Capítulo 47: ¡Drástico giro de la guerra santa!

La feroz batalla en el templo de Mercurio terminó, el mensajero de los dioses en primera instancia venció a Seiya y Shun, cuando sus vidas estaban a punto de ser arrebatadas fueron salvados por Shiryu y Hyoga, quiénes durante el combate elevaron sus cosmos hasta el noveno sentido y vestidos con sus armaduras divinas lograron derrotar a Hermes.

Los restantes santos se encontraban perdidos en el Desierto de Hierro.

Inframundo.

Campos Elíseos.

En el paradisiaco valle de flores hermosas, lugar de reposo de las almas de los héroes justos, hombres puros y los dioses, se encontraba el santo del Fénix, portando su armadura divina, repentinamente apareció el cosmos de un dios olímpico, se veía desorientado, quizás por causas del motivo de su estadía en ese lugar.

—¡Te estaba esperando! —brama Ikki.

—¡Tú eres un…santo de Athena! —exclama Hermes.

—¡Estoy aquí para asegurarme de que no volverás a interferir en la guerra olímpica!

—¿Qué estás diciendo insensato?

—Mis compañeros han hecho un gran sacrificio para traerte a este lugar, a mí me corresponde asegurarme de que no regreses…

—¿Quién te creéis que sois para atentar contra la voluntad de un dios olímpico? ¡Inmundo mortal!

—¡Mis amigos atentaron contra tu vida y te mataron, yo sellaré tu alma y terminaré el trabajo!

El Fénix saca de entre sus corazas un pequeño cofre de oro y lo abre mostrándole su interior al dios, repentinamente el cosmos de Atenea se manifiesta del interior de la caja y envuelve al mensajero de los dioses.

—¡Este es el cosmos de Atenea, ese cofre es…llamado el sepulcro de los olvidados! Es una reliquia perdida del Olimpo hace eras… —dijo asustado Hermes.

—¡Athena ha pasado los días previos a esta guerra preparando esta reliquia, ha volcado en ella su cosmos durante largas horas! Ahora sigue el destino de Dionisio, quien fuera apresado horas antes que tú…

—Se corría el rumor de que ese cofre era comparable a la caja de los truenos…

Repentinamente el cosmos que envolvía al dios se condensa en un rayo de luz directo al interior del sepulcro de los olvidados, tras cesar el destello, el Fénix cerró la caja, encerrando la segunda alma olímpica.

El Santuario.

Templo de Atenea.

En el último recinto de la fortaleza de la diosa de la guerra, esta se encontraba observando el cielo nocturno, reflexionando.

—¡Mis leales santos! Son verdaderamente capaces de conseguir milagros…

La diosa pronto siente un mal presentimiento, atina a voltear, dos cosmos enemigos aparecen repentinamente.

—¡Atenea…hemos venido a cortaros la cabeza por ir en contra de las órdenes de Zeus! —manifestó Aquiles encendiendo su cosmos con determinación absoluta.

—¡No lo intenten, nunca podrán dañarme! Vuelvan al Olimpo ángeles…

—¡Los ángeles nunca escapan sin cumplir las órdenes del maestro! —espeta Belerofonte.

Templo del Patriarca.

El jefe de las tropas del Santuario estaba meditando, pero pronto la sorpresa se apodera fríamente de su alma.

—¡Atenea está en peligro!

El sacerdote se levanta de su trono y atina a dirigirse a su rescate, pero pronto siente un poderoso cosmos que estaba en el recinto, agazapado.

—¡Patriarca del Santuario! No dejaré que intervengas en los deseos de Zeus… —manifestó Pólux.

—Así que son los ángeles… —responde el Patriarca.

—¿Quiénes eres? Siento algo familiar en tu cosmos…

—¡Estoy tratando de mutar mi cosmos pero nada se te escapa Pólux! — pensaba el Patriarca. —Si te interpones en mi camino te venceré y detendré a los ángeles… —dijo desafiante.

—¡Que hombre tan misterioso…quitaré esa máscara de un golpe…SATÁN IMPERIAL!

El Gran Patriarca elude la técnica desviando su cabeza, la técnica choca contra la pared, haciendo un pequeño cráter.

—¡Asombroso, pareces conocer muy bien ésta técnica prohibida…!

—Las técnicas de Géminis no funcionarán en mí… —susurra el sacerdote sonriendo por debajo de su máscara.

—Era de esperar que el líder de los ochenta y ocho santos de Atenea conozca todas las técnicas de sus subordinados.

—Sé que tú eres la reencarnación del santo legendario de Géminis, semidiós hijo de Zeus y una mortal…así que en esta era has reencarnado como un ángel, Pólux…

—¡Pareces todo saberlo!

—No, pero sé lo suficiente…

—¡Veamos que tanto sabes…EXPLOSION DE GALAXIAS!

El ángel extiende sus dos manos a los costados, creando planetas y enormes estrellas, luego extiende su mano derecha hacia adelante, pronto se siente un sonido ensordecedor, el Patriarca extiende sus brazos y contiene la explosión, no obstante la presión generada era tan fuerte que al extinguirse el estallido generó una onda de choque que hizo tambalear al sacerdote, haciendo que caiga su casco, rápidamente agacha la cabeza para cubrirse con sus largos cabellos el rostro.

—¡No puedo creer que hayas contenido mi explosión de galaxias solo con tus manos! —manifestó incrédulo Pólux.

—Hay muchas cosas que no creerás… —contestó el Patriarca levantando su rostro y revelando su identidad al enemigo.

—¡No es posible! —manifestó el ángel anonadado.

Templo de Atenea.

Los ángeles estaban a punto de atacar a la diosa de la sabiduría.

—¡Es hora de que pagues tus traiciones Atenea! ¡RAYO GAMMA!

El cuerpo de Aquiles despide un aura celeste a sus alrededores, pero en el campo de acción la atmósfera se torna de cosmos negro con brillos cobrizo, vorazmente el ángel extiende su mano derecha, con lo cual despide grandes rayos de luz de color azul.

—Aquiles, tan presuntuoso como siempre… —susurra Atenea.

Los azulados rayos del ángel trataban de atravesar la barrera de los dioses, rebotaban sin cesar pero no podían atravesar la defensa, luego de chocar unos segundos los rayos gamma regresan, golpeando en todo su cuerpo al propio atacante, su gloria resulta rasgada, su cuerpo esta desplomado, pero aún intenta levantarse, luego de unos segundos lo consigue.

—¡Aquiles, hay que tener cuidado, ha explotado todo su poder de diosa olímpica! —advierte Belerofonte con prudencia.

—Por más fuerte que seas Aquiles, tan solo eres un humano… —expresa la diosa.

—¡¿Qué dices?! —responde enojado Aquiles.

—Es hora de que sea yo quién intente tomar la cabeza de una diosa, retrocede Aquiles…

El cosmos de Belerofonte crece bruscamente, un aura celeste se desparrama sobre el templo, Aquiles mira sorprendido semejante despliegue de cosmos, de pronto detrás del ángel aparece la silueta de un horrible monstruo, tenía cabeza de león, cuernos de cabra y cola de serpiente, rápidamente se abalanza sobre Atenea despidiendo fuego de su boca.

—¡FULGOR DE QUIMERA!

—Nunca lograrán dañarme…

El fuego despedido regresa hacia el ángel, quién recibe chispazos que dañan un poco su gloria, pero al hacer explotar su cosmos rechaza los daños, aunque pronto se resiente del esfuerzo realizado.

—¡Belerofonte, resiste, no seas débil! —manifestó Aquiles.

—Nunca podrán herirme… —susurró la diosa de la sabiduría con una sonrisa.

Repentinamente irrumpe un santo de bronce en el recinto.

—¡No puede ser, dos ángeles han irrumpido en el propio recinto de Athena! —expresa Kiki con su característica voz estridente.

—Si te retiras no te mataré niño… —dijo Aquiles con una mirada de odio.

—¡Eres un soberbio! —responde Kiki.

—Te haré respetar a un ángel maldito niño… —murmura Aquiles apretando su puño.

—¡Detente Aquiles, Kiki, no quiero que arriesgues tu vida! —expresó la deidad.

—Saori, en éstos momentos el Monte Etna ha entrado en erupción, Sicilia, Mesina y Catania están en peligro… —expresa Kiki apesadumbrado.

—No puede ser, entonces Hefesto… —manifestó Atenea con lágrimas en los ojos.

Monte Olimpo.

Fragua de Hefesto.

El recinto del dios herrero se encontraba adentro de un volcán, todo era magma y lava, el calor era abrumador. Hefesto se encontraba solo, tenía un rostro que denostaba gran enojo, pronto en aquel aterrador lugar se siente un hermoso cosmos, unas rosas que deslumbraban en aquel terrorífico lugar, se trataba de la diosa del amor.

—Amada Afrodita… —dice Hefesto con la mirada enternecida.

—¡¿Por qué tienes tanta rabia mi amado esposo?!

—¡El Monte Etna está en plena actividad, mi cosmos hará que todo el mundo sea convertido en petrificantes cuerpos humanos lleno de cenizas!

—¡Hefesto, qué horror! —manifiesta Afrodita pensando en los humanos.

—Los humanos han matado a Dionisio y Hermes, lo pagará toda su especie…

El dios miraba y en su vista puede verse las imágenes de la ciudad de Sicilia, la gente era alcanzada por la lava, la cual incineraba sus cuerpos, reducía en cenizas otros, entre gritos y horribles gemidos.

Templo de Atenea.

Tras las palabras de Kiki, la diosa de la sabiduría concentra su omnisciencia en Sicilia y observa el sufrimiento de las personas por la atrocidad del volcán que ha hecho erupción en forma desmedida, inmediatamente lágrimas comienzan a caer de su rostros, olvidándose por un momento de los invasores, voltea ya envuelta en llantos y enciende su cosmos, intentando detener poco a poco la lava, aunque resultaba imposible detener por completo todo el flujo de la lava.

—¡Atenea, en esa situación estarás indefensa! —espeta Aquiles mientras se acerca.

—¡Espera! —Kiki se teletransporta, interponiéndose entre la diosa y el ángel.—¡MURO DE CRISTAL!

El ángel se ríe y lanza un destello imperceptible que destruye por completo el muro y arrastra al santo de Buril contra el suelo.

—Un niño no preocupará al gran Aquiles, vete de aquí y ve a jugar…

—¡Tonto, aunque tenga la edad de un niño soy un santo y no dejaré que mates a Saori!

—En ese caso no tendré misericordia… —Aquiles pone su mano recta como una espada y se dispone a atacar, pero recibe una fuerte patada en la mano, la cual no le hace mayor daño. —¿Quién eres entrometida?

—Marín de Águila, no dejaremos que hagan lo que quieran en este sitio sagrado… —dice mirando hacia atrás a una acompañante.

—¡Yo soy el Shaina de Ofiuco…vuelvan por donde vinieron!

—Que pérdida de tiempo querer enfrentarnos, ustedes…santos de tan bajo rango… —sisea Belerofonte.

Desierto de Hierro.

Daidalos de Cefeo es el que más tiempo llevaba vagando en el infinito lugar, repentinamente una luz lo encandila y siente la presencia de un enorme cosmos.

—¡Pero tú! ¿Qué haces aquí?

—He venido a daros una ayuda, ya que gran parte de los santos que han irrumpido en el Olimpo están perdiendo el tiempo dando vueltas en círculos, en los dominios del caído dios Hermes… —explicó Prometeo, el titán benefactor de la humanidad.

—¡Entonces Shun y los demás lo han logrado, la humanidad tiene esperanza!

—Hay otro santo dando vuelta cerca, los reuniré a ambos y los llevaré a la entrada de la Fragua de Hefesto…

Repentinamente la misteriosa deidad comienza a brillar llenando de luz cegadora todo el lugar.

Entrada a la Fragua de Hefesto.

Al cesar la luz que había encandilado a Daidalos en el Desierto de Hierro, este empieza a visualizar con dificultad a un sujeto con armadura dorada. Tras unos momentos, al aclararse sus ojos, descubre que se trata de Gliese.

—¡Gliese, estás portando la armadura dorada! ¿Dónde está Prometeo? —preguntó Daidalos mirando sorprendido por su desaparición repentina.

—¿Dónde estamos? Hace un momento estaba perdido en el desierto…

—Me he encontrado con Prometeo y me dijo que me traería a mí y otro santo a la Fragua de Hefesto, luego de eso aparecí aquí contigo…

Ambos se detienen a observar el lugar, tenían en frente una caverna, de su interior brotaba un pesado humo que contenía cenizas por doquier.

—¡Este lugar es aterrador!

—No vas a acobardarte ahora que luces una armadura dorada, felicidades por ello…

—Es una gran satisfacción Daidalos, en un primer momento había combatido para obtener esta armadura de Cáncer, pero Máscara de la Muerte era más fuerte, luego de ser investido por las corazas de Altar seguí entrenando duro y terminé dominando el séptimo sentido, y ahora he ganado experiencia en esta guerra tras varios combates, en el último mi armadura fue destruida por Dafnis, si no fuera por esta armadura dorada no estaría vivo… —dice Gliese recordando con imágenes en su mente.

—Tu poder era tan alto como lo es un santo dorado, aún cuando usabas la armadura de plata…

—¡Lo mismo digo de ti, sigamos el camino, quizá Prometeo haya ido en busca de los santos de oro, vamos a abriles paso mientras llegan!

Mientras los santos avanzaban veían los detalles del imponente sitio, las paredes estaban decoradas con corazas metálicas y estanterías gigantes colgaban de las partes más altas de las paredes, llena de metales en bruto de todo tipo y color.

—No hay ninguna duda, éste sitio es la Fragua de Hefesto de la que me habló el Patriarca. —expresó Gliese.

—Es una herrería dentro de un terrible volcán… —dijo Daidalos.

—Aquí es donde el herrero de los dioses fabrica las armas olímpicas…el tridente de Poseidón, la espada de Hades y la égida de Zeus, todo ha sido hecho en este sitio, inclusive las kamuis…

—En marcha, no hay tiempo para explayarse…

Los santos siguen avanzando cuidadosamente, la fragua estaba compuesta por partes sólidas, pero también había en los alrededores magma, ríos de lava que alcanzaban los mil doscientos grados centígrados, era un lugar infernal.

—¡Cuesta trabajo respirar! —manifestó Daidalos tosiendo.

—¡Tendremos que adaptarnos, parece un lugar bastante grande!

Los atenienses siguen su camino, miraban celosamente los alrededores, pronto advierten unas estatuas de bronce, se trataba de la imitación de hombres con armaduras y espadas en sus brazos.

—¿Qué hacen unas estatuas en un volcán? —se pregunta Gliese.

—¡Que extraño!

—Acaso…

Repentinamente las estatuas de guerreros empiezan a moverse como si tuvieran vida, caminando en dirección a los santos.

—¿Qué diablos es eso? —exclamó Daidalos.

—Son los autómatas de Hefesto…tal como dijo el Patriarca, ¡ten cuidado! —advierte Gliese.

Diez autómatas se arrojan contra los santos con sus espadas y lanzan ráfagas que liberan con sus hojas afiladas.

—¡COLAPSO GRAVITACIONAL!

El santo de plata junta las dos palmas de su mano y distorsiona la gravedad, consiguiendo que el ataque sea diluido.

—¡ONDAS INFERNALES!

El ataque del santo es encajado en los diez autómatas, pero estos resisten el ataque, aunque son agrietados.

—No entiendo como esas cosas han resistido tu ataque si están hechas solo de bronce… —murmura Daidalos.

—Están fabricadas por el herrero de los dioses, es el padre de todos los alquimistas… —contestó Gliese.

—¡Es el herrero de los cielos, pero nada nos detendrá…!

Los autómatas arremeten contra los santos.

—¡Es cierto, no pensarán detenernos con eso…CORONA DE ESTRELLAS!

La técnica vuelve a agrietar a los autómatas, sus armaduras están cada vez más frágiles.

—¡No tiene caso Hefesto, no nos detendrás con algo así! ¡FLAMAS INFERNALES!

Los autómatas comienzan a desaparecer en el fuego fatuo, consumidos en su ardor. Los santos siguen el caminando lentamente para evitar caer en la lava, cuando una brisa levanta una ardiente erupción que amenaza caer en los santos.

—¡COLAPSO GRAVITACIONAL!

La fuerza de la lava disminuye, aunque algunas gotas caen sobre las armaduras y la piel.

—¡Eso estuvo cerca…! —dice Cefeo respirando con dificultad.

Desde el pasadizo se sienten unos pesados pasos, cada paso representaba un temblor para los atenienses.

—¡Un enemigo se aproxima! —dijo Gliese en guardia.

Tras unos segundos un colosal cuerpo sale desde las sombras, un hombre de cuatro metros de altura, su cuerpo era musculoso, tenía una armadura roja, su rostro estaba cubierto por una espantosa máscara que tenía un ojo en la mitad.

—¡Quién es este monstruo! —murmura Daidalos para sí.

El gigante ataca con furia dando un golpe en el centro de la tierra, los santos saltan para evitar el ataque, pero la onda de choque los alcanza y los derriba, ambos caen duramente al suelo.

—¡Soy Brontes del Trueno, uno de los cíclopes alquimistas!

—¿Cíclopes dices? ¿Brontes del Trueno? —se pregunta el santo de Cefeo.

—Somos los sirvientes de Hefesto, los herreros de la forja, soy uno de los tres cíclopes divinos, aquellos surgidos de Gea, la tierra, quiénes representamos el Rayo, el Relámpago y el Trueno…

El cíclope se abalanza para dar un golpe a Daidalos de Cefeo.

—¡No creas que será tan fácil, COLAPSO GRAVITACIONAL!

El guerrero de Hefesto propicia un terrible puñetazo sobre su enemigo, la gravedad alterada no disminuye en nada la embestida y el plateado cae duramente al suelo.

—¡Tiene una fuerza bruta extraordinariamente devastadora, ni siquiera el más fuerte de los mortales se le compararía…! —espetó Daidalos.

—¡No pensé que existieran en el mundo real estos seres de los mitos! —dijo un perplejo Gliese.

—¡Tu inútil defensa es un juego de niño! —contesta Brontes con una potente voz.

—¡Toma esto gigante, ONDAS INFERNALES!

El santo de Cáncer acumula un aura espectral blanca en su dedo índice de la mano izquierda, velozmente dispara unas ondas espirituales, el cíclope la bloquea con una mano sin dificultad.

—¡No lo creo! —exclama Gliese perplejo.

—¡Además de débiles están acusando la disminución de sus fuerzas por el efecto del volcán! —espetó Brontes riendo con voz bulliciosa.

—¡No conoces a los santos de Athena, siempre nos reponemos a las adversidades, FUSIÓN DE NOVA!

El santo de plata explota su cosmos, junta sus manos al centro de su pecho, las cuales empiezan a brillar como soles, repentinamente entre sus palmas se genera una esfera de energía que brilla con la intensidad de una estrella, la arroja con su mano derecha a la velocidad de la luz, en dirección al cíclope, pero este rechaza el ataque hacia arriba, haciendo un boquete en el techo, en un instante Brontes aparece delante de Daidalos y ataca con un fuerte gancho, su enemigo es elevado y golpea contra una pared, cayendo luego duramente al suelo.

—¡Daidalos! —grita Gliese.

—Imposible… —dice el santo plateado recuperándose lentamente. —Mi mejor técnica no tuvo efecto…

—¡Ahora les mostraré lo que es una verdadera técnica…CLAMOR DEL TRUENO!

El cíclope grita con gran fuerza, liberando unas potentes ondas sonoras, una vez escuchadas por los santos, estos terminan electrificados, sus oídos sangran y luego caen al suelo desplomados.

Inframundo.

Segunda Prisión.

Los generales marinos de Sirena y Dragón de los Mares llegan al templo que era custodiado en el pasado por Pharao de Esfinge, allí se percatan del sonido de una bestia.

—¡Dios me salve, que es eso! —dijo Najash mirando a una bestia canina de tres cabezas.

—Ese ha de ser Cerbero, el perro guardián del infierno, se dice que la música apacigua a las bestias, así que bastará una melodía para poder pasar por aquí… —comienza a tocar la flauta, tras unos momentos el perro cae en el suelo dormido.

—Ha funcionado, tus habilidades con las flautas son ilimitadas…

—¡Apresurémonos a cruzar antes que despierte!

Los dos generales marinos abandonan la prisión.

Monte Olimpo.

Más allá del templo de Mercurio.

Los cuatro santos divinos volaban por los cielos cuando repentinamente las nubes comienzan a volverse más densas, unos terribles truenos ensordecedores pueden sentirse súbitamente.

—¡Tengan cuidado! —advierte Shiryu.

—¡¿Qué es este enorme cosmos que siento?! —pregunta Seiya sorprendido.

Un relámpago ilumina aún más la brillante escena, una silueta de visualiza, cuando el panorama se despeja puede verse un sujeto de cabellos blancos y ojos celestes, su test era blanca, portaba una kamui blanca con tonos dorados, llevaba unas imponentes alas y su cosmos despedía gran odio y pesar.

—¡Este enorme cosmos! —manifestó Hyoga.

—¡Se tratará de…! —dijo Shun con temor.

—¡Soy Zeus, he venido desde el templo de Júpiter, el último de los palacios del cielo, a exterminarlos de una buena vez por sus repetidas blasfemias!

—¡Esto es perfecto, nuestro mayor objetivo antes de lo esperado…no perderé el tiempo Zeus…METEOROS DE PEGASO!

El santo de Pegaso hace un veloz movimiento de su brazo derecho y despide con su cosmos decallones de golpes que superan la velocidad de la luz.

—¡Pegaso, eres el más irrespetuoso de todos los humanos sobre la faz de la Tierra!

El dios de dioses brota un rayo de su mano, pronto este es recorrido por truenos y relámpagos, luego lanza el mismo en un movimiento voraz, rechazando cada uno de los meteoros, el santo divino no puede ver la trayectoria del ataque que superaba la velocidad de la luz, pronto su cuerpo es recorrido por electricidad sin cesar, volteos infinitos recorren su cuerpo y un ala estalla, precipitándose al suelo y sufriendo una dura caída.

—¡Seiya! ¡EJECUCION DE AURORA!

El santo del Cisne en vez de lanzar su técnica al frente la lanza en forma vertical a los cielos.

—¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!

Los dragones surgidos de los brazos del santo atraviesan el chorro congelante de la ejecución aurora, surgiendo de estos incontables dragones de hielo, que amenazan con acabar con el rey de los dioses, sin embargo este aplaude fuertemente creando una onda sónica estrepitosa y ensordecedora que se oía como un estremecedor trueno, el mismo desintegró el ataque combinado de los santos divinos del Cisne y del Dragón, quiénes también se vieron afectados por el descomunal ruido, que terminó por estallarles los tímpanos, desestabilizándolos y haciéndolos caer al suelo, con tremendo dolor y sangre que brotaba de sus oídos.

—¡No lo dudaré y usaré todo mi poder, TORMENTA NEBULAR!

El santo de Andrómeda crea a su alrededor una atmósfera vaporosa, cuyas ráfagas eran de extremada violencia por la presión generada por un repentino torbellino que surgía de sus palmas, la tormenta se incrementaba más y más.

—Como te atreves a querer comparar tu dominio de las tormentas con el mío…

El rey de los dioses realiza un ademan con la mano y la tormenta nebular cambia radicalmente su dirección, embistiendo al santo de Andrómeda, que es arrojado violentamente al suelo, creando un cráter de gran dimensión a su alrededor.

—¡Se han rendido! —Zeus baja al suelo y mira con desprecio a los santos. —¿Esto es lo mejor que tienen?

Un cosmos infinitamente hermoso se sintió en el lugar, el cual envolvía cálidamente a los santos.

—¡Este es el cosmos de Athena! —dice Seiya poniéndose de pie, al cabo de unos segundos sus amigos hacen lo mismo.

—¡Athena nos está brindando su apoyo! —espeta Shiryu.

—¡Esta es la oportunidad de terminar esta guerra de una buena vez! —arenga Hyoga.

—Con determinación tomaremos la oportunidad que se presenta… —susurra Shun.

—¡COMETA DE PEGASO!

—¡EXCALIBUR!

—¡EJECUCION DE LA AURORA!

—¡TORMENTA NEBULAR!

El cosmos de los santos divinos se extendían al infinito a través del universo, guiados por el gigantesco cosmos de Athena, los cuatros ataques eran de una magnitud absoluta, el rey de los dioses no tenía forma de escapar, pero este en su mente comienza a recordar las peleas de la Gigantomaquia y la Titanomaquia, cuando había enfrentado a Tifón y Cronos respectivamente, entonces se dispuso a realizar su más poderoso ataque.

—Después de todo han demostrado ser una verdadera amenaza, van a caer de la misma forma que cayeron mis más terribles enemigos…

El rey de los dioses explota su infinito cosmos, el universo aparece repentinamente modificando el escenario, al tiempo que pulsos eléctricos infinitos cubrían todo el espacio, en una especie de mapa del universo eléctrico, aquel que apuesta por las teorías del multiverso, donde cada chispa eléctrica es un universo que contiene infinitas galaxias de incontables estrellas, la estructura de la creación, los ataques que se dirigían hacia el líder olímpico se perdieron en las infinidades del cosmos de esa red de pulsos y volteos, al tiempo que los santos eran prisioneros de la misma, la cual se extendía por cada rincón de todo el espacio.

Los daños de los santos no tardaron en notarse, sus armaduras divinas se despedazaron, por sus cuerpos pasaron infinitos volteos, causándoles severas heridas letales.

Los santos divinos cayeron desplomados en el suelo.

—La caída de estos humanos representa el fin de la guerra, Atenea ha perdido toda posibilidad de ganar… —dice Zeus reflexionando.

Unas nubes tormentosas aparecen alrededor del rey de dioses hasta cubrirlo por completo, luego desaparecen del lugar, sin rastro suyo.

El escenario de la guerra había cambiado drásticamente, los santos de la esperanza habían caído, ahora todo dependía de Ikki de Fénix y los santos de oro sobrevivientes…