Capítulo 41: ¡La venganza del amor!
La guerra santa contra el cielo continuaba su curso, Seiya de Pegaso y Shun de Andrómeda lograron vencer a Anteros y Eros, los dioses del amor, era hora de ir en busca del nuevo objetivo, la diosa del amor, Afrodita.
Al mismo tiempo de los sucesos precedentes, un hecho trascendental había ocurrido, el despertar de Poseidón, quien solo contaba con dos de sus siete generales marinos, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino, quienes debían bajar a los infiernos, en busca de las almas de los generales marinos de Hipocampo, Escila, Crisaor, Leumnades y Kraken, para evaluar la posibilidad de levantar a su ejército.
Alemania, restos del castillo de Hades.
Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino se encontraban en la puerta donde se accedía al mundo de los muertos, todo el lugar estaba reducido a escombros.
—Es hora de ir a los infiernos… —expresa Sorrento.
—¡Encenderemos nuestros cosmos hacia la octava conciencia! —exclama Najash.
Los generales marinos se lanzan por el acceso al Inframundo, con la esperanza de alcanzar el octavo sentido y así llegar con vida al otro mundo. Sorrento y Najash caían en un abismo profundo hasta perderse en la oscuridad absoluta.
Luego de caer a los infiernos, Sorrento estaba tirado en el suelo, inconsciente, pero lentamente comienza a volver en sí, se levanta con dificultad y algo mareado.
—Así que éste es el Inframundo… —mira a su alrededor. —¿Dónde está Najash? —el marino del Atlántico Sur se levanta y comienza a buscar a su compañero, rápidamente lo encuentra y se acerca a él. —Najash…reacciona Najash… —a los segundos nota que su compañero está inmerso en un sueño profundo, su alma apenas está apegada a su cuerpo, sin perder el tiempo saca su flauta y comienza a tocar una melodía, tras algunos minutos, Najash reacciona lentamente.
—Sorrento, me has guiado de regreso a mi cuerpo, sentí que pronto iría al mundo de los muertos…
—Acabamos de llegar… —dice Sorrento sonriendo. —Te felicito, no pensé que un muchacho sería capaz de despertar el octavo sentido…
—Tú deberías saberlo mejor que nadie, las experiencias de cada una de nuestras almas vuelve a nosotros al sentir el llamado de Poseidón… —contesta Najash.
—Debemos seguir adelante…
—¿Notaste el monumento?
—¿El monumento? —dijo Sorrento mientras volteó en dirección a donde miraba su compañero. —Esa ha de ser la puerta del Infierno…
Ambos marinos se dirigen al lugar y al llegar hasta la puerta, Najash lee la leyenda en ella inscripta: "aquel que entre abandone toda esperanza".
—El dios caído no va a decirnos que hacer… —susurra Sorrento.
—¡No está la balsa de la que hablan los mitos! —murmura Najash.
—No, el barquero fue asesinado por los santos…
—No puede ser que un río detenga a los generales marinos…
—No te atrevas Najash, hay almas de millones de muertos que han intentado cruzar este río y han quedado atrapadas, no podrás escapar de ellas.
—¡No tenemos otra opción que nadar hasta el otro lado!
—La desembocadura más importante del Atlántico Sur es el río de la plata, el más ancho del mundo, también llamado mar de agua dulce… —continúa Sorrento. —No ves la costa desde ningún extremo del río, parece totalmente un mar, y sabes que cruzar el océano nadando es imposible para un mortal ordinario…
—¡Pero nosotros somos generales marinos!
—Las almas aquí perdidas en este río que se ve como un mar te harían imposible el paso, no podríamos evitarlos, terminaríamos perdidos eternamente en este endemoniado río…
—¿Qué otra alternativa hay? No tenemos otra que hacerlo…
—Existe una canción que calma el alma y el espíritu, sin embargo me sería imposible cruzar y componer la música al mismo tiempo…
—De acuerdo, si tenías la solución desde un principio porque tanto preámbulo…
—Porque aun así sería casi imposible que encontráramos el otro lado y me gustaría saber… ¿cuánto tiempo serías capaz de sostenerme?
—El que haga falta, vamos… —dice Najash lanzándose al agua.
Sorrento le sigue, repentinamente los generales marinos son sujetados de sus extremidades, de sus torsos y hasta de sus cabezas, por cientos de muertos.
Monte Olimpo, Jardín del Edén.
Templo de Adonis.
Saga de Géminis llega al recinto en donde había combatido Shaka, camina sigilosamente y puede advertir las ruinas en la que se encontraba el templo, huellas que había dejado una evidente temible batalla.
—Parece ser como que este lugar hubiera sido tocado por la energía del universo mismo… —pensaba.
—¡Saga! —dijo una voz que resonó en el recinto.
—Esa es la voz de Shaka… —murmura el griego y mira a su alrededor, pero no está seguro de donde proviene la voz, hasta que en la lejanía del templo visualiza un destello dorado, al acercarse descubre a Shaka, quién está de pie, parado frente a él, vestido como lo hacen los sacerdotes hindúes.
—Saga, necesito un favor… —susurra Shaka.
—Jamás pensé que alguien te obligaría a proyectar tu alma fuera de tu cuerpo, siendo el hombre más cercano a dios…
—El querubín Adonis era un guerrero formidable, su espíritu, su cuerpo y su cosmos ardían hasta el infinito…logró dañarme tanto que me vi forzado a entrar en un estado de muerte forzosa, haciendo que mis signos vitales se reduzcan al mínimo y mi corazón se estanque y no bombee mi sangre…
—¡Ya veo, ahora dime que necesitas…!
—Cubre mi cuerpo con las siete hojas más grandes que encuentres en el jardín…
—¿Dónde está tu cuerpo?
—Junto a una Mirra, al fondo del templo…
El santo Géminis avanza en dirección a lo más profundo del templo en busca de la mirra y del cuerpo de Virgo.
Sendero del templo de Eros.
Los santos de Pegaso y Leo recorren varios metros hasta que arriban a las puertas del templo de Venus, el cual era inmenso, del mismo tamaño que el templo de la Luna, aunque era diferente, tenía un color dorado y detalles rosa, alrededor abundaban rosas rojas, reposaban bellas estatuas de personas tanto femeninas como masculinas en las diferentes terrazas que lo componían.
—Siento que en este sitio hay una especie de barrera protectora… —advierte Aioria.
—Esto significa que nuestro su poder se reducirá, al igual que sucede con las rosas de Piscis… —contesta Seiya.
—Así es Seiya… ¡alguien viene!
Los santos sienten alguien aproximándose a sus ubicaciones desde atrás, un santo de ropaje dorado se les incorporaba a la lucha.
—Dohko… —murmura Aioria.
—Antiguo maestro… —dijo Seiya aliviado.
—Seguramente la barrera se debe a aquella historia, las flores rojas de la diosa Afrodita…según el mito Afrodita tuvo un romance con un mortal, el nombre de ese hombre era Adonis… —continuó Dohko. —Pero esto terminó despertando la ira de Ares, el dios de la guerra, quién había tenido también un romance con la diosa del amor…todo esto desencadenó en el asesinato de Adonis, quién fue ejecutado cuando estaba cazando, todo a manos de Ares, quién se había convertido en un enorme jabalí, de mortales colmillos, todo para disimular el violento crimen. Afrodita, quién acudió en su rescate cuando era demasiado tarde, al ver el cadáver de su amado creó unas hermosas rosas de color blanco, pero la sangre y las lágrimas de la diosa angustiada tiñeron en roja carmesí a las rosas blancas…
—Seiya, quizá la divinidad de tu armadura te proteja, Athena lucha contigo en otras palabras… —manifiesta Aioria.
—¡No desperdiciaré la sangre de Saori!
—¡Las palabras de Aioria son ciertas…pero no debemos de confiarnos, nuestra rival es una diosa del Olimpo!
Repentinamente se sienten unos pasos, el recinto comienza a transformarse en un enorme océano que figuraba en la visión de los santos, las aguas de pronto saltan hacia arriba y desaparecen, una luz rosada destella, apareciendo una jovial y hermosa mujer, de rasgos perfectos, vestía un elegante y sexi vestido blanco con detalles dorados, tenía un cabello rubio alborotado y unos intimidantes ojos celestes color cielo.
—Afrodita es hija de Urano, nació luego de que éste fuera derrotado por su hijo Cronos, surgiendo del mar cuando la sangre del dios del cielo estrellado cayera a los océanos… —recordaba Dohko en silencio.
—Han llegado muy lejos y han asesinado a mis hermosos querubines… —dijo Afrodita mientras su rostro toma una repentina ofuscación… —Narciso, Paris, Adonis…incluso Eros y Anteros, haré que paguen esos delitos… —una lágrima derraba de su rostro.
—Afrodita, fueron combates justos, no somos asesinos, luchamos por Atenea y eso nunca cambiará… —argumenta Aioria.
La diosa del amor levanta su dedo índice y arriba de ella aparece un tótem, su forma representaba la silueta de un cuerpo femenino, de color rosado y detalles dorados. El tótem se separa en sus fragmentos y luego visten el cuerpo de su portadora, era la kamui de la diosa que encarna la belleza.
—Mi hermosa kamui…ahora estoy protegida…
—No quiero usar mis puños contra una mujer…es uno de mis principios, pero en ésta delicada situación lucharé incluso contra una mujer si no te quitas del camino… —manifestó Seiya.
—¡Yo no soy una simple mujer, soy una diosa! —Afrodita sonríe con gracia. —Aunque quisieras levantar tu puño en mi contra jamás podrías hacerlo…
—No te confíes tanto, ya he enfrentado a Poseidón, Hades, Artemisa y Apolo…—exclama desafiante el Pegaso divino.
—Eres un hombre muy fuerte, pero una armadura divina no te convierte en un dios, nunca podrás vencer a uno de los doce dioses del Olimpo… —se vanagloria Afrodita.
—¡Eso está por verse! —dice Seiya encendiendo su cosmos. —¡METEOROS DE PEGASO!
—No digas que no te lo advertí, salvaje y bárbaro guerrero…
La diosa del amor desaparece súbitamente tras desvanecerse su imagen.
—¡No puede ser, ha desaparecido evitado así mis golpes que superan la velocidad de la luz! —exclama sorprendido Seiya.
—Quizá pensaste que por ser la más hermosa de las diosas no podría luchar, pero mis poderes son inigualables… —su voz resuena en su templo sin ser visible.
—¿Dónde se encuentra? —pregunta el santo divino mirando hacia todos los costados.
—Al igual que el amor soy una fuerza invisible…
El santo de Pegaso trataba de localizar de dónde provenía la voz, pero le resultaba imposible, se escuchaban sus risas por todos lados, repentinamente Seiya comienza a sentir una invisible energía golpeando su cuerpo, la cual lo termina arrastrando fuertemente contra una pared.
—¡Seiya! —grita Aioria.
—No puedo sentir su presencia… —murmura Dohko.
La diosa del amor comienza a incrementar su poderoso cosmos, el cual se esparcía por todos lados, aunque no podían los atenienses percibir su ubicación, luces multicolores se generan bruscamente a continuación y éstas se proyectan de manera fugaz a sus enemigos, pero algo repele la luz hacia Afrodita de vuelta, la cual no sufre su propio poder sino que la retroalimenta con su cosmos, pero termina por revelar la figura de la diosa del amor.
—¡No dejaré que mates a ninguno de mis amigos!
El santo divino de Andrómeda irrumpe, acompañado por Mu de Aries, luego de haber vencido a Eros, dios del amor.
—Mu, tú también… —musita Aioria.
—¿Cómo se encuentran? —pregunta Mu.
—Otro hombre con una armadura divina… —dice la diosa Afrodita mirando la armadura divina de Andrómeda. —Es una armadura muy bonita….
—Afrodita, la diosa del amor no debería manchar sus manos de sangre, evitemos el combate por favor… —continúa Shun. —No me agrada combatir.
—Yo realizaré mis caprichos, siempre lo hago, si me agrada mancharme las manos con sangre lo haré, ¿quién eres tú para impedírmelo? —responde de mal modo Afrodita.
—Ten cuidado Shun, pese a su apariencia es un enemigo temible… —advierte Seiya.
—Nunca serán capaces de atraparme… —se ríe Afrodita con simpatía. —El amor es incomprensible al igual que mi poder…
La diosa desaparece, ningún rastro de su ser puede sentirse.
—¡Ha vuelto a hacerlo! —dijo Seiya.
—Lo siento Afrodita, pero mis cadenas de Andrómeda son capaces de localizar al objetivo, se encuentre donde se encuentre… —dice Shun confiado con sus ojos cerrados.
—Eso quiero verlo… —la voz de Afrodita resuena en todo el recinto, tratando de confundir a los invasores.
—¡No funcionará…!
Shun de Andrómeda levanta su cadena y ésta ataca al vacío, pronto la cadena sujeta el cuerpo de la diosa, tras haber localizado su ubicación.
—Me ha atrapado… —susurra sorprendida Afrodita.
—¡Serán en vano tus intentos, no podrás liberarte de la cadena…!
La diosa enciende su cosmos, el cual se propaga alrededor de la cadena, la cual cae inerte a suelo, Shun no sale de su asombro.
—No seas tonto Andrómeda, una cadena que reacciona ante el mal no puede usar ese odio en contra de la personificación del amor…
La diosa del amor crea con su cosmos la imagen de un brillante planeta, los santos sienten sus cuerpos entumecidos inmediatamente.
—¡Que es esto! —se pregunta Shun confundido.
—Es Venus, el lucero del alba, la estrella de la mañana… —explica Afrodita mientras su cosmos irradia cada vez más luz.
—¡No puedo ver nada! —exclama Seiya.
—Adiós humanos…
La diosa del amor pone la palma de su mano recta, un sin fin de luces comienzan a golpear a los santos, todos quedan aturdidos del ataque, Seiya es el primero en mover sus manos para intentar levantarse.
—Son simples mortales ante mí…
—Los mortales no tenemos límites en el cosmos… —masculla Seiya al tiempo que consigue ponerse de pie… —Hemos hecho muchas proezas, ésta será otra más… ¡METEOROS DE PEGASO!
El cosmos del santo divino comienza a emanar la figura de un blanco caballo alado, luego de trazar sus manos tal cual su constelación, su puño avanza al frente y con él decallones de meteoros que superan la velocidad de la luz arremeten contra la barrera de Afrodita, la cual se resquebraja por doquier, esto obliga a la diosa a esquivar los ataques al tiempo que flotaba, pero no puede evitar por completo el ataque, su hombrera muestra una grieta, su hombro es herido.
—Ya no puedes seguir luchando, te alcanzaré hasta matarte, mejor ríndete…—espeta Seiya.
—Has cometido un crimen imperdonable al tocarme en una forma tan agresiva…
La diosa del amor se acerca y comienza a emanar una luz rosada de sus ojos, el santo de Pegaso queda instantáneamente hipnotizado por una magia misteriosa, sus ojos se pierden en el vacío repentinamente, su posición de pelea cambia a una gran pasividad. Luego Afrodita se desvanece en el aire y aparece inmediatamente al lado de Seiya, al tiempo que besa su mejilla.
—Seiya… —murmura Dohko con preocupación.
—¿Qué hizo Afrodita? —se pregunta Aioria.
—La lujuria se apoderará de él, luego de cumplir mi ilusión…es decir, luego de que consuma el deseo prohibido de su corazón, justo en ese momento cuando llegue al éxtasis su corazón se detendrá… —manifiesta la diosa Afrodita.
—¡Seiya! —se lamenta Aioria.
—Tenemos que derrotar a Afrodita antes de que Seiya muera… —dijo Dohko.—Muchos humanos están sufriendo en estos momentos, el Apocalipsis de los dioses… ¡LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE ROZAN!
La técnica queda suspendida sin poder atravesar el aura de la diosa y es reflejada al santo de oro, que cae estampado contra uno de los pilares, el santo de Libra tiene algunas heridas, pero ninguna mortal, su armadura resistió el ataque.
—¡Maestro Dohko! —manifestó Aioria.
—No te preocupes, estoy bien, afortunadamente casi no he sentido el poder de mi técnica…seguramente la barrera de rosas rojas ha disminuido mi ataque, lo suficiente para que mi armadura pueda absorber el daño sin problemas.
De pronto un poderoso cosmos llega a donde estaban combatiendo los santos, un camarada se les unía, Saga de Géminis hace aparición en el recinto sagrado.
—Así que siguen llegando… —murmura la diosa para sí.
—Así es maestro… —dice Saga sin mirar a la diosa. —Los ojos de Afrodita son la mirada de la muerte, la cual es precedida por un encantador momento, así me lo indicó el Patriarca…
—Pero eso es imposible, nadie puede resistirme, mi figura es deseada por cualquier hombre, por eso ignorarme es imposible…
—¡Es primordial alcanzar el noveno sentido para luchar en contra de los dioses del Olimpo! Veamos cual de nosotros logra alcanzarlo… —exclama Saga poniendo sus manos enfrentadas. —¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
—¡Elevaré mi cosmos más allá de su máximo, alcanzaré el noveno sentido que consiguió mi hermano Aioros…PLASMA RELÁMPAGO!
—¡Mi cosmos cultivado por más de doscientos años irá en éste golpe…LOS CIEN DRAGONES SUPREMOS DE LUSHAN!
—Todas las partículas del polvo de estrellas atacarán a un mismo punto… ¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!
Las cuatro técnicas generan una gran explosión al tiempo que se mezclan entre sí irradiando una poderosa fusión nuclear, a continuación se siente un gran estallido, pero bruscamente la gran colisión regresa alcanzando a los santos de oro, quiénes son dañados, afortunadamente la propia barrera de flores ha conseguido evitar que las técnicas sean mortales.
—Sucedió lo mismo que contra Apolo… —se lamenta Saga en el suelo al tiempo que se pone de pie.
—No sean ingenuo, vuestros ataques son muy inofensivos, el poder en contra de un dios se regresa…y conmigo no hay excepción, es la gracia de ser una diosa del Olimpo… —susurra la diosa del amor mientras se acaricia sus hermosos cabellos.
—Saga tiene razón, el noveno sentido es la llave para abrir el combate contra un dios… —espeta Dohko.
—¡No recuerdo que algún humano haya despertado el noveno sentido! Lo que sucedió con Pegaso fue solo un milagro que fue alcanzado por la sangre de Athena en su armadura, yo diría un poder prestado…pero para ustedes es imposible luchar en igualdad de condiciones, les ha llegado la hora, no quiero desperdiciar más el tiempo en ustedes.
La divinidad que encarna la belleza enciende su cosmos y se dispone a atacar, pero una luz blanca con destellos celestes llaman su atención, se trataba de una luz en forma de alas, que representaba a Pegaso, el fiel santo estaba nuevamente de pie.
—¿Cómo has sido capaz de sobrevivir a mi hechizo de lujuria? Después de consumada la acción de mi conjuro, solo te esperaba la muerte dulce…
—Pude sobrevivir porque había recibido el hechizo de Eros antes, tu conjuro es aún más poderoso e irresistible, pero no caeré dos veces en la misma trampa… —dijo Seiya mientras se dispone a atacar pero siente su cuerpo entumecido. —¿Qué pasa?
Andrómeda, que yacía en el suelo, adquiere las fuerzas para levantarse.
—¡Seiya, tu cuerpo se encuentra paralizado, yo me haré cargo…CADENA NEBULAR!
—¡Espera, ayudaré! —dice Pegaso recuperando algo de su movimientos, pero sin poder efectuar alguna de sus técnicas.
El santo divino de Andrómeda hace un veloz movimiento con su brazo, extendiendo la cadena que se aproxima a la diosa superando la velocidad de la luz, pero ésta de sus ojos emite una luz que paraliza la cadena, la cual cae al suelo.
—¡Nuevamente fracasó mi cadena!
La diosa extiende su mano adelante, generando una potente emisión de cosmos multicolor que se aproxima al ateniense.
—Ya detuve ese ataque la primera vez, lo haré de nuevo… ¡DEFENSA RODANTE!
—Que ridículo…
La diosa aumenta su cosmos y sigue atacando por las aberturas de la defensa de su enemigo, haciendo que el propio Shun sea herido con el movimiento de su propia cadena de Andrómeda, hasta caer violentamente al suelo.
—¡Shun!
—Los dioses del Olimpo son algo insuperable… —susurra Shun desplomado.
Los santos dorados se ponen de pie con mucho esfuerzo.
—Esta no es una batalla justa, creo que es hora de equilibrar las cosas…
El santo guardián del séptimo templo zodiacal libera de su armadura de oro seis armas, una de cada par que poseen sus corazas. El nunchaku es atrapado por Shun, uno de los escudos es tomado por Seiya, la lanza cae a manos de Aioria, la espada queda en manos de Mu, el tonfa cae en manos de Saga y la barra triple cae en Dohko.
—¡Ataquemos todos a Afrodita, con nuestros cosmos ardiendo a su máximo, quizá así podamos derrotarla! —manifiesta Dohko.
Los santos arremeten con las armas de Libra hacia la diosa, incendiando sus cosmos al límite, sus ataques se conjugan provocando una gran explosión que despedaza el lugar, destruyendo todas las flores, todos los jardines, al disiparse el polvo se ve a Afrodita, que no ha sufrido daño alguno.
—Mi jardín, mi hogar…jamás les perdonaré que vengan hasta aquí a destruir mi mundo… —dijo entre lamentos la diosa Afrodita.
—Venimos aquí porque ustedes están intentando destruir el nuestro… — expresa Aioria.
—Insensato mortal, no te atrevas a inmiscuirte en los asuntos de los dioses que ni siquiera entiendes…ustedes atrevidos blasfemos, quedarán aquí…
La diosa del amor enciende su cosmos al máximo, los santos se atemorizan al percibir el poderoso cosmos de la olímpica. Detrás de la deidad puede observarse un planeta brillante, una incontable cantidad de luces arremeten violentamente contra los santos.
—Mis luces los golpearán hasta matarlos…
Entonces la cadena de Andrómeda reacciona al sentir el odio que desprende la diosa del amor.
—¡DEFENSA RODANTE!
—¡MURO DE CRISTAL! —grita Mu envolviendo a los compañeros.
El brillo de Venus resquebraja en un santiamén la técnica defensiva del carnero dorado, luego de dispersarse la luz puede verse a los cuatro santos dorados y a Pegaso tirados en el suelo, ensangrentados, pero Shun ha podido repeler el ataque y su cosmos brilla con una gran intensidad.
—¿Cómo puede ser que tú aún estés de pie?
—Tu odio despertó mi cadena, y con ella seré capaz de defenderme de todos tus ataques, voy a honrar la sangre de Atenea que reside en mi armadura divina…
—Tu cadena no puede encontrarme, yo soy imperceptible, como el amor…
—Tú ahora estás llena de odio y es algo natural, ya que el odio es la otra cara del amor…y mi cadena puede sentir el odio, así que ya no podrás escaparte, no tendrás oportunidad, ríndete y no te haré daño…
—¡Insensato! Ni tú ni tu juguete podrían alcanzarme de nuevo, ahora morirás…
La diosa se acerca y comienza a emanar una luz rosada de sus ojos, Shun intentaba no verla recordando las palabras de Saga, el cosmos de la diosa emana una energía seductora, avasallante, lo cual hace que resulte imposible en no voltear a verla, el santo de Andrómeda queda instantáneamente hipnotizado por una magia misteriosa, sus ojos se pierden en el vacío repentinamente, su posición de pelea cambia a una gran pasividad.
Luego Afrodita se desvanece en el aire y aparece inmediatamente al lado de Shun, al tiempo que intenta besar su mejilla, para cerrar el conjuro, pero entonces la cadena cuadrada reacciona, atacándola con violencia, golpeándola en la cara y tirándola hacia atrás, con lo que el santo divino logra salir del incompleto hechizo.
—Te dije que no me alcanzarás con ninguna de tus técnicas, Afrodita por más que seas una diosa olímpica no me vencerás, así que ríndete ahora o déjame pasar…
—No has visto todo mi poder…me despojaré del odio y conocerás mi verdadero poder, el del amor…
La diosa de amor comienza a acumular en sus manos un brillante destello, generando incontables luces que arremeten contra el santo, el cual usa su defensa rodante para bloquear algunas y las que pasaban de su cadena se ven atrapadas en una corriente de aire giratoria que acompaña a las cadenas.
—El cosmos de los dioses es infinito e inagotable, mantendré mi ataque hasta que tu cosmos se haya debilitado y entonces morirás…
—Afrodita, si realmente te has despojado del odio ¿porque estás peleando? ¿Es acaso venganza?
La diosa se ve sorprendida por la pregunta y reflexiona sobre los motivos para mantener el combate, ahora que los querubines habían muerto, que los dioses que le servían habían tenido el mismo destino, su templo se encontraba en ruinas y sus jardines destruidos, la única razón válida para mantener la pelea era la venganza, entonces aminoro su cosmos y detuvo su técnica.
—Tienes razón Andrómeda, ya no tengo una razón vinculante al amor para combatir…solo el deseo de venganza, pero eso no es digno de la diosa del amor, en tus ojos veo que tú si luchas por amor…así te dejaré pasar, no voy a interferir más en esta guerra, en la cual ya he perdido todo…
—Siento mucho Afrodita lo que ha pasado en tu bello jardín y sobre todo siento estas guerras y todas sus víctimas, yo estoy peleando para que mi mundo no le pase lo que ha pasado aquí…
—Con ésta decisión me gané la expulsión del Olimpo, pero ya no hay nada para mí en el Olimpo, adiós Andrómeda…
La diosa se convierte en un destello que se alza al cielo.
