Capítulo 56: ¡El despertar de la armadura maldita!

La batalla de dioses había terminado, el Sol se ocultó dando paso a la noche, una hermosa y torrencial lluvia se precipitó por toda la ciudad de Olimpia, los cosmos de Apolo y Poseidón desaparecieron, los santos divinos se adelantaron hasta llegar a un majestuoso monasterio en el final del recinto, donde se encontraba el trono apareció Hestia, diosa del fuego, que tras un intenso combate con los santos divinos creó una enorme explosión que hizo arder en llamas el templo, reduciéndolo en cenizas.

Templo de la Sabiduría.

El Sumo Pontífice que usaba la armadura de Aries se encontraba de brazos cruzados, había ordenado a Marín, Shaina y Kiki un riguroso entrenamiento, el cual consistía en lograr que le impactaran un golpe, tras varios segundos ninguno de estos últimos tres había podido golpearlo.

—¡ESTRELLAS FUGACES!

El celeste cosmos de Marín se enciende con gran determinación y tras un veloz movimiento, miles de meteoros salen de su puño, el antiguo maestro pone su mano recta y todos los golpes son atraídos a su mano de inmediato.

—¿Eso es todo Marín? —desafió Shion.

—¡GARRA DEL TRUENO!

La italiana que representa a la constelación de Ofiuco levanta su mano hacia arriba, miles de volteos se acumulan en su palma y tras bajar bruscamente su mano hacia su adversario, una serpiente cósmica embiste contra Shion, quien repele el ataque girando su brazo derecho al costado.

—Todavía no están calificadas para enfrentar a una vestal legendaria…

—¡Tenemos que estar a la altura! —se lamentaba Shaina.

—¡REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!

Kiki levanta la palma de su mano mirando al cielo, en ella se acumula polvo estelar de color dorado, tras bajar su mano una revolución de estrellas salen disparadas pero el Sumo Pontífice bloquea con una mano acumulando en ella toda la técnica, luego contragolpea al santo de bronce, quién elude algunos golpes pero uno da en su pierna, precipitando una dura caída al suelo.

—No puedo ver sus ataques…

—No era mi ataque, solo devolví tu propio ataque, el cual tampoco pudiste eludir, eso quiere decir que no eres capaz de resistir tu propio ataque, si quieres ser fuerte debes soportar tu propia técnica… —explicó Shion.

—¡Nos volveremos lo suficientemente fuertes para luchar contra esas vestales legendarias, GARRA DEL TRUENO!

—Con ese nivel de cosmos no los autorizaré a una muerte segura, ¡MURO DE CRISTAL!

Un muro invisible se levanta frente a la serpiente de luz violeta, tras el impacto contra el muro la técnica regresa hacia Shaina, quién recibe un fuerte golpe, cayendo duramente al suelo.

—¡ESTRELLAS FUGACES!

Miles de meteoros surgen del puño derecho de Marín de Águila, incrementando poco a poco su cantidad y su velocidad, pero ninguno puede atravesar el muro, tras algunos segundos los meteoros regresan, Marín comienza a evadir algunos poco a poco, pero los golpes que había lanzado con mayor velocidad regresan unos segundos después, éstos, no puede evadirlos, siendo alcanzada hasta volar contra una pared en la que queda incrustada.

—Están mejorando, debo reconocerlo, pero todavía sus cosmos…

—Maestro, percibo que los cosmos de Seiya y los demás están en peligro, solicito con todo respeto arriesgar mi vida aún a costa de morir… —suplicó Shaina.

—Shaina tiene razón, morir luchando por un futuro mejor es mucho más digno que quedarse como unos cobardes, maldiciendo nuestra propia debilidad… —dijo Marín entre lamentos.

—Entiendo… —Shion voltea dando la espalda a sus subordinados. —Si van a enfrentar a las vestales legendarias no olviden que sólo con su séptimo sentido podrán ser rivales dignos, pero aférrense a la vida, confiaré en ustedes…

—Es hora de que continuemos nuestro camino hasta el trono del Olimpo… —susurró Atenea.

—Athena, ¿realmente ya te encuentras bien? —pregunta Kanon.

—Aún estoy débil, pero sé que ha llegado el momento de continuar, quizá tenga tiempo de recuperarme antes de enfrentarme a Zeus…el final está cerca…

La diosa se pone de pie y encabeza la marcha con sus santos.

Monasterio del Fuego.

Los siete generales del mar atraviesan la puerta del recinto, lo observan mientras estaban atentos y en guardia.

—Pude sentir una enorme explosión en el fondo del recinto, hay un gran olor a quemado… —murmura Sorrento.

—Seguramente ha sido Hestia, quien es la diosa del fuego… —expresó Kaza. —También puedo percibir la existencia de tres fuegos encendidos que irradian un extraño cosmos, es algo muy peculiar.

—El fuego sagrado es custodiado por las vestales legendarias, pero nosotros podremos avanzar sin enfrentarlas, lo importante es llegar al templo de Neptuno, el hogar de nuestro señor Poseidón en el Olimpo… —ilustra Krishna.

—Aprovecharemos la situación para infiltrarnos por este sitio y llegar a los dominios de Deméter… —susurra Sorrento.

—¡Por Poseidón! —proclama Baian.

Los generales marinos exclaman el nombre de su dios al unísono y siguen su marcha por el monasterio.

Monasterio del Fuego, atrio principal.

Tras el poderoso ataque de Hestia, todo había sido reducido a cenizas, cinco cuerpos comienzan a moverse lentamente, quitándose de encima dichas cenizas, sus armaduras habían sido expuestas a un enorme calor y se encontraban con llamas encima, pero al ponerse de pie y encender sus cosmos las llamas desaparece.

—Es increíble que sus armaduras, aun siendo divinas, hayan podido resistir, eso quiere decir que fueron reparadas en la Fragua de Hefesto…

—Así es Hestia, nuestras armaduras divinas han sido reparadas por las herramientas de los dioses, la esperanza ha sido liberada de la Caja de Pandora…—contesta Shiryu.

—¡Por eso no seremos vencidos, luchamos por la salvación y nada nos detendrá!—exclama Seiya.

—Ustedes no tienen salvación, la humanidad ya está condenada, ustedes mismos se condenaron al actuar con tanta desidia, cometiendo tantos pecados, han diseminado la corrupción por todo el orbe, debemos purificar a los humanos, los nuevos humanos que vivirán en la Tierra serán diferentes.

—Hestia, solo queremos una nueva oportunidad para la humanidad, creo que cambiarán… —dijo Shun.

—Eso no sucederá…

Hestia cierra los ojos y aumenta su cosmos, al transcurrir unos segundos su cuerpo se trasmuta en fuego, conservando sus formas.

—Está trasmutando su apariencia, ¿qué planeará con eso? —se pregunta Hyoga.

—Mi cosmos poco a poco llegará a su máximo y seré una muralla infranqueable en sus pecaminosos caminos…

El cosmos de la diosa crece repentinamente y en los alrededores de los santos comienzan a arder llamas rojas, tras unos segundos éstas comienzan a tornarse en un llamativo naranja.

—¡El calor está volviéndose insoportable, METEOROS DE PEGASO!

Seiya de Pegaso extiende su puño al frente, millones de meteoros atacan a la diosa, pero solo son enviados a la velocidad de la luz, los meteoros se frenan antes de que rocen a su enemiga y regresan bruscamente, el ateniense cae duramente al suelo.

—¡Seiya! —dijo Shiryu asistiendo a su amigo.

—Lo meteoros de Seiya no tuvieron la velocidad del noveno sentido… —musita Hyoga.

El fuego que hace momentos era anaranjado se convierte en blanco repentinamente, irradiando una pureza excelsa y asombrosa.

—¿Qué significa ese color del fuego? —se pregunta Ikki.

—Significa dos cosas, primero que la temperatura del fuego ha alcanzado los mil trescientos grados centígrados, en segundo término significa que mi cosmos alcanzó su grado de mayor pureza, ya es demasiado tarde para ustedes…

La diosa levanta su cetro y las llamas blancas comienzan a bailar de forma atemorizante frente a los santos, quiénes transpiraban y sentían una profunda fatiga, tanto físicamente como espiritualmente.

—Así que este es el poder de Hestia, el Patriarca nos indicó también puede atacar el espíritu con sus llamas…la más pura de las diosas… —manifestó Shiryu con dificultad.

—Claro Dragón, tú has tenido el atrevimiento de poder golpearme, el único de los cinco, por eso tendrás que pagar primero por tu pecado…

Hestia apunta con su cetro a Shiryu y lo embiste con una llamarada blanca, el ateniense pone su escudo al frente y el fuego se desviaba, pronto el humano comienza a sentir una disminución en su cosmos, este era hipnotizado hacia las llamas blancas que se levantaban por todo el recinto, finalmente baja la guardia tras el debilitamiento y recibe el ataque con gran violencia, cayendo contra la pared, completamente derrotado.

—¡Shiryu! Ahora me toca a mí, Hestia…te mostraré mi mejor técnica, la que mejor hace uso del aire frío… ¡EJECUCIÓN AURORA!

Hyoga levanta sus brazos sobre su cabeza, entrelazando sus dedos y conformando una vasija, baja los brazos a la altura de su pecho y dispara un potente torrente de aire congelante, la diosa sitúa su cetro al lugar a donde le ejecución aurora atacaba, esta se apaga al sentir el contacto con la punta de fuego blanco.

—¡Detuvo mi ejecución aurora!

—Es una técnica más poderosa que el polvo de diamantes, la deberías haber usado antes de hacerme llegar hasta lo más alto de mi cosmos, ahora es imposible vencerme…

La diosa del fuego levanta su cetro y luego lo baja, emitiendo potentes llamas blancas que se dirigen a Hyoga, pero Shun se interpone en la trayectoria del ataque.

—¡DEFENSA RODANTE!

Las llamas terminan derribando la defensa rodante al cabo de unos segundos y ambos caen al suelo con dureza.

—Aunque mi ataque llameante no surte efecto en ti, atacaré tu espíritu… ¡PUÑO FANTASMA!

Ikki de Fénix aprieta su puño y se abalanza sobre la diosa, golpeando su psiquis y deslizándose hasta quedar a sus espaldas. Hestia al cabo de unos segundos parecía confundida, luego sonríe y voltea para ver a su adversario.

—Tienes recursos interesantes Fénix, pero usados contra un dios no son más que simples juegos divertidos…pese a que sus armaduras divinas poseen un poder impresionante sus cuerpos están maltrechos, agotados y heridos después de su combate con Apolo…

Entrada al Monasterio del Fuego.

La diosa de la guerra y sus santos llegan al inmenso convento, el cual tenía al frente dos puertas gigantescas que dan al patio de la iglesia principal, a los costados podía observarse varias pequeñas puertas, que daban a capillas, jardines, subsuelos e incluso terrazas del lugar.

—Mis queridos santos, a partir de aquí separaremos nuestro camino, yo iré junto a Seiya a enfrentar a Hestia… —dijo Atenea. —Ustedes no podrán seguirme hasta que no logren apagar los fuegos sagrados que alimentan la cúpula alta del Olimpo…aquel lugar al que solo pueden ascender los dioses y aquellos mortales que sirven a algunos de los seis reyes del Olimpo…otra forma de que ingrese un mortal sería que posea la sangre de un dios, es por eso que Seiya y los demás podrán ir conmigo…a ustedes les queda la complicada tarea de apagar los fuegos si pretenden darnos alcance… —medita unos segundos. —Voy a dejarlo a su consideración, no puedo pedirles en realidad que sigan arriesgando sus vidas en este momento de la guerra…creo que a partir de aquí la única responsable de lo que ocurra soy yo…si deciden enfrentar lo imposible aférrense a la esperanza de la hazaña que pretenden conseguir…adiós, los amo…

—Espere Athena… —dice Shion al ver que la diosa rápidamente cruza las puertas que dan a la entrada principal y la cierra desde adentro, en clara alusión de que se trata de una orden de no seguirla, al menos hasta que los fuegos sagrados estén apagados.

—No tendría sentido esperar ahora el desenlace de la guerra, estoy dispuesto a arriesgar mi vida desde el principio y voy a seguir combatiendo para aportar en lo que pueda… —espeta Kanon.

—Tienes razón Kanon, yo también voy a seguir luchando… —dijo Gliese.

—Está decidido entonces, Gliese, Kanon y yo iremos a extinguir los fuegos sagrados, ustedes tres… —dice dirigiéndose a Shaina, Marín y Kiki. —Regresen al Santuario y reúnanse con los santos que allí quedaron.

—¡De ninguna manera, quién te has creído para decidir cómo debo pasar los últimos momentos de mi vida, yo también tengo derecho a combatir, aunque sea una orden del Patriarca!

—Yo tampoco seguiré esa orden, aunque eso signifique ser considerada una traidora del Santuario, lucharé por Athena… —acota Marín.

—Disculpe maestro Shion, pero yo tampoco voy a obedecer esa orden… —murmura Kiki.

El clima se tensa, el antiguo Patriarca meditaba con su ceño fruncido, tras unos segundos su rostro esboza una sonrisa.

—Ya veo, me parece bien que decidan sacrificar la vida en busca del milagro, ustedes realmente son dignos santos del Santuario…y confío en que alcanzaran el séptimo sentido... ¡lograremos lo imposible!

En el instante que las palabras del Patriarca terminan una de las puertas del monasterio es destruida abruptamente, de la abertura emerge la silueta de un ángel.

—Este hombre es idéntico a Cástor, la única diferencia es que este hombre tiene cabellos negro azabache… —espetó Shion.

—¡Un solo ángel no podrá contra tres santos dorados! —manifestó Kanon.

—Es verdad, puede que no podría contra los tres, pero éste será el round final entre ángeles y santos dorados… —contesta Pólux.

Repentinamente dos puertas más son destruidas por haces de luz provenientes del interior, de ellas emergen la silueta de otros dos ángeles, eran Aquiles y Belerofonte.

—Tres ángeles… —murmura Gliese.

—¡Marín, Shaina, Kiki, nosotros nos encargaremos de esto, ustedes vayan tras los fuegos sagrados! —ordena Shion.

—¡De acuerdo, les dejaremos esta pelea a ustedes! —contesta Shaina y se marcha junto con Kiki y Marín en un rápido movimiento.

—¡Esos tres están buscando sus tumbas y ustedes la encontraran aquí! —amenaza Aquiles.

—¡La tumba será vuestra y esos tres lograrán el milagro! ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

Kanon de Géminis lleva su único brazo al centro de su pecho cerrando su puño, abre su mano y extiende con violencia su extremidad a uno de los costados, para luego dirigirla como un golpe frente a sus rivales, en ese momento Aquiles esquiva hábilmente las estrellas y los planetas que colapsaban sobre él, saliendo ileso, Pólux reconoció el ataque al instante y detuvo las explosiones que quería cernirse sobre él, sin embargo Belerofonte, quién también intento evadir la técnica, había resultado lastimado colateralmente por las explosiones.

Subsuelo del Monasterio del Fuego.

Kiki, Marín y Shaina, se habían separado, esta última había ido a parar a los sótanos del lugar, sin embargo a pesar de los muchos recovecos que había en el lugar, una extraña fuerza parecía llamarla a la habitación más profunda del sótano, al acercarse inmediatamente presiente una poderosa energía, por lo que se pega a la pared, para intentar no ser vista, luego se acerca a una puerta, la cual estaba abierta, sigilosamente entra y aprecia una muchacha que vestía un atuendo de lino, de color blanco, podía verse sus cabellos castaños mientras se encontraba rezando, el fuego ardía al compás de su oración.

—¡Ese es el fuego sagrado sin dudas, lo apagaré después de vencerte! —Shaina interrumpe el rezo, la vestal voltea tranquila pero con un leve fastidio.

—Soy Rea Silvia, una de las tres legendarias vestales, velamos con nuestras vidas para que esta hermosa fogata no se extinga nunca, apagarlo es un sacrilegio, nunca permitiré que lo hagas…

—¡No podrás evitarlo, lucharé arriesgando mi vida, salvaré a Atenea y al mundo de las manos de los malignos dioses del Olimpo!

—Desgraciadamente sólo desperdiciarás tu vida, tengo la habilidad de saber el pasado y el futuro, sé cosas de ti que tú ignoras…

—¡No he venido a este sitio a hablar, ni nada por el estilo! ¡GARRA DEL TRUENO!

Shaina de Ofiuco embiste con velocidad hacia la vestal, con un movimiento de la mano descarga la energía de una temible serpiente, pero su enemiga evita la técnica sin ninguna dificultad.

—Es desafortunado para ti, conozco cada uno de los movimientos que harás…

—Tiene razón, supo evadirme porque sabía lo que iba a hacer…su velocidad se compara a la de los santos de oro como lo mencionó Atenea y el maestro…

—¡No tienes una oportunidad en un millón de derrotarme con tu poder! Sé una chica buena y abandona este sitio sagrado al cual nunca deberías haber venido…

—¡Debes saber que yo nunca me rindo! No he llegado a éste punto del Olimpo para regresar y no me importa arriesgar mi vida en combate…

—Tú llevas la armadura maldita… ¡la armadura de Ofiuco!

—¡Es verdad y despertaré todo su poder para poder vencerte!

—No tienes el poder para vencerme, es inútil que te resistas, tan solo eres un santo de plata…

—¡Cállate! Te mostraré lo que un santo de plata puede hacer…

Shaina arremete contra la vestal lanzando innumerables golpes, pero todos resultan inútiles ante el poder de su adversario, quién luego de esquivar cada uno de los ataques, detiene su último puñetazo.

—Nos separa un abismo en lo que a poder se refiere…

—¡Los guerreros de Athena elevan sus cosmos hasta superar a su enemigo, por más fuertes que sean…logramos verdaderos milagros para salvar a nuestra diosa!

—Tu destino está en la muerte…sé que tu muerte llegará a más tardar en la próxima hora…

—Ya deja de delirar con tus historias… ¡A MI COBRA!

La vestal legendaria esquiva el ataque de Shaina fácilmente, al moverse de una forma imperceptible y aparentando estar en el mismo lugar.

—Nunca podrás atraparme, se absolutamente todo lo que harás… ¡todo! Lo que piensas, lo que harás y tus inútiles técnicas…

—¡Eso no es posible!

—Tu destino es morir en el intento de despertar el alma de Asclepio…

—Asclepio…

—Pero yo no dejaré que despiertes su alma, aunque…es lo mismo si el resucita o no, jamás podrán derrotar al Olimpo, somos un enemigo invencible para cualquiera…

—¡No le temo al destino que me espere! Nadie puede escapar de él, pero lo enfrentaré con entereza, si Asclepio revive será después de mi muerte, pero antes derrotaré a una de las vestales legendarias, Rea Silvia ¡estamos en una lucha de vida o muerte!

—¿Vida o muerte? —Rea Silvia se ríe con elegancia. —Esto es solo un juego para mí…

—¡Perderás por tu soberbia!

Shaina corre velozmente hacia su enemigo y ensaya una poderosa patada, pero la vestal enciende su cosmos dispuesta a atacar.

—Tu destino es morir en el intento, el fracaso… ¡PURIFICACIÓN ASTRAL!

Unas enormes llamas empiezan a rodear a su enemiga, el fuego era de un azul tenue, pero despedía ráfagas blancas, finalmente estas se proyectan en forma vertical como si fueran rayos de fuego, lastimando severamente a Ofiuco, quién se levanta penosamente, con grandes quemaduras en su piel.

—¡No vine a morir a este lugar…!

—Verdaderamente no sé de dónde sacas energías para ponerte en pie, no sólo por este ataque, tú vienes soportando grandes heridas…

—Es porque tengo una misión que cumplir, proteger a Athena y salvar al mundo, son dos razones que me brindan la fuerza para levantarme una y otra vez…

—Mujer, tienes una gran valentía, pero con tu poder no podrás hacer nada, ninguna razón por valiosa que sea te dará el cosmos para derrotarme…

—¡Yo no creo que sea como dices…A MI COBRA!

—¡Tonta, me he cansado de evitar tus ataques!

La vestal detiene con una sola mano la técnica de Ofiuco, con una pasmosa facilidad.

—¡No tengo oportunidad…quizás ésta loca dice la verdad!

—¡Se acercan tus minutos finales…PURIFACIÓN ASTRAL!

El fuego se abalanza sobre Shaina, profiriendo heridas mortales en todo el cuerpo, su armadura está gravemente agrietada, no obstante, con gran dificultad la ateniense logra incorporarse lentamente.

—Es increíble que tu armadura apenas se haya agrietado al recibir mis ataques, a pesar de ser una armadura legendaria debería estar hecha añicos, tal como lo he visto tu armadura ha sido reparada en la fragua de los dioses, tal vez eso sea lo que demore tu muerte, una hora…

—Es hora de que supere mis límites… —dice Shaina entrecortada.

—Su cosmos está creciendo…aun cuando está a punto de morir, su cosmos crece… —pensaba Rea Silvia.

—¡Seiya, tú has sido mi ejemplo, tú siempre has logrado sobreponerte y extender el cosmos al infinito, yo también lo haré Seiya, por ti!

Shaina de Ofiuco eleva su cosmos a un nivel extraordinariamente alto, superando con creces sus límites.

—¡Veamos que puedes hacer! ¡PURIFICACIÓN ASTRAL!

—¡Veo sus llamas!

La ateniense esquiva todos y cada uno de sus golpes con gran agilidad.

—¡Esta mujer…entre la vida y la muerte ha despertado su séptimo sentido!

Repentinamente la armadura de Ofiuco comienza a brillar y a mutar levemente su forma, su brillo comienza a tornarse dorado, finalmente la imponente armadura del décimo tercer santo de oro ha despertado.

—¡Increíble, la armadura dorada de Ofiuco, la armadura que usó Asclepio! Este es el poder del último cosmos, es increíble, con él seré capaz de derrotarte…

—¡Aunque debe ser un logro para ti haber despertado el séptimos sentido y la armadura maldecida, no te ilusiones con pensar que tienes alguna posibilidad! Hay una enorme diferencia entre alguien que apenas ha despertado el séptimo sentido y alguien que lo domina a la perfección como yo…

—¡Ahora veremos si de verdad el abismo es tan grande…GARRA DEL TRUENO!

Una enorme serpiente cósmica envuelve el cuerpo de la vestal, produciendo cientos de descargas eléctricas en todo su cuerpo, al disolverse la técnica la víctima permanece en pie a duras penas, con algunas heridas.

—Es increíble, su técnica ahora es muy potente…creo que he subestimado a esta mujer…a pesar de todo sigo viendo la muerte en el futuro inmediato de esta mujer.

Shaina había despertado a la armadura dorada de Ofiuco, pero su rival seguía profetizando su muerte, mientras los santos dorados que quedaban en pie se enfrentaban a los ángeles, en lo que prometía ser la última batalla de dichos bandos…