Capítulo 59: Bendición divina…
La cruenta guerra santa contra Zeus no tenía compasión, luego del combate contra el ángel Belerofonte, la vida de Kanon de Géminis se había extinguido, Shion de Aries era el último de los santos que habían escapado de los Avernos que aún se encontraba con vida y tenía un duro enfrentamiento contra el ángel Aquiles.
Marín de Águila había vencido a la vestal Concordia gracias a la intervención de su hermano, el ángel Ícaro y al igual que Shaina de Ofiuco, consiguieron apagar el segundo de los tres fuegos sagrados, los cuáles eran protegidos por las vestales legendarias. El sacrificio de Shaina permitió que el legendario santo de la época del mito conocido como el decimotercer santo maldito despertara, Asclepio, aparece interrumpiendo el enfrentamiento entre Atenea y Hestia.
Monasterio del Fuego.
Kiki de Buril se encontraba perdido, ya había recorrido todo el monasterio pero no podía percibir el lugar donde se encontraba el fuego sagrado.
—Al parecer un poderoso y gigantesco cosmos está tratando de confundir mi espíritu para que no pueda localizar el fuego sagrado, pero no funcionará… —cierra sus ojos y visualiza un punto ciego con su telequinesia. —No me seguirás engañando… —atraviesa la pared, descubriendo que era una ilusión y entra seguidamente a un recinto.
Se trataba de una hermosa capilla, que tenía imágenes religiosas, una hermosa sacerdotisa de largos cabellos castaños y ojos marrones miel estaba orando, portaba entre sus manos una antorcha.
—Ese seguramente es el fuego sagrado… —piensa mirando a la incandescente llama de la antorcha —¡debo apagarla!
—Es imposible apagar el fuego sagrado… —responde la sacerdotisa.
—¡Los santos podemos lograr lo imposible! —espeta Kiki.
—Me temo que no comprendes, mi nombre es Astrea. Me sorprende que Atenea use niños en su ejército…
—¡No me digas niño, ya te lo dije antes…para nosotros los santos de Athena no existen los imposibles!
—Pobrecillo, arrastrado en la violencia por Atenea…tengo que reconocer que los santos han logrado verdaderos milagros, merecen ser reconocidos por sus proezas…pero por fuerte que sea un niño no debería ser cargado con la responsabilidad y la carga de luchar una guerra…mucho menos una guerra que está más allá de los humanos…
—¡Los dioses le han declarado la guerra a los hombres y por lo tanto tenemos derecho a defendernos, después de todo somos las víctimas del capricho de Zeus!
—¿Qué han hecho los hombres para enfadar a los dioses? Esa es la verdadera pregunta…
—¡Aunque hayan seres que merecen el castigo, hay muchos que no lo merecen, incluso los que hacen cosas malvadas luego se redimen, así que no creo que el plan de los dioses sea el correcto!
—Si quieres apagar el fuego sagrado deberías matarme… ¿estarías dispuesto hacerlo?
—¡Si no tengo otra opción lo haría, es una pena que estés del lado de los malos!
—Para evitar que el fuego sea extinguido usaré todo mi poder, aunque tenga que matar a un niño como tú…
—¡No tengo que matarte para apagar el fuego!
El santo de Buril usando su telequinesia mueve la antorcha, liberándola de las manos de Astrea y trayéndola hacia sus manos, luego tira la antorcha con fuerza al piso y eleva su cosmos al máximo, el cual rebozaba de energía, de brillo y de color y se dispone a usar por primera vez esa técnica que había visto en su maestro Mu, la extinción de la luz de las estrellas, al ejecutar la misma extendiendo los brazos a sus costados, el fuego de la antorcha se extingue. El pequeño santo de bronce sonríe satisfecho.
—¡Ya apagué el fuego y ni siquiera tuvimos que combatir, finalmente la barrera de energía que cubre la alta cúpula del Olimpo ha sido destruida!
—En efecto, ahora la victoria les pertenece, pareces confundido, mira bien, ni siquiera te has movido.
Entonces Kiki nota perplejo que la vestal legendaria aún sostiene la antorcha encendida en sus manos.
—¡¿Pero qué pasó…?!
—Tienes algo de potencial, tienes sueños muy dulces…
—¿Todo se trataba de una ilusión? Fue tan real…
—¡Ahora te la haré un poco más difícil para ver de qué eres capaz!
—¡Voy a mostrarte la valiosa enseñanzas de mis maestros Mu y Shion…REVOLUCIÓN DE POLVO ESTELAR!
La vestal levanta la antorcha y el ataque del ateniense se desvanece bruscamente, este queda totalmente sorprendido y abrumado.
—Ese ataque no funcionará, todo ataque se desvanece ante la luz de mi antorcha divina…purificadora de almas…
—¿Purificadora de almas?
—El fuego de nuestra señora Hestia es para purificar la maldad del Universo…
—¡Ustedes alardean de pureza matando a millones de inocentes!
—¡Te llevaré a un lugar que escapa a tu escasa comprensión humana…EXILIO AL PURGATORIO!
El cosmos de Astrea enciende a su máximo, rodeando a su enemigo con materia espiritual de color dorado, las cuales irradiaban un puro y poderoso cosmos.
—¿Qué es esto que me rodea?
Astrea levanta su antorcha y agacha su cabeza, para luego comenzar a orar en latín.
—¡Me defenderé…MURO DE CRISTAL!
—Una defensa tan débil no representa ninguna oposición en mi contra…
Kiki de Buril comienza a notar como se triza en cada milímetro su muro de cristal, despedazándose y dando lugar a la luz dorada que lo rodea, encandilándolo, al cesar el brillo nota que está en un vacío oscuro, flotando, tras unos segundos se da cuenta de que no está flotando, sino que está cayendo en un vacío infinito.
—Lo siento niño, ya no volverás…tu alma vagará indefinidamente en busca de la expiación antes de caer en la condena…
Salón principal del Monasterio del Fuego.
La contienda entre Shion y Aquiles estaba llegando a su fin, hacía dos horas se encontraban luchando, el ángel mantenía la ventaja, pero el último santo de oro en pie usaba todas las estrategias de su dilatada experiencia para contrarrestar la asombrosa velocidad de su rival.
—Nunca alcanzarás mi talón con tus ataques, no volveré a cometer el mismo error que cometí contra Libra…
—Aquiles, es admirable que hayas derrotado a Dohko, pero el error de mi amigo fue ir a un último golpe contigo, pero si tú te lanzas descuidadamente lastimaré tu talón y con ello morirás…
—Tonto, sabes la diferencia entre mi velocidad y la del resto…
—¡Tu velocidad no es mayor a la de los santos de oro!
—¿Qué dices?
—Aunque puedas lanzar una soberbia cantidad de golpes, superando así los golpes que yo o cualquiera de los mortales pueda lanzar, siempre irán a la velocidad de la luz…
—¡Mi velocidad supera la luz!
—¡Sólo un dios alcanza esa velocidad!
—Te mostraré que soy tan fuerte como un dios…
Aquiles embiste contra Shion, éste último esquiva cada ataque, hasta que tras eludir varios golpes sorpresivamente quedan a centímetros el uno del otro.
—¡Te tengo, RAYO GAMMA!
Después de un imperceptible movimiento de su mano el ángel encaja millones de golpes en el cuerpo del santo de oro, quien es arrojado violentamente contra la pared del monasterio, su armadura es perforada en varios puntos, la sangre brota a borbotones.
—Es el fin Shion de Aries, debo aceptar que has sido un rival respetable…
El presuntuoso Aquiles voltea lleno de confianza, se prepara para volar con las alas de su gloria pero antes de hacerlo siente el cosmos del santo dorado, quien seguía en pie de lucha.
—Espera Aquiles, todavía no te has hecho con la victoria…
—¡Ni siquiera un milagro te dará la victoria!
—Te venceré aún a costa de mi vida, allanaré el camino de los santos de la esperanza…
El santo de Aries enciende su cosmos, luego expande sus brazos a los costados expulsando con ello el daño que el rayo gamma del ángel le había causado a su cuerpo.
—¡No es posible, ha expulsado el daño que mi rayo gamma le ha causado, pero mi técnica es la más destructiva entre los ángeles! ¡¿Cómo es posible?!
—Me has subestimado, te lo dije antes, he vivido más de doscientos años, aún con tu poder te falta experiencia, en cambio a mí me sobra…
—¡Acabaste con mi paciencia…RAYO GAMMA!
—¡EXTINCIÓN DE LA LUZ DE LAS ESTRELLAS!
El ángel se arroja con violencia sobre su enemigo, encajando mortíferos golpes, cada rayo perfora el cuerpo de Shion, pero este a último momento consiente en recibir tales golpes para levantar un brillo excelso, el cual cubre el cuerpo de Aquiles por completo. Tras terminar el choque de técnicas Shion cae devastado al suelo, su cosmos se extingue definitivamente.
—Finalmente se ha rendido… —Aquiles intenta retirarse victorioso pero pronto siente impensados daños internos en su cuerpo. —¿Qué diablos es esto? Entiendo, Aries dejó golpearse a propósito para acabarme, la luz penetró por mi talón aún sin dañarlo, todo para infiltrarse en mis órganos internos…pero tú me has enseñado con tu experiencia a cómo salir indemne de esto…
Tras recordar a Shion cuando expulsó el daño que el rayo gamma había causado a su cuerpo, el ángel enciende su poderoso cosmos y expulsa los daños que la extinción de la luz de las estrellas había causado a sus órganos internos, logrando sobrevivir.
—Libra primero y Aries después, tienen un poder admirable, debo aceptarlo, pero soy el guerrero más poderoso del Olimpo, no puedo fallar a mi maestro Zeus… —Aquiles expande sus alas y se lanza en un vuelo cósmico hacia la cumbre de la montaña de los dioses.
Monasterio del Fuego.
Atrio Principal.
El legendario santo dorado de Ofiuco había despertado tras más de doscientos años, se encontraba vistiendo su legendaria armadura y encendía su cosmos, sus ojos violetas se mostraban desafiantes.
—Un humano no puede compararse conmigo, te lo mostraré en un segundo… —susurra Hestia.
—Lucharé por la justicia como lo dije hace un momento… ¡DESTELLO DE LA SUPERNOVA!
Asclepio de Ofiuco junta sus dos manos, la constelación del serpentario se dibuja a sus espaldas, la luz en sus extremidades empieza a concentrarse produciendo un gran calor con el brillo, luego con la palma de su mano derecha lanza un poderoso resplandor, la poderosa técnica regresa tras querer impactar a la diosa, hiriendo a su ejecutante, que cae violentamente al suelo.
—¡Asclepio! —grita Atenea preocupada.
—Los santos que portaban armaduras divinas fueron impotentes ante mí poder, a pesar de tu poder Asclepio… ¡eres insignificante para mí!
—Te adjudicas la victoria antes de tiempo, es una insensatez muy grave… —dice el santo de oro maldecido poniéndose en pie con dificultades.
—Asclepio, deja que yo enfrente a Hestia, la venceré, confía en mí, colabora con Pegaso y los otros…
—¡Asclepio, has despertado para luchar en una guerra que no te pertenece!
—¿Qué no me pertenece? —dice Asclepio acercándose a la diosa del fuego. —No hay un ser a quién le corresponda más esta guerra que a mí, en la era mitológica fui castigado por Zeus, el reinante dictador de éste Olimpo, mi pecado fue usar mi báculo para curar la muerte…
—Ha pasado eras desde tal hecho y todavía no recapacitas sobre tu accionar, el balance entre la Tierra y el Inframundo no puede ser alterado, has cometido la osadía de resucitar a los muertos, el humano necesita ser castigado por los pecados que cometen en sus vidas, esa es la única forma en la que pueden evolucionar… —explica Hestia.
—Quizás tengas algo de razón, pero ustedes los dioses no son castigados por ningún ser superior, porque no existe un ser superior, dios es todo, no puede progresar…
—¿Qué dices? Somos dioses, hemos sido bendecidos por la luz, tú bien lo sabes ya que naciste como el hijo de Apolo y una humana, un semidiós hijo del Sol… —responde la diosa del fuego.
—Los humanos veneran a los dioses, incluso fui venerado en el Santuario como un dios, pero ustedes los dioses los castigan con más muertes de inocentes… ¡el derrocamiento del Olimpo será una enseñanza a través del tiempo!
—Asclepio tiene razón… —tercia Atenea. —Venceremos, ya son muchos los dioses que han caído, Poseidón primero, Hades luego, desde que comenzó esta última guerra santa ya han caído Artemisa, Dionisio, Hermes, Hefesto y Apolo…
—¡Tú serás la siguiente Hestia!
El santo de oro legendario enciende su cosmos, el cual es abrumador, todo el recinto es cubierto por la magnánima energía.
—¿Será que Asclepio se encuentra cerca del último cosmos, el noveno sentido?—reflexionaba Atenea en silencio.
—¡No tiene sentido discutir, soy una diosa olímpica y defenderé el reino celestial!
Antes de que el santo dorado ataque, la diosa del fuego cierra sus ojos, mostrando gran dolor ante las palabras de Atenea, tras levantar su cetro, un incandescente y esplendoroso fuego blanco sale disparado en contra de Ofiuco, pero la propia Atenea protege a su santo, recibiendo el impacto en forma directa.
—¿Qué haces Atenea? —pregunta Asclepio sujetándola de la cintura, la sangre cae por las distintas quemaduras que tenía su cuerpo. —No tienes que morir, eres quién vencerá a Zeus, la profecía de Urano se cumplirá… —rápidamente pone su báculo con forma de serpiente en la punta, al sentir el contacto empieza a brillar y la diosa es cubierta por una luz dorada.
—Has curado a Atenea… —murmura Hestia.
Las quemaduras de la diosa de la sabiduría habían desaparecido, ésta se pone de pie, su cosmos no muestra tampoco el cansancio sublime que sintió tras curar a los santos divinos.
—¡Has recuperado todo tu cosmos!
—Ahora estamos en igualdad de condiciones, o tal vez ya no, ahora mi poder es mayor…
—¡No seas arrogante…daré todo de mí para vencerte!
Las dos diosas encienden sus cosmos dispuestas a enfrentarse pero pronto sienten un cosmos exuberante que brillaba alrededor del cuerpo de Asclepio, unas esferas de fuego recorrían su cuerpo hasta que súbitamente se apagan, tras unos segundos puede apreciarse la armadura divina de Ofiuco, la diosa del fuego miraba la escena perpleja.
—Ha alcanzado el noveno sentido tras recibir algo de la sangre de Atenea, pero ¿en qué momento? —reflexiona Hestia. —Atenea, fue por esto que te interpusiste a mi ataque…
—Es la forma de expiar mis culpas con Asclepio por no haberlo protegido en la era del mito…
—¡Puedes reconsiderarme como un rival Hestia, mi cosmos es infinito! —alrededor del santo maldito podía verse el universo, del suelo comienza a surgir serpientes. —En estos momentos el Olimpo está cubierto de serpientes…
—Me rehusaba a creer que podías representar una gran amenaza, pero después de todo eres el más fuerte de los ochenta y ocho santos de la orden de Atenea…
—¡Ahora debes seguir el camino Atenea, ve al encuentro predestinado y fundemos una nueva era de prosperidad para la humanidad!
—¡Gracias por toda tu benevolencia Asclepio, cumpliré la profecía por un mundo de amor y luz!
La diosa de la sabiduría intenta avanzar pero Hestia se interpone en su camino.
—No interrumpas los sucesos inevitables Hestia… ¡DESTELLO DE LA SUPERNOVA!
El santo divino de Ofiuco junta sus dos manos, la constelación del serpentario se traza de forma exuberante, la luz en sus extremidades empieza a aglutinarse, produciendo un gran fervor con el brillo, luego con la palma de su mano derecha lanza un poderoso resplandor que impacta contra la diosa el fuego, su casco estalla y cae contra una pared, esta última se levanta sin grandes dificultades, advirtiendo que Atenea se había adelantado.
—Aunque hayas alcanzado el noveno sentido apenas lo manejas, verás la diferencia que existe entre uno de los doce dioses del Olimpo y el resto…
Purgatorio.
Kiki de Buril seguía cayendo en un abismo que parecía infinito, pero ahora había comenzado a escuchar voces de lamentos que imploraban perdón, entonces pudo ver los insignificantes pecados de su vida envuelto en imágenes de su niñez, sintiendo de pronto una gran pesadumbre, angustia y muchas sensaciones mundanas.
—¿Por qué de pronto me siento así?
Un aura blanca en forma de mujer aparece frente al ateniense, que mira sorprendido, pero sin fuerzas para luchar.
—¿Es una virgen? ¿Es que no estoy en el mundo real?
—Estamos en otro plano, no estamos en el mundo real…
—Pensé que solo era una ilusión… ¡no tiene un aspecto humano, parece un alma!
—Yo soy una semidiosa hija de Zeus, he reencarnado tras abandonar el firmamento, en el cual descansé al finalizar la edad de oro, cuando se desató la gran Titanomaquia yo he luchado para el Olimpo bajo el mando de Atenea…vistiendo la armadura dorada de Virgo…
Algún lugar del Monasterio.
Los hermanos finalmente se habían reencontrado, Marín y Touma, quiénes no se veían desde la batalla del Santuario, cuando el ángel se llevó a Nike consigo.
—¡No puedo percibir el cosmos de Kiki! —murmura Marín con tristeza.
—Con Astrea era un resultado inevitable, ningún santo podría con ella, quizá tampoco ningún ángel podría contra ella…
—Varios dioses han caído en manos de santos, ¿por qué no habría de pasar lo mismo con Astrea?
—Astrea es una semidiosa hija de Zeus, su habilidad en combate es excelente y su cosmos es admirado por los mismos olímpicos…
—Kiki podría estar en problemas, tengo que encontrarlo…
—No tiene caso, el pequeño santo está perdido y si encuentras a Astrea también te perderás, huye conmigo, escapemos de la guerra, cuidemos de nosotros como cuando éramos niños y enfrentemos cualquier cosa que se nos cruce por el camino, con Nike jamás seremos derrotados…
—Tu visión es muy egoísta, robaste a Nike para tu propio beneficio, sabiendo que con ello condenabas al resto de la humanidad, restitúyela a Atenea…y gana su perdón.
—No es una visión egoísta, es una visión centrada en tu protección y bienestar, te busqué durante años y me ocupé de convertirme en el más fuerte, para que nunca más nadie pueda separarnos…y con este báculo sé que nadie nos separará…
—¡Que tristeza ver que mi hermano es un egoísta, capaz de condenarlos a todos para salvar a uno!
—Pero ese uno eres tú…
—Yo sería feliz de poder sacrificarme para el bienestar de todos los demás, sin tan solo bastara conmigo daría mi vida gustosa, si tanto me quieres Touma, hazme feliz y dame ese báculo para que se lo regrese a quién pertenece, a la diosa Atenea…de ese modo la victoria estará con nosotros y la humanidad prevalecerá…
—Esta y todas las otras guerras santas son orquestadas por los dioses y el resultado es el siempre el mismo, gana un dios, no importa de qué lado, ya no quiero intervenir en la guerra de los dioses…
—¡Con Nike venceremos, tienes que entenderlo!
—Si Atenea merece la victoria ganará de todas formas, Nike no está con nadie, Nike aún está conmigo…
—¿Realmente crees que tu vida tiene más valor que la de tu especie?
—No la mía, la tuya hermana, yo condenaría al mundo por salvar tu vida…
—Estoy dispuesta a enfrentarte con tal de tener a Nike con nosotros, así que me la darás o me enfrentarás a muerte…
—Ridículo, Marín, aunque quisieras no podrías enfrentarme, mientras tenga a Nike soy invencible…
—Con Nike venceremos incluso a Astrea…
—De acuerdo Marín, te ayudaré a asesinar a Astrea para que tus compañeros santos puedan ingresar a la alta cúpula del Olimpo…sin embargo, luego de hacerlo escaparemos juntos de esta guerra, ¿hacemos el trato?
—¡Haremos el trato si antes de escaparnos devuelves a Nike!
—Urano, dios del cielo estrellado, padre de los titanes, abuelo de los dioses, le profetizó a Cronos al morir bajo sus manos que él y toda su estirpe repetirían el karma de su muerte, donde el hijo traiciona al padre para quedarse con su poder…Atenea es quizá la hija que derroque a Zeus, si entrego a Nike tengo que estar convencido de que Atenea ganará, de lo contrario seré perseguido por el Olimpo hasta morir y quizá mi alma sea condenada al capricho de Zeus…
—Vamos por Astrea, luego definamos el resto…
Salida del Monasterio de Fuego.
Los santos divinos y los siete generales marinos arriban a un frondoso mundo vegetal, enormes árboles se levantaban por doquier, también había algunos resabios de una armónica relación entre el mundo natural y un prolijo cultivo de agricultura, podía verse cultivos de trigos y cebadas.
—Qué lugar tan hermoso… —musita Shun con una sonrisa.
—Qué mundo tan armónico…es una perfecta mezcla entre lo silvestre y lo hecho por el hombre… —murmura Sorrento.
—¡Este lugar es propio de Deméter, quien es la diosa de la agricultura! —manifestó Krishna.
Los invasores caminan unos metros hasta que repentinamente frenan su marcha al sentir unos poderosos cosmos, pronto puede sentirse el sonido de un carruaje que era tirado por imponentes leones, el hombre que conducía el carro estaba vestido con unas túnicas sacerdotales de lino, tenía unas largas rastas de color rubias, ojos marrones y test bronceada.
—¿Quién eres tú? —preguntó Baian.
Los santos y generales marinos se habían cruzado con un extraño sujeto… ¿se tratará de un nuevo enemigo?
