Capítulo 35: El hombre más cercano a Zeus.

La guerra definitiva seguía su curso y ahora había llegado el momento en que los santos habían invadido el cielo para enfrentarse a los dioses, ya habían atravesado el deshabitado bosque lunar y el templo de la Luna, donde tras una feroz batalla, había caído el octavo ángel, Eneas, a manos de Saga de Géminis.

El sendero que conectaba el territorio de Artemisa con los territorios de Afrodita era un lugar extraño, un prado oscuro donde el día se veía lejano, allí un nuevo ángel había aparecido frente a los seis santos que se habían adelantado y finalmente fue Mu de Aries quién decidió enfrentarlo para que los otros pudieran pasar. Una nueva batalla estaba a punto de comenzar.

Mientras tanto Seiya de Pegaso, Shun de Andrómeda, Daidalos de Cefeo, Aioria de Leo y Shaka de Virgo se aproximaban al Jardín del Edén.

Jardín del Edén.

Los visitantes se encuentran con un campo cuya belleza hacía recordar a los Campos Elíseos, en donde había árboles que tenían hermosas flores rosadas, amarillas, flores de cerezo con su tonalidad azul, otras blancas y violetas.

—Así que éste es el Jardín del Edén de Afrodita…Seiya… ¿así son los Campos Elíseos?—pregunta Aioria.

—Así es, se parece mucho a los Campos Elíseos… —contesta Seiya recordando el final de la guerra santa contra Hades.

—Que hermoso lugar, de verdad que se trata de un paraíso… —Shun se acerca a las flores con precaución y toca una de ellas. —Estas son unas orquídeas, que hermosas flores…

Los santos notan que el lugar comienza a cambiar a medida que lo recorren, de repente donde parecía ser un campo silvestre de hermosas flores, se convierte en un jardín cultivado, donde las plantas parecían organizadas y se empezaban a mezclar con edificaciones y templos, un camino aparece majestuoso frente a ellos, que tras recorrerlo varios metros se trifurcaba.

—¡Ahora hay tres caminos! —expresó Seiya confundido.

—¿Qué camino debemos tomar? —preguntó confundido Shun.

—Existe la posibilidad de que los tres caminos lleven al mismo lugar, pero es tan solo una posibilidad… —manifestó Shaka. —También podría ser que tan solo uno de ellos conduzca al templo de Venus…

—¡A lo mejor deberíamos separarnos! —acota Daidalos.

—Yo tomaré el camino del centro, espero verlos más adelante… —susurró Shaka.

—De acuerdo Shaka… —contesta Aioria.

El santo de Virgo repentinamente se teletransporta.

—Shun, acompáñame por el sendero de la derecha… —Daidalos invitó a su discípulo.

Los santos se separan en distintas direcciones, el objetivo es el templo de Venus.

Sendero del templo de la Luna al Jardín del Edén.

El combate entre Mu de Aries y el ángel Ganimedes estaba por dar inicio.

—¿Qué hace aquel que ha sabido servir a Atenea luchando contra ella? —pregunta Mu.

—Ya te lo dije antes, mi señor Zeus es justicia verdadera, es la voluntad de los seres que están más allá de nuestra comprensión…la misericordia del dios de dioses es la justicia del mundo del mañana, por ello tengo que eliminarte… ¡POLVO DE DIAMANTES!

—¡El polvo de diamantes no funcionará…MURO DE CRISTAL!

La técnica del ángel impacta en el muro y es repelido, hiriendo al propio olímpico que cae espalda contra parte de la montaña.

—Entiendo, usas es el muro de cristal, pero conozco esa técnica, pues es la técnica de Jasón…

—¿Jasón?

—Te mostraré mi experiencia milenaria, la cual me hace invencible…

—Mi muro de cristal ha sido efectivo, tus palabras no me producen intranquilidad.

—¡Destruiré esa defensa con facilidad…EJECUCIÓN AURORA!

Ganimedes junta sus dos manos, elevándolas hacia arriba y luego las baja velozmente, disparando un enorme viento glacial que empieza a hacer retroceder lentamente el muro de cristal.

—¡Que terrible poder tiene, debe haber sido uno de los santos dorados más poderosos de todas las épocas! —dijo Mu intentando detener el ataque con su técnica.

—¡El muro de cristal tiene puntos más frágiles, solo debo localizarlos y atacar en esos puntos! —exclama Ganimedes mientras sigue disparando su técnica.

El viento helado que alcanzaba el cero absoluto congela el muro, el cual comienza a trisarse hasta estallar, producto de esto el santo de oro es tumbado al suelo, su armadura resulta congelada en varios puntos, pero con gran esfuerzo se logra poner de pie.

—Te has levantado… —musita Ganímedes.

—Eso no es suficiente pare vencerme…ahora atacaré yo. ¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

Mu levanta su mano y en su palma se acumula un hermoso polvo estelar, luego baja el brazo hacia adelante, una incontable lluvia de estrellas doradas se precipitan contra Ganimedes, pero este último mueve la mano y crea un enorme témpano de hielo que detiene el polvo estelar.

—¿Qué fue eso? —se pregunta Mu anonadado.

—Crees que eres el único que puede usar una técnica defensiva… —dijo Ganimedes con una sonrisa de confianza.

Inesperadamente el santo de Aries nota sus manos congeladas.

—¿Qué? Tengo mis manos congeladas… ¿en qué momento lo hizo?

—Ahora no puedes usar el muro de cristal… ¡POLVO DE DIAMANTES!

El ángel extiende su puño derecho al frente, liberando un viento glacial con incontables cristales de polvos de diamantes, los cuales congelan a Mu, convirtiéndolo en una estatua de hielo, pero el santo dorado usa la teletransportación y abandona su prisión helada.

—A este paso va a congelar mi sangre… —murmuró Mu.

—Mi experiencia me da ventaja, ya te lo dije antes, soy inmortal, yo vivo desde la edad de oro, donde la floreciente humanidad gozaba del privilegio de caminar entre los dioses, después todo se derrumbó, la humanidad se fue degradando hasta llegar hoy a la edad de hierro. En la edad de oro la felicidad rebozaba en los pueblos, los dioses gobernaban y el hombre era justo…

—Es sorprendente que una persona que haya vivido tanto tiempo no sepa aún reconocer la verdad y la justicia…

—Niño, tú no comprendes…cuando se desató la primera guerra santa por el dominio de la Tierra fue por la vanidad de Poseidón, quien intentó dominar el mundo y ahí estábamos nosotros, algunos héroes de Grecia que habíamos decidido seguir a Atenea, la batalla se desarrolló en las costas, de donde emergieron las marinas de Poseidón, usando sus escamas marinas, corazas impenetrables, y cuyo poder estaba más allá de lo que nosotros podíamos imaginar, nuestro ejército fue masacrado. Atenea al ver sus tropas diezmadas decidió que los santos deberíamos usar armaduras, para equiparar la balanza con Poseidón, los lemurianos fueron los encargados de fabricar las ochenta y ocho armaduras, cada una basada en una constelación del cielo que Zeus había bendecido en el firmamento…doce de ellas además fueron bañadas por la luz del Sol y hechas con oro…esas doce armaduras fueron entregada a los doce mejores guerreros que aún quedaban…

—Entonces luchaste y sobreviviste a la primera guerra santa, pero eso no me explica nada…

—No fue solo esa guerra, después vino Ares, el sangriento dios de la guerra, con sus cuatro batallones, tras una feroz batalla Atenea nos permitió usar armas, y allí se usaron por primera vez las doce armas de Libra, gracias a eso ganamos también esa guerra…

—Ganimedes, no encuentro sentido a esta pelea, siento que ambos debemos luchar por los mismos ideales…

—Tú no comprendes, la humanidad se ha degradado tanto en comparación de aquellas épocas en las que yo peleaba porque creía en los humanos…luego de la guerra contra Hades, Zeus me escogió como un ángel celestial, guardianes de los doce dioses olímpicos, y me dio la juventud eterna, con la cual he podido atestiguar la degradación de la especie humana a través de los siglos…y es por eso que comprendo la reacción de Zeus y porque todo esto es necesario, yo peleaba soñando por una nueva edad de oro que no conocí y a cambio he ido viendo cómo se degradaba más y más nuestra especie, con el correr de cada batalla…

—El camino de la evolución es difícil y a veces parece que se retrocede y justo después se da un gran avance…yo creo en la justicia, creo en Atenea y creo en los humanos…

—Qué lástima, hubiera preferido evitar matarlos…

—¡Eso no sucederá…REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

Mu de Aries levanta su mano derecha, acumulando en su palma incontable cantidad de polvo de estrellas, los cuales lanza con un brusco movimiento de su mano.

—Ingenuo… ¡RAYO DE POLVO DE DIAMANTES!

El ángel Ganimedes extiende su puño derecho cerrado al frente, lanzando ráfagas de aires congelados que se convierten en cristales y que desvían, reflejando y refractando, que ataca desde diversos puntos para congelar a su enemigo, pero Mu se teletransporta evitando el contragolpe.

—¡Puede lanzar el polvo de diamantes en varias direcciones opuestas, es sumamente poderoso! —dijo Mu asombrado.

—¡Voy a ponerle fin a esto Aries…EJECUCIÓN AURORA!

El santo dorado de Aries se teletransporta evitando la temible técnica del ángel.

—Ya no podrás escapar, he analizado tus movimientos y estoy seguro que mi ataque va a alcanzarte, ahora sentirás el frío del cero absoluto… ¡EJECUCIÓN AURORA!

—¡No será tan sencillo…EXTINCIÓN DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

Ganimedes junta sus manos hacia arriba y lanza una mortal ráfaga de aire congelante, al mismo tiempo Mu extiende sus brazos hacia los costados, creando brillantes haces de luz que terminan por succionar la técnica enemiga, como si fuera extinguida en un violento apagón de luz.

—¡Su técnica ha extinguido la ejecución de aurora…impresionante!—manifiesta Ganimedes.

—¡Ahora quiero ver qué haces en contra de mi técnica…EXTINCIÓN DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

El santo dorado repite su técnica, pero ésta vez dirigida hacia el ángel, el cual miraba todo con autosuficiencia.

—¡Los cristales y la luz son compatibles!

El ángel crea unos cristales de hielo que reflejan la luz, la cual embiste hacia su propio ejecutante, representando una gran amenaza.

—Es sorprendente que haya rebotado mi extinción estelar, no debo ser alcanzado con mi propia técnica…

El santo de oro se teletransporta al tiempo que la luz deja un cráter en el piso.

—¡Tu teletransportación te ha salvado!

—La extinción estelar no ha funcionado…no sé cómo vencerlo. —pensaba Mu absorto.

—¡Es una pena pero conocer las técnicas de Jasón me da una ventaja…ANILLO DE HIELO!

La cintura de Mu pronto es rodeada por anillos de cristales, los cuáles emanan un aire que alcanza el cero absoluto.

—¿Qué? Hay anillos de hielo en mi cintura… ¡no puedo moverme!

—¡EJECUCIÓN AURORA!

El portentoso viento congelante del ángel impacta en el santo de oro que estaba desprotegido y es elevado por los aires, cayendo por el monte.

—Con eso tendrás suficiente… —susurra Ganimedes.

El santo de oro todavía estaba vivo unos metros abajo, pero estaba aturdido, había sobrevivido a la caída gracias a la armadura dorada y a que no había caído a un abismo más profundo.

—Es increíble su poder, es invencible, pero no puedo volver a perder como contra Diomedes, soy un santo de oro y debo defender el amor y la justicia…además aunque el conozca mis técnicas, yo también conozco las suyas por intermedio de Camus, no tengo excusas…

El ángel miraba hacia las nubes cuando sintió la energía del rival que pensaba había vencido, todavía no había muerto y estaba dispuesto a seguir combatiendo.

—Era de esperarse de un santo de Atenea, tienes todavía fuerzas para luchar.

—No me derrotarás tan fácilmente…

—Aries…tu armadura está empezando a congelarse, tu sangre corre cada vez más lenta, aunque sigas luchando un tiempo te espera la muerte, recibir la ejecución de aurora es el primer paso a la muerte, debes entenderlo…

—¿Mi vida? Yo ya estaba muerto, así que eso no me preocupa, además como puede entenderlo alguien que es inmortal…

—Es un bonito discurso, pero la fuerza es lo decisivo en las batallas y tú estás con un pie en el otro mundo…

—¡Esta vez venceré, lo juro!

—¡Muere con honor…EJECUCIÓN AURORA!

Mu de Aries salta el ataque glacial y cae atrás del ángel, pero este vuelve a lanzar con sus dos manos su técnica suprema, pero el santo de oro se teletransporta hacia arriba.

—¿Qué…dónde está? —se preguntó Ganimedes desorientado.

—¡Acá arriba…REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

El olímpico empieza a correr evitando las estrellas que finalmente lo persiguen y lo golpean en un gran impacto, cayendo al suelo duramente.

—¡Aún conociendo su técnica me fue imposible evitarla, a tan poca distancia es imposible eludir su ataque! —se lamentó Ganimedes.

—Como me lo indicó mi maestro Shion cuando me enseño esta técnica…nadie escapa al polvo estelar…

El santo de oro enciende nuevamente su cosmos, el cual crece cada vez más, pero el rostro del ángel sigue imperturbable, inexpresivo.

—¡Así que has elevado tu cosmos, haré lo mismo! —exclama Ganimedes.

—¡Increíble su cosmos ha crecido inmensamente, como sea tengo que vencer…REVOLUCIÓN ESTELAR!

Ganimedes elude la precipitación de estrellas, pero éstas lo persiguen, finalmente llega a donde está Mu y luego ejecuta un giro hacia atrás de éste último, finalmente el polvo estelar termina por golpear al propio ejecutante de la técnica, que sale despedido por los aires y cae al suelo duramente, con mucha sangre derramada.

—No puede ser…nunca nadie había evitado mi técnica de esa manera… —dijo entrecortado el santo dorado.

—Tu técnica podrá perseguir al enemigo, pero si estoy cerca de ti puede golpear al que esté en su ángulo de ataque…

—Nunca conocí a alguien así, lo tiene todo calculado…

—La pasión a veces puede interponerse en tu camino, yo prefiero la frialdad, ella me da la inteligencia para vencer… ¡EJECUCIÓN AURORA!

Mu se teletransporta hacia atrás del ejecutante y lo inmoviliza con su mente.

—¡Ahora estás atrapado!

—¡No puedo moverme…! —manifestó Ganimedes con sus músculos paralizados.

—¡He bloqueado tu sistema nervioso, ahora estás acabado…REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

El santo de oro levantando su mano derecha hacia arriba, junta en su palma una soberbia cantidad de luces doradas, luego baja su mano, enviando sobre el ángel una potente precipitación de estrellas, éste último resulta herido en todo su cuerpo, dejando un enorme cráter en el suelo y un hilo de sangre.

—¿Habrá terminado todo?

El santo de Aries camina pensando en lo que viene, pero se topa inesperadamente con un hielo que bloqueaba el paso.

—¡Espera! No dejaré que pases… —expresó Ganímedes.

—¡Imposible! Lo he golpeado con todas mis fuerzas…deberías estar muerto…

—¡No me subestimes…también lucho por la justicia!

—Tengo que vencerlo en el próximo ataque, que hará ahora... —reflexionaba Mu.

—¡Es el último ataque…EJECUCIÓN AURORA!

—Tengo que elevar mi cosmos más allá de mis límites… ¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

Los dos ataques crean una gran explosión, generándose una onda de devastación a los alrededores, despedazando toda la zona, finalmente la colisión genera una fuerte explosión, la ejecución de aurora empezaba a contrarrestar a la revolución estelar, cuando estaba a punto de impactar en el santo de oro, éste se teletransporta. El santo de Aries aparece detrás de Ganimedes inesperadamente.

—¡Adiós Ganímedes…EXTINCIÓN DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

El santo de Aries con sus dos manos enfrentadas de par en par desencadena un violento remolino de luz dorada, ésta cubre el cuerpo del ángel, el cual es herido fatalmente, sus nervios son quemados, quedando en el suelo abatido.

—¿Cómo puede haber pasado esto…su cosmos es igual de fuerte que el mío? —susurra Ganimedes con la voz entrecortada, envuelto en la agonía.

—Tu poder era increíble Ganimedes, pero nuestra lucha es la verdadera justicia, lo debes entender porque alguna vez fuiste un santo de Atenea…

—Así es, sentir sus cosmos en batalla me trajo cierta nostalgia, pero el enemigo es verdaderamente temible, hasta ahora ustedes han tenido suerte… —el ángel cierra los ojos y su cosmos se extingue.

—No debo perder el tiempo, debo seguir mi camino…Ganímedes, has sido un temible enemigo, espero que tu alma vaya a los Campos Elíseos…

El santo de Aries sigue su camino por la morada de los dioses.

Prisión de la Luna.

En las afueras del templo de la Luna, entre las nubes, surgían unos pilares con grillas y cadenas sumamente gruesas que aprisionaban los puños y piernas del santo de oro de Libra, quién tras ser derrotado por Aquiles fue capturado.

Belerofonte se encontraba en el lugar de castigo, tratando de arrancar alguna confesión al santo dorado, algún secreto del Santuario, para ello se valía de una temible arma, que consistía en una manija con una bola de acero en la punta, extremadamente grande, cubierta de puntas afiladas, con una de ella en cada mano.

—Voy a borrarte ese tigre de la espalda… —amenazó Belerofonte.

—No importa el dolor que experimente, nunca te revelaré los secretos del Santuario… —se resistía Dohko.

—¿No entiendes la situación en la que te encuentras?

El ángel celestial golpea con las armas de sus dos manos con mucha violencia sobre el santo prisionero, haciendo que las puntas se incrustaran en él, tras perforar sus carnes y su piel.

—¡Escaparé! —dice Dohko al tiempo que se pone de pie.

—Eso me gustaría verlo…

Belerofonte intenta golpear con su afilada arma el cuerpo del santo dorado una vez más, pero éste elude la trayectoria del ataque, luego da en la grilla, la cuál es destruida, ahora Dohko podía valerse de una mano.

—¡Ahora yo castigaré…DRAGÓN VOLADOR!

El santo de oro desprende un haz de energía verde que ataca a su enemigo, propiciándole un inesperado golpe que lo derriba, justo en ese momento el prisionero escapa, dejando charcos de sangre por todo el suelo.

—¡Debí haberlo matado! Aquiles se molestará…

El ángel sonríe y emprende vuelo hacia el templo de Neptuno.

El Santuario.

Salón del Patriarca.

Los santos de Cisne, Dragón, Copa, Orión, Altar, Sagitario y el Patriarca se encontraban con su diosa, repentinamente Shiryu siente una presión en el pecho y se le viene a la cabeza su maestro, es como si lo hubiese sentido sufrir, pero al mismo tiempo lo sintió con vida. La diosa se percata de lo que le ocurre al Dragón.

—Yo también lo he sentido Shiryu…Dohko aún está vivo… —susurra Atenea.

—Sí, debe estar sufriendo… —contesta Shiryu.

—Tu maestro es un hombre extraordinariamente fuerte, sin duda podrá con esto… —acotó Hyoga.

—¡Tienes razón!

Mientras tanto en la cabeza de Aioros se venían pensamientos sobre unas horas antes, cuando le dijeron que no iba a formar parte del primer grupo de asalto, mientras que su hermano si lo haría, estaba decepcionado de no poder pelear junto a su hermano, pero no había puesto resistencia, pues sabía que un capricho superfluo como ese no deberían considerarse en una batalla tan importante como la que acababa de iniciar.