Capítulo 45: La destrucción del Santo Grial.
La épica guerra santa no daba tregua, la vida de Pléyade de Orión se esfumó, pero su sacrificio no fue en vano, pudo llevarse consigo a uno de los heraldos, llamado Céfalo, de temible poder.
Al mismo tiempo, el santo de Altar se enfrentaba a otro de los heraldos, de nombre Dafnis, quién con su mágica siringa estaba anunciando una temible batalla.
Desierto de Hierro.
Daidalos de Cefeo avanzaba a través del gigantesco Desierto de Hierro, corriendo sobre frías placas de metal, herrumbrados, el frío era casi insoportable, en el horizonte solo se divisaba la repetición infinita del desierto.
Viñedo Sagrado.
El santo de plata de Copa recién comenzaba el recorrido de los territorios de Dionisio, atravesaba el lugar velozmente, cuando repentinamente divisa unos cuerpos en la lejanía, entonces llega a donde se encuentra a sus camaradas desplomados en el suelo.
—Están heridos, pero al parecer no son sus heridas lo que los ha dejado fuera de combate…
Mientras el plateado intentaba descifrar que había ocurrido con sus compañeros, Dohko de Libra atina a mover un poco sus manos, pronto abre sus ojos con dificultad.
—¡Libra! ¿Qué sucede? —preguntó Alkes mientras lo toma de la espalda. —¿Qué les ha pasado?
—Dionisio… —dijo Dohko con dificultad y se toma su cabeza, la cual sentía que iba a estallar.
El santo de Copa que llevaba la caja de Pandora a sus espaldas, libera su armadura, la cual se forma en su tótem, luego vierte con su cosmos agua en ella, dando de su brebaje al antiguo maestro, quién poco a poco recobraba el bienestar.
—Te lo agradezco Copa… —expresa Dohko mientras mira a los ojos a Alkes, perdiéndose en su mirada.
—¿Ocurre algo?
—Disculpa, es que eres igual a un antiguo compañero…
—¿Un antiguo compañero?
—Seguramente tú…hace más de doscientos años cuando entrenaba para santo era compañero de un gran hombre, Suikyo de Copa, me recuerdas mucho a él, no, diría que eres igual físicamente pero también tienes un cosmos muy parecido, lleno de bondad y determinación…
—Dohko, lo mismo me dijeron Shun, Shiryu y Hyoga…disculpa que cambie de tema pero no me has respondido que ha pasado…
—Fuimos víctimas de una trampa, bebimos del vino de Dionisio, el temible efecto embriagador que posee está fuera de la imaginación…
—¡En ese caso el agua milagrosa de mi tótem los hará volver en sí!
El santo de Copa se preparaba para dar de beber de su milagrosa agua a los santos.
Desierto de Hierro.
El combate entre Dafnis y Gliese seguía su igualado desarrollo.
—Debo felicitarte por sepultar las almas de la manera en la que lo has hecho, por algo uno de ustedes ha sido capaz de matar a Céfalo, uno de los heraldos, pero todavía no logras contrarrestar mi espesa neblina…
—¡Al final de combate contrarrestaré cada una de tus técnicas…recuérdalo!
El heraldo comienza a tocar su siringa, poco a poco el ambiente comienza a mutar en un majestuoso bosque, una intensa neblina se expande, los árboles comienzan a girar alrededor del santo de plata, éste volteaba preocupado hacia todos lados, en alerta para no resultar herido, sin embargo un halo de energía sale disparado a la altura de su hombro, la hombrera de su armadura de plata estalla, un chorro de sangre se derrama de la herida.
—¡No puedo ver de dónde vienen sus golpes!
—¡Adiós! —susurra con su voz Dafnis, el sonido se siente por todos lados.
Una esfera de energía aparece súbitamente arriba del santo de plata, quién intenta detenerla con sus manos, logra finalmente rechazarla, pero su armadura de plata se agrieta por todas partes. Altar se encuentra indefenso, en ese momento Dafnis aparece súbitamente frente a frente para rematarlo, pero en ese momento el ateniense esquiva el ataque y contragolpea abriendo la palma de su mano y situándola en el pecho de su enemigo, liberando una violenta descarga de energía que lo tumba al suelo, su manto es agrietado.
—Así que estabas esperando el momento adecuado, para eso has fingido estar entregado a la muerte… —dice Dafnis al tiempo que se pone de pie.
—Debes agradecer a tu armadura, sin esta ya caminarías entre los muertos…
—Las armaduras de nosotros los heraldos son llamadas corazas de Mercurio, son tan fuertes como la que usan sus camaradas, los santos de oro o quizás más, en otras palabras, a pesar de que nuestros cosmos están igualados, tengo una ventaja en lo que se refiere a la protección, mi manto está solamente agrietado en su superficie, sin embargo si miras bien te darás cuenta que toda mi armadura está hecha de Mercurio…
La armadura del heraldo parece derretirse en donde están las grietas, para luego retomar la forma sana del manto.
—¡No es posible, su armadura ha sanado por sí misma!
—Como ves no tienes oportunidad, no importa que tan alto sea tu cosmos, nunca podrás dañarme mortalmente…
—Lo que define una batalla es el cosmos, no la armadura.
—Voy a demostrarte que estás equivocado…
Viñedo Sagrado.
Los santos que habían estado inconscientes se recuperaban poco a poco, luego de beber la milagrosa agua de Copa.
—No siento el cosmos de mi hermano… —dice Aioria afligido.
—Aioria, tu hermano ha… —Alkes titubea. —Ha…dado su vida…
—¿Qué dices? —pregunta Aioria con lágrimas en sus ojos.
—¡Honremos la memoria de tu hermano, imitando su ejemplo! —dijo Alkes.
El santo de Leo golpea el suelo con bronca, haciendo una enorme grieta, Shun de Andrómeda pone su mano en su hombro, tratando de consolarlo.
—Aioria… —susurra Seiya.
—Descuiden, seguramente pronto me reuniré con mi hermano nuevamente…—dice el león dorado, tratando de secarse sus lágrimas con su mano. —Aioros, tú has sido un verdadero santo hasta el final, nos volveremos a ver en la eternidad…
—¡Es hora de partir…no desperdiciemos el sacrificio de Aioros! —exclama Saga.
Los santos se disponen a marchar pero una presencia enemiga se acerca, se trata de un cosmos muy poderoso.
—¿Quién eres? —pregunta Dohko.
—Soy Cérix, uno de los tres heraldos de Hermes…veo que han podido despertar luego de beber el vino de Dionisio, así que todo ha sido gracias a la armadura de Copa, sé que si se viertes agua en su tótem adquiere propiedades milagrosas, que pueden curar cualquier herida…
—En efecto Cérix, has acertado… ¿Cómo has podido saberlo? —pregunta Alkes.
—Nosotros los heraldos colaboramos con Hermes, llevando todo tipo de información en los distintos planos…conocemos infinidades de secretos de todo y todos…
—¡Heraldo, no estoy de humor, te despedazaré! —amenazó Aioria.
—Espera Aioria, el Patriarca nos ha enviado para abrirles el paso hasta los dioses… —susurra Alkes.
—¡Pero Copa!
—Debes confiar en tus camaradas, prometo vencer e incorporarme más adelante…
—Alkes tiene razón, puedo ver que es un hombre de palabra… —expresa Dohko mientras a su mente viene una imagen de Suikyo.
—¡Alkes te veré de nuevo más adelante, recuerda que es una promesa! —expresa Seiya.
El santo de Copa ataca a su rival, éste contesta con otro ataque, en una ráfaga de segundos los santos de Pegaso, Andrómeda, Aries, Géminis, Leo y Libra se marchan, dejando a los enemigos en combate singular.
—Copa, es de suma importancia que te venza, esa armadura que posees es un gran estorbo para nuestra victoria...debo confesar que estaba esperando con ansias que llegasen, tenía cierta curiosidad por saber cómo son aquellos que desafían a los dioses… —expresó Dafnis.
—Retribuiré tu ansiedad con esta técnica… ¡LANZAS DE HIELO DEL LOTO BLANCO!
Alkes de Copa extiende sus brazos hacia adelante, cruzándolos a la altura de la muñeca, alrededor de su aura se condesa la humedad, hasta solidificarse en hielo en forma de lanzas, que se abalanzan en dirección al heraldo, pero salta hacia atrás y recibe varias heridas, pero cae de pie, soportando la embestida.
—¡Mi técnica no le ha causado gran daño…! —exclamó el santo mientras retrocede muy sorprendido. —¡Tengo que ser cuidadoso!
El manto de Mercurio que protegía al heraldo, había resultado agrietado, pero pronto las zonas dañadas parecieron derretirse, para restaurar sus daños.
—¡Increíble, su armadura tiene la capacidad de reconstruirse!
—Fue una buena técnica, pero no tienes oportunidad… —dijo Cérix al tiempo elevó su cosmos.
—¡El cosmos que tienen los heraldos es sorprendente!
—¡ODIO DEL ESTIGIA!
Detrás del heraldo aparece un conglomerado de almas malvadas que empiezan a atacar al santo de plata, que es herido en su cuerpo pero trata de resistir los embates, cubriéndose con los brazos en cruz.
—¡No puedo ser vencido por este ataque!
—Es en vano que trates de resistir…este ataque contiene el odio de numerosas almas pecadoras que son liberadas por mi energía y lastimarán tu alma hasta que sea extinguida…
—¡No puedo perecer por unas almas malignas…su rencor no me dañará!
Alkes enciende su cosmos, la temperatura del lugar baja súbitamente, las almas al sentir el frío aterrador se alejan.
—Realmente impresionante, estas almas están acostumbradas a soportar el intenso frío del Infierno de hierro por la noche, cuyas temperatura es de ciento ochenta y tres grados centígrados, lo que significa que tu frío tiene que ser mucho más bajo que esa temperatura para poder repeler a mis almas…
—Un ataque tan débil nunca me vencerá…
—¡Maldito presumido…haber que haces contra esto! ¡ARDOR DEL FLEGETONTE…!
Cérix crea un portal en el cielo y de éste se precipita un río de fuego del infierno en forma de cascada, el santo de plata se cubre, sin embargo las llamas alcanzan su cuerpo.
—¡Su fuego no solo puede quemar físicamente, sino también espiritualmente! —dice Alkes mientras se retuerce de dolor.
—Así es, estás condenado…
El santo de plata soporta el dolor de las quemaduras provocadas por el río de sangre hirviendo con gran esfuerzo y tenacidad, pero el calor ya comenzaba a derretir su armadura plateada, su cosmos comienza a crecer cada vez más, condensando la humedad del lugar y solidificando al río de fuego. El ateniense repentinamente comienza a atacar a la cascada ardiente con estacas de hielo, la cual recibía los embistes cada vez más numerosos y comenzaba a enfriarse hasta quedar congelada.
—¡Has podido liberarte…eres sorprendente! —expresó el heraldo elogiando a su adversario.
—¡Venceré!
—¡Te mostraré mi técnica más temible y de seguro morirás…! ¡VENDAVAL DEL CAOS!
El heraldo Cérix levanta sus dos manos y un portal violeta se abre arriba del ateniense, del mismo comienzan a emanar calaveras espectrales.
—¿Qué es esto? —se preguntaba Alkes aterrado.
—Son las almas del Tártaro, las más temibles en el plano espiritual que existen, vienen directamente del peor de los infiernos, los peores seres que ensuciaron el mundo con sus horribles pecados…
Las calaveras comienzan a herir el cuerpo del enemigo, su armadura comienza a agrietarse, hasta ser destruida por completo, tras un resonante ruido de metal.
—Ha destruido mi armadura de Copa, con ella se va nuestra pequeña ventaja…
—Ahora morirás…
—¡Si he de caer te llevaré conmigo…TORMENTA GIRATORIA DE LOS COLMILLOS DE HIELO!
El santo de plata con sus dos manos rectas genera un viento de hielo, que se arremolina con lanzas de hielo, las cuales atacan a la velocidad de la luz contra su oponente, quien se ve sorprendido por la infinidad de lanzas y la potencia del viento que las guía, el ataque da de lleno en el heraldo, arrojándolo muchos metros hacia atrás.
—Que terrible poder… —dice Cérix levantándose, rápidamente se percata de que su armadura está completamente congelada. —Esto es imposible…
—He direccionado mis lanzas para asegurarme de golpear en punto estratégicos de tu armadura simultáneamente, logrando que esta se congele por completo, para que de esa forma no pueda seguir reconstruyéndose…
—Ya tienes un pie y medio en el Infierno…y ahora que ya no quedan defensas morirás. ¡VENDAVAL DEL CAOS!
El heraldo levanta sus dos manos y un portal violeta se abre arriba del ateniense, del mismo comienzan a emanar calaveras espectrales, el santo intenta evadir las calaveras saltando de un lugar a otro, a gran velocidad, pero pronto siente el cansancio y es alcanzado, su cuerpo se empieza a resentir súbitamente.
—¡Creo que no podré cumplir con mi promesa, perdónenme santos dorados y ustedes también Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga, sin embargo voy a hacerles una nueva promesa que si voy a cumplir, me llevaré conmigo a este desgraciado…TORMENTA GIRATORIA DE LOS COLMILLOS DE HIELO!
Alkes con sus dos manos rectas genera nuevamente un viento de hielo, que se arremolina como terribles lanzas de hielo, el heraldo intenta evadirla pero es demasiado tarde, su armadura se hace añicos y su cuerpo sufre mortales heridas.
—¡No puedo creer que estas estacas me hayan alcanzado! —se lamenta Cérix.
—Perdóname Athena, ya no podré colaborar más en esta guerra santa… —susurra Alkes al tiempo que cae duramente al suelo.
El heraldo intenta sobreponerse al dolor, pero de repente nota que sus heridas dejan de sangrar, su sangre se está congelando, entonces siente como su cuerpo se congelara por dentro, incluso su sangre se congela, una vez que alcanza la temperatura adecuada, sufre un paro cardíaco, su corazón se cristaliza y la muerte lo abraza.
Desierto de Hierro.
El heraldo toca una bella sinfonía, poco a poco la neblina se disemina, el santo de plata de Altar enciende su cosmos y expande un fuego fatuo que se mezcla con la neblina.
—¡Ya he analizado tu truco, no volverá a funcionar! ¡ONDAS INFERNALES!
Gliese de Altar levanta su mano izquierda y del dedo índice de su mano libera unas ondas blancas que dan en su rival.
—¡No es posible! —se lamenta Dafnis.
El alma del heraldo es enviado al Yomotsu, el ateniense sonríe, dio en el blanco y ahora su enemigo fue a las puertas del Infierno.
—¡Cortaré tu cabeza heraldo, no tengo opción, eres un enemigo muy peligroso!
El santo de Altar se acerca pero pronto observa como desde un portal el alma del heraldo regresa a su cuerpo, velozmente su imagen se diluye, apareciendo frente a su rival, flotando en el aire y tocando su siringa.
—¿Cómo has sido capaz de regresar desde las puertas del Infierno?
—Nosotros los heraldos somos capaces de entrar y salir de los infiernos a gusto y placer, somos semidioses hijos de Hermes, eso significa que heredamos su habilidad de psicopompo…
—Comprendo, entonces se debe a eso, la habilidad de conducir a las almas de los muertos.
—¡Por ello tus grandes habilidades no son efectivas en mí! Pero esta batalla está alargándose innecesariamente, es hora de ponerle punto final a este asunto…
Dafnis entona nuevamente su melodía, esta vez la música era hermosa pero tenía un tinte tenebroso, el santo de plata comienza a ser afectado en su cosmos.
—¡¿Qué sucede?! —dice Gliese arrodillándose.
—En la antigua era mitológica, Zeus en una de sus numerosas aventuras infieles tuvo amoríos con Io, una bella doncella. Hera, reina del Olimpo y esposa de Zeus capturó a la joven, para evitar su fuga designó un guardián…—dice Dafnis sin dejar de tocar su siringa.
—¿Te refieres a Argos? —dice Gliese con dificultad, mientras trata de recuperar los movimientos perdidos por la melodía de su enemigo.
—Parece que lo sabes…
—¡Pero Hermes mató al monstruo!
—Si, lo ha hecho con esta siringa, desde entonces su alma habita en ella, Argos era un guardián perfecto puesto que tenía cientos de ojos, Hermes luego de tocar esta hermosa melodía cerró todos sus ojos, ese fue la orden de Zeus, derrotar al monstruo para que escape Io…
De pronto los ojos del santo de Altar comienzan a cerrarse, pero este reacciona rápidamente sin caer en el sueño.
—Mi técnica no es tan simple, muere… ¡HECATOMBE DE ARGOS!
El heraldo Dafnis aumenta el volumen de su melodía y frente al santo de plata aparece un aura espectral de color violeta, cuando esta toma forma puede verse su verdadera magnitud, se trataba de un monstruo de siete metros de altura, tenía cientos de ojos por todos lados, una de sus enormes manos se levanta y luego la baja bruscamente al suelo, el ateniense es derribado y presionado contra el suelo, su armadura es totalmente destruida, pero le salva la vida.
—Descansa en el Tártaro… ¡HECATOMBE DEL ARGOS!
El guerrero de Hermes repite la acción, luego de tocar su melodía la espectral alma del gigante aparece delante del santo nuevamente, listo para destruir ahora su cuerpo, en el momento en que la enorme criatura baja su pesada mano una luz dorada se expande cegando la visión del heraldo.
—¿Qué ha pasado? —se pregunta Dafnis invadido por el desconcierto.
—No puede ser… —dijo Gliese mientras sus ojos lilas se iluminaban.
Algo inesperado sucede frente a la mirada del santo de plata, se trataba de la armadura dorada de Cáncer, formada en su tótem en forma de cangrejo, aquella armadura por la cual había combatido en el pasado contra Máscara de la Muerte. El tótem de las corazas de Cáncer se separa y visten el cuerpo de Gliese, que miraba asombrado como se veía en su cuerpo.
—¡La armadura dorada te ha salvado! —manifiesta Dafnis.
—¡No podrás vencerme Dafnis, el destino me dará esta victoria!
Una imagen se divisa ante los ojos del santo de plata devenido en dorado, se trataba de Máscara de la Muerte.
—¡Gliese, has crecido mucho, ahora eres un digno portador de la armadura de Cáncer, no puedes ser vencido! —declara el alma de Máscara de la Muerte.
—¡Máscara de la Muerte, no te defraudaré! —contestó Gliese mientras una lágrima recorre su rostro, a su mente vienen recuerdos de su infancia cuando entrenaba en Sicilia por la armadura de Cáncer, mucho antes de que Máscara de la Muerte se convierta en un vil y cruel asesino.
—No creas que tener una armadura dorada te dará ventaja… —murmura Dafnis.
—Mi técnica secreta nunca falla… ¡FLAMAS INFERNALES!
Repentinamente aparecen unas esferas azules alrededor del enemigo.
—¡Esto es fuego fatuo, las técnica espirituales son inservible contra los heraldo!
Con la palma de su mano Gliese de Cáncer enciende su cosmos y concentra todo el fuego fatuo, arrojándolo con voracidad contra su enemigo, el cual confiado en que podrá soportar las llamas que habitan en el Yomotsu le hace frente a la técnica, sin embargo para su sorpresa, se ve envuelto en las llamas, al tiempo que comienza a sentir que su alma se quema, lanzando desgarradores gritos, en unos segundos las llamas se apagan y el cuerpo de Dafnis cae al suelo.
—Lo he conseguido, finalmente he derrotado al heraldo, ahora tendré la oportunidad de llegar al templo de Hermes…
El santo que ahora vestía la armadura dorada de Cáncer sigue su camino, internándose en las profundidades del Desierto de Hierro.
Inframundo.
Primera prisión, el Palacio del Juicio.
Los generales marinos de Sirena y Dragón de los Mares arriban a las puertas del tribunal de los muertos, observaban sorprendidos el imponente tribunal de justicia y comienzan a subir las escaleras.
—¿Un palacio de justicia? —se pregunta Najash asombrado.
—Es el Palacio del Juicio, según el mito a este lugar arriban todos los que han muertos, luego son juzgados por el juez Minos, quién según su veredicto decide a que prisión del Hades son enviados según sus pecados cometidos en sus vidas…
Los súbditos de elite de Poseidón abren la pesada puerta del palacio y se encuentran con un lugar completamente vacío, se miran, asienten y continúan su paso.
Templo del Sol.
Uno de los hijos divinos de Zeus, Apolo, se encontraba en su majestuoso recinto, cuando dos ángeles se hacen presentes y se hincan.
—Señor Apolo, en que podemos servirle… —susurra Aquiles.
—Aquiles, Belerofonte…les asignaré una misión de suma importancia, de cumplirla será el fin de esta guerra santa.
—¿De que se trata su ilustrísima? —pregunta Belerofonte con total devoción.
—En estos momentos los santos han invadido el Olimpo, es un momento propicio para acabar con Atenea, quién se encuentra bajo el cuidado del Patriarca, siendo éste su única defensa… —manifiesta Apolo.
—¡Señor Apolo, cumpliremos la misión! —contesta Aquiles.
—Iremos de inmediato… —tercia Belerofonte.
Los ángeles hacen una reverencia y se marchan del templo, pronto expanden sus alas y se arrojan sobre los cielos, en busca del Santuario.
Inframundo.
Valle Oscuro del Viento.
Los marinas de Poseidón avanzan a toda velocidad mientras la lluvia de azufre cae sobre sus cuerpos.
—¡Que nada nos detenga Sorrento!
—¡Por Poseidón y los otros generales!
Desierto de Hierro.
Los santos que venían de combatir con Dionisio se encontraban perdidos en inmensidad del desierto.
—¡Compañeros, Shun y yo tenemos la posibilidad de volar, así que nos adelantaremos! —dijo Seiya.
—Siento que los cosmos de Shiryu y Hyoga se acercan… —susurra Shun.
—Adelántense… —sisea Aioria.
El santo de Pegaso mira a Andrómeda y los dos asienten con la cabeza, los santos de oro comprenden, finalmente los santos divinos expanden sus alas, con el objetivo de librar un terrible combate contra el mensajero de los dioses.
