Capítulo 38: El ciclo de la vegetación y el dilema de Pegaso.

La batalla contra los querubines en el Jardín del Edén continuaba su curso, Narciso y Paris habían sido vencidos por Aioria de Leo y Daidalos de Cefeo respectivamente. Seiya de Pegaso y Shun de Andrómeda avanzaban cada uno por los senderos, en donde se desarrollaron los combates de Leo y Cefeo respectivamente, lo que significaba que se encontraban separados, a su vez, Shaka de Virgo, quién tomo el camino del centro, seguía en tal dirección.

Todo esto sucedía al mismo tiempo en que un suceso trascendental se había desencadenado, el renacimiento de Poseidón y sus posibles consecuencias.

Jardín del Edén.

A cientos de metros del sendero que seguía Seiya de Pegaso, se levantaba un majestuoso y hermoso templo, el cual se encontraba rodeado de un lago, calmo y cristalino, el recinto tenía grandes dimensiones y estaba caracterizado por distintas terrazas, en distintos niveles de elevación, en la parte más alta del templo más alto yacía un jardín bellísimo. Allí se encontraban dos hombres dialogando, ambos portaban unas imponentes armaduras aladas, llevaban un carcaj de flechas a sus espaldas, eran muy parecidos entre sí, ambos tenían una tez blanca, ojos celestes, tenían un aspecto adolescente, se diferenciaban en que sus rubios cabellos eran uno rizado y el otro lacio.

—Anteros, la llegada de Pegaso y los demás es inminente… —susurra Eros mientras el agradable viento menea su cabello ondulado.

—Nosotros somos los dioses del amor…aunque esos santos hayan vencido a nuestros servidores no podrán hacerlo con nosotros, sus niveles y los nuestros son muy distintos… —musita Anteros con confianza.

—Es cierto, sin embargo, no quiero dar ventaja… —contestó Eros mientras sus ojos angelicales pronto brillan en un misterioso color rojo.

—Así que jugarás con el corazón de ellos…nunca cambiarás…

—Siempre te fastidias cuando hago eso…

—Soy el dios del amor correspondido, no me agrada lastimar los corazones de las personas como tú lo haces, no obstante, ésta no es una situación que despierte mi misericordia, esos malditos humanos quieren destruirlo todo… —dijo Anteros mientras se queda reflexionando. —Tal vez sean necesarias tus artimañas… —dice bajando la cabeza.

—¡Haré que los estúpidos humanos pierdan su tiempo y sus energías inútilmente!

—Iré a dar una vuelta…

Anteros bate sus alas y se eleva rápidamente sobre el cielo.

—Santos de Atenea, se divertirán, no se preocupen…

Eros se ríe y luego saca una flecha de su carcaj, tensa la cuerda y finalmente la dispara, generando que se separen varias flechas, que al comenzar su trayectoria parece desaparecer, a pesar de ser invisibles buscan su destino.

Al cabo de unos segundos se sienten unos delicados pasos, una mujer que se encontraba dentro del templo aparece, tenía unos lacios cabellos castaños oscuro, tenía ojos turquesa y rasgos perfectos, su cuerpo era esbelto y armónico, llevaba un atuendo elegante de color rosado claro.

—Psique, amor mío… ¿sucede algo?

—Tengo un mal presentimiento…es una corazonada terrible… —susurró Psique consternada.

—No te preocupes, todo estará bien, esos humanos jamás podrán vencernos, en estos momentos he disparado mis flechas…

—¿Por qué un dios como tú se entrometes en esta guerra de los olímpicos?

—Por respeto a Afrodita, sus guerras son mis guerras, el resto de los olímpicos no me interesan…

—¿Entonces Afrodita te ha pedido que pelees?

—No, pero ellos han sido quiénes han invadido nuestro jardín, Atenea ha traído la guerra hasta este lugar, imagínate que uno de esos santos que solo traen muerte llegará a nuestro templo, no puedo exponerte algo así.

—Es una catástrofe esta guerra, no entiendo porque Zeus quiere condenar a mis semejantes…

—¡No juzgues a los dioses, debes respetar a las fuerzas que no conoces…nosotros regimos las leyes del universo!

Psique asiente ante las palabras de su pareja, el dios del amor.

Sendero del templo de Narciso.

El santo de Pegaso se lanza en una carrera cósmica dentro de los campos floreados, a medida que avanzaba la vegetación comenzó a cambiar, su belleza permanecía intacta, pero la luz filtrada por las hojas expoliaban esporas peligrosas. El ateniense logra divisar que algo se mueve entre el jardín, atina a acercarse y observa a una persona entre la sombra, pero luego de acercarse ésta persona, aparentemente una mujer, desaparece.

—¿Quién era? Tengo una extraña sensación…no debo distraerme, debo continuar mi paso, estoy seguro que Shun y los demás pronto me acompañarán…

Camino del centro.

Shaka de Virgo deambulaba mirando hacia los costados, hasta que puede divisar un templo, luego de dar unos pasos se encuentra con unas mujeres, unas ninfas que plantaban hinojos y cebada, mientras oraban. Cuando las ninfas sienten los pasos del santo de oro voltean y al observarlo se escapan temerosas, en una veloz corrida entre el campo floral, desapareciendo de la escena.

—Estos jardines son sumamente peligrosos, su fragancia es mortal…me resulta extraño pensar que esas mujeres no fueran envenenadas, al parecer se trataba de un ritual…he escuchado de los jardines de Adonis…

El santo de oro sigue su camino hasta topar con un templo, rodeado de jardines, con un estilo griego, lleno de hermosas columnas por doquier, en el triángulo frontal de la entrada hay tallado en oro una imagen de Adonis y Afrodita juntos, a punto de darse un apasionado beso. Shaka ingresa en el recinto.

—Así que lo has notado Virgo…es cierto el veneno es temible, pero solo está dirigido hacia los enemigos, veo que no te ha afectado… —extrañamente la voz resonaba desde un árbol que extrañamente se encontraba en el interior del templo.

—He anulado el sentido del olfato, de esa manera no seré atrapado en tus trucos… —contesta Shaka.

Repentinamente la corteza del árbol se resquebraja, dando lugar a la aparición de un joven de un metro ochenta y dos, que aparentaba unos veinte años, tenía ojos celestes y un largo cabello castaño claro con mechas rubias doradas, tenía ciertos rasgos árabes y vestía una hermosa armadura de color blanco con detalles verdes y rosados.

—Yo soy Adonis, el último querubín de Afrodita con vida, tengo el deber de detenerte Virgo…

—Cometes una temeridad al querer enfrentarme, tus flores no son de ningún peligro para alguien como yo…

El santo de Virgo levita y comienza a emanar un poderoso cosmos, el querubín siente su alma perturbada, pronto su cuerpo se entumece.

—No debes subestimarme Shaka, todavía no muestro mi cosmos.

El querubín enciende su cosmos y recupera poco a poco los movimientos.

—No eres un rival insignificante después de todo… ¡BENDICIÓN DEL SEÑOR DE LAS TINIEBLAS!

El santo de oro enfrenta las palmas de sus manos a la altura de su pecho, sin tocar una con la otra, formando una curva con sus dedos, entre ellas aparece una esfera de energía de color dorado, sus rubios cabellos se alborotan ante la vibración cósmica, repentinamente la energía entre sus manos empieza a brillar con gran intensidad, encandilando al querubín.

—No me amedrentas… ¡BELLEZA PRIMAVERAL!

El querubín es rodeado repentinamente por una enredadera de hermosas flores, de unas enormes variedades y colores tales como azules, amarillos, rojos, naranjas, violetas y rosa, las cuales luego de unos segundos emanan una oscura energía que genera un potente magnetismo, el cual elimina la técnica del santo de oro sorprendentemente.

—Esas flores…al parecer actúan de manera no solo física sino también espiritualmente…

—¡Soy considerado el querubín más poderoso! El hecho de que Narciso y Paris hayan sido vencidos, no significa que yo caeré como ellos…

—¡Felicidades Adonis! De todas maneras solo has podido detener uno de mis ataques más básicos…

—¿Crees que solo me defenderé de tus técnicas? ¡Ahora me toca a mí atacar! ¡FLORES DEL AVERNO!

El querubín levanta su brazo derecho hacia arriba, instantáneamente a sus espaldas salen expulsadas unas flores de color oscuras y aspecto tenebroso.

—¡KHAN!

Shaka crea una esfera de energía que lo protege, las flores resultan ineficaces, al cabo de unos segundos se extinguen, como si fueran incineradas por la energía defensiva, volando miles de pétalos al aire.

—¡Ha repelido mis flores! —exclama Adonis.

—¿Lo ves? No puedes enfrentarme con algo así…

El santo de Virgo camina hacia su enemigo, éste último sonríe.

—No te acerques Shaka, piensas que todo ha sido inútil, pero éstas son las flores del sombrío reino de los muertos…no debiste matarlas, ahora su rencor te perseguirá…

Los pétalos de las flores repentinamente mostraban un color oscuro, lúgubre, pronto éstas se abalanzan sobre Shaka, cubriendo toda su armadura de oro.

—Conocerás el ciclo de la vegetación, muerte y resurrección… —explica Adonis.

—Este hombre es capaz de escarbar en los distintos planos energéticos de los seres…

El santo hindú se tambalea, aunque se mantiene en pie.

—Es nuestra misión ser la luz que haga brillar a todos los seres humanos…

—¡Estas rosas son capaces de absorber el cosmos del enemigo!

—A pesar de lo complejo de tu técnica no podrás dañarme…

—Tonterías, ahora sométete a mi poder y acepta tu derrota Shaka…

El santo de oro enciende su cosmos a un nivel superlativo, las flores desaparecen a los segundos, luego abre la palma de su mano y dispara unos haces de luz dorada, que voltean a su enemigo, quién cae duramente al suelo.

—¡Impresionante! —dice Adonis mientras se pone de pie. —Pero te mostraré porque soy uno de los querubines del amor. ¡CIRCULO DE RESURRECCIÓN Y MUERTE!

Repentinamente las millones de flores muertas que Shaka había esparcido por el lugar al defenderse de la primera técnica del querubín, se levantan y se abalanzan sobre el santos, rodeándolo en un anillo floral que giraba a su alrededor, las flores que seguían sin tocarlo, sin penetrar en la defensa de Virgo, comienzan a marchitarse y descomponerse, repentinamente las flores se convierten en polvo e intentan aprisionar al hindú, pero son repelidas por el khan.

—Mi defensa es impenetrable…

—En ese caso…

Del suelo surgen unas ramas que empiezan a crecer rápidamente, las cuales sujetan las piernas del santo de oro, las millones de enredaderas lúgubres ahora vuelven a atacar, pero esta vez desde las profundidades, como si surgieran desde los infiernos.

—¡Burlo mi defensa atacando desde abajo de la tierra!

—Estas flores me hacen invencible, con ellas venceré…

—Mi cosmos está disminuyendo, mis músculos están contraídos…

—¡Mis flores lúgubres te despojan el cosmos, cuando se complete todo el jardín, tu vida se habrá esfumado de la faz de la tierra!

Unas ramas sujetan las manos de Virgo, quién se disponía a atacar, al tiempo que cientos de flores parecen nacer de entre los mosaicos del piso del templo, convirtiendo el suelo en tierra fértil y al cabo de unos segundos nacen todo tipo de plantas.

—No puedes destruir mis flores, puesto que ellas están más allá de la vida y la muerte…renacen y mueren, todo el tiempo…después de todo la muerte brota de la vida, así como los organismos en descomposición alimentan a los microorganismos y estos a organismos complejos, completando el círculo de la vida…

—Ya conocí alguien que es capaz de volver de la muerte… —dijo Shaka recordando a Ikki de Fénix.

—¡Muere! ¡CIRCULO DE RESURRECCIÓN Y MUERTE!

El querubín levanta sus manos y aparecen muchos pétalos de hermosas flores que se marchitan, para luego florecer y así viceversa.

—¡No puedo liberarme de su técnica…mis energías disminuyen!

—Cuando los pétalos florecen significa que tu cosmos es absorbido, y cuando éstas se marchitan es porque tu cosmos desaparece…estás perdido Shaka...

El santo de oro se pone derecho, pronto se ríe ante lo atónita mirada de su adversario, al cual le recorre una gota de sudor en su frente del nerviosismo, una luz dorada baña todo el ambiente, pronto los bellos rosales se transforman en los mosaicos de un enorme templo sagrado.

—¿Dónde estoy?

—Te lo dije antes, nunca podrás vencerme… ¡LOS SEIS MUNDOS!

El santo de oro junta sus manos, implorando un rezo, pronto el querubín empieza a caer en un abismo, que lo va llevando hacia distintos mundos, desde el mundo de las bestias hasta el mundo del cielo, pero el ataque no termina de surtir efecto, alguien al parecer interrumpe la mecánica de la técnica. El querubín se levanta algo aturdido.

—¡Alguien ha intervenido, pero no es un cosmos ordinario!

—Señora Afrodita…gracias por tu protección, mi reina…

—Así que ha sido la diosa del amor la que te ha salvado…

—Así es….ahora soportaré todo lo que sea necesario y al final te venceré… ¡PECADOS DE MIRRA!

Adonis enciende su cosmos, el cual se expande de forma muy poderosa, a la vista del santo de oro aparece un árbol peculiar, que al parecer no era tangible, sino compuesto de cosmos.

—¡Así que lo seguirás intentando!

Una resina de color amarillo empieza a flotar delante del ateniense, proveniente del árbol de mirra.

—Ya sabías que había anulado mi sentido del olfato… —dice reflexivo para sí.—¿Por qué lo intenta otra vez?

—Mi fragancia puede penetrar la pie, no es necesario que lo inhales, cuando cambie de color tu muerte será irremediable…

—¡Así que ésta es tu técnica suprema!

El santo de oro cae arrodillado, los colores amarillos se transforman finalmente en pardo rojizo, repentinamente la víctima del aroma se desploma pero antes de caer al suelo se sostiene con una mano.

—Finalmente serás vencido Shaka de Virgo…

El querubín intenta apretar su puño en señal de victoria pero sus dedos son inflexibles, toda su capacidad motriz desaparece.

—¿Qué es eso? —dice Adonis apenas moviendo la boca.

El santo de oro se teletransporta apareciendo unos metros arriba de la zona del lugar tóxico.

—¡TESORO DEL CIELO! —exclamó Shaka al tiempo que abrió sus ojos. —Ahora pondré fin a todo esto Adonis…tus cinco sentidos serán extirpados ahora…

—¿Cómo has sido capaz de resistir a mi veneno? ¡Ha abierto sus ojos!

—He concentrado todas mis chacras de una manera intensa, de ésta manera he incinerado tu veneno con el ardor de mi cosmos…

—¡No puedo mover ni un solo músculo! —pensaba el querubín.

—Es porque has perdido tu sentido del tacto…

—¡No me vencerá!

Adonis enciende su cosmos y mueve con gran dificultad sus brazos, tratando de moverse aún sin sentir su cuerpo.

—¡Es asombroso, aún puedes moverte!

—Aunque no sienta mi cuerpo aún puedo luchar…

El querubín comienza a elevar su cosmos a un nivel notablemente superior al de minutos antes, el santo de oro queda sorprendido. El guerrero del amor se mueve a gran velocidad hasta que se sitúa frente a Shaka, quién intenta hacer su técnica defensiva, el khan, pero la velocidad del olímpico termina imponiéndose con un puñetazo de luz que impacta en el hombro, producto de esto la hombrera termina estallando, al tiempo que una profunda herida de sangre brota de su cuerpo.

—¡Adonis, en verdad eres muy poderoso, pero aún no llegas a compararte conmigo, pues no conoces la verdad del universo…!

—La verdad del universo es morir para renacer e ir purgándose hasta el nirvana, en unirse con el todo, ¿no es así Shaka?

—Visto desde una forma muy superflua, pero no entiendes la verdad que hay atrás del todo…

El querubín vuelve a arremeter contra el caballero de oro con un puño de luz, pero el hindú se teletransporta hacia un lugar lejano, tomando la pose de flor de loto.

—¡Te quitaré el sentido del oído! —Shaka aprieta la palma de su mano derecha.

—¡Maldición! —Adonis se toca sus oídos, los cuales sangraban, sin embargo no sentía dolor alguno puesto que su tacto había sido arrebatado.

—Soy tan misericordioso que te he quitado primero el tacto para que no mueras producto del dolor y ahora has perdido el oído, ¿qué es lo próximo que te gustaría perder?

—¡Debo seguir! —pensaba Adonis.

—Si no me respondes elegiré yo, ya que me conmueve ver esa mirada de impotencia por querer hacer algo sin poder hacer nada… ¡ahora el sentido de la vista! —Shaka vuelve a apretar la palma de su mano.

—¡Mi ojos, ya no puedo verlo…! —Adonis se lamenta para sí, viendo todo borroso al comienzo y sin poder ver nada al cabo de unos segundos.

—¡Ahora te quitaré los demás sentidos, adiós Adonis!

El santo de oro sigue utilizando su tesoro del cielo, primero quita el sentido del olfato y del gusto finalmente, el querubín cae desplomado al suelo.

—Debo seguir mi periplo…

El santo dorado da siete pasos en dirección a la salida del templo, pero pronto siente un amenazante y deslumbrante cosmos.

—Todavía no Shaka…. —decía Adonis con telepatía a su enemigo.

—¡Su cosmos ha crecido hasta un nivel infinito! En verdad te pareces a él…a aquel que resurgía de sus cenizas… —dijo comparando su poder con Ikki.

—¡Con quitarme los otros cinco sentidos lo único que has logrado es elevar mi séptimo sentido! Ya que solo puedo hacer uso de él para vencerte…y es lo único que necesito para hacerlo…

—¡Te quitaré el séptimo sentido en ese caso!

—¡PECADOS DE MIRRA!

El querubín con un nivel de cosmos gigantesco vuelve a hacer brotar aquel árbol peculiar.

—¡KHAN! Ahora no podrás vencerme, he desplegado mi defensa también por abajo, es un escudo perfecto…

—¡No tengo pensado atacarte por debajo!

El árbol brota nuevamente resina de color amarillo, lo cual se derrama sobre el escudo energético de Virgo, rodeándolo por todos los sectores, hasta que inesperadamente el khan se dilapida cayendo por completo, el santo de oro es alcanzado por la resina y su armadura comienza a mostrar grietas.

—No puedo creerlo, el veneno está superando la energía vital de mis chacras… —dijo entre lamentos Shaka.

—Ahora ya estás envenenado, estás condenado a morir…pero yo también seré piadoso y te mataré antes de que el veneno surta efecto… —dice Adonis siempre a través de la telepatía. —¡CIRCULO DE RESURRECCIÓN Y MUERTE!

El querubín levanta sus manos y aparecen muchos pétalos de hermosas flores que se marchitan, para luego florecer y así viceversa, finalmente giran a su alrededor al tiempo que se van marchitando y pudriéndose, hasta descomponerse en polvo, el khan es partido al medio por la fricción del circulo de polvo que aún giraba alrededor de Shaka, repentinamente la órbita se rompe y las partículas arremeten sobre el enemigo, despedazando su armadura de oro e incrustándose en su cuerpo, haciéndolo sangrar por casi todos sus poros.

—Ahora la hemorragia te matará en segundos…y no podrás elevar tu cosmos puesto que las partículas de mis flores yacen en el interior de tu cuerpo, has perdido Shaka…

Adonis se acerca al malherido santo, dispuesto a terminar con él.

—Te ahorraré los segundos cortándote la cabeza…

El último querubín se disponía a ejecutar a Virgo, pero repentinamente se vio paralizado.

—¿Qué está pasando? Siento que mi séptimo sentido está siendo contenido… —reflexiona Adonis para sí.

—Adonis, al herir tan severamente mi cuerpo has ayudado a desplegar mi cosmos al infinito, al mismísimo nirvana… —responde Shaka mientras su cuerpo comienza a brillar y traslucirse.

—¿Cómo puedes invocar tanto poder si tu cosmos está cubierto por las partículas de mis flores?

—No estoy invocando mi cosmos desde mi cuerpo, he fundido mi conciencia con el todo, ésta es la verdad absoluta Adonis…poder invocar el poder de todo el universo, mi cosmos emana desde todos lados, por eso no puedes moverte… ¡TESORO DEL CIELO!

La imagen traslucida y brillante que ahora era el cuerpo de Shaka adopta la posición de esa técnica, juntando sus manos en el centro de su pecho y abriéndola suavemente, para que de adentro surja un destello que arrebata el cosmos de su adversario, provocándole una muerte instantánea. El cuerpo de Shaka vuelve a materializarse y éste cae duramente en el piso, aun sangrando.

—Quizá el veneno termine conmigo antes que la hemorragia o viceversa…

El santo de oro queda inconsciente en el suelo.

Mansión Solo.

El espíritu de Poseidón había sido liberado y había tomado el cuerpo de su huésped, Julián Solo, quién se había convertido en el emperador de los mares, el general marino de Sirena se encontraba hincado frente a su amo.

—Mi señor Poseidón, yo cumpliré su voluntad…

La vista del dios de los mares se enciende dejando traslucir un brillo azul y mirando hacia el cielo, en dirección al Olimpo, puede observar con su omnisciencia el transcurso de los sucesos.

—Sorrento, en estos momentos los santos atenienses se encuentran en el Jardín del Edén… —explica Poseidón.

—¿El Jardín del Edén?

—Es el hermoso territorio de Afrodita, la diosa del amor…

—Pero señor… ¿su voluntad es tener una alianza con Atenea…?

—Atenea ha sido mi rival desde tiempos mitológicos, pero también me pregunto si la purificación del mundo y la humanidad tal como lo quiere Zeus es justo…

—¿Nos mantendremos al margen entonces?

—De momento es hora de ir a nuestro reino Sorrento, reconstruir sobre los cimientos…

El dios del mar enciende su cosmos envolviendo todo la mansión, en un instante la luz azulada absorbe al general marino, seguidamente éstos desaparecen, al cabo de unos segundos ambos se encontraban en la Atlántida, más precisamente en el templo de Poseidón en el mar. Cuando Sorrento observaba a los ojos a su señor, unos pasos pueden sentirse en el recinto, de entre las sombras puede verse un brillo dorado, con tonos anaranjados, unas de las escamas podían apreciarse.

—Tú eres… —murmura Sorrento.

—Soy Najash, uno de los siete generales, guardián del Atlántico, el Dragón de los Mares…

—Kanon ha usurpado las escamas de Dragón Marino, dominando su voluntad con su cosmos, pero Najash es el verdadero general del Atlántico Norte, que el destino decidió que no peleara en la batalla contra Atenea… —ilustra Poseidón.

—Mi señor, las muertes de los otros cinco generales marinos nos convierte en un ejército muy diezmado, pese a contar con las nereidas y los soldados tritones...

—Esa será su tarea mis generales, buscar a sus camaradas en el Inframundo…

—El Inframundo…el sitio gobernado por Hades… —susurra Najash.

—Hades pereció en la batalla contra Atenea, el Inframundo es un sitio sin regente y sin ley… —dijo Sorrento.

—Perséfone está abocada a cumplir las tareas de Hades, sin embargo su poder no es suficiente para evitar que las almas que han despertado el octavo sentido puedan escapar…

—¿El octavo sentido? —pregunta Sorrento.

—Solo despertando el octavo sentido podrán llegar vivos a ese tan terrible sitio…la octava conciencia. Ustedes, los generales marinos son capaces de alcanzar el séptimo sentido, lo que les permite usar sus poderes a la velocidad de la luz, pero el octavo sentido está aún más allá de éste límite, con él pueden bajar a los infiernos con el control absoluto de su alma… —se explaya Poseidón.

—¿Y que hay de las almas de los muertos? ¿Cómo podrían interferir en el mundo de los vivos? —interroga Sorrento.

—Las almas que escapan al mundo de los vivos y perezcan están condenadas a la extinción…sin embargo, puede que tengan un poco de suerte y encuentren a quién deben encontrar… —dice Poseidón.

—¿A quién debemos encontrar? —pregunta Najash desconcertado.

—En realidad él los encontrará a ustedes de ser necesario, será su voluntad aparecer, no la suya… —sentencia Poseidón.

Jardín del Edén.

El santo de Pegaso seguía su camino hasta que vuelve a ver la silueta de una mujer, cuando la imagen se hace más visible no se trata de nadie más que de la misma Atenea.

—¿Saori? ¡Imposible! Esto debe ser un truco…

—Seiya…soy yo… ¿por qué desconfías…?

La diosa se acerca al santo al tiempo que emana su tranquilo cosmos, Seiya abre sus ojos sorprendidos, no podía haber ningún error, era su aura de siempre, nadie podría ser capaz de hacer tal cosa.

—¡Es peligroso que estés aquí Saori!

—Descuida Seiya… —Atenea toma sus manos y sus mejillas se sonrojan.

El Pegaso cae instantáneamente en la ternura de la diosa, ésta se acerca y lo abraza. Seiya, quién sabía que no era momento de demostraciones de afecto, sin embargo no atina a hacer nada, solo deja llevarse por el agradable momento, dulcemente la diosa acerca su rostro y sus labios al de su más leal santo.

—Saori…tú… —pensaba Seiya sin emitir una palabra.

—Así es Seiya…yo te amo…

Suavemente la diosa sella sus labios con los de su amado, quién permanecía perplejo, su deber de santo lo obligaba a seguir su camino, pero sus sentimientos eran inocultables. Al cabo de uno segundos dejan de besarse y Seiya mira a la cara a Saori, pero misteriosamente su rostro cambia de aspecto, se trataba de la mismísima Shaina.

—¿Shaina?

—¡Seiya! Yo…

Shaina de Ofiuco se sonroja avergonzada, soltando las manos de Seiya y emprende una carrera al jardín, perdiéndose entre varias enredaderas, hasta desaparecer.

—¡No sé qué ha pasado!

Pegaso se pone a meditar sobre la situación, sus pensamientos, sus sentimientos, porqué había sucedido eso, ¿se trataba de una ilusión? ¿Porque Shaina…? Se percata de que quizá estaba perdiendo el tiempo, que tenía que seguir el camino, pero algo lo perturba, en vez de seguir el camino se interna por las enredaderas, en donde se había ido Shaina. Tras unos momentos ve a Shaina posada sobre un árbol, con la vista perdida en el horizonte, Pegaso se acerca.

—¿Shaina que haces aquí?

La mujer responde suavemente pero sin mirarlo.

—¿Ha sido verdad lo de hace unos momentos? ¿Realmente nos hemos besado?

—No Shaina, no sé qué paso, yo estaba con Saori…

—¡¿Qué?! ¿Saori?

El santo de Pegaso baja el rostro, no se anima ver su cara, comienza a explicarle.

—Shaina lo siento, yo amo a Saori…

Repentinamente una hermosa mano toma su rostro, levantándolo, el santo no lo puede creer, donde estaba Shaina está Saori.

—Saori, eres tú… ¿qué ha pasado con Shaina?

—¿De verdad me amas Seiya?

Entonces otra voz irrumpe atrás del santo.

—¿Es verdad eso Seiya? —dice Miho llorando desconsoladamente.

Seiya no entiende nada, repentinamente Saori se transforma en Shaina.

—Entonces no tengo otra alternativa, un santo femenino que muestra su rostro a un hombre solo tiene dos opciones, si no puedo amarte entonces tendré que matarte…

Shaina eleva su cosmos, Seiya está completamente desorientado, no comprende la situación.

—¡Detente Shaina, no pelearé contigo!

—¡Entonces muere! ¡A MI COBRA! —grita Shaina dando un salto al cielo y extendiendo su mano como una garra, mientras varios truenos aparecen detrás de ella.

Bifurcación de los senderos del Jardín del Edén.

Los santos de oro de Aries, Géminis y Libra se encuentra en donde se separan los caminos, tenían que tomar una decisión.

—Yo tomaré el camino del centro… —dijo Saga.

—Yo tomaré el camino de la izquierda… —comenta Dohko.

—Está decidido… —susurra Mu caminando por el sendero de la derecha.

Los tres santos de oro se separan, al tiempo que Shun de Andrómeda y Aioria de Leo continúan su camino, sin embargo Daidalos y Shaka parecen haber caído.