Capítulo 30: La belleza del honor.
El desenlace de la invasión de los ángeles era inminente, el último de ellos estaba a los pies del doceavo templo. Odiseo entra al templo de Piscis después de ver que el reloj de fuego aún conservaba algunas llamas en Acuario y se sorprende al ver el hermoso jardín que hay en la entrada, luego se acerca a una de las hermosas rosas y está a punto de tocarlas pero se detiene, percibiendo el veneno de las flores, decide adentrarse para enfrentar al guardián del templo.
Templo de Piscis.
Al llegar al centro del templo, un hermoso joven está sentado en una elegante posición, arriba de una estatua de dos Peces, con una rosa en su boca. Al sentir la presencia del invasor el último guardián abre los ojos y con calma en sus palabras se dirige hacia él.
—Yo soy Afrodita de Piscis, es admirable que hayáis llegado tan lejos como el templo de los peces gemelos…pero detendré tu paso, remendando el nombre de Piscis, quiero ser recordado con una bella victoria…
—Es un hombre muy hermoso, se parece a los querubines… —pensaba el ángel. —Gracias por tus palabras, soy Odiseo, eres un temerario al usar tus palabras, tu confianza será tu perdición…
—Te conduciré a una bella muerte en donde no existirá el sufrimiento… ¡ROSAS DEMONÍACAS REALES!
El santo de oro sostiene con su mano derecha una rosa roja, que al lanzarla es acompañada por miles de ellas, que parecen surgir de la nada a su alrededor, éstas avanzan sobre Odiseo, pero éste extiende la palma de su mano izquierda hacia adelante, pronto las rosas demoníacas se detienen súbitamente, luego las acumula en sus propias manos y las arroja hacia su ejecutante, el cual cae duramente, su casco vuela a varios metros de él.
—Esas rosas no me causan miedo…tendrás que usar otro truco si pretendes detenerme como dijiste, no olvides que te enfrentas a un ángel…
—Este ángel es muy fuerte… —dice Afrodita reincorporándose. –Pero todavía no te has salvado de las rosas…
Repentinamente varias rosas rojas crecen en el suelo, alrededor del ángel, emanando un hermoso aroma mortal.
—Las regresaré… —susurra con una sonrisa Odiseo.
El ángel atrae con su cosmos las rosas, pero cuando esto sucede, cientos de espinas empiezan a crecer hasta aprisionar sus ya lastimadas piernas.
—Ya has caído en mi trampa, estos rosales no te dejarán jamás y mientras más intentes quitártelos más se incrustarán en tus piernas…
Odiseo intenta liberarse y nota que las espinas se entierran más en sus carnes, se queda quieto y medita unos segundos, relaja su cuerpo, su mente y su espíritu, al cabo de unos segundos las espinas por si solas sueltan sus piernas, bate sus alas y se eleva sobre el sendero de espinas.
—¿Cómo lo ha hecho? —pregunta Afrodita mientras su cara se tensa llena de preocupación.
—Tu técnica es muy interesante, pero tus rosales solo se prenden al percibir energía y movimiento, basta con quedarse quieto y relajarse para que te suelten… —explica Odiseo. —Ahora veamos una técnica de verdad… ¡TORMENTO PSICOTRÓPICO DEL DESVENTURADO!
El guerrero celestial junta las palmas y al separarlas sopla entre ellas, apareciendo un humo verdusco que se expande por toda la casa.
—¿Qué es esto? —exclama Afrodita con miedo.
—¡Al inhalar este humo, tu mente desvariará y no distinguirás la verdad de tus propias fantasías!
De repente un enorme cíclope se abalanza sobre Afrodita, lo aprisiona de sus brazos, el dolor era insoportable, su columna estaba a punto de romperse, finalmente un estruendoso ruido de quebraduras prosiguió a la destrucción de su columna vertebral, la armadura es hecha añicos. El santo de oro cae arrodillado, pero luego se da cuenta que todo era una ilusión.
—¿Qué es lo que me has hecho…? —interroga Afrodita.
—Ya te lo dije, ahora no sabrás distinguir lo real de lo falso…
—¡Calla descarado, como te atreves a hacerme sentir tanta fealdad, no te lo perdonaré, ROSAS DEMONIACAS REALES!
Cientos de rosas envenenadas son liberadas de las manos del santo de Piscis a la velocidad de la luz, pero a mitad de camino de dar alcance al ángel, estas se detienen abruptamente y éste utiliza su cosmos para regresarlas, las rosas impactan en su ejecutante, pero este al recibirlas sonríe, luego de mantenerse en pie.
—No puedes usar mis propias rosas sobre mí, soy inmune a su veneno… —explica Afrodita.
—Lastima para ti, tu muerte hubiera sido más placentera si morías en tu hechizo, ahora tendré que hacerlo por las malas…
El ángel saca un arco de plata, el mismo que había utilizado Hércules en la época del mito, logrando en los tiempos antiguos acabar con los poderosos gigantes.
—Este es el divino arco capaz de derrotar a los gigantes hijos de Gea y el mismo que utilicé para destruir el muro de hielo del santo de Acuario…
—¡Destruyó el muro de Acuario! ¡El cual no pueden romperlo ni varios santos dorados…! —retrocede atemorizado el mas hermoso de los ochenta y ocho santos.
—Así es, este no es un arco ordinario, considérate afortunado por morir bajo sus flechas…
Odiseo tensa su arco y apunta la flecha a su objetivo, al instante ésta es disparada hacia él Afrodita, el cual intenta evadirla pero esta se incrusta en su hombro, explotando la hombrera de su armadura dorada, con mucho dolor saca la flecha y un chorro de sangre la precede.
—Admiro tu valor, pero estas cometiendo una insensatez, nadie puede resistir a mi arco, entre más te resistas más sufrirás, déjate alcanzar en tu corazón y llegarás sin dolor al mundo de los muertos…
—No puedo ser vencido, no quiero volver a soportar la fealdad de la derrota…ésta vez tengo un buen motivo para conseguir una bella victoria, solo así podría soportar el tormento del Infierno, al cual debo regresar… ¡ROSAS PIRAÑAS!
Incontables rosas negras se abalanzan sobre él ángel, pero el resultado es el mismo que con las rosas rojas, todas quedan detenidas a mitad de trayecto y nuevamente son arrojadas hacia Piscis, el cual es dañado gravemente y arrastrado hacia atrás.
—¡Deja de lastimarte, ríndete o morirás! —exclamó Odiseo.
—Ya te dije que no pienso darme por vencido, pelearé hasta que la muerte me alcance, no vine de nuevo a este mundo a perder, voy a ser un hermoso ganador…
—Todavía no lo comprendes, una vez que mi técnica te alcanza, serás preso de ella hasta la locura, apuesto a que no falta mucho para que escuches cantar a las sirenas… —dice sonriendo el guerrero celestial, anticipando su siguiente artilugio.
—¿Qué estas diciendo? La bellaza de las sirenas no se compara con la de mi rosa más hermosa, la rosa sangrienta… —responde Afrodita con su característico narcisismo.
El santo de oro saca la rosa blanca, pero empieza a sufrir nuevamente los efectos de la ilusión, escuchando esta vez los cantos de las sirenas, las cuales se sienten encantadores.
—Que música tan hermosa, será acaso ésta la canción de las sirenas…
La hermosa música repentinamente se vuelve aterradora e insoportable, pareciera que los tímpanos de Afrodita iban a estallar, de un momento a otro todo desaparece, sus únicos daños reales siguen siendo la flecha y las rosas negras.
—¡Te lo dije, no puedes discernir lo real de lo imaginario, me apenas, afronta tu muerte!
—¡No! Mis camaradas están arriesgando su vida, ¡ROSA SANGRIENTA!
El santo de oro lanza su rosa blanca, pero Odiseo la detiene con su energía y luego la regresa. La rosa sangrienta terminar por clavarse en el pecho del propio Afrodita, pero éste pese a sus heridas eleva su cosmos y cientos de rosas rojas y negras empiezan a crecer en el templo de los peces gemelos.
—Estás condenado, esta batalla ha terminado… —musitó Odiseo.
—Aún con la rosa blanca clavada en mi corazón debo seguir en pie…todos mis compañeros han luchado valientemente ofreciendo sus vidas, y eso es hermoso, incluso es más bello que la victoria, dar su vida por lo que creen, lo entendí luego de haber muerto a manos de Andrómeda…
El santo sueco observa la sangre que corre por su cuerpo, causado por las heridas de sus rosas negras, comprendiendo que su vida se estaba extinguiendo, pero sabía que tenía un as en la manga.
—¡Mi sangre es el veneno más letal que existe y cuando fluye fuera de mí ser se encuentra a mi disposición, ESPINAS CARMESI!
La sangre de Afrodita surge del suelo y la piel, se disuelve en miles de moléculas que adaptan las formas de cientos de espinas, la cuáles se abalanzan sobre su rival, este intenta detenerlas pero no puede, son demasiadas, millones, las espina se incrustan en su cuerpo, el ángel mira un poco confundido a su rival. Piscis sonríe.
—¡Ahora ambos estamos condenados, mi veneno terminará contigo, es solo cuestión de tiempo!
—¡Ya veremos que tanto me afecta tu veneno, tú te has convertido en una molestia, ahora morirás!
El ángel olímpico saca tres flechas de su carcaj y se dispone lanzarlas en un solo disparo, la rosa blanca en el pecho de Afrodita empieza a tomar color carmesí, pero su cosmos es más intenso y el jardín aún más frondoso.
—¡Es tu fin…!
Odiseo dispara la flecha, pero ciento de rosas son expulsadas del jardín en dirección a este, la flecha desaparecen repentinamente como si hubieran sido tragadas por un agujero negro.
—¿Qué es esto que ha pasado?
Otra figura con armadura dorada aparece en escena, tiene dos rostros al lado de su cabeza, mostrando la ambivalencia de su signo.
—¿Quién eres tú entrometido? —preguntó Odiseo.
—¡Yo soy Saga de Géminis!
—¡Se supone que Piscis es el último santo de oro!
—Estaba en el salón del Patriarca, pero ya estaba aburrido de tanto esperar…
—¿Qué hiciste con mis flechas?
—¡Recorrerán una dirección infinita, han sido enviadas a otra dimensión!
—¡Eso es ridículo!
—No importa lo que digas, de todas maneras ha sido una pérdida de tiempo bajar hasta aquí, tú ya estás muerto…
—¿Muerto dices?
En ese momento Odiseo nota una rosa blanca clavada en su corazón, pensaba que había podido evadir todas las rosas que surgieron del suelo, pero una lo había alcanzado sin que él se percatara de ello.
—¡No es posible….!
—Subestimaste el orgullo de Afrodita, su esfuerzo no será en vano… ¡OTRA DIMENSION!
El espacio y el tiempo se distorsionan alrededor del ángel, el cuál es arrojado a un extraño sendero infinito.
—Pronto la rosa blanca terminará con tu vida, pasarás tus últimos minutos vagando por el universo, ésa será tu tumba…
El santo de Géminis se acerca a Piscis, sabe que a su camarada no le queda mucho tiempo de vida.
—¡Afrodita! Resiste…
El santo del tercer templo utiliza en Afrodita el Kishi–Kasei, una técnica que sirve para detener la hemorragia.
—Con esto tus heridas se cerrarán… —susurra el griego.
—Es demasiado tarde para eso Saga… —dijo Afrodita en su agonía.
El Santo de Géminis mira el pecho de su camarada y advierte la rosa sangrienta, la rosa blanca que ya se convirtió en rosa carmesí.
Casa de Leo.
Los santos del Cisne, Andrómeda y Dragón se encontraban conversando con Aioria, el cuál se había recuperado de sus terribles heridas tras los combates contra Ajax, Agamenón y Edipo, todo gracias a la armadura de plata de Copa.
—Aioria, deberías venir con nosotros… —expresa Hyoga.
—Es lo que mas deseo, pero el Patriarca ha ordenado que no abandonemos nuestros templos, en cualquier momento pueden aparecer más enemigos, y Atenea nos ha dicho que confiemos en el Patriarca…
—De acuerdo Aioria, nosotros iremos de todas maneras… —manifiesta Shiryu.
—Sigan su curso, ustedes son libres de pasar por el templo del león, sin embargo creo que a quién perseguían ya no existe… —dijo Aioria percibiendo lo sucedido en la casa de Piscis.
—La presencia del ángel ha desaparecido al igual que la de Afrodita… —acota Shun.
—De todas maneras creo que es mejor que sigamos subiendo… —sentencia el Cisne.
Los santos de bronce abandonan la casa de Leo, para dirigirse a la casa de Virgo.
Monte Olimpo.
Desierto de Hierro.
El santo de oro de Libra se disponía a combatir contra Aquiles, quién había reemplazado a Erictonio en la pelea que estaban sosteniendo.
—¡No vacilaré ante nadie…LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
Enormes haces de luz verde que emulaban feroces dragones atacaban con sus colmillos, el ángel se mueve en forma horizontal, esquivando uno a uno los dragones.
—¡Interesante técnica…pero no resulta contra alguien como yo! —elogia el vanidoso Aquiles.
—¿Cómo puede ser posible? Ha esquivado los cien dragones…
—¡Ahora te mostraré mi poder…RAYOS GAMMA!
El cuerpo del ángel despide un aura celeste y extendiendo su mano derecha despide grandes rayos de luz de color azules, el santo de oro da un acrobático salto hacia atrás pero resulta alcanzado por el ataque y cae violentamente al suelo.
—¡Que velocidad tiene…!
El santo de oro se pone de pie sin tantas dificultades, para seguir combatiendo, pero aprecia que su armadura de oro irradiada unas chispas de colores celeste y violeta en el pecho.
—Mi técnica es capaz de atravesar la materia más profunda y más dura, aún una armadura dorada e inclusive una gloria hecha en la forja por el mismo Hefesto…
—El peto mi armadura se está desmoronando…
—No tiene escapatoria, sin sus escudos no podrá contrarrestar la velocidad de Aquiles… —tercia Erictonio.
—Mis rayos equivalen a aquellos que se producen por la muerte de estrellas gigantes, las supernovas, es igualmente destructivo que aquellas ondas radioactivas electromagnética, que son capaces de despedazar planetas completos, con la diferencia claro, de que mi golpe esta en una escala millones de veces más chica, pero igualmente terrible… ¡te sepultaré en éste desierto de hierro…RAYOS GAMMA!
—¡No cantes victoria antes de tiempo…! —espetó Dohko.
El ángel extiende su puño y miles de partículas radioactivas son expulsadas a una velocidad inaudita, pero sorprendentemente el santo de oro aparece en las espaldas de su rival.
—¡DRAGÓN NACIENTE!
El santo dorado hace un movimiento ascendente con su puño derecho al tiempo que la energía de un verdoso dragón alcanza al ángel en su talón, éste se resiente soltando un doloroso grito, pero aún así se mantiene en pie.
—¡Maldición! —se lamentó Aquiles.
—¡Ahora es el momento…DRAGÓN VOLADOR!
El santo de oro expulsa con su puño un dragón, al tiempo que se lanza sobre su rival, el cual se queda inmóvil y es protegido por una energía extraña, saliendo totalmente ileso.
—No te esfuerces en vano, no podrás vencerme… —dijo sonriente Aquiles.
—¡Así que salvo el talón eres invulnerable…como me lo imaginaba! Respondes al mito de tu nombre.
—Es como dices, solo has destruido la bota de mi gloria, ahora mi talón está al descubierto, pero no volveré a ser alcanzado, además, si usas ese ataque pulverizaré tu corazón…
—Veo que lo has notado y apenas usé una vez mi técnica…
—Una vez es más que suficiente para ver la debilidad del enemigo, te mostraré otra mis técnicas… ¡CASCADA ATMOSFÉRICA!
Aquiles eleva sus dos brazos al cielo y sobre ellos empiezan a brillar fotones electromagnético, haciendo un verdadero espectáculo parecido al de las luces de láser al pasar sobre el humo, luego baja los brazos, cruzándolo a la altura de su pecho, haciendo que todas aquellas luces se conviertan en una corriente, un río luminoso fluye en una violenta creciente dispuesta a llevarse al santo de oro.
—Ese ataque podría ser mi fin… —pensaba Dohko. —La única forma de detener un río es convirtiéndome en una piedra, inamovible…poseyendo su paz, su tranquilidad, si quietud…
El santo de oro realiza un movimiento pausado, como de kung-fu, hasta quedar en una posición de frente al ataque de su enemigo, sus manos estaban en posición de oración, sus piernas sin embargo estaban aferradas al suelo, en alguna posición marcial y sus ojos se encontraban cerrados.
El ataque se abalanzó sobre el santo, pero increíblemente la catarata de luces se detuvo.
—¡No puede ser…! —dijo perplejo Aquiles.
—No debes subestimar a los santos de oro, ahora entenderás porque…. ¡DRAGÓN VOLADOR!
El santo de oro realiza un movimiento con sus brazos extendiéndolos al frente, mostrando sus palmas y luego salto hacia adelante, recogiendo las piernas, al tiempo que el torrente de luz empezó a seguir sus movimientos, a su vez termina ejecutando una patada voladora brillante, la cual se le unió a su alrededor, la cascada atmosférica que tomaba la forma de un dragón de destellos y brillos coloridos.
El ángel sonríe y comienza a levitar sobre sus pies, una extraña energía lo vuelve invulnerable, el dragón entero lo atraviesa sin tocarlo, la patada de Dohko termina sobre el pómulo de Aquiles, sin siquiera moverle la cabeza.
—Todos tus intentos serán inútiles, aunque te aplaudo por haber detenido mi cascada atmosférica, eres el primero que hace algo así… —expresa Aquiles.
—Pero no seré el único… —espeta Dohko.
—¿A que te refieres?
—A pesar de ser la reencarnación de un extraordinario guerrero, eres tan solo un muchacho, falta de experiencia y conocimiento…yo soy la primera persona que vez que hace algo como eso, pero hay muchos otros que podrían hacer cosas parecidas, e incluso mejores, ese es el poder de los santos de la esperanza…
—El espíritu de este santo es admirable, su valor y su fuerza parecen haber sido cultivadas durante muchos años…pero, no ha de ser mucho mayor que Aquiles… —comenta Erictonio.
—¡Hablas como si fueras un anciano, hablas de experiencia! ¿Qué tanta más experiencia puedes tener tú? —replica Aquiles.
—Poco más de dos siglos y medio de experiencia, ¿te parece que será un poco más que la que tienes tú? —dijo sonriendo Dohko.
—Ya estás delirando, quizá la radiación de mi cascada atmosférica haya destruido alguna de tus neuronas… —responde con soberbia Aquiles.
—Si sobrevives a éste combate, verás que lo que te digo es cierto, creas o no en mi edad enfrentarás rivales cuyo espíritu está más allá de lo que estás tú…
—¡Basta de tanto palabrerío...te mataré de una vez…RAYO GAMMA!
—¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
Los dos rivales hace chocar sus más poderosas técnicas, generando que en el cielo se vean cientos de dragones y cientos de potentes rayos electromagnético, los ataques parecían anularse entre sí.
—¡Dime tu nombre guerrero de Atenea! —exclama Aquiles mientras aumentaba el caudal de su cosmos.
—Yo soy aquel que ha peleado en la guerra de hace dos siglos atrás, aquel que fue escogido por Atenea para aprender uno de los secretos de los dioses, el misopetamenos, soy Dohko de Libra…
—¡Felicidades Dohko, ahora puedes decir que eres aquel que estuvo a punto de controlar mi rayo gamma! —elogia Aquiles.
—¿Qué? —pregunta desconcertado Dohko.
En ese momento el santo de oro nota que la intensidad de los rayos de su rival empieza a incrementarse, hasta hacer retroceder a sus dragones, por lo cual éste explota su cosmos lo más alto que alcanza y suelta un grito, dragones más poderosos, fuertes y rápidos emergen desde sus puños, los ataques estaban igualados, la presión se condensa en el ambiente y finalmente se produce una explosión que levanta mucho polvo en el lugar, al disiparse ambos contrincantes se encuentran de pie.
—Eres un hombre especial Dohko, jamás pensé que podías hacerme tanto daño… —susurra Aquiles mientras su talón sangra, su único punto débil en el cuerpo. —Uno de tus dragones logró alcanzarme en mi punto débil, pero el precio que has pagado ha sido altísimo…
El santo de oro se desploma en el suelo tras las palabras del ángel.
Monte Olimpo.
Templo de Neptuno.
Un grupo de ángeles seguían en el recinto del dios de los mares, observando a través del espejo de agua la batalla que se había librado en el Santuario.
—Finalmente los santos han vencido en ésta batalla… —susurra Belerofonte con un sabor amargo.
—Te equivocas, los ángeles han cumplido su cometido, el camino ya ha sido recorrido casi en su totalidad. —comenta Ganímedes.
—De todas maneras casi no hay tiempo, el fuego de Acuario se apagó hace bastante tiempo, no se cuanto tiempo le quedará al de Piscis… —dijo Eneas.
—Por eso lo digo, Atenea frenará el diluvio, es cuestión de minutos… —manifestó Belerofonte preocupado.
—No pensarán que los dioses van a permitirlo mientras se quedan con los brazos cruzados, no sean tan ingenuos, nuestros compañeros de alguna forma u otra han logrado lo que se pretendía de ellos… —adujo Ganímedes.
Entrada a la casa de Acuario.
Seiya y los santos de plata de Copa, Águila y Ofiuco se habían topado con un muro de hielo que cubría la entrada, y pese a que todos habían hecho un gran esfuerzo por romperlo, no lo conseguían.
—Estoy seguro que éste muro es tan fuerte como el ataúd de hielo que aprisionó a Hyoga en Libra, cuando nosotros cruzamos las doce casas…
—¿Cómo lograron liberar a Hyoga? —pregunta Alkes.
—Fue gracias a la armadura de Libra, Shiryu logró romper el hielo usando una de sus espadas…
—¿Entonces si no tenemos la armadura de Libra no podremos pasar? —preguntó entre lamentos Alkes.
—Quizá haya una alternativa… —dice Seiya sacando el arco de la armadura dorada de Sagitario.
—Esa es la flecha que fue capaz de derribar el muro de los lamentos con el cosmos de todos los santos dorados, tengo fe en que podrá destruir éste muro… —manifestó Marín.
Elevando su cosmos al máximo, Seiya dispara la flecha de oro, la cuál se clava en el medio del muro de hielo.
—¡Lo consiguió! —afirmó Shaina emocionada.
—¡No, tan solo la punta de la flecha se ha incrustado en el hielo! —exclama Alkes.
Repentinamente un brillo dorado recorre el muro y éste empieza a trizarse hasta desmoronarse en pequeños fragmentos.
—¡Lo he conseguido, podremos seguir nuestro camino! —exclamó Seiya.
Los cuatro santos se adentran en el templo de Acuario rápidamente, hasta llegar a su interior, encontrando el cuerpo sin vida de Camus de Acuario.
—Camus… —dijo Seiya apenado por el maestro de su amigo Hyoga.
El santo de Copa se acerca, pero al ver a Camus cierra su puño con fuerza, así como sus ojos, la Guerra Olímpica se había cobrado otra víctima.
—He llegado tarde nuevamente, le han perforado el corazón… —susurro Alkes.
—Otro santo que regresó para morir… —musitó Seiya con tristeza.
—Es una lástima lo de Camus, pero debemos continuar… —expresó con frialdad Marín.
—Marín tiene razón, la mejor forma de valorar el sacrificio de los caídos, es dándonos prisa… —comenta Shaina.
Los cuatro santos recorren el templo de Acuario hasta atravesarlo y se disponen a ir a Piscis.
La batalla parecía haber concluido, ahora los guerreros del Santuario empezarían a programar la invasión al Olimpo.
