Capítulo 40: El daño colateral del amor…

La primera oleada de santos invadió el Olimpo, la tierra de los dioses, ya se encontraban cruzando el Jardín del Edén, las tierras de la diosa del amor. En dicho periplo, el dios del amor correspondido, Anteros, había sucumbido ante Seiya de Pegaso, quién había despertado la armadura divina, ahora junto con Aioria de Leo se encontraban rumbo al templo de Venus, para enfrentar a Afrodita, la diosa que encarnaba a la belleza.

Templo de Narciso.

Dohko de Libra entra al pintoresco recinto, pronto se encuentra con el cadáver de Narciso, el querubín cuyo corazón había sido perforado.

—Narciso, jamás imaginé que te encontraría de este modo, ésta herida…debe haber sido provocada por Aioria, en vistas de que hace poco me dejaste pasar por éste jardín voy a ofrecerte digna sepultura, en éste jardín al que protegiste con tu vida…

El anciano rejuvenecido custodio de las doce armas de Libra, rápidamente saca de entre sus corazas el bo dorado, aquel que podía también convertirse en la barra triple. Entonces encesta con ésta un golpe fuerte al suelo, en diagonal a su posición, haciendo que gran parte de la tierra se convierta en polvo, para dar lugar a una sepultura. Tras enterrar a Narciso y cubrirlo con la misma tierra del jardín el santo dorado emprendió su retirada, mientras éste se alejaba un brote de la planta narciso emergió de la tumba del querubín del mismo nombre.

Templo de Paris.

Mu de Aries entraba al recinto, observando detenidamente las estatuas, pero sin dejar de caminar hacia adentro.

—Estas estatuas son de los últimos líderes de Troya… —susurra mirando en dirección a la única estatua rota, se acerca y lee la inscripción de la estatua faltante, la cual decía "el asesino de Aquiles". —El asesino de Aquiles en la guerra de Troya fue Paris… —en su camino el tibetano observa el tótem de una túnica de la belleza, que tenía la forma de un manzanal, de cuya única rama sobresaliente colgaba una manzana de oro. Luego siguió su camino hasta que se encontró súbitamente con el malherido cuerpo de Daidalos de Cefeo. —Es el maestro de la isla Andrómeda… —piensa acercándose y notando que aún respiraba, aunque levemente. —Lo único que puedo hacer por ti es cicatrizar tus heridas, el que sobrevivas irá por cuenta tuya… —musita mientras ponía sus manos sobre Daidalos y elevaba su cosmos al tiempo que parecía como si una llovizna de polvillo dorado cayera sobre el santo de Cefeo. Tras unos momentos el santo de oro apaga su cosmos y lo observa por algunos segundos, luego percibe que su cosmos se ha extinguido. —Parece que ha sido demasiado tarde…

Sendero del príncipe Paris.

Shun de Andrómeda había recorrido varios kilómetros a gran velocidad, hasta que se detiene al tener frente a él un templo de grandes proporciones, aunque notablemente inferior al templo de la Luna, estaba cubierto en todo su ambiente por hermosas flores rojas y tenía una estatua de oro, de un ser angelical disparando una flecha con un pequeño arco.

—Esa estatua…según la mitología esa estatua no puede tratarse de nadie más que de él, quién lastima los corazones a distancia… —el santo de bronce entra al interior del templo y pronto siente como éste se encuentra impregnado de un enorme cosmos, el cual era dulce pero misterioso y oscuro. —Ese cosmos…lo sabía, eres el dios del amor, Eros…

Entonces el dios sale al encuentro desde unas sombras.

—Así es Andrómeda, quiero felicitarte, a ti y a tu cadena, jamás pensé que podría un simple mortal localizar desde donde estaba disparando mis flechas mágicas…

—Gracias Eros, tus palabras me hacen feliz, pero nada me haría más feliz que evitar un combate, por favor déjame pasar…

—Espera santo, en primer lugar me asombra que haya un guerrero de una diosa tan ruda como Atenea que sea tan pacífico, aunque también puede ser miedo…eres simplemente un mortal peleando contra los dioses… ¿por qué piensas que podrías combatirme a mí, un dios?

—¡Te equivocas! He venido a cumplir un sacrificio como ofrenda, ofrecer mi vida por aquellos que están sufriendo en éste mundo…pero si tanto humanos como dioses pudieran hablar y entenderse, no sería necesaria la guerra, la cual podría ser evitada.

—¿El embajador de paz del Santuario? ¿Cómo puede un guerrero hablar de paz? Además si ha de derramarse sangre será la tuya y la de los humanos…mejor retírate y yo te perdonaré la vida. —dijo Eros dando la espalda a su enemigo.

—¡No me retiraré, no soy cobarde…no te equivoques, ya te dije que he venido a dar mi vida como ofrenda, cumpliendo el destino que he aceptado de mi constelación guardiana!

—Si no eres cobarde en una situación así, con un dios por delante, eres un idiota…no dejaré que nadie atraviese mi templo, soy la última defensa de mi señora Afrodita, la diosa del amor, ¡te repito vete o morirás!

—No tengo opción… —piensa Shun en todos aquellos que han caído peleando y en la promesa que le hizo a Ikki y en el sacrificio de su maestro. —Combatiré, sino me dejas pasar tendré que derrotarte… ¡CADENA NEBULAR!

El santo de bronce extiende su cadena cuadrada y la impulsa con sus brazos hacia delante, pero su trayectoria se ve desviada cuando estaba a punto de golpear a Eros, pasando por sus costados sin rozarlo siquiera.

—¡¿Cómo lo hizo?!

—Soy un dios, los poderes entre mortales y dioses no se comparan…tienes un cosmos respetable para ser un mortal… —Eros se ríe. —Pero tienes un límite, como todo mortal…

—¡No será la primera vez que supero mis límites!

El dios del amor eleva su cosmos, a continuación saca su arco, quita una flecha de oro del carcaj y la tensa, mirando a su enemigo con desprecio.

—¡Mi armadura tiene la mejor fuerza defensiva de todas, no será tan sencillo vulnerarla!

—A ver Andrómeda, seguiré jugando…veamos si puedes detener alguno de mis poderes…

—¡No conseguirás nada con eso…DEFENSA RODANTE!

Las cadenas de Andrómeda comienzan a girar a su alrededor, lo hacían tan rápido que parecía que no dejaban ningún espacio.

—Mis flechas pueden desvanecerse en el aire y hacerse invisibles… —Eros saca una flecha de oro, la tensa y luego la dispara, superando la velocidad de la luz.

—¡Ya no puedo verla!

La flecha en su trayectoria desaparece, el santo de Andrómeda trata de sentir el ruido de la vibración para notar donde bloquearla.

—Ya está, acabo de darte… —dijo el Eros.

Shun no había sentido ningún dolor, rápidamente se dispone a contragolpear a su enemigo con un veloz movimiento de su cadena, pero sorpresivamente Eros se convierte en una copia fiel de June de Camaleón.

—Eres un ser muy maligno Eros…peleas sin respetar los límites del corazón, una vez fui vencido por un guerrero que hacía lo mismo. —a su mente vienen los recuerdos de su combate contra Kaza Leumnades, en el pilar del océano Antártico. —Esta vez, no seré vencido…no caeré dos veces en el mismo truco…

Sin hacer caso a su herido corazón el santo ateniense lanza su cadena hacia June, la cual la intercepta con su brazo y nuevamente toma la forma de Eros.

—No soy maligno, solo aprovecho tus propias debilidades para terminar con tus actos deshonrosos…

El dios desaparece del campo de batalla y la cadena que lo tenía sujetado cae al suelo, el santo de bronce intenta buscar su ubicación, pero súbitamente su enemigo aparece frente suyo.

—¡DEFENSA RODANTE!

—Ninguna técnica defensiva servirá contra un dios… ¡ALAS DE LA PASIÓN!

La deidad se eleva con sus alas al cielo y luego baja con el impulso, superando la velocidad de la luz, solo puede apreciarse una ráfaga celeste, que levanta por los aires al santo de Andrómeda, quién recibe heridas por todo su cuerpo, el tercio de su armadura es destruida.

—¡Es hora de terminar con tu miserable vida humano!

Eros se acerca y pone su mano como una espada, cuando su movimiento se concreta, su enemigo desparece abruptamente.

—¿Qué paso?

El dios observa al frente, el cuerpo de Shun había sido teletransportado, Mu de Aries lo había salvado.

—Otro humano… —susurra Eros.

—No dejaré que termines con Shun, él es una de nuestras esperanzas… —espeta Mu en guardia.

—Mu, ten cuidado… —aconseja Shun.

—Recupera tus fuerzas, yo lo enfrentaré.

—Otro insensato…no eres nada en contra mía…pero yo soy un dios del amor y no de la muerte, por lo que les daré la oportunidad de volver sobre sus pasos…

—Nosotros no podemos regresar, nuestra especie cuenta con nosotros, ésta guerra ni siquiera te concierne, ¿no es así Eros? —pregunta Mu.

—¿Cómo pretendes que ésta guerra no sea mía cuando tú eres quién la trae a mi casa?

—No tengo otra forma de llegar hasta Zeus y convencerlo o de ser necesario vencerlo para que mi mundo sea salvado, si tú y Afrodita no se interponen no habrá más guerra en éste jardín…

—¡Insolentes, los mandaré al horrible mundo de las tinieblas!

La deidad saca la flecha de oro y la arroja en contra de la humanidad del santo de Aries.

—¡MURO DE CRISTAL!

La flecha se multiplica en miles de haces de luz, que desaparecen volviéndose invisible, al entrar en contacto con el muro de cristal éste se despedaza instantáneamente, el ateniense es herido en todo su cuerpo, cayendo luego al suelo, su armadura suma nuevas grietas, aunque la defensa de cristal aminora los daños.

—Ya se lo dije a Andrómeda, ninguna técnica defensiva puede detener al poder del dios del amor…deben rendirse, aunque hayan vencido a las satélites, a los ángeles, a los querubines y a los sacerdotes solares, no podrán hacer lo mismo con nosotros…

Eros con la palma de su mano genera una esfera de luz rosácea, que se abalanza contra el santo dorado.

—¡No debes infravalorar a los humanos!

El santo de oro se teletransporta, logrando esquivar el ataque.

—¡REVOLUCION DE POLVO ESTELAR!

Mu levanta su mano, acumulando en su palma un gran tiritar de estrellas, luego baja bruscamente su mano, arrojando con ese movimiento millones de estrellas a la velocidad de la luz.

—Son obstinados microbios…

El dios Eros extiende su mano al frente y todas las estrellas del ateniense son acumuladas y extinguidas al cabo de unos segundos.

—¡Sus palabras no son alardes, su poder es inmenso! —dijo Mu sorprendido.

—¡LUZ PRIMORDIAL!

Eros levanta sus manos y emite un brillo blanco, el brillo de la creación, éste ciega a sus enemigos, los santos intentan cubrirse con sus manos del poderoso fulgor, pero en un instante Andrómeda y Aries salen volando al suelo, el golpe los deja aturdidos.

—Ahora los remataré…

—No dejaré que nos acabes… —susurra Mu de Aries poniéndose de pie tambaleante.

—¡Mu tienes razón, antes te venceremos, espera Mu yo me ocuparé de Eros! Despertaré el noveno sentido y lo venceré… ¡TORMENTA NEBULAR!

El santo de bronce genera a su alrededor un viento nebular, poco a poco la energía crece y luego salta hacia su enemigo, expandiendo con su mano hacia adelante una fuerte ventisca nebular.

El dios se queda en el ojo de la tormenta, pero su cosmos lo protege sin que sea afectado.

—¡No puede ser!

—¡Primero acabaré contigo Andrómeda…LUZ PRIMORDIAL!

La divinidad levanta sus manos y de las mismas se acumula una luz potente, la misma genera una fuerte refracción que se dirige a los atenienses.

—¡Ten cuidado Shun…MURO DE CRISTAL!

La técnica defensiva de Aries se despliega en todo el ancho del campo de batalla, resiste la irradiación pero a los segundos empieza a resquebrajarse, los santos caen tumbados al suelo pero con pocas heridas, para levantarse luego.

—Están salvando sus vidas a duras penas, tienen que darse por vencido…

—Nunca Eros… —Mu enciende su cosmos hacia su máximo. —Tenemos una misión en la que no podemos fallar, venceremos… ¡EXTINCION DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

El santo de Aries con sus manos extendidas una de otra, comienza a concentrar un enorme haz de luz dorada, la cual surge en la misma posición en la que se encontraba Eros, quién permanece inmutable.

—¡La luz no puede lastimar a Eros, ingenuo…!

Inesperadamente una pequeña cortadura de sangre sale del dios del amor.

—¡No puede ser…! —dijo Eros, que se enfurece y sus ojos se vuelven rojo, al instante la luz de Aries desaparece por completo.

—¡Apenas fue herido! —manifiesta Shun.

—Pensé que tal vez funcionaría… —dice Mu resignado y retrocediendo.

—¡Ahora sellaré sus corazones! —amenaza Eros.

—¡¿Qué dices?!

—¡Mueran…! Verán el terror de la flecha de plomo… —el dios saca una flecha y dispara, éstas multiplican y cambian confusamente de dirección.

Los santos son heridos en sus cuerpos antes de que puedan defenderse, caen al suelo del impacto y cuando se levantan, pueden observarse manchas negras en sus pieles.

—¡¿Qué es esto?! —se pregunta Aries mirándose.

—Esas flechas pudren el corazón, sus sentimientos serán pulverizados, al experimentar el rechazo más profundo en el amor, el cual será el calvario que los hará sentir cascarones sin vida…

—De pronto me siento vacío… —dice Shun mientras su cuerpo se contrae.

—Es como si la desesperanza nos arrebatara el alma…

Los dos atenienses caen al suelo, el dios sonríe. Mu empezó a ver imágenes de un pasado remoto antes de su existir, pudo ver la tierra extinta de su gente, Lemuria, y vio también como la furia del mar la hacía hundirse para siempre en las profundidades del océano, cobrándose la vida de centenares de lemurianos.

—¿Por qué puedo ver lo que pasó hace tanto tiempo? ¿Acaso corre en mi sangre la herencia de mi pueblo? Mi maestro Shion, él me contaba la leyenda del continente Mu, la tierra de Lemuria…y me dijo que mi nombre se debe al nombre de la tierra perdida de mi gente… —reflexiona Mu y piensa en los sucesos que había visto de Lemuria y lo que estaba aconteciendo en la Tierra. —No puedo permitir que pase lo mismo…

El cosmos se Aries se empieza a manifestar y las manchas negras desaparecen de su piel.

—Eres de admirar mortal…tu cosmos ha ardido incluso en la desesperanza…

—En realidad has sido tú el que ha ayudado a hacer arder mi cosmos, la desesperanza en la que me sumergiste hizo revivir en mi mente los recuerdos de antepasados, los muvianos…hundidos por los caprichos de un dios, la misma suerte espera a la Tierra entera, y eso me dio fuerzas para entender que dejaré hasta mi último aliento para evitar que tal tragedia se consuma…

—Tienes un corazón fuerte, tu apariencia no da esa impresión… —Eros elogia al santo dorado.

—¡Te derrotaré para abrirle paso a Shun! ¡REVOLUCIÓN ESTELAR!

El santo de oro cierra los ojos y concentra todo su cosmos, alza su mano, amontonando polvo de estrellas sobre sus palmas, bruscamente las baja, arrojando sobre el dios incontables estrellas del tamaño de átomos.

—Te dije que no funcionará…

El dios desaparece, para aparecer en otra parte del templo, pero entonces Mu aparece por detrás de él y lo sujeta de los brazo, la revolución lanzada por el santo de Aries anteriormente cambia de dirección y golpea de lleno al dios arrojándolo a éste y al que lo contenía varios metros al suelo. Una parte de la túnica de la belleza de Eros se agrieta, en la parte del peto.

La deidad se reincorpora poniéndose de pie y se acerca a donde esta tirado Mu.

—¡Como te atreves a golpearme de esa manera! —dice Eros sujetándolo del cuello levantándolo. —Están peleando una guerra inútil, cuando las manchas oscuras cubran el cuerpo de tu amigo, morirá…pero seré piadoso y te mataré a ti primero, no verás el sufrimiento de Andrómeda ni tampoco el del resto de las personas de la Tierra…

El dios usa su mano libre colocándola frente al rostro de Aries, de su palma comienza a salir un poderoso brillo que lanza a Mu contra un pilar, destrozándolo por completo.

—Que insolentes y atrevidos son los humanos… —expresa Eros retirándose a la sala de Psique.

Mientras Shun seguía inconscientes, las manchas negras había cubierto gran parte de su cuerpo, su mente podía ver todo el daño que había hecho a sus semejantes, las heridas y la muerte que le había dado a sus enemigos. Las imágenes de sufrimiento de aquellas personas y de otras tantas que podía ver en mente, huérfanos como él que morían de hambre, personas asesinándose y cientos de crímenes más, luego viene a su mente las imágenes de lo que le deparaba al mundo, sufrimiento y miedo de los pueblos condenados en todo la orbe, países ricos y pobres, todas las etnias sufrirían el mismo destino. Entonces una llama surge de entre las cenizas de las ruinas del mundo y tras ellas aparecía la imagen de su hermano.

—¡Shun! La realidad tiene diversas facetas, puedes ver el daño de la gente e incluso el que tú mismo has cometido…pero es solamente una de tantas variables que encierra nuestro mundo, porque bien podrías ver si así lo deseas el amor que se tienen las personas…el amor a un padre, que nosotros nunca conocimos, o el amor de hermanos que es el que nos ha mantenido vivos, el amor de los amigos, la bondad de las personas, tu bondad hermano...y puedes ver también que mucho de ese daño que has causado a tus enemigos han traído paz y esperanza al mundo…

—Tienes razón hermano, pelearé porque creo en la bondad de la gente, porque creo en el amor entre las personas…

—Entonces levántate Shun, y enséñale al dios del amor el poder de quién pelea por el verdadero amor…

El cuerpo de Shun empieza a emanar un ligero cosmos al tiempo que parece volver en sí.

Mientras en la habitación contigua Eros se encontraba con Psique.

—Mi amor, te han hecho daño… —susurra Psique.

—Nada serio, pero me han sorprendido éstos humano…

—¿Por qué crees que los dioses quieren castigar a mi gente? ¿Tan indigno somos los humanos?

—No mi amor, hay unos pocos que pueden ser tan dulce como cualquier dios, como tú mi amor…

Repentinamente un destello rosado emergente de la habitación principal resplandece en el recinto.

—¿Qué es eso? —pregunta la bella mujer.

—No puede ser, ¡que seres tan tercos! —dice Eros regresando inmediatamente al campo de batalla.

El santo de Andrómeda se había puesto de pie y su cosmos ardía intensamente.

—Eros, esta vez voy a vencerte, para que yo o quiénes vengan tras de mí podamos detener el maligno capricho de los dioses…

—Veo que has logrado librarte de las manchas de las flechas de plomo, pero eso no significa que puedas medirte conmigo, usaré todo mi poder y te mataré de un solo golpe…

Shun eleva su cosmos, que recorre cada célula de su cuerpo, pronto el color de su aura comienza a emerger un destello divino. El aura del santo de bronce comienza a brillar y su armadura comienza a mutar, luego de un resplandor poderoso puede verse la armadura divina de Andrómeda.

—Shun, ese es el noveno sentido… —musita Mu despertando al sentir el magnánimo cosmos de Shun.

—Así que el noveno sentido, una armadura divina, con que tenías sangre de Atenea en tu débil armadura de bronce…

—¡Así es Eros, ahora tus técnicas no funcionarán más en mí…!

—¡Cierra la boca…toma las flechas doradas! —Eros saca de su carcaj una flecha y la dispara.

—¡DEFENSA RODANTE!

Las cadenas giran superando la velocidad de la luz, pueden sentirse el ruido de flechas invisibles caerse al suelo, haciéndose así visibles.

—¡No puede ser!

—Ahora sí, ríndete…

—El cosmos de Shun supera al del dios, asombroso… —murmuraba Mu perplejo.

—No seas presumido, aunque estés vestido como un dios sigues siendo un mortal…toma las flechas de plomo… —Eros lanza sus flechas divinas.

—¡Ya presencié tus técnicas!

Las flechas caen al suelo antes de acercarse al ateniense.

—¡Tengo dos técnicas más para probar! ¡ALAS DE LA PASIÓN!

La deidad se eleva con sus alas al cielo y luego baja con el impulso, superando la velocidad de la luz, solo puede apreciarse una ráfaga celeste, que se detiene estrepitosamente y deja ver sus alas envueltas en cadenas.

—¡No puede ser!

El santo divino de Andrómeda que sujetaba tirante las alas de su contrincante, tira de sus cadenas a sus costados con todas sus fuerzas, y su cosmos se invade por los eslabones de la cadena que cubrían las alas, generando más presión, hasta que estas fueron convertidas en añicos.

—¿Cómo puede ser que me hayas atrapado cuando volaba más rápido que la luz?

—Porque mi esperanza alcanzará la velocidad que sea necesaria para dar luz a los hombres…

—Yo te daré luz, la luz del más allá… ¡LUZ PRIMORDIAL!

—¡ONDA DEL TRUENO!

Un destello profundamente intenso ilumina todo el recinto, evitando que la acción pueda ser presenciada, al desvanecerse el reflejo puede verse la cadena de Andrómeda incrustada en la espalda de Psique y el pecho de Eros, atravesándolos a ambos por completo.

Sin embargo, el santo de Andrómeda está tirado en el suelo, aturdido y con su vista disminuida, producto del ataque del dios.

—¡Psique! —dijo Eros con dificultad mientras la mira a los ojos. —¿Por qué?

—Porque no me interesa estar en un mundo en que tú no estés… —expresó Psique envuelta en la agonía.

Ambos se besan y así mueren al mismo tiempo.

—¿Qué he hecho? No, no puede ser... —expresa Shun llorando. —He matado a un inocente…

Tras lamentarse el santo divino termina derrumbándose sobre sus rodillas, envuelto en un mar de llanto, con la cabeza mirando el piso y sus brazos apoyados en el suelo, haciendo de sustento, viendo caer sus propias lágrimas sobre la tierra, sin poder detenerlas.

El santo de Aries, que presenciaba la escena desde hace unos momentos, se pone de pie con dificultad y se acerca a Shun, posando sus manos sobre la cabeza de éste.

—Vamos Shun, no tienes ninguna culpa, ella ha decidido esto, ha apostado a conservar su amor después de la muerte…ahora levántate y continuemos… —susurra Mu ayudando a Shun a levantarse. —Afrodita está cerca…

El santo dorado termina llevando a Shun, quien permanecía callado y sumido en sus pensamientos, sin poder detener el silencioso y continuo llanto.