Capítulo 34: Conexiones mitológicas. El puño que destruye las estrellas.

La batalla final había comenzado, un grupo de santos enviados por el Patriarca habían invadido el Olimpo, en su trayecto por el templo de la Luna un nuevo ángel les salió a cortar el paso, se trataba de Eneas, quién había sido asignado a ser el guardián del recinto, finalmente Saga de Géminis se hizo cargo del enfrentamiento, permitiendo que sus compañeros avancen, un nuevo combate estaba por dar inicio.

Templo de la Luna.

Saga y Eneas estaban frente a frente, listos para comenzar una terrible pelea, un nuevo combate entre un santo de oro y un ángel.

—Prepárate a conocer los confines del universo… ¡OTRA DIMENSIÓN!

El espacio tiempo alrededor del ángel comienza distorsionarse, su cuerpo empieza a ser arrastrado poco a poco.

—No puede ser, su dimensión está atrayéndome con una gran fuerza magnética… —dijo Eneas tratando de hacerse firme contra el suelo. —A este paso me perderé y no podré volver…

El ángel finalmente es arrastrado por el enorme portal dimensional creado por el santo de oro, finalmente el portal se cierra, el enemigo ha desaparecido.

—Si llegas a sobrevivir podrás luchar en la próxima guerra santa, es hora de la partida…

Saga se ríe a carcajadas y empieza a recorrer el interior del templo, tras varios metros se detiene abruptamente al percibir un cosmos, un nuevo adversario, pero algo no anda bien.

—¡Este cosmos!

—¡Espera!

Desde un portal que se abre aparece el ángel Eneas volando con alas angelicales, cubiertas de plumas blancas.

—Tardaste demasiado, pero calificas como adversario… —elogia el santo dorado.

—Mis alas y mi cosmos todavía están intactos, volveré de los confines del tiempo, para ser una muralla troyana en tu camino por el Olimpo…

—Solo con tus alas te es posible volver de los confines de la otra dimensión…

—¡Conozco todo acerca de las técnicas de Cástor y Pólux, ellos también usan la otra dimensión…después de todo ellos les enseñaron esa técnica a los humanos!

—¡Se supone que los puños de los dioscuros descansan sobre los portadores del manto de Géminis!

—Nosotros los ángeles somos reconocidos por Hermes cada vez que renacemos en el mundo, y a través de su divino poder nos ponemos en contacto con nuestras vidas pasadas...Cástor y Pólux han compartido conmigo gran parte de esas antiguas vidas, nada de lo que hagas podrá sorprenderme…

El ángel aletea fuertemente sus alas y parece desaparecer en un impulso hacia adelante, para reaparecer frente al santo dorado, sorprendiéndolo con un golpe de puño izquierdo en forma de gancho, el santo de Géminis atina a ladear su cuerpo para evadir el golpe, lo cual consigue en el último instante. El poderoso golpe de Eneas había pegado en el casco de Saga, arrebatándoselo, pero no lo había alcanzado.

—¿Alguna vez has visto como estallan las estrellas? Conoce mi técnica más poderosa… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

El santo de oro extiende sus dos manos a los costados creando planetas y enormes estrellas, luego extiende su mano derecha hacia adelante, pronto se siente un sonido ensordecedor, el ángel enciende sus cosmos y hace varios movimientos empuñando su espada y lanzando varios golpes en formas verticales y horizontales, lo cual termina por cortar en pedazos las enormes colisiones de estrellas.

Después del poderoso ataque Eneas se conserva en pie, aunque su espada evitó ataques mortales, tiene algunas heridas, pero ninguna de gravedad.

—Pensé que en una vida en la que habías podido aprender de cada una de tus reencarnaciones en forma consciente, te permitiría ejecutar algo más elaborado, algo que represente una amenaza… —expresa Saga.

—El que no representa una amenaza eres tú, he bloqueado ambos ataques de los dioscuros sin recibir daño alguno, no tienes oportunidad contra mi espada fundadora de imperios…

—¿Fundadora de imperios?

—En la época del mito me fue otorgada ésta espada de la mano de Paris, heredero legítimo de ésta arma olímpica, otorgada a mi pueblo a través del mismo Apolo.

Eneas levanta su hoja por encima de su cabeza, despidiendo una temible luz de color amarillo dorado.

—Esa espada es muy poderosa…esa luz me está cegando…

El santo de Géminis usa sus manos para tapar la luz.

—Esta hoja fundó Troya y ha pasado de generación en generación hasta que el destino quiso que cayera en mis manos, en la humeante Troya decadente. Con esta misma arma fundé Roma, imperio de occidente, dueña de Europa y Asia Menor. Su poder está más allá de cualquier mortal…

El rostro del Géminis se tensa, sus manos ya no pueden cubrir el brillo de la espada, las pupilas de sus ojos desaparecen, está perdiendo lentamente su visión.

—¡Tengo que deshacerme de la espada, sino quedaré ciego y será mi fin!

—La luz que irradia esta espada afectará tu sentido de la vista…te hará sufrir hasta la muerte…

El ángel se lanza contra su enemigo con su espada vertical sobre su cabeza, de forma violenta baja su arma en un poderoso corte descendente, el santo de oro es arrastrado con violencia hacia atrás, dejando grandes grietas en el suelo. Luego de unos segundos el santo griego se pone de pie, al tiempo que parte de la hombrera de su armadura de oro se desprende, cayendo al suelo, dejando ver una profunda herida en su hombro.

—¡Su espada cortó mi armadura de oro como si fuera de papel! —expresa Saga.

—¡No dejaré que pases por éste templo, es mi deber protegerlo y lo haré con todo mi poder!

—Sin dudas éste Eneas es la reencarnación del semidiós de la mitología, hijo de la diosa del amor, Afrodita… —reflexionaba Saga para sí. —Pero puedo vencerlo, estoy completamente seguro.

—Es sorprendente que sigas en pie luego de recibir semejante herida… —dijo Eneas con una sonrisa, elogiando a su rival.

—Vine a este lugar dispuesto a soportar cualquier herida mortal y sobreponerme, ofreciendo mi vida para purgar la eterna deuda que tengo con Atenea…

—Entiendo, lucharás hasta el final…aunque seas un enemigo debo reconocerte como un verdadero guerrero sagrado, sin embargo, estás equivocado, una nueva era se vislumbra en un nuevo horizonte donde brillará la luz por siempre…

—No se puede crear luz con la oscuridad, ninguna nueva era de luz será forjada con vuestra maldad y la de sus dioses…yo he estado equivocado en el pasado, he sido tentado por la maldad y fui derrotado a causa de esto, ¡porque el bien siempre triunfa!

—Es cierto, la maldad nunca triunfará, si tú vences puede que tengas razón y viceversa, mi triunfo será la prueba de nuestra justicia, los cosmos se elevan a su más alto nivel cuando protegen algo que es más valioso…

—Tú lo has dicho y con acierto, te mostraré que lo que yo protejo con mi vida es más valioso que lo que tú defiendes, conoce el poder de los santos dorados… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

El santo de Géminis crea con sus manos enormes estrellas y planetas, con sus dos brazos abiertos lanza su técnica chocándose los entes entre sí, el ángel Eneas enciende su energía y hace un rápido movimiento con su espada, logrando cortar la tremenda técnica de su enemigo en varios pedazos, el ateniense sostiene una mirada incrédula de lo que acababa de suceder.

—No deberías estar tan sorprendido, tu técnica es realmente magnífica pero te lo dije antes, conozco las habilidades de Cástor y Pólux, además mientras tenga esta espada puedo separar cualquier cosa con su luz…

—Tienes razón, pero tengo una técnica para vencerte de un solo golpe…

—¿Querrá usar esa técnica satánica? —pensaba Eneas en las palabras de su enemigo.

—¡PUÑO SATÁN IMPERIAL!

Saga lanza una luz dorada en forma de hilo luminoso directo al cerebro del ángel, pero éste la evade con gran habilidad.

—Esa técnica también la conozco y es a la que más cuidado debo tenerle… —esboza Eneas.

—A pesar de que conozcas mis técnicas por intermedio de Cástor y Pólux eso no significa que puedas detenerlas una y otra vez…el hecho de que sepas lo que voy a hacer no significa que podrás evitar que lo haga, ahora romperé tu espada.

—¡No tienes oportunidad conmigo!

—Ya he perdido mi visión… —pensaba Saga preocupado. —Pero aun así puedo sentir donde está el enemigo…

—Ya deberías rendirte, no entiendo porque Atenea no aceptó volver al Olimpo, incluso ustedes los santos hubieran tenido un lugar en la morada de los dioses, es una diosa muy egoísta…

—Que equivocado que estás Eneas, Atenea no busca la salvación de unos pocos que la acompañan, sino la salvación de todos los inocentes que tus dioses caprichosos están dispuestos a condenar, ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

—¡Esa técnica no es suficiente para vencerme!

—¡Te venceré por Atenea!

El cosmos de Géminis enciende más alto que antes y la técnica desencadena una gran explosión que el ángel no puede contener con su hoja sagrada, el ataque levanta por los aires a su enemigo propiciándole millones de golpes, para caer luego al suelo, sin embargo se levanta con esfuerzo, soportando todas las heridas, de las cuales brota una gran cantidad de sangre.

—Te has puesto de pie aún recibiendo mi técnica más poderosa en toda su intensidad… —balbucea Saga abrumado.

—¿Creías que habías resultado victorioso? No dejaré que me venzas, te mostraré que mis motivos son más loables que los tuyos…

—Tu gloria tiene grietas, mira mejor tu espada tan preciada…ahora debes rendirte, no podrás vencerme…

Eneas mira preocupado su espada, cuando de un momento para otro su hoja estalla en miles de pedazos.

—No es posible, como puede tener tanta fuerza éste hombre, todo lo que se dice de él es cierto… ¡no puede ser! —se lamenta el ángel absorto por lo sucedido.

—Sin tu espada estás en problemas…

—No me subestimes, menosprecias el poder de los ángeles, quienes somos los más cercanos a los dioses en este plano, te mostraré el poder de los semidioses… —dijo Eneas señalando con su dedo a su enemigo. —Puedo luchar aún si mi espada…

El ángel enciende su cosmos y cierra sus ojos, pronto una energía poderosa se manifiesta en todo el templo.

—Este cosmos…puedo sentir un profundo rencor y terror, es una extraña energía… —advierte Saga.

—Te llevaré a mis recuerdos más profundos…aquellos que mi alma guarda de mi otra vida…

Alrededor del santo de oro puede verse llamas, gritos, sangre derramarse, rencor, el sonido del metal de las espadas clavándose en las carnes humanas.

—¡Te ha llegado la hora Saga…MEMORIAS DE TROYA!

Eneas extiende las palmas de sus manos hacia adelante, arrasando con una poderosa energía de color salmón al santo de oro, el cual cae contra la pared del templo, volteando una antorcha.

—¿Podrá levantarse después de eso?

La mente del santo de Géminis comienza a ser extraviada hacia la debacle de Troya, primero ve el enorme caballo de madera enviado por los griegos como si fuera una imagen difusa, es como si estuviera viendo los sucesos de la caída de Troya, la cual creía que dicho corcel de madera había sido un regalo del dios que los cobijaba, Apolo.

En medio de la noche, Odiseo, el héroe de la grandiosa estrategia, Aquiles, Diomedes, Ajax y un ejército griegos que estaban en el interior del enorme monumento, salen a sembrar el caos dentro de la ciudad. La mente de Saga es invadida por la sangre de los troyanos, por el caos de la ciudad, las muertes de mujeres y niños, tratando de aumentar su tormento, para destruir su espíritu.

—Con mi técnica he destruido tu espíritu… —susurra Eneas.

Repentinamente el santo de oro que yacía en el suelo comienza a emanar un cosmos, lo cuál sorprende al ángel de Zeus.

—¡No es posible, está reaccionando!

Tras unos segundos Saga de Géminis estaba nuevamente de pie, con deseos de seguir combatiendo, su cosmos se alzaba de forma poderosa e implacable.

—Nada enervará mi espíritu, por el contrario, no dejaré que el mal vuelva a apoderarse de mi mente…

—¡En ese caso te daré con mi técnica nuevamente y ahora si morirás, RECUERDOS DE TROYAS!

El ángel extiende las palmas de sus manos hacia adelante, arremetiendo con una poderosa energía hacia su enemigo, pero Saga bloquea la técnica con la palma de su mano derecha.

—¡Ha detenido mi técnica con una mano! —dijo Eneas mientras retrocede anonadado. —No es posible…

—¡Es tu fin…EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

El cosmos del santo dorado se incrementa a su máximo nivel, con las dos palmas acumula una inmensa energía, luego extiende su mano derecha hacia adelante, liberando una explosión de estrellas y colisiones de planetas, la sangre del ángel se derrama hacia los costados del suelo, su cosmos no se siente.

—Fue un buen rival, debo aceptar que me trajo muchas complicaciones…

El santo de oro da unos pasos hacia adelante y camina lentamente, tras la victoria debía reunirse con los suyos, para enfrentarse a los dioses.

—¿Habré muerto? —pensaba Eneas en su agonía.

Un divino cosmos que lo había protegido en la lejana era mitológica vuelve a manifestarse en su espíritu, se trataba de la más bella de las diosas.

—Eneas…Eneas…despierta…no puedes dejar pasar así al enemigo, dijiste que protegerías la morada de los dioses, garantizando el orden cósmico…

—Siento el cosmos de Afrodita llamando al mío…ella tiene razón, no puedo ser vencido…mientras los dioses me necesiten no puedo abandonar mi empeño… —pensaba Eneas.

Metros más adelante Saga se encontraba avanzando, hasta que algo llama poderosamente su atención, un cosmos dispuesto a luchar sigue encendido.

—¡Espera Géminis!

—Recibiste la explosión de galaxias a su más alto nivel… ¿cómo puedes levantarte Eneas?

—Por qué la diosa Afrodita…me ha dado fuerzas para vencerte…

—¡Así que la diosa del amor ha intervenido! —el rostro de Saga refleja preocupación.

—¡Así es, por ello no puedo caer en la oscuridad así, muere Géminis…LANZAS TROYANAS DEL MÁS ALLÁ!

Eneas levanta su mano y su cosmos se extiende hasta los cielos, de repente unas extrañas nubes se amontonan en el techo del templo y cuando baja sus brazos, apuntando con su dedo índice al santo, súbitamente una lluvia de lanzas de energía dorada cae sobre él. El santo de Géminis permanece en pie, aunque había sido golpeado en diversas partes por las lanzas energéticas, su manto presenta grietas por doquier.

—¡Ha incrementado su cosmos al máximo…pero no puedo…no puedo ser vencido, por Atenea!

—¡No podrás sobrevivir a este último ataque…LANZAS TROYANAS DEL MÁS ALLÁ!

—No será tan sencillo Eneas… ¡OTRA DIMENSIÓN!

Los haces de energía liberados por el ángel son succionados por la distorsión del tiempo espacio, sin embargo la técnica se incrementa en poder, haciendo colapsar la técnica de Géminis, lo que provoca que el santo de oro vuele por los aires.

—¿Es el fin? Parece que todo ha terminado… —murmuró Eneas pensando en la diosa Afrodita.

—Cómo ha podido hacerme tal daño, ha recuperado gran parte de sus energías, Afrodita está volteando esta batalla en su favor… —dice Saga en el suelo.

—Humano, ustedes nunca podrán oponerse a la voluntad de los dioses…

Repentinamente cuando todo parecía haber acabado, el santo de Géminis siente algo inquietante en su espíritu, una presencia divina se comunicaba con él.

—Saga…Saga…si el ángel es protegido por Afrodita, yo te protegeré a ti…levántate…

El cosmos de la diosa de la guerra envuelve el herido cuerpo del santo de oro, dándole aliento para seguir su lucha, haciendo que sean más soportables sus heridas.

—Esta vez venceré, no tengo ninguna duda… —Saga vuelve a ponerse en pie y enciende su cosmos.

—Seguirás luchando…

—Así como tú tienes la bendición de Afrodita, yo tengo la de Atenea…no tienes oportunidad de vencer, pues Atenea es la diosa más poderosa, dado que es la diosa de la guerra justa…

—Si ya estás casi moribundo…ahora verás que tu justicia no es más que una ilusión de tu cabeza, ¡LANZAS DE TROYAS DEL MÁS ALLÁ…!

—Es inútil…

Saga de Géminis usa sus dos manos y contiene en ella todas lanzas energéticas, el desconcierto se apodera del rostro del ángel.

—¡No es posible…no puede estar pasando esto! —exclama Eneas.

—Ya comprendí tu técnica a la perfección, ahora eres tú el que estás completamente indefenso conmigo…

Eneas queda desconcertado, en ese momento Saga aprovecha para liberar un golpe de su puño que da en la boca de su enemigo, el cual siente un hormigueo en la zona del impacto, paralizando su sentido del gusto, inmediatamente el ateniense comienza a golpear al olímpico en varias zonas, quitando sus cinco sentidos uno a uno, para quedar a merced del último ataque.

—¡Muere! ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

Saga incrementa su cosmos al infinito, la colisión de estrellas y planetas desencadena una violenta explosión, dejando enormes cráteres en el templo, el ángel resulta aniquilado, para convertirse en polvo de estrellas, no quedando un rastro suyo.

—¡Salvaré al mundo de las manos de los dioses! —el santo de oro cierra su puño y sigue su marcha.

Sendero del Templo de la Luna rumbo al Jardín del Edén.

Los santos de Pegaso, Andrómeda, Cefeo, Aries, Leo y Virgo se desplazaban cuidadosamente sobre una zona montañosa, sobre la atmósfera podía sentirse una brisa fría, habían franjas congeladas.

—¡Siento un helado y poderoso cosmos! —expresó Aioria. —Este viento parece ser causado por alguien…

—Mira eso… —dice Mu señalando hacia un sitio.

En el sendero podía apreciarse dos enormes estatuas de águilas de hielo, que se levantaban en media de los cerros.

—¿Un águila? Ha de ser un monumento consagrado para Zeus… —dijo Mu, interpretando las estatuas.

Repentinamente de entre las sombras aparece un hombre, que vestía una imponente gloria, tenía una forma parecida a la armadura de Acuario, pero de color celeste oscuro.

—Bienvenidos santos de Atenea, los invito a retirarse de este lugar, perdonándoles la vida o enfrentarme y morir en el intento…

—¡Al fin te presentas, uno de los ángeles…estábamos esperando que aparezcas! —bramó Aioria.

—¿Quién eres? —preguntó Seiya.

—Soy Ganímedes, uno de los ángeles del Olimpo y me deber es bloquearles el paso…

—¿Ganímedes…? Será este el antiguo santo legendario de Acuario… —pensaba Mu.

—¡Gracias por tu invitación, pero nosotros pasaremos aún a la fuerza…! —exclamó Seiya.

—No entiendo porque una diosa olímpica cómo Atenea es nuestra enemigo…es una pena… —se lamenta Ganímedes.

—No sé qué quieres decir… —continuó Mu. —Pero nos ahorrarías trabajo si nos deja pasar.

—Ya les he dicho que no puedo…Zeus y Atenea guardan un vínculo muy especial desde la lejana era del mito. Es una lástima que ahora dicho vínculo tenga que ser destruido…

—¡Ve al grano, no tenemos tiempo para tener tediosas conversaciones…el mundo corre peligro, debemos apresurarnos! —gritó Seiya.

—Mi maestro Shion me habló que habían algunos ángeles que fueron reencarnaciones de santos dorados de la antigua era mitológica… —manifestó Mu.

—Es cierto, he sido en el pasado el santo de Acuario, en la lejana era mitológica, sin embargo no he reencarnado…

Mu de Aries se queda reflexionando sobre los dichos del ángel, pero es interrumpido por Aioria de Leo.

—Zeus quiere acabar con el mundo, que haces defendiendo esa calaña de dioses destructores… —dijo enojado Aioria.

—No seas irrespetuoso, aunque debo decir que los compadezco, pues son ustedes unos niños ignorantes…

—¡Ya cállate…PLASMA RELÁMPAGO!

—Un ataque como ese no funcionará en mí…

Ganímedes congela los rayos antes de que lleguen a golpearlo, los cuales caen al suelo inertes, despedazándose.

—¡Mi plasma relámpago no ha funcionado…!

—Las congeló antes que llegaran a lastimarlo… ¿se tratara del cero absoluto? —se preguntó Mu.

—¡Ahora me toca a mí santo dorado…POLVO DE DIAMANTES!

—¡Ten cuidado Aioria…! —gritó Shun.

El santo de Leo salta con gran habilidad hacia atrás, apoyándose en un fragmento de un montículo.

—¡Es un ángel muy poderoso…pero no me vencerás con algo así…! —dijo Aioria.

—Ha esquivado mi ataque, no está nada mal…

—No me subestimes, soy un santo de oro. —espetó Aioria.

—Descuida, yo nunca subestimo a un enemigo, siempre conservo la frialdad en la batalla, eso es lo que no me permite la sobre confianza…

—Ahora veré que haces contra esto… ¡RAYO RELAMPAGUEANTE!

—¡POLVO DE DIAMANTES!

Los dos ataques impactan con gran fuerza, creando una gran colisión, a los segundos ambos enemigos caen al suelo producto de la explosión entre las técnicas.

—¡Aioria! ¿Cómo te encuentras? —pregunta Shun.

—Bien, no me vencen con tan poco… —dice Aioria reincorporándose con dolor.

—Estos jóvenes santos son fuertes… —Ganímedes se levanta con algunas heridas. —Escucha, nosotros crearemos la utopía de la era de oro, que alguna vez existió en el planeta…lo purificaremos todo…

—¿Purificar destruyéndolo todo? ¡Debes estar bromeando! —ruge Aioria.

—Hace muchos miles de años el mundo no era como el que conoces, los hombres no era corruptos y reinaba la generosidad, sin embargo este mundo se ha vuelto sumamente corrupto…por eso la humanidad necesita un castigo… ¡vean la realidad!

—Ustedes están sembrando el caos en el mundo… —manifiesta Daidalos.

—¡Es cómo dice Cefeo…ustedes son solo instrumentos de los malvados dioses! —se queja Seiya.

—Zeus le ha entregado el planeta a Atenea para que lo defienda de las manos de otros dioses…desde la era del mito ella ha defendido la Tierra de los ataques de Poseidón y Hades…lo ha hecho muy bien pero ahora la tiene que devolver a su verdadero dueño, Zeus…

—¿Qué quieres decir maldito traidor? —pregunta Aioria enojado.

—Las luchas interminables por los que codician esta Tierra tiene que llegar a su fin…con la Tierra bajo el mando de Zeus nadie se revelará, el ejército del Olimpo es invencible, deben comprenderlo…el dios de dioses me dio esta gloria y la inmortalidad, aunque ustedes vieran en él un ser maligno, no es otro que él quién garantizo el orden cósmico…

—¿La inmortalidad? —pregunta intrigado Mu.

—He recibido de mi señor la juventud eterna, una vida eterna…

—¡Maldito…quieres argumentar tu decisión pero solo lo has hecho por obtener la inmortalidad! —contesta Aioria.

—Eres un crío…que puedo esperar de ti…después de combatir en varias guerras santas pensaba que la paz iba a reinar definitivamente, sin embargo siempre hay una nueva guerra, Atenea ha dejado de ser el orden y ahora es el caos, pero que pueden saber ustedes que no han vivido mucho… —dice Ganímedes con los ojos cerrados.

—No necesitamos haber vivido mucho para saber que destruir a la humanidad no es un acto altruista… —argumenta Shun.

—¡Lo siento…pero es un mal necesario, todo será mejor después, purgaremos todo el mal!

—¡Maldito, luchas contra la diosa a la que deberías proteger, no dudaré en usar mis puños en tu contra! —bramo Aioria mientras se dispone a atacar pero repentinamente Mu sujeta su mano.

—¡Detente Aioria! Quiero que sigas tu camino, yo me haré cargo del ángel… —susurra Mu.

—¡Déjame combatir a mí! —contesta Aioria.

—Yo me haré cargo, he fracasado en mi tarea de custodiar el templo de Aries en la invasión de los ángeles, tengo una deuda con Atenea…y tú serás muy importante más arriba…

—¿Por qué? —pregunta Aioria.

—Confía en mí, es un presentimiento… —dijo Mu con una sonrisa.

—Está bien, confiaré en ti… —expresó Aioria abandonando su enojo.

—De acuerdo, combatiré contigo Aries, los demás pueden pasar, les daré alcance luego…

Mu y Ganímedes elevan sus cosmos, mientras los demás santos siguen su camino hacia el Jardín del Edén, el florido mundo de la diosa del amor estaba en el porvenir.