Capítulo 42: El dios que nació mortal.

La batalla entre los santos y la diosa del amor había deparado en que Shun de Andrómeda fuese su más acérrimo contrincante y quién logró mostrarle a la encarnación del amor el sentimiento puro y bondadoso de aquel que pelea buscando el bien común desinteresadamente, el verdadero amor. Acto que produjo que la olímpica descubriera que los sentimientos del mortal eran más dignos del amor que la venganza, la cual la llevaba al enfrentamiento. Al comprender esto, Afrodita abandonó la lucha y les permitió el paso a los santos de Athena.

Mientras tanto, Poseidón había enviado a sus dos únicos generales marinos, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino, a los infiernos, con el fin de encontrar la manera de despertar el alma de los otros generales marinos y ver la forma de poder reconstruir su armada de elite. Sin embargo, los generales se encontraron con un Infierno en decadencia y desolado, por esto fue que decidieron cruzar el Río Aqueronte por sus propios medios y allí fue donde las almas de cientos de muertos que penaban en las profundidades del río, los atraparon y los sumergieron al fondo.

Infierno, Río Aqueronte.

Los súbitos de Poseidón se encontraban en el río, sumergiéndose poco a poco porque las almas en pena los sujetaban fuertemente, entonces el joven general genera un fuerte remolino alrededor de su cuerpo, que desprende las almas de los mismos y a su vez atrae a Sorrento junto a él, mientras ahuyenta las almas que sostienen a su camarada.

—¡Posees un poder asombroso Najash!

—Rápido Sorrento, toca tu flauta, no podré sostener esto mucho tiempo…

El general de Sirena toca su melodía y las almas comienzan a calmarse y a hundirse en las profundidades, al tiempo que Dragón Marino sujeta a Sorrento, quién permanecía tocando y nada con él a cuestas, a través del río Aqueronte.

Templo del Patriarca.

El segundo grupo de santos, conformado por Shiryu de Dragón, Hyoga de Cisne, Pléyade de Orión, Alkes de Copa, Gliese de Altar y Aioros de Sagitario se encontraban reunidos en el templo del Sumo Sacerdote junto a éste y la diosa de la sabiduría.

—Hace casi ya un tercio del día que Seiya y los demás han irrumpido en el Olimpo, sus cosmos están agotados, pero siguen brillando con gran esplendor… —musita Atenea.

—¿En qué parte del Olimpo están ahora? —pregunta Pléyade.

—Están en el Jardín del Edén, territorio de Afrodita, lugar donde la humanidad ha realizado el primer milagro de ésta guerra, Afrodita nos ha permitido el paso porque ha visto que ustedes combaten por amor verdadero… —explica la diosa.

Los presentes levantan sus puños en forma de victoria al saber que sus compañeros habían conseguido apaciguar a una diosa del Olimpo.

—¡No es momento de celebraciones! Con excepción de Seiya y Shun que llevan armaduras divinas, lo demás guerreros son muy vulnerables, sin contar que desde hace un tiempo he dejado de percibir el cosmos de Daidalos y Shaka. —exclamó el Patriarca.

—Ha llegado el momento de que ustedes vayan a reforzar la esperanza que llevaron los primeros… —continúa Atenea. —Alkes, tú eres nuestra arma secreta, mantente vivo y auxilia a los heridos, Aioros…ahora que tienes mi sangre en tu armadura puedes volver a hacer arder tu cosmos como lo hiciste con Apolo…así podrás combatir a cualquier enemigo al igual Shiryu y Hyoga si logran despertar su novena conciencia, como lo hicieron en los Campos Elíseos…Pléyade y Gliese, sé que dentro suyo arde un cosmos tan apasionado como el de los santos dorados, confío en que sabrán explotarlo al infinito llegado el momento…

—Athena, no vamos a defraudarte a ti, ni a nuestros compañeros, ahora iremos por el resto del Olimpo. —contesta Gliese.

—No subestimen al Olimpo, aún no han visto ni una décima parte de sus fuerzas… —advierte del peligro el Patriarca.

—¡Vayan ahora valientes guerreros de la esperanza! —ordena la diosa de la sabiduría.

Los santos abandonan el templo para dirigirse a la Colina de las Estrellas y de allí ascender al Olimpo.

Monte Olimpo.

Templo de Venus.

—¡Seiya, Seiya! ¡Despierta! Afrodita nos ha cedido el paso… —expresa Shun tratando de hacer volver en sí a su amigo.

El santo de Pegaso lentamente abre los ojos.

—¿Qué? —susurra Seiya sorprendido al tiempo que sentía que sus fuerzas regresaban hacia sí.

—Ayúdame a despertar a los demás y sigamos nuestro camino…

—De acuerdo…

Seiya de Pegaso, ya totalmente incorporado, toma mucho aire y grita con todas sus fuerzas.

—¡Levántense! ¡Shun ha logrado que nos dejen pasar!

Los santos dorados poco a poco comienzan a reincorporarse.

—Tu método es un poco ortodoxo, pero ha resultado… —dice Shun sonriéndole.

—Ustedes son fantásticos, no dejarán de sorprenderme nunca… —dijo Aioria.

Los santos divinos y el león ayudan al resto a reincorporarse y así abandonan el templo de Venus.

Templo de Júpiter.

El palacio del rey de los dioses era sostenido sobre una base de nubes, paredes y columnas traslucidas de algún material desconocido, había un gran salón decorado en el centro con una estatua de Zeus y Hera, tomados de sus manos, con sus puños al cielo. Los reyes de los dioses estaban debatiendo sobre los acontecimientos ocurridos en el Jardín del Edén, con respecto al sorprendente resultado del combate de la diosa del amor.

—Todavía no puedo entenderlo, por qué Afrodita nos da la espalda…. —musita Zeus.

—¡Nos ha traicionado, es una amenaza como Atenea! —manifiesta Hera enfurecida.

—No nos precipitemos, Afrodita nunca estuvo convencida de ésta guerra y a decir verdad las guerras poco le interesan, no creo que haya actuado para perjudicar al Olimpo, quizá el perderlo todo le ha dejado sin ánimos para el combate…

—¡Pero como olímpica era su deber combatir a Atenea y los suyos, en vez de eso ha decidido dejarles pasar!

—¡Hera! No quiero más enemigos en el Olimpo, deja que Afrodita se quede con su dolor, llorando en los restos de su jardín, nosotros somos después de todo el Olimpo y unos cuantos mortales no podrían jamás con nosotros…

—De todas maneras exijo explicaciones de Afrodita, enviemos a Hermes para averiguar los verdaderos motivos de su rendición…

—¿No me has escuchado Hera? Deja en paz a Afrodita y también a Hermes, después de todo ahora le tocará a su tropa.

—Quizá no lleguen hasta Hermes… ¿acaso en las afueras del jardín no están los Viñedos Sagrados?

—Quién allí habita ya no es considerado uno de los doce dioses olímpicos, el no está forzado a combatir…

—Pero y… ¿si lo hiciera? No merecería entonces retornar a su estatus como uno de doce dioses olímpicos, ocupando quizá el lugar donde Atenea se ha mostrado indigna…

—Veremos cómo actúa y luego decidiremos, nunca puede saberse que esperar de aquel dios que solo vive para la fiesta, el placer y el entretenimiento…

Bosque de la Luna.

El segundo grupo de santos había llegado hasta el sitio que fue hasta hace poco dominio de Artemisa, la diosa de la Luna caída.

—Tan solo han pasado algunos días, pero siento como si las batallas que tuvimos en éste lugar hubiesen sido hace meses… —susurra Pléyade.

—No perdamos el tiempo, conocemos éste sitio, saquemos provecho de eso…y atravesémoslo cuanto antes… —sentencia Alkes.

Jardín del Edén.

Los santos de Pegaso, Andrómeda, Aries, Géminis, Leo y Libra caminaban por el Jardín del Edén, poco a poco la gran cantidad de flores que había en el prado empezaba a disminuir, pronto pueden contemplar que el ambiente cambiaba, en vez de un jardín de flores podía apreciarse un enorme viñedo, habían racimos de uvas por doquier, tanto moradas como rojas y amarillas.

—La temperatura de éste sitio es muy diferente, hace mucho calor… —dice Seiya al tiempo que se seca de la frente la naciente transpiración.

—Un clima adecuado para que un viñedo de frutos… —explica Saga.

—Tengo mucha sed, siento que estoy a punto de deshidratarme… —se queja Aioria.

—Los llevaré a un lugar donde hay un río, cuando vine al Olimpo, antes de ser derrotado y capturado, pude saciar mi sed en ese lugar.

El santo de Libra guía a sus camaradas al extremo izquierdo del camino, un poco tapado por la arboleda podía verse un río cristalino y puro. Los santos sin perder tiempo, fueron a beber del río, para saciar su sed, sin embargo bruscamente sus caras se alegran, el sabor era distinto, no se trataba de agua, cuando ven de nuevo el río pueden apreciar que éste había cambiado su color, a un intenso tono púrpura, un sabor a uva profundo y áspero, dulce pero no empalagoso, lo cual lleva a que los atenienses sin darse cuenta, obnubilados por el sabor del vino y su fuerte sed llegaron a tomar por algunos momentos de forma desenfrenada del río.

—¿Qué está sucediendo? ¿Es acaso alguna trampa…? —se pregunta Mu dejando de beber súbitamente, pero abrazado por la tentación de querer seguir haciéndolo.

—¡No puedo dejar de beber! —dice Seiya entre sorbos.

—¡Jamás había tomado un vino como éste! —acota Saga.

—Es un vino muy delicioso… —musita Dohko.

—No debemos beber más, éste vino es muy delicioso pero no calma nuestra sed, al contrario la incrementa… —expresa Shun.

—¡Sin duda ha sido una trampa! —susurra Aioria.

Todos se ponen alerta y se alejan del río.

—Tenemos que salvar a Saori… —manifestó Seiya pero se percata de que le cuesta caminar en línea recta. —Me siento demasiado mareado…

—No me digas niño que ya te has mareado con esos traguitos… —dice Dohko riéndose.

—¡Ha comenzado la fiesta! —dice una alegre voz que provenía de la arboleda.

—Nuestro enemigo se ha hecho presente… —advierte Saga.

—No, la cadena no percibe a un enemigo… —dijo Shun mirando su cadena, la cual estaba quieta.

Un hombre muestra su silueta, tenía un largo y desordenado cabello rojizo, un rostro jovial, ojos marrones, su iris estaba enrojecido, portaba una imponente armadura dorada, la cual tenía alas y llevaba un tirso que tenía en la punta un círculo rojo.

—Soy Dionisio, dios del vino, un amigo de la diversión… —manifestó haciendo ademanes con sus manos, estableciendo posiciones cuasi cómicas pero con mucha carisma.

—Una kamui…así que otro dios del Olimpo… —musita Saga en guardia.

—Al momento de mi nacimiento los doce dioses del Olimpo ya estaban constituidos, en algún momento de la historia fui parte de los doce, sin embargo lo único que me queda de aquella época es ésta kamui…

—¡Dionisio, yo te derrotaré ahora mismo! —manifiesta Seiya mientras su cuerpo se tambalea como si estuviese borracho. —Toma esto… ¡METEOROS DE PEGASO!

El santo divino se lanza hacia adelante pero sus movimientos motrices son toscos y los meteoros salen hacia una dirección en donde no había nadie, el dios del vino estalla en carcajadas.

—Que penoso, ustedes han bebido de mi vino, el que los llevará al éxtasis y la locura… —dijo Dionisio mientras se acomoda un poco el cabello despeinado.—Ahora montarán para mí alguna función tragicómica, mientras me diviertan vivirán y cuando me aburran, morirán…

El dios del vino enciende su cosmos y una bruma púrpura se expande en los alrededores de los santos, quiénes comienzan a perder la conciencia rápidamente y sin poder hacer nada caen pesadamente al suelo.

—A ver quién decido que abra la función, podría ser el impetuoso que me intentó atacar, o tal vez éste otro que convenció a Afrodita de abandonar la guerra… —murmura Dionisio mirando a Shun. —O tal vez éste que no se le cae una sonrisa de la cara. —mira a Saga. —Y sino aquel de los puntitos de la frente…—suelta una carcajada señalando a Mu. —Aunque podría ser bueno que comenzara con aquel, el jovial rostro de mirada feroz. —dice mirando a Aioria. —La mejor opción es éste anciano jovencito, creo que tendrá algo interesante para decirme…

El dios chasquea sus dedos y Dohko despierta.

El santo de Libra no podía comprender la situación, estaba confundido y aturdido, apenas sentía su cuerpo, entonces se miró y se sintió como cuando era anciano y reposaba en la Cascada de Rozan, casi sin poder moverse, sin embargo esto no lo asustaba, él había pasado la mayor parte de su vida en ese estado, y sabía defenderse perfectamente.

—¿Dónde estás Dionisio?

—Aquí no me encuentras… ¿qué acaso no lo entiendes Libra? Tú que has vivido para ser un simple humano todavía no entiendes que la vida no es más que un gigantesco escenario de teatro, donde cada uno interpreta el juego que más le gusta, ustedes la hacen de los héroes de la Tierra y los olímpicos son los terribles villanos que quieren acabarlos, por capricho según ustedes…mientras que si damos vuelta al juego, Zeus y compañía los ven como unas mascotas que les han mordido el dedo y eso para un dios es imperdonable, porque es como que un insecto te picara luego de que lo has estado cuidando…entonces se aplasta el insecto…y si no puedes verlo como lo veo yo, sentado desde afuera mirando, comienzo uvas y tomando vino…

—Tienes una percepción muy pobre de las cosas…

—Ay tú la haces del profundo, el viejo que estuvo mirando la misma cascada durante dos siglos… ¿hasta has tenido tiempo para pensar viejo? ¿Has reflexionado de la vida, de la muerte? ¿De porque estamos aquí, de a dónde vamos? ¿De dónde venimos?

—Dime Dionisio, si tú lo ves comiendo uvas y tomando vino ¿por qué interfieres en el espectáculo que tanto te está deleitando?

—Porque es aburrido solamente mirar, me emociona mucho que hayan llegado hasta acá…pensé que para estas alturas Atenea ya iba a estar muerta…

—Atenea va de la mano de la humanidad…

—Por supuesto, es una de las protagonista de ésta guerra que se ha montado… ¿cuántas lleva Atenea organizando? Pero no le hablo solamente de esta, ¿cuántas llevas tú, cinco, seis? Yo he visto miles, he visto a Atenea pelear del lado de Zeus, contra los gigantes y contra Tifón, la he visto pelear contra Poseidón, Ares y Hades en reiteradas oportunidades…pero ésta es nueva, la primera vez que la veo pelear contra el Olimpo… —expresó Dionisio sarcásticamente.

—De no ser por Atenea los humanos estarían perdidos hace mucho…

—Quizá…ya me aburriste, pero te voy a dar otra oportunidad más tarde, a dormir… —el dios chasquea sus dedos y el santo de Libra queda inconsciente. —Ahora jugaré con otro… —mira a Shun. —Arriba pequeño.

El dios del vino chasquea sus dedos y el santo de Andrómeda vuelve en sí, intenta levantarse pero al lograrlo siente que todo a su alrededor gira, está atrapado en un mareo constante que lo lleva a las náuseas a los pocos segundos, entonces se inclina y comienza a vomidar.

—Este niño se ha sobrepasado de copa, y eso que apenas ha hecho unos sorbitos…es medio flojito —dijo la deidad del vino riéndose. —Vamos a dejarlo descansar… —chasquma sus dedos y Shun cae inconsciente. —Ahora levántate Pegaso… —chasquea sus dedos.

Elsanto de Pegaso está algo confundido y mareado, pero al ver a Dionisio comienza a hacer arder su cosmos.

—Tranquilo muchacho, vamos e conversar, ¿cómo te ha tratado el amor en Jardín del Edén?

—Calla… ¡METEORO PEGASO!

El santg de Pegaso lanza sus meteoros pero éstos no tienen dirección alguna, chocando contra el suelo y parte de las viñas.

—Pegaso es el gran héroe, que todo lo puede, hasta con el último suspiro de tu ser…te crees muy importante en el fondo, hasta piensas que vas a vencer a Zeus…y eres una persona muy divertida, tienes algunos dramas amorosos que no quieres enfrentar, es divertido Pegaso.

—¡Deja de hacerte el gracioso…COMETA PEGASO!

—Odio tener que hace esto, eres divertido pero muy irrespetuoso…

El dios chasquea sus dedos y el santo antes de ejecutar su técnica queda repentinamente inconsciente.

Templo de la Luna.

El segundo grupo de santos estaba ya atravesando el templo de la Luna.

—De nuevo, el cosmos de Seiya se ha apagado, se encendió en un momento y luego se apagó, igual que el de Dohko hace un momento… —musita Aioros.

—Pero ellos están demasiado lejos, no hay forma que podamos ayudarles ahora… —contesta Gliese.

—Con mis alas doradas puedo atravesar distancias infinitas…

El santo dorado de Sagitario da un gran salto y abre sus alas en el aire, emprendiendo un fugaz vuelo en dirección al Jardín del Edén.

Viñedo Sagrado.

La divinidad de la vendimia mira a sus adversarios.

—Pensé que iban a divertirme más, vamos a probar con el de la mirada furiosa… —chasquea los dedos y Aioria despierta repentinamente.

El santo de Leo posee los mismos signos de ebriedad que sus compañeros, pero a diferencia de los demás no ve a Dionisio por ningún lado, entonces se escucha una voz.

—Aioria, vamos a montar un nuevo reencuentro con tu hermano que viene a toda velocidad a salvarte, va ser la última vez que se van a ver, espero una despedida afectuosa y emotiva, que valga la pena el tiempo que estoy perdiendo, en otras palabras algo entretenido…

—¿Dónde estás? —preguntó Aioria mirando para todos lados completamente desorientado.

El santo de Leo, pese a su estado de ebriedad percibe el cosmos de Aioros acercándose.

—¿Aioros? ¿Será verdad?

Una luz dorada resplandece en el lugar y a unos metros sobre el suelo se encuentra volando el santo de Sagitario.

—¡Hermano! ¿Qué está pasando?

—Es Dionisio… —Aioria señala a ningún lado.

Las náuseas del león comienzan a aumentar, haciéndolo caer de rodillas al suelo y comenzar a vomitar.

—¿Qué te ocurre Aioria? Es como si estarías ebrio…

—El agua del río, no tomes el agua del río…

—Que patética escena Aioria, te pedí algo emotivo y apenas puedes articular palabra…decepcionante… —susurra Dionisio mientras está agazapado entre el racimo de uvas.

—¡Muéstrate Dionisio!

El dios del vino se hace visible frente a Sagitario, a unos pocos metros.

—Dionisio, no dejaré que arruines nuestra misión de salvar al mundo… —expresa Aioros mirando a sus camaradas que yacen fuera de combate. —¿Qué les has hecho?

—Cuidado Aioros… —suspira Aioria.

—Tú ya me aburriste, échate a dormir… —chasquea sus dedos y el santo de Leo queda inconsciente.

—¿Cómo lo hizo? —se pregunta Sagitario.

—Tus compañeros no saben beber… —el dios suelta una carcajada. —Parece que no están acostumbrados al alcohol, mi vino les hizo un poco mal, tendrás seguramente una horrible resaca… —dice en tono burlón.

—Aioria, te traeré de nuevo junto con los otros…

—¿Un solo santo quiere medirse a un dios? Ahora viene el mártir, el jovencito que descubrió todo rápido y terminó muerto a manos de su compañero, trágica historia…eso fue emotivo…

—¿Qué puedes saber tú?

—Tanto como tú, puedo leer tu mente como si se tratara de un libro abierto…

—¿Qué buscas?

—¡Diversión! ¿Y tú que buscas?

—Salvar a los inocentes…

—Por supuesto, debería haberlo adivinado, si eres el ídolo de los héroes…

—Eres un pelmazo… ¡te mostraré mi cosmos! ¡RAYO ATÓMICO!

El santo de Sagitario suelta un puñetazo al aire y de su brazo emerge millones de esferas cósmicas rodeadas de chispazos eléctricos. La técnica del santo dorado se abalanza contra su enemigo pero antes de golpear contra la deidad se detuvo y regresó hacia Aioros, golpeándolo fuertemente.

—No te olvides que yo también soy un dios, un humano no puede tocarme.

—Existe una forma de poder enfrentar a los dioses…y ahora voy a mostrártelo…

—Pues entonces hazlo.

El santo de Sagitario se levanta con mucha tenacidad y eleva su cosmos al infinito en forma desbordante, el dios mira sorprendido como éste crece, cubriendo de dorado todos los alrededores, rápidamente puede verse que la armadura del centauro comienza a mutar hasta volverse una armadura divina, la cual había alargado sus alas y brillaba en intensidad.

—¡Así que por fin has despertado tu verdadero poder, el que ayudó a sobrevivir dos round con Apolo!

Templo de Júpiter.

El rey de dioses, Zeus, miraba por una de sus ventanas mientras pensaba en uno de sus hijos, uno de los ángeles le había reportado lo sucedido.

—Su santidad… ¿se tomará en serio este combate Dionisio? —pregunta Pólux.

—Dionisio en un loquillo, aunque es muy irresponsable, su poder es igual al de cualquiera de nosotros, los doce olímpicos…aunque alguna vez haya sido un mortal….

—¿Un mortal?

—Pólux, en la antigua era mitológica tuve muchos hijos con mujeres mortales, aquellos que son hijos de una mortal y de un dios son considerados semidioses, como sabes en tu antigua reencarnación fuiste hijo mío y de Leda…es lo mismo que sucede con Dionisio…

—¡Pensé que era un dios!

—Decidí convertir a Dionisio en un dios con mi poder…

—Yo creí que alguna vez había sido un dios olímpico…

—Lo fue, yo lo convertí en dios, le di una kamui olímpica y lo senté en la mesa de los dioses del Olimpo…sin embargo su irresponsabilidad y falta de seriedad me llevó a quitarle su título.

Viñedo de Dionisio.

El santo de Sagitario con su armadura divina se encontraba dispuesto a lanzarse inmediatamente en contra del dios.

—¡RAYO ATÓMICO!

Decallones de golpes que superan la velocidad de la luz se abalanzan contra el dios, pero éste da un salto hacia atrás, eludiendo el ataque y desapareciendo entre la arboleda.

—¡Cobarde!

Aioros de Sagitario avanza por la arboleda donde desapareció la deidad, pronto advierte que se trata de un inmenso bosque, repentinamente aparecen delante de él unos seres incorpóreos, que tienen la forma de mujeres.

—¿Qué es esto?

—Somos las ménades, veo que tenemos a un hombre muy apuesto.

Los espíritus de las misteriosas mujeres se abalanzan sobre el ateniense, quién intenta evitarlas pero inmediatamente comienzan a tocar su cuerpo con sus auras.

—¡Tus juegos sucios no funcionarán Dionisio!

El santo de Sagitario expande sus alas y un potente viento dispersa a las ménades, que desaparecen rápidamente. Cuando el griego estaba listo para seguir su paso puede sentir varias presencias rondando en el lugar, luego mira a un sitio en donde la arboleda se movía, logra ver a una ninfa, una bella mujer que escapaba de un hombre, que la seguía y le gritaba improperios.

—No dejaré que ese cerdo se salga con la suya…

Aioros sigue el camino del hombre acosador y lanza un rayo dorado que pasa cerca de su cuerpo, obligando al sujeto a detener su paso.

—¿Qué diablos crees que haces?

El hombre es reflejado por la luz, tenía un aspecto horrendo, una gran nariz, orejas puntiagudas y una barba desalineada.

—Siento un cosmos fuerte en él… ¿quién eres?

—Soy Sileno, uno de los sátiros…

El sátiro enciende su cosmos y pronto aparece el tótem de una armadura, la cual tenía forma de mitad humano y mitad cabra, con grandes cuernos diabólicos, rápidamente viste su cuerpo. Al instante aparecen detrás de él tres sujetos más.

—Así que han aparecido todos los guerreros de Dionisio…

—¿Cómo puedes venir a arruinar nuestra diversión? —pregunta Astreo.

—No dejaremos que te vayas… —musita Leneo.

—Te arrepentirás. —amenaza Marón.

—Salgan de mi paso y los embestiré con mis alas doradas de la justicia… — replica Aioros.

—¿Con que alas de la justicia? —responde Sileno en tono burlón.

—Dices cosas aburridas… —dice Leneo.

Los sátiros encienden sus cosmos y se lanzan sobre su enemigo a la velocidad de la luz para atacarlo juntos, pero el santo divino se cubre con sus alas y bruscamente las expande, volando hacia sus enemigos y lanzando a continuación una incontables cantidad de rayos dorados que destruye por completo a sus cuatro enemigos.

—¿Cómo puede ser tan fuerte? —se lamenta Sileno en el suelo, envuelto en sangre.

Los cosmos de los sátiros se apagan rápidamente.

—Dejarán de divertirse a costa del sufrimiento ajeno, iré por Dionisio…

Aioros emprende vuelo hacia la dirección del cosmos del dios del vino, pronto llega a las puertas de un imponente templo, poseía la misma majestuosidad que el templo de la Luna y Venus.

—Así que me encontraste, bueno, terminemos éste juego… —susurra Dionisio.

—¡Voy a darte el gusto, pero antes dime que le hiciste a los demás!

—Nada, ellos bebieron de mi vino, se embriagaron y tengo el poder absoluto sobre los borrachos…

—Entonces tú los haces dormir y despertar a voluntad…

—¡Eres muy inteligente! —dice el dios sarcásticamente.

—Entonces si acabo contigo ya no tendrás influencia sobre ellos…

El dios del vino aplaude haciendo un gesto irónico con su rostro.

—¡Me cansa tu palabrerío…RAYO ATÓMICO!

El santo divino de Sagitario se abalanza hacia adelante y suelta un puñetazo, incontables esferas doradas rodeadas de chispazos que superan la velocidad de la luz atacan contra el dios, éste empuña su tirso hacia adelante, apuntando con la esfera roja de la punta en dirección a dónde provenía el ataque, emitiendo una radiante luz que regresa todos y cada uno de los golpes, Aioros es golpeado salvajemente por su propia técnica, dejando su armadura divina agrietada.

—Mientras más fuerte me ataques más daños te harás… —musita Dionisio entre risas.

Aioros de Sagitario con dificultad se pone de pie.

—Se supone que un golpe lanzado con la novena conciencia no puede ser rebotado por la barrera de los dioses…

—Es verdad, pero no ha sido la barrera de los dioses, ha sido mi tirso, con él puedo reflejar cualquier ataque, inclusive el de otro dios, más aún con un humano por más novena conciencia que tenga.

Aioros saca la flecha de Sagitario de su armadura divina, la cual expande una luz dorada resplandeciente.

—¡Entonces voy a destruir tu tirso!

—Eres un cabeza dura…si lo intentas morirás…

—¡Flecha dorada, destruye la maldad de los dioses!

El santo divino tensa su arco y dispara la flecha, la cual se convierte en un haz de luz intensamente brillante, el dios ubica su tirso en dirección a la flecha, pero ésta solo se detiene al tocarlo, entonces sale disparada con la misma intensidad disparada contra Aioros, incrustándose en su pecho, perforando la armadura divina por completo.

—Te lo advertí, pensé que eras inteligente… —susurra Dionisio burlonamente.

El heleno toma la flecha con sus manos y la extrae de su pecho, siendo ésta precedida por un chorro de sangre que se escapa de la tremenda herida.

—Solo me queda un disparo más, me has golpeado el corazón de modo fatal… —dice Aioros escupiendo sangre. —Pero en ésta flecha irá todo el poder de mi esperanza…yo voy a rescatar a mi hermano y a mis compañeros de tu hechizo así tenga que dar la vida para ello, porque sé que ellos terminarán lo que han venido a hacer… —rápidamente coloca la flecha en el arco y su cosmos se eleva al infinito.

—¿No has aprendido nada de lo que acaba de pasar? Si intentas lo mismo tendrás el mismo resultado…

—¡No será lo mismo, tu tirso está roto…y esta flecha arderá con toda mi vida!

El dios observa su arma y nota que la esfera roja de la punta ha sido rota por el primer disparo de Sagitario.

—Si arrojas esa flecha morirás de todas maneras…

—No le temo a la muerte, después de todo…esta nueva vida no ha sido más que un regalo y estoy contento de darla por los mismos motivos que la di en el pasado…

El cosmos del santo divino sigue extendiéndose, a tal punto que parece fundir su armadura divina y quemar su piel, un desgarrador grito es lanzado por Sagitario al tiempo que lanza su flecha, toda la energía de su ser va en ella, el dios no tiene tiempo ni siquiera de reaccionar antes de que la flecha le atraviese el corazón, dejando un hueco en su cuerpo, ambos contrincantes caen al suelo sin vida.

Entrada del Jardín del Edén.

Los santos antes de internarse por el interior del hermoso prado sienten el cosmos de Aioros brillar con una intensidad esplendorosa, para luego extinguirse inmediatamente.

—¡Aioros! —exclama Shiryu.

—Su cosmos ha…desaparecido… —musita Hyoga.

—No hay nada que podamos hacer, debemos continuar… —tercia Gliese con la tristeza contenida.

—¡Aioros, te has sacrificado dos veces por los inocentes, renuevo mi promesa que te hice en las doce casas, protegeré a Athena en tu nombre! —exclama Shiryu mientras una lágrima escapa de sus ojos.

—¡Yo también renuevo esa promesa Shiryu, no dejaremos que el sacrificio de Aioros y los demás sea en vano! —responde Hyoga.

Los demás santos unen sus manos junto a Hyoga y Shiryu, mostrándoles que ellos también se adhieren a aquella vieja promesa.