Parte IV: La batalla en el Olimpo, parte dos.

Capítulo 53: ¡El renacer de la esperanza! Pegaso bate nuevamente sus alas…

Mu de Aries, Saga de Géminis, Gliese de Cáncer, Aioria de Leo, Shaka de Virgo y Dohko de Libra protagonizaron un épico combate contra Hefesto, en el final del combate los humanos hicieron uso de la técnica prohibida y lanzaron dos exclamaciones de Atenea, la cual creó una catástrofe total en toda la Fragua del Olimpo, cuando la onda de choque en cadena se aproximaba a Gliese, algo inesperado sucede, Daidalos de Cefeo, que yacía inconsciente volvió en sí y sorpresivamente interpuso su cuerpo delante de su compañero, salvando su vida, dejándolo como el único superviviente de la gran colisión.

Después del fatal desenlace, apareció frente a Gliese aquella reliquia que el oráculo de Delfos profetizó como primordial para vencer al Olimpo, sin dudarlo el humano hizo lo mismo que Pandora en la era del mito, abrir la caja prohibida por los dioses, para ahora sí, poder liberar la esperanza. El último grupo de santos liderados por el Patriarca se reencontraron con el único sobreviviente en la Fragua de Hefesto.

Salida del templo de Mercurio.

En el suelo se encontraban los cuerpos de Seiya, Shun, Shiryu y Hyoga desplomados, el Patriarca Shion había arribado al sitio junto con Kiki, Marín, Shaina, Gliese y Kanon.

—¡Vamos Seiya despierta! —Marín lo zamarrea pero su discípulo está inconsciente.

—Estas heridas, deben haber sido causadas por un dios muy poderoso… —menciona Kanon.

—Es necesario que los llevemos al templo de la Sabiduría, Athena ya arribó a su templo olímpico…y ella en persona es la única que podría salvar la vida de estos jóvenes extraordinarios… —expresó Shion. —Kiki usa la telekinesis para recoger todos los fragmentos que han sido esparcidos en este lugar…

El joven santo de Buril hace uso de la telekinesia, tras un brillo en sus ojos, los restos de las armaduras de bronce de Pegaso, Andrómeda, Dragón y Cisne forman su tótem de manera maltrecha y lamentable, luego se ensamblan en sus cajas de Pandora, que flotan por el poder psíquico del pequeño, siendo guiadas junto al grupo. Entre Marín y Shaina toman a Seiya de sus brazos para cargarlo, Kanon levanta el cuerpo de Shun, Shion y Gliese hacen lo mismo con Shiryu y Hyoga respectivamente, así se dirigen al templo de la Sabiduría.

Templo de Neptuno.

El guardián del templo de los mares en los cielos se encontraba mirando la fuente de Poseidón, aquella en la cual podía verse el desarrollo de la guerra, mientras seguía todos los acontecimientos irrumpe uno de sus camaradas.

—¡Belerofonte! ¡¿Como se explica la derrota de Hefesto?! —interrogó Aquiles sorprendido.

—No lo comprendo Aquiles, unos humanos unidos han logrado una proeza digna de un mito, han logrado vencer sin ayuda divina a uno de los doce olímpicos… —manifestó Belerofonte. —Mira, ahora se dirigen al templo de la sabiduría, llevando a cuestas a aquellos guerreros a los que el mismo Zeus fue a enfrentar…

—¡Deberíamos ir a detenerlos nosotros!

—Esa no es la voluntad del maestro Zeus, él ya ha enviado a quienes se encargarán de ello…

—¿Qué quieres decir?

—¡Las cartas las juegan los dioses…estoy seguro que Zeus hará lo que sea más conveniente para el Olimpo!

Templo de la Sabiduría.

En la oscuridad de la noche, Shion y los demás llegan al templo que alguna vez le había pertenecido a Atenea, trayendo consigo a los santos que habían caído a manos de Zeus. El templo era tan majestuoso e imponente como los otros palacios de los doce olímpicos, mostraba detalles en mármol y oro, en la entrada podía apreciarse una estatua de Atenea levantando a Nike con su mano, el paso estaba bloqueado con una enorme puerta, en la cual se veía una escultura en forma de búho.

—Excelente trabajo mis amados santos… —susurró Atenea.

Los santos dejan a sus inconscientes camaradas delante de su diosa, la cual enciende su cosmos, luego se arrodilla junto a ellos y los envuelve con su cosmos.

—Athena, mientras intentas salvar sus vidas he pensado que podríamos usar la Fragua de Hefesto para reparar las armaduras que se encuentran destruidas… —expresó Shion con perspicacia.

—Es una excelente idea Shion, tenemos que sacar el máximo provecho del tiempo que nos queda…cuando hayas terminado nos reuniremos nuevamente aquí. —asiente Atenea.

El Santuario.

Coliseo.

Los santos de bronce sobrevivientes de la batalla contra las satélites se encontraban reunidos, dialogaban sobre la partida de su diosa al reino celestial.

—¿Qué papel cumplimos nosotros en este Santuario abandonado? —preguntó Rotanev del Delfín.

—¡Deberíamos ir al Olimpo! —exclamó Retsu de Lince.

—Si Athena no nos ha enviado es por qué no somos necesarios allí, ahora solo nos queda esperar y confiar en nuestra diosa y en nuestros compañeros… —dijo Jabu de Unicornio observando el cielo.

Fragua de Hefesto.

Los santos llegan al templo de Hefesto dentro de la Fragua, el cual estaba en una calamitosa apariencia.

—¡Aquí es donde Saga y los otros dieron sus vidas para vencer a Hefesto! —dijo Kanon.

A unos metros de donde se encontraban los atenienses puede verse un enorme yunque dorado.

—Eso es…esto es maravilloso… —susurra Shion.

Para fortuna de los santos, además del yunque donde Hefesto trabajaba las armas, se encontraba el martillo de herrero del dios, podía verse también su kamui, que había resistido a las exclamaciones de Atenea, aunque podían apreciarse varias grietas.

—¡Esto quiere decir que…! —espeta Kiki.

—Es hora de las reparaciones… —dice con parsimonia el Patriarca Shion, tras un brillo en sus ojos, las armaduras de sus camaradas se forman en su tótem, luego sujeta el martillo de Hefesto y comienza a trabajar sobre la armadura de Pegaso, unos minutos después la armadura se restaura sorpresivamente, aunque ha perdido su forma divina luce resplandeciente y poderosa.

—¡Es sorprendente lo rápido que has reparado la armadura de Seiya! —manifestó sorprendido Kiki.

—Las herramientas de Hefesto son maravillosas, dignas de un dios…

El Patriarca con la ayuda de Kiki se dispone a trabajar sobre las demás armaduras, luego de varios minutos ya había restaurado las cuatro corazas de bronce que Zeus había destruido, entonces miro a Marín y Shaina.

—Voy a reparar y fortalecer vuestras armaduras también.

Templo de Júpiter.

El dios de dioses se encontraba en el balcón de su imponente templo, la brisa recorría sus cabellos blancos, sus ojos demostraban un profundo pesar, la tristeza por la muerte de Hefesto era inocultable.

—No puedo creer que Hefesto haya caído, esos humanos han sido capaz de superar a un dios sin ayuda divina.

—Es verdaderamente un milagro, pero los santos de oro han muerto, sus fuerzas son cada vez menores, todavía disponemos de gran parte de nuestro ejército… —dijo Hera.

—Tienes razón, nuestra casta de guerreros es inagotable…y esta guerra casi termina…

Templo de la Sabiduría.

Momentos más tarde, los santos que habían regresado a la Fragua a reparar sus armaduras volvían al templo de Atenea luciendo flamantes y brillantes armaduras con nuevos diseños. Shion y Kanon lucían los mantos de Aries y Géminis respectivamente, las cuales también habían sido restaurados.

En el interior del templo la diosa de la guerra justa continuaba ardiendo su cosmos en toda su plenitud, con el objetivo de sanar a sus más queridos guerreros.

—¿Cómo se encuentran chicos? —preguntó Kiki.

La diosa no responde a la pregunta, pues estaba totalmente concentrada, a los segundos contesta.

—¡Seiya, Shun, Shiryu, Hyoga, despierten y vuelvan a luchar una vez más por mí y por la Tierra!

Paulatinamente los cuatro santos que habían estado entre la vida y la muerte abren sus ojos, estaban todavía algo aturdidos.

—¡Han despertado! —dijo Shion con felicidad.

—Saori… —susurró Seiya con su voz cansada.

—¿Quién ha sido capaz de vencerlos a ustedes que portaban armaduras divinas? —interrogó Kanon.

—Ha sido Zeus, el emperador de los cielos… —contesta Shiryu.

—¡Así que Zeus ha bajado desde el templo de Júpiter para matarlos! —murmura Shion.

—Su poder es sublime… —espeta Shun.

—Tiene un cosmos infinito…tal vez por encima de los cosmos de Poseidón y Hades… —dijo Hyoga recordando su poder.

—Eso sólo significa que tendremos que elevar nuestros cosmos a ese nivel… —proclamó Seiya, quien se encontraba aun en el suelo, tras unas miradas con sus amigos, los cuatro se reincorporan lentamente.

—Santos de bronce, sus armaduras que fueron destruidas ya han sido reparadas… ¡Kiki, muéstraselas! —explica Shion.

El santo de Buril usando su telekinesis acerca las urnas de las armaduras que se encontraban en la entrada del templo, éstas se abren y visten a sus portadores, mostrando nuevos diseños, aunque sin poseer el despertar divino que poseían antes.

—¡No siento los cosmos de los santos de oro! —expresó Shun con preocupación.

—Los santos de oro han muerto para vencer a Hefesto… —dijo cabizbajo Shion.

—¿Qué? —pregunto Seiya abriendo sus ojos de la sorpresa.

—¡Era de esperarse Seiya, no deben entristecerse! —dice Kanon fríamente, dando la espalda.

—¿Qué dices Kanon? Han dado su vida por este mundo… —se queja Seiya con lágrimas en sus ojos.

—Kanon tiene razón, nuestras vidas son efímeras, nosotros ya estábamos muertos, nuestro destino ya fue dictaminado por los Hados… —ilustra Shion.

—No debemos desaprovechar sus esfuerzos, después de todo Saga y los demás obraron un milagro… —sentencia Kanon.

Todos los atenienses se miran y comprenden cada una de las palabras de Shion y Kanon.

—¡Saori! —continúa Seiya. —¿Acaso tú piensas venir con nosotros de ahora en adelante?

La diosa intenta ponerse de pie, pero debido al enorme esfuerzo que había hecho para recuperar a sus santos sus piernas no tienen fuerzas suficientes, tambalea y cae nuevamente.

—¡Athena! —exclamó Hyoga con preocupación.

—Lo siento, creo que no podre acompañarlos todavía… —se lamentó Atenea. —Desde que la guerra comenzó he estado usando mi cosmos para detener las diferentes catástrofes que los dioses han soltado en nuestro mundo, además ahora he empleado lo que me quedaba de cosmos para evitar lo que habría sido una muerte segura para ustedes, necesito solamente unas horas…

—En ese caso creo que lo mejor sería que Kanon y yo nos quedemos a custodiarla… —expresó Shion.

—El enano y las mujeres deberían quedarse con nosotros, pues enviarlos al combate sería mandarlos al suicidio… —dijo Kanon.

—¡No me subestimes! —gruñó Shaina.

—Kanon tiene razón, ustedes no poseen el séptimo sentido, mientras no lo tengan no serán rivales para ningún guerrero en este sitio… —acota Shion.

—¡Entonces nosotros nos adelantaremos! —intercede Seiya.

Repentinamente pueden sentirse dos cosmos agresivos que provenía de la salida del templo, tras unos segundos, dos sujetos aparecen, uno tenía una mirada desafiante, una piel pálida y escamosa, ojos saltones y dientes pronunciados, largos cabellos negros y ojos amarillentos, estaba investido de una gloria, el otro sujeto tenía una cabellera blanca alborotada hasta la altura de los hombros, ojos violetas, estaba protegido por una gloria que en la parte de los hombros estaba cubierta por la piel de un carnero de oro.

—¡Son ángeles! —expresó Seiya.

—¡Jasón! —tercia Shion.

—¡Nos volvemos a ver Shion de Aries! —responde Jasón.

—Qué ironía, lo que alguna vez fue el hogar de Atenea ahora será su tumba, ¡les cortaremos la cabeza en éste sitio! —amenazó Erictonio.

—¡Salgan de nuestro camino! —gruñe Seiya, dando un paso al frente, lo mismo hace el ángel Erictonio, al instante encienden sus cosmos, los demás observan detenidamente.

—¡Ataca idiota!

—¡METEOROS DE PEGASO!

Seiya de Pegaso traza con sus brazos las estrellas de la constelación de Pegaso, su cosmos alcanza el séptimo sentido, luego extiende su puño derecho al frente, al tiempo que millones de estrellas fugaces embisten contra el enemigo, pero Erictonio relaja su cuerpo y repentinamente su piel cambia, su palidez se hace más notoria, su piel se había convertido en escamas, los meteoros al rozarlo se desviaban sin poder golpearlo, finalmente la técnica no tuvo efecto.

—¡¿Qué paso?! —pregunto desconcertado Seiya.

—Es como si su piel se hubiera convertido en escamas, además los golpes parecen resbalarse cuando su piel es atacada… —dijo Shion comprendiendo lo sucedido.

El ángel desaparece de la visión, apareciendo frente a Seiya, que se ve sorprendido y luego recibe un golpe en el abdomen, cayendo varios metros hacia atrás.

—¡Tienes tu merecido!

Repentinamente el ángel Erictonio comienza a sentir que su gloria se agrieta, pronto advierte que tenía numerosos golpes de meteoros habían impactado en él sin que lo notase, el santo de Pegaso se pone de pie con tenacidad.

—¿En qué momento lo hizo? —se preguntó Erictonio.

—¡Has subestimado mi técnica! —expresó Seiya.

—¿Eso piensas? Está todo bajo control…

Erictonio tenía varias heridas en su cuerpo que no había advertido, su gloria estaba rasgada, luego cierra los ojos y enciende su cosmos, poco a poco su piel comienza a caer, los santos observan aterrorizados la extraña secuencia.

—¡Está cambiando la piel como si fuera una serpiente! —manifestó Shion.

—Sus heridas han desaparecido… —murmura Kanon.

—¡No es posible! —dijo Seiya.

—Seiya, no te preocupes, nosotros nos haremos cargo de los dos sujetos… —susurra Shion interponiéndose entre él y los ángeles.

—¡Pero Shion! —se queja Pegaso.

—Vete Seiya, es la orden del Patriarca… —manifiesta Kanon con suma seriedad.

—¡Está bien, nos veremos más adelante! —asiente Seiya cabizbajo.

Mientras Shion y Kanon se ponían en guardia para enfrentar a los ángeles, Kiki teletransporta a los santos de Pegaso, Dragón, Andrómeda y Cisne a salida del templo. Shaina, Marín y Kiki rodean a su diosa para protegerla.

—¡Han escapado! —se quejó Erictonio.

Ciudad de Olimpia.

Los santos de bronce y plata se encontraban a espaldas del templo de Atenea, de frente tenían a la ciudad del Sol, la Ciudad de Olimpia, pese a ser de noche el Sol resplandecía.

—¡Pero si era de noche hasta hace un momento! —dijo anonadado Seiya.

—Escuché de mi antiguo maestro que la ciudad de Olimpia está bendecida por la luz de Apolo, quizá ese sea el motivo por el cual el Sol brilla cuando la noche debería cubrir los cielos… —ilustra Shiryu a través de las enseñanzas de Dohko de Libra.

—Entonces esta ciudad es la antesala del templo del Sol… —murmura Hyoga.

—¡Apolo! —dice Seiya mientras el recuerdo del combate en el Santuario viene a su mente.

—El dios del Sol… —sisea Shun.

—¡Apolo posee un poder descomunal! —dijo Shiryu.

—Así es, ni Aioros, Ikki y yo pudimos ni siquiera tocarlo cuando lo enfrentamos en el Santuario… ¡pero esta vez vamos a derrotarlo! —comentó Seiya con bronca.

—¡Ikki, hermano! ¿Dónde estarás? —piensa Shun en silencio.

Templo de la Sabiduría.

Kanon de Géminis hacia frente a Erictonio, mientras que Shion de Aries se enfrentaba a Jasón.

En un veloz movimiento Kanon se abalanza contra el ángel, descargando varios golpes de puño contra su adversario, sin embargo sus golpes parecían resbalar en el cuerpo de su adversario.

—No tienes oportunidad frente a mí, seré benevolente y te aniquilaré en un instante… ¡CALAMIDAD APOCALÍPTICA!

Erictonio pone sus dos manos como una cruz haciendo surgir del suelo magma, de pronto la lava empieza a levitar, finalmente luego de extender sus brazos hacia adelante expulsa dicha lava que se arremolina atacando a Kanon, que es envuelto en la lava ardiente.

—¡Moriré si esto sigue así! ¡OTRA DIMENSIÓN!

El griego abre un portal de espacio tiempo sobre sí mismo, con la intención de absorber la lava que tenía sobre él, después puede observarse que su armadura de oro lucía intacta, su piel tenia serias quemaduras y el pelo que escapaba por debajo de su casco se había chamuscado.

—¡No me contendré, REVOLUCION DE POLVO DE ESTRELLAS! —dijo Shion.

—No serás capaz de superarme… ¡REVOLUCION DE POLVO DE ESTRELLAS!

El santo de oro y el ángel chocan sus técnicas, tras una gran explosión de estrellas que chocaban las unas contra las otras, las dos técnicas terminan por anularse mutuamente.

—¡Realmente eres digno de vestir la armadura de Aries! —elogió Jasón.

—¡Para mi es una ofensa que seas la reencarnación del primer santo de Aries y que ahora busques matar a Athena! —contesta enfadado Shion.

—Los ideales de Zeus están por encima de la humanidad y de Athena…

La batalla entre Kanon y Erictonio seguía su curso.

—¡TRIANGULO DORADO!

El santo de Géminis dibuja en el aire un triángulo con su cosmos y de esa figura comienza a salir un triángulo tras otro en dirección a su oponente, el cual tras recibir el ataque es enviado a los confines del tiempo y del espacio.

—¡Un ángel menos, Shion, solamente queda tu adversario!

—No deberías confiarte… —tercia Jasón. —Los ángeles estamos bendecidos por las alas de nuestras glorias, las cuales nos permite recorrer distancias extraordinarias en un instante y poder escapar de cualquier lugar, por recóndito que sea en el universo…

En un instante el santo de Géminis es atacado por retaguardia, cayendo duramente al suelo, se trataba de Erictonio que había regresado del triángulo dorado.

Templo del Sol.

Los santos llegan al palacio de Apolo, la entrada era imponente, las paredes brillaban intercalando adornos de oro y plata, estaba revestidos de diamantes y tenía un símbolo del sol en la parte de arriba de la puerta. Los santos se adentran cuidadosamente en las profundidades del recinto, a medida que avanzaban podían oír con más fuerza una bella música.

—Qué música tan hermosa…me recuerda al réquiem de Orfeo… —susurra Shun.

—Es cierto Shun, se trata de una melodía distinta, pero parecida… —contesta Seiya.

Cuando los santos de bronce llegan al trono del templo se encuentran al hermoso dios con su majestuoso atuendo y un laurel con detalles dorados que adornaba su cabello, estaba rodeado de bellas ninfas que bailaban y entonaban divinos cantos.

—Dejen esta tarea a mí musas, no quiero que se enfrenten a estos bárbaros guerreros… —sisea Apolo.

Las bellas mujeres desaparecen en un destello repentino, el dios del Sol se levanta de su trono, en ese instante los cuerpos de los santos quedan inmovilizados súbitamente.

—¡No puedo moverme! —expresa Shun.

—¡Apolo! —exclama Seiya el nombre del dios con una mirada desafiante.

—¡Pegaso, eres tú…todavía sigues vivo! —proclama Apolo.

—¡Hemos venido dispuestos a sacrificarlo todo para vencer a Zeus! —manifestó Seiya.

—El venir aquí es indudablemente sacrificarlo todo, pero dichos sacrificios no tendrán ningún sentido… —dijo con severidad Apolo.

—¡Aunque tengamos que morir nuestras vidas serán una ofrenda para Atenea! —dice Shiryu con devoción.

—¡Haremos el milagro y apagaremos las llamas del Sol! —expresó Hyoga.

Los santos de Pegaso, Andrómeda, Cisne y Dragón encienden sus cosmos al infinito y empiezan a liberarse poco a poco del poder de Apolo, repentinamente sus armaduras de bronce comienzan a brillar de forma imponente, la luz que las rodea comienza a mutar sus formas y las armaduras se trasforman nuevamente en vestimentas divinas.

—No importa que ropajes usen, no podrán igualarme jamás…

El dios solar levanta su dedo índice al cielo y sobre él aparece la kamui del Sol, que viste su cuerpo, sus corazas poseían un gran brillo dorado y tenía detalles en rojo fuego.

Los santos divinos se disponían a iniciar batalla contra el dios del Sol, mientras Atenea recuperaba sus fuerzas en compañía de Kiki, Shaina y Marín, al tiempo Kanon y Shion se enfrentaban a dos ángeles del Olimpo.

¿Podrán los santos divinos ser rivales para el poderoso dios del Sol?