Capítulo 58: ¡La redención definitiva!
Atenea arribó al Monasterio de Fuego e interrumpió la terrible batalla que Seiya de Pegaso, Shun de Andrómeda, Shiryu de Dragón, Hyoga de Cisne e Ikki de Fénix mantenían con Hestia. Los siete generales marinos que habían irrumpido momentos antes de la aparición de la diosa, se vieron beneficiados por el accionar de la misma, ya que les permitió avanzar en conjunto con los santos hacia los dominios de Deméter.
Los santos de oro que entablaban un enfrentamiento con los ángeles se habían dispersado en emparejamientos individuales. En el Yomotsu, Gliese de Cáncer es derrotado por Pólux, quién lo había arrojado a las profundidades del Averno, Kanon se encontraba combatiendo en otra dimensión contra Belerofonte, en tanto Shion luchaba contra Aquiles, en el salón principal del monasterio.
Shaina de Ofiuco había conseguido despertar el séptimo sentido y tras ello logra despertar la armadura dorada maldita, la del decimotercer signo. En una batalla mortal donde no hubo sobrevivientes, Shaina se las arregló para extinguir la primera llama sagrada.
Monasterio del Fuego, salón principal.
Marín de Águila caminaba en busca del fuego sagrado, tras recorrer varias capillas no encontraba la llama, había sentido el cosmos de Shaina desaparecer y luego sintió lo mismo de Gliese, la máscara ocultaba gruesas lágrimas pero tenía que ser fuerte y apoyar a su discípulo, Seiya de Pegaso, en contra de Zeus.
—Shaina, Gliese, lucharé por sus mismos ideales… —dice Marín apretando su puño. —¡Debo ser implacable!
La japonesa llega a una puerta imponente, cuidadosamente la abre y entra sigilosamente en guardia, era una capilla que tenía aberturas y un pequeño jardín bajo una cúpula, hasta que sus ojos aprecian un imponente recipiente del cual surgían mágicas llamas.
—Podrá ser… ¡ESTRELLAS FUGACES!
La guerrera oriental enciende su cosmos de color celeste y extiende su brazo al frente, de su puño cerrado surgen varios cientos de meteoros que superaban la velocidad del sonido, los cuales chocan contra el fuego eterno, este se mueve lanzando llamas en la capilla, pero no obstante esto, sigue manteniéndose encendido.
—¿Qué? Imposible, mis meteoros no han hecho menoscabo en esas llamas…
—¡El fuego sagrado es el símbolo más importante en la morada de los dioses, una simple mortal como tú mujer jamás podría extinguirlo!
—Una sacerdotisa… ¿se tratará de una vestal?
La guardiana vestía una túnica de lino blanco, tenía un cabello lacio de color rubio, poseía un rostro bello y tranquilo, cubierto parcialmente por un velo semitraslúcido, que dejaban ver unos hermosos ojos pardos.
—Yo soy Concordia, una de las tres vestales legendarias, aquellas que tenemos el privilegio de servir a Hestia, para serte sincera no me gustaría bañar de sangre mi santuario, te invito a retirarte…
—¡Eso jamás! Hemos visto el sacrificio de muchos camaradas, unos tras otro, volverme al Santuario sería traicionar sus memorias…
—Entiendo tus tan nobles sentimientos, pero yo juré a mi señora Hestia mantener encendido este fuego sagrado aún a costa de mi vida.
La vestal legendaria eleva su cosmos, al instante aparece una armadura de color dorado, con detalles rojos, la cual formaba un tótem que tenía la forma de una virgen, tras unos segundos sus fragmentos se separan, cubriendo su cuerpo.
—Ahora que llevo puesto mi ropaje sagrado no tengo dudas en tomar tu vida…
—Prueba mi poder… ¡ESTRELLAS FUGACES!
La tutora de Pegaso enciende su cosmos de color celeste y extiende su brazo al frente, de su puño cerrado surgen varios cientos de meteoros, la vestal elude todos los meteoros pero sin que lo notara Marín aparece debajo de ella, sus meteoros estaban a punto de ser encajados, pero finalmente la olímpica se teletransporta unos metros atrás.
—Así que puedes usar ilusiones, pero eres muy lenta para enfrentarte a una de las tres vestales legendarias…
—¡Es como dijo el maestro, debo despertar mi séptimo sentido! —pensaba Marín.
Monasterio del Fuego, ruinas del atrio principal.
Las diosas se encontraban frente a frente, ambas portaban sus kamui sagradas, Hestia no estaba dispuesta a dejar pasar a Atenea, tampoco a que apagase el fuego sagrado, la cual traería la desgracia del Olimpo.
—Sin Nike no lograrás la victoria, hace un momento me dijiste que tenía que recapacitar y darte paso, me gustaría que la que revea su actitud seas tú, firmemos la paz, el Olimpo no puede ser destruido.
—Mientras la humanidad no sea castigada y la Tierra no sea destruida, firmaré cualquier tratado de paz…
—Zeus traerá la paz a costa de cualquier tratado que firmemos tú y yo, tus condiciones no influyen en los planes de los dioses, sin embargo se te ofrecerá amnistía, a ti y tus santos, quiénes podrán formar parte del nuevo mundo ¿no es acaso eso benévolo y más que suficiente?
—No puedo permitir que paguen inocentes por pecadores, yo y mis santos estamos dispuestos para salvar a los primeros, no de sacrificarlos a ellos para salvarnos nosotros…
—Nuestras posiciones son irreconciliables al parecer, no te dejaré pasar, usaré todo mi poder para vencerte, los santos divinos por más poder que tengan nunca podrán en contra de Zeus…Athena, tú sabes bien que el Olimpo ha ganado la guerra de la Titanomaquia, cuando derrotamos a Cronos y los titanes, luego vencimos en la Gigantomaquia, contra Tifón y su increíble poder…
—Venceré a Zeus, está escrito en el oráculo, el círculo del hijo que mata al padre se cumplirá, así como Urano cayó en manos de Cronos y éste último en manos de Zeus, el rey olímpico caerá en mis manos.
—¡Muere Atenea!
Hestia levanta su cetro, repentinamente del mismo sale expulsado un potente fuego blanco, que va quemando todo a su paso, Atenea pone su escudo de la justicia de frente, el fuego blanco termina finalmente repelido al levantar ésta última su arma defensiva.
—Eres tan fuerte como lo creía, la hija preferida de Zeus…
—No quiero lastimarte, eres mi tía, la más pura de las diosas, pero apártate del camino… —dice Atenea mientras se mueve lentamente hacia adelante.
—No puedo… —contesta Hestia mientras impide el paso.
—¡Aunque no tenga a Nike conmigo, mi cosmos arderá al infinito, así como lo hacen mis santos!
La diosa de la sabiduría concentra una luz dorada en la palma de su mano, que brillaba con gran intensidad, tras unos segundos dicha luminosidad gloriosa se abalanza sobre Hestia, quien crea una esfera de fuego blanco que la protege, al cabo de unos segundos la diosa del fuego estaba indemne.
—¡Asombroso! —exclama Atenea sorprendida.
—No sé qué te sorprende tanto, soy una de los seis dioses originarios, aquellos que derrotaron a los titanes…
La diosa hogareña enciende fuego en los alrededores de la invasora, la cual siente sus fuerzas rápidamente mermadas, tras unos segundos tambalea.
—Estás en una situación espiritual muy endeble, curar a los santos divinos fue algo completamente agotador para tu cosmos, después de ese combate contra Zeus todo debió haber terminado, alargaste la agonía inútilmente…
La guardiana del fuego sagrado expulsa una potente llamarada blanca de su cetro, Atenea acomoda su escudo de frente, el fuego salía expulsado a los costados, tras unos segundos la diosa guardiana de la Tierra trastabilla, hasta que las potentes llamaradas la voltean finalmente, recibiendo heridas de fuego en todo su cuerpo.
Monasterio del Fuego, salón principal.
Shion luchaba contra Aquiles, el poderoso ángel esquivaba fácilmente la revolución de polvo estelar y era capaz además de destruir el muro de cristal con simples golpes de puño.
—El cosmos de Gliese ha desaparecido… —murmura Shion apesadumbrado.
—¡El joven santo de Cáncer no era rival para Pólux…y tú no eres rival para mí! ¡RAYO GAMMA!
—¡MURO DE CRISTAL!
El ángel extiende su puño y miles de partículas radioactivas son expulsadas a una velocidad inaudita, las cuales electrifican y destrozan al muro de cristal en un instante, el santo de Aries se teletransporta velozmente unos metros atrás.
—Bastante bien Shion, tienes experiencia al parecer…
—Tengo una experiencia de doscientos años, sé que no puedo combatirte cuerpo a cuerpo… —expresó el santo de oro mientras siente nuevas micro fisuras en la armadura dorada de Aries. —¡Pero estaba seguro de haberlo esquivado!
—Ni siquiera un guerrero perfecto podría vencerme… —se vanagloria Aquiles.
Algún rincón del Universo.
Kanon de Géminis se encontraba enfrentando a Belerofonte, el primero usó su explosión de galaxias pero el ángel la eludió con éxito, tras observarla por segunda vez.
—¡Es hora de ponerle fin a éste enfrentamiento, adiós Kanon…TERROR DEL ASIA MENOR!
El ángel levanta su rostro al cielo junto con sus manos, haciendo arder su cosmos comienza a invocar un extraño espíritu, de un momento a otro violentamente hace un paso hacia adelante, extendiendo sus brazos en la misma dirección, entonces aquel espíritu y su cosmos se mezclan dando paso a la gigantesca Quimera, los ojos de Kanon brillan de color dorado y logra recordar la técnica cuando la recibió por primera vez, al instante reacciona filtrándose entre diversas dimensiones, al final regresa frente a su rival.
—¡Eres fuerte Géminis, aún con tus heridas eres un gran rival!
—Te venceré dominando tu mente… —susurra Kanon mientras intenta hacer el Satán imperial pero pronto siente que una de sus terribles heridas causadas en la batalla contra el ángel Erictonio se abre. —¡Maldición!
—Te lo dije antes, con esa hemorragia morirás, pero te ahorraré el sufrimiento…mis golpes más elementales servirán mejor aquí incluso que en el Olimpo, pronto lo entenderás… ¡RAYOS CÓSMICOS!
Belerofonte genera una pequeña estrella en su mano, aplastándola luego, para liberar un potente rayo radioactivo disparado a la velocidad a la luz, comparable con los rayos cósmicos emitidos al explotar una supernova, capaces de arrasar con planetas enteros, Kanon recibe el ataque en toda su intensidad, su cuerpo flota en la otra dimensión con sus graves heridas abiertas por completo, la hemorragia se acelera.
—Adiós tenaz santo de Géminis, Kanon, uno de los grandes pecadores, has sido castigado por haber engañado a Poseidón, te dejaré flotando en otra dimensión, eternamente…
Cuando el olímpico estaba listo para emprender vuelo de regreso al Olimpo, a través de las dimensiones aparece súbitamente Kanon, quién con un feroz golpe de puño intenta perforarle el pecho al ángel, al impactarlo el pecho de la gloria estalla en pedazos, una luz cósmica reluce a sus espaldas.
—¡No puede ser que haya sido capaz de romper mi gloria con su mano desnuda, pero ya no puedes hacer nada, has dejado todo en ese último golpe y no has logrado matarme, muere finalmente!
El ángel crea una pequeña estrella en su mano, abatiéndola luego, liberando unos potentes rayos radioactivos disparados a la velocidad a la luz.
—¡OTRA DIMENSIÓN!
En ese momento el cuerpo de Kanon empieza a ser disuelto por los rayos cósmicos, que aprovechando que no había ningún campo electromagnético, no había ninguna forma de materia que afectara la resistencia de la física del ataque, el mismo podía expandirse a la escala real del fenómeno.
—A pesar de que lo he derrotado me ha demorado en esta dimensión…
En ese instante el tiempo espacio comienza a distorsionarse y el ángel cae en otra dimensión, dentro de otra dimensión.
Monasterio de fuego, patio de una capilla interna.
En el patio de una pequeña iglesia del enorme monasterio, Kiki de Buril caminaba atento, hasta que de repente algo se mueve entre las plantas, al acercarse surge una serpiente que se erige levemente y comienza a hablar.
—Joven santo, aquel que fuera adorado como un dios en el Santuario está por regresar, hay esperanzas…
El pequeño santo de Buril se encontraba perplejo, no entendía que estaba pasando, entonces recordó los relatos de Shun, de aquellas serpientes que precedieron a la aparición de Odysseus en la anterior guerra santa, el santo que fuera la reencarnación de Asclepios.
—Decían que las serpientes eran los seres más nobles del Santuario ¿estará esto relacionado con el cosmos de Shaina?
Salón principal del Monasterio del Fuego.
Mientras Shion y Aquiles entablaban lucha, irrumpen un centenar de serpientes, que se arrastran acercándose a los guerreros, mientras que una de dichas serpientes comienza a hablar.
—Aún hay esperanzas para el Santuario, aquel al que Zeus castigó con sus fulminantes rayos regresará.
—Serpientes, que significa esto… —balbucea Aquiles.
—El espíritu de Asclepio ha despertado tras la muerte de Shaina… —murmura Shion.
El ángel estaba perplejo, pensando en la leyenda del legendario santo dorado de Ofiuco.
Monasterio del Fuego, ruinas del atrio principal.
La diosa de la sabiduría se encontraba en desventaja frente a su rival, quién pese a las heridas causadas por los santos divinos estaba en mejores condiciones, ya que Atenea había elevado su cosmos más allá de lo que su espíritu podía resistir.
—¡Kanon…! —dice Atenea mientras una lágrima recorre su rostro. —¡Tu redención fue completa, eres digno merecedor del perdón divino! Seguiré luchando por ti y los demás…
Mientras las diosas se encontraban frente a frente algo llama su atención, cuando estas miran a los costados pueden apreciar que unas serpientes aparecían inesperadamente.
—¡Qué demonios es esto! —se pregunta Hestia.
—Entonces, tú eres…
—¿De qué puede tratarse esto? —dice la diosa del fuego confundida.
—¡Nuestro amo está a punto de resucitar tras doscientos cuarenta y siete años, su voluntad surgirá en esta guerra santa, será la venganza de Asclepio!
—El santo dorado de Ofiuco despertará… —musita Hestia.
Detrás de la diosa de la sabiduría aparece una luz dorada que brillaba fuertemente, dicha luz con forma de cuerpo se asoma, tras acabar el resplandor puede verse la hermosa armadura de Ofiuco, un imponente báculo era sostenido por las manos del misterioso llegado, por dentro de la armadura podía verse un cuerpo momificado.
—¡Ofiuco! —exclama Atenea.
Tras unos segundos el cuerpo momificado comienza a regenerar una extraña piel, al cabo de unos segundos podía verse su rostro, sus cabellos castaños, sus ojos violeta y una imponente actitud de seguridad.
—Asclepio, si quieres participar en esta guerra santa sigue hacia adelante… —susurra su diosa.
—Soy un santo de Atenea, es mi deber luchar por la justicia…
El santo legendario enciende su enorme cosmos.
Capilla Vestal.
La guardiana del fuego sagrado usaba su imponente poder de forma impecable ante una impotente Marín.
—Tu cosmos actual no es competencia para el mío… —manifestó Concordia.
—Es cierto…su cosmos es comparable con el de los santos de oro…pero Seiya y Athena nos necesitan… ¡ESTRELLAS FUGACES!
El cosmos de Marín se eleva con el doble de potencia, pero la vestal mueve sus manos a los costados, deteniendo cada uno de los meteoros.
—¡Los detuvo sin esfuerzo con sus manos desnudas!
—Tu último ataque ha sido un poco más veloz, no te aflijas…pero aún estas muy lejos de la velocidad de la luz, nosotros las vestales podemos movernos a esa velocidad sin ninguna dificultad, renuncia a esta batalla, no quiero matarte.
—¡Eso es innegociable, te venceré aunque tenga que intentarlo muchas veces!
—Vete de aquí, no quiero usar todo este grandioso poder en ti, vete y te perdonaré la vida…
—No quiero tu compasión, debo aceptar tu bondadosa misericordia, pero los santos hemos venido logrando milagros, no será el primero que consigamos…. ¡EL DESTELLO DEL ÁGUILA!
Marín salta, cayendo plumas de dicho movimiento, cuando está en el aire se suspende con su cosmos rebosante de poder y con gran velocidad cae sobre su rival, pero la técnica es bloqueada por una barrera cósmica de la vestal.
—¡Tu poder está creciendo ampliamente! Reconozco en ti un gran valor mujer, pero todavía no estás calificada para enfrentarme…
—¡Mi cosmos seguirá creciendo hasta vencerte…!
—Quizás seas una amenaza para el Olimpo si no te venzo ahora mismo… ¡YUXTAPOSICIÓN FATAL!
Concordia enciende su cosmos, al instante la guerrera ateniense siente su cuerpo paralizado y su cosmos comenzaba a esfumarse misteriosamente, al ver su cuerpo puede apreciar varios puntos blancos en su cuerpo.
—¡No puedo moverme!
—Mi técnica es capaz de localizar tus puntos estelares, si miras con detenimiento tu cuerpo podrás observar las estrellas de la constelación de Águila…
—¡Tiene razón! —dice Marín al observar su cuerpo. —Mi cosmos está desapareciendo…
—En efecto, la yuxtaposición fatal es un ataque al cuerpo, pero también al espíritu, al mismo tiempo que tu cosmos desaparece el mío es fortificado por el tuyo, en otras palabras ahora estás derrotada finalmente, sepultaré tu valor con honor, enterraré tu cuerpo en el glorioso Olimpo...
Tras unos segundos Marín cae sin energías al suelo, su cosmos es prácticamente imperceptible, su cuerpo esta empalidecido, sus ojos se cierran.
—Estás acabada…admito que no me resulto tan sencillo…pero te había dicho que no estabas calificada para enfrentar a una de las tres vestales legendarias…
La vestal legendaria voltea con los ojos cerrados y camina unos pasos pero pronto advierte un cosmos tratando de encender.
—¡Entonces sigues con vida!
—Todavía no estoy vencida…
La guerrera de Atenea se reincorpora con enormes dificultades, aunque tambaleaba por momentos, la sangre brotaba de su cuerpo.
—¡Debo aceptar que guardo admiración a tu espíritu de combate!
—Así somos los guerreros de Atenea… ¡ESTRELLAS FUGACES!
El cosmos de la japonesa crece poco a poco, detrás de ella puede apreciarse un enorme águila en forma cósmica, en un sorpresivo movimiento de su brazo derecho los meteoros surgen a una velocidad superior a la de hace unos momentos, al cabo de unos segundos cada golpe era aún más veloz, la vestal evade los meteoros con gran agilidad pero con mayores dificultades esta vez.
—¡Sus puñetazos están alcanzando la velocidad de la luz…! —dice Concordia agitada.
—¡Entonces este es el séptimo sentido! ¡ESTRELLAS FUGACES!
La vestal legendaria enciende su cosmos con gran determinación y acumula todos los meteoros en su mano, luego los devuelve a Marín, quién recibe todos sus golpes hasta caer prácticamente devastada, un enorme charco de sangre recubre el suelo.
—¡Adiós para siempre Marín!
La guerrera de Hestia estaba convencida de su victoria, pero pronto siente un pequeño ruido y advierte que arriba suyo aparece Marín, quién lanza sus meteoros que dan en todo su cuerpo, hasta que finalmente la olímpica cae al suelo duramente, su hábito sagrado fue agrietado en varios puntos.
—No puede ser, me he confiado…está manejando con gran habilidad el séptimo sentido…
—Con mi séptimo sentido puedo usar mis ilusiones con mayor poder… ¡ahora estamos al mismo nivel!
—Tenía razón en pensar que podías llegar a convertirte en una amenaza para el Olimpo…después de todo eres una de las sobrevivientes de la batalla de las órbitas de la Luna…
—¡Ahora recibirás nuevamente mi golpe…ESTRELLAS FUGACES!
—Ya conozco tu técnica y tus estrategias…
Millones de meteoros arremeten contra la vestal, pero esta logra ver todos y cada uno de los meteoros, tras unos segundos Marín aparece arriba usando sus ilusiones, la olímpica se mueve a un costado eludiendo los meteoros, cuando parecía ser el final del ataque la ateniense aparece debajo de su enemiga y vuelve a lanzar sus meteoros.
—¡Ya conocía tus intenciones! —Concordia se teletransporta al lado de la atacante y agarra su brazo.
—¡Maldición!
—Tu golpe al vacío no siempre funcionará…y ahora tengo que eliminarte…
La vestal legendaria eleva su cosmos y el brazo de Marín comienza a ser incinerado.
—¡Mi brazo se está quemando!
Marín se libera con su cosmos y el fuego se disipa un poco, por escaso margen no pierde su brazo.
—Tu brazo ha recibido quemaduras muy severas, lo próximo será quemar todo tu cuerpo… ¡ALTAR DEL SACRIFICIO!
La vestal comienza a orar en latín, ofreciendo un sacrifico a Hestia con su rezo, el lugar pronto se distorsiona, convirtiéndose en el atrio de una imponente iglesia de oro, de repente inexplicablemente Marín se encuentra acostada sobre un gigantesco altar, rodeado de llamas blancas.
—Tu vida será una ofrenda para mi diosa Hestia, si intentas escapar las llamas consumirán tu cuerpo, si te quedas ahí el oxígeno de tu alrededor te acabará, el calor te abrumará y tu cuerpo se deshidratará, en cuestión de minutos serás un cadáver seco…
Marín de Águila lanza sus meteoros a la velocidad de la luz, pero los mismos son consumidos en las llamas que rodean al altar.
—¿Acaso estoy condenada?
—Por fin te has dado cuenta, ya no hay esperanza para ti…
—La esperanza, aunque muera mi esperanza no morirá, yo creo en Atenea, en Seiya y en los demás, una parte de mí vivirá mientras ellos vivan… ¡voy a darlo todo para ayudar en lo que pueda, así deje mi vida aquí voy a extinguir la llama sagrada! ¡ESTRELLAS FUGACES!
Los meteoros empiezan a golpear a un mismo punto de las llamas que rodean el altar, poco a poco en las ardientes paredes comienza a abrirse un espacio entre las llamas, por donde escapa un último meteoro cargado con toda la fuerza de la esperanza y del cosmos de Marín, el cual golpea a Concordia en su cabeza, destruyendo su casco y lastimando su cabeza, al tiempo que es derribada al suelo.
—Mi deber es proteger el fuego sagrado… —dice Concordia poniéndose de pie.
—¡Voy a matarte y a apagar ese fuego ahora!
—No me subestimes, voy a acabarte de un solo golpe… ¡LUZ DE LA PENITENCIA ETERNA!
La vestal se arrodilla y su cosmos se convierte en una flama blanca, repentinamente su intenso brillo se libera de su cuerpo dispuesto a pulverizar a Marín.
—¡ESTRELLAS FUGACES!
Las técnicas de las contendientes se cruzan sin afectarse y continúan su recorrido, un intenso brillo se produce alrededor de Marín, al tiempo que millones de golpes impactan en el cuerpo de la sacerdotisa vestal, destruyendo su armadura en pedazos. Al desaparecer el brillo que rodeaba a la guerrera del Águila, puede apreciarse a un ángel, Ícaro, quién sostiene a Nike en su mano.
—¿Qué pasó? —preguntó Concordia con su último suspiro, mientras cae al suelo sin vida.
—¡Hermano, Touma, me salvaste!
—Hermana, no estoy dispuesto a perderte…
—Touma, hay que apagar el fuego…
—¡El báculo absorbió el ataque mortífero de la vestal, estoy seguro que podrá absorber las llamas que alimentan al fuego sagrado!
El ángel levanta a Nike y apoya la insignia superior de la victoria entre las llamas del fuego sagrado, las cuales comienzan a menguar hasta apagarse.
—¿Dónde has estado en todo este tiempo? —preguntó Marín.
