡¿Aún respira?! —pregunta Alkes.
El joven santo de plata recién llegado abre la caja de su armadura, con la esperanza de sanar las fatales heridas del santo, quién había luchado batallas mortales contra Ajax, Agamenón y por últimos contra Ícaro.
—Respira, pero cada vez con más dificultad… —balbuceo Marín con miedo.
El santo de Copa logra darle de beber el agua del tótem, repentinamente la respiración de Seiya se normaliza y éste abre sus ojos, las heridas han sanado gracias a la misteriosa cualidad de la armadura de plata.
—¡Shaina, Marín, Alkes! ¿Dónde está Touma? —expresó Seiya con la voz cansada.
—Ha abandonado el Santuario y al parecer en Acuario ha caído otro ángel… —explico su maestra.
Mientras Seiya se reincorporaba, todos los presentes de la casa de Capricornio se disponían a avanzar tras el último ángel, mientras éste se acercaba a la última casa, donde le aguardaba Afrodita, el fuego de Acuario aún estaba encendido, aunque se había mermado bastante, quedaba poco más de una hora para que Atenea pudiera poner fin al diluvio de Deucalión.
