Capítulo 50: ¡Brutal combate en la Fragua!

La guerra santa continuaba en el Olimpo, los caballeros dorados se encontraban en la Fragua de Hefesto, Dohko de Libra en un severo enfrentamiento sale victorioso, derrotando a uno de los cíclopes alquimistas, llamado Brontes del Trueno, al mismo tiempo Aioria de Leo había decidido enfrentar al cíclope que salió al encuentro de su paso, permitiendo que Saga de Géminis siga su camino.

En la Tierra, el volcán del Monte Etna entra erupción con el poder de Hefesto, uno de los doce olímpicos, por esto Atenea expande su cosmos, el cual ya se encuentra debilitado por proteger continuamente a los humanos de las trágicas catástrofes desencadenadas por los dioses.

Inframundo.

Sexta Prisión, primer valle.

Estanque de Sangre.

Los generales marinos de Sirena, Dragón Marino y Kraken habían atravesado la quinta prisión sin contratiempos y ahora habían llegado a uno de los sitios más aterradores del Infierno, se encontraron con una laguna de sangre que hervía por el odio de quienes eran quemados como castigo por haber sido seres violentos en sus vidas.

—Es posible que alguno de nuestros compañeros esté en éste sitio… —susurra Isaac.

—¡Que castigo más terrible les espera a aquellos que abusaron de su poder! —dijo Sorrento.

—¡Sorrento! Sería buen momento para que toques la melodía que despertó a Isaac… —expresa Najash.

El general del Atlántico Sur entona la melodía que era capaz de ser escuchada por aquellos que no vivían, repentinamente comienzan a sentirse lamentos y gemidos de extremos dolor, provenientes de todo el estanque, las almas condenadas a aquella tortura no podían disfrutar de la música del brujo del mar, debido a que el dolor de sus cuerpos quemados eternamente no se los permitía.

—Me temo que deberemos encontrarlos y sacarlos del estanque primero, sus agonías son tan profundas que no les deja percibir mi música…

—Pero no podemos entrar ahí…o sufriremos lo mismo que ellos… —murmura Najash.

—Quizás podría bajar la temperatura de la sangre hirviente… ¡AURORA BOREAL!

El general del Ártico extiende sus brazos a los costados en cuarenta y cinco grados hacia el cielo, su cosmos se eleva, el viento del lugar empieza a ponerse fresco, en segundos está helado, una aurora aparece en el cielo, mientras los brazos de Isaac son invadidos por una luz blanca, entonces los junta en su pecho para luego extenderlos al frente, liberando de entre sus manos un potentísima ráfaga helada que impacta en el estanque de sangre ardiente, provocando con esto que el líquido deje de burbujear y comience lentamente a solidificarse, sin llegar a poder convertirse en hielo.

—¡Lo has conseguido! —vitorea Najash.

—¡Ahora Sorrento, que tu música llegue a los muertos! —ordena Isaac.

El general del Atlántico Sur retoma la melodía que había intentado hace unos momentos, esta vez su música llegaba a las almas que disfrutaban no solo de la melodía, sino también del gozo de no sufrir las quemaduras de la sangre hirviente.

Repentinamente del estanque se acercan dos almas cuyas apariencias eran las de cuerpos con inmensas llagas que los cubrían por completo.

—¿Quiénes son estas personas? —se preguntó Najash.

—¡Estos cosmos son los de…Baian de Hipocampo e Io de Escila! —dijo Isaac.

Los generales marinos habían logrado encontrar a otros dos compañeros… ¿serán capaces éstos de despertar a la octava conciencia?

Fragua de Hefesto.

El santo de Leo afrontaba el inicio de un duro combate.

—¡Estéropes del Rayo, conocerás el rugido del león!

—¡Guarda silencio microbio!

El santo de Leo se lanza en una carrera cósmica contra su enemigo, arrojando puñetazos a la velocidad de la luz, el cíclope detiene los golpes uno a uno, pero al cabo de unos segundos le resulta imposible detenerlos a todos, finalmente el gigante es golpeado, pero ninguno de los golpes le infiere herida alguna.

—¡Ningún humano puede salir ileso de mis golpes!

El cíclope aprovecha la pequeña distancia con su oponente para darle una fuerte patada que lo tumba violentamente contra el suelo, haciendo una importante fisura en el abdomen de su armadura.

—¡Que fuerza tiene, ha rasgado mi armadura tan solo de una patada, además mis poderosos golpes no le hacen daño!

—¡¿Golpes poderosos?! —Estéropes estalla en carcajadas estridentes y burlonas.

—¿De qué te ríes monstruo desagradable?

—Tus golpes no son poderosos, eres un insecto pero tienes una boca muy grande…

—¡No me intimidan tus fanfarronerías! —dice el león dorado mientras se pone de pie y enciende su cosmos.

—¡Tienes una poderosa armadura! Tanto como si hubiera sido creada en éste sitio baja las manos de Hefesto y las nuestras…

—Según las leyendas, los alquimistas de Lemuria fabricaron las ochenta y ocho armaduras inspiradas en las constelaciones del firmamento, donde doce de ellas fueron bañadas por la luz del Sol…

—Eso lo explica todo, los lemurianos, aquellos que aprendieron la metalurgia por las enseñanzas de Hefesto en la edad de oro…lástima que un pueblo tan próspero haya sido víctima de las guerras innecesarias entre Atenea y Poseidón…

—¡Basta de lecciones de historia! Debo asegurarme de detener esta innecesaria guerra que han iniciado tus señores olímpicos…

—No sabes lo que dices, los dioses son los gobernantes del universo y quiénes controlan al destino del mundo, por eso mi señor Hefesto debe tener para estos momentos a las placas tectónicas de la Tierra vibrando, causando terremotos en todo el orbe y haciendo que los volcanes de todo el planeta entren en erupción.

—¿Qué? ¡No, Athena no permitiría eso!

—¡Atenea quizá pueda retrasar unas horas lo inevitable!

—¡Eso significa que tenemos unas horas para vencer a Hefesto!

—¿Vencer a Hefesto? —el cíclope ríe descontroladamente. —Tú no eres ni siquiera rival para mí, ¡contempla mi poder…CATACLISMO ÁVIDO!

El gigante olímpico levanta sus brazos, lo cuales empiezan a ser recorridos por una potente electricidad, luego los pone al frente, potentes rayos de color celestes surgen atacando al adversario, el cual cruza sus brazos para defenderse, pero la dureza del ataque lo derriba fuertemente contra el suelo, no obstante el león dorado se pone lentamente de pie.

—¡Te has levantado después de recibir mi terrible ataque!

—Reconozco tu gran poder pero no será tan fácil vencerme, los rayos no son nada nuevo para mí…

—¡Te haré silenciar escoria de Atenea…CATACLISMO ÁVIDO!

El cíclope levanta sus brazos, lo cuales empiezan a ser recorridos por una potente electricidad, luego los pone al frente, potentes rayos de color celestes surgen atacando al adversario, pero los ojos de Aioria brillan como el oro y puede apreciar la dirección de los rayos, esquivándolos uno a uno, sin ser herido.

—¡Asombroso! —manifestó Estéropes.

—Te lo dije antes, no me vencerás solamente con rayos… ¡PLASMA RELÁMPAGO!

El santo de Leo extiende su hombro hacia arriba y levanta su puño al frente, millones de rayos dorados de plasma se liberan en todas las direcciones, el cíclope abre las palmas de sus dos manos y las pone frente al ataque, finalmente la técnica del dorado se diluye por completo.

—¡Es más fuerte de lo que pensaba!

El león dorado voltea al sentir los cosmos de sus camaradas recién llegados.

—¡Dohko, Mu! Saga se ha adelantado, vayan con él, yo los acompañaré después…

—Aioria, es mi deber como santo de Libra hacer prevalecer la justicia en el campo de batalla…es por ello que te otorgo la espada de Libra, para que brille la esperanza de esta desigual guerra en contra del Olimpo…

El caballero de Libra saca de entre sus corazas la espada y se la arroja a Aioria, quién la atrapa sin problemas.

—Te agradezco el gesto Dohko, pero no necesito un arma para vencer a este sujeto.

—Esta guerra no se trata de egos de victorias, tu deber es deshacerte de tu enemigo, intentando sufrir las menores heridas posibles y así estar en condiciones de combatir a Hefesto, junto con todos nosotros…

—¡Entiendo! —dijo Aioria recapacitando.

—¡Basta de estupideces, ninguno de los tres se irá de aquí!

—¡Estéropes, te voy a mostrar el poder de las armas que son capaces de destruir las estrellas!

El santo del león dorado arremetió en una carrera cósmica contra su rival blandiendo la espada de Libra, el cíclope atino a defenderse con su brazo golpeando el lado lateral de la espada, lo que provoca una intensa luz que lo arrojó duramente contra una columna. El momento fue aprovechado por los santos de oro de Aries y Libra que siguieron su paso, el cíclope se levantó aturdido, descubriendo que el brazo de su armadura estaba pulverizado y la sangre corría por su extremidad.

—¡Esas ratas han escapado, mira el daño que me ha hecho ese juguete tuyo!

—¿Te das cuenta que ahora no tienes oportunidad? ¡Voy a cortarte en pedazos!

El cíclope se ríe de los dichos de su interlocutor.

—¡Cuanta confianza te ha dado esa espada!

—No necesito la espada para vencerte, pero comprendo que debo vencerte lo antes posible por el bien de la humanidad, voy a cortarte la cabeza en este momento…

El santo de oro ejecuta un gran salto para caer violentamente sobre su enemigo, blandiendo la espada con el fin de arrancarle la cabeza, pero en ese momento un destello enceguecedor se produce y al cesar puede verse un gran garrote, de color metálico, que ha bloqueado el ataque de la espada de Libra.

—¡Imposible!

—¡Esta es una de las armas forjadas por el mismo Hefesto, por lo que tu espada no será rival para ella…!

El cíclope se lanza en una carrera contra su rival, soltando un garrotazo que impacta sorpresivamente en las costillas de Aioria, incrustándolo contra una pared, despedazándole la zona de la armadura donde había impactado.

—¡Con tus costillas rotas no podrás levantarte!

El santo de oro se levanta con muchas dificultades, tomándose con una de sus manos la reciente herida provocada, su dolor era incontenible, por lo que no podía mantenerse erguido.

—¡Su garrote es temible, sin dudas puede compararse a las armas de Libra!

—¡Comprenderás que no tienes oportunidad ante mí!

—Voy a cumplir mi promesa y me reuniré con mis compañeros para derrotar a Hefesto, honraré el sacrificio de mis compañeros caídos con mi victoria…

Aioria de Leo aún curvado por el dolor incrementaba su cosmos, estudiando a su enemigo, el cual lucía imponente, como si no sintiera dolor de la herida de su brazo.

El Santuario.

Colina de las Estrellas.

La diosa miraba a los cielos con preocupación, mientras aún extendía su cosmos para contener la catástrofe tectónica que afectaba a la humanidad.

—No siento el cosmos de Seiya y los demás santos de bronce, si ellos han perecido nuestras esperanzas son casi nulas… —susurra Kanon.

—Aún no han muerto, pero pronto lo harán… —dijo Atenea.

—Nadie puede evitar el destino final de la muerte, pero he leído en las estrellas que su hora aún no ha llegado, hay esperanzas para ellos… —expresó Shion mirando al cielo.

Fragua de Hefesto.

Saga de Géminis avanzaba hacia el corazón del volcán cuando de repente otro enorme sujeto vestido con una portentosa armadura sale a su encuentro, al igual que los anteriores tenía en el centro de su casco un gran ojo, se trataba de otro cíclope alquimista, cuyas corazas eran de color azul con vivos en naranja.

—Detente intruso, yo Arges del Relámpago te lo ordeno.

—¡Yo solo obedezco a Athena! Ahora apártate de mi camino…

—¡Morirás por tu insolencia!

—¡No tengo tiempo para perderlo contigo! ¡OTRA DIMENSIÓN!

El santo de oro extiende sus brazos a los costados distorsionando el tiempo y el espacio alrededor del cíclope, el cual un poco confundido pierde de vista a su enemigo, tras unos momentos logra visualizarlo entre las dimensiones que se abren por doquier.

—¡LUZ DEL RELÁMPAGO!

El cíclope extiende su mano hacia arriba, enfrentando la palma al cielo, sobre su mano aparece una esfera energética que comienza a brillar fuertemente, la luz que irradia comienza a deshacer las dimensiones, hasta que vuelve todo a la normalidad, unos metros delante de él puede ver a su enemigo, dándole la espalda.

—¡Estoy sorprendido de que aún vivas! De no ser por tu técnica la luz de mi golpe habría acabado contigo… —dijo con arrogancia Arges.

El santo de Géminis no responde.

—¿Por qué carajo no respondes?

El santo de oro voltea y puede apreciarse que dentro del casco se ven los confines del universo.

—¿Qué es esto? ¡LUZ DEL RELÁMPAGO!

El olímpico extiende su mano hacia arriba, enfrentando la palma al cielo, sobre su mano aparece una esfera energética que comienza a brillar vigorosamente, la armadura se ilumina mostrando que estaba vacía y se desarma, cayendo al piso, no hay rastros de su portador.

—¡Ese cobarde ha abandonado su armadura para engañarme!

Repentinamente la armadura se ensambla en el tótem de Géminis, comienza a levitar y tras desplegar un brillo dorado desaparece convirtiéndose en una estrella fugaz, el cíclope está atónito y comienza a creer que quizá su enemigo lo ha engañado con una poderosa ilusión, momentos después llegan al lugar otros dos santos de oro.

—¡Otros intrusos! Ustedes no se me escaparán…

—¿A qué te refieres con que no escaparemos? —pregunta Mu.

—Hace unos momentos otro intruso que vestía similar a ustedes me ha engañado para escapar de mí…

—¡Debe tratarse de Saga! —dijo Dohko.

—Dohko, tú sigue a Saga, yo me haré cargo de este combate…

—Ni siquiera Saga podría vencer a un dios por sí solo, por lo que debo darme prisa…Mu, también te daré a ti un arma de Libra.

El santo de Libra saca el nunchaku y se lo entrega.

—Gracias maestro Dohko…ahora apresúrese a alcanzar a Saga, yo los alcanzaré pronto.

—¡Dije que ninguno escaparía!

El santo de Libra avanza en dirección al cíclope, pero cuando éste intenta interceptarlo se golpea contra una pared invisible.

—¡MURO DE CRISTAL!

Dohko salta sobre el cíclope, quién nuevamente intenta atacarlo lanzando un ataque hacia arriba pero el ataque choca contra un techo de cristal, mientras aprecia como su enemigo ha saltado encima de él y se marcha.

—¡Esto acaso es un cubo invisible!

—Te he apresado en una caja de cristal, aparentemente ya no eres un peligro…

—¡No dejaré que los santos se sigan burlando de mí!

El cíclope eleva su cosmos y ejecuta un poderoso puñetazo contra uno de los muros, haciéndolo añicos en un instante.

—Ya dos han escapado, pero tú no tendrás esa suerte…

—Se ve que tienes tanta fuerza como Brontes.

—¡Debo reconocer que son una amenaza real ya que han vencido a Brontes y me han burlado dos veces…él seguramente los subestimó, yo no cometeré ese error!

Inframundo.

Sexta Prisión. Estanque de Sangre.

Sorrento llevaba un tiempo tocando la sinfonía de los muertos, comunicándose con las almas de Io y Baian, intentando que éstos encuentren la octava conciencia, entonces de un momento a otro los cosmos de los generales marinos cubren sus quemadas almas, transformando sus apariencias en las que fueron antes de morir.

—¡Al fin lo han conseguido! —expresó Isaac.

—Sorrento, gracias por rescatarnos de nuestra condena eterna… —manifiesta Io.

—Hemos venido a buscarlos al Infierno por orden de nuestro señor Poseidón… —explica Sorrento.

Los generales de Poseidón se disponían a continuar camino en busca de las almas de sus últimos dos compañeros.

Monte Olimpo.

Fragua de Hefesto.

El combate entre Aioria y Estéropes era igualado, ambos presentaban importantes heridas en sus cuerpos y sus armaduras estaban gravemente dañadas por doquier.

—¡Sin dudas estás a la altura de los grandes guerreros del Olimpo! Sin embargo esta pelea terminará ahora con mi victoria…dijiste que no podía vencerte con rayos, verás que estabas equivocado… ¡CATACLISMO ÁVIDO!

El cíclope levanta su garrote hacia arriba, el cual empieza a ser recorrido por una potente electricidad, luego lo pone al frente, potentes rayos de color celestes y amarillos surgen atacando al adversario, con una potencia tal que la estática irradiada por los mismos paraliza el cuerpo de Aioria, sin permitir que se defienda, al final recibe el ataque de lleno, millones de volteos recorren su cuerpo, el cual queda humeante en el suelo.

—¡Para asegurarme de que no te levantarás voy a aplastar tu cráneo con mi garrote!

Estéropes se acerca a donde se encuentra el inconsciente Leo y levanta su garrote para propinarle un gran golpe en la cabeza, con violencia baja abruptamente su arma, pero cuando estaba a punto de impactarle el santo dorado gira velozmente en el suelo y en un ágil movimiento lo sorprende, levantándose y clavando la espada de Libra en su pecho, atravesándolo, la sangre brota por ambos lados de su cuerpo, mientras el olímpico afronta la muerte con una mirada atónita de lo que había ocurrido.

—Tenías un gran poder Estéropes, pero pronto haré que te reúnas con Hefesto en el más allá…

El santo de Leo se disponía a continuar su camino cuando de repente siente un cosmos muy familiar.

—¡Ese cosmos!

Entonces se vislumbra la silueta de un hombre que el león dorado conocía muy bien.

—¡Shaka, has llegado!

—Aioria, se ve que has tenido una durísima batalla, pero no hay tiempo de recuperarse de las heridas, debemos detener a Hefesto lo antes posible…

Los caballeros dorados de Leo y Virgo avanzan en dirección a lo profundo de la fragua, para reunirse con Saga y Dohko y así enfrentar al dios de los volcanes.