Capítulo 55: Lluvia en la ciudad del Sol…
Atenea seguía recuperándose lentamente del esfuerzo que había realizado para impedir las distintas catástrofes y salvar a Seiya, Shun, Shiryu y Hyoga, luego de que éstos sean mortalmente heridos por Zeus.
Shion y Kanon se encontraban malheridos tras vencer a Jasón y Erictonio respectivamente, estaban junto a los demás santos que habían ingresado al Olimpo.
En el templo del Sol, tras la irrupción de Poseidón, la perplejidad se apoderó de los santos y del mismo Apolo, ¿qué objetivos perseguía el emperador de los Océanos? ¿Se había convertido en un enemigo del Olimpo?
Templo del Sol.
Los siete generales marinos estaban arrodillados detrás de su señor Poseidón, los santos de bronce estaban desplomados en el suelo o contra alguna pared, Ikki era el único que se mantenía en pie, aunque tambaleaba, los dos dioses estaban uno frente al otro, parados imponentemente.
—¡Aunque tengas mayor jerarquía que la mía, sabes que estás por debajo de Zeus! ¿Cuál es tu fin en esta guerra santa emperador del mar?
—Apolo, nosotros hemos peleado juntos en innumerables ocasiones, apóyame en esta rebelión, bien sabes que Zeus es un tirano…seré un dios más justo que él…
—No me pidas que sea otro aliado de Atenea, pues ella ha asesinado a mi hermana Artemisa, a partir de ese momento ésta guerra se convirtió en un asunto personal para mí, ha trascendido las políticas de la guerra…
—El tirano Zeus debe ser aniquilado, Atenea no será rival para nosotros si conquistamos el Olimpo…con Zeus la Tierra no será pura y limpia.
—¡Zeus quiere crear una utopía donde reine la justicia…nunca pensé que nos traicionarías Poseidón…ya no eres un olímpico para mí!
—El Olimpo no es justo, los humanos son dignos de cómo ha gobernado Atenea y por culpa de cómo ustedes han avalado ese dominio…mientras yo he hecho todo para conquistar este mundo y encaminarlo, no dejaré que el capricho de Zeus me lo arrebate… ¡te enfrentaré Apolo!
Los santos aprovechan el desconcierto del dios del sol para intentar huir, ante su férrea mirada.
—¡No dejaré que unas amenazas como ustedes sigan su camino!
Apolo lanza una esfera de luz solar incandescente contra los santos divinos pero el ataque es bloqueado por el poder del tridente del emperador de los mares, que despidió un remolino de agua cósmica, que bloquea el ataque, lo que permite la escapada de los invasores.
—¡Ahora seremos uno contra uno, no habrá nadie que intervenga! —Poseidón voltea la mirada hacia atrás, mirando a sus siete generales. —Generales del mar derroten a los súbitos de Zeus, yo los alcanzaré más adelante…
La élite de los marinos asiente y se lanzan en una gran carrera cósmica.
Poseidón lanza una ráfaga de electricidad con su tridente y Apolo lanza una enorme energía de ráfaga solar, las cuales quedan igualadas, ninguna cede frente a la otra, los generales marinos finalmente abandonan el templo del Sol.
Los santos divinos, que ya se encontraban más adelante miran un resplandor de luces provenientes del templo donde se encontraban los dioses olímpicos y podían sentir los cosmos de ambos luchando entre sí, no creyendo lo que estaba pasando y pensando que el Olimpo entero podía desaparecer con semejante enfrentamiento.
—¡Te has levantado en serio contra el Olimpo maldito…!
—¡El régimen del tirano va a terminar…su régimen del miedo y obediencia ha llegado a su fin!
—¡Tonto, nosotros no obedecemos ciegamente su voluntad…el Olimpo entero ha sido el garantizador del orden cósmico…de la naturaleza perfecta…y los humanos están echándolo todo a perder!
—¡Ciertamente el mundo debería ser destruido y luego de esta batalla sucederá…pero el mar pondrá las reglas sobre la utopía y no la maldad del soberano de los cielos…!
—¡Nuestros poderes están igualados!
Los dos dioses seguían tratando de imponerse el uno contra el otro, sin embargo la armadura del emperador de los mares empieza a ser rasgada en alguna de sus partes.
—¡Maldición, mi kamui están sintiendo el efecto de nuestros poderes!
—¡En tu recipiente humano tu poder no puede explotar a todo su formidable nivel!
—¡Puede que tengas razón, pero eso es solo una excusa…!
—¡No seas insensato, estás en desventaja! —Apolo tensa su arco divino y lanza una flecha que se multiplica.
—¡Estas flechas no me harán ningún daño!
Poseidón clava su tridente en el suelo y genera una corriente de agua que gira fuertemente, bloqueando todas las flechas.
—¡Poseidón está despertado poco a poco todo su poder…pensé que…!
—¡Poco a poco voy despertando mi grandioso poder…no guardes falsas esperanzas de poder vencer!
El dios del mar lanza con su tridente al frente una corriente de agua, que genera gran electricidad.
—¡Tengo que bloquear ese poder…!
Apolo concentra una barrera solar que bloquea el ataque del enemigo con grandes dificultades.
—¡Increíble…esa barrera es muy poderosa…!
—¡Nuestro poder es semejante, pero tu cuerpo mortal no resistirá mis ataques!
El dios Sol lanza una enorme bola de energía, semejante en brillo al sol.
—¡Yo también puedo defenderme de tus ataques…!
El emperador del mar bloquea el poder con la energía que despide su tridente, sin embargo su piel sangra un poco tras contener el terrible ataque.
—¡Esto va mal…el cuerpo de Julián está siendo herido poco a poco…! —reflexiona Poseidón para sí.
La parte de la hombrera del dios del mar estalla al cabo de unos segundos, un hilo de sangre sale de su hombro, este toca su herida con dolor.
—¡Por haber sido un dios olímpico con el mismo rango de Hades y Zeus te perdono la vida! Vete por dónde viniste…
—No seas engreído, con este pequeño daño no me vences…vine a este lugar a derrocar a Zeus y reclamar el trono del Olimpo…
—Veo que sigues con eso…
—¡Eres muy optimista en pensar que puedes vencer al señor de los mares con eso!
El dios del mar lanza un rayo desde su tridente que Apolo no puede bloquear y es golpeado, cayendo bruscamente momentos después.
—¡No puede ser, ha incrementado aún más su cosmos! ¡Detente…si esto sigue así destruiremos la mitad del Olimpo solo con nuestra lucha!
—No solo la Tierra desaparecerá, el Olimpo también y ambas cosas serán levantadas con nuevos cimientos…
—¡No entiendo que le pasa a Atenea ni a ti, pero el Olimpo siempre será el Olimpo, pase lo que pase!
—¡Cierra la boca Apolo!
Los dos dioses lanzan sus ataques creando una explosión enorme que devasta con todos los alrededores y parte de la ciudad del sol.
—Hoy debe caer Zeus...
—¡Veremos si estas a mi nivel…!
—Tú eras un dios sabio y justo, porque amparas a Zeus…
—Eres un hipócrita, tú quieres hacer lo mismo… ¿por qué piensas que estas más capacitado que Zeus?
—Él ya tuvo su tiempo, es mi hora de reinar en el Universo, podría compartir la corona contigo…viejo amigo…
—De ninguna manera traicionaré a Olimpo.
—¡Entonces desaparece con el Olimpo y su tirano!
El dios del mar lleva su cosmos al extremo, pronto puede verse en el templo gigantescas olas surgiendo detrás de él.
—Ni los siete mares pueden apagar al Sol…
El dios solar empieza a brillar en color dorado, produciendo vapor y un gigantesco arco iris en el lugar.
—Apolo el brillante, era de esperar de ti…
—¡Sublime! Sus olas son inconmensurables…
—¡Son los siete mares, tú lo has pedido!
El dios del astro rey lanza una explosión solar con viento y llamas, junto con su radiación, los ataques colisionan y empieza a llover en todo el Olimpo, mientras un arco iris se expande cubriendo el cielo divino, no hay rastro de los dioses. Momentos después el Sol se oculta y puede apreciarse el verdadero tiempo, la profunda noche, mientras la lluvia seguía azotando el territorio sagrado…
Templo de la Sabiduría.
La diosa de la guerra justa se encontraba en su templo olímpico, finalmente Shion y Kanon lograron vencer a los dos ángeles, éste último había vuelto en sí tras unos momentos de inconsciencia.
—¡Finalmente los cosmos de Poseidón y Apolo han desaparecido! —exclama Shion.
—Poseidón… —susurra Kanon.
—Te lo agradezco Poseidón…pero acaso Julián… —dijo Atenea mientras unas lágrimas caen de su rostro.
—Seguramente Julián ha muerto con honores, estoy seguro que era su voluntad después de todo… —expresó Kanon.
—¿Cómo te sientes Atenea? —pregunta Marín.
—Estoy recuperándome poco a poco…
—Siento el cosmos de Seiya todavía, eso quiere decir que han aprovechado para avanzar… ¿qué les espera más adelante? —manifestó Shaina.
—En el próximo templo olímpico les aguarda Hestia, la diosa del fuego…quizás ella comprenda la importancia del amor y la vida, después de todo venimos a defender eso, a asegurarnos de que exista un mundo y que existan humanos capaces de amar y llenar de vida al planeta… —contestó Atenea.
—¡Cuidado, ese de ahí se está moviendo! —dice Kiki señalando en dirección al supuesto cadáver del ángel Jasón.
Todos se ponen alertas mientras Jasón se pone de pie y se quita de su hombro su vellocino dorado, el cual levanta y arroja hacia los santos de Aries y Géminis, expandiéndose lo necesario para cubrirlos por completo, son apresados al tiempo que el manto comienza a brillar. Finalmente los santos dorados logran sacárselos de encima, sus cuerpos han sanado de sus terribles heridas.
—Pero entonces… —murmura Gliese sin terminar la frase, tratando de comprender los sentimientos del ángel.
—Escucharte Atenea me hizo recordar aquella época en la que peleaba gustoso por un verdadero ideal de justicia, después de todo soy la reencarnación del primer hombre que portó la armadura de Aries, que ahora Shion lleva con igual tenacidad que con la que yo la llevaba…suerte…
El ángel se desploma en el suelo, el aliento lo abandona inevitablemente.
—Después de todo había justicia en tu corazón… —susurra Shion.
—Jasón, que bueno que has logrado recordar aquella vida, en la que compartíamos un mismo lado… —dijo entristecida la diosa.
—Me pregunto qué les espera a Seiya y los demás… —manifestó Shion.
—Si tenemos suerte Hestia no evitará el paso de mis santos, sin embargo a partir de allí solo ellos podrán avanzar y yo los seguiré cuando esté recuperada por completo, ustedes mis leales santos no podrán ir más allá del templo de Hestia, puesto que allí comienza la cúpula principal del Olimpo…
—¿La cúpula? —preguntó Kanon.
—La cúpula está conformada por los últimos seis templos del Olimpo, los dioses originarios, los hijos de Cronos y Rea… ningún mortal puede pisar en ella mientras el fuego sagrado esté encendido… Seiya, Shun, Shiryu, Ikki y Hyoga podrán pasar porque sus armaduras poseen mi sangre…si uno de ustedes entrara, sería destruido por completo con solo poner un solo pie más allá del templo de Hestia…
—¿Eso significa que no podremos ayudar? —interroga Marín con desconcierto.
—Los dominios de Hestia se encuentran cimentados sobre un monasterio, en donde se encuentran las tres llamas sagradas que conforman la barrera protectora que envuelve a la cúpula… —continúa Atenea. —El fuego del hogar representa el bienestar desde antaño…la única manera de que ustedes pudieran entrar sería que apagaran ese fuego, pero eso nos llevaría a una guerra contra Hestia…y es justamente lo que debemos evitar.
—¿Qué te hace pensar que Hestia les dará paso libre a Seiya y los demás? —pregunta Kanon a su diosa.
—En realidad solo me aferro a la esperanza de que pueda ver con claridad la situación…si no es así y se convierte en nuestra enemiga, entonces su misión será apagar los fuegos sagrados, que son custodiados por las vestales legendarias…
—¿Las vestales legendarias? ¿Acaso son la vírgenes que custodiaban la llama del hogar eterno en los templos de Hestia de la antigua Roma? —preguntó Marín, recordando sobre las leyendas.
—Las vestales legendarias son Astrea, Rea Silvia y Concordia, las sacerdotisas de Hestia, las tres pueden compararse a los santos dorados…
—Deberíamos aprovechar este tiempo, vamos a intentar despertar el séptimo sentido en ustedes tres, primero comenzaremos explicando la esencia del cosmos… —manifestó Shion mirando a Kiki, Shaina y Marín.
—¡Por supuesto que conocemos la esencia del cosmos! —recrimina Shaina.
—Pero no conocen la verdadera profundidad de su esencia, la explosión infinita de su ser expandiéndose en el universo… —explica Shion. —Yo tardé muchos años en descubrir el secreto de la perpetuidad del cosmos en el universo, en mis inicios era un santo de bronce, el santo de Buril…
—¡Entonces usabas mi armadura, que emoción, el maestro de mi maestro…! —manifestó Kiki emocionado.
—Yo y Dohko fuimos ascendidos a santos dorados cuando conocimos el secreto del último cosmos, el séptimo sentido, sin embargo no fue hasta la guerra contra Hades que aprendí a dominarlo por completo… ¡quiero que estallen sus cosmos al límite sin tener miedo!
Salida del templo del Sol.
Los generales marinos continuaban mirando en dirección a las ruinas del templo que acababan de abandonar, cuando sintieron una tremenda explosión de cosmos que destruyó el lugar por completo.
—¡Señor Poseidón! —dijo Baian.
—¡No claudiquen, sabíamos que esto pasaría, nuestra misión comienza ahora! —explica Krishna.
—Que el sacrificio de Julián Solo no sea en vano… —murmura Sorrento con lágrimas en sus ojos.
—Vamos a formar parte del milagro… —susurra Najash.
Los acongojados generales continúan su camino, teniendo bien en claro lo que tenían que hacer en el Olimpo.
—Se supone que más adelante está la cúpula de los dioses… —sisea Io.
—El lugar que solo puede ser pisado por los dioses. —musita Krishna.
—Sin embargo nosotros somos los custodios naturales del templo de Neptuno, por lo que nuestras escamas deberían permitirnos el paso en aquella cúpula negada a la mayoría de los mortales… —ilustra Sorrento.
Entrada al Monasterio del Fuego Sagrado.
Los santos divinos se encontraron con una puerta inmensa, era madera de roble, tras abrir el sitio se alzaba una capilla con un altar en el final, los atenienses recorrieron el lugar, impresionados por la majestuosa sencillez del recinto.
—Ojalá podamos evitar la guerra en este hermoso lugar… —susurró Shun.
—¡Solo entraremos en guerra si quieren interponerse en nuestro camino! —dijo con dureza Seiya.
—Hay que pensar con la cabeza fría, como me enseñó mi maestro Camus…
—Siento que más adelante se encuentra un cosmos tranquilo pero infinito… —advierte Shiryu.
Más allá del altar se divisa un trono, donde ve la silueta de una mujer, al acercarse los santos notan que está vestida por una túnica roja brillante, la misteriosa diosa se levanta y se acerca al altar.
—Mi nombre es Hestia, espero que no hayan traído la guerra con ustedes…
—Iremos hasta donde Zeus se interponga quien… —el santo de Andrómeda tapa la boca de Pegaso al instante.
—Hestia, no queremos guerra, simplemente queremos continuar por nuestro camino, en busca de la paz en la Tierra… —musita Shun con espíritu conciliador y sus ojos puros emocionados.
—Cuanta hipocresía, vienen a traer la paz en la Tierra queriendo asesinar el rey del Olimpo…
—Yo creo en el poder del amor, que terminará apaciguando la ira de los dioses…—contestó Shun.
—Sus acciones son imperdonables, no pueden venir a pedir amnistía para ustedes ni para el resto de los humanos…el Olimpo ya ha decretado su sentencia, sin embargo no me gusta la violencia y considero al perdón como la mejor cualidad que tienen los humanos, arrepiéntanse y esperen con resignación el castigo divino…
—¡Has tenido la oportunidad de salvar tu vida, pero si decides cerrarnos el paso entonces caerás como los demás olímpicos que lo han intentado! —amenazó Ikki.
—Insolente humano, eres una vergüenza para tu especie, ahora conocerás el ardor de las llamas eternas…
—Yo soy precisamente una llama eterna, el ave inmortal… ¡AVE FÉNIX!
Ikki aletea con sus brazos, los cuáles se envuelven en llamas, llevándolos luego al centro para luego lanzar un golpe hacia adelante con uno de sus brazos, liberando una ráfaga de fuego en forma de ave, que envuelve en llamas a Hestia, su túnica comienza a arder y de repente el fuego comienza a transformarse en su elegante kamui, la cual era roja y amarilla, tenía un cetro largo, en la punta ardían llamas, ahora podía apreciarse sus largos cabellos castaños y su hermoso rostro.
—¡Ese ataque logró golpear a Apolo y parece no afectarla en lo más mínimo!
—El fuego jamás podría lastimarme, yo soy la diosa del fuego…
—Yo congelaré tus llamas Hestia… —susurró Hyoga.
—Cuanta arrogancia proviene de estos humanos… —responde la diosa con seriedad.
—¡POLVO DE DIAMANTES!
Hyoga extiende sus brazos a los costados y los desliza arriba y abajo, imitando el elegante aleteo de un Cisne, alza una de sus piernas y balancea su cuerpo mientras continúa su elegante danza, finalmente coloca ambas piernas en el suelo y junta las dos palmas sobre su cabeza, bajando luego los brazos a la posición del puño en negativo, soltando dos golpes hacia arriba y luego dos al frente, generando una ventisca de diminutos cristales de hielo, envuelto en una corriente que supera el cero absoluto, los cuales atacan disparados a una velocidad superior a la luz.
La diosa es congelada por el polvo de diamantes, pero en cuestión de instante un color rojo brilla entre el hielo, el cual se evapora en cuestión de segundos.
—Eso es tan solo una brisa, muy refrescante e inofensiva… —musita la deidad con una sonrisa.
—¡Espera Hyoga, yo me encargaré…sentirás el filo de mi espada sagrada…EXCÁLIBUR!
El santo del Dragón pone su mano recta apuntando al suelo, luego la levanta marcando una recta al frente hasta tenerla sobre su cabeza y baja su brazo totalmente rígido violentamente a su posición inicial, un halo de luz verde es disparada a una velocidad superior a la luz contra la diosa, que es sorprendida por el veloz ataque y apenas logra evadirlo, sin embargo el viento que acompañó posteriormente el recorrido de la hoja produce algunos rasguños sobre la piel de la divinidad.
—¡Atrevido, como osas tocarme con ese sucio cosmos, ahora morirás!
La diosa iracunda enciende un fiero cosmos, en la punta de su cetro el fuego comienza a crecer y tras hacerlo girar en el aire, apunta en dirección al Dragón y un chorro de incandescente fuego sale disparado del mismo, el santo divino se cubre con su escudo y comienza a avanzar sobre la diosa, protegiéndose de las llamas, que se desviaban en el escudo, incinerando todo a su paso, cuando la técnica cesó, el santo había quedado muy cerca de la diosa.
—¡No podrás escapar de mi ataque…DRAGÓN NACIENTE!
Shiryu levanta una de sus manos y lleva su otro puño negativo, soltando un poderoso gancho del cual emerge un dragón cósmico, que levanta a la diosa por los aires.
—¡Ahora acabaré contigo…CIEN DRAGONES DE LUSHAN!
Los dragones embisten a la diosa, pero la misma ejecuta un giro, haciendo un movimiento extraño con su cetro y una esfera de fuego la envuelve protegiéndola de todos los dragones.
—¡No volveré a sufrir ninguna humillación, los mataré a todos!
El cosmos de Hestia se eleva y el fuego que había sido esparcido anteriormente al desviarse el escudo del dragón, se extiende por toda la iglesia, envolviéndola en llamas, entonces Hestia mueve sus brazos hacia adelante y el lugar completo arde con sus santos adentro, en cuestión de segundos el fuego se extingue y todos son cenizas, cinco cuerpos pueden apreciarse cubiertos de cenizas…
Templo de la Sabiduría.
La diosa de la guerra justa se estremece y mira al horizonte en dirección a donde se encontraba el Monasterio de Hestia, los demás santos también se percatan de lo ocurrido.
—Siento como disminuyen los cosmos de los santos divinos… —murmura Gliese.
—Yo confío en Seiya y los demás… —musita Atenea.
—¡Si, estoy seguro que ellos estarán bien! —manifestó Kiki.
Monte Olimpo.
Templo de Júpiter.
En el majestuoso salón del trono se encontraba Zeus y Hera, los reyes de los dioses.
—No puedo creer que Poseidón nos haya traicionado y que Apolo esté muerto…—expresó el rey de dioses.
—Al final Poseidón demostró que siempre envidió tu poder, sin embargo hay algo que no entiendo, ¿por qué sus marinos han irrumpido en el Olimpo cuando su dios ha caído?
—Los generales de Poseidón son la última de mis preocupaciones, el verdadero enemigo es Atenea…
—Los generales marinos tendrán que atravesar los campos de los cultivos divinos, los territorios de Deméter y de sus sacerdotes eleusinos originales…
—Ese será un baño de sangre innecesario en donde ambos bandos perderán la vida, como te dije la única amenaza real que queda es Atenea…
