Capítulo 39: El amor a la esperanza.

En el hermoso prado de la diosa del amor se habían desencadenado mortales combates, los tres querubines finalmente fueron vencidos, asimismo Seiya de Pegaso se encontraba bajo una situación que lo había dejado completamente anonado, Aioria de Leo seguía su rumbo, aunque se encontraba lejos todavía de donde estaba el santo japonés.

Sendero del templo del príncipe Paris.

Shun de Andrómeda avanzaba a toda velocidad por el jardín de flores, hasta que pronto siente una corazonada que lo obliga a detenerse abruptamente, para su sorpresa en su camino se cruza alguien conocido, que no debería estar en tal sitio.

—¿Qué? June… —se preguntó perplejo.

—¡Shun!

—¡June! Es peligroso que estés aquí, Saori nos permitió a unos pocos venir hasta el Olimpo, ¿qué haces en éste sitio?

—No puedo quedarme en el Santuario calmadamente mientras arriesgas tu vida, me resisto a la idea de perderte…

—¡June! Pero…

Ambos se miran con una dulce mirada, June se acerca a Shun y luego se quita su máscara. El santo de bronce no comprende nada, pero la cadena cuadrada de pronto se pone tensa, mostrando hacia una dirección lejana, entonces el joven comprende.

—¡Gracias leal cadena de Andrómeda, entonces se trata de una trampa, ONDA DEL TRUENO!

La cadena de Andrómeda se interna en el prado, finalmente desaparece del ángulo de visión, al cabo de unos segundos la ilusión de June se esfuma por completo, todo había terminado.

—Quién está detrás de todo esto es alguien realmente muy cruel, que juega con los corazones de las personas, espero que los demás estén bien…si no fuera por mi cadena hubiese caído en este engaño…

Templo de Eros.

El dios del amor extiende abruptamente su brazo derecho, interceptando una cadena que había salido de la nada, en dirección a su rostro. La misma se enrosca entre su muñeca y su codo y entonces se retrae y desaparece, tan rápido e inesperadamente como había aparecido.

—¡Andrómeda, me sorprende que me haya descubierto! Su cadena pudo descifrar mi ubicación… —reflexiona Eros. —Su intervención ha detenido mi hechizo…

Sendero del templo de Narciso.

Shaina se encontraba dispuesta a enfrentar a Seiya con todo su poder, pero éste ni siquiera había alzado la guardia, se negaba rotundamente a combatir con la muchacha, aunque aparentemente a ella eso no la detenía, en el momento crucial en que el santo femenino ejecutaba su técnica, desapareció repentinamente, así como también desapareció Miho y Saori.

El Pegaso estaba desconcertado, pensando en lo que había sucedido, intuía que quizá había sido una ilusión, pero al mismo tiempo la sensación de aquel beso había sido totalmente real. Tras reflexionar un momento y no encontrar respuestas coherentes, el santo de bronce retoma su camino.

Luego de un gran recorrido, llega a un templo de proporciones perfectas, tenía una bonita entrada con abundantes flores y mariposas que se posaban en ellas, un colibrí aparece en una flor, luego el santo de bronce observa que no es uno sino varios, las columnas del templo tenían tonos dorados y estaba hecho de mármol.

—Me siento observado en alguna medida… —Seiya voltea hacia todas las direcciones. —Puedo percibir un cosmos demasiado poderoso…

Repentinamente el cuerpo de Seiya es apoderado por la rigidez y el nerviosismo. El ambiente es cubierto con el misterioso cosmos que había percibido segundos antes, una suave brisa recorre el rostro del ateniense y entre el viento disipado un hermoso joven aparece, llevando puesta una armadura de color beige con tonalidades rosas y violetas, con alas en forma de mariposa, con un gran arco y un carcaj de flechas en sus espaldas, tenía una tez blanca, ojos celestes, un aspecto adolescente y un rubio cabello lacio.

—¡Su cosmos es inmensamente superior a un ángel o un querubín! —murmura Seiya para sí.

—Soy Anteros, así que tú eres Pegaso, tu cabeza es muy apetecida en el Olimpo…

—Anteros... ¿cómo sabes quién soy?

—Yo tengo la habilidad de leer a través del corazón de los seres vivos, sean humanos o dioses, no hay excepción…

—¡Deja de presumir tanto!

—Puedo ver porque luchas… —el dios se ríe. —Es interesante…no todos los santos tienen las mismas motivaciones según parece…

—¿Qué? —Seiya aprieta su puño. —¿Qué quieres decir…?

—Todos los santos se jactan de luchar por el amor y la justicia, por defender su planeta Tierra, sin embargo tu situación es distinta…

—¡Yo también lucho por el amor y la justicia! —dice Seiya elevando su tono de voz.

—Eso es falso, tú peleas por amor a una diosa, lo cual está prohibido según las reglas de tu propio Santuario…

—¡Deja de decir estupideces, yo lucho para salvar al planeta, por supuesto que también lucho por Saori!

—Es natural que niegues tus sentimientos, es un mecanismo de negación propio de los humanos…no puedes amar a Atenea y ella no puede amarte por más que se correspondan, las reglas del Santuario así lo establecen, el amor de ella es para todos los santos, ella no puede amar a uno solo de sus protectores…

—¡Anteros, ocúpate de tus propios asuntos, yo, un santo de Athena, la protegeré a ella y a la humanidad!

—Me estoy ocupando de mis asuntos, yo soy el dios del amor correspondido, y eso es lo más sagrado del universo, trasciende guerras y protocolos, creados por la sociedad humana, incluso una guerra en el nombre del Olimpo…

—¿Estás diciendo que es más importante el amor personal que defender el amor a la justicia?

—El amor a la justicia…otra fantasía creada por la sociedad humana, justicia… ¿quiénes son ustedes para decir lo que es justo? Los hijos de los humanos…

—Evidentemente hay dioses que no entienden de razones… —dijo Seiya dando un suspiro de relajación casi cómico.

—Tu eres un ser miserable que no disfruta de la corta vida que tiene, me das lástima, pero por si fuera poco has traído tu infortunio y muerte al jardín del amor…como un habitante del monte Olimpo debo defender el lugar donde vivo, pero a mí no me interesan sus estúpidas guerras, tú has levantado el puño contra lo más sagrado que existe, contra los dioses, y por eso pagarás ese desacato divino…

—Los dioses son culpables de sus imperdonables actos de matanza contra la humanidad… ¡yo creo en nuestra victoria!

—Una victoria imposible, Zeus es invencible, el garantiza el orden, es una pena para ustedes pero solo sentirán la desesperanza, a mí los humanos siempre me han divertido, no tengo nada en contra de tu especie, pero si tengo algo contra tuyo…

—¡¿Contra mí?!

—Si, por involucrarme en ésta estúpida guerra, traer tragedia a mi hogar, y por sobre todas las cosas por despreciar el amor correspondido…

—¡No lo entiendes, yo y Saori sentimos lo mismo, amamos el mismo ideal de todos los santos, muchos compañeros se han sacrificado para que nosotros podamos llegar a este sitio…! Y yo voy a abrirles el paso a los que vendrán tras de mí, aun si para eso tenga que levantar el puño contra los dioses nuevamente…

—Los humanos son seres incomprensibles, quizá no venga más el plan de Zeus, por algo ha de ser…él podría crear un nuevo mundo dónde la pureza esté por sobre todas las cosas, un planeta igual de bello que el Jardín del Edén…donde Afrodita podría despertar el amor entre todos los seres…

—Te mostraré la determinación que tienen los santos cuando luchan por aquello por lo que aman. ¡METEOROS DE PEGASO!

El santo de bronce traza con sus brazos las estrellas de la constelación de Pegaso, su cosmos alcanza sobradamente el séptimo sentido, luego extiende su puño derecho al frente, al tiempo que millones de estrellas fugaces embisten contra el enemigo, pero éste con su cuerpo inmutable enciende su cosmos desviando solo con esto todos los meteoros que pasan a sus costados inexplicablemente.

—¡No puede ser…los ha evitado con una inmensa facilidad! —Seiya retrocede perplejo.

—Pegaso, no seas engreído, soy un dios… —continúa Anteros. —Junto con Eros somos los dioses del amor, yo soy el dios del amor correspondido, tu poder es muy reducido ante el nuestro.

—¡Ya me he enfrentado a Poseidón, Hades y Apolo! ¿Crees que me provocas temor?

—He leído en tu corazón, has sido capaz de despertar una armadura divina, una armadura casi tan poderosa como una kamui de los dioses del Olimpo, pero eso solo fue un milagro circunstancial, te mataré antes de que puedas despertar el poder de la sangre de Atenea…

El dios estira el brazo y saca una flecha de su carcaj, en una décima de segundo dispara el proyectil, el cual se convierten en agujas afiladas.

—¡Malditos…todas esas agujas…no alcanzo a verlas!

El santo de Pegaso comienza a bloquear los embates de las agujas, pero recibe posteriormente el ataque de millones de ellas que lo hieren por todo su cuerpo, aunque se conserva en pie.

—Reconozco tu fortaleza…pero con esas heridas no podrás huir de la muerte, a menos que me prometas regresar al Santuario y conocer el amor de Atenea, antes de que el mundo comience a ser aniquilado, soy tan piadoso que me gustaría que tú, mi enemigo, conozca el gozo del amor antes de morir…

—No daré ningún paso atrás, ayudaré a cumplir los designios de Athena y a que esa catástrofe que anuncias sea evitada…

—Bueno… entonces muere…

Anteros vuelve a disparar la flecha, presto a eliminar a su adversario en un instante, pero el santo de Pegaso da un elevado salto y cuando se encontraba en el aire, crecen unas alas de su armadura, aunque sin tomar la forma divina.

—Ese ataque no volverá a surtir efecto… ¡COMETA DE PEGASO!

El ataque es ejecutado en el aire, de una manera descendente y violenta, sin embargo la deidad bloquea la técnica con sus dos manos.

—¡Impresionante! Me pregunto si su nivel es tan grande como el de los dioses gemelos de los Campos Elíseos…

—La fuerza de la muerte y del sueño es comparable con la del amor, pero el amor es mucho más bello…

—¡Aunque seas un dios, si obtengo mi armadura divina serás un dios de baja categoría! Capaz de perecer ante un humano.

—¡Eres sumamente irrespetuoso contra los dioses, nosotros somos seres superiores, pagarás toda tu insolencia!

—¡Cerraré tu boca Anteros…METEOROS DE PEGASO!

El dios elude varios meteoros, algunos los bloquea, en un instante desaparece para luego aparecer debajo del santo de bronce, señala a su adversario, disparando una potente energía de color múltiple que da en el mentón de Seiya, quién resulta elevado del golpe, finalmente cae duramente al suelo, mucha sangre es derramada en el piso.

—Ha sido capaz de evitar mis meteoros por completo… —dice Seiya al tiempo que se pone de pie con gran tenacidad, pero con dificultad también.

—Eres un ser muy violento, yo prefiero sepultarte con estilo, ¡MUERTE DE FANTASÍA!

Anteros enciende su cosmos divino y extiende sus manos hacia arriba, detrás de él surgen unas mariposas rosadas, las cuales vuelan alrededor de su adversario.

—¿Crees que vencerás con esas mariposas?

—Ataquen mis bellezas…

La deidad del amor baja los brazos y de las mariposas comienzan a brotar una tenue luz, Seiya queda atrapado en el ángulo de ataque, finalmente las mariposas empiezan a embestir contra el santo, quien luego de recibir una gran descarga de energía cae al suelo, con su armadura de bronce despedazada en varias partes, su hombrera derecha es destruida por completo, el peto es destruido a la mitad y todo el resto queda agrietada de forma muy devastadora.

—Santo de Pegaso, las mariposas se posan en su objetivo, en ellas deposito mi cosmos, es una pena pero mis hermosas aliadas se encargarán de tu cuerpo, irás al más allá sin sufrimiento después de todo, admite tu derrota y descansa en paz, sin violencia ya…

El santo de Pegaso con gran dificultad logra ponerse en pie, pero a continuación advierte que todo su cuerpo está lleno del cosmos del enemigo, cientos de mariposas traslucidas se reposan sobre su cuerpo, finalmente siente como sus energías se desvanecen y cae al suelo sin más.

—Finalmente Pegaso ha caído inconsciente, es hora de cortar su cabeza para que todo termine…

Anteros se acerca hacia su objetivo, enciende su cosmos, pero instantáneamente siente una descarga eléctrica en su mano y solo atina a voltear sorprendido por la reciente llegada de un enemigo.

—¡PLASMA RELÁMPAGO!

Aioria aparece repentinamente y con su puño derecho extendido al frente, descarga incontables rayos dorados de luz, los cuales se entrecruzan para formar una red de rayos, el dios eleva su cosmos al tiempo que extiende la palma de su mano para realizar una descarga de energía potente que contrarresta la del santo dorado, sin embargo después de que éste cae violentamente al suelo, logra apreciar que el plasma relámpago causó grietas en una de las hombreras de su túnica de la belleza, la cual era como la de los querubines, pero de un mayor nivel.

—¡Maldito atrevido! —se queja Anteros.

El santo de oro se pone de pie, pero con postura tambaleante.

—¡No dejaré que mates a Seiya! —exclama Aioria.

—Aioria de Leo, no creas que podrás vencerme como a Narciso, yo soy un dios…

—¡Solo creo en una diosa y ella es Atenea…PLASMA RELÁMPAGO!

—Tonto, solo lograste dañarme porque me atacaste cuando estaba desprevenido…

El santo de oro extiende su puño velozmente y pronto una red de rayos se forman alrededor del dios, pero éste concentra todo su cosmos en su mano y los rayos del león son absorbidos como si hubiera una especie de fuerza magnética, el ataque desaparece por completo.

—¡Ha contenido mi ataque sin ninguna dificultad!

—Al fin lo comprendes…voy a darte una oportunidad, vuelve sobre tus pasos y goza junto a tu amor, Marín, yo te garantizo que serás correspondido, si eso es lo que te ha detenido todo este tiempo…

—¿Qué estás diciendo? —pregunta Aioria.

—Yo soy capaz de leer el corazón de todos los seres, en el fondo sé que amas a Marín…

—¡Yo amo los ideales por lo que lucha Athena, amo la creencia por la que murió mi hermano, y por la que él y yo hemos vuelto a la vida!

—Otro ser triste que morirá sin conocer el amor…

—Ya conozco el amor, quizá mucho mejor que tú…amo una idea, una esperanza, ese creo que es uno de los amores más profundos y desinteresados que pueden existir…

—Es verdad, totalmente desinteresados, no tienen interés alguno…

—¡No lo entenderías, eres tan superficial como Narciso!

—Mira que compararme con un humano, yo soy lo más profundo de este universo, la razón de toda esta guerra ¿o no es que hacen todo esto por el amor?

—Por un amor que está fuera de tu entendimiento…

—Me aburriste…dices cosas sin sentidos, es hora de que regreses de donde nunca debiste haber salido, ¡MUERTE DE FANTASÍA!

La deidad del amor baja los brazos y de las mariposas comienza a brotar una tenue luz, Aioria queda atrapado en el ángulo de ataque, posteriormente las polillas empiezan a arremeter contra el santo de oro, quien luego de recibir una gran chispazo de energía cae al suelo, su armadura de oro es agrietada aún más de lo que estaba luego del combate con Narciso, parte del peto es destruido.

—Están acabados, mataré a ambos ahora mismo… —susurra Anteros.

El santo de oro se levanta con una gran voluntad, pero sorpresivamente hace lo mismo el santo de bronce.

—Pegaso, ustedes dos…su tenacidad es de admirar…si usaran esa tenacidad para amar serían felices y no estarían en guerra, si toda la humanidad usara su tenacidad para amar podrían hasta vivir con nosotros…

—¡Usamos esa tenacidad para amar, solo que tu no entiendes que es lo que amamos! —dice Aioria elevando su cosmos.

—Aguarda Aioria, Anteros es mi rival…

—Pero Seiya, tenemos que unirnos, es un dios…

—¡Aioria…ya te has enfrentado a Narciso, estás gravemente herido, yo solo lo venceré!

El santo de oro mira los ojos llenos de determinación de Seiya y se aleja, quedando al margen.

—Pegaso…te sepultaré… ¡MUERTE DE FANTASÍA!

El dios del amor baja los brazos y de las mariposas comienza a brotar una tenue luz, nuevamente Pegaso queda atrapado en el ángulo del ataque, en un instante las larvas comienzan a tomar un mayor tamaño, el cuerpo del mortal comienza a arder, su armadura sigue estallando pero cuando todo parecía decidido, un caballo alado surge en forma de aura.

—¿Qué? —se pregunta Anteros perplejo.

—¡El cosmos de Seiya ha crecido al nivel de un dios! —exclamó Aioria.

Los pocos fragmentos que tenía la armadura de Pegaso comienzan a arder como bolas de fuego a su alrededor, el dios mira perplejo, luego de diluirse el brillo cegador, puede apreciarse finalmente la armadura divina de Pegaso.

—¡Así que has sido capaz de despertar el noveno sentido ayudado por la sangre de Atenea! —dijo el dios.

—Ahora estás perdido Anteros, ¡según veo no comprendes nuestras motivaciones! —exclama Seiya.

—¡No importa cuáles sean tus motivaciones, sea amor o justicia todo será inútil, no puedes vencer al Olimpo! —responde Anteros.

—¡Te mostraré el poder de la esperanza...METEOROS DE PEGASO!

El santo divino con su cosmos al infinito despliega incontables estrellas fugaces que superan la velocidad de la luz, pero inesperadamente el dios desaparece y las imágenes alrededor del Seiya se empiezan a distorsionar, todo el campo de batalla se torna en colores floridos y confusos.

—¡Demonios, ha conseguido evitar mi ataque!

—¡No soy capaz de ver los golpes de Seiya, pero parece que el dios ha sido capaz de evitarlos! —manifiesta Aioria.

—¡Idiota, yo también puedo superar la velocidad de la luz si lo deseo, soy un dios! —la voz de Anteros resuena, pero no advierte su verdadera ubicación.

—¿Dónde está? —pregunta Seiya.

—¡PARADIGMA DEL AMOR!

De repente se abre la tierra y un rayo rosado golpea al santo divino, el cual recibe el daño, pero lo soporta manteniéndose en pie, para luego agarrar de la espalda a su enemigo, del cual había descubierto su ubicación, tras percibir la dirección del ataque.

—¡Lo ha logrado! —expresa Aioria.

—¿Qué? Ha soportado mi técnica… —dice Anteros tratando de soltarse del agarre.

—¡DESTELLO RODANTE DE PEGASO!

El santo divino de Pegaso sube al cielo con su enemigo, desapareciendo de la visión de Leo, quién trataba de ver.

—¡Han subido tan alto que han desaparecido! —mencionó el león dorado.

En el siguiente instante puede verse algo parecido a un cometa caer del cielo, producto de esto puede sentirse una gran explosión y una grieta de enormes magnitudes en el campo de batalla, cuando Aioria se acerca solo ve una cosa, a Seiya completamente herido, con su casco destruido.

—¡Seiya!

—¡Si no fuera por el casco hubiera muerto! —dice Seiya reincorporándose con un hilo de sangre que le recorre la cabeza.

—Nunca me alcanzarás Seiya… —susurra Anteros.

—¡Anteros, has escapado del impacto, pero ahora sé que te venceré!

—¡Cierra la boca blasfemo, tus heridas son la prueba de que estás en problemas! —exclama Anteros.

—¡Cosmos, arde hasta el infinito, METEOROS DE PEGASO!

El santo divino traza las estrellas de su constelación protectora, decallones de estrellas fugaces salen disparadas de su puño, el dios desaparece, escapando del ataque. Pero los ojos del ateniense cobran un brillo celeste y localiza a su enemigo.

—¡Sé donde estás…METEOROS DE PEGASO!

—¡No puede ser! —se lamentó Anteros.

Seiya comienza a golpear a su enemigo con meteoros que superaban la velocidad de la luz, el dios termina por rechazar varios de los ataques aunque se encontraba herido, luego salta hacia atrás intentando evitar su muerte, pero Pegaso se posiciona un metro arriba suyo, anticipándolo, luego de ensayar un poderoso vuelo, listo para lanzar un ataque de arriba hacia abajo.

—¡Adiós Anteros…COMETA DE PEGASO!

Una inmensa esfera de luz blanca arrasa contra el dios, destruyendo por completo su túnica de la belleza, pudiendo apreciarse innumerables heridas, su cosmos se apaga irremediablemente.

—¡Maravilloso Seiya! —felicita Aioria.

—¡Aioria, es hora de seguir nuestro camino!

Los dos santos se miran soltando una sonrisa y continúan su camino hacia el templo de Venus.