Capítulo 64: La victoria regresa con Atenea.
La feroz guerra santa seguía en la cúpula alta del Olimpo, mientras Atenea se enfrentaba a Deméter, los generales marinos se adelantaron, al tiempo que unos nuevos enemigos aparecen, los serafines, quiénes eran los guerreros de Hera y a su vez eran comandados por Eolo, dios del viento.
Io de Escila tenía un duro enfrentamiento contra Noto, viento del sur, el combate era muy igualado aunque en los últimos momentos el serafín había podido localizar dónde se escondían las bestias sagradas, destruyendo así las escamas del lobo y del águila. Por otro lado, otro de los serafines, cuyo nombre era Libis, cayó bajo los artilugios enemigos, siendo asesinado a traición por Kaza de Leumnades tras tomar la apariencia de Bóreas, uno de los más respetados entre los guerreros de Hera.
Archipiélagos Celestiales.
Isla del Sur.
El general marino del Pacífico Sur había utilizado el aguijón de la abeja reina, pero su enemigo había logrado deshacer dicho ataque con una remolino de vientos calientes que lo protegió.
—Se aproxima tu fin general de los mares… —espeta Noto con autosuficiencia.
—¡Idiota, pagarás tu soberbia de la forma más cruel! —contesta un furioso Io.
—No soy un idiota, creo en mi cosmos, lo elevaré a su máximo para propiciarte la muerte de inmediato…
El serafín enciende su cosmos, elevándolo bruscamente, repentinamente una fuerte tormenta comienza a generarse y una lluvia se desencadena al mismo tiempo.
—¡Estoy cavando tu tumba en estos momentos…TORMENTA DE LA ANARQUÍA!
El súbdito de Hera levanta sus brazos y la tormenta se va acumulando poco a poco en sus extremidades, luego los baja bruscamente y un tornado de tierra y lluvia sujeta al general marino en una terrible fuerza de choque, levantándolo por los aires y precipitándolo a una durísima caída. Pese a tan inhumano desplome, el general del Pacífico Sur se levanta con grandes dificultades.
—Esa técnica es impresionante. —dice Io de Escila entrecortado.
El general marino que se encontraba erguido se disponía a atacar, pero pronto siente la explosión de las escamas dónde se esconde otra bestia, esta vez la abeja ha sido eliminada.
—No es posible…
—¿Recién comprendes la diferencia entre mi poder y el tuyo? —expresó Noto soltando una carcajada.
—Esta batalla recién comienza…todavía tengo otras bestias…
—¡Todavía no te he mostrado el poder de las seis bestias, no moriré sin hacértelas conocer a todas…SERPIENTE ASESINA!
El general marino levanta su mano hacia arriba tras un poderoso grito.
—¿Una serpiente gigante? —preguntó Noto preso del espanto al ver como una serpiente tomaba forma.
—¡Muere estrangulado!
El serafín intenta reaccionar pero la serpiente cósmica termina aprisionando su cuerpo, impidiendo que pueda usar su defensa de vientos, finalmente es constreñido por la bestia de Escila.
—Tiene razón, a este paso moriré estrangulado…
—¡No podrás liberarte, tus huesos se romperán! No te perdonaré la vida, los designios de Poseidón deben ser cumplidos con lealtad…
—No puedo permitir que esta bestia me acabe, somos una de las últimas esperanzas del Olimpo…
El serafín se encuentra sumergido en sus pensamientos mientras trata de resistir, su mente reflexiona sobre su diosa Hera y su comandante Eolo, dios del viento, luego piensa en el Olimpo y su cosmos se eleva abrumadoramente ante la atenta y sorprendida mirada del general del mar. Tras unos segundos potentes vientos se liberan desde lo profundo de su cuerpo, haciendo estallar la serpiente.
—¡Maldición ha podido evitar que sus huesos se rompieran!
—¡Eso no va a ser suficiente para derrotarme…! ¡ZONDA DEL REINO CELESTIAL!
Al pronunciar su técnica los vientos del sur comenzaron a soplar, trayendo tierra y polvo, la vista se dificulta y la respiración se hace áspera, oleadas de fuertes ráfagas de vientos oscuros se liberan debido a la alta concentración de polvo y la compresiones atmosféricas. Io de Escila estaba paralizado por la presión de la tormenta, imposibilitándole evadir o bloquear las poderosas ráfagas negras, las cuáles lo golpean, arrojándolo por los cielos, para finalizar con una rígida, seca y pesada caída desde cientos de metros, el general se levanta con mucho dolor al tiempo que se triza otra parte de sus escamas.
—Las escamas que escondían a la serpiente también ha sido destruida…al igual que en mi pelea con Andrómeda mi adversario está destruyendo todas mis armas, la diferencia radica en que Andrómeda había visto cada una de mis técnicas antes de detenerlas, mientras que este serafín las detiene sin haberlas apreciado antes…
—¿Piensas que eres el único que tienes varias técnicas? ¡Estúpido…! Otro golpe como ese y morirás…
—Aún me quedan dos bestias y te aseguro que perecerás bajo alguna de ellas…
Io sigue elevando su cosmos a pesar de sus terribles heridas, al cabo de unos segundos su energía desbordaba de forma exuberante.
—¿Con que objetivos Poseidón y las marinas han venido a luchar con el Olimpo? ¿Acaso no quieren la purificación del mundo?
—Claro que la queremos…pero…
—¿Pero y entonces…por qué luchan junto con los santos?
—¡No estamos luchando con los santos, nosotros estamos a favor de la purificación, pero el reinado de Zeus no tiene nada que ver con la justicia!
—¡Zeus es justicia!
—Es un tirano, nosotros purificaremos la tierra bajo el reinado de nuestro señor Poseidón.
—Poseidón es un traidor que se ha rebelado contra el Olimpo…ustedes la pagarán en su nombre, lo que le pasa al señor del mar es que está celoso del poder de Zeus, siempre lo ha estado y no soporta ver cómo el emperador celestial conseguirá la victoria en donde él fracasó en reiteradas oportunidades…
—¡Zeus ha llevado el liderazgo de un Universo que lo ha corrompido a él tanto como él ha corrompido al Universo!
—Basta de filosofía barata, muéstrame las bestias que te quedan, si te atreves…
— ¡INHALACIÓN DEL VAMPIRO!
—¡ZONDA DEL REINO CELESTIAL!
El viento lleno de polvo y tierra inundó el lugar, volviendo dificultosa la vista y la respiración, el general marino extendió las alas de sus escamas y logró estabilizarse en la tormenta del enemigo, los murciélagos que surgían desde las sombras de sus alas, emitían una onda sónica que al golpear los objetivos por donde viajaba, devolvía un eco que le permitía a Io de Escila anticipar todo lo que pasaba en el campo de batalla, así se balanceaba esquivando las comprimidas y poderosas ráfagas de vientos negros.
Los vampiros de Escila se infiltran entre los vientos y muerden al enemigo, succionando su sangre.
—¿Cómo? ¿Los vampiros han resistido a los vientos? Deberían haber sido arrastrado por las fuerzas de choque de mi viento… —balbucea algo mareado Noto.
—¡Mis vampiros tienen radares!
—¿Radares dices…?
—¡Ellos detectan la parte más débil de tus vientos para infiltrarse y poder succionar tu sangre…! —responde orgulloso el general marino chileno.
—Los vampiros no son suficientes para quebrantar mi espíritu…
—Lo sé, pero los vampiros fueron necesarios para hacerte bajar la guardia, ahora muere… ¡Es tu fin…ZARPAZO DEL OSO!
Repentinamente el aura de un inmenso oso cósmico se manifiesta en el campo de batalla, alrededor de Io, el oso da un zarpazo ascendente, rasgando el aire con sus cósmicas garras, el impacto termina por destruir gran parte de la armadura sagrada del serafín.
—No puedo creer que la túnica de los vientos haya sido despedazada por un solo ataque…
—¡Te dije que mis bestias acabarían contigo!
—Aún no terminas conmigo y ya he visto todas tus bestias…
—¡Que las hayas visto no significa que seas capaz de evitarlas!
—Esta vez no podrás moverte dentro de mi zonda y si lo haces destruiré a tus últimas dos bestias… ¡ZONDA DEL REINO CELESTIAL!
El viento lleno de polvo y tierra inundó el lugar nuevamente, volviendo de este modo dificultoso la vista y la respiración.
—¡GRAN TORNADO!
Los ojos de Io de Escila brillan con la intensidad de su cosmos, un resplandor emerge de su cuerpo al tiempo que el marino lleva sus brazos con mucha violencia hacia delante y hacia arriba, generando con cada uno de sus miembros dos potentes tornados que se combinan en un poderoso huracán que envuelve el zonda del reino celestial, incrementando así su propia fuerza y golpeando de lleno al serafín, el cuál sale despedido con gran violencia por los aires, al tiempo que su armadura terminó por desintegrarse y su cuerpo crujía como un papel, víctima de la corriente del gran tornado.
—Pensaste que solamente tenía mis bestias, pero cuando pude descifrar el punto débil de tu mejor ataque, sabía que con mi técnica podría dominar la tuya… — reflexiona silenciosamente Io, mientras que a los segundos sigue su camino.
Templo de Ceres.
La definición entre el combate entre diosas olímpicas era inminente, ambas relucían cansancio después del gran despliegue cósmico, aunque Atenea estaba con más fatiga debido a los anteriores combates y a desplegar su cosmos alrededor del mundo para ir deteniendo las catástrofes que se desencadenaron una tras otras.
—Tu alma está en grave estado Atenea, tu situación es angustiante desde antes de combatir conmigo, debo aceptar que admiro tu dedicación y tenacidad, es conmovedor…pero no perdonaré tus actos… —dice Deméter frunciendo el ceño.
—Saori, debes resistir… —piensa Seiya con gran preocupación.
—¡Conmovedor es cómo han sacrificado sus vidas mis leales santos y cómo la siguen arriesgando aquellos que están vivos, eso es lo que me mantiene viva, con mi cosmos brillando a su máximo! —exclama Atenea.
El recinto es cubierto por una brillante luz dorada, la diosa que protege la Tierra apunta con la palma de su mano hacia su enemiga divina, la luz resplandeciente se precipita sin más.
—Es inútil, mi cosmos está intacto a diferencia del tuyo… —expresa con una sonrisa Deméter.
La potente luz de la diosa de la guerra es bloqueada por el cetro de la diosa de la agricultura, quién acumula la energía de su rival en su arma y la regresa, impactando en Atenea con violencia, ésta última termina elevada por los aires y choca contra el techo, para precipitarse luego a una brutal caída al suelo, pero en ese momento Seiya de Pegaso lo evita, sujetándola y auxiliándola.
—¡Saori! Te lo suplico, tienes que sobrevivir… —susurra Seiya al oído de su diosa.
—Te lo diré por última vez, yo lucharé y venceré… —musita la diosa de la guerra, que se levanta y eleva su cosmos.
—Haz de estar sufriendo mucho, yo pondré fin a tu sufrimiento. —afirma con misericordia Deméter.
Del suelo surgen unas curiosas ramas, las cuales estaban formadas por un hermoso tejido cósmico, pronto cubren el cuerpo de Atenea, su cuerpo rápidamente es sacudida por una extraña energía, que más que lastimarla la despojaba de sus energías vitales, su cosmos sufre una fuerte disminución.
—¡Athena…debemos intervenir! —dice un preocupado Hyoga.
—¡Espera Hyoga! —exclama Ikki con frialdad. —Este es su juicio y lo tiene que superar…
Mientras la tensión se apoderaba de los presentes, una abrumadora luz dorada resplandece y las ramas del árbol de la vida se desvanecen, cuando la luz se disipa levemente puede verse a dos sujetos con armaduras sagradas.
—¡Marín! —dice con alegría Seiya.
—Touma, eres tú… —musita un sorprendido Hyoga, quién recordaba su viejo conflicto el día que protegió a un Seiya indefenso tras la maldición de Hades.
—Cisne Hyoga, nos encontramos después de un buen tiempo, creo que pasaron más de tres días… —dice Touma riendo mientras sostiene a Nike.
—Espero que no hayas venido a buscar tu revancha… —expresa Hyoga fríamente.
—Eso es justamente lo que es, es mi revancha ante ti… —contestó Touma apuntando con Nike.
—Touma no hemos venido a esto… —reprende Marín. —Y además no tendrías oportunidad en contra de quién posee una armadura divina…
—¡Marín, no sabes lo que dices, no me subestimes ni a mí, ni sobre todo a Nike, con este sujeto tengo una deuda pendiente! —manifestó Touma desafiante.
—¡Aún eres muy infantil! No eres capaz de ver la gravedad de la situación, así que terminaré con esto rápido… ¡POLVO DE DIAMANTES!
Hyoga de Cisne realizó una danza, imitando los movimientos de un cisne, culminando con un puñetazo al frente, un helado aire frío se abalanza contra Touma, el cuál intercepta el ataque con el báculo de la victoria, el aire frío del santo divino era contenido por la insignia principal de Nike.
—¡El poder de Nike es impresionante! —exclama Shiryu.
—Ya está Hyoga, mi intención era comprobar el poder de este cetro sagrado… — dijo Touma. —El cuál no me pertenece y ahora devuelvo a su legítima portadora… ¡Atenea, esto es tuyo! —entrega el báculo a su legítima usuaria.
—Gracias ángel del cielo… —susurra Atenea haciendo una reverencia. —¡Nike siempre me ha guiado a la victoria! Pero Deméter, no es mi intención asesinarte, ¿prefieres darme el paso y así salvar tu vida?
—Intentaré detenerte aunque me cueste la vida… —contesta Deméter con preocupación. —¡Todo mi poder irá en este último ataque!
La diosa de la naturaleza enciende su cosmos de forma abrumadora, el templo que se había convertido en el árbol de la vida relucía un tejido cósmico, finalmente del cetro de Deméter se expande una luz verde incandescente.
—¡Ahora conocerás mi cosmos expandiéndose al infinito! —exclama Atenea al tiempo que de su báculo sale expulsada una divina luz dorada que termina por cubrir todo el recinto.
Tras una gran explosión todos los presentes se hallan tendidos en el suelo, a excepción de Atenea, quién estaba de pie a duras penas, Deméter estaba en el suelo con importantes heridas. Los otros presentes estaban vivos pero algo aturdido por el sonido de la explosión.
—Entonces este es el poder de la hija preferida de Zeus… —decía Deméter pese a sus heridas. —Te acompaña Nike, la victoria está contigo.
—Gracias Deméter por aceptar la derrota, demuestras sabiduría al saber aceptar la derrota…
—Las batallas nunca me han gustado Atenea, después de todo creo que este asunto deberían debatirlo padre e hija en privado, suerte Atenea en la búsqueda de Zeus. Debes tener cuidado con Andrómeda… —aconseja Deméter. —Los ojos de Perséfone están puestos en él, el espíritu de Hades todavía ronda la esperanza de controlar el mundo…
—¡Shun! Espero que no seas tan insensato… —aduce un preocupado Ikki.
—¡Debemos confiar en que Shun dará todo de sí! —contesta Seiya tratando de desdramatizar.
Isla del Suroeste.
Kaza de Leumnades presumía de sus habilidades de leer la mente y tomar la forma de los seres queridos de sus enemigos, tras engañar y asesinar al serafín Libis de una manera cruel, la silueta de Isaac de Kraken se visualiza junto con polvos de diamantes que lo rodeaban, al cabo de unos segundos también aparece Krishna de Crisaor, que aparece sosteniendo su lanza, ambos aguardaban agazapados con el objetivo de infiltrarse para abrirse paso rápidamente.
—Tu cobarde manera de luchar no me agrada, pero debo reconocer tu peligrosidad y tu efectividad Kaza de Leumnades… —comenta Isaac. —El serafín tenía un poderoso cosmos, se igualaba con los cosmos de nosotros que somos los generales marinos…
—Por algo son guerreros de Hera, la reina del Olimpo, sigamos hasta cumplir la voluntad de nuestro señor. —contesta Kaza.
—¡Será la voluntad de nuestro señor…! —exclama Krishna. —¡La voluntad de Poseidón impondrá un nuevo régimen de justicia!
—Es hora de purificarlo todo bajo la pureza de las aguas del Océano… —dice Isaac con devoción.
Los tres generales del mar se devuelven una mirada de seguridad y marchan a toda velocidad para atravesar la isla del suroeste.
Isla del Sureste.
Baian de Hipocampo, Sorrento de Sirena y Najash de Dragón Marino arribaron a una isla en la cual soplaba un reconfortante viento otoñal, a su vez podía verse hermosos rayos de sol, el lugar tenía una hermosa fauna y los árboles tenían frutos.
—Este sitio es realmente bello… —susurra Sorrento. —No siento todavía ningún cosmos.
—Quizá el serafín que protege esta isla no se encuentre… —musita Najash.
Frente a los ojos de los generales sopla repentinamente un viento arremolinado que se expande bruscamente, mostrando a un nuevo serafín, éste vestía una armadura alada de color blanco y detalles en color amarillo, verde y rojo, algunas hojas cubrían su vestimenta sagrada.
—Yo soy Apeliotes, uno de los ocho serafines, soy el viento del sureste.
—Yo soy Sorrento, general marino del Atlántico Sur…y tu verdugo si no me dejas cruzar este archipiélago celestial…
Inframundo.
Campos Elíseos, Tumba de Hades.
Shun de Andrómeda había luchado contra Perséfone, tras luchar titánicamente contra la diosa, el mortal sostenía la granada del Inframundo, aquella que creaba un lazo entre quién la probase y el mundo de los muertos. Dicha fruta prohibida fue comida por Perséfone en la era del mito, logrando así que la diosa de la primavera también se volviera la diosa del Inframundo. El japonés, que fuera usado para ser la reencarnación del dios Hades en el pasado, se encontraba sumido en sus más profundos sentimientos.
—Que fruta tan extraña, no puedo soltarla, es como si se hubiera apoderado de mi brazo… —se lamenta Shun y mira fijamente el fruto, pudiendo percibir un pequeño rastro del cosmos de Hades. —¡Tengo que deshacerme de esta fruta, con tan sólo tocarla se ha apoderado de mi mano derecha! —lucha para soltar la granada del Inframundo, pero le resulta imposible.
—La fruta ya está haciendo efecto en ti, no podrás soltarla y tarde o temprano tendrás que morderla… —explica Perséfone. —Mientras la tengas en tus manos no podrás salir del Inframundo y no podrás dejarla de tenerla en tu mano…esta batalla terminó.
—No permitiré que esta batalla termine así…quizá la única forma de soltar la fruta sea derrotándote, discúlpame Perséfone, pero ahora si voy a atacarte en serio… ¡TORMENTA NEBULAR!
Una tormenta de vientos nebulares y galaxias espirales se disemina por todo el recinto, la diosa se ve envuelta en la letal tempestad que termina por destruir todo el templo, la presión es tan grande que Perséfone no puede resistirse, recibiendo mortales heridas en todo su cuerpo.
—Shun, realmente has hecho todo para evitar el resurgir de Hades, incluso te has permitido librar una batalla hasta las últimas consecuencias y atacar para matar si es necesario, sin embargo y a pesar de que has logrado derrotarme no podrás impedir el destino, el regreso de Hades es un hecho… —dice entrecortada Perséfone en su último aliento.
El santo de Andrómeda cae de rodillas observando la granada que seguía sujetando su mano…
