Capítulo 57: ¡La determinación de Shaina!

La armadura de Ofiuco había despertado durante el combate entre Shaina y Rea Silvia, los santos divinos seguían combatiendo con Hestia, mientras tanto Atenea se dirigía al lugar de aquella batalla, en el salón principal Shion de Aries, Kanon de Géminis y Gliese de Cáncer se disponían a enfrentar a tres ángeles.

Monasterio del Fuego Sagrado, salón principal.

El santo de Géminis atacó a los tres ángeles con su explosión de galaxias, sin embargo Aquiles con su velocidad insuperable y Pólux por el conocimiento de la técnica habían logrado salir ilesos, no obstante Belerofonte había recibido algún daño al intentar evitar el ataque.

—Santo de Géminis, has sido capaz de herirme… —Belerofonte se toca sus heridas. —Por ello te enviaré al Infierno…

—Entonces tú serás mi adversario y posteriormente mi víctima… —contestó Kanon.

—¡Belerofonte, arranca la cabeza de éste impertinente! —ordena Aquiles.

—¡Kanon! Ten cuidado con éste ángel, Belerofonte en el mito griego era un semidiós hijo de Poseidón… —advierte Shion.

—Conozco su leyenda, lucharé con lo último que me queda de cosmos…

—Yo pelearé contigo Pólux, pero no en éste sitio… ¡ONDAS INFERNAELES!

Gliese enciende una flama espiritual de color blanco en sus manos, sorpresivamente debajo de Pólux aparecen espíritus, los cuales sujetan sus piernas y sus brazos, imposibilitando que pueda defenderse del ataque, el cuerpo del ángel cae inerte al suelo.

—¡Imposible! —dijo sorprendido Aquiles.

—La pelea recién comienza…

Tras unos segundos, el cuerpo de Gliese se envuelve en una llama blanca y al extinguirse la misma desaparece todo rastro de su ser.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Aquiles desconcertado.

—Gliese ha ido a destruir el alma de Pólux en el mismísimo Yomotsu… —explica Shion.

—Si el tal Pólux sabe cómo moverse entre dimensiones le sería fácil regresar… —tercia Kanon.

—Basta de charla, ¡acabaré contigo! ¡TERROR DEL ASIA MENOR!

Belerofonte levanta su rostro al cielo junto con sus manos, haciendo arder su cosmos comienza a invocar un extraño espíritu, de un momento a otro violentamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos en la misma dirección, entonces aquel espíritu y su cosmos se mezclan dando paso a una gigantesca quimera, aquel ser mitológico que poseía tres cabezas, una de león, otra de cabra y una tercera que surgía de su cola como una serpiente, la cual embiste contra el ateniense, produciendo innumerables heridas en su cuerpo, tras lo cual cae violentamente al suelo.

—¡Kanon! —grita Shion preocupado por la suerte del griego.

—Los santos caen como moscas, ahora te toca a ti… —dijo con soberbia Aquiles.

El santo de Géminis se levanta con grandes dificultades, su cuerpo sangra, su armadura estaba aún más agrietada.

—Mucha tenacidad, pero solo prolongas lo inevitable… ¡TERROR DEL ASIA MENOR!

—¡OTRA DIMENSIÓN!

La técnica de Kanon succiona la quimera cósmica espiritual del ángel y sigue avanzando hasta engullir a ambos contrincantes, al desaparecer el portal solo quedan en el lugar Shion y Aquiles.

Capilla Vestal.

El cosmos de Shaina había alcanzado el séptimos sentido y con ello la armadura dorada de Ofiuco había despertado, con su poder logró golpear fuertemente a la vestal legendaria, quién a pesar de verse sorprendida por sucesos inesperados para ella y de ser una persona capaz de ver el pasado y el futuro de la gente no había podido predecir los acontecimientos sucedido. Sin embargo aún Rea Silvia poseía calma, ya que podía ver la muerte de su oponente en el futuro inmediato.

—Parece que después de todo eres un rival a considerar…

Rea Silvia extiende sus brazos a sus costados, su cosmos arde y de la fogata donde ardía la flama sagrada emerge una armadura con la forma de una virgen, la cual se desprende y cubre su cuerpo, era de color dorada con vivos en rojo, naranja y blanco.

—Debes sentirte honrada de que haya considerado usar mi hábito sagrado para combatir contigo, después de todo en esta guerra no puedo darme el lujo de cometer un error…

—¡Tu primer error es la soberbia…GARRA DEL TRUENO!

Una enorme serpiente cósmica de color dorado emerge desprendiendo chispas eléctricas por cada una de sus escamas, abalanzándose contra la vestal y aprisionándola, formando anillos con su cuerpo alrededor de su víctima, para inmediatamente descargar millones de volteos, finalmente ésta última cae al suelo duramente, pero inmediatamente comienza a ponerse de pie.

—¡Afortunadamente visto el hábito sagrado, de lo contrario ese ataque me hubiera matado! —pensaba la vestal legendaria.

—Te habrás dado cuenta que el abismo que nos separaba resultó ser una pequeña brecha, ahora voy a eliminarte con mi próximo ataque…

—Ahora la soberbia eres tú… ¡REMINISCENCIAS DE LA VERDAD DEL SER!

La vestal legendaria junta sus manos en forma de oración, cierra sus ojos, eleva su cosmos y comienza a orar en latín, inmediatamente la italiana queda paralizada.

—¡Qué está pasando, no puedo mover mi cuerpo!

Repentinamente el lugar se cubre de niebla, todo el sitio parece haber cambiado, de entre la espesa bruma aparece una silueta, se trataba de Seiya de Pegaso, quien no vestía su armadura.

—¡Seiya, no puedes ser tú en este sitio!

—No Shaina, la que no debería estar en este sitio eres tú, ¿acaso no confías en mí, ni en Athena? No valoras el sacrificio de todos los que han dado su vida para protegerte a ti y vienes a desperdiciarla inútilmente en una guerra que no te corresponde…

—¡No puedo creer que me estés diciendo esto, no eres tú!

—Escúchame Shaina, ¿acaso no recuerdas a Cassios?

Los recuerdos del discípulo de la portadora de la armadura maldita de Oficio llegan a su mente, especialmente los momentos en los que él cuidó de ella cuando estaba moribunda, luego de ser herida en aquella ocasión por golpe de Aioria de Leo a la velocidad de la luz, cuando se interpuso entre dicho ataque para proteger a Seiya.

—Cassios murió por ti creyendo en que lograríamos salvar al Santuario y así lo hicimos, los santos de oro también han muerto creyendo en nosotros, porque no respetas la voluntad de Cassios y crees tú también en nosotros, para valorar en definitiva la vida por la que tu discípulo dio la suya…

Unas lágrimas empiezan a caer por debajo de la máscara de Shaina.

—¡No Seiya, justamente porque valoro el sacrificio de Cassios y los demás estoy dispuesta a dar mi vida para ayudarte porque creo en ti!

—¡Shaina, no necesitamos tu ayuda, METEOROS DE PEGASO!

Tras realizar su característico ataque, el santo de Pegaso termina a las espaldas de la rival, entonces su máscara se parte en dos y un hilo de sangre asoma desde sus cabellos.

—¡Ese ataque, entonces si eres tú!

—¡COMETA DE PEGASO!

Un enorme cantidad de cosmos se acumula en el puño de Pegaso, quién con poderoso salto se abalanza sobre su enemiga, como un cometa listo para darle muerte, finalmente la técnica impacta de lleno y la arroja violentamente varios metros a lo lejos.

—¡No, tú no eres Seiya, aunque seas capaz de reproducir sus golpes, él no me atacaría de esa manera, no en estas circunstancias!

—Muere de una vez Shaina, ¡COMETA DE PEGASO!

—¡GARRA DEL TRUENO!

Una enorme serpiente cósmica de color dorado emerge, desprendiendo chispas eléctricas por cada una de sus escamas, abalanzándose contra Seiya y aprisionándolo, formando anillos con su cuerpo alrededor de su víctima, para inmediatamente descargar millones de volteos, desapareciendo todo rastro de su adversario.

—¡Lo logré, pero ¿por qué continúa la neblina en este sitio? ¿Dónde está la vestal?

De entre la bruma aparece una segunda silueta, se trata de Marín de Águila.

—¡Marín, debe ser otra ilusión!

—¡Siempre he querido medirme contigo, en una pelea verdadera…EL DESTELLO DEL ÁGUILA!

—¡Rea Silvia, no vas a seguir engañándome con estas ilusiones! ¡GARRA DEL TRUENO!

Las dos técnicas llegan a su objetivo, evadiéndose la una a la otra, la patada del Águila golpea fuertemente el pecho de Ofiuco, la figura de Marín recibe de lleno el ataque de la serpiente, desapareciendo tras el impacto, el ataque había dado en su verdadero objetivo, el cuerpo de Rea Silvia, ahora era visible y que se encontraba ensangrentada, su armadura estaba dañada.

—¡Tienes un poder sorprendente, puedes emular las técnicas de las personas que conozco, ya que lees mi mente y obtienes las técnicas de mis rivales, a través de mis recuerdos, el destello del águila es una técnica sumamente dañina! —dice Shaina tocándose el pecho. —En especial si dicha técnica es ejecutada con el séptimo sentido…

—Has descifrado mis ilusiones, sabías cómo funcionaba el destello del águila y te dejaste golpear a propósito con tal de golpearme a mí…

—¡Nuestras heridas nos condenan a ambas a la muerte, sin embargo yo estoy dispuesta a terminar esta pelea ahora mismo, con un último golpe!

—¡Me parece bien, pongamos todo nuestro poder en un último golpe y veamos quién cae primero, tu futuro sigue siendo la muerte y ocurrirá ahora mismo!

—Entonces te llevaré conmigo…

Ambas contrincantes elevan sus cosmos a su más alta expresión, acumulándolo en sus puños, entonces las dos saltaron la una contra la otra, soltando un golpe en el cual iba todo lo que les quedaba de su poder, un destello cegó el lugar durante un momento, luego podía apreciarse a ambas guerreras paradas, dándose la espalda.

—Creo que después de todo en realidad no existía ninguna diferencia entre nuestros cosmos… —dice Rea Silvia cayendo al suelo.

—Seiya, no puedo morir hasta que no apague esa llama sagrada…

Shaina camina a duras penas hasta fogata, trastabillando, al llegar frente a ella enciende una vez más su cosmos y con el mismo lo dirige a la fogata, tratando de contener las llamas y asfixiarlas, elevaba su cosmos al tiempo que las llamas se achicaban, finalmente lanza un grito y una ráfaga final de su ken extingue la última llama, al tiempo que se extingue su vida.

Monasterio de Fuego.

El combate entre Aquiles y Shion estaba por dar inicio.

—¡Voy a terminar esto en un santiamén, muere Aries!

El ángel embiste a toda velocidad contra el santo de Aries y suelta un poderoso golpe de puño.

—¡MURO DE CRISTAL!

Shion de Aries atina a protegerse con su técnica defensiva, pero el golpe de Aquiles resquebraja el muro, convirtiéndolo en añicos.

—Este hombre posee una velocidad inaudita, este es el poder de Aquiles… —pensaba Shion.

—Tuvo tiempo de defenderse, es un tipo interesante… —pensaba el ángel.

Ambos combatientes se estudian.

—Te convertiré en polvo de estrellas… ¡REVOLUCIÓN DE POLVO DE ESTRELLAS!

El santo de Aries acumula sobre la palma de su mano millones de partículas de polvo cósmico, luego baja violentamente su brazo derecho al frente, liberando el reluciente material, el ángel en un rápido movimiento ensaya una carrera esquivando de frente la técnica rival.

—No puede ser, ha esquivado mi ataque de frente…

—Mi velocidad está más allá de la luz, ya lo entenderás…

Monte Yomotsu.

En las puertas del Infierno se encontraban Gliese de Cáncer y el ángel Pólux.

—Tu existencia física ha terminado, ahora he venido a destruir tu alma…

—Te recuerdo, eres el santo plateado de Altar que ha heredado la armadura de Cáncer, observé tu combate contra Apolo y también aquellos en los que derrotaste a la satélite galileana llamada Ganimedes y a Dafnis, heraldo de Hermes, espero que esto no resulte aburrido…

—¡Sin tu cuerpo no tienes posibilidades de vencerme…FUEGO DEMONÍACO!

El alma del ángel es rodeado por fuego fatuo, de pronto su alma empieza a arder junto con azules llamas, un desgarrador grito acompaña la escena.

Entonces cuando parece que todo ha terminado para el ángel, este aparece frente al santo de Cáncer y le encesta un fuerte golpe en el rostro que le saca el casco, arrojándolo hacia atrás con gran violencia.

—¡Pero si acabo de ver como su alma se quemaba! ¿Acaso fue una ilusión?

—El único motivo por el cual aún continuamos aquí es porque he decidido que este sitio sea tu tumba, voy a arrojarte en cuerpo y alma al abismo del Yomotsu…

—Te equivocas, ya no vas a engañarme más, en cuanto te alcance mi fuego fatuo tu alma se extinguirá…

Pólux levanta sus manos al cielo y genera una distorsión del espacio.

—¡OTRA DIMENSIÓN!

Monasterio del Fuego, salón principal.

Shion apenas lograba defenderse con su muro de cristal, mientras que parecía que su rival estaba jugando, repentinamente algo llamó la atención de los combatientes, un portal dimensional apareció en el lugar, rodeando el cuerpo de Pólux, el cual desapareció en un instante.

—No es posible, acaso Pólux…

—No deberías sorprenderte, quizá Pólux sea después de mí el ángel más poderoso del Olimpo…

—No debes subestimar a ningún santo de Athena, yo he sido testigo del poder de la esperanza, yo he visto milagros de santos de bronce convertidos en guerreros divinos...

—¡Basta de palabrerío, hasta cuando vas a seguir escapando de mis golpes!

Monte Yomotsu.

Frente a la incrédula mirada de Gliese, el cuerpo de Pólux apareció justo donde se encontraba su alma, unificando lo que el primero había separado.

—¡Increíble, has usado la otra dimensión para traer tu cuerpo físico!

—Ya te lo he dicho, solo seguimos en este lugar porque he decidido arrojarte al abismo del Inframundo…

Monasterio del Fuego, ruinas del atrio principal.

Los santos divinos se enfrentaban en un complicado combate contra la diosa del fuego y del hogar, Shiryu se encontraba fuera de combate, los otros cuatro estaban heridos.

—¡Espera Ikki! Tengo una idea… ¡Shun, si eres capaz de crear una poderosa tormenta nebular y llevar con ella mi polvo de diamantes…quizá tengamos alguna oportunidad!

—¡Podrían hacer una tormenta de diamantes! —expresa Seiya.

El santo de Andrómeda enciende su cosmos y un viento nebular de enorme caudal de poder se arremolina a su alrededor.

—¡TORMENTA DE DIAMANTES! —gritan Shun y Hyoga al unísono.

Una feroz tempestad nebular se mezcla con el viento congelante y partículas de cristales de hielo, la tormenta poseía una fuerza feroz, una temperatura que superaba el cero absoluto, la diosa siente sus movimientos lentos, pronto advierte que su kamui comienza a cristalizarse, el viento nebular la arroja hacia atrás con gran violencia.

—¡Lo han conseguido! —dijo animado Seiya.

—No, todavía no… —advierte Ikki.

La diosa se levanta sin mayores dificultades.

—No funcionó… —se lamenta Hyoga mientras retrocede abrumado.

—Ha sido sorprendente vuestro ataque combinado, pero ni aun así podrán vencerme…

Repentinamente irrumpen los siete generales marinos en el recinto de Hestia.

—Andrómeda, ¿es que ni todos los santos divinos juntos son rivales para un dios?—pregunta Sorrento.

—Hestia es muy poderosa, hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus… —responde Shun.

—¡Pero lograremos el milagro, derrotaremos a Hestia! —exclama Seiya.

—Más traidores del Olimpo… —murmura Hestia.

—Ningunos traidores… —contesta Baian. —Nosotros siempre hemos servido la voluntad de Poseidón y no la del Olimpo, si la voluntad de Poseidón es la voluntad del Olimpo que así sea, pero si no es así entonces no es nuestro problema…

—Traidores o no ahora son enemigos del Olimpo y no los dejaré avanzar… —espetó la diosa.

—Isaac… —dice Hyoga mirando a su antiguo compañero con nostalgia al tiempo que unas lágrimas asoman en su rostro.

—Hyoga, esta vez combatiremos juntos… —dijo Isaac sonriendo.

—No Isaac, nosotros le debemos un favor a Julián y vamos a pagarlo ahora, les abriremos paso al siguiente templo…

—¡TORMENTA DE DIAMANTES! —gritan Shun y Hyoga al unísono.

Un increíble viento nebular con polvo de diamantes embiste contra la diosa, pero esta lo elude con facilidad, los generales marinos intentaban escapar en ese momento pero la deidad arroja sobre todos los mortales una llamarada blanca, cuando las llamas se disponían con arrasar con los santos estas se extinguieron repentinamente debido al poder de Atenea, que acababa de ingresar al recinto.

—Atenea, finalmente vienes a dar la cara… —recrimina Hestia.

—Hestia, el que siempre se ha escondido ha sido Zeus, yo vengo a hacer justicia…

—¡No existen las guerras justas, eres la diosa de la mentira!

—La justicia la rigen los valores que apuntan al progreso de la especie, en busca del bien común…a pesar de la corrupción de los humanos, de su sed de poder, de la avaricia y de su ambición desmedida, los humanos encierran dones tan nobles y sentimientos tan puro como la que tienen los dioses, me atrevo a decir que los humanos sienten con más pasión y más pureza que los mismos olímpicos…

—Las atrocidades de los humanos tienen una escala mucho más grave que las que sus virtudes aportan al equilibrio del universo…

—¡Guerreros de la humanidad, avancen con la esperanza en alto de la salvación del mundo!

—¡Te esperaremos más adelante Saori! —dijo Seiya.

La diosa de la guerra usa su cosmos e inmoviliza a Hestia, entonces los mortales avanzan, abandonando los dominios de Hestia, finalmente la diosa del fuego logra liberarse.

—Atenea, aunque hayas permitido el paso de tus guerreros y los generales marinos, no has hecho más que condenar tu existencia…ahora pelearemos una contra la otra…y ¡yo terminaré la guerra!

—Hestia, es una lástima que seas mi enemiga, por favor te ruego, recapacita…

—No hay nada que recapacitar Atenea, nuestro combate es inevitable…

Algún rincón del universo.

Kanon de Géminis había llevado al ángel Belerofonte a combatir dentro de la otra dimensión.

—¿Qué es este lugar? —dice Belerofonte mientras volaba con las alas angelicales.

—Imposible saberlo hasta para mí, estamos perdidos en el espacio…

—En ese caso te asesinaré y luego regresaré al Olimpo, no importa que tan lejos esté…mi victoria es segura, en tu estado no tienes oportunidad de vencer, tus heridas se abrirán poco a poco mientras combatimos…

—Que optimista eres… ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

El poderoso ken de Géminis se veía incrementado dadas las condiciones de lugar, al estar flotando en la nada, las estrellas explotaban en todas las direcciones alrededor del ángel, sin embargo, este último haciendo uso de sus alas evade todas las explosiones con gran destreza.

—Ya he visto tu técnica, no puedes vencerme, abandona tus esperanzas…

Monte Yomotsu.

El ángel Pólux se encontraba en cuerpo y alma nuevamente, dispuesto a enfrentar al joven otrora santo de Altar, quién vestía el manto sagrado de Cáncer.

—¡Zanjemos este combate ahora, tengo que proteger a mis dioses, por eso es necesario que te derrote ya mismo…EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

El ángel expande su puño al frente, liberando una explosión de planetas que arremeten al santo, este último intenta evitar la técnica y comienza a esquivar las primeras explosiones, pero finalmente una lo atrapa, su armadura dorada es destruida completamente, sin embargo sus corazas le habían salvado su vida.

—Milagrosamente te encuentras vivo, pero un golpe más y habrás cruzado al país de los muertos…

—Este hombre quizá sea más poderoso que Saga… —reflexiona Gliese en silencio. —Pólux, me has hecho llegar al límite, voy a usar mi técnica más poderosa contigo…

Repentinamente unas almas aparecen detrás del ateniense, se trataba de los espíritus de los difuntos de la Guerra Olímpica, santos de bronce, plata y oro.

—Esa es la misma técnica que usaste contra Apolo…

—¡MARCHA DE LOS ESPÍRITUS CELESTIALES!

Las almas de los santos forman una enorme esfera celeste, la cual ataca de manera conjunta y directa sobre Pólux, quién intenta detener la técnica poniendo sus manos al frente, el ataque comienza a hacerlo retroceder y finalmente lo impacta, rasgando parte de su gloria, para sorpresa del ateniense el ángel se pone de pie y enciende su cosmos.

—¡No puede ser, este hombre es capaz de soportar la técnica que une a todos los santos, pero mi técnica tiene incluso el poder de los doce santos de oro fallecidos, ¿cómo es posible que la hayas resistido?

—Debo reconocer que tu técnica me habría eliminado de no ser por un detalle que quizás desconoces…Zeus ha abierto un portal al Tártaro, la cual absorbe las almas de todos los muertos que caigan en el Cocytos, en otras palabras aquellos cuyo pecado ha sido revelarse contra los dioses, es decir ustedes los santos, por lo tanto no puedes invocar el verdadero poder de las almas que allí yacen…

—No pensé que eso fuese a limitar el poder de la marcha de los espíritus…

Repentinamente el ángel se sitúa frente el ateniense y le propina un poderoso golpe de puño en la quijada, noqueándolo por completo. Pólux toma a Gliese y lo arrastra hasta la cima del Yomotsu, al llegar allí el ateniense comenzaba a volver en sí.

Sin embargo, el ángel sin darle tiempo a reacción, lo tomó del cuello y lo arrojó a las profundidades del abismo que lleva al Infierno.