Capítulo 51: ¡La mítica daga dorada!

La Tierra enfrenta un nuevo juicio de los dioses, ésta vez Hefesto ha desencadenado un violento movimiento de las placas tectónicas, generando primero que el volcán del Monte Etna entre en erupción, pero la deidad ahora provocó la erupción de todos los volcanes del mundo, los habitantes de todo el orbe sufren las catástrofes, los planes de evacuación no son suficientes, Atenea expande su cosmos para impedir la completa propagación de la calamidad.

En la Fragua del Olimpo, territorio de Hefesto, se están librando terribles combates entre los santos y los cíclopes, Dohko y Aioria han vencido a Brontes y Estéropes respectivamente, mientras tanto Saga se aproxima al templo de Hefesto.

Templo de Atenea.

La diosa se encontraba en la puerta de su recinto, expandía su cosmos al infinito, mientras era acompañada por el Patriarca.

—¡Santos dorados todo depende de ustedes!

—Mu, Dohko, Saga, Aioria, Shaka, el destino del mundo está en sus manos…—susurra el Patriarca Shion.

Fragua del Hefesto.

El santo de Aries estaba por dar inicio a su combate en contra de otro de los cíclopes, Arges del Relámpago, en lo que avizoraba ser un duro combate.

—¡Caballero! ¿Piensas que ese nunchaku te servirá de algo? —menospreció Arges.

—Las armas de Libra tienen un poder descomunal, seguramente que sí… —musita Mu.

—¡Eres un iluso, LUZ DEL RELÁMPAGO!

El cíclope extiende su mano hacia arriba, enfrentando la palma al cielo, sobre su mano aparece una esfera energética que comienza a brillar fuertemente, repentinamente esta esfera de luz avanza contra el santo de oro, éste se teletransporta, pero la esfera lo persigue y posteriormente lo golpea en su brazo, tirando al suelo el nunchaku de Libra, su cuerpo entero es inmediatamente recorrido por una luz blanca que recorre cada célula del cuerpo, hiriendo al tibetano, quién se desploma en el suelo.

—Tu cuerpo debe estar fulminado a estas alturas…

El cosmos de Mu comienza a encenderse de nuevo, al cabo de unos segundos se pone de pie con suma dificultad.

—¡En tan tristes condiciones es inútil que sigas combatiendo!

—Mi hora no ha llegado todavía, entregaré mi vida más tarde, pero primero tengo la obligación de vencerte…

—¡Me estás encabronando estúpido santo…LUZ DEL RELÁMPAGO!

Arges extiende su mano hacia arriba, enfrentando la palma al cielo, sobre su mano emerge una esfera energética que comienza a centellear fuertemente, repentinamente dicha esfera de luz avanza contra el santo de oro.

—¡EXTINCIÓN DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

Mu de Aries extiende sus brazos hacia los costados, creando brillantes haces de luz, la potente emisión de rayos de luz del cíclope alquimista es succionada como si fuera extinguida en un violento apagón de luz.

—¡Ha extinguido la implacable luz de mi técnica!

—¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

El santo dorado levanta su mano derecha arriba, acumulando en su palma una incontable cantidad de polvo de estrellas, los cuales arroja al bajar su mano hacia adelante, el cíclope cruza sus brazos para protegerse y termina resistiendo la técnica sin ninguna herida.

—¡Es impresionante la resistencia física de estos seres!

—¡Todavía no comprendo como Brontes y Estéropes han sido vencido por tipos como ustedes!

El cíclope enciende su cosmos y se abalanza en una veloz corrida hacia el ateniense, luego ataca propinando un fuerte golpe con el revés de su mano a su enemigo, que cae contra el suelo, dejando un gran cráter.

—Siento que mis huesos se han hecho añicos…

Con gran esfuerzo el tibetano consigue ponerse de pie, aunque sin poder estar erguido totalmente, luego enciende su cosmos.

—No eres rival para mi santo de oro, nosotros los cíclopes somos una raza diferente a la de ustedes, nuestra fuerza física es comparable a la de los titanes, y nuestra longevidad es similar a la de los dioses…insisto, me resulta inconcebible creer que mis hermanos hayan sido derrotados por humanos…

—Nuestra fuerza radica en la esperanza de los milagros, mis compañeros ya han logrado muchos, Aioros entregó su vida para llevarse a Dionisio…Seiya y los demás ya han vencido a más de un olímpico.

—¡Ahora voy a extinguir tu esperanza!

El gigante olímpico ejecuta un salto, en cuya descendencia esbozaba sus puños listos para despedazar de un golpe el cuerpo de su adversario. Sin embargo en el último momento, cuando el atacante se disponía su impactar su poderoso golpe contra el dorado, éste se teletransporta, apareciendo detrás del cíclope.

—¡EXTINCION DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!

El santo de oro extiende sus brazos hacia los costados, creando brillantes haces de luz dorada, impactando por la espalda a su enemigo, el cíclope se ve envuelto en un potente y abrazador destello, que al cesar lo muestra aturdido y un poco adolorido, aunque sin ninguna herida aparente en su armadura.

—¡No puede ser! —dijo Mu perplejo.

—Microbio, ¿ese es todo tu poder?

—Debo reconocer que el manto que te cubre es extraordinario, pero no creas que has salido completamente ileso de mi ataque…ahora puedo ver todas las micro fisuras imperceptibles al ojo común que tiene tu manto…y se dónde golpearlo exactamente para destruirlo…

El cíclope mira atentamente su armadura y con su buen ojo de herrero descubre prontamente a lo que se refiere su rival.

—¡Ya veo! —Arges reflexiona. —Así que has logrado marcar mi armadura de forma imperceptible…

—Ahora voy a destruir tu armadura… ¡REVOLUCION DE POLVO ESTELAR!

Mu levanta su mano derecha arriba, acumulando en su palma una incontable cantidad de polvo de estrellas, repentinamente los arroja al bajar su mano hacia adelante, pero entonces destellos de luz aparecen interceptando cada una de las partículas de polvo estelar, al cesar el brillo de estas puede verse al cíclope que empuña un arma muy característica de la época medieval europea, la misma cuenta una empuñadura de madera, que tiene varios centímetros de largo, en el extremo comienza una cadena que termina en una esfera con pinches.

—Ya veo, en un rápido movimiento barriste con tu arma mi polvo estelar…

—¡No tienes oportunidad contra mí, humano!

El santo ateniense se teletransporta, apareciendo en donde se encontraba su nunchako, lo recoge y se pone en guardia.

Inframundo.

Sexta Prisión, tercer valle.

Tras rescatar a los generales de los océanos del Pacífico, los cinco generales ya reunidos atravesaron el segundo valle. Se encontraron con un desierto ardiente e incandescente, en donde las almas de deshonestos, perversos, lujuriosos y viciosos caían.

—Creo que en este lugar debe haber caído Kaza de Leumnades… —susurra Sorrento.

—Seguramente, Kaza se caracterizaba por engañar a sus víctimas, sin dudas su forma de pelear era muy desleal, pero también muy efectiva… —murmura Io.

—¡Siento su cosmos, eso cosmos tan extraño e incómodo! —advierte Baian.

El general marino del Atlántico Sur comenzó a tocar aquella melodía a la que eran susceptibles las almas, rápidamente la melodía encontró el alma de Leumnades, sedienta, cansina y exhausta, lo suficientemente torturada como para poder concentrarse en la melodía. De repente se siente una voz familiar para varios de los presentes.

—Es inútil, es tanta su agonía que sería incapaz de prestar atención a tu música…

—¡Esa voz, es de…! —dijo sorprendido Baian.

—¡Krisna de Crisaor! —manifestó Io.

—Así es compañero, soy yo… —dice Krishna.

—¡Veo que has despertado el octavo sentido! —expresa Sorrento.

—Hace ya un tiempo, cuando sentí el cosmos de mi dios Poseidón irrumpir en el Infierno para ayudar a los santos en los Campos Elíseos, desde ese momento que sentí su presencia desperté la octava conciencia…

—¿Qué haces en un lugar como éste? —pregunta Najash.

—He estado buscándolos… —responde Krishna.

—¿Conoces alguna manera de ayudar a Kaza? —pregunta Sorrento.

—Baian, quizá tú puedan hacer algo… —dijo Krishna mirando al Hipocampo.

—Es verdad, tú podrías alivianar este desierto ardiente… —concluye Isaac pensando en las habilidades de Bian.

—¡OLAS ASCENDENTES!

El general del Atlántico Norte ensaya una serie de movimiento y libera dos grandes masas de agua marina, pronto el desierto se veía inundado, la arena se refresca, el sufrimiento de las almas condenadas disminuye un poco.

Sorrento vuelve a tocar su melodía, tras unos momentos el alma de Kaza de Leumnades aparece frente a sus iguales.

—¡Veo que se encuentra toda la familia del mar! —exclamó Kaza con su voz estridente.

—Finalmente los siete generales marinos estamos juntos, nuestro señor Poseidón nos ha convocado… —continúa Sorrento. —Ahora que han despertado el octavo sentido podrán volver a pisar el mundo de los vivos…

En ese instante un resplandeciente brillo aparece, se trataba de Prometeo, el titán.

—No es recomendable para las almas visitar el mundo de los vivos, puede resultar muy peligroso…

—¿A qué te refieres? —preguntó intrigado Najash.

—Tú y Sorrento no tienen de que preocuparse, puesto tienen un cuerpo de carne y hueso, pero ellos son almas expuestas…si mueren nuevamente simplemente dejarán de existir por siempre… —explica Prometeo.

—Pero el mar no está en guerra… —musita Sorrento.

—Pero pronto lo estará o… ¿porque otra cosa el señor del mar estaría reuniendo a sus generales? —pregunta el titán.

—Tienes razón, Poseidón se está preparando para la guerra… —responde Sorrento.

—Eso es evidente, la verdadera pregunta es de qué lado de la mecha se va a encontrar… —dijo Prometeo.

—Confiamos en el criterio de nuestro señor y lo seguiremos en la decisión que tome… —expresa con gran devoción Sorrento.

—Yo confío más en el criterio de Julián que en el de Poseidón…y confiando en que Julián prevalecerá les otorgaré nuevos cuerpos de carne y hueso…con los que podrán cumplir el capricho de su emperador, sin exponer sus existencias…—sentenció el titán.

Monte Olimpo.

Fragua de Hefesto.

En el final del trayecto de la Fragua el santo dorado de Géminis avanzaba a toda prisa, hasta que finalmente se topa con la entrada de una enorme puerta, la caverna se había transformado en una especie de templo, el cual estaba revestido de marfil pero también contenía numerosos detalles de metales, una energía extremadamente poderosa se manifestaba desde el interior del templo, el ateniense camina con seguridad hasta encontrarse con un hombre aparentemente grande, tenía una pequeña joroba y una disimulable cojera, su rostro estaba cubierto por una densa barba, que tapaba su fealdad, estaba investido por su kamui, la cual era de color dorada, en su mano sostenía un martillo de herrero, del mismo color de sus corazas.

—¡Humano, os felicito por haber atravesado tantos obstáculos como mis cíclopes, seguro haz de estar lleno de fe! —manifiesta Hefesto mientras se ríe descaradamente.

—¡Tengo fe y también determinación Hefesto, no entiendo a qué viene tanta gracia!

El santo de la tercer casa zodiacal enciende su cosmos al máximo, detrás suyo puede apreciarse la imagen de extrañas dimensiones.

—¡Tienes un buen cosmos humano!

—¡Elevaré mi cosmos hasta alcanzar a los dioses, siente como explotan las estrellas, EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

Saga extiende sus dos manos a los costados creando planetas y enormes estrellas, luego extiende su mano derecha hacia adelante, pronto se siente un sonido ensordecedor, repentinamente el poderoso despliegue de poder regresa inmediatamente, siendo su ejecutante herido en todo su cuerpo.

—Ingenuo, aún con tu poder eres tan solo un humano, el poder de un dios es abrumador en comparación al de ustedes…

El dios de la metalurgia enciende su cosmos, pronto el movimiento de la tierra hace tambalear a Saga, quien mira confundido, el suelo comienza a agrietarse y surge del mismo una abundante cantidad de magma, pronto salta arrojada como lava, directo a los ojos del enemigo, este se cubre con sus manos, en ese momento un remolino de agua apaga la inminente amenaza, aunque quedaban resabios en formas de cenizas.

—¡DRAGÓN NACIENTE!

Sorpresivamente el santo de Libra aparece interceptando el ataque del dios y atacando con su brazo extendido de abajo hacia arriba, formando un dragón verdusco, la técnica es reflejada y su ejecutante sale despedido hacia atrás, momento en el que es sujetado por Saga, de este modo amortigua la violencia del ataque.

—¡Otro santo más, que paso con los cíclopes que han sido vencidos…!

—¡Dohko! —exclamó Saga.

—No dejaré que luches solo, debemos unir nuestros esfuerzos para vencer a Hefesto… —espetó Dohko mirando a su camarada.

—¡No importa cuántos sean los humanos que se unan, mientras sean humanos no podrán nada en contra mía! —dijo con prepotencia Hefesto.

—¡Espera Dohko, no intervengas, yo venceré al dios!

—¡Son muy graciosos ustedes los humanos! —el dios se ríe con sarcasmo.

—Tengo la herramienta necesaria para quitarte la vida…

El santo de Géminis saca de entre sus corazas una daga de oro, la misma con la cual había querido tomar la vida de Atenea en el pasado.

—La daga de Atenea, pero si es un humano quien la usa no podrá lastimar a un dios…

—¡Esta arma es capaz de herir a la misma Atenea!

El griego se lanza contra el dios, en ese mismo momento Dohko ejecuta los cien dragones de lushan, la técnica es reflejada hiriendo de forma importante al chino, Saga aprovecha la distracción generada por su compañero para aparecer directamente a las espaldas del dios herrero de los volcanes, el cuál logra evadir parcialmente el ataque, pero sin poder evitar que la daga le hiciera un pequeño corte en el costado del cuello, apenas un rasguño.

—¡Insolente, cómo te atreves, escoria de la creación!

El dios se dispone a destruir con su furia a los santos presentes.

El Santuario.

Colina de las Estrellas.

El Sumo Pontífice había reunido a Kiki, Marín, Shaina y Kanon.

—He decidido montar una misión de rescate, con el fin de salvar a los santos divinos… —expresa Shion. —Si lo logramos aún habrá esperanzas en esta guerra…

—¡Cumpliremos sus órdenes, estoy seguro que me encontraré con mi maestro Mu! —manifestó Kiki.

—¡Seiya resiste…! —pensaba Shaina.

Los cuatro santos y el Patriarca se introducen en la dimensión que lleva a la morada de los dioses.

Monte Olimpo.

Puertas de la Fragua de Hefesto.

Gliese recupera poco a poco la conciencia, luego ve a su camarada, Daidalos de Cefeo, quién todavía estaba inconsciente, en ese momento se acerca y trata de reanimarlo, luego lo golpea levemente en su rostro, intentando forzarlo a reaccionar, al cabo de unos segundos el mentor de Shun recupera la compostura.

—¡Gliese! Aún estamos vivos…

—Sospecho que un santo de oro nos ha rescatado, puedo sentir sus cosmos luchando, se enfrentan a un dios seguramente… ¡vamos!

Ambos guerreros se introducen en la Fragua.

Fragua de Hefesto.

El caballero de Aries y el cíclope del Relámpago habían estado batallando con sus armas, sin poder sacarse diferencias.

—Ya he analizado tus movimientos, ahora cumpliré mi palabra y destruiré tu armadura…

El tibetano se lanza en una carrera cósmica con su nunchaku sujetado con su mano y su hombro derecho, en el momento en que se disponía a atacar y su rival a defenderse con su maza medieval, el santo dorado hizo un muro de cristal que se hizo polvo con el impacto de ambas armas, pero entonces aquellas partículas arremetieron a la velocidad de la luz contra el cíclope, convirtiéndose así en la revolución de polvo estelar.

—¡Te dije que ese ataque no me hace ni cosquillas! —dijo Arges mientras observa que repentinamente su armadura se resquebraja por doquier. —¿Qué?

—He golpeado las grietas imperceptibles que tenía tu armadura y de esa forma he podido despedazarla. —explicó Mu con una sonrisa.

—¡Voy a mostrarte lo que puede hacer una de las armas más poderosas de la Fragua…!

El cíclope se lanza en una carrera cósmica zigzagueando de un lado al otro, con el objetivo de confundir al adversario, hasta estar lo suficientemente cerca, en un imperceptible movimiento el atacante suelta un gran golpe con su arma, la cuál clava sus pinches en el pecho de la armadura dorada, destruyendo dicho fragmento.

—¡Esto va mal!

El santo de Aries mira hacia adelante y observa a la lejanía un puente en un cerro que pasa sobre un río de lava, inmediatamente se dirige hacia allí con velocidad.

—¡Cobarde, no te dejaré escapar!

El cíclope sigue al santo de oro hasta que lo termina alcanzando.

—¡No tengo escapatoria! —dice Mu mirando el río de lava que estaba abajo, como estallaban las burbujas unos metros bajo sus pies.

—¡Le pongamos punto final a nuestra batalla! —gritó Arges.

—De acuerdo, que todo se decida ahora…

El olímpico embiste a toda velocidad, revoleando la maza con los pinches amenazantes, el santo dorado no opone resistencia y parece entregado a la muerte, pero cuando el golpe parece que lo alcanzaba se teletransporta, apareciendo arriba de su rival y encestándole un poderoso golpe con su nunchako de Libra, lo cual hace trastabillar al cíclope, quien cae del puente, directo al magma, al entrar en contacto con el ardiente río de lava su cuerpo comienza a quemarse, en cuestión de minutos es convertido en cenizas.

—Por fin terminó…

Cuando el santo dorado de Aries se relaja y dispone a marcharse, siente dos cosmos acercándose, se trataba de Aioria y Shaka.

—¡Venciste Mu! —manifiesta Aioria.

—El viejo maestro y Saga se han adelantado, tenemos que a apoyarlos… —susurra Mu.

—Debemos apresurarnos, ellos solo no serán rivales para un dios como Hefesto… —sentencia Shaka.

Los tres caballeros dorados corren a través de la Fragua a toda velocidad, con el objetivo de reunirse con los santos que ya han comenzado su batalla contra Hefesto…