Capítulo 48: El misterio ha sido revelado. ¿Traición o devoción?
Los santos divinos de Pegaso, Andrómeda, Dragón y Cisne fueron vencidos por Zeus, quién luego de la muerte de Hermes descendió para abordar a las principales amenazas del Olimpo, por otro lado el santo divino de Fénix pudo encerrar las almas de Dionisio y del mensajero de los dioses en pleno Campos Elíseos.
Daidalos de Cefeo y Gliese de Cáncer fueron vencidos por uno de los cíclopes, Brontes del Trueno, luego de entrar a la Forja de Hefesto, a la cual fueron enviados gracias al cosmos de Prometeo, mientras tanto Mu de Aries, Saga de Géminis, Aioria de Leo y Dohko de Libra se encontraban en el Desierto de Hierro.
Mientras tanto, el Santuario fue invadido por Aquiles y Belerofonte, los cuales tenían órdenes de tomar la vida de Atenea, quién hacía frente a los ángeles sin dificultad, sin embargo pronto fue anoticiada de la nueva catástrofe que se cernía sobre la tierra, el Monte Etna había entrado en erupción gracias al poder de Hefesto.
Desierto de Hierro.
Los santos dorados que se habían perdido en la inmensidad del desierto distinguen un resplandor luminoso, que rápidamente los envuelve.
—¿Qué es esta luz? —se pregunta Aioria.
—¡A pesar de no sentir mi propio cosmos si puedo percibir el cosmos de esta aura! —expresa Dohko.
—¡Este cosmos tal vez…será de…! ¿Athena? ¡No, este cosmos es de otro dios! —dijo Saga.
—¡Aquel que nos ha dado nuestros cuerpos para batallar en esta guerra! —espeta Mu.
Los santos dorados desaparecen envueltos en la luz.
Fragua de Hefesto.
Los atenienses aparecen dentro del enorme volcán, contemplaban los alrededores de magma y lava, la temperatura del lugar era abrumadora, inmediatamente el sudor se hizo presente en los recién llegados, el aire era sofocante, abrazaba los pulmones, dificultando la respiración.
—¿Entonces donde estamos…y donde está quién nos ha traído a este lugar? —pregunta Aioria absorto.
—Quizá hemos recibido un último empujón de nuestro benefactor silencioso…—murmura Dohko.
Repentinamente el destello de luz aparece y tras esfumarse se puede apreciar la figura del creador de la humanidad, Prometeo.
—Santos dorados, ustedes son la última esperanza de la humanidad, los santos divinos han caídos…si se apresuran quizá puedan salvaguardar algún refuerzo más…
El cosmos del dios vuelve a resplandecer para desaparecer momentos después, para abandonar la fragua.
—¡No lo creo, no puede ser que Seiya y los demás hayan caído! —exclama Aioria.
—¿A qué se ha referido con salvaguardar algún refuerzo más…? —interroga Mu.
—¡Yo creo en Shiryu y los demás, sin embargo si han sido derrotados nos corresponde a nosotros su lugar y terminar lo que ellos empezaron! —dijo Dohko.
—¡Debemos darnos prisa, Prometeo nos ha pedido que no perdamos el tiempo! —sentencia Saga.
Los santos dorados se lanzan en una carrera cósmica, pero se detienen repentinamente al notar un poderoso cosmos y logran divisar a un sujeto de enormes proporciones que sostenía a dos hombres, uno con cada mano, parado en la cornisa de una grieta cuya profundidad contenía rocas fundidas.
—¡Son Gliese y Daidalos! —dijo Aioria reconociendo a sus dos camaradas.
Repentinamente el inmenso hombre suelta a los santos, que se precipitan contra el magma. Sin embargo el tiempo y el espacio se distorsionan en las profundidades de la grieta, pero antes de llegar al magma desaparecen los santos que iban en caída libre a una muerte segura.
—Buen trabajo Saga… —susurra Mu.
Entonces aparecieron junto a los santos dorados Gliese y Daidalos, quienes se hallaban inconscientes.
. . .
El cíclope está esperando escuchar la caída de sus víctimas, el ruido de la muerte en el magma, sin embargo solo reinaba el silencio.
—¿Qué ha pasado? ¡Ya deberían haber caído hace rato!
. . .
Lejos del guardián del lugar los santos de oro se organizaban.
—¡Mu, saca de aquí a Daidalos y Gliese, en sus condiciones actuales el aire y el clima de este lugar terminará por matarlos! —expresó Saga.
—Los llevaré a la entrada, justo donde termina el desierto… —manifiesta Mu.
—Yo me enfrentaré al grandulón, ustedes continúen avanzando… —murmura Dohko.
Los santos dorados asienten ante las palabras del antiguo maestro, el santo de Aries se retira llevándose consigo a los heridos, mientras los tres restantes se abalanzan en una carrera contra el cíclope, quién inmediatamente se percata de la presencia de sus nuevos enemigos.
—¡Así que aparecieron más ratas del Santuario! —exclama Brontes.
—¡OTRA DIMENSIÓN!
Géminis amaga con atacar al cíclope, sin embargo éste atrapa en su dimensión de espacio tiempo a Aioria y luego se mete así mismo en su propio portal, desapareciendo del lugar.
—¿Qué ha pasado? —se preguntó el cíclope.
—¡DRAGÓN NACIENTE!
El antiguo maestro rejuvenecido llega junto al cíclope y extiende un poderoso gancho de donde emerge un majestuoso dragón cósmico, sin embargo Brontes contiene el puño del dragón con su mano y cierra esta atrapando el puño del dorado, acto seguido lo lanza contra una pared.
—¡No habrás creído que ibas a poder golpearme con un ataque tan ridículo!
El caballero de oro se incorpora con dificultad, con algunas heridas.
—Eso fue tan solo la distracción…
—¿Qué?
—Mis compañeros ya han de estar muy lejos de tu alcance, si no te hubiera distraído quizás existía la posibilidad de que hubieses podido seguirlos a través de la brecha del tiempo espacio que abrió mi compañero, eso ahora resulta imposible, solo somos tú y yo…
—¡Ya eliminé a dos santos de Atenea, no podrás contra mí, el gran Brontes del Trueno!
Infierno.
Cuarta Prisión, el Pantano de la Oscuridad.
Los generales marinos habían a travesado la tercera prisión, sin inconveniente alguno pero sin encontrar nada, se disponían a atravesar la cuarta prisión, cuando repentinamente notaron algo extraño, entre las almas que vagaban por allí había una en particular que el general del Atlántico Sur reconoció al instante.
—Esa alma es de Isaac de Kraken… —reflexiona Sorrento en sus pensamientos.
Pronto puede escucharse la sinfonía de la sirena.
—¿Por qué estas tocando tu flauta? —pregunta Najash.
Sin dejar de tocar Sorrento responde telepáticamente a su compañero.
—Esta es la sinfonía de las almas perdidas, esta canción es escuchada por los muertos, llama su atención…un alma de este lugar pertenecía a uno de los compañeros que estaba buscando, el guardián del pilar del Océano Ártico…
El Santuario.
La diosa de la sabiduría expandía su cosmos a un nivel asombroso, su intención era detener la erupción volcánica que amenazaba al mundo.
—¡Atenea, aunque te encuentres indefensa tomaré tu cabeza! —amenazó Aquiles.
—¡No permitiremos semejante sacrilegio!
Shaina de Ofiuco se acerca a Aquiles, pero Belerofonte se interpone entre los dos.
—¡Aquiles cumple el deber que nos encomendaron los dioses y completa tu gloria, yo me encargaré de las alimañas!
—¡Cierra tu boca arrogante…GARRA DEL TRUENO!
La ateniense enciende su cosmos y salta, se suspende unos segundos en el aire, levanta su mano hacia arriba y luego la baja bruscamente, una serpiente en forma cósmica ataca mostrando sus colmillos, pero para Belerofonte no era más que un simple golpe, que detiene con un solo dedo, luego esboza una sonrisa llena de confianza.
—¡Detuvo semejante ataque con un dedo! —exclama sorprendida Marín.
—¡No puede ser…! —dijo Shaina abatida.
Mientras Belerofonte hacía frente a Marín, Shaina y Kiki, Aquiles se disponía a atacar a la diosa de la sabiduría sin escrúpulos ni miedos.
Templo del Patriarca.
En el mismo momento que se desarrollaban los acontecimientos en el templo de Atenea, Pólux, el invasor infiltrado, había golpeado al Patriarca, arrojando su máscara al suelo, dejando ver su verdadera identidad, era alguien a quien conocía muy bien o mejor dicho a quién mejor conocía, tenía un rostro similar al ángel, aunque este tenía el pelo negro, mientras que el ateniense tenía cabellos rubios.
—¡No puedo creerlo…me rehusaba a creer que tú podrías haberte pasado al enemigo, luego de destruir el obelisco de piedra que apresaba las almas de los santos dorados diste un indicio…! Eres un traidor, ¡CÁSTOR!
—Entiendo tu sorpresa hermano Pólux, pero tú mejor que nadie sabes que un guerrero sagrado debe luchar por lo que cree…
El misterioso hombre que había ocultado su identidad desde el inicio de la guerra se había dado a conocer, se trataba del ángel gemelo de Pólux, luego quita su túnica papal, mostrando la vestimenta que usan los ángeles, una gloria, de color blanco con detalles elegantes de color azul, parecida a la armadura de Géminis, la cual era igual a la armadura de Pólux, aunque se diferenciaba en su color, ya que de este último, era blanca, con los mismo detalles pero en color rojo.
—¿Y porque si luchas por lo que crees has ocultado tu identidad como los cobardes? —pregunta Pólux.
—Francamente estamos afrontando una guerra casi imposible, mi identidad era una de las pocas armas secretas que teníamos en contra del Olimpo, y me temo que debo seguir conservando ese secreto, por lo que tendré que asesinarte, querido hermano… —contesta Cástor con pesar.
—Ya veo cuanto me quieres, que estás dispuesto a matarme, con tal de pelear en lo que crees, tristemente crees en los corruptos humanos.
—Así es hermano, nada deseo más que recuperar la esperanza en las personas del mundo que tanto han sufrido, yo lucho por aquello en lo que creo, entonces yo ya gané…
Pólux sonríe, su espíritu todavía no terminaba de procesar lo sucedido.
—Pero eso implica destruir la sagrada tierra del cielo…el mundo humano no se compara con la guía espiritual de los dioses, ellos, los de buen corazón quieren crear un orden perfecto dónde sólo reine la justicia…
—El puro corazón también está sembrado a lo largo del mundo, muchos merecen los esfuerzos de los guerreros sagrados que somos. No veo un corazón sagrado en aquellos que no respetan la vida de los otros seres…
—Los humanos no son quiénes para hablar de respetar la vida de otros seres, ustedes como ninguna otra raza han aniquilado y extinguido especies enteras, de todos los reinos de la creación.
—Te das cuenta que estás atentando contra la ley primera de la creación…
—¿A qué te refieres?
—A la supervivencia como especie…hablas de los humanos como si no fueras parte de ellos y como humano que eres deberías buscar la supervivencia de tu especie, de lo contrario estarías cometiendo un pecado imperdonable…
—Yo no soy como ellos, yo soy eterno, soy hijo de un dios…por lo tanto debo defender a los míos, tú Cástor eres mi hermano pero tu aceptación en el Olimpo me ha costado a mí la inmortalidad…
—Discúlpame hermano si te debo algo, pero no por ello voy a dejar de luchar por lo que creo…y si ahora he de asesinarte para obtener una ventaja en esta guerra, así estoy dispuesto a hacerlo…
—Regresa al Olimpo, aunque hayas sido el máximo general de la batalla del ejército de Atenea…las divinidades olímpicas te darán su divino perdón…el mismo Apolo purificará tu corazón si es necesario, estoy seguro que tendrán consideración contigo y podrás defender entonces a la especie a la cual yo he pagado para que pertenezcas…
—No necesito que nadie expíe mis culpas por qué no las tengo, sé que has intercedido al llevarme al Olimpo… ¡pero debes entender que ahora es distinto, el Olimpo ha abandonado la justicia y yo no puedo hacer eso!
—Finalmente nuestras almas han reencarnado y ahora eres mi enemigo, no puedo creer en la atrocidad del destino, ¡lo siento…no tengo otra opción, quería persuadirte y hacerte entrar en razón pero veo que no es posible!
—¡Disculpa hermano por levantar mis puños, no tengo opción…EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
—¡Veamos cuál de las dos explosiones es más poderosa…EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
El ambiente se transforma en un lugar remoto del universo, gigantes estrellas en crecimiento colisionaban una contra otra, generando explosiones atroces, que se contenían entre sí, anulándose ambas.
—¡Tiene el poder de siempre…! —dijo Cástor.
—¡Su poder es milagrosamente igual al mío! —espeta Pólux.
—Su cosmos irradia justicia pura, sin dudas cree en la justicia del Olimpo.
—Hermano, por última vez te lo pido, arrepiéntete…no quiero matarte…
—He tomado parte en esta guerra sabiendo que mi muerte es segura...
—En la era mitológica se te otorgó el puesto de Patriarca, fuiste el primero, un hombre de sabiduría, respetado por todo el mundo, llamaste la atención de los dioses y eso me permitió a mí interceder ante ellos cuando moriste en aquella era…fuiste rescatado de la muerte a cambio de mi divinidad y desde entonces hemos sido ambos simples mortales, tú una vez renacido, yo una vez divino.
—Siempre hemos peleado juntos a favor de la humanidad…y esta vez han sido los dioses quiénes atentan injustamente contra la vida de los humanos, así como siempre he servido a los dioses, siempre había servido también a los humanos, he decidido ahora servir al inocente…los inocentes son los humanos…
—La humanidad se ha ido degradando, no es como la recuerdas, los humanos han dejado de lado las enseñanzas de los dioses, y han manchado de maldad sus corazones, es hora de que una nueva era sea establecida en el orbe, los dioses son muy sabios, ellos crearán un mundo dónde la pureza brille cómo el Sol, una nueva edad de oro…nosotros seremos los fundadores de la nueva humanidad, los mortales que sirven a los dioses.
—Yo quiero ser un mortal que sirva a sus semejantes…siendo el gran Patriarca del Santuario he conocido los nobles corazones de los santos… ¡Sus lazos son aún más fuertes que los que tienen los ángeles y los dioses, si pecan es porque también los dioses lo hacen, como puedes pretender la perfección de una raza inferior si el ejemplo que dan es muerte!
—¡Nunca pensé que te convertirías en un verdadero enemigo…OTRA DIMENSIÓN!
—¡Sabes que eso nunca funcionaría en mí…OTRA DIMENSIÓN!
El espacio se distorsiona convirtiéndose en un laberinto de dimensiones interrelacionada entre sí, donde los guerreros pasaban de un portal a otro, intercambiando golpes de puño del calibre de los mejores boxeadores de la antigua Grecia.
—¡Cástor! Esto va en serio… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
El poder es tragado por el choque de las dimensiones que habían provocado fisuras en el tiempo espacio.
—Aunque sea una técnica tan destructiva también es arrastrada por los portales dimensionales…
—Me sorprende tu ingenuidad, antes eras más listo… —dijo Pólux esbozando una sonrisa.
—¿Qué?
—¡Es tu fin, mira arriba!
Cástor voltea hacia arriba y de entre la otra dimensión aparece la explosión de galaxias lanzada por Pólux hace unos segundos, golpeando todo su cuerpo, lo único que atina a hacer el Patriarca es intentar cubrirse sin éxito con las manos.
—¡Ha lanzado la explosión de galaxias entre sus dimensiones para que recorra su enorme sendero dimensional…! —dice el Patriarca herido, tratando de ponerse de pie.
—Exacto, ni siquiera yo puedo seguir su trayecto, pero tú ni siquiera has podido ver a través de mis intenciones… ¡es una gran fortuna que hayas bajado la intensidad del ataque al cubrirte!
—De otro modo podría haber muerto al recibir todo el impacto…no estás exento de sufrir los mismos padecimientos, ya que poseemos las mismas técnicas… ¡EXPLOSION DE GALAXIAS!
—¿Qué está haciendo? —Pólux mira sorprendido.
Cástor lanza la explosión de galaxias hacia diferentes lugares de la otra dimensión, generando el desconcierto de su enemigo.
—¡Tampoco funcionará en mí!
Pólux corre rápidamente hacia la derecha y bloquea una parte de la explosión de galaxias, luego hace lo mismo en el sector de la izquierda, pero empieza a sentir el efecto de las explosiones que le han alcanzado.
—¡Eres muy talentoso Pólux, tanto como para saber de dónde pueden salir los ataques, pero estas desprotegido en estos momentos!
Templo de Atenea.
Shaina de Ofiuco y Marín de Águila se abalanzan contra Aquiles, quién estaba por atacar a Atenea, pero el ángel realiza un veloz movimiento pasando entre medio de ambas, para quedar a sus espaldas y propinarles un codazo a cada una en la nuca, que las dejó fuera de combate.
—¡Jamás pensé que tan pronto tendría que enfrentarme a un enemigo tan temible…! —dijo temeroso Kiki.
—Aquiles, deje de intervenir en mis combates y toma la cabeza de Athena… —murmura Belerofonte.
Aquiles se abalanza contra la diosa de la sabiduría, pero Kiki hace un muro de cristal que nada puede hacer contra la potente embestida del ángel, que terminó por hacer añicos el muro, en ese momento Belerofonte dirige su dedo índice apuntando al pequeño santo de bronce, un destello sale de su mano y el pequeño discípulo de Mu cae duro al suelo.
—¡Aquí se han terminado tus defensas Atenea y debo decir que estoy muy decepcionado, esperaba mucho más! ¡RAYO GAMMA!
El presuntuoso Aquiles extiende su puño y miles de partículas radioactivas son expulsadas a una velocidad inaudita, las cuales destrozarían todo aquello que se le cruzase en frente, sin embargo estas se detienen súbitamente a centímetros de Athena y regresan a su ejecutante con la misma potencia que fue lanzada, el ángel cae al suelo y se levanta con dificultad al ser herido por su propia técnica.
Fragua de Hefesto.
Libra seguía el igualado combate, demostrando que el santo de oro podía compararse en fuerza y destreza con el enorme cíclope, asimismo como éste último podía moverse a la velocidad de la luz.
—¡Voy a exterminarte de una buena vez! ¡LOS CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
—¡CLAMOR DEL TRUENO!
El cíclope grita con gran fuerza, liberando unas potentes ondas sonoras, que arrasan con la tremenda potencia de los cien dragones y continúa con la misma fuerza arrasando también a Dohko, que se desestabiliza y cae al suelo, con sus oídos sangrando.
Templo del Patriarca.
La batalla entre los ángeles gemelos continuaba, las acciones estaban igualadas, ambos habían sufrido algunos daños de consideración.
—El Olimpo siempre ha protegido el orden cósmico, Zeus gobernando el cielo, Hades el mundo de la muerte y Poseidón el mundo marino… —continúa Pólux.—¿Quién sino ellos son los indicados para darnos el mundo, la naturaleza? Los humanos no sólo no saben cuidar el planeta sino que además levantan el puño contra aquellos que les han brindado su existencia… ¿te parece que eso es algo justo?
—Es cierto que la vida humana se debe a los dioses, pero éstos han olvidado que pese a haberlos creado no tienen derecho a jugar con ellos como si fueran objetos, las vidas humanas son tan valiosas como la de los dioses.
—Los humanos no son usados como objetos, sólo son castigados por sus actos…los cuáles atentan contra toda la vida en la Tierra, incluyendo la de sí mismo y ahora tienen la osadía de atentar contra los dioses…
—Prometeo siempre ha tenido razón en daros a los humanos los mismos tratos que a los dioses.
—¿Prometeo? Él siempre tuvo el divertimento de engañar a sus semejantes…
—A los dioses les molesta no recibir las reverencias humanas, no somos tan insignificantes en el fondo, puesto que están pendientes de nosotros…
—En eso tienes razón, son vanidosos, pero en todo caso tienen motivo para hacerlo, puesto que ellos son la creación, sin embargo si el Olimpo perece, todo el orden natural será alterado… ¡en otras palabras somos guardianes del universo!
—¡Atenea garantizará el orden del universo…PUÑO SATÁN IMPERIAL!
La satánica técnica de Cástor deja inmovilizado su hermano gemelo.
—Ahora dominaré tu voluntad…
—¡Nadie someterá mi voluntad!
—¡Lo siento, estás bajo mi conjuro…!
Cástor eleva más su cosmos y Pólux queda arrodillado con un gran sufrimiento mental, pero de todos modos se levanta lentamente.
—¡Está intentando resistirse al puño satánico! —reflexiona Cástor. —¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
—¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!
Los dos ataques colisionan pero Pólux es herido levemente en varios puntos de su cuerpo, cayendo arrodillado nuevamente, sin embargo, a pesar de sus heridas y de esa extraña confusión que padece en su mente, se pone de pie.
—¡Mi ataque no surte efecto completamente!
—Nunca seré dominado por tu Satán imperial…
El ángel Pólux eleva su cosmos y se libera de las ataduras mentales que estaba padeciendo.
—¡Increíble no ha funcionado…! ¿Qué? No puedo moverme…
—Sin que lo notarás aplique en ti el puño demoniaco, inmovilizando todos los nervios de tu cuerpo, ahora veré si tienes la suficiente voluntad para derrotar todos los obstáculos… ¡PUÑO SATÁN IMPERIAL!
La temible técnica alcanza a Cástor, sus ojos se tornan en un intenso color rojo.
—Ahora tomarás la cabeza de Atenea…probablemente no sólo venceremos en la guerra santa sino que tus pecados serán perdonados por los olímpicos, no le diré a nadie que tu voluntad estaba dominada, así encontraremos la paz y el perdón…
—¡Nunca mataré a Atenea!
—¡Te resistes! En ese caso… ¡PUÑO SATAN IMPERIAL!
Cástor recibe por tercera vez el ataque y queda en total silencio.
—Ahora toma la cabeza de Atenea…
El Patriarca Cástor se dirige al sendero que da al templo de Atenea, pero al pasar al lado de una columna se tira con fuerza contra el pilar, provocándose una severa herida y cayendo al suelo aparentemente inconsciente.
—¡Increíble, se ha herido a sí mismo para anular el golpe del Satán imperial! Pero ha quedado a mi merced…
La guerra se había complicado mucho para Atenea y sus santos, la caída de los santos divinos había sido un gran impacto, sin embargo la esperanza vivía en los santos dorados y el misterioso Patriarca que se había sido develado como un ángel que traicionó al Olimpo y que ahora estaba a merced de su enemigo. Atenea se encontraba defendiéndose de otros dos ángeles, mientras usaba su cosmos para apaciguar la furia del volcán del Monte Etna.
