Capítulo 43: Regresión…
Tras el sacrificio de Aioros de Sagitario, el dios del vino ha caído, rompiendo así el hechizo que había caído sobre Seiya de Pegaso, Shun de Andrómeda, Mu de Aries, Saga de Géminis, Aioria de Leo y Dohko de Libra, sin embargo éstos aún estaban inconscientes por los efecto del alcohol en sus organismos, al segundo grupo incursionaba en los deshabitados dominios de Afrodita.
Jardín del Edén.
Shiryu de Dragón, Hyoga de Cisne, Alkes de Copa, Pléyade de Orión y Gliese de Altar se encontraban en la trifurcación del sendero del Jardín del Edén, un camino se abría a la derecha, otro a la izquierda y el restante al centro.
—¡Parece que ha llegado el momento de separarnos! —dijo Hyoga.
—Bien, dividámonos… —musita Pléyade.
—Esperen, no tomen a la ligera ésta decisión… —continúa Gliese. —Más adelante pelearon nuestros compañeros, y puedo sentir que aún hay esperanzas para los dos caídos, Daidalos y Shaka…
—¿Te refieres al sendero que yo debo tomar? —pregunta Alkes.
—Efectivamente, el tiempo apremia para ambos y puede que solo puedas salvar al primero que acudas…no se con exactitud quién está en cada sendero… —contesta Gliese.
—Entonces esta es una decisión que debes tomar tú Alkes… —manifestó Shiryu.
—¡Creo que sería más justo echarlo a la suerte! —espeta Pléyade.
—De acuerdo… —asiente Alkes.
Pléyade de Orión corta dos de las flores que había junto al sendero, toma sus tallos entre sus manos, mostrando como si ambas fueran iguales.
—Escoge una flor, el tallo más corto será el centro y el más largo el otro.
Alkes de Copa saca una flor y Pléyade muestra el tallo de la que queda en su mano, siendo el del primero el más largo.
—Entonces será la derecha… —Alkes toma la dirección.
—Yo iré con él… —dijo Pléyade, abandonando a los demás y acompañando a Copa.
—Yo tomaré el camino de la izquierda… —susurra Gliese emprendiendo su salida.
—¡Hyoga, no perdamos el tiempo! —exclama Shiryu.
Los dos santos de bronce se adentran en el sendero del centro.
El Hades, mundo de los muertos.
Algún lugar del Río Aqueronte.
Los generales marinos del Atlántico Norte y el Atlántico Sur se encontraban atravesando el llamado mar de los muertos, Najash de Dragón Marino nadaba llevando consigo a Sorrento de Sirena, quién tocaba una melodía especial que ahuyentaban a las almas que querían hundirlos al fondo de las aguas.
—Llevamos recorrido una gran distancia, aún no se vislumbra la orilla…en realidad siento que podríamos estar en cualquier parte del río, a este paso mis fuerzas me abandonarán antes de que pueda ubicarme… —pensaba Najash.
El general de Sirena tocaba constantemente su flauta, mientras Najash nadaba cada vez con más desesperación sin dirección alguna, llevando al primero a cuestas. Así empezaron a pasar varios minutos de desesperanza absoluta.
Monte Olimpo, Jardín del Edén.
Templo de Paris.
Los santos de plata de Copa y Orión irrumpen en las ruinas del templo del querubín de Troya. Sin prestar atención a la majestuosidad del lugar o a sus curiosidades, repentinamente el ambiente cambia a medida que avanzaban, mostrando las secuelas de una tremenda batalla.
Entonces puede verse el tótem de una armadura desconocida para los santos, cuyas forma era la de un manzanal con una rama particularmente grande, de la cual colgaba una manzana de oro.
—Mira Alkes, allá… —expresa Pléyade, señalando en un rincón.
—Es Daidalos… —dice Alkes corriendo a su encuentro.
El santo de Cefeo se encontraba en estado de coma, entonces Alkes forma su tótem y con él vierte agua sobre el rostro de Daidalos, tratando de que este beba un poco de la misma, pero aparentemente el argentino no puede reaccionar al estímulo.
—Parece que es demasiado tarde para él, quizá deberíamos volver e intentar salvar a Shaka… —susurra entristecido Pléyade, pero manteniendo la frialdad.
El santo de plata de Copa derrama todo el contenido de su tótem en el cuerpo de Daidalos de Cefeo, entonces el agua se mezcla con el veneno y la sangre de sus heridas, estas comienzan a sanar milagrosamente. Tras unos segundos Daidalos abre los ojos, se levanta con renovadas fuerzas pero algo confundido, entonces mira rápidamente a los santos que han acudido a su auxilio y los reconoce inmediatamente, entendiendo entonces lo que sucedió.
—Creo que no va a alcanzar el tiempo para devolverte la deuda que tengo contigo, ya van dos veces que me salvas de la muerte… —apunta Daidalos agradeciendo a Alkes.
—Es mi misión y al mismo tiempo un gusto poder contribuir a que mis camaradas permanezcan vivos… —contesta Alkes.
—Debemos continuar, aunque tú Alkes quizá deberías ir por Shaka… —manifiesta Pléyade.
—Sin dudas, yo regresaré por Shaka de Virgo, ustedes deberían continuar… —consiente Alkes.
Templo de Adonis.
El Cisne y el Dragón entran al templo del querubín persa y en sus profundidades divisan un cuerpo, pero no se trataba de Shaka.
—Este hombre parece como si hubiese perdido sus sentidos antes de morir, sus ojos están apagados y la expresión en su rostro es nula… —expresa Shiryu mirando a Adonis.
—Debe haber sido víctima de Shaka de Virgo, él no debe estar lejos… —acota Hyoga.
Los santos de bronce inspeccionan el lugar pero no pueden encontrar el cuerpo de Shaka, hasta que finalmente descubren una especie de capullo hecho de hojas que estaba partido al medio, en su interior solo se veían rastros de sangre.
—¿Qué significa esto? —se pregunta desconcertado Hyoga.
—Parece ser como si algo o alguien hubiera sufrido una transformación, quizás Shaka ha pasado a una nueva evolución... —expresa Shiryu tratando de comprender.
—Confiemos en Shaka y sigamos…
—Los santos han venido a mi encuentro… —resonó la voz de Shaka.
—¡Shaka! —exclamaron los santos de bronce al unísono.
La silueta de Shaka se visualiza tras un gran halo de luz dorada que lo envuelve.
—Como la oruga que se convierte en mariposa, mi cuerpo se ha regenerado, dándome un nuevo nacimiento…
—¡Es increíble, es como si hubieras vencido a la muerte por ti mismo! —espeta Shiryu.
—No ha sido solo por mí, Saga tuvo la amabilidad de suministrarme el material necesario para poder construir un capullo con mi cosmos alrededor de mi cuerpo y dentro de él he habitado por cada célula y cada átomo de mi existencia humana, sanando con mi espíritu las llagas y heridas de mi humanidad…
Templo de Eros.
Los santos de Orión y Cefeo llegan al recinto, observando dentro de él una gran tumba con una inscripción, la cual decía "ellos solos, pueden más que el amor y son más fuertes que el Olimpo".
—Esta frase…debe haber sido escrita por Shun… —susurra Daidalos.
—¿Cómo puedes saber eso? —pregunta Pléyade.
—Esa frase pertenece a una canción muy popular de mi país, yo se la repetí a Shun un par de veces, explicándole que hacía referencia a cuando el amor trasciende las fronteras de la vida con la esperanza de afrontar la adversidad solo con el amor…
—Y de quién puede ser ésta tumba…
—Es la primera vez que percibo tanta tristeza al leer esta frase tan linda…
El Santuario.
Templo del Patriarca.
El enigmático líder de los santos se encontraba meditando junto a Atenea.
—Temo que el Olimpo intente atacarla ahora que nuestras defensas están bajas… —musita el Patriarca.
—No vendrán, los dioses no vendrán, y si envían a sus asesinos esta vez seré yo quien los defenderé a ustedes… —susurra la diosa.
—Señora, yo estoy aquí para defenderla a usted y no al revés…
—No en ésta ocasión, si vienen por mí seré yo quien los enfrente…
—Entonces yo pelearé a su lado…
Templo del Sol.
En el resplandeciente recinto del dios del sol, se encuentra Apolo, dios del Sol, entonces otro resplandeciente brillo aparece en el lugar, tratándose de Helios, antiguo dios del Sol.
—¿Qué es lo que deseas saber? —pregunta Helios.
—Quiero saber dónde está Athena en este momento… —expresa Apolo.
El titán del sol, capaz de ver todo lo que tocaba la luz cerró sus ojos y le dijo.
—Athena sigue en su Santuario, pero está prácticamente desprotegida.
—Eso era lo que necesitaba saber, entonces un ángel bastaría para llegar a ella…
—Puede que quizás dos…
—Comprendo, agradezco tu aporte Helios.
El antiguo dios solar se retira a las salidas del templo, en donde puede verse un carruaje con cuatro caballos hechos de plasma y llamas, que emulaban a las flamas del sol, al subirse al carruaje un brillo cegador resplandeció en el lugar y al consumirse éste Helios se había ido.
El Inframundo.
Río Aqueronte.
Los marinos de Sirena y de Dragón Marino seguían perdido en el río de los muertos, Najash se veía exhausto y apenas podía mantener a ambos a flote, mientras Sorrento no cesaba de tocar la melodía que evitaba que los muertos los atacasen. Después de más de una hora de haber incursionado en el Río Aqueronte, Najash pensaba que todo había sido en vano, que realmente era imposible cruzar aquel lugar sin la balsa de la que hablan los mitos, entonces un resplandor pareció abrazarlos y en un momento a otro se encontraban en una orilla de aquel gigantesco río.
Dragón Marino casi sin aliento miraba aquel ser que aparentemente les había salvado.
—¿Quién eres tú?
—Soy Prometeo, creador de la humanidad…
Monte Olimpo.
Viñedo Sagrado.
Los santos de Orión y de Cefeo llegan al viñedo de Dionisio, el dios del vino y se encuentra con sus compañeros que estaban inconscientes, justo en ese momento aparece Gliese.
—¡Pléyade, Daidalos, que bueno ver que aún estás vivo santo de Cefeo! —dijo Gliese.
—¿Qué les ha pasado a tan notables guerreros? —dice Pléyade sacudiendo a Seiya.
—Parecen deshidratados, es como si fuera una fuerte resaca… —concluye Daidalos.
—Creo que es solo cuestión de tiempo hasta que despierten, quizá Alkes pueda ayudar cuando llegue… —expresa Gliese.
—No debemos preocuparnos por ellos, son de los más fuertes santos entre todas las órdenes, continuemos… —sentencia Daidalos.
Los santos de plata corren a la velocidad de la luz, atravesando así el Viñedo Sagrado y llegando a un extraño lugar.
Desierto de Hierro.
El suelo estaba hecho totalmente de hierro, conformado por pequeñas dunas, montículos e inclusos cerros, así como planicies, el sitio se encontraban a temperaturas extremadamente bajas, el frío del lugar era abrumador.
Finalmente se percibe un poderoso cosmos, se escuchan unos pasos tranquilos y un hombre misterioso aparece en escena, portaba una armadura que combinaba tonos color oro, plata y cobre, tenía el cabello castaño oscuro y corto.
—Al fin un adversario… —susurra Pléyade.
—¡Soy Céfalo, uno de los heraldos de Hermes!
—Los heraldos de Hermes… —musita Daidalos.
—Sí, los heraldos somos los más poderosos guerreros de nuestro señor Hermes, somos semidioses hijos del mensajero de los dioses en la era mitológica y hemos reencarnado en ésta era para volver a servir bajo su voluntad…
—¡Abre paso, no hemos venido a platicar! —brama Pléyade.
—No seáis tan descorteses, ¿por qué luchan tan fieramente ustedes santos atenienses? —pregunta Céfalo.
—Lo hacemos por nuestro espíritu altruista… —contesto con firmeza Daidalos.
—¡Hemos decidido darlo todo para brindar una esperanza a la humanidad! — exclama Pléyade apretando su puño.
—¿Una esperanza? —continúa Céfalo. —Entonces abandonen la lucha, solo están alargando la guerra inútilmente…la esperanza vive en los dioses, vive en el Olimpo, además, el fuego no se apaga con más fuego…
—Céfalo, ustedes han propagado el fuego en cada rincón del planeta, no nos han dejado otra opción que recurrir a la violencia… —declaró Gliese.
—Deben observar lo magnífico, hermoso, majestuoso y pacífico que es el Olimpo, estamos en un auténtico paraíso, todo lo que los dioses pueden darle a este mundo, todas las temperaturas, climas y lo que a uno se le ocurra, ¿quiénes más que nuestros señores, los olímpicos, pueden crear un nuevo mundo? Será un lugar pleno para cualquier ser vivo…
—¡Eso no es cierto! —recrimina Pléyade.
—Mientes Céfalo… —murmura Daidalos.
—¿Qué dices? —pregunta Céfalo.
—Detrás de tus elegantes palabras solo escondes mentiras, las utopías no existen, ¿de qué valdrá matar a cuanto inocente exista si los humanos y no solo ellos sino todos los seres que existen pecan? ¡Incluso los dioses! —expresó con enfado Daidalos.
—Pintas un panorama muy pesimista, no has vivido en la era mitológica, gracias a la regresión de nuestro señor Hermes hemos accedido a recuerdos de cada reencarnación que poseamos, la utopía existió, los humanos que viven en la Tierra creen que esa palabra denota algo irrealizable, tienes razón en que los dioses pecan…pero ello le es permitido puesto que ellos son los creadores…
—¡Córrete del camino…CACERÍA DE ESTRELLAS!
Pléyade de Orión eleva su cosmos, sus cabellos negros revolotean a la altura de su cuello, su brazo izquierdo hace un movimiento agitándolo como estuviera cazando estrellas, luego las sostiene en su puño cerrado, para soltarlas violentamente hacia adelante, entonces de su palma emergen diminutas estrellas que brillaban como un poderoso astro, todas se concentran en un punto y se abalanzan sobre el heraldo, pero éste sonríe y junta sus manos apoyándolas al pecho, apareciendo detrás de él un enorme universo, delante suyo se disemina un ente oscuro, el cual parece una burbuja de materia negra, la cual termina por succionar por completo la técnica del santo de plata.
—¿Cómo lo ha hecho? —se pregunta Pléyade perplejo.
—¡Al parecer puede crear materia negra con su cosmos! —aduce Gliese.
—Así es, soy capaz de alterar el espacio con materia negra, soy un ser invulnerable…
—¡Elevaré mi cosmos y te golpearé!
—¡Espera! —dice Daidalos poniéndose delante de Orión.
—No malgasten sus energías inútilmente… —susurró Céfalo.
—¡El único camino del triunfo es la perseverancia…no es propio de un tipo inteligente subestimar a un santo! ¡CORONA DE ESTRELLAS!
Daidalos de Cefeo levanta sus manos y de la punta de sus dedos salen pequeños destellos, los cuales repentinamente comienzan a girar, dejando una estela en su trayecto, formando una tiara de luz que se abalanzan sobre el heraldo, éste con sus manos al pecho genera agujeros negros por doquier, las estrellas desaparecen al entrar en colisión con el hoyo oscuro, sin embargo una ráfaga de luz se infiltra a espaldas del guerrero de Hermes, el cual atina rápidamente a dar un salto hacia atrás, evitando milagrosamente la embestida.
—¡Eso estuvo muy cerca, ese ataque era muy veloz! —expresó Céfalo.
—No conseguirás escapar por mucho tiempo… —adujo Daidalos.
—Son verdaderamente guerreros sagrados muy poderosos, pero no entiendo cómo algunos de ustedes han sido capaces de vencer a Dionisio…a un dios…
—¡Deja que yo me haga cargo de este sujeto!
El santo de plata de Orión enciende su cosmos violeta, el heraldo hace lo mismo, los santos de Cefeo y Altar entiende instantáneamente y se marchan, Céfalo los deja pasar.
—¡Te arrepentirás de tu insolencia! —dijo un enfadado Céfalo.
—¡Te venceré en nombre de mi diosa Atenea y de todos y cada uno de los habitantes del planeta Tierra! —exclama Pléyade.
—No les corresponde a los humanos interferir en los planes de los dioses…
El santo de plata se abalanza sobre el heraldo y propicia una serie de golpes de puño que éste último esquiva uno a uno hasta que termina el último golpe, en ese momento Céfalo contragolpea con varios puñetazos que Pléyade elude, pero finalmente uno de ellos es encajado en la boca de su estómago.
—¡Esto no es nada! —dice Pléyade mientras se toma su estómago golpeado.
—¡Tienen un nivel semejante al nuestro, pensé que los santo de plata no serían capaces de tanto…!
—Estaba algo ansioso de enfrentarme a un adversario de mi jerarquía…
—Ahora es mi turno para atacar… ¡REGRESIÓN DEL ESTIGMA!
El heraldo cierra sus ojos y comienza a mover una de sus manos en forma circular frente a su rival, un cosmos ocre inunda el lugar de forma absoluta, paralizando los movimientos de Pléyade e induciéndolo poco a poco en una hipnosis, sus ojos se pierden en el vacío, entonces se escucha la voz de Céfalo, provenir de lo profundo de su mente.
—Ahora sufrirás nuevamente la última muerte antes de tu última trasmigración, poco a poco tu cuerpo irá sufriendo los daños de aquella vida en donde te llamaban Theron…estás condenado…
En ese momento al concluir el heraldo su técnica, el santo de plata recupera sus movimientos pero extrañamente comienza a sentir un profundo dolor en una de sus piernas.
—¿Qué es lo que está pasando, su técnica no me golpeó?
El santo de Orión se mira la pierna, pero esta aparenta estar sana.
—Puedo ver el sufrimiento de tu vida pasada, en aquella ocasión fuiste derrotado por un juez del Hades, Vermeer de Grifo, quién te propinó una muerte dolorosa…
Repentinamente el santo plateado empieza a tener una regresión y ve imágenes de aquella batalla de la cual le contaba su rival.
Anterior guerra santa contra Hades.
Villa Rodorio.
La situación que se planteaba inesperadamente era él tirado en el suelo a merced de un juez del Infierno.
—¡MARIONETA CÓSMICA!
Los hilos invisibles de Grifo atrapan al santo plateado.
—¡Mi cuerpo se mueve solo! ¿Qué está haciendo? —se preguntaba Theron de Orión, preso de la confusión.
—Son los hilos invisibles, ahora bailarás la danza de la muerte…
El espectro jala uno de sus hilos y quiebra la pierna del santo que grita de dolor.
—A este paso voy a…
—Esto es lógico, has tenido el infortunio de cruzarte a un juez del Hades… ¿realmente creías salir victorioso? De todas maneras, deberías sentirte orgulloso de al menos destruir parte de mi sapuris…
—Aunque muera, vendrán otros y te derrotarán, el mal nunca triunfará…
—¿Quién eres tú para hablar del bien y del mal?
Vermeer de Grifo jala el brazo izquierdo del santo de plata, quebrándolo.
—No puedo perecer tan fácilmente…
—¿Qué no puedes? Como que no… —dice el espectro con prepotencia.
El juez quiebra la columna del santo y éste grita angustiosamente.
—¡Dejaré mis puños grabados en tu cuerpo aunque muera! —pensaba Theron.
—Así que te resistes…
—¡CACERÍA DE ESTRELLAS!
Theron de Orión lanza su técnica con su brazo sano, pese a las ataduras de la marioneta cósmica.
—¡Maldito, eres tenaz! Aún con tu columna rota y con mis hilos agarrando su cuerpo has podido ejecutar tu última técnica, es una pena, pero fue ineficaz…
El juez del infierno jala su hilo invisible que apresaba el cuello, quebrándolo y provocando la muerte instantánea.
En ese momento el santo de plata regresa en sí, al momento actual.
Desierto de Hierro.
Al despertar de su regresión el santo de plata yacía en el piso, con una pierna y un brazo quebrados, lo cual había ocurrido antes en su combate con el espectro de Grifo, hace más de doscientos años. Entonces el santo de plata comienza a sentir como si un hilo de aquella marioneta estuviera jalando su cabeza, intentando romper su cuello, finalmente su cabeza cede y se escucha el ruido de algo romperse.
—Mi técnica es infalible, has sufrido la misma muerte dos veces…
Céfalo se disponía a irse del lugar, cuando siente el cosmos del santo de plata elevarse de forma abrumadora.
—¡No puede ser!
Pléyade de Orión se puso de pie aún con su pierna quebrada, la sangre recorría brazo, su pierna y su cuello.
—¿Cómo puede ser que tu cuello no se haya quebrado?
—A último momento comprendí como superar tu técnica, solo es cuestión de no doblegar el espíritu ante el recuerdo vivido de la muerte pasada, me has hecho recoger experiencias de antaño…
—¡Que hayas logrado evitar la regresión del estigma no significa que vayas a ganar este combate!
—¡NUBE ESTELAR!
Pléyade crea una nebulosa desde sus manos, las cuales están formadas de forma abierta, mostrando sus palmas, sostenidas desde la posición de su vientre, dentro de la nebulosa comienza a generarse materia cósmica, rocas de piedras incandescentes son despedidas en dirección al heraldo.
—¡Nunca me alcanzarán!
Céfalo junta sus manos apoyándolas al pecho, apareciendo detrás de él un enorme universo, delante de él se disemina un ente oscuro, el cual parece una burbuja de materia negra, la cual termina por succionar poco a poco la nube estelar y todo lo que ella despedía.
—Ni la luz puede escapar de la concentración de la materia negra…
—¡Desgraciadamente no puedo usar mi choque megatónico de meteoro con mi pierna rota, pero he descubierto la forma de vencerte, tu defensa es casi perfecta, sin embargo, concentras la materia negra a través del flujo energético que generas, llevando tus palmas a tu pecho, si evito que hagas eso no podrás defenderte!
—No seas ingenuo, no podrías romper mi defensa en esas condiciones, tu vida pende de un hilo y voy a arrebatártela…
Ambos combatientes elevan sus cosmos y se estudian el uno al otro, la batalla parece haber llegado a su punto de quiebre.
