Capítulo 10

Esa noche no pasó nada más, por lo que decidieron regresar al palacio a intentar descansar. Se habían desplazado la mayoría de regimientos a puntos estratégicos, a excepción del de Uranus que seguía a la espera de órdenes. Por cómo iban las cosas, necesitaban que Haruka pueda, por lo menos, intentar liderar al grupo. Según los informes de Takao, uno de los generales del regimiento, los hombres empezaban a preguntarse por qué la comandante no compartía tiempo con ellos como siempre.

Neptune no pudo descansar. El tiempo se agotaba y tendría que empezar pronto con su propio plan. La reunión con los generales se pactó a las 15 horas, por lo que tenía aún un poco de tiempo para pensar.

Haruka despertó pensando en Michiru. Ese día era su cumpleaños y ella no estaría. Según lo que le dijo Pluto, cuando regrese a su época sería como si el tiempo no hubiera pasado. Si era verdad entonces podría estar a su lado como se debía y no recordaría nada. Sin embargo, en ese preciso instante, su Michiru no sabía que pasaba ni donde estaba y eso la hacía sentir culpable por alguna razón que ni ella misma sabía. Salió de la habitación y caminó sin rumbo. No tenía ganas de ver a nadie, sentía que todos escondían algo y no querían decirle. Era una extraña entre gente conocida. Explorando un poco el castillo, entró a una sala inmensa. Al parecer era el lugar donde se llevaba a cabo grandes recepciones. A ambos lados podían verse los enormes jardines que rodeaban el palacio. En una de las esquinas, cerca al trono, había un piano de cola. No pudo resistir la tentación y se acercó. Deslizó los dedos por encima de las teclas. Hacía mucho tiempo que no tocaba nada, ni siquiera con Michiru. Se percató que había perdido tiempo valioso por andar metida en su mundo, dejando de lado las cosas simples que disfrutaba plenamente cuando lo compartía con ella. Se sentó y empezó a tocar Porz Goret, de Yann Tiersen.

La melodía llamó la atención a Neptune, que había despertado muy temprano ese día para evitar encontrarse con las demás, incluida Haruka. Hacía mucho que no escuchaba esa melodía, por lo general el músico de la corte solía tocar muy bien, pero nunca con ese nivel de interpretación, prácticamente podía sentir la angustia en la música. Siguió la melodía hasta llegar a la sala de reuniones. No necesitó ver de quien se trataba para saber que era Haruka. Esa Haruka a la que amaba, la que hubiera hecho lo imposible por estar a su lado, en la vida o la muerte.

Esa Haruka, que no era la suya.

Se asomó con cuidado por la puerta y la vio allí, con los ojos cerrados, moviendo los dedos con maestría sobre el piano, ensimismada en sus pensamientos como solía hacerlo cuando algo la perturbaba. Podía sentir la tristeza en cada nota, pero también la espera, el anhelo, la duda, el miedo, el amor.

Fue su momento de cerrar los ojos y dejarse llevar por esos sentimientos y no pudo evitar que una lágrima callera por su rostro. Cuando las últimas notas sonaban se incorporó, secó sus lágrimas y caminó en dirección opuesta, decidida más que nunca en empezar su plan ese mismo día. Si todo salía bien, esa Haruka regresaría muy pronto al lado de su Michiru, "y yo…" pensó "yo terminaré todo esto al fin".


Haruka no había visto a Neptune en todo el día, a pesar de haberla buscado. Era su cumpleaños, después de todo. Sin embargo, todo en el palacio parecía un día normal, no había fiestas, ni reuniones, ni nada. Habría jurado que en esa época celebrarían con bailes y demás.

Dio las 15 horas como se había previsto y fue a la sala de reuniones. Allí vio a Neptune por primera vez en el día.

-Haruka, te estábamos esperando –dijo, a la vez que Takao y Takeshi se ponían de pié y saludaban a su comandante –es hora de que tengas tu primera misión con tu equipo.

-¿Qué? ¿en qué momento discutieron esto?

-Nos reunimos un poco antes –Haruka miró a Takao y Takashi a los ojos, como si la hubieran traicionado, estos bajaron los ojos, avergonzados. Luego regresó la mirada a Michiru.

-Creo que debí estar aquí si discuten sobre mí y mi destino, ¿no te parece? –dijo mientras cruzaba los brazos.

-Que extraño, solo ayer decías que preferías pelear de frente y no en una simulación. No es propio de ti huir de una pelea –contestó, sonriendo irónica mientras cruzaba los brazos también.

-Jamás huyo de una pelea ¿Cuándo?

-Hoy

-¿Hoy? Pero hoy es-

-Un día cualquiera como cualquier otro –la cortó- no podemos darnos el lujo de esperar más tiempo –dijo mirándola fijamente.

-De acuerdo– asintió para reforzar su aceptación –Takao, Takeshi, espérenme fuera, por favor, ahora voy con ustedes.

-Sí, mi comandante– contestaron al unísono y salieron de la habitación. Haruka esperó a que la puerta se cerrara para voltear a ver a Neptune, que la miraba con cansancio y cierto desinterés.

-¿Me vas a decir que pasa?– Neptune arqueó una ceja.

-Ya te lo dije, vas a realizar tu primera mi-

-No me refiero a eso- la cortó –me refiero a ti.

-¿A mi? No me pasa nada– Haruka frunció el ceño y se acercó, invadiendo su espacio. Neptune tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse y no retroceder, manteniendo su postura desafiante.

-…mientes… -le susurró –lo que no entiendo es el porqué -dio un paso atrás y alzó la voz nuevamente, mirando hacia el techo en un acto de exasperación -todos mienten, todos están ocultando algo, lo sé -volvió su mirada hacia Neptune -sobre todo tú -el corazón de la sailor se aceleró, había olvidado que Haruka podía ser muy perceptiva si se lo proponía, sobre todo con relación a ella. Agradeció en su mente tener los brazos cruzados o de seguro se notaría el pequeño temblor en sus manos. Haruka no dejaba de mirarla fijamente, de estudiar su rostro, sus movimientos. No podía hablar pues temía que su voz la traicionara. Si Haruka descubría sus planes todo el dolor, la espera y el mismo hecho de que la rubia esté aquí, habrían sido en vano. No podía permitirlo. Respiró profundamente, desenlazó sus brazos y se acercó a Haruka. La rubia no hacía un solo movimiento, solo la miraba. Neptune acercó tímidamente su mano hacia la mejilla de su acompañante y la acarició unos segundos, antes de deslizarla detrás de su cuello y acercarla toscamente hacia ella, plantándole un beso apasionado. Haruka se sorprendió, pero correspondió rápidamente, colocando sus manos en la cintura de Neptune y jalándola hacia si, haciendo que sus cuerpos se tocarán lo más posible. La sailor sonrió, era tan fácil distraer a Haruka a veces… la alejó y la miró coqueta. Haruka abrió los ojos lentamente, mientras salía de su estupor.

-Si tanto quieres celebrar conmigo… te espero hoy en mi habitación, después de la media noche ¿te parece? -deslizó sus dedos por el cuello de la rubia, arreglando su camisa -y… podremos hablar…- dio un paso atrás, le sonrió y se acercó a la puerta, la abrió y miró hacia Haruka -… o lo que quieras…- le guiñó el ojo y se fue, cerrando la puerta tras de sí. Haruka se quedó mirando la puerta cerrada por unos segundos sin entender qué había pasado exactamente. Sin embargo, sea lo que fuere, sentía que había logrado algo hoy. Esa noche, se propuso, estaría con Michiru, aunque tuviera que romperlo todo.


Cuando Uranus se acercó a sus hombres, ya estaban todos formados y a la espera de órdenes. Camino allí, había hablado con Takao y Takeshi. La misión era simple. Solo debían encontrarse con Mars y recorrer la capital. Habían estado apareciendo sombras de manera aleatoria en los alrededores, en los lugares más lejanos de la ciudad. La división del este realmente no necesitaba ayuda, pero era una buena forma de entrenamiento para Haruka, no solo en combate, sino también en dirigir a su ejército.

Uranus repitió las palabras que su par de acompañantes le habían dicho que proclame frente a su gente. Cuando finalizó, todos levantaron el puño, dando un solo grito en señal de victoria. Takao entonces apareció con un corcel blanco, preparado con una silla de montar dorada y una pechera de color azul oscuro, el mismo que su traje, y con bordes dorados, pero en el centro estaba bordado en oro el símbolo de su planeta protector. Takeshi se acercó a su comandante, que no salía del asombro, éste se acercó a susurrarle el nombre del caballo, pero antes de hacerlo, Uranus se le adelantó.

-Miranda… -esta vez fue Takeshi el que estaba sorprendido. No sabía cómo es que sabía el nombre del corcel, pues le habían asegurado que nadie le había informado sobre el animal a Uranus, y tampoco tenía uno en el siglo XX.

La sailor se acercó al caballo, le acarició el rostro y luego la crin. Cuando notó que le aceptaba sin problemas, se montó. Miró a sus hombres, invocó su espada y la levantó.

-¡Por la Reina! -Gritó Uranus

-¡Por la Reina! – Contestaron sus hombres al unísono. Uranus dio la vuelta e hizo que Miranda trote lento, y detrás, su ejercito la seguía al mismo ritmo, dispuestos a seguirla hasta la muerte.


El encuentro con Mars fue rápido. Pudieron organizarse y encontraron lo que parecía ser el portal por donde empezaron a salir las sombras. Uranus, junto a Mars y ambos ejércitos, pudieron derrotarlos sin problemas. La misión había sido un éxito, por lo que Uranus y sus hombres regresaron al cuartel del palacio. Takao y Takeshi le habían dicho que cuando regresaban airosos de una batalla, se reunían a celebrar y que sería bueno que esta vez no sea la excepción. Uranus se sentía realmente bien, por primera vez, desde que llegó a ese lugar, por lo que aceptó enseguida.

En ese mismo momento, Michiru daba vueltas por la habitación, dejando todo en orden. Sabía que Haruka estaría allí a la media noche, como se lo había dicho, por lo que aún le quedaba tiempo. Sin embargo, debía dejar todo listo y ser lo suficientemente cauta para que todo marchara como lo había planeado.

Haruka no lo sabía, pero esa noche, era el inicio del fin.